La sorpresa del doctor Snape II
A mitad de la noche, Severus le pidió a Hermione que bailaran. No estaba segura de cómo podría hacerlo, si estaba aún convaleciente, pero el doctor insistía y no encontró palabras para negarse. Había un brillo hipnótico en su mirada que estaba segura, había sido una de las razones por las cuales se había enamorado de él. Una mirada confiada que era capaz de atraer a cualquier mujer.
En medio de la pista de baile, los invitados se encontraban realmente atentos. Consideraban absurdo que el doctor la sacara de la silla de ruedas y pensara que pudieran bailar como cualquier pareja. Podía escuchar los susurros a su alrededor, los comentarios sobre la diferencia de edad muy marcada entre ellos. Pero cada vez que se distraía con las palabras, el doctor Snape encontraba una forma de que olvidara sus preocupaciones y se concentrara en la ocasión.
- Tranquila. - una suave sonrisa se asomó entre sus finos labios, reafirmando lo que decían sus palabras. - estoy seguro de que hemos hecho un gran avance y de que pronto podrás caminar como antes.
- Sólo trato de ignorar, las miradas de incredulidad a mí alrededor. Siempre me consideraron como una chica débil, bajo el ala de mí sobre protectora madre. Estoy tan cansada de que crean que no puedo conseguir nada. De que viviré eternamente en una hacienda en bancarrota, sin posibilidades de destacarme en nada más, sólo por ser mujer. Quiero que conozcan lo buena que soy con los números, con el ganado. Papá me enseñó muy bien y les demostraré cómo lo hace una mujer. No una como mi madre. Una empresaria de verdad.
- Estoy seguro de que lo conseguirás... - acarició una de sus mejillas con suavidad, inclinado sobre ella y consciente de que las miradas continuaban sobre ellos y esperando que abrieran el baile de navidad, como el doctor Snape había solicitado. - ahora, demostrémosles qué tan buenos bailarines somos.
Asintió con decisión mientras el doctor se separaba de ella, un par de centímetros, para tomar sus manos y que pudiera apoyarse en sus hombros, rodeándola por la cintura. No podía mentir, pero se sentía muy segura entre sus brazos y estaba muy feliz de haberle hecho caso a su mejor amiga. Aunque su relación había comenzado de una forma un tanto extraña, quizá la vida la había puesto en aquel terrible accidente con la intención de que encontrara a su verdadero amor.
- ¿Lista? - se ruborizó al sentir su cálido aliento, como un murmullo en su oído. De inmediato, una sensación como de fuego en su interior, recorrió todo su cuerpo y consiguió olvidar la fiesta y sus alrededores. No supo si asintió o dijo que sí, pero el doctor lo tomó como un aval para continuar.
Sostuvo una de sus manos y colocó la otra en su hombro, mientras ella continuaba distraída y ni siquiera ponía resistencia. En cuanto la tuvo en la posición que quería, sus ojos negros se enfocaron en sus pequeños ojos caramelo, mientras colocaba una de sus manos en la cintura.
La música comenzó de inmediato y Severus fue el primero en moverse. Era un vals. Una tonada lenta y suave que se imaginó, el doctor había pedido a propósito y no podía quejarse. Sus pies todavía no se movían con la rapidez que esperaba, pero estaba contenta con el progreso que había hecho.
- Eres tan hermosa... - escuchó por un momento, cuando tenía su cabeza apoyada sobre uno de sus hombros. - No puedo creer la dicha que tengo de que una dulce joven como tú, esté a mi lado. Desde el primer día en el que te vi, sólo tuve una idea en la mente y esa es, el poder desposarte.
Sintió nuevamente ese reconfortante calor recorrerla, al percibir los labios del doctor sobre su cuello y le habría gustado permanecer así, de no haberse detenido la música y de no haber comenzado la ronda de aplausos. Se sonrojó al encontrarse con la atenta mirada de Severus sobre ella, pero se distrajo al momento de acercarse sus familiares más cercanos.
- ¡Así que usted es el doctor que sale con nuestra sobrina! - escuchó vagamente, pero Ginny rompió con el contacto visual.
- ¡Por dios, Hermione! - exclamó de manera tan dramática, con los ojos brillándole como si se trataran de dos esmeraldas. - ¡No sabes lo hermosa que te veías, bailando con el doctor! - ¡Ese hombre es tan elegante!
No supo qué decir, así que simplemente apartó la mirada de su mejor amiga de infancia y para mirar en dirección de sus parientes, que a lo lejos, habían rodeado a Snape y habían comenzado a hacerle un sin fin de preguntas. Dio un profundo suspiro y agradeció que su familia no hubiese puesto objeción alguna con él. Ya prácticamente no le temía a lo que pensara el pequeño pueblo, acerca de su relación con un doctor de ciudad.
- Creo que es momento de que nos sentemos para cenar. - su madre dispuso una de sus manos sobre su hombro y tras regresar a la silla de ruedas, con la ayuda de la enfermera Sprout. - hay un anuncio importante que quisiera hacer, así que quiero tenerte a mi lado. Y al doctor también, por supuesto.
Su madre se apartó de su lado y antes de que siquiera pudiera preguntar, mientras el doctor caminaba de vuelta hasta donde estaba y observaba con curiosidad, su expresión de sorpresa.
- ¿Qué sucede? - preguntó tanto a Hermione, como a Sprout.
- No estoy segura, pero mi madre nos dijo que nos sentáramos a su lado para la cena. Que tenía un gran anuncio que hacer. Algo no está bien...
- Bueno, quizá no sea nada de qué preocuparse. Además, yo también tengo un gran anuncio que hacer. ¡Creo que hoy es la noche de los grandes anuncios!
Se sintió mortificada, al escuchar lo que el doctor había dicho. Había comenzado a prepararse mentalmente para lo que fuera que su madre tuviera que decir, intentando no alterarse, para que ahora el hombre también tuviera un gran anuncio que hacer. Sentía que su corazón estaba a punto de estallar y de tanta tensión.
Mientras se servían los platillos, por un personal que su madre había contratado para que la familia Weasley pudiera unirse a la celebración, se encontraba sentada a un lado de ella y con una sonrisa suave, mirando a su pretendiente y mientras charlaba animosamente con Remus y Sirius, quienes apenas y se incorporaban a la fiesta, acerca de algo que ni siquiera había prestado atención desde el momento en el que había comenzado la conversación. Estaba realmente feliz de que la navidad pudiera limar las asperezas y unir a las personas, sin importar lo que fuera que hubiese sucedido en el pasado. De vez en cuando sus miradas se encontraban y sus dedos también, cuando el doctor insistía en sostener sus manos sobre la mesa y demostrarle a todos cuánto la amaba.
El tintineo de una copa, atrajo la atención de los invitados y se dio cuenta de que el doctor Snape se había puesto de pie y de que todas las miradas se encontraban sobre él, mientras acomodaba su traje de gala y se aclaraba ligeramente la garganta. Captó la mirada de la enfermera Sprout, con una ceja arqueada, pero se encogió de hombros y sin saber qué decir.
De pronto sintió miedo, pero supuso que debía confiar en él y si pensaba avanzar en la relación que tenían.
- Quisiera su atención por un momento, por favor. - los susurros se detuvieron y el silencio pronto impregnó todo el salón de fiesta improvisado. - primero, quisiera agradecer por la generosa hospitalidad de esta gran mujer... - señaló a un lado de Hermione y en dirección de Minerva McGonagall, quien sonrió débilmente. - por esta maravillosa cena y esta gran decoración. ¡Ha sido un trabajo realmente maravilloso y creo que ninguna fiesta en la que haya estado, puede compararse a esta noche tan especial!
Los invitados habían comenzado a aplaudir, así que el doctor esperó a que la emoción cesara y continuó.
- También quisiera agradecerle, por haberme permitido entrar en su hogar y conocer a su familia. - inclinó la cabeza en dirección de la familia Weasley y Ginny dejó escapar una pequeña risa. - y a la jovencita Ginevra Weasley, una gran cocinera y también, una gran cómplice.
Sólo Ginny y su familia, rió ante aquel chiste privado, mientras Severus daba un pequeño sorbo a su copa y continuaba.
- Y por último también quisiera agradecer por la oportunidad que me dio, de conocer a su hermosa hija. - sostuvo una de las manos de Hermione y muy pronto sintió todas las miradas sobre ella. Incluso la intensa mirada de Draco, que le pareció, estaba celoso del giro de los acontecimientos. - Desde el primer día en que la vi, supe que mi vida no volvería a ser la misma y la verdad es que no me arrepiento de nada. No me importa la edad que tengamos, ni nuestro origen o profesión. Sé que estoy terriblemente enamorado de ella y que así continuaré, hasta que alcance mi meta, que es desposarla. Convertirla en mi esposa y hacerla, la mujer más feliz de toda la tierra.
Su confesión, sorprendió a más de uno, incluso a su madre y aunque ella ya lo sabía o suponía. La intensa mirada del doctor sobre ella, barrió con todas sus dudas y de pronto se sintió relajada, ignorando a todos los demás y concentrándose sólo en ella y en el hombre que la miraba con una sonrisa y como si fuese una diosa caída del cielo.
- Creo que su madre aún no se ha dado cuenta de lo especial que es su hija y de la gran ayuda que sería, para el negocio familiar. Es realmente brillante y aún siendo tan joven, ha logrado mucho más de lo que yo he logrado durante toda mi vida. Es libre, vive la vida sin temor a tomar el riesgo por los cuernos, literalmente y siempre tendiéndole una mano a los que lo necesiten, sin importar quiénes sean.
- Pero eso no es cierto. Tú eres un doctor, has conseguido medallas por salvar vidas. - dijo Hermione con una vocecilla y Severus sonrió.
- Lo que quiero decir es que quizá, tú seas el complemento perfecto para mí. Un doctor aburrido, siempre encerrado en una oficina y sin nada más emocionante que contar, que un día de campo fallido y casi devorado por un oso en el bosque. Estoy seguro de que gracias a ti enfrentaré más aventuras de las que quizá necesite vivir, pero te prometo que sin importar lo que suceda, siempre estaré a tu lado. Y es por ello que...
Hizo un gesto hacia Sirius Black, a un par de puestos de él, quien se puso en pie en total silencio. Minerva observaba a Hermione con curiosidad, pero ella se encogía de hombros y sin saber qué decir.
- Primero, quisiera formalizar mi compromiso, frente a todos ustedes, con ésta dulce jovencita que tengo a un lado. - explicó colocando su copa sobre la mesa y girándose un par de centímetros, para tomar las manos de Hermione quien se ruborizó de inmediato. - necesitaba una ocasión especial para demostrarle mi amor y pedirle su consentimiento a su madre, para pedirle su mano en matrimonio. No tengo un anillo ahora mismo pero recuerdo que cierta jovencita, no es amante de las joyas y de la opulencia.
Se ruborizó a más no poder y todas las miradas, además de los gemidos de sorpresa, se dirigieron hacia el centro de la mesa y a Minerva McGonagall, quien los miraba sin saber qué decir.
- ¿Y bien, Minerva, qué vas a decir al respecto? - la irritante voz de Narcisa, rompió con el silencio y la mujer se encontró sin palabras. Sabía las intenciones del doctor, pero no era lo mismo que lo dijera frente a toda la familia y sus invitados. Pensaba que diría que aspiraban a ser solamente novios y que con el paso del tiempo, quizá su relación tendría que avanzar inevitablemente, pero no se lo esperaba de aquella manera.
- Yo...
- Creo que Hermione todavía es muy joven como para casarse. - Su tía Umbridge fue la primera en responder, aunque Severus estaba decidido a ignorar cualquier otra opinión que no fuese la de Minerva McGonagall. - ¿acaso no estás de acuerdo conmigo, Minerva?
- Le puedo asegurar que su sobrina estará segura conmigo. Poseo un empleo respetable, un considerable salario más bonificaciones, además de la experiencia de un doctor las veinticuatro horas del día y la posibilidad de consultar a otros colegas, en diferentes especialidades de la medicina, lo cual asegura que no le falte nada.
Severus guardó silencio y decidió no insistir, mientras su mirada continuaba fija sobre la madre de la mujer que amaba.
