Bueno, me traje a Dora y a lo que nos ataña. Ésta idea me la dio toolate503 y pues la transformamos en algo productivo. Estoy trabajando en varios proyectos que me pidieron ( Snuna, druna, Snape y Neville entre otros), así que tengo que encontrar un balance en todo. Espero que les guste.
Regresar tan tarde en la noche, al trabajo, nunca había resultado tan gratificante como en aquel momento. No podía esperar a la fiesta de navidad que la familia Granger organizaría, para tener la oportunidad de presentarse como el novio de la joven Hermione Granger. Por un momento temía lo que la sociedad pensaría de la tremenda diferencia entre sus edades, pero no quería retractarse ahora que estaba tan cerca.
La puerta de su despacho se abrió lentamente, pero estaba tan distraído que no prestó atención. Un par de tacones hicieron un poco de ruido, pero se imaginó que se trataba de alguna enfermera caminando en los pasillos. Sonrió sin darse cuenta, teniendo el rostro de Hermione en su mente.
- Severus... - una voz interrumpió sus pensamientos y alzó la vista. - aquí tienes los informes de ésta noche. Espero que tu compromiso haya sido muy importante para haberme dejado sola con todo este trabajo.
Bellatrix Lestrange, una mujer que realmente no soportaba bajo ninguna circunstancia. Largos y negros rizos, gruesos labios y pequeños ojos con largas pestañas. No era precisamente fea pero no había algo en ella que le atrajera. Además de una personalidad bastante repelente. Arqueó una de sus cejas y sonrió sarcásticamente.
- Yo lo hago todos los días y no me quejo. - dijo y la mujer dio un chasquido con la lengua, tomando todas las historias de la mesa y haciéndolas a un lado, sentándose sobre el escritorio con una actitud impulsiva que de pronto le dejó sin habla.
- ¿Es que nunca podremos llevarnos bien? - se empujó en el escritorio hasta estar sentada frente a él, con sus tacones cerca de sus muslos y su rostro a la altura de su busto. Trató de mantener la vista sobre el rostro de la mujer y no en su blusa por demás de escote, bajo su bata de hospital. Traía una falda un poco corta y negra, que hacia juego con sus pantimedias negras. Su pálida tez era un gran contraste y con su boca pintada con labial rojo. - ¿Qué no te das cuenta de que tenemos mucho en común? - sintió uno de sus tacones acariciando uno de sus muslos, muy cerca de su entre pierna. No pudo evitar gemir suavemente, así que la mujer prácticamente se arrojó sobre ella en la silla y hasta quedar sentada en sus piernas. Sostuvo su rostro violentamente entre sus manos y de improvisto sintió un par de besos alrededor de su cuello.
Con toda la fuerza que fue capaz de ruinir, apartó a la mujer de su regazo y sosteniendo una de sus manos para evitar que cayera o se golpeara con el escritorio tras ella. Apenas y en cuanto pudo, se puso en pie de inmediato y trató de poner gran distancia entre ambos.
- No... - dijo, abriendo la puerta de su despacho. - lo siento pero mis afectos ya están comprometidos y no pienso manchar la confianza y el amor que ha sido puesto en mí, engañándole con otra mujer. Lo lamento Bellatrix, pero ya estoy enamorado y en mi corazón no hay espacio para nada más. Ahora... por favor márchate, tengo mucho trabajo como ves.
La mujer acomodó su blusa y su falda, cerrando los botones de su bata de laboratorio. Caminó en silencio bajo la mirada atenta del doctor Snape y antes de marcharse, se dio media vuelta y agregó.
- Ella es muy diferente de ti, Severus. ¿Podrá ella... entenderte tanto como yo o cualquiera en éste hospital?
Negó con la cabeza y prácticamente tirando la puerta. Hermione era diferente y no se cansaba de repetirlo. Quizá era una muchacha campesina y más sencilla, orgánica, pero estaba seguro de que ambos podrían amarse sin ninguna separación de clase o ideología.
Y de tanto pensar en el asunto, pensó que lo mejor era ser totalmente sincero con ella. Muy temprano al amanecer, Severus pasó por una floristería y comprando un gran ramo de rosas de diversos colores, pensó en auto invitarse a la hacienda. Sabía que su madre esperaba que fuese comedido con sus visitas, pero no podía soportarlo.
Ginny y Hermione limpiaban la vajilla, mientras Sprout se encargaba se secarla. Molly cocinaba el guiso del almuerzo y sus hijos picaban verduras en una gran tabla de madera. El aroma podía percibirse incluso fuera de la hacienda, mientras aparcaba el auto.
- ¡Oh por dios... el doctor Snape acaba de llegar y sin avisar! - exclamó Ginny, soltando un plato que se mantuvo intacto de milagro, al tocar la mesa de la cocina. Se bajó de un taburete en el que había estado prácticamente un cuarto de hora, colocando platos sobre una repisa, para quitarle el delantal a su mejor amiga y tratar de acomodar su cabello para recibirlo.
Se sonrojó de pronto y se miró las manos, mientras Ginny las secaba de forma poco ceremonial. Molly miraba a través de la ventana, detallando al doctor que se acercaba a la puerta principal.
- Ese hombre... ten mucho cuidado, Hermione.
- Le juro que nada ocurrirá, señora Weasley. Sólo vamos a charlar, él y yo no haremos nada...
- Descuida mamá. La señorita Sprout y yo, nos encargaremos de asegurarnos de que el señor Snape no se propase.
- Sobretodo tú, hija. - suspiró la mujer. - sobretodo tú.
Antes de que Ginny pudiera contestar, la campanilla en la puerta sonó y la joven pelirroja brincó de la emoción, corriendo hasta la puerta para saludar al doctor. Sonrió muy contenta, limpiándose las manos en su delantal.
- Buenos días, ¿acaso interrumpo las labores del hogar? El aroma puede percibirse a kilómetros. - dijo Snape, mientras tomaba una de las manos de Ginny, pero la joven negaba con la cabeza.
- El guiso de mamá es capaz de levantar muertos y parece que es capaz, incluso, de traer gente de la ciudad... por lo que veo.
Severus trató de besar su mano, pero Ginny se apartó de inmediato y tomó el gran ramo de rosas de sus manos. Caminó como si bailara y en dirección a un florero en el centro de la mesa del recibidor. Tarareó una pequeña canción y luego de acomodar las rosas en la vasija, se dio la vuelta y arqueó las cejas ante el hombre que continuaba parado en la puerta.
- ¿Acaso se quedará ahí o piensa pasar? ¡Oh, lamento la descortesía! Estábamos lavando la loza y no quisiera que tuviera que besar mi mano, olorosa a jabón. Pase por favor, Hermione no tardará en salir de la cocina.
Sonrió encogiéndose de hombros y cerrando la puerta tras de sí, tratando de no reírse. Caminó hasta sentarse en el sofá del recibidor y miró las rosas frente a él, tratando de pensar en todo aquello que debía decir y cómo hacerlo.
- Buenos días, doctor Severus. - escuchó la dulce voz de Hermione y alzó la cabeza para mirarla. Vestía un par de jeans azules y una camisa a cuadros, lo que le hizo pensar en un cliché y típico traje campesino. Además de su cabello, peinado con dos crinejas y dos lazos blancos. Pero se veía realmente hermosa. No tardó en sentarse frente a él en el sofá.
- Basta de eso de "doctor Severus" soy simplemente Severus. - sonrió y Hermione se ruborizó de inmediato. - estamos intentando tener una relación, ¿recuerdas?
- Lo siento, es que todavía me cuesta acostumbrarme. - miró frente a ella y las rosas, fragantes y coloridas. - le agradezco mucho por las flores, son hermosas. No lo esperaba, ¿es que ocurre alguna cosa?
Miró a su alrededor y le pareció sentir un par de ojos sobre ella desde la cocina y se sintió ligeramente frustrada de no poder ser besada o besar al hombre frente a ella. Una dulce sensación que deseaba volver a experimentar. Sin embargo, el doctor parecía más nervioso de lo usual.
- Tenía que venir, necesitaba decirte algo. Confesarte una cosa. - dijo y antes de continuar, Ginny interrumpió la conversación y colocando una bandeja con dos tazas de té y un par de galletas de chocolate y nuez. Los miró a ambos con una sonrisa pícara y arqueando sus cejas, mientras se alejaba en dirección a la cocina. Hermione rió y Snape tomó sus manos entre las suyas, atrayendo su atención. - he estado pensando que la fiesta será un buen momento para presentar nuestro noviazgo de manera oficial y ya no tendremos que escondernos. Así tu madre no tendrá que preocuparse de lo que otros digan, si nos ven en alguna demostración de cariño en público.
- Creo que usted tiene razón y es lo correcto. Mamá no tendrá de qué preocuparse y así podremos estar juntos sin alguna culpa. - volvió a sonreír y asintió. - me parece una muy buena idea.
- Aunque realmente me preocupa lo que puedan decir por nuestra diferencia en edad y clase social. - antes de que Hermione hablara, continuó. - sin embargo, estoy preparado para luchar contra lo que sea... puesto que te amo con locura, Hermione.
- Yo...
- Y es por ello que también debo confesar que anoche, mientras trabajaba, mi colega Bellatrix trató de besarme. Fue una especie de emboscada, pero jamás cedí ni cederé. Te amo y ninguna mujer tendrá mi atención. Ninguna que no seas tú.
Frunció el ceño y no supo qué decir. Un gemido de sorpresa se escuchó en la cocina y se imaginó que Ginny había oído lo que había dicho.
