Y por muchos días, Hermione recibió diversos regalos que de una forma u otra, Ginny Weasley lograba hacer pasar por debajo de la mesa. Por así decirlo, para que su patrona no pudiera verlos. Arreglos florales enormes, que Molly Weasley tenía en su pequeña cabaña, a las afueras de la hacienda. Cajas de chocolate que tanto Ginny como Hermione y Sprout, disfrutaban durante las tardes junto a los manzanares y durante las noches, jugando canasta y hablando sobre cualquier cosa.

Hasta un par de hermosos pendientes y un collar que hacía juego con ellos. Parecían ser de oro con pequeños cortes de diamante. No podía aceptar regalos como esos, ¿cómo pagaría tal gesto? Sprout había prometido que hablaría con su colega al respecto, pero ella prefería hacerlo personalmente.

Había prometido que pasaría de visita, así que esperaría.

Y al día siguiente, muy temprano en la mañana, el silencio en la hacienda fue interrumpido por el estruendoso ruido del motor de un coche, aparcándose en la entrada.

- Buenos días, señora Minerva. - el doctor tomó su mano con suavidad, besándola como siempre al saludar. - se ve usted muy hermosa ésta mañana. ¿Estará su hija despierta de casualidad? Hace mucho tiempo que no hago una visita médica y quisiera constatar sus avances.

- Ella está... - dijo mientras el hombre entraba en la hacienda y miraba a su alrededor, retirándose el sombrero de viaje y la bata de laboratorio. - está dormida aún, creo. ¿Por qué vino sin avisar?

- Oh, creí haber llamado. - dijo el hombre con una sonrisa. - quizá Sprout olvidó darle mi mensaje.

La mujer se encogió de hombros, con una expresión de confusión y miró en dirección al piso superior. Esperaba que no hubiese sido su hija, quien hubiese arreglado una reunión de imprevisto con el doctor. Tras algo estaba ese hombre, más que cuidar de su salud. No tenía nada en contra del hombre quien le había salvado la vida a su hija, pero dudaba de la cercanía entre ambos.

- Yo no sé si mi hija estará...

Ginny quien bajaba las escaleras de las habitaciones superiores, con una sonrisa y tarareando una canción de navidad, se detuvo al ver al doctor Snape en el recibidor y trató de regresar al piso superior, rápidamente y sin ser vista.

Abrió la puerta de la habitación de Hermione Granger y la cerró de golpe, apegándose a ella y suspirando de emoción. Rápidamente corrió hasta las ventanas para correr las cortinas y que la luz del sol, diera con el rostro de su hermana en la cama.

Hermione soltó un quejido al sentir el calor sobre su rostro y se llevó una mano a la sien, para frotarse los ojos y despertarse.

- ¿Qué sucede, Gin?

- Oh por dios, ¡el doctor Snape está abajo con tu madre y está preguntando por ti! ¡Tienes que estar lista de inmediato!

Apenas y tuvo tiempo de entender el mensaje, apartando las cobijas de su cuerpo y empujándose para sentarse en la cama. Ginny colocó su silla de ruedas junto a ella, de inmediato, mientras Hermione se empujaba hasta bajarse de la cama y por fin sentarse con la ayuda, de su mejor amiga de la infancia.

- Oh santo dios, qué te vas a poner. Rápido, debo buscar algo lindo y en poco tiempo.

Ginny hacía un desastre en la habitación, abriendo los cajones de ropa y arrojando los zapatos y las prendas de vestir, sobre la cama. Cuando estuvo segura de la combinación perfecta, caminó aprisa en dirección a la tina y abriendo las llaves de agua, se inclinó para tomar la temperatura y colocar un par de sales de baño, devolviéndose para colocar a su amiga junto a la tina.

- Toma un buen baño, mientras yo me encargo de tu madre y de distraer al doctor Snape. ¿De acuerdo?

- ¡Pero, Ginny!

Ni siquiera pudo opinar, puesto que su amiga se había marchado y comenzaba a bajar las escaleras, tratando de disimular su emoción por ver al doctor.

- Oh, buenos días patrona. - dijo deteniéndose junto a los reunidos en el salón de visitas. - y... ¡OH! Buenos días, doctor Severus.

El hombre sonrió suavemente y caminó hasta detenerse frente a ella, tomando su mano para besarla también. Ginny dejó escapar un suspiro suave y carraspeando, se dirigió a su patrona.

- Se acerca el fin de año, patrona. Como siempre, estamos empacando los productos que llevaremos a la exposición de productores minoristas y me gustaría que por favor se diera una vuelta por la bodega y supervisara que todo esté en orden. No queremos que nos falte nada y dar la mejor impresión éste año. ¿Podría? ¿Por favor? No se preocupe, el doctor Snape estará bien atendido.

La mujer miró la amplia sonrisa de Ginny y sus brazos tras su espalda, como una inocente niña pequeña, y dudó de creerle. Asintió en silencio y con un suspiro hondo y ligeramente prolongado, caminó hasta abandonar la hacienda y Ginny la siguió con la mirada puesta sobre la ventana del recibidor, hasta que se perdió de vista.

- Bueno, señor Snape... ¡me alegra tanto verle nuevamente! Mi amiga estará lista muy pronto y si pudiera ser tan amable de esperar un momento. ¿Gustaría tomar alguna cosa mientras espera?

Negó con la cabeza y volvió a sonreír, ante la expresión de ensueño de la chica Weasley. Comenzó a subir las escaleras a prisa, cerrando la puerta de la habitación y mirando en dirección al tocador.

- ¿Estás lista? Espero que sí, puesto que él te espera en el salón de visitas.

Hermione tiritaba de frío y de alguna forma, se las había arreglado para salir de la tina y cubrirse con las toallas, sentándose en la silla que Ginny había dispuesto junto a la tina, desde su accidente. La jovencita pelirroja había sonreído como nunca, mientras comenzaba con el proceso de dejar a su amiga, como nueva. Como una mujer diferente.

- Tus rizos tardarán en secar, pero seguro él te encuentra hermosa de todas formas. - dijo mientras le desenredaba el cabello y Hermione se acomadaba las zapatillas, mirándose en un espejo que su mejor amiga había conseguido. - tienes que verte hermosa. Él se ve muy guapo hoy.

Se sonrojó como un nabo y de pronto se sintió mortificada nuevamente. ¿Qué se suponía que debía hacer al bajar? ¿Debía decir: Hola? ¿Debía saludar con un beso?

- No te preocupes. - dijo Ginny al mirar su expresión de nerviosismo. - solo sé tú misma y lo demás ocurrirá por sí solo.

- Pero no sé qué debo hacer, qué debo decir. Además, todos esos regalos y esa atención que se molesta en darme...

- Solo lo hace porque te ama, como la señorita Sprout dijo. Está loco por ti y no sabe qué hacer para demostrártelo. Quizá hoy venga a decirte algo muy importante, ¡quizá le pida a tu madre, tu mano en matrimonio!

- ¿No es demasiado pronto? No, estoy segura de que solo se ha dado cuenta de que soy una muchachita tonta e inexperta y que quiere terminar conmigo. Al menos es amable en venir a decírmelo en persona.

Ginny negó con la cabeza y se dijo que su amiga era muy testaruda ante lo obvio.