Al Ginny abrir la puerta de su habitación, hizo que Hermione sintiera una gran ansiedad sobre lo que debía o no decirle al doctor Snape y lo que debía o no hacer, mientras comenzaban la relación. Su padre nunca le había hablado sobre los hombres, no había podido vivir para contarlo y su madre era muy reservada con el tema. Casi no le permitía salir y entablar algún tipo de relación con el sexo opuesto. Lo poco que sabía lo había leído en libros y se lo escuchaba decir a Ginny.
No estaba segura de que fuese información en la que pudiera creer.
- Buenos días, doctor Snape. - dijo Ginny Weasley en voz alta y el hombre quien se había distraído en mirar por la ventana tras él, pareció sobresaltarse de pronto.
- No lo fastidies, Ginny. - susurró Hermione, para que solo ella pudiera oírlo. La pelirroja sonrió ampliamente, colocando el seguro en la silla de ruedas de su mejor amiga. No iba a poder escapar ni aunque quisiera hacerlo.
- Aquí está mi amiga. - dijo, moviendo las manos de forma un tanto exagerada. Haciendo una presentación. - Por favor sea amable con ella y no se pase de listo.
El hombre sonrió suavemente y colocando su sombrero de viaje y su bata en el sofá, tomó ambas manos de la joven pelirroja y negó con la cabeza.
- Mis intenciones son realmente honestas. Y como le dije a mi querida enfermera de cabecera, Pomona Sprout, ni siquiera podría pensar en hacerle daño a una hermosa dama como lo es tu amiga. Discúlpeme usted si le he dado una impresión errónea.
Ginny se sonrojó de inmediato y comenzó a negar con la cabeza, frenéticamente. Hermione suprimió una risa y en cambio sonrió ante lo tonta que podía ser a veces, su mejor amiga de infancia.
- ¡OH no! Solo quería asegurarme de dejarlo claro. ¡Su madre me mataría si algo le pasara y me temo que pediría mi cabeza para una ejecución!
- Pensé que los métodos de tortura medievales, ya estaban en desuso. Eso me hace replantearme un par de cosas. ¿Vale la pena morir por amor? - dijo el doctor a modo de chiste pero llamando poderosamente, la atención de Hermione Granger.
¿Dónde había oído eso antes? ¿Lo había dicho ella misma quizá?
- Bien, los dejaré a solas para que puedan conversar. - susurró, enfatizando lo último con un curioso movimiento de sus cejas. - procuren "conversar" en un lugar no tan obvio como el salón de visitas y bueno, me encargaré de que tu madre y la señorita Sprout, tengan mucho que hacer.
Al verla partir sin siquiera escuchar una respuesta, Hermione negó con la cabeza.
- Está empeñada en creer que me pedirá matrimonio o que nos encontrará haciendo algo indecoroso.
- Podría, pero no creo que sea el momento ni la ocasión adecuada. Si me atreviera a pedirle matrimonio en éste preciso instante, estoy seguro de que conoceré los famosos dotes de su madre para la tortura medieval.
Hermione rió suavemente, pero se sonrojó ante la idea de que el doctor contemplara el matrimonio entre sus planes a futuro. ¿Estaba segura de que eso era lo que realmente quería? ¿Por qué querría casarse con una jovencita lisiada, a la que apenas conocía? ¿Con una hacienda en la ruina y una familia estricta, sumida en la pobreza?
- ¿Hay alguna cosa que te preocupe? - preguntó el doctor, al notar el prolongado silencio entre ambos. - si se trata de tu madre, quizá podría venir otro día.
- No. - dijo y en verdad no supo de dónde provino su repentina valentía. "Ha de ser por culpa de Ginny, sí." "Haz algo, haz que algo pase o te quedarás esperando de por vida." Tomó la mano del doctor que estaba más cerca de ella y le dio un apretón amistoso. - solo pensaba en el mejor lugar para conversar. ¡Hay tanto que quisiera decirle!
La expresión de ligera decepción del doctor, cambió rápidamente a una de sus sonrisas suaves, mientras Hermione meditaba.
- ¿Qué tal los manzanares? - comentó Hermione nuevamente, sonriendo. - mamá no pasa mucho por ahí, a no ser que tenga trabajo que hacer con ellos.
- Me parece muy buena idea y así puedes desayunar mientras charlamos. Recuerda que debes alimentarte muy bien, si quieres tener energías y recuperarte rápidamente.
- OH, pero si estoy segura de que Ginny de una forma u otra, no nos dejará pasar hambre.
El camino hasta los manzanares, en verdad fue muy agradable y no pudo dejar de reír con los chistes médicos del doctor y con las anécdotas sobre Tonks su pediatra de confianza y su enfermera, la señorita Sprout. Realmente había disfrutado del paseo y se preguntaba, en verdad, qué le había visto a Draco Malfoy.
Severus Snape era tan diferente a todo lo que conocía como figura masculina.
Al detenerse junto al gran árbol de manzanas con el columpio de cuacho atado a una de sus ramas, el doctor Snape la levantó de su silla de ruedas y la dispuso en el columpio. Hermione, una vez más, se conmovió de que el hombre recordara pequeños detalles como que le gustaba columpiarse de pequeña.
- Soy todo oídos. - dijo mientras empujaba el columpio suavemente. - ¿hay algún tema de conversación, en especial, que le gustaría que discutiéramos?
Meditó y se dio cuenta de que casi lo había olvidado.
- Señor Snape, no quiero que malinterprete lo que voy a decir. - comenzó con un murmullo casi inaudible. - no quiero que piense que me quejo y que lo estoy rechazando pero... ¿no cree que collares y aretes de oro y diamante, no es demasiado? Quiero decir, no quiero que desperdicie su dinero en mí.
No se lo esperaba y tuvo que admitir que aquella pregunta lo había sorprendido en sobremanera. Sin embargo su expresión cálida no se doblegó ni un ápice, aunque Hermione no dejara de estudiarlo con una mirada ligeramente nerviosa.
¿Y qué tal si lo arruinaba? O eso pensaban ambos en aquel preciso momento.
- Lo lamento, creo que me sobrepasé. - dijo suavemente, sin dejar de sonreír. - a veces y cuando te enamoras, no sabes qué hacer y de pronto sientes que nada en el mundo es suficiente para demostrar lo que sientes por la persona en cuestión. Entonces lees en la prensa que el oro puede comprar cualquier cosa y piensas que te amará más con un costoso regalo. Creo que me dejé llevar por las propagandas, pero olvidé que la mujer con la que intento salir en éste preciso momento... - dijo, acariciando su barbilla con un par de dedos. - es una mujer sencilla y que no necesita regalos como esos, para verse hermosa. Nada puede hacerle ver más hermosa de lo que ya es. Lo siento, cometí el clásico error y olvidé que no todas las mujeres son iguales.
Volvió a sonrojarse en respuesta, mientras el doctor se inclinaba para besarla. Nunca había besado a nadie y siempre la tomaba por sorpresa, no sabía cómo responder. Al terminar, sintió el dedo pulgar del hombre sobre su mejilla, en una caricia.
- No quiero que te sientas comprometida de alguna forma. - susurró y su cálido aliento sobre sus labios, se sintió realmente bien. Su cuerpo inclinado sobre el de ella en el columpio, le hacía sentir como embriagada en tantos aromas y sentimientos diversos, que no podía identificar siquiera uno. La misma sensación que una vez tuvo al probar a escondidas, con Ginny, una de las botellas de ron de su padre. Vigorizante.
- Se lo agradezco. - fue lo único que pudo decir, perdida en sus negros ojos. - no quiero que piense que no lo aprecio, es solo que...
El doctor negó con la cabeza, apartándose de ella y columpiándola una vez más, suavemente.
- Lo entiendo perfectamente y de ahora en más, me limitaré a las flores y los chocolates. Eso siempre es bien recibido. Además de que, las prendas, siempre son un problema cuando las parejas se separan. Aunque no espero que lo devuelvas, puedes quedártelo si quieres.
- Me sentiré mejor si usted usa ese dinero, en algo que realmente necesite.
Sintió que el doctor detenía el columpio para que ella pudiera encararlo y que una vez más, su mano acariciaba su rostro con inusitada ternura.
- De acuerdo, pero solo si prometes no volver a decir que no vales el esfuerzo.
- Pero doctor Severus... es la verdad. ¿Por qué un exitoso hombre como usted, querría salir con una pobre campesina como yo? No quiero tener que depender de su dinero, no quiero que piense que deberá pagarme todos mis caprichos...
- Nunca he pensado cosa semejante y admiro tu dedicación para con la hacienda y lo que representa, enfrentarte a comerciantes despiadados y sin alma. A grandes transnacionales que muy pocas veces se preocupan por el bienestar de sus empleados. Pero tú eres totalmente diferente, Hermione y nunca he pensado que necesites que alguien te mantenga. Creo que tú podrías mantener a cualquier hombre que se te antoje y darles una buena lección a los machistas de ésta sociedad.
- ¿Incluyéndolo?
- Bien, nunca he pensado que alguien me incluiría en ese tipo de hombre... pero sí.
- Por supuesto que no, usted no es como ellos. - se apresuró a comentar y Snape volvió a sonreír en respuesta. - solo quería que supiera que no pienso ser una de esas niñitas caprichosas. Quiero luchar por mi futuro y si piensa intentar conquistarme, quiero que sepa que seré yo y también será la hacienda. Y quienes habitan en ella, por supuesto.
- Ya lo sabía. Desde el principio supe que una vez que me enamorara de usted, también tendría que enamorarme de la hacienda y lo que hay dentro.
Suspiró en respuesta y se dijo que Ginny tenía razón en una cosa o en muchas de las que había dicho antes. Severus Snape estaba realmente enamorado de ella y era capaz de aceptar cualquier cosa, con tal de tenerla a su lado. Se preguntaba entonces, por qué se había fijado en alguien como Draco Malfoy, quien nunca le había preguntado siquiera qué le interesaba o siquiera se había preocupado por sus sentimientos más profundos.
¿Así que de eso se trataba el amor?
