Según Ginny, ya había experimentado que el doctor Snape la sostuviera en sus brazos. Pero en aquel momento era realmente diferente, ya que estaba despierta y aunque trataba de evitarlo, no podía dejar de ruborizarse mientras el doctor parecía distraído en ponerla sobre la yegua de color café como sus ojos.

— Muy bien, ya estás arriba. — dijo en cuanto Hermione se afianzó fuertemente a la silla de montar. — Ahora, supongo que ésta yegua te conoce mejor que yo y no te dejará caer. El espacio no es realmente el adecuado, pero creo que ambos podremos cabalgar sin estorbar el uno al otro.

Se sonrojó una vez más, pero no dijo nada mientras el hombre apoyaba una de sus piernas en el viejo tocón dentro del establo y sosteniéndose fuertemente de la silla de montar, lograba sentarse de un salto.

Y como había pensado antes, la proximidad de sus cuerpos era algo que jamás había experimentado. Ningún hombre la había tocado antes y no podía contar a su padre.

— De hecho, cabalgar tiene efectos curativos. — dijo de pronto y su aliento acarició su cuello. — es solo una teoría, pero se estudia que los animales son capaces de sanar fuertes lesiones de carácter afectivo o físicas. Digamos que se estudian medicinas alternativas, desde la época de los indígenas, pero nadie sabe si realmente funcionan o no. Quiero decir, ¿cómo comprobar que el alma pura e instintiva de un animal, tiene el carácter de sanar?

No contestó y Snape interpretó aquel silencio, como un permiso para continuar. Tomando las riendas de la yegua, dio un par de trotes y movió su cabeza.

Sobresaltando a Hermione quien se llevó una mano al pecho y sonrió nerviosa, excusándose de inmediato.

— Lo siento, ¡es que tengo tanto tiempo sin cabalgar!

— Está bien, solo daremos un paseo corto. Seguramente habrá mucha nieve y la yegua podría correr el peligro de hundir mucho sus cascos en la nieve y resbalar.

Asintió respirando profundamente y notando de inmediato, que la otra mano del doctor había rodeado su cintura. Sin poderlo evitar y aunque llevaran solo un par de semanas en el "arte" del cortejo, de pronto se sintió tan segura como si cabalgara con su padre.

— Bueno, aquí vamos. — anunció con su rostro sobre su cabeza, inundándose con la dulce esencia de su rizado cabello. — Y que el señor nos proteja de la ira de tu madre.

— Todo esto puede ser evitado si tan solo nos bajamos... — respondió Hermione con cierta malicia. — no le daré el gusto de decirme qué hacer o no.

Pensaba que obviamente tenía mucho más edad que ella y mayor sensatez en muchas cosas, pero no quería detenerse. No sabía qué tan cerca podría estar, luego, de la única cosa que por ahora podía decir que le daba sentido a su vida.

Ella, esa hermosa joven.

"Quizá fue estúpido de mi parte, Dora, pero cada vez que escuchaba la voz de mi conciencia; intentaba levantar muros en su contra."

Al salir del establo, la yegua pareció sorprendida por la pequeña nevada que caía sobre su cabeza. Sacudiéndose ligeramente y retrocediendo, causó un poco de pánico en Hermione.

— Tranquila. — murmuró el hombre con voz suave, bajando su tono de voz un octavo más de lo normal que siempre escuchaba y acariciándola con una de sus manos. — solo es un poco de agua congelada, no es que realmente pueda hacerte algún tipo de daño.

La yegua pareció calmarse con su suave voz y al igual que Hermione, permaneció quieta. Antes de que pudiera dar el siguiente paso, escuchó una voz que sonó como un grito ahogado.

— ¡QUÉ DIABLOS HACES, SEVERUS! ¡Si Hermione se cae y se lastima, su madre pondrá el grito en el cielo!

Sprout estaba a unos pocos metros del animal y pensaba que ya había sido suficiente tiempo de caridad, a solas. El hombre sonrió en respuesta, mientras la mujer se cruzaba de brazos con una expresión de sorpresa y enfado.

— Creí que un paseo levantaría los ánimos y resulta que los animales son buenos terapeutas. Los caballos ofrecen una paz y tranquilidad que no te ofrece un hospital.

— ¿Te volviste loco? Si su madre los llegase a ver...

Pero y antes de que la mujer pudiera terminar su oración, Ginny y Minerva McGonagall regresaban de a donde fuese que Ginny había decidido llevarla.

Hermione se sonrojó en cuanto su madre posó su vista directamente en ella y unos segundos después, en el doctor Snape.

— ¿Qué se supone...? ¿Cómo demonios llegaste ahí arriba?

— Me pareció una buena terapia, el cabalgar. Se han realizado estudios muy convincentes, de que los animales son capaces de sanar a los seres humanos. Problemas afectivos o de salud, tienen un gran efecto en los pacientes. De hecho se estima que un 80% de ellos, se recupera muy bien con terapia animal.

— ¡Me importa un bledo los estudios y los porcentajes! ¡Quiero que la ponga en el suelo de inmediato! ¿No es ya suficiente con el accidente que sufrió, como para que usted la ponga en más riesgos? ¡Es usted un hombre adulto, debería saberlo ya!

— Es totalmente comprensible su temor, pero éste es un ambiente controlado. Sostengo las riendas del caballo y soy quien dirije la marcha. Le prometo que a su hija no...

— ¡Deje de tratarme como si fuera otro de sus pacientes y haga caso de lo que digo! Ni siquiera puedo comprender por qué está aquí, ¿¡qué no tiene nada mejor que hacer!? Si no lo supiera por experiencia, diría que usted tiene otra intención con mi hija y déjeme decirle una última cosa: No sé qué clase de joven cree usted que es ella, pero no se entrega tan fácil... ¡no! Y menos a un hombre que le triplica la edad.

Esa había sido la gota que había derramado el vaso de agua.

— ¡CÁLLATE! — había gritado Hermione, colérica, mientras que con sus ojos fulminaba a su madre. — ¡NO TE ATREVAS A DECIR COSA SEMEJANTE! No entiendes nada y nunca lo harás, ¡puesto que yo no te intereso, solo te importa lo que otros dirían de ti! Qué diablos importa si el doctor está aquí por mí o no, ¡al menos a él le importa lo que tengo que decir y no trata de silenciarme todo el tiempo, puesto que todo lo que digo resulta indecoroso para tus oídos! ¡Estoy cansada de que me digas qué hacer o qué no hacer y todo este tiempo he tenido que soportarlo! Cuando mi padre se sumió en sus desgracias, jamás me dejaste participar, jamás me dejaste hablar con él. Siempre estás detrás de mí, tomando decisiones sin mi consentimiento y protegiéndome de demonios que solo tú ves. ¿¡Cómo se supone que pueda aprender a vivir si nunca me has permitido hacerlo!?

— Hermione... — advirtió Ginny con voz trémula, pero ella prefería decir la verdad en la forma en que la veía.

— Solo trato de protegerte. — una respuesta casi silenciosa, provino de los labios de su madre. — siempre me has culpado de la muerte de tu padre, pero yo... ¡te dejo sola por un minuto y mira cómo terminas! — los ojos de la mujer se llenaron de lágrimas por un momento y ante la dura mirada de su hija frente a ella.

Esa acusación era lo único que necesitaba para volcar toda su ira.

— Si me hubieras dejado ayudar, estoy segura de que él no habría muerto. ¡Estoy segura de que se habría dado cuenta de que la hacienda no lo era todo y aunque era nuestro único sustento para vivir, habríamos encontrado otra cosa que hacer, puesto que éstabamos juntos y eso era lo más importante!

— ¿¡Crees que él te habría amado, aún siendo un alcohólico!? Oh, porque sí... ¡lo era! ¡Tenía que mantenerte a salvo, tenía que... protegerte! ¡No sabes todo lo que tuve que soportar mientras ésta casa se venía abajo, no lo sabes! Puedes preguntárselo a Molly, puedes preguntárselo a Arthur. Pero no, ¡claro! Solo te importas tú misma y la libertad que tanto persigues. Está bien, ¡ve y haz lo que quieras! Si estás enamorada de éste hombre. — exclamó, señalando a Snape. — entonces está bien ve con él, pero no tardaré en decir que te lo adverti.

El hombre frunció el ceño de inmediato.

— ¿Me cree capaz de herir a su hija? Admito que tratar de cortejar a su hija en secreto, fue una mala idea, pero no por eso piense que puedo... — pero guardó silencio de inmediato. ¿Qué? ¿Compararse con la figura paterna de la mujer que amaba y cuya madre, acaba de destrozar?

— Severus, será mejor que te vayas. — también advirtió Pomona, con la voz entrecortada.

— Pensaba decírselo cuanto antes, pero no quería que una cosa así sucediera. — dijo el hombre con suavidad. — sí, soy mucho mayor que su hija y sin embargo...

— Tengo edad para decidir por mí misma. — interrumpió Hermione de pronto, con voz sombría. — y el doctor me ha tratado muy bien, de hecho me recuerda mucho a mi padre.

— Que dios te perdone y te proteja de que termine siendo como tu padre, en verdad. — dijo la mujer abrazándose a sí misma ante el frío y comenzando su caminata en dirección a la hacienda.

— Creo que te has sobrepasado. — susurró Ginny con una mirada de decepción. — no creí que podría sentirme decepcionada de ti alguna vez, pero éste es el momento justo.

¿Por qué? Su madre le había gritado en frente de sus invitados, al saber que había estado enamorada de Draco Malfoy. Nunca le había dicho la verdad, puesto que nunca había podido confiar en ella. Siempre tan estricta, tan hermética con sus sentimientos, siempre escondiendo algo. Su padre, un alcohólico, y ella siempre fingiendo una gran sonrisa.

Su padre no había tenido tiempo de enseñarle muchas cosas y ahora, su madre, la protegía demasiado y tampoco aprendía nada. ¿Acaso iba a vivir toda su vida, en una hacienda en ruinas?

El doctor Snape bajó del caballo cuidadosamente y extendió una mano para que Hermione también pudiera bajar. Pomona esperaba con los brazos abiertos y al ponerla entre ellos, el hombre se dedico a llevar la silla de ruedas a cuestas, hasta que estuviera en la entrada de la hacienda. Ginny regresaba a la yegua hasta el establo.

— Creo que le debes una disculpa a tu madre. — resolvió el hombre con una sonrisa.

— ¿Por qué? ¿Acaso no vio como lo insultó?

— Es tu madre y solo intenta protegerte. Lo sé y lo entiendo. Yo no pude pasar mucho tiempo con mi madre y realmente odiaría que te sucediera lo mismo. Y mucho más, si es mi culpa.

— Ella dijo que vendería la hacienda y siquiera me ha preguntado si es lo que realmente deseo.

— Quiere lo mejor para ti y qué sentido tiene, tener cuentas que no puede pagar.

Se mordió el labio y se dijo que quizá había sido muy dura con su madre. Estaba empecinada en hacer las cosas a su manera y había olvidado que los demás tenían sentimientos. Seguramente que su madre también había tenido un duro tiempo con su padre.

— En cuanto a mí y nuestra "relación", ya habrá tiempo de aclararlo y tomar una decisión. — dijo Severus y le pareció ver un poco de decepción en su mirar. — lo importante es que tu madre y tú, aclaren todos estos años de ira acumulada.

Quizá tenía razón y era momento de sincerarse con su madre.