Los ojos de Pomona Sprout literalmente se movían de un lado al otro, mientras su colega cirujano caminaba de un lado al otro en su despacho.

¿Acaso había arruinado su única oportunidad? Perder a la mujer que amaba, ya resultaba una sensación muy incómoda y tangible en todo sentido.

Pero en la hacienda sucedía algo mucho peor. Hermione se debatía si subir las escaleras y confrontar a su madre o esperar a que las cosas se solucionaran solas, con el tiempo.

No, eso nunca servía. Tenía que hacerle frente a sus errores y redimirse.

— Mamá... — llamó suavemente a la habitación principal, junto a la suya. No entraba seguido desde que su padre había muerto, pero pensaba que ya era el momento de abandonar aquellos viejos temores.

— ¿Qué es lo que quieres? — escuchó al otro lado. Le dio la impresión de que la voz de su madre se quebraba mientras más hablaba. — acaso vienes a gritarme alguna otra cosa... acaso se te olvidó algo más que decirme.

Sí, esa iba a ser una noche larga.

— Solo quiero hablar, no quiero discutir. — dijo, tratando de adquirir el tono de voz más bajo y calmo que podía. Su madre no era tan tonta y quizá no le creería, así que estaba preparada para volver a su habitación, sin resultados, e irse a dormir para esperar lo mejor del día siguiente.

Pero el cerrojo de la puerta pareció destrabarse de golpe y respirando fuertemente, se dijo a sí misma que solo tenía una oportunidad de decir todo aquello que sentía.

Más valía no arruinarlo.

Su madre estaba sentada en la cama y sostenía un cepillo, peinándose el cabello frente al gran espejo que tenía sobre la cómoda junto a la cama.

Admiró el lugar tentativamente y se dio cuenta de que todo estaba tal cual su padre lo había dejado en vida. Los mismos libros y en la misma posición, como si nunca hubiesen sido tocados. Las mismas hojas contables, su caja de habanos, su ropa y objetos personajes. Su gran y viejo reloj de plata en la mesa, como parte de la decoración.

— Siéntate, Hermione. — dijo su madre, poniéndose en pie y colocando su silla lo más cerca que podía de la cama. Observó el esfuerzo que su hija hizo para alcanzar la cama y caer boca- abajo, arrastrándose hasta poder reincorporase en ella y sentarse. Eso le dio más ánimos para explicar su punto y por qué había reaccionado de la forma en que lo había hecho.

— Mamá... tenemos que hablar. Nunca nos ponemos de acuerdo en nada y me da la impresión de que nunca sostenemos una buena comunicación, la una con la otra. Es como si quisieras escapar, ocultarte de algo y no me dices nada. No dejas que aprenda todo lo que una persona de mi edad ya debería saber y mucho más en estos años de avance, donde las cosas ya no son las mismas y...

— Precisamente. — interrumpió su madre, soltando el cepillo y acomodándose en la cama hasta encarar a su hija. — Te preguntas por qué lo escondo todo y por qué nunca demuestro emoción alguna, ante la circunstancia. — dijo y Hermione suspiró al escuchar su voz quebrantarse a cada palabra. — lo he intentado todo, he tratado de resistir todo lo humanamente posible y sin embargo yo... ¿crees que es fácil perder a la persona que amas, enviudar y de paso darte cuenta de que tu hija no tiene un padre?

— No.

— Todos los años me cuestiono por qué dios quiso quitarme al hombre que amaba, pero agradezco que me haya dejado con el fruto de nuestro amor. Y sonará realmente cursi para tus oídos, pero si no fuera por ti... yo... ¡yo habría muerto! ¡Habría perdido el deseo de continuar, los estribos! De no ser por ti... ¡yo no estaría aquí!

Guardó silencio y se percató de que su madre luchaba contra las lágrimas, tragaba fuertemente para hablar y sus manos temblaban aún más de lo normal y a su edad.

— Cuando eras niña, tu padre me habló de tener otro bebé. — confesó. — por supuesto, yo accedí y me hacía feliz la idea de tener un hermanito o hermanita para ti, tú eras la pequeña de papá. Él te amaba como nada que pudieras imaginar y vivía para hacerte feliz. Siempre que viajábamos a alguna parte, tenía que traerte algún regalo o llamar a casa para saber si estabas bien. Era el mejor padre que jamás vi y por ello odié ver en lo que se convertía, en un ebrio abusador e insensible.

— ¿Qué cosa?

— No pudimos tener hijos, por más que lo intentamos. Tú fuiste alguna clase de milagro, yo ya estaba muy vieja para concebir. Esperamos mucho, nos dedicamos tanto al negocio que nos descuidamos y ya era muy tarde, mi cuerpo no era el mismo. Asumo que tendré que explicarte cómo funciona si es que ya no lo sabes, pero eso fue lo de menos y agradezco no haber tenido otro hijo al que decepcionar con todo lo que ocurrió. Tu padre comenzó a beber sin control y cuando los problemas de la hacienda empeoraron, tuve que alejarte de él. ¡Tenía miedo de que te lastimara! Alejar a Ginny, a todo a quien pudiera lastimar.

— ¿Ginny? ¿Por qué ella?

Los ojos de su madre se llenaron de lágrimas de inmediato.

— Tu padre parecía no distinguir entre lo bueno y lo malo. Ya había intentado sobrepasarse con Molly Weasley durante una cena de navidad y eso a Arthur no le cayó muy bien. Tuvieron una discusión y pelearon aquella noche. Fue la conversación de muchos durante mucho tiempo y es por ello que temo de los conflictos y trato de evitarlo, que las personas comenten algo que pueda salir de ésta casa. No sabes la vergüenza que pasé mientras caminaba por la ciudad, los comentarios que tuve que soportar. Que mi esposo era un patán, un violador, tantas cosas que dijeron y ya no quiero recordar.

— Nunca buscaste ayuda.

— No era tan fácil, tu padre no era un hombre fácil de manejar. Traté de ver a todos los especialistas posibles, pero no teníamos el dinero suficiente para pagarlo. Las solicitudes de compra de la hacienda, ¡ni siquiera Narcisa se detenía y siempre insistía!

— Pero... ¿cómo?

— Tu padre comenzó a beber cuando la economía nos golpeó fuertemente y la industrialización comenzó a abrirse paso. Grandes comercios y empresas en crecimiento, tragándose a los trabajadores minoritarios. Comprando miles de hectáreas y maquinaria de avanzada, no podíamos competir con eso. Producíamos mucho menos que ellos y en menor velocidad, ¿cómo nos mantendríamos en el mercado? Entonces, hombres mezquinos venían a nuestra hacienda, hablaban de comprar y demoler. Hablaban de grandes comisiones, pero tu padre aún creía en el trabajo manual, en lo artesanal.

Pero ya esa historia la sabía de memoria, allí no había nada nuevo que contar.

¿O sí?

— El estado dejó de fomentar al pequeño agricultor y dejó que las grandes empresas de alimentación, monopolizaran el mercado. Además, los viejos rumores que ya habíamos superado después de esa horrible cena y todo el show que tu padre armó, parecieron volver de la nada y la gente dejó de confiar en él. Era una guerra sucia y tú estabas en el centro del huracán. Tenía que sacarte de la casa a como diera lugar.

En definitiva, había mucho que desconocía y estaba segura de que pronto sabría más al respecto.