Inconexa Realidad

¡Al carajo! Tiró su capa sobre el sofá, comenzó a tirar de su corbata intentando deshacerse de ella lo más pronto posible. ¡Si no les parecía, pues que se fueran al diablo! Para empezar ¿por qué debía hacerles caso? Lanzó la seda hecha bola hacia el televisor de plasma. No tenían derecho, no tenían derecho NO. TENÍAN. DERECHO. Desabotonó el chaleco y la camisa de mala gana, respiró profundamente mientras apretaba los dientes fuertemente. Pero claro, como de costumbre ¡él tenía la culpa! SIEMPRE tenía la culpa. ¡Pues a joderse porque ahora le importaba poco!

Golpeó la barra de la pequeña cantina que tenía, observó las botellas furibundo, si tan solo esas endemoniadas cosas no existieran, congeló la botella de Bourbon y le lanzó el cenicero de adorno, haciéndola estallar en pedacitos. ¿Pero qué diablos? El alcohol no hacía más idiota a la gente, la gente era así de imbécil por naturaleza, no entendían nada sobre la teoría ergódica, ni de teoría de números aditiva, ¿qué carajos iban a entender de su vida?

Clavó las uñas en la madera de la barra. ¡Ah! Pero es que son los malditos tipos que están en el Consejo ¡patrañas! Ni siquiera podrían decir la diferencia entre redundancia y constricción, en un proceso estocástico aplicado a la teoría de la comunicación. Sentía la bilis ascender por su garganta, mientras los oídos comenzaban a zumbarle. Tomó la botella más cercana del extremo derecho, así como un double tumbler que rondaba por ahí. El whisky no debía tomarse en esos vasos grandes… ¡pues al diablo! Haría lo que quería y si quería beber en ese vaso, whisky LO HARÍA, punto.

Escupió la bebida, ¿por qué los vampiros aristócratas apreciaban esa barbaridad? Por zoquetes, sí eran unos grandísimos zoquetes, ergo, carecían de lógica. ¡Pero es que todo el mundo carecía de lógica! Incluso su primo, el único en el que depositaba esperanzas de encontrar algo de sensatez. Tiró la botella al suelo con todas sus fuerzas, el olor a alcohol se expandió por toda la sala, infestando sus sentidos, sentía el amargo sabor en la garganta.

—Hanabusa. —La oscuridad de la madrugada se adueñaba de la tenue luz amarillenta, proveniente la lámpara de la sala. Dotando a la figura delante de él, de un aura de ilusión.

—¡Vete! —chilló, dándole la espalda.

El suspiro pesado de su acompañante resonó en sus oídos. Sí, siempre era él el problema. —Creo que es hora de hablar, seriamente.

¡Es que él siempre había estado jugando! ¿Cómo diablos iba a tomarse Aidou Hanabusa algo en serio? Tener reconocimientos internacionales de física teórica no valía. —Yo no quiero hablar, vuelve a casa.

—No era intención de Lord Fuyuumi insultarte —esperó alguna respuesta de su parte—, esto es ridículo.

Chasqueó la lengua e hizo una mueca de desagrado. —Soy así de ridículo, ya ves —el cinismo estaba impregnado en cada una de sus sílabas—. Ahora vete a casa, déjame en paz.

—No —tajante, determinante— creí que si te daba tiempo, nada malo pasaría, pero esta noche has cruzado el límite, Hanabusa.

El rubio giró vertiginosamente. —¡Yo pasé el límite! ¡YO! —se golpeó el pecho con la palma de la mano abierta— ¡Claro que el problema siempre he sido yo! —dejó caer su mano del pecho al su costado con desenfado.

—Sobre reaccionaste a una pregunta tan… tonta.

Se cruzó de brazos, el tiempo pasaba de manera más rápida, la luz se hizo más intensa, hiperventilaba. —¡Tonta! ¡Tonta! ¡Soy un tonto, por supuesto que todo lo demás es imbécil! ¡Al diablo con mis doctorados en física!

Bufó. —Sólo escúchate, Hanabusa, estás diciendo disparates.

—Pues entonces lárgate si no quieres escucharme. —Al gritarlo de esa manera, había dejado escapar un poco del dolor que sentía en el pecho.

El vampiro pelirrojo se sentó en el sillón, observó la mancha de whisky sobre la alfombra, sería imposible quitarla y todo el departamento se apestaría a alcohol, cosa que su primo no soportaría por más de una hora, hizo la anotación mental para llamar a los de aseo para que retiraran el tapete y compraran uno nuevo. —Vale, tienes razón, pero no entiendo porqué te enojaste ¿podrías explicarme?

Aidou puso los ojos en blanco. —No me vengas con tu terapia breve barata, eres abogado, no psicólogo, vuelve a la universidad si quieres intentarlo, pero te advierto que los psicólogos no saben nada de la mente de los genios, ni siquiera saben de sí mismos.

Akatsuki se llevó las manos al rostro, esta vez su primo estaba insoportable, así que respiró profundamente. —Escucha, lo que le hiciste en la reunión fue una grosería y a menos de que tengas una buena razón, sufrirás las consecuencias… ¡Hanabusa!

—No necesito un abogado, que me nieguen la entrada a sus estúpidas reuniones. ¡Son taradas sus reuniones! Beben alcohol, fuman, platican de sus amantes y firman políticas estúpidas, no quiero seguir en lugares así. —El vampiro se cruzó de brazos y apretó la mandíbula—. ¡No pueden negarme la entrada! Soy un Aidou, si lo hacen estarían faltándole el respeto a la mano derecha de Kaname-sama.

Arqueó las cejas mientras observaba al rubio pasearse por detrás de los sillones. —Kuran-sama también piensa que cometiste una barbaridad —intentó decirlo de forma casual, para que no se diera cuenta de su preocupación.

Torció los labios. —Si eso piensa, está bien, no pienso ir. ¡No hice nada malo! La verdad duele.

Gritarle a un miembro del Consejo que un gusano era más inteligente que él, no era algo bueno. Su primo podría tener razón, Lord Fuyuumi no tenía muchas luces, pero seguía siendo un respetado miembro del Consejo.

—Generalmente lo es, pero es el proveedor de aceite del país, además de aliado del Líder Kuran —intentó hacerle ver su punto, pero por respuesta sólo recibió un chasquido de lengua—. En cualquier caso, tú sobre reaccionaste a una pregunta absurda.

—¡NO SOBRE REACCIONÉ! —chilló una vez más alzando ambos brazos por encima de su cabeza—. ¡No tiene derecho a hablar de mi vida social!

En realidad Lord Fuyuumi había hablado sobre la falta de, pero no iba a meterse a los detalles. —Somos figuras públicas, Hanabusa, no tenemos vida privada ¡Escúchame antes de que vuelvas a hablar! Pudiste haber respondido sin ningún problema, de cualquier forma no sales a ningún lado, te la vives en ese condenado laboratorio tuyo.

—Pues es mí maldito problema ¿no? ¡¿Qué carajos tiene que andar metiendo sus narices?!

Si mencionaba ahora el dilema central, su primo estallaría en quejidos y berridos monumentales, así que trataría de tantear el terreno antes de pisar la mina. —Entonces debiste decirle que no era de su incumbencia o que no tenías planes por el momento.

—¡Me estaba ofreciendo a su hija! ¡Bastardo! ¿Es que acaso son adornos para vender y comprar? ¡Me estaba ofreciendo a su hija!

Cain intentó omitir, que Lord Aidou había hecho lo mismo con su hermana, Tsukiko, hacía unos cuantos años. Era una práctica común en las altas esferas, el matrimonio por amor era una mera fantasía de los libros, en la aristocracia vampírica, todo funcionaba por medio de arreglos políticos. —Eso es…

—¡No pienses como esos malditos snobs, Akatsuki! ¡No pienses como esos snobs! —de nuevo gritaba, de nuevo sentía que el dolor se esfumaba un poco si lo exhalaba por la garganta—. ¡Las cosas pueden ser diferentes! ¡PUEDEN SER DIFERENTES! —vociferó al cielo.

A través de sus ojos castaños sólo veía un ente doliente. —No ganarás nada insultando a esos snobs, Hanabusa, pero eso ya deberías saberlo.

Apretó los párpados lo más fuertemente que pudo, el zumbido en sus oídos aumentó de nivel, sentía correr el hielo a través de sus venas, cortando, desgarrando, congelando. —¡No sé de que hablas! —el descontrol en su tono de voz lo contradecía—. ¡Nadie tiene derecho a tratar a su hija así!

—¿Hablas de Hiromi Fuyuumi o de Sayori Wakaba? —listo, no tenía que darle más vueltas al asunto.

Su mirada se perdió en la luz de la lámpara de la sala, el sonido del tráfico varios pisos abajo se apagó, su mente se puso en blanco. Ella danzaba entre los muebles, riendo alegremente mientras adornaba el departamento al estilo humano. Unos frenos rechinaron, el sonido ininterrumpido del claxon inundó la habitación. —Si tú vas a ser como ellos, no quiero volver a verte. ¡SAL DE AQUÍ!

El abogado rodó los ojos. —Debe ser doloroso para ti, Hanabusa, pero tienes que superarlo, negar…

—¡NO QUIERO HABLAR DE ESO! —era tan fácil gritar, era tan fácil dejar que el viento se lo llevara todo, la cabeza se le vaciaba, todo se volvía mucho más sencillo de sobrellevar.

Se levantó del sofá. —Lord Fuyuumi, sólo quería saber porque no salías con alguna chica, y sugirió que lo hicieras con su hija, estaba pensando en su situación política seguramente, pero no es extraño recibir esas propuestas.

Aidou frunció el ceño profundamente. —Sólo porque sea una MIERDA su vida ¡no quiere decir que deba soportarlo! —Se agarró el rostro con las manos—. ¡No porque esos imbéciles se vendan, significa que yo deba hacer lo mismo!

Akatsuki arqueó sus cejas, el vampiro genio, solía evitar el uso de las palabrotas, únicamente cuando estaba en verdad enojado, dejaba caer su compostura. —Tienes razón, pero no puedes andar insultando a quien te plazca. Lo que sucedió con Yori no fue del todo culpa del Consejo.

Su primo le dio la espalda, mientras negaba con la cabeza. —¡¿Por qué debemos ceder a sus deseos?! ¡VETE, VETE, VETE, VETE, VETE, VETE, VETE!

Ya sabía que este día llegaría tarde o temprano, desde que su relación con Sayori Wakaba empezó se había preocupado por esto, esperaba que Yori hiciera en el cabeza hueca de su familiar algún cambio, pero evidentemente, todo había salido muy mal. Si había algo que a Aidou le era imposible sobrellevar, eso eran las emociones. Era demasiado leal, demasiado efusivo, demasiado melancólico, demasiado histérico, demasiado cariñoso, era un tipo de extremos que corría de un lado a otro sin entenderse ni él mismo. No era que él estuviera deseando la ruptura de ellos dos, Wakaba le gustaba, inclusive había fantaseado con la idea de que se casaran, casi lo habían hecho, pero… existían más cosas que su relación prohibida y ese era un concepto demasiado difícil para su primo quien era de hechos, probabilidades y comprobaciones; o se acepta la hipótesis o se rechaza.

—Deja de actuar como un niño —los vampiros podían escucharse, aun si tenían las manos sobre los oídos—. Actuaste mal el día de hoy, porque el que Sayori te haya dejado te ha dolido mucho pero…

—¡FUERA DE MI CASA! —No era uno más de sus tontos berrinches, en verdad se había cerrado por completo al mundo.

—¡Te dejó, Hanabusa! —Lo agarró por los hombros y le zarandeó un poco—. Acéptalo, te sentirás mejor.

Su primo se mofó en su cara de él, mientras se estrujaba las orejas con las manos. —¡Me sentiré mejor! Me sentiré mejor, me sentiré mejor. —Empujó a Akatsuki con fuerza—. ¡PERO QUÉ IDIOTEZ ES ESA! ¡Hay más murciélagos en la cueva! Ahora dime que todo esto es por mi bien. MENTIRAS, MENTIRAS, MENTIRAS. ¿POR QUÉ LA GENTE NO DEJA DE MENTIR?

Ahora la cosa no estaba simplemente mal, sino realmente jodida. —Naturalmente te duele, pero ya pasará.

—¡Pues que te deje Ruka! A ver si, ya se te pasará —replicó, agudizando la vos en la última frase—. ¡No me jodas!

Cain se cruzó de brazos, lo había comentado varias veces con los chicos, pero ninguno de ellos había pasado por una ruptura tan desastrosa y dolorosa. Kaname, quien era el que más se acercaba a haber tenido que separarse de quien más amaba, simplemente le había dicho "dale tiempo". Pero ya le habían dado a Hanabusa onces meses y no existía el más leve cambio. —No se te puede pasar estando aquí encerrado, sobrecargado de trabajo, cuidando de preservar hasta el último detalle que ella dejó en este apartamento, al mismo tiempo negándote su existencia.

—¿Y qué hay de malo de no querer salir a una sociedad de mierda?, ¡no quiero sus putas relaciones políticas!, ¡no quiero amigos hipócritas!, ¡NO QUIERO SU MALDITA LÁSTIMA!

—No todos son así, Hanabusa —Cain puso su mano en el hombro del vampiro—, nosotros…

El rubio dio un paso hacia atrás evitando el contacto con su primo y le lanzó un manotazo cuando este intentó volver a tocarle. —¡Sólo porque estás con Ruka no quiere decir que el mundo sea de color rosa! LA VIDA NO ES HERMOSA, AKATSUKI.

Por primera vez se sintió ligeramente culpable por inducir al genio a un estado mentalmente inestable. —Pero tampoco es un hoyo negro, si dejaras que te ayu…

—¡¿Y cómo van a ayudarme si no me entienden?! —Nadie lo hacía, todos volteaban su compasiva mirada hacia él, cuidando sus palabras para evitar el tema, para evadir hablar con él ¿y cómo podía hablarles de algo que no quería hablar pero necesitaba decir?, ¿qué diablos sabrían ellos de cualquier manera?, ¿qué diablos sabían de la ruptura cuando apenas conocían el amor? Nadie estaba dispuesto a escucharle—. ¡NO NECESITO DE NADIE! —gritar lo contrario siempre era más fácil—. ¡NO TE NECESITO!

Se llevó una mano a la cabeza, ¿ahora qué hacía con ese desastre? —Me necesitas, así que…

—NO, ¡QUIERO QUE TE VAYAS! ¡¡VETE DE MI CASA!! —No quería su lástima, no quería su compasión, no quería sus palabras reconfortantes, no quería saber que había amores posibles, no quería sentir el dolor, no quería saber que se estaba rompiendo en pedazos—. ¡LÁRGATE!

Akatsuki se acercó a Aidou con la intención de abrazarle, nunca esperó sentir el puño de su primo sobre su mejilla, seguido de un golpe en el costado, y un par de manotazos en la cara. —Hanabusa, ¡basta! —Trataba de detener los brazos de su primo, pero al ver que no podía, optó por simplemente empujarlo hacia atrás con fuerza. El genio cayó sobre el sillón con la suficiente fuerza para moverlo un par de centímetros hacia atrás—. Es suficiente de tu inmadurez, no eres el único que sufre o ha sufrido… —Antes de que pudiera terminar, varias cuchillas de hielo salieron disparadas hacia él, las esquivó con facilidad pero no pudo evitar que su primo le congelara una pierna. El fuego derritió el ataque de Hanabusa, no le interesó si en el proceso le quemó la mano al tonto, pero el chico estaba cruzando la línea de lo irracional—. ¡Eres un idiota!

—SI TANTO TE PESO, PUES DÉJAME EN PAZ —bramó atacándole de nuevo—, DÉJAME SOLO, DÉJAME SOLO, ¡¡DÉJAME CON MI PATÉTICO, INÚTIL, EGOÍSTA, GROSERO, PESADO SER!! —Logró tumbar a su primo en el suelo en dónde lo golpeó reiterativamente, mientras los dos giraban por el suelo en un lio de manos y pies.

Akatsuki logró separase lo suficiente de Aidou para poder ponerse de pie, saltó por detrás del sillón, el rubio se levantó del suelo buscándole con la mirada, sus ojos rojos brillaron. Incendió el sillón tratando de evitar un nuevo ataque. —Es suficiente, ya te soporté muchas cosas, me voy, así que espero estés contento.

—Ni quien quera estar con un ser tan patético —farfulló el noble, aventándole una lámpara que había caído al suelo.

—Yo no me ahogo en mis lamentos porque una chica me dejó, cosa que sucede todos los días, en todo el mundo. Si quieres seguir así, me da igual —Salió del departamento, debería sentirse aliviado, pero se sentía ofuscado, había venido con la intención de ayudarle y había terminado empeorando las cosas. Pero no podían permitir que Hanabusa siguiera en ese estado tan volátil, que le ponía los nervios de punta a todos, estaban cansados de tener que medir las cosas que decían o hacían, sólo para no incomodarle o de preocuparse si de pronto alguien externo, decía alguna cosa que le hiciera merecedor de algún comentario mordaz por parte del genio, incluso Kaname había tenido que recoger los desastres de Aidou un par de veces. Lo de Lord Fuyuumi sólo había sido la gota que derramó el vaso.

El sonido de cosas rompiéndose le llegó a los oídos, cerró los ojos y suspiró, quizá mañana se asomaría para ver las idioteces de su primo, sólo esperaba que hubiera departamento para entonces.

¡Hanabusa no se estaba ahogando en sus lamentos! Akatsuki estaba errado, congeló el sillón chamuscado por el pelirrojo y comenzó a golpearlo con ambos puños, luego continuó con la mesa de centro, otro sillón, la televisión, la barra del bar y luego simplemente golpeó las repisas en donde había varias botellas. Se sentó en medio de todo el desastre con la cabeza entre las rodillas. ¿Por qué nadie le entendía?, ¿por qué nadie le escuchaba?, ¿por qué se sentía tan patético?, ¿por qué simplemente no podía olvidarlo todo? Tomó la botella que tenía más cerca y bebió directamente de la botella, la cosa sabía espantosa, así que la tiró lo más lejos posible. Probo otra, otra y otra más, a la siguiente simplemente dejó que el color ámbar del whisky le quemara la garganta, las entrañas y los pensamientos. No quería soportarse a sí mismo, no quería rogar por la compañía de alguien, no quería aguantar todo el dolor que le hacía saber que no era de hielo, menos aún deseaba aceptar que el mundo, no era como él siempre había creído que era.

No quería nada de eso, y sin embargo, las lágrimas se derramaban por sus mejillas sin que pudiera controlarlas.

-

-

-

Bueno, el fin de una relación siempre suele poner a las personas en mal estado y cómo podemos apreciar, esta ruptura fue una cosa desastrosa. En el siguiente capítulo creo que veremos qué fue lo que sucedió y volveremos a ver a los demás personajes, quizás con participación especial de Zero, pero no prometo demasiado, sólo tengo una vaga idea de cómo será. Espero les haya gustado, a mí me puso triste, porque Cain quiere ayudar a su primo, pero no tiene idea de cómo hacerlo y Hanabusa simplemente, no sabe qué hacer con lo que siente.

Ahora hay que decir… ¿Feliz día del Amor y la Amistad aunque sea atrasado? XD Hasta parece que me volvió la inspiración de esta serie, únicamente con el propósito de reflejar lo contrario.

Gracias a Yuuki-chan18, Sayuki-Uchiha, Ky, Loregar, Imaginary Fushia, por sus reviews que he contestados todos y cada uno de ellos, sino ha llegado la contestación, por favor avísenme. Bueno a Ky, sólo le puedo decir: gracias por tu comentario, pero si gustas una respuestas más larga, necesitarás dejarme un mail o tener una cuenta en f f . net para poder hacerlo.

Quejas, zapatazos, virus, bombas atómicas vía review o PM :D