Capítulo 3: Insostenible Encono
El viento fresco de la tarde le golpeó el rostro, la ciudad bullía con encanto y algarabía, el sonido de los autos en pleno tráfico le adormilaba, no había sido mala idea comprar ese penthouse. Le gustaba su vista cosmopolita adornada por rascacielos siempre iluminados, las calles limpias llenas de automóviles, policías bien uniformados, gente paseándose por las aceras con las ropas más caras de la temporada, todo lo que le rodeaba era una oda al modernismo, el materialismo y la vanguardia. Incluso podía ver como el sol se diluía bajo la salada capa azul que era el mar, simplemente bellísimo.
—¡Ah, tienes muchos platillos de los cuales elegir! —exclamó la vampiresa ocultando su rostro detrás de la carta—. A mí siempre me agobian con el menú del día.
—Y seguro les dices una barbaridad como: sólo sándwich —replicó el noble.
La chica bajó el menú, su rostro colorado y su indignación no se hicieron esperar.
—¡Es una buena opción! —protestó sin dejar de sentirse avergonzada—, además son fáciles de preparar y comer, no tienes que sentarte en la mesa y ocupar los doce cubiertos.
Rió ante la imagen de aquella situación, sólo a Yuuki se le podría ocurrir decirle eso a uno de los más importantes chefs de la nación. Las raras ocurrencias de la sangrepura eran bastante conocidas en la sociedad nocturna y la decepción sufrida por el chef más famoso de la raza vampírica al empezar a trabajar para la familia Kuran, no se hizo esperar demasiado. A Yuuki le gustaba comer, sin lugar a dudas, pero sus gustos eran simples y sencillos, nada de platillos rimbombantes o excentricidades culinarias. A veces incluso podía ser mucho más feliz con simplemente entrar a comer a cualquier servicio de comida rápida. Recordaba la vez en la que se había negado determinante a comer caracoles porque creía que en algún momento le tocaría uno vivo.
Su suave sonrisa con sus ojos brillando detuvieron su risa.
—¿Qué sucede? ¿Tengo algo en la cara? —El noble se tocó el rostro e incluso buscó su reflejo para ver si existía la remota posibilidad de ver alguna imperfección en él.
La sangrepura negó con la cabeza.
—Hace mucho que no te escuchaba reír. —La sonrisa se desvaneció del rostro del rubio, dio media vuelta volviendo a observar el horizonte por donde el sol casi terminaba de ser consumido por el mar—. ¡Oh vamos! Sigue riendo, me gusta escucharte reír… tienes una forma muy graciosa de hacerlo.
—Ese no es precisamente un halago —comentó el rubio sintiéndose ligeramente ofendido.
—¡Pero es lindo! —insistió la chica— ya sé, te diré algo más, cuando le dije a Mizuna que quería unas tostadas con mermelada en la cena…
—¿Le pediste al gran chef tostadas de mermelada? —exclamó con incredulidad.
—Mi hermano, dijo que podía pedir lo que yo quisiera —murmuró Yuuki jugando con sus manos— y bueno… eso le pedí, pero la verdad es que no me agradaron. Quería unas con mermelada de fresa, no algún brebaje raro saúco ¿quién como mermelada de saúco?
No pudo contener la risa por la situación tan absurda que se había presentado, inclinó la cabeza y se llevó una mano a la frente. Sólo ella podía hacer ese tipo de cosas y comentarios.
—¡Ah! Se están divirtiendo sin mí, eso no es justo —se quejó Takuma—. Adentro Kaname y Cain están hablando de finanzas, contratos y todas esas cosas aburridas. Shiki se ha enamorado tanto de esa nueva fotógrafa que quizás no venga. —El joven hizo una mueca de disgusto—. Me ha abandonado por una chica rumana.
—Pero Madame Stoicescu tiene setenta y ocho años, está casada y tiene dos hijos —protestó Yuuki.
—¡Ah! Pero es una mujer de muchas mañas.
—Simplemente le dijo a la Señorita Kitamura, que tú no eras alguien a quien podía tomar en serio —trivializó Aidou el asunto—, realmente no hay nada raro…
—Eres cruel y yo pensando que eras mi amigo, iba a pedirte que salieras con nosotros en nuestra próxima aventura para encontrar nuevos platillos.
—¿Por qué voy a querer eso? Ella me cae mal ni siquiera sabe que es un número primo —apuntó el joven de ojos aguamarina.
—Y tú no sabes quién es Vivienne Westwood —replicó Takuma.
Yuuki suspiró antes de tomarlos por el antebrazo a ambos para entrar de nuevo al penthouse. En el interior Shostakovich sonaba en el reproductor, mientras el olor a jazmín aromatizaba la sala debido a las velas que había encendido Ruka. Rima se encontraba acomodando algunos de los adornos de la mesa de centro, aparentemente no le gustaba como los había acomodado Hanabusa. Todos estaban ahí para conocer la nueva viviendo del genio.
—Creo que la luz del sol será un problema —murmuró Souen—, entrará directamente por la ventana aunque la luna debe ser espectacular desde esta altura.
—En realidad no, los vidrios están hechos a base de materiales orgánicos entre ellos el alil glicol dimetilmetacrilato, con lo cual reaccionan a los rayos ultraviolenta oscureciéndose y al dejar de sentir los rayos ultravioleta vuelve a aclararse —le aclaró su primo—, de esa manera puedo disfrutar de la vista independientemente de la hora. Un pequeño truco para evitar colocar cortinas antiestéticas.
—¡Waa! —exclamó Yuuki observando los vidrios como si a simple vista pudiera comprender el complejo mecanismo—, eso suena interesante, además que evitas usar cristales polarizados, no te dejan ver bien en la noche —añadió la última frase frunciendo la nariz. Kaname desvió la mirada y pretendió interesarse por las pinturas colgadas en la pared.
Hanabusa asintió.
—Quien diría que después de todo tendrías buen gusto. —Más de uno hizo un gesto ante el rudo comentario del sangrepura, pero hablaba el rey de los vampiros hacia que nadie le reprocho nada—. Solías decir que entre más oscuro mejor, así podrías controlar la luz que utilizarías ya sea por tus delicados ojos o tus extrañas sustancias.
Cain hizo como que tosía para ocultar su risa. Como buen científico obcecado, Hanabusa, estaba más preocupado por lo que le pudiera suceder a sus experimentos si vivía en un lugar en donde no podía controlar diversos factores que por la estética del lugar, además era conocido que era el más sensible a la luz del sol.
—Bueno —aceptó Aidou—, las personas cambian con el paso del tiempo —el silencio les anunciaba que estaba recordando las heridas que aún sangraban—, necesitaba algo diferente… algo… un cambio, eso es todo lo que necesitaba.
El timbre sonó, el genio se encaminó a la puerta con completo desinterés, no sabía quién podía ser, tampoco le interesaba, sólo quería alejarse un instante para evitar ofuscarse con las emociones.
—No sé si preocuparme o reírme —exclamó Ruka. La mayoría asintió con ella en silencio—. Al menos ya ha sido un logro el sacarlo de ese espantoso departamento. —La noble nunca había aceptado la relación de su primo con una humana, pese a que se llevaba bien con Sayori e incluso la estimaba, nunca había aceptado nada que fuera de ellos dos, eso incluía el departamento en donde antes vivían, al cual lo había calificado como un cuchitril indigno de una sangre tan noble.
—El dueño del edificio y los vecinos presentaron una demanda —contestó Kaname indiferentemente—, no tenía opción. —Yuuki le dirigió una mirada reprobatoria, su hermano era experto en ver los puntos negros.
—¿Es cierto que casi quema su propio departamento? —preguntó Rima.
Todos voltearon a ver a Cain quien se concentró en su vaso de agua.
—Lo presioné un poco —contestó esquivamente— y uhm… bueno, no debí decirle un par de cosas de manera tan directa, le hice perder los estribos, ya saben lo impulsivo que es.
—El controla el hielo ¿cómo puede casi quemar su propio departamento? —apuntó la modelo.
—El reporte decía que había botellas de alcohol tiradas, aparentemente un descuido con un fósforo —dijo Takuma con una sonrisa—, y de repente varias tuberías se congelaron en el edificio. Eso fue lo más difícil de explicar a los humanos. —su voz no dejaba ver si se estaba burlando o si simplemente estaba señalando algo interesante—. No podían culparlo por eso… pero estuvo cerca.
Yuuki palmeó a Akatsuki en el hombro.
—Necesitaba pasar el trago amargo de alguna manera —aseguró—, yo tampoco lo hubiera pasado muy bien. Lo que se dijeron fue muy… —no sabía cómo expresarlo— rudo, se hirieron bastante.
Era la primera vez que la sangrepura hablaba sobre el asunto, generalmente evadía el tema. Nadie sabía cómo se había dado la ruptura. Una noche Hanabusa no llegó a una de las reuniones del Consejo, no contestó al celular, no se presentó al trabajo en una semana y la siguiente noticia que tuvieron era que Sayori Wakaba se casaba con un Sujeto Federal, es decir, un miembro del Consejo de la Federación Rusa. La única que se dio a la tarea de viajar hasta el frío país fue Yuuki.
—No es un niño —señaló Kaname, para él no existía escusa alguna para el comportamiento de Aidou.
—Lo sé, pero hay límites que no deberían cruzarse… y ellos lo hicieron —arguyó la vampiresa—. A veces tantas diferencias matan —terminó de contar con tristeza.
—¡Deja de quejarte, Kiryuu! No es mi culpa ser tan importante —farfulló Hanabusa entrando intempestivamente al lugar.
El cazador hizo una mueca de desagrado al ver a toda la tropa reunida. El semblante de Yuuki cambió por completo, una sonrisa radiante se apoderó de ella.
—¡Zero! —canturreó la vampiresa corriendo hacia él. Kaname desvió la mirada de la escena.
—Los papeles, Aidou, sólo quiero los papeles —anunció el joven tras quitarse los brazos de Yuuki de encima—. Apúrate que tengo cosas que hacer.
El noble murmuró un par de maldiciones por lo bajo.
—Acabo de cambiarme ¿cómo quiere la Asociación que tenga eso listo? —bramó el rubio cruzando la sala de estar.
—No sé, usa tus influencias, eres muy importante ¿no? —se mofó el cazador.
—La nueva casa de Hanabusa es preciosa ¿verdad? —comenzó la plática la vampiresa, impaciente por encontrar la forma de que el joven se quedara para compartir con él la algarabía.
—Es espantosa —gruñó Zero observando a su alrededor. Yuuki le dirigió una mirada de elocuencia a lo cual el joven respondió poniendo los ojos en blanco.
Olía a lavanda, a seda, a oro, a pedantería desbordada. Era muy diferente a la antigua residencia, mucho más sobria y serena. La opulencia de la sangre de los Aidou destilaba en cada detalle, floreros de porcelana fina, tapetes del medio oriente con los más exquisitos brocados, pinturas valoradas en millones, maderas preciosas conformaban los muebles, cortinas traídas de Paris. El mismo snobismo que había llevado a su amiga al borde de la muerte.
—Quiero salir de este lugar inmediatamente —exclamó asqueado por todo el decorado. Yuuki trató de decirle algo pero el cazador ya daba media vuelta volviendo al vestíbulo del penthouse.
Zero recordaba el pequeño apartamento en donde había vivido Aidou con Yori, sólo tenía tres habitaciones, una sala que al dar unos pasos se encontraba uno en el comedor con una cocina estrecha y una cantina diminuta. No había adornos de cristal Swarovski ni sofás sacados de mueblerías italianas forrados de piel, tampoco pisos de mármol. Era un departamento simple, sencillo como el de cualquier joven pareja sin mucho dinero, pero en cada detalle se podía sentir la calidez del hogar. A Zero le gustaba ir por las tardes cuando el rubio se había ido a trabajar y Sayori holgazaneaba con él hasta antes de las 10 de la noche entre panes tostados y café, cuando ella sonreía mientras le contaba las tonterías que hacía el bobo de Hanabusa o le mostraba el nuevo adorno de cerámica que había hecho para la casa de los dos.
—Es linda y puedes ver una vista hermosa… cuando el sol toca los cristales se oscurecen —le interrumpió Yuuki.
El joven suspiró.
—Así que mientras él es feliz comprando sus nuevas adquisiciones de oro, ella es infeliz, bien, genial, simplemente maravilloso —escupió el chico de cabello plata.
—Tú sabes que no es feliz y Sayori tuvo en gran medida la culpa —susurró Yuuki. Kiryuu se cruzó de brazos enojado—. Si ella hubiese tenido un poco más de coraje, tal vez…
—¿Coraje? Si por aguantarle tanto tiempo podría darle un premio —murmuró el cazador enojado—. ¿Qué esperaba de ella? Que se humillara por ser una humana, si el bastardo hubiese querido se hubiera armado de valor y entonces otra historia sería.
—¡No es tan fácil, Zero! —le regañó la vampiresa tratando de mantener un volumen de voz bajo—. Además es inútil discutirlo, ya se casó con otro.
—Un idiota bueno para nada —exclamó subiendo un poco el tono de voz—. Al menos son de la misma especie —concedió el chico como si aquello fuero algo bueno.
—Es un sujeto importante para Rusia —trató de defender la sangrepura—. Es… es… simpático.
El cazador puso los ojos en blanco.
—De cualquier forma Preoba… lo qué sea, es un idiota total.
—Pre… o… bra… zhen… sky —pronunció la joven lentamente, no lo había dicho correctamente pero a Kiryuu le importaba poco que ella tuviera un ruso espantoso.
—No sé qué esperaba de ella, pudo haber elegido algo mejor ¡Pero no! Tenía que liarse justo con el más infantil, cobarde y tonto de toda la manada —se quejó el muchacho amargamente—. Bien, ahora terminará sus días en… ¿por qué siempre tienen que elegir lo peor?
Yuuki le palmeó el hombro a Zero, la compasión en su mirada irritó al joven, quien le aventó la mano. Él tampoco estaba muy contento con las elecciones de la muchacha.
—¿Cómo puedes estar aquí? —le preguntó observando una vez más el esplendoroso lugar.
—Es una casa linda, es mi amigo —dijo sonriendo.
Algo pareció estallar en la cabeza del cazador porque salió furioso del vestíbulo. Les dio un manotazo a los botones del elevador y se cruzó de brazos mientras esperaba con impaciencia hasta que el artefacto ascendiera.
—No entiendo porqué te pones así. Ella decidió rehacer su vida, irse de aquí ¿Acaso él no tiene el derecho de hacer lo mismo? —Zero le dirigió una mirada iracunda, Yuuki tuvo la sensación de haber dicho algo terriblemente ofensivo, aunque no lograba descifrar el qué.
—¿En serio eres su amiga?
—¡Claro! Es un buen chico, ha sido un gran apoyo para mí, para Kaname…
—Me refiero a si eres amiga de Yori —subió el volumen de su voz Kiryuu. La sangrepura le volvió a pedir que hablara lo más quedito posible.
—¡Desde luego que sí! —replicó la joven Kuran ligeramente molesta por la pregunta.
—Pues no lo pareces —reprobó el chico con suma molestia—, estás muy contenta aquí, entre los que provocaron su desgracia.
Yuuki negó con la cabeza.
—Estás exagerando —aseguró—, ella no quiso pelear, ella abandonó a Hanabusa, no puedes decirme que no fue así, ella misma me lo dijo.
Los labios de Zero se pusieron muy rígidos, tensados en una línea recta le decía a Yuuki que estaba en desacuerdo con ella.
—¿Y alguna vez se te ocurrió preguntarte por qué si estaban tan enamorada de él se fue sin decir adiós?
Docenas de veces, cuando recibió la noticia de su compromiso con el sujeto de Rusia, Yuuki no podía creerlo, estaba segura de que algo malo había sucedió. Viajó de inmediato hasta el país helado en busca de una respuesta lógica, de una solución que involucraba a Sayori volviendo a lado del vampiro rubio. Quería tenerla una vez más en las reuniones de los sábados en donde se recargaría en el hombro de Hanabusa después de las dos de la mañana, mientras bebía café para trasnochar con sus nocturnos amigos.
La sangrepura sabía que la relación de ambos era difícil, día a día la joven debía enfrentarse a desaires crueles por ser una simple humana, soportar los reproches de su madre por no relacionarse con gente de su rango y condición, el desprecio de su padre por vivir en concubinato con un hombre al que desaprobaba completamente, la envidia de las chicas a su alrededor por tener un novio demasiado guapo para una chica que estaba por debajo normal. Además de encontrar la forma de mediar con todas las diferencias entre ella y Aidou que eran bastantes, en realidad coincidían en pocas cosas.
No podía decir menos de Hanabusa, soportar los comentarios desagradables que le hacían lss vampiros a su alrededor por haber anunciado ante la sociedad que vivía con un humana. La presión familiar para que entrara en razón pues sería el siguiente líder del clan y su sangre no debía diluirse. Las constantes insinuaciones de su madre de que era normal entre los nobles tener amantes humanas, pero nunca esposas. El trabajo agobiante que realizaba en los laboratorios, atender los problemas que se suscitaban en el clan, intervenir en las nuevas políticas que se estaban creando en la sociedad nocturna, ser la mano derecha de Kaname.
A pesar de que entre ellos había más oscuridad que faroles encendidos, siempre habían encontrado una manera de mantenerse unidos, de anteponer su relación a cualquier prejuicio. Kaname le había advertido a Sayori el arduo camino que le esperaba si decidía unirse a un vampiro noble y ella había aceptado desafiar a todo el mundo. Sayori Wakaba no era una mujer que se rindiera, no sabía agachar la cabeza ni rebajarse ante otros, era una guerrera incansable que luchaba contra la marea. ¿Qué había pasado con ese espíritu? ¿A dónde se habían ido todas sus ganas?
—Zero yo creo que hay cosas…
—Aquí están los papeles, Kiryuu —les interrumpió Aidou. El cazador estiró la mano para tomar todo lo que le entregaba el noble.
El joven de ojos lilas revisó las hojas una por una, verificando que todo estuviera bien. El rubio observó a la chica quien le dio una tímida sonrisa. Sí, ella sabía todo el dolor que Sayori le había causado al pobre, se había ido sin decirle adiós, sin darle un porqué. Había desaparecido de su vida con unas frases hirientes y el silencio eterno.
—Parece estar todo en orden, te llegará la notificación por correo en unos días. Adiós. —Cuando Zero apretó el botón del elevador esta vez las puertas se abrieron inmediatamente. No perdiendo más el tiempo, se adentró en el ascensor.
—¿En serio no quieres pasar a tomar algo? —preguntó Hanabusa dubitativo.
La aberración hacia los vampiros en Zero había disminuido con el paso del tiempo, a veces Yuuki creía que él seguía insistiendo en su desagrado por ellos sólo por costumbre. No se habían convertido en los mejores amigos, pero una relación agradable se había establecido entre el cazador y el genio a causa de Yori.
—A diferencia de otros, tengo trabajo que hacer —espetó el chico volviendo a golpear los botones del elevador—. Y tú, deberías leer los periódicos y usar la cabeza más seguido —bramó mientras las puertas se cerraban.
El golpe en el metal retumbó en los oídos de todos, incluso el noble hizo una mueca de dolor.
—Si estás enfadado conmigo, está bien, pero no te desquites con ella. —Yuuki jaló el brazo de Hanabusa para que no detuviera el cierre de puertas del elevador. La animosidad en el ambiente hizo vibrar los cristales.
—Está bien, Hanabusa, hoy es un día de fiesta así que olvídalo —dijo la chica volviendo a sonreírle—. Zero —las puertas se cerraban pero aún así pudo ver sus ojos indiferentes— no sé leer periódicos en ruso ¿por qué no simplemente me lo dices?
Y después de milenios sin actualizar, vuelvo a la acción con este capítulo. Estuvo bien tardarme tanto, siento cierta animosidad por el Aidou/Yori, quizás debido a malas experiencias con fanfics, quizás porque por todos lados lo veías como si fuese una regla universal, pero tras escribir este capítulo me volvió un poco de amor por la pareja. Por cierto, fue una delicia escribir sobre Zero, creo que él siempre se podría de lado de los humanos, visualizando a los vampiros como los malos. Además, creo que él siente aprecio por Yori y no le gustaría verla sufrir. Ains~ ¿Qué será eso que enojó tanto a Zero? ¿por qué Yuuki habla a favor de Aidou? Las personas siempre son muy complicadas y las relaciones entre ellas, muchísimo más.
En fin, espero que les haya gustado este nuevo capítulo y lo hayan disfrutado. Gracias a Imaginary Fushia, sheryl cross, kay y Mistress of Nightmare por sus reviews, son muy lindas. No tengo planeado dejar esta historia, la voy a terminar… sólo que voy lenta, así que téngame un poco de paciencia.
Atte: Kirsche.
