Luego de la declaración formal, parecía haberse quitado un enorme peso de encima y hasta podía trabajar de manera mucho más relajada, casi pudiendo decir que distraído. Era la comidilla de las mujeres del staff de medicina, liderado por Nymphadora Tonks y sus jocosos comentarios. Y sin embargo había podido desquitarse, viéndola con el cabello teñido de rosa y perdiendo una de las mejores apuestas que había hecho en su vida.

En su apartamento de soltero, pensaba en lo que Tonks había dicho sobre el lugar y mucho más, si esperaba invitarla a cenar alguna vez. Sabía que su madre era una mujer estricta, pero quizá podría arreglárselas para invitarla a la fiesta de fin de año del hospital y de un modo u otro, invitarla a cenar a su apartamento.

Un proyecto muy ambicioso.

"Realmente la amaba y estaba dispuesto a hacer cualquier cosa por ella, Dora."

Como llamarla casi semanalmente, para hacer preguntas médicas y algunas veces sin sentido, solo para oír su voz. Se quedaba sin excusas para llamar y comenzaba a utilizar a Sprout como chivo expiatorio.

- Es la décimo - quinta vez que llamas, Severus. - sonrió la enfermera al otro lado del teléfono, escuchando la voz avergonzada del doctor en la línea. - su madre va a comenzar a cogerte idea o más de la que ya te ha cogido.

- Solo quiero decirle una última cosa antes de que vaya a dormir. - dijo el doctor Snape, mirando una pila de historiales médicos que ni se había preocupado en archivar. - ¿Podrías decirle que la amo?... ¡NO! ¡ESPERA, es demasiado pronto para eso!

- Por dios, Severus. Ya hiciste esto antes, deberías saber qué se hace primero cuando cortejas a una mujer.

- Es diferente... ¡nunca cortejé a una jovencita como ella! La mayoría de las mujeres con las que traté de hacerlo, al menos tenían una pequeña experiencia y no huían asustadas, si les decía que las amaba.

- Eres uno de los cirujanos con más renombre de esa clínica, ¡por supuesto que no huían al escucharlo! Solo querían tú dinero.

- Gracias por alentarme como siempre, Pomona. - respondió el hombre con sarcasmo y la mujer rió tras el teléfono.

- De acuerdo, le informaré que piensas en ella y de una forma muy sutil.

Al cortar la comunicación, la mujer rió una vez más y comenzó a subir las escaleras, mientras Ginny y Hermione jugaban canasta en la cama, junto al fuego. Caía una gran nevada y no habían podido salir y armar los tradicionales muñecos de nieve. Pomona había prometido ayudar en cuanto la nieve cesara de caer e incluso se había ofrecido para hacer una perfecta réplica de Snape sobre la nieve. Según ella, sabía hacerlo y muy bien.

Quizá un poco más cómico que su original de carne y hueso.

- ¿Y? ¿Quién era, señorita Sprout? - preguntó Ginny con una sonrisa infantil, como una colegiala que ya sabía que su mejor amiga, tenía un novio secreto. - ¡No me diga! ¡El doctor Severus! - dijo sin poderse contener y tapando su rostro con una de las almohadas de la cama, para reír sin ser escuchada por su patrona.

Hermione se ruborizó de inmediato, mientras Sprout asentía y tomaba sus cartas en la cama. En verdad odiaba escucharlas hablar de ello, pero simplemente no podía evitar ser el centro de las conversaciones.

- Sí, era el doctor Snape. - dijo cerrando los ojos y negando con la cabeza, como si estuviera hablando de su propio hijo. - es tan testarudo... ¡no escucha cuando le digo que la señora Minerva se va a enfadar si sigue llamando!

- ¿¡Y qué dijo!? - preguntó Ginny sin poderlo evitar, brincando en la cama y llena de curiosidad.

- Dijo que te pensaba durante las noches. - susurró para que solo ellas pudieran escucharlo, dirigiéndose a Hermione quien se ruborizó aún más fuerte. - y que te deseaba dulces sueños, que descansaras y te recompusieras pronto.

Por un momento se sintió decepcionada. ¿No iba a decir que la amaba? Pensaba que eso se le decía a la persona ideal. Frunció el ceño y Sprout parpadeó sorprendida, ante el cambio en su expresión.

- Él no me... ¿no dijo nada más?

- Bueno, realmente está loco por ti. - agregó la mujer con una sonrisa maternal. - pero al mismo tiempo tiene miedo de que te asustes y lo rechaces, ya que eres tan joven y él está en sus treinta- casi cuarenta.

Tenía sentido, eso tenía que ser. Además, su madre estaba de por medio y aún tenía que ver la forma de deshacerse de ella. Al menos para que no interviniera con su romance. Que no tratara de impedirlo.

- Pero por sobretodo, quiere saber si tú sientes lo mismo por él. Le dije que no te presionara, que era muy repentino, pero está desesperado. Es como si no pudiera imaginarse con alguien más que tú, como si estuviera hechizado y temiera perderte. temiera que te dieras cuenta de que no es el hombre para ti.

- ¡Pero si el señor Snape es un caballero! ¡Es un hombre de ensueño! - dijo Ginny, dejándose caer en la cama, con una expresión soñadora. - ¡Yo quisiera tener un novio así!

- Severus es un gran hombre y no puedo negarlo. Y sin embargo, ha tenido un pasado muy triste y oscuro, que ha moldeado mucho su personalidad. Cayó en muchos vicios, la bebida y el cigarrillo son un ejemplo. Pero al menos dejó de beber y solo falta que deje ese horrible hábito de fumar. Estoy segura de que tú lograrás que lo deje, una vez que llenes ese espacio vacío en su vida.

¿Podría? ¿Sería ella la indicada?

- ¿Acaso yo podré cambiar a un hombre con costumbres tan antiguas como él mismo? - preguntó Hermione con curiosidad y Sprout negó con la cabeza y una sonrisa suave.

- Cualquier hábito puede cambiarse con un poco de voluntad. ¿Quieres saber cuánto ese hombre está dispuesto a sacrificar por ti? Te acompañaré hasta el teléfono y tú podrás hacer la prueba. Solo pídele que deje de fumar por ti y estoy segura de que lo hará sin chistar.

Pero no quería tener tal influencia en una persona, no quería cambiar a nadie y sin duda amaría con defectos y virtudes.

- ¿Estaría bien si yo le dijera qué hacer?

- Cariño, en las relaciones se trata de encontrar la mejor forma de convivir el uno con el otro. No es un hábito sano, tampoco estás cambiando su personalidad. Solo estás ayudándolo a mejorar.

Ginny asintió rápidamente y el juego de cartas terminó, con las tres mujeres en el piso inferior y Hermione sosteniendo el teléfono, temblorosa.

¿Qué se suponía que debía decir? Un: Hola, estaba bien para empezar, pero no sabía qué más decir.

Tenía tanto trabajo que apenas y se había dado cuenta de que la operadora había dicho "Casa de los McGonagall Granger."

- ¿Diga?

- Buenas noches, doctor Severus. Hola.

Casi se cayó de la silla al escuchar su voz y apartando todas las historias de la mesa, haciendo un desastre con ellas, acercó el teléfono lo más que pudo.

- ¿Señorita Hermione? ¿Es que acaso sucede algo? ¿Necesita de mi ayuda? ¿Necesita que vaya hasta la hacienda?

Tanto Ginny como Sprout rieron por lo bajo, escuchando las infinitas preguntas y el nerviosismo en su voz. Hermione sonrió como si el hombre pudiera verlo tras el teléfono y negando con la cabeza, enroscó sus dedos en el cable del teléfono.

- No, la verdad es que me encuentro muy bien. - murmuró casi de forma inaudible y luego carraspeó un poco, subiendo el tono de voz un poco. - solo quería... yo solo quería... agradecerle por sus buenos deseos y quise devolverle el gesto. Pero asumo que estará trabajando hasta tarde, así que en vez de eso... le desearé buena suerte en su trabajo y que espero que termine pronto y pueda irse a dormir.

- Oh... - fue lo único que pudo decir y sonreírse a sí mismo, mesándose el cabello un par de veces y llamándose tonto por sudar tanto como si estuviera a 35 grados centígrados, asándose como un puerco. Su voz temblaba, así que trató de respirar y adoptar su actitud de médico en una llamada de un paciente cualquiera. - descuide, pronto terminaré y podré irme a casa, lo prometo.

- Las calles son tan inseguras por la noche y más aún si es medianoche y usted está en la ciudad. - mencionó Hermione.

- Entonces dormiré en el hospital, si eso la hace sentir mejor. No se preocupe por mí y trate de preocuparse por su salud. Pronto iré a verla y quisiera saber que ya puede dar un par de pasos más de los que dio en la fiesta.

- Haré mi mejor esfuerzo pero mientras tanto, usted también podría hacer un pequeño esfuerzo y dejar los cigarrillos. No creo que a mi madre le guste que el hombre que me corteja, fume.

¿A qué venía un comentario tan prosaico como ese?

- De acuerdo, lo dejaré. - dijo mirando la caja de cigarros sobre la mesa y tomándola para arrojarla a la basura junto a su escritorio. - pronto verá que lo he dejado, pero yo quiero ver que usted haya avanzado con la terapia.

- Está bien, entonces que tenga usted una buena noche y hablaremos muy pronto.

Pomona Sprout tenía razón y ese hombre era capaz de hacer cualquier cosa por ella.