Nunca, ni siquiera durante su infancia, habían hablado con tanta sinceridad.

- Tu padre se consumía rápidamente en la depresión y no había forma de sacarlo de ella. A no ser que mágicamente la hacienda se recuperara, nada podíamos hacer para ayudarle.

- ¿Ni siquiera su familia?

- Lo intentamos todo, pero él seguía echándose la culpa. Decía que ahora su familia perecería en la miseria, por su culpa.

Mientras, Severus permanecía sentado en la silla de su despacho. Preguntándose si había llegado demasiado lejos y había echado por la borda, sus oportunidades de tener alguna relación futura.

- Te lo advertí, pero nunca quieres escucharme. Crees que te doy un consejo solo para molestarte, pero ya ves lo que sucede cuando...

- Creo que la he perdido para siempre. Supongo que su madre logrará convencerla de lo contrario, que no soy un buen hombre para ella. Y tiene razón, no debe desobedecerla bajo ninguna circunstancia. Es su madre, por ley divina debe escucharla. No puede perderla, no soportaría un dolor como ese.

Dentro de sí, Sprout sintió lástima por aquel hombre al que consideraba casi como su hijo. Solo quería algo que sus padres le habían negado por tanto tiempo...

Un poco de amor.

- Todo estará bien, estoy segura de que al final todo se solucionará de una forma u otra. - murmuró la mujer, colocando sus manos sobre los brazos del doctor al que nunca había visto de aquella forma. Aterrado, lleno de miedo y apretando su sombrero contra su pecho. Aquel hombre seguro de sí mismo, cuyo pulso nunca temblaba durante cualquier operación, sin importar el caso que se presentara ante sus manos, ahora no parecía más que un simple niño asustado.

En tanto que Hermione no podía creer lo que escuchaba.

- Tu padre habría estado muy orgulloso de que te casaras con un hombre como el señor Snape. Un hombre adinerado y de buenos principios.

- Pero no me casaría por su dinero, no me importaría si tuviera o no.

- El doctor Snape sin duda sería un hombre que tu padre aprobaría, pero temo por ti... - la mujer inspiró fuertemente y pareció luchar contra algo que le costaba mucho decir, una gran verdad. - temo que ese hombre te lastime. Sé que es mucho mayor, más maduro y debería actuar con consciencia pero... - volvió a inspirar fuertemente. - tú simplemente eres muy joven, comprometerse puede ser una locura. ¿Qué pensarán los demás? ¿Que he ofrecido a mi hija a un cualquiera que he encontrado en quién sabe dios qué calle? Simplemente no quiero que sufras.

- El doctor Snape no es un hombre cualquiera. - respondió Hermione, sin saber qué otra cosa decir. - Debes dejar de pensar en todo eso que los demás dirán de nosotras, madre. La gente siempre hablará a nuestras espaldas y de nosotras depende disipar los rumores que papá dejó atrás.

- ¿Realmente lo amas? ¿Realmente amas a ese hombre que te salvó la vida?

- No podría saberlo ahora, mamá. Todo es tan repentino, ¿cómo podría saber que amo a alguien, si es un sentimiento que jamás he experimentado antes?

La mujer a su lado sonrió, sosteniendo su rostro con ambas manos. Sus verdes ojos brillaban con las lágrimas que continuaba derramando. Besó su frente con delicadeza y acarició su rostro con un par de dedos.

- Qué sientes cuando lo ves, mi amor. Dime, ¿acaso sientes algo dentro de ti, cuando miras directamente a sus ojos?

Hermione se sonrojó de inmediato y su madre sonrió en respuesta.

- ¿Acaso ese hombre te confesó su amor? ¿Acaso te dijo que quería formalizar el compromiso?

Asintió en silencio.

- ¿Y tú que le haz dicho, Hermione?

- Le dije que le permitiría intentar conquistarme. Aunque verdaderamente no sé qué significa lo que le he permitido hacer.

- ¿Estás segura? ¿Estás segura de lo que sientes? ¿Que no es simplemente agradecimiento por todo lo que ha hecho por ti?

- A él le debo mi vida, pero...

- Piénsalo bien, Hermione. Piensa bien si estás enamorada o es simple gratitud. No quiero que sufras.

- Lo lamento, mamá. Creo que me dejé llevar por muchos detalles que desconocía e inventé un sin fin de historias en mi cabeza. El doctor Snape tenía razón, tenía que darte la oportunidad de explicar todo lo que había ocurrido. Solo tú podrías saberlo. Papá era un buen hombre pero se dejó llevar por el dinero. Quizá habríamos podido vivir con un poco menos de lo que estábamos acostumbrados y aunque luchó con todas sus fuerzas por evitarlo, así es como terminamos ahora.

La mujer sollozó fuertemente y rodeó a su hija con sus brazos, sonriendo.

- Sé que no puedo detenerte, que eres eso que tu padre solía llamar "espíritu libre" cuando se refería a sus caballos. Sin embargo, quisiera que reconsideraras un poco lo que haces. En la vida no es buena idea, solo escuchar al corazón. Hermione, tienes que usar tu cabeza también, tomar decisiones con la cabeza fría y a veces, dejar tus emociones a un lado.

Por supuesto, como su madre había estado haciendo durante años.

Luego de aquella conversación, sintió que un gran peso se esfumaba de sus hombros y que todas aquellas lágrimas que durante años, nunca había podido derramar con respecto a su padre y todo lo que envolvía su muerte, por fin brotaban solas.

Por primera vez en mucho tiempo, podía sentarse a llorar. Largo y tendido.

Hasta que un llamado a su puerta, interrumpió sus pesares.

- ¿Hermione? ¿Te sientes bien? - Ginny tocaba suavemente, con una bandeja de té y galletas. Su mejor amiga se limpió las lágrimas con aquel pañuelo que el doctor Snape una vez le regaló y asintiendo suavemente, invitó a la joven pelirroja a sentarse en la cama junto a ella. - Qué sucede, ¿acaso tu madre y tú, han vuelto a discutir?

- No. Haz tenido razón todo el tiempo y yo fui tan tonta que no quise verlo. Mamá no podía ser tan mala como la pintaba, tenía que haber algo más.

- Te lo advertí. Yo crecí a tu lado, soy un poco menor que tú, pero algo recuerdo de lo sucedido. Mi padre entró furioso a la casa una noche, vociferando que tu padre era una bestia. No paraba de gritar y escupía mientras hablaba. Pero luego de unos minutos, pareció reconsiderar las cosas y recordó que tú y yo éramos amigas desde niñas, prácticamente su enfado desapareció y me dijo que todo iba a estar bien, que simplemente la familia pasaba por una crisis y que muy pronto se repondrían. Yo no sabía de qué estaba hablando, yo solo quería salir y a jugar, salir a verte. En poco tiempo mamá regresó a casa y me confesó que la situación económica de la familia empeoraba y que quizá tendría que quedarme en la casa por unos días, mientras todo se normalizaba. Me habló de tu madre y me dijo, si mal no recuerdo, que atravesaba por una de las peores crisis que jamás había visto y que no estaba segura de cuánto podría soportarlo.

- ¿Por qué nunca me lo dijiste? - preguntó la joven anonadada y Ginny se mordió el labio inferior en respuesta.

- Creí conveniente que lo mejor era que tu madre fuese la primera en decírtelo. Además, mi propia madre pensó que lo mejor sería que ustedes dos hablaran sinceramente.

- Por eso siempre que hablaba de mi padre con la señora Weasley, ella evitaba el tema. Pero papá...

- Tu padre siempre te amó, eso nunca lo dudes. Solo que nunca supo como sobreponerse a todo lo que ocurría. Tu madre y tú eran su única ilusión en vida, todo lo que más amaba. Trata de imaginarte lo que se siente el tenerlo todo de la noche a la mañana y de pronto perderlo.

No contestó, su cabeza de pronto se distrajo en otras ideas.

- ¿Y qué te ha dicho tu madre, acerca del doctor Snape?

- ¿Por qué crees que...?

- Conozco esa mirada y no es solamente sobre tu padre, que quieres conversar.

- Ella... ella me ha dicho que lo piense muy bien, que tengo que descubrir si realmente lo amo. ¡Pero, Ginny!... ¿cómo podré saber que realmente lo amo, si nunca he amado a alguien como para saber qué se siente?

- Solo lo sabrás, una vez que pasen tiempo juntos. Mamá dice que el amor solo nace como fruto de una buena convivencia y el cariño entre dos personas.

Eso le dio mucho en qué pensar y una brillosa mirada, se cruzó en su semblante.

- ¿Acaso estás pensando en...?

- Quizá esté muy preocupado por mí. Quizá piense que mamá y yo, ya no nos hablamos por su culpa y creo que no es justo que le permitamos torturarse.

Ambas se sonrieron y Ginny, asintiendo, condujo a su mejor amiga hacia el piso inferior. Se detuvieron junto al teléfono, mientras la jovencita pensaba qué debía decir.

- Buenas noches, ¿operadora? ¿Podría comunicarme con el doctor Severus Snape, en el primer hospital de Londres? ¿Por favor?

En el despacho del doctor, el hombre comenzaba a desesperarse. ¿Y qué tal si tenía razón y jamás podría volver a verla? ¿Sería acaso, capaz de olvidarla?

Se distrajo en cuanto el teléfono comenzó a sonar en el despacho.

- Buenas noches, hospital principal de Londres... ¿en qué podemos servirle?

- ¿Doctor Snape?

Casi se cayó de la silla al escuchar la voz de Hermione al otro lado y Sprout no pudo evitar reír, mientras se acomodaba el traje y recogía un par de documentos que habían caído al suelo ante la sorpresa.

- Señorita Hermione, pero qué sorpresa... ¿es que acaso ocurre alguna cosa? Si pregunta por la enfermera Sprout, estará de regreso en la hacienda pronto y en cuanto la nevada cese. A menos que su madre no quisiera que pusiéramos un pie en su hacienda, nuevamente, que lo podría entender...

- Sí pero... ¿doctor Severus? Quiero decirle que nada de lo que ocurrió entre mi madre y yo, tiene que ver con usted y tampoco es su culpa. Mi madre y yo, teníamos muchas dudas por aclarar y casi puedo decir que le agradezco que haya abierto la comunicación entre nosotras.

- El placer es todo mío, aunque habría preferido que se hubiese dado en mejores condiciones.

- Yo también. Y es por eso que le llamo, precisamente.

- ¿Ah sí?

- ¿Podría usted... no sé... venir mañana a nuestra cena navideña? Mamá tendrá que viajar pronto a la feria de agricultores y pues, siempre cenamos la noche anterior para desearles buena suerte en su viaje y para estar en familia antes de que partan. Sería un gran honor para nosotros, si usted y la señorita Sprout...

- Por supuesto que asistiremos. - dijo el hombre de inmediato, interrumpiéndola. La mujer trataba de hacerle señas para que le explicara de qué estaba hablando, pero el hombre continuaba ignorándola y embelezado con el teléfono en la mano.

- Muy bien, le avisaré a mi madre entonces. Quiero que sepa que ella no les guarda ningún rencor. Solo trata de protegerme y creo que yo he sido muy traviesa y me he comportado mal durante mucho tiempo. Creo que ya es tiempo de que entre en cintura y actúe conforme a mi edad. Tiene miedo de que usted pueda lastimarme, pero yo sé que...

- Jamás podría hacer algo así, jamás podría pensar siquiera en lastimarla.

Y Pomona Sprout, nunca pensó que su colega tendría tanta suerte.