Quizá se trataba de ello, el espíritu navideño del que todos hablaban, pero las cosas comenzaban a resultarle tan hermosas y tan diferentes. Reían y charlaban animosamente durante la cena, casi sin preocuparse de ningún mal ni dentro ni fuera de la casa. El asma del padre de Ginny o los prejuicios de su madre, nada de ello importaba.

Y a la hora del postre se encontraba sentada en el largo sofá del salón, mientras el doctor estaba sentado en un sofá hondo y bebiendo una taza de café con brandy, escuchando una historia narrada por la mejor amiga de su amada.

- Entonces nos subíamos a la espalda del padre de Hermione, cuando éramos unas pequeñas niñas como de 3 años más o menos... y mamá decía que le gritábamos: "arre arre" y nos paseaba por toda la alfombra, lo mejor que podía.

- Papá siempre tenía ánimos de jugar. Cuando iba de casería, nos llevaba con él. A mamá no le gustaba pero papá afirmaba que estaba bien, que no íbamos a lastimarnos. Nos hacía usar pesados cascos de metal y apenas podíamos ver por dónde caminábamos. - dijo Hermione, sonriendo ante los recuerdos.

- Pues, adentrarse en los bosques sin protección puede ser difícil. - dijo Snape, terminándose su taza de café. - cuando tenía unos diecinueve, decidí acampar con el doctor Remus Lupin y el abogado Sirius Black. Habíamos terminado el primer año de medicina y había resultado ser, la cosa más difícil que hubiésemos hecho a lo largo de nuestras vidas. Remus es un gran amigo de éste susodicho abogado y decidió invitarlo e irnos de juerga por unos días. Por supuesto que llevábamos nuestros libros de texto para el siguiente año, que empezaba en unas semanas y queríamos estar preparados. Empacamos todo lo que pensábamos llevar y un par de botellas de vino y otras de whisky, solo para amenizar el momento un poco. Llevábamos tiendas, rifles, comida enlatada que pudiéramos calentar en una buena fogata, tela para mosquitos, un par de medicamentos contra venenos de todas las clases que pudiésemos imaginar encontrar en el bosque, un par de cañas de pescar, mudas de ropa, la mayor cantidad de municiones que pudiésemos necesitar, cuchillos y un machete por si debíamos cortar maleza... todo lo necesario para explorar y acampar. Lupin quería llevar su equipo de arqueología y mineralogía, pero a nosotros nos parecía ya demasiado. Black en cambio, quería llevar cuanta bebida y comida pudiese reunir. Especialmente caramelos y confites.

Ginny suspiró emocionada, mientras el doctor se aclaraba la garganta y trataba de recordar todo.

- Quizá era mucho equipaje en grandes mochilas, con nuestras colchas para dormir y revistas, además, de ovnis y ciencia ficción para leer por las noches. De todas formas, éramos muy jóvenes para entender y seguir las reglas básicas de todo campamento y pues en mi jeep descapotable, todo parecía caber muy bien. Hicimos una parada para cargar combustible, desayunar apropiadamente en una gasolinera (si puedo decirlo así, ya que al menos era algo mejor que nada), llenar un par de cantimploras con agua y escuchar a Black sugerir llevar un par de huevos para freírlos, si pescábamos alguna cosa. Con un poco de tocino.

- Podría decirse que llevaban la casa completa. - se sorprendió Minerva y Snape asintió con una sonrisa, mientras Sprout trataba de no reírse.

- Partimos a una gran montaña a las afueras de Londres, muy al sur, un pequeño pueblito que nunca habíamos visto. El paisaje para nuestra sorpresa, estaba realmente cálido y despejado, y podíamos mantener la tela del techo abajo, disfrutando de música animada en radio caseteras o quizá la radio para enterarnos del clima o si era un buen momento para pescar. Nos tomó como unas 5 horas llegar a lo más sur del país y muy pronto ya queríamos bajar y acampar. Casi no nos detuvimos, simplemente para ir al baño y si estábamos cansados de conducir, nos turnábamos para manejar.

- Todavía lo recuerdo y me causa muchas ganas de reír. - dijo la enfermera, conteniendo la risa.

- Al llegar, buscamos la locación perfecta. Detuve mi Jeep a la entrada de una enorme montaña, por la cual descendía un viejo río lleno de piedras. Black aseguraba que debía cubrir mi auto en caso de que alguien quisiera robarme. Lo cubrimos de ramas y cualquier cosa que pudiésemos encontrar y me pregunté si algún día lo encontraría, en cuanto termináramos de acampar. Escalamos un poco y muy pronto comenzamos a disponer las tiendas y lonas para dormir, recolectando madera y piedras para una fogata. Black cargaba un encendedor que decía haberle robado a su padre y como no se llevaba bien con su familia y su prima Bellatrix (quizá olvidé mencionar que ambos son parientes), era poco lo que le importaba. Pronto encendimos el fuego y como habíamos llegado ya cayendo la noche, era muy tarde para pescar y nuestras lámparas de gas no alumbrarían lo suficiente. Nos sentamos alrededor del fuego y simplemente abrimos una lata de guisantes dulces y un poco de carne guisada que había traído de casa. Seguramente atraeríamos un oso con toda esa comida, así que decidimos colocarla en la copa de un árbol, dentro de una sábana y colgando lejos de la vista de los osos.

- Recuerdo bien la historia y yo continuaré... - dijo la enferma, tratando de contener sus risas. - como hombres que creen que son, los tres se fueron a dormir sin ningún temor. Remus hablaba de fantasmas, de animales imaginarios a los que les gustaba la carne humana. Severus creía que eran tonterías y simplemente se encerró en su tienda, apagando su lámpara de gas y aún murmurando que eran tonterías. Los tres muy pronto se durmieron por todo el cansancio del viaje y no despertaban por sonido alguno, a menos que algún mosquito zumbara cerca de sus oídos. Les gustaba hacerse los rudos y no se acobardaban si algún animal caminaba cerca de ellos. O si algún insecto de largas patas, se detenía por sus tiendas de campaña.

- Hasta que... - dijo Snape de pronto.

- Hasta que de pronto, Sirius y Snape escucharon un grito. Ambos se despertaron sobresaltados y tomando sus rifles, salieron de sus tiendas. Apenas podían ver por la penumbra y pues, estaban somnolientos. Muy pronto se percataron de que un enorme animal o algo parecido, sacudía la tienda de Remus con mucha fuerza.

- "¡Oso!" gritó Black de pronto y yo trataba de apuntar en dirección al animal. Realmente no quería matarlo pero o tenía que asustarlo para que no matara a nuestro colega, o simplemente herirlo para conseguir el mismo resultado.

- El oso escuchó el grito de Sirius y dejó la tienda de campaña, para abalanzarse sobre ellos dos. De un zarpazo derribó la escopeta de Sirius y a Severus también. Si apenas y podían ver. Remus temblaba de miedo y no tardó en encontrar su vieja lámpara de gas, cuya campana de cristal estaba rota pero que aún funcionaba para iluminar. La encendió rápidamente y el oso retrocedió ante la incandescente luz, pero no se marchó. Trató de espantarlo, pero el animal era muy fiero e insistía en atacarlos. Normalmente no atacan humanos, pero aún había restos de comida por todas partes.

- En fin, caímos al suelo y no sé como ni cuando, Black logró reincorporarse y escapar del oso. Remus pudo apartarse de su zona de ataque y solo quedé yo, bajo su imponente cuerpo peludo y apunto de morir.

Hermione soltó un gemido de sorpresa y miró a Ginny, atónita. Ambas se encontraban como en el pasado, mientras su padre les contaba una historia. Mordiéndose las uñas y tratando de respirar ante el asombro.

- Pero no te dejaron allí, regresaron por ti y lograron ahuyentar al oso. Un par de escopetazos al aire y todo animal cerca de las tiendas, se alejó por entre los árboles. - acervo Sprout, pero el hombre se cruzó de brazos.

- Y sin embargo pude haber muerto y se acobardaron de dejarme ahí y de cargar con mi muerte en sus conciencias.

Minerva suspiró audiblemente, mientras el resto no podía creer semejante historia. Miró en dirección a las ventanas del salón y se percató de que la nevada había empeorado y que ya casi no podía ver por el temporal.

- Bueno, Hermione, creo que el doctor y la enfermera se quedarán como dijiste. - miró un viejo reloj de péndulo que se encontraba al fondo, junto a la escalera. De la emoción, ni se habían percatado de la hora. Las doce en punto del día 30 de diciembre. - Ya pronto amanecerá y si queremos partir temprano para volver a tiempo para fin de año, será mejor que nos vayamos a dormir. Si se quedan un rato más, apaguen las luces al salir. Pero no se queden hasta muy tarde y... - miró al doctor que estaba sentado a un lado de su taburete.

Pero lo entendía bastante bien. Las tradiciones eran claras y no podía acercarse a su amada, ni tocarla en público, hasta que ambos hubiesen formalizado su compromiso y toda la pequeña sociedad de aquel pueblo, lo supiera para que no lo malinterpretaran.

Estúpidas costumbres, sí.

- Nos quedaremos, si no te molesta. - dijo Hermione y Ginny asintió rápidamente. - queremos escuchar el resto de la historia y entonces iremos a la cama, para despedirnos temprano por la mañana.

- De acuerdo. - contestó la mujer, caminando en dirección a la escalera. - No debo recordarte los correctos modales de una dama, ¿o sí?

- Descuide señora Minerva, yo me quedaré y vigilaré que mi colega y su hija, respeten el acuerdo establecido.

Minerva McGonagall no pareció convencida, pero comenzó a subir las escaleras hasta encerrarse en su habitación y luego de que ambas jóvenes se despidieran de la familia entera, redirigieron su atención al doctor que había permanecido en silencio y abstraído en su segunda copa de brandy.

- ¿Y luego qué ocurrió? - preguntó Hermione con mucha curiosidad y el doctor Snape se encogió de hombros, restándole importancia al resto de la historia.

- Seguimos acampando pero no les hablé por varios días. Remus seguía diciendo que jamás me habría dejado morir y Black seguía diciendo que yo era un tonto y que no perdiera el tiempo conmigo. Desde ese día creo que no nos llevamos tan bien como antes. Además su prima Bellatrix, la cirujana, es detestable.

Hermione suspiró ante el final, pero la enfermera Sprout comenzó a reír.

- Eres muy resentido y tonto. No quiero ni imaginar lo que pasaría si Hermione, te hiciera algo así. Traicionara tu confianza.

- Pero eso jamás pasará, estoy seguro.

¿Y cómo estaba tan seguro? Pero en aquel momento, quizá podían pasar un tiempo de caridad. Juntos, conocerse tanto como fuera posible para determinar si eran ideales, el uno para el otro.


** Me he sentido un poco mal, física y anímicamente, así que me permití hacer un cap de relleno (habrá quienes digan que mis fics son todos así, de relleno). Por lo cual me dediqué a explicarles por qué Snape/Remus/Sirius, se desagradan en éste fic.