Yetsave: Al principio. Pero a mitad del fic, Hermione madura mucho y cambia bastante (cuando al fin asume el rol de patrón en la hacienda. O patrona, ahora con esas cosas del feminismo. Va madurando y tanto ella como Snape, van cambiando).
Toolate503: Sí, estaba muy cansada y lo escribí ridículamente corto. Perdón.
KiaraMichelle: me alegro de que te guste y espero que éste también te guste. Muchos besos y cariños.
No supo qué decir, así que guardó silencio mientras observaba al doctor frente a ella. Pomona Sprout se había llevado ambas manos a la boca y caminó hasta detenerse junto a ambos en el sofá.
- Severus... Bellatrix es una mujer casada. - alegó y Snape asintió, alzando la mirada para observar a su enfermera de confianza. - no puedo creer que haya intentado besarte, sabiendo que traiciona a su esposo en casa.
- Su matrimonio no vale nada, en verdad. Su padre, Cygnus Black, estaba prácticamente en bancarrota y para solventar todos sus males económicos, entregó la mano de Bellatrix en matrimonio a una adinerada familia de farmaceutas. Un laboratorio francés, cuyo heredero es el hijo de la familia, Rodolphus Lestrange.
- ¡Aún así! ¡Aléjate de esa mujer y guarda respeto por Hermione! Hiciste bien en correrla de tú oficina. Oh... ¡la señora Minerva enloquecerá de saberlo!
- No tiene por qué saberlo, mi madre ya tiene suficientes problemas y suficiente drama. - suspiró Hermione mirándola y luego, dirigiendo toda su atención al hombre quien sostenía sus manos. - yo no sé qué responderle, Severus. Jamás había tenido a alguien que me amara como usted lo hace y tampoco me había encontrado en una situación donde pudiera causarle celos a otra mujer. No sé ni qué debo responder en éstos casos.
- Tan sólo dime si podrás perdonarme. Si aún eres capaz de amarme, aunque esto haya ocurrido.
- Pero claro que soy capaz de perdonarlo. Ha venido prácticamente corriendo a decírmelo y no me lo ha ocultado, por supuesto que lo perdono.
Severus respiró aliviado, mientras Hermione sonreía. No podía creer que la vida le obsequiara, aquella hermosa y dulce joven que tenía en frente. Se apresuró a besar sus manos una y otra vez, mirándola a los ojos directamente, sonriendo con ella.
- Me preocupaba tanto, la idea de perderte, que creo que enloquecí en mi despacho. En verdad te amo más que a nada que amé en mi vida y no te traicionaría jamás. No podría cambiarte ni por todo el oro ni por todas las riquezas del mundo.
Hermione se ruborizó y Sprout no tardó en asentir, sonriendo también y llena de lágrimas de felicidad. Ese era todo el permiso que necesitaba para sostener su rostro y besar sus labios delicadamente. Un beso mariposa que aunque los dejaba insatisfechos, al menos era mejor que nada.
- ¡Oh dios mío, creo que me voy a desmayar! - escucharon una exclamación y a Ginny, quien dramatizaba su punto. - es tan sentimental que creo que no lo soportaré mucho más, ¡oh!
Hermione no tardó en reírse y Severus rió con ella, de una forma que jamás había oído. No se trataba de la típica risa de siempre, no. Una risa grave, muy seductora para todos sus sentidos.
- Lo que me recuerda que tengo una importante cita. - dijo mientras apresuraba el té y tomaba un par de galletas, besando la mano de Hermione al acabarse la bebida. - una reunión de negocios y no puedo faltar.
- ¿Negocios, señor Severus? Creí que usted ejercía medicina. - preguntó Hermione con cierta incomodidad y Snape volvió a sonreír, acomodándose la camisa negra que llevaba aquel día. Hacía mucho frío, así que se sopló ambas manos para calentarse.
- Sí, bueno, pero la medicina no es todo lo que hago. Quizá me provocó comprar una pequeña parcela y empezar mi propio huerto de zanahorias, gracias a ti. - bromeó pero Pomona no parecía contenta.
- Espero que no te estés metiendo en problemas, por cabeza hueca.
- Cuándo me has visto actuando como cabeza hueca. - le preguntó y tuvo que admitir que tenía razón. Se dio media vuelta para mirar a la joven pelirroja junto a él, quien sostenía su maletín café y su abrigo de cuero negro. - lamento no poder probar el famoso guiso de tu madre, ya será para otra ocasión. Éste es un compromiso al que no puedo faltar.
Volvió a inclinarse en dirección al sofá y volvió a tomar la mano de Hermione, besándola delicadamente y acariciando sus dedos con ternura. Sus ojos brillaban de una forma tan extraña para ella, como si sintiera que aquella reunión de negocios de la que tanto hablaba el doctor, tuviera que ver con ella en alguna forma. Se reincorporó para besar la mano de Ginny y para besar la mejilla de Pomona Sprout, caminando hacia la salida. Antes de marcharse, Hermione meditó y lo detuvo con un gemido, como si olvidara algo.
- Señor Severus, espere... ¡espere por favor! Ginny, por favor ve a mi habitación y en la segunda gaveta de la cómoda, hay una cesta... por favor traela.
Ginny asintió de imediato y corrió escaleras arriba, mientras la casa permanecía en silencio y sólo se podía escuchar el ruido de la cocina y de la pelirroja, hurgando entre las gavetas. Luego de unos minutos, bajó a trote y colocó la cesta de mimbre en mano de su amiga. Hermione retiró la tapa y en ella se encontraban un par de guantes negros de lana.
- Le he tejido un regalo para navidad. Me temo que no es muy costoso ni elaborado, pero muy útil. Tantas veces ha sostenido mis manos ya, que creo que las he medido bien y espero le sirvan. También estoy tejiendo unos para la señorita Sprout y para la señora Dora. Bueno, también un par de bufandas que hagan juego. Tejo tan rápido como mis heridas manos me lo permitan.
Sonrió al tomarlos, calzándose ambas prendas en las manos. Tenían la medida perfecta y combinaban muy bien con la ropa de diario que siempre usaba. Hermione también sonrió con gran satisfacción, al notar que su trabajo estaba bien hecho. Ginny suspiró hondamente, tomando las manos del doctor y admirando el trabajo de bordado.
- Le sientan maravillosamente, ¡mi amiga es realmente buena con las agujas! Creo que deberías hacerle una bufanda que haga juego con estos guantes.
- Lo haré apenas Bill, visite a Fleur en la ciudad y me traiga más hilo para tejer. Pienso en una bufanda verde con franjas plateadas, ese color seguro que le sienta.
Tomó su sombrero y haciendo una reverencia para despedirse, cerró la puerta principal y sonrió mirando la nieve que comenzaba a caer sobre su cabeza. No podía existir mujer más perfecta, aunque Bellatrix se arrojara prácticamente desnuda a sus brazos. Amaba a Hermione Granger y nada ni nadie le haría cambiar de parecer.
Nunca había disfrutado tanto, el camino de regreso a la ciudad, como en aquel entonces. La ciudad se veía escarchada con la nieve y los pocos autos construídos, ya se arremolinaban en las angostas calles. En otro momento le habría resultado incómodo, pero en aquel momento sólo tenía un terrible desespero por llegar a su reunión. Un pequeño café a pocas calles del hospital y no podía evitar sentir un poco de ansiedad mientras detenía el auto en la acera del frente y cruzaba la calle.
- Buenos días, señor. - fue saludado al entrar y apenas prestó atención. - ¿Tiene reservada alguna mesa? Me temo que ya estamos llenos.
- Mi nombre es Severus Snape y quedé de encontrarme con un hombre de nombre Harry Potter.
- Pase adelante, ya lo esperan.
Caminó entre cuchicheos y tintineos de tazas y cucharas, un ambiente cálido que no lo calentaba bajo ninguna circunstancia. Estaba por encontrarse con el novio de su ex novia y aunque podía jurar ante cualquiera, que estaba enamorado de Hermione Granger, aún sentía un incómodo remordimiento ante su recuerdo y su fantasma. Imaginarse lo que ese joven debía estar pensando sobre él y seguramente riéndose de su apariencia o su fatídica relación.
- Buenos días, doctor Snape. - se adelantó el joven y Severus estrechó su mano, mirando su sonrisa. Se tomó su tiempo para detallarle y se percató de serias diferencias que no podía negar. Perfectos ojos verdes, una perfecta sonrisa y también perfectos rasgos con los que no podía competir. - Es un placer conocerlo finalmente, mi novia me ha hablado tanto de usted.
- Y ella también me ha hablado mucho de ti. - dijo y le pareció que el joven parpadeó más de la cuenta. Tomó asiento frente a Harry, mientras llamaba a un camarero.
- Tomaré una taza de café. Usted quiere alguna cosa, ¿cierto?
- Un pequeño vaso de licor de café, si no es mucha molestia.
Harry le susurró un par de instrucciones al camarero, que no pudo oír ni prestó la debida atención. Al marcharse, la atención del joven se centró en la conversación. Ambos hombres se miraron por un par de segundos, antes de hablar.
- Lamento tomar su valioso tiempo para reunirnos en éste lugar, pero me temo que necesito asesoría en negocios. Pienso comprar una hacienda y como verá, no tengo ni la más mínima idea sobre eso.
Potter sonrió mientras el camarero traía las bebidas y mientras revolvía el azúcar en su café negro. Miró su pequeño vaso de licor de café y sintió que quizá no sería capaz de beberlo. Tenía tanta ansiedad con aquella reunión, que no era capaz de pensar en prácticamente nada.
- Perdone si me estoy inmiscuyendo en temas que no me corresponden, pero tengo curiosidad. ¿Por qué un doctor estaría interesado en comprar una hacienda? A menos que planee retirarse y dedicarse a vender vegetales.
- Me temo que eso no tiene nada que ver conmigo. Sin embargo, mi futura esposa vive en una hacienda prácticamente en ruinas que su padre le dejó y su sueño siempre ha sido volver al negocio.
Harry se revolvió incómodo en el asiento. Fue el turno de Severus de sonreír, tomando la decisión de beberse su bebida al fin. Su fuerte sabor, lo distrajo de pensar en lo absurdo que quizá sonaba. Aunque no quería desistir en hacer feliz a la mujer que amaba.
- Pues eso me resulta un imposible, si he de ser sincero. - Harry bebió de su café y meditó. - ¿acaso la deuda que posee, es muy grande? Si puede pagarla y sacarla del atolladero en el que se encuentra. Seguramente el estado ya pensó en adquirir los terrenos.
- Puedo pagarlo, amortiguar un poco la deuda y esperar a que ella produzca y pueda devolver al menos una parte de la inversión.
- Y si tenemos suerte, a como está el mercado actual. Puedo asesorarlo si eso es lo que quiere, Lily ya me ha hablado un poco de usted y sus aspiraciones. No veo la razón por la cual no podamos ayudarnos el uno del otro.
- Me temo que no comprendo. ¿Acaso le soy útil en alguna cosa?
- Usted es un doctor, por supuesto que es provechoso.
Harry estiró su mano y aunque presentía que Hermione no estaría contenta con su idea de cargar con toda la deuda y haber organizado una reunión a sus espaldas, no tuvo más opción que estrecharla y aceptar el trato.
