Espero que les guste, lamento la tardanza.
Apretaba sus manos una contra la otra, frente a la puerta de la hacienda. Ginny había planchado uno de sus mejores vestidos y alizado su cabello para la ocasión. No quería verse nuy diferente, pero quería lucir acorde a su edad.
Su madre permanecía sentada en la mesa del comedor, mirando a Hermione ir y venir. No conocía al doctor, solo en las circunstancias de salud de su hija, pero trataba de mantener la calma y hacer un esfuerzo.
- Estoy segura de que todo saldrá bien. - murmuró Ginny a un lado de la mujer. - estoy segura de que el doctor Snape es de fiar y realmente tiene buenas intenciones para con ella.
- Es mi única hija, no me atrevería a... - dijo, mordiéndose el labio inferior como su hija solía hacer cuando estaba nerviosa.
- Ya llegan... - se escuchó en el pasillo, Molly Weasley salía de la cocina, al escuchar el ruido de un motor acercarse a gran velocidad. La mesa estaba especialmente engalanada con mucha comida, aún para su estatus económico y enormes centros de mesa con muchas flores navideñas. Postres de todas las clases posibles para navidad.
Todo lucía perfecto, pero ella no podía dejar de pensar que algo hacía falta. Comenzaba a sudar frío, mientras escuchaba las voces de la enfermera y el doctor, recibidos por su segunda madre, la señora Weasley.
- Hermosa decoración. - dijo Snape con una sonrisa, admirando los muñecos de nieve, recibiéndolos en la entrada, con graciosas caras.
- Todo es obra de las niñas. - dijo la mujer, muy orgullosa. - bueno, de las jovencitas. Son muy creativas, ellas decoraron la mayor parte de la casa.
El doctor Snape no contestó, apenas podía pensar de imaginarse a lo que debía enfrentarse. A su madre y a la única verdad posible.
Que estaba perdidamente enamorado de una joven que apenas podía decir que conocía, pero por la cual estaba dispuesto a hacer lo que fuera, a renunciar a lo que fuera.
Al abrirse la puerta principal, ambas se sobresaltaron de inmediato. Tanto Hermione como su madre, temían al primer contacto una vez más y constantemente se preguntaban qué decir primero.
- Buenas noches, muchas gracias por su humilde invitación. - el silencio fue roto de inmediato, por la suave voz del doctor. Rápidamente se quitó su sombrero café y lo puso junto a su abrigo negro, para que Ginny pudiera colgarlos. Una vez libre, se inclinó haciendo una reverencia para besar una de las manos de Hermione y luego, con el mismo gesto, besó la mano de Ginny y Minerva.
- El placer es nuestro, me alegro de que hayan podido venir y espero que no hayan tenido problemas con el temporal - su madre fue la primera en responder, ya que no encontraba palabras y no dejaba de darse cuenta de la intensa mirada del doctor sobre ella. Se sonrojó de inmediato.
- Para nada. - contestó mientras Ginny tomaba el abrigo de su enfermera colega. - todas las mujeres de la casa, lucen hermosas ésta noche y me temo que esa fue la única razón de nuestra demora. Bueno, siempre son hermosas.
- Ah no, a mí no me vengas a echar la culpa. - rió la enfermera, acomodando su recatado vestido de fiesta negro- yo no tardé tanto en el tocador, arreglándome, como tú lo haz hecho ésta noche.
- No ha sido mi culpa. Debo admitir que estaba realmente tenso luego de lo sucedido y no podía ponerme una camisa sin transpirar de solo pensarlo.
Los ojos de Minerva mostraban una severidad que ella trataba de mantener solo para sí. Trataba de ser tolerante y olvidar la edad del doctor y las circunstancias en las que se habían conocido. Tenía que tener fe en su hija.
- Ya todo quedó en el pasado y creo que les debo una disculpa. Hermione y yo aún teníamos un par de asuntos sin resolver y creo que los arrastramos a ello.
Antes de que la mujer pudiera agregar algo más, sintió que el hombre tomaba su mano derecha y se arrodillaba ante ella.
- Yo debería ser quien se disculpe y realmente lamento haber actuado a sus espaldas. En verdad amo a su hija y puedo jurarlo por la memoria de mi santa madre, que mis intenciones son buenas. No puedo decirle por qué exactamente, pero estoy muy enamorado de ella y quisiera pedirle el permiso correspondiente para cortejarla y posteriormente, si ella acepta, desposarla.
Nunca había pensado en casarse tan joven, pero se sonrojó al darse cuenta de que aquel hombre la amaba tanto como para pensar en formar una familia.
- Oh por dios. - dijo Ginny, secándose un par de lágrimas con el dorso de una de sus manos. - es tan romántico, qué suerte que tienes.
El doctor se puso en pie de inmediato y a continuación se inclinó una vez más, tomando la mano derecha de Hermione.
- No estoy seguro de qué hombre esperas que sea, comparándome con el joven Draco, pero haré todo lo que esté a mi alcance para hacerte feliz y darte todo lo que te mereces. Y perdona que sea tan sincero y que quizá esto suene indecoroso para tus oídos y los de tu madre, pero ansío casarme contigo y no me detendré hasta lograrlo.
Se llenó de lágrimas, ligeramente abrumada ante sensaciones tan nuevas y se dio la vuelta para mirar a su madre. Qué debía decir, como debía responder. El rostro de su madre era inescrutable pero podía notar sus ojos brillar con pequeñas lágrimas.
Supuso que su madre ya no intervendría y ella tendría que decidir su propio destino. Asintió suavemente y Snape sonrió, poniendose en pie. Bajo un incómodo silencio.
- Su padre ha muerto, pero yo soy como su segundo padre y si se atreve a lastimar a mi niña especial, juro que no responderé por mis actos. - dijo el señor Weasley, aclarándose la garganta y disipando las tensiones del momento. Molly Weasley comenzó a reír de inmediato y la imitaron muy pronto. Hermione respiró profundamente y sintió que un peso de encima, desaparecía una vez más.
Ahora descubriría qué significaba estar enamorada.
Y el doctor continuaba su recorrido por la hacienda, admirando la decoración navideña y mientras Ginny le explicaba cómo había surgido cada uno de los detalles. El fresco olor del árbol de navidad y las piñas en los arreglos de las puertas, se percibía de inmediato.
- Hermione y yo, siempre decoramos el árbol. - dijo la joven pelirroja. - papá corta el más bonito y grande. También tejemos las cestas de las mesas y colgamos las coronas. Armamos el tren eléctrico y construimos los muñecos.
- Suena a que es mucho trabajo para ustedes dos. - respondió la enfermera Sprout, maravillada.
- Aquí entre nosotras, mis hermanos son pésimos para las manualidades y mi madre me castigó, dándome solo hermanos.
Pero la atención del doctor, estaba totalmente dedicada a su paciente. Vestía hermosamente de blanco y aunque extrañaba sus igualmente hermosos rizos caramelo, no podía negar que su peinado también le hacía lucir adorable.
- Doctor, ¿podría sentarse para cenar? - escuchó a Ginny a su lado, rompiendo totalmente su concentración. Se percató de que el humor de Hermione había mejorado considerablemente y que reía en la mesa, de una de sus anécdotas con el doctor Remus Lupin.
- Y Severus nunca pudo perdonarle, que un oso casi lo matara. Estaban acampando y estudiando juntos, cuando el oso apareció de repente.
- ¡Oh mi dios! - exclamó Hermione, cubriendo su boca con una de sus manos.
- Según Severus, Remus pensaba huir y dejarlo allí...
- Es un cobarde...
La mesa entera rió de inmediato y el ambiente cálido y hogareño, muy pronto llenó sus corazones. Y una excéptica Minerva, se dijo a sí misma, que quizá todo estaría bien al partir.
- Mamá... ¿podrían el doctor y la señorita Sprout, quedarse ésta noche? Sé que no es lo acostumbrado pero la nieve ha arreciado y ya que tienes que partir... - se sonrojó ante la mirada de sorpresa del hombre sobre ella. Si tenían que convivir para enamorarse, tenían que empezar en algún momento.
- Bueno, no lo sé. No creo que tengamos habitaciones disponibles.
- Podría quedarse en mi habitación de la cabaña y yo puedo quedarme con Hermione. ¿No le parece? ¡Será muy divertido, como una pijamada!
Bendita Ginny y sus maravillosas ideas.
- Lo pensaré durante la cena y si la nevada no cesa, Hermione.
Bien, se contentaba con la respuesta y asintiendo con una sonrisa, trataba de comer y mostrar modales en la mesa. Como si fuese una adulta. A lo que el doctor sonreía sin darse cuenta, apoyando su rostro en una de sus manos y admirándola tener un debate entre su niñez y la adultez. Prefería casarse con la dulce joven.
- ¿Y no está de guardia ésta noche? - preguntó Hermione con una vocecilla y el doctor se reincorporó en su asiento y acomodándose su blanca camisa y su corbatín negro, negó con la cabeza y volvió a sonreír, vaciando su copa de vino en pocos tragos.
- No. La cirujana Bellatrix Lestrange, me cubre ésta noche. No nos llevamos muy bien y tuvo que aceptar a regañadientes, cuando le dije que tenía un compromiso que no podía evitar por nada en el mundo.
Ambos se miraron en la mesa y Minerva carraspeó ligeramente.
- Espero que comprenda que mi hija todavía es muy joven y que antes de que se casara o formalizara algún tipo de relación, esperaba que encontrara un trabajo decente. No estoy tan segura, ahora que está lisiada y sin embargo...
- Creo que su hija, como tiene tanta experiencia con animales, podría trabajar para el instituto veterinario y ganadero, en la ciudad. Resulta que conozco al dueño y me debe un par de favores que podría cobrarle ahora mismo. - respondió Snape de inmediato y Minerva parpadeó sorprendida. - asuntos del oficio, terminas conociendo a tantas personas y ofreciéndote tantas cosas.
Volvió a sonrojarse ante la idea de que el doctor le encontrara trabajo y no dejó escapar la sonrisa cómplice de Ginny a su lado.
Ahora no sólo le debería su vida, que ya era mucho decir.
- No pienso casarme, sin antes ayudarte a recomponer tú vida.
Pero... ¿y acaso lo necesitaba? Se sentiría toda una inútil y entonces Narcisa tendría razón y no era una mujer digna de alguien como Draco. No estaría a su altura.
¿Para eso servían los esposos? Quizá por esa razón su padre había decidido rendirse. Puesto que había fallado en su rol más básico.
