Encorar
Incluso tras años viviendo en un país de hielo, habiendo observado magistrales parajes o experimentado cosas más allá de lo humano, nunca habría podido olvidar la sensación que le provocaba aquella mansión. Desde la primera vez que la había vislumbrado, hacía muchos años atrás, sabía que ninguna otra cosa la igualaría. Era una sensación diferente a estar frente a frente a un vampiro sangre pura, eso en un inicio le había asustado, no obstante, con el paso del tiempo se había acostumbrado al sentimiento de incertidumbre. No obstante la mansión Kuran, era un vejestorio imponente, aún más imponente que el vampiro que lo habitaba. No era necesario un enorme castillo a oscuras con recovecos que silbaban cuando el viento pasaba, ni siquiera tumbas maltrechas en la entrada, como tanto les gustaba a los escritores. Oh, no, bastaba con pararse lo suficientemente cerca del lugar para tener la sensación de estar rodeado de muerte. La fachada moderna, las luces eléctricas, el jardín en excelentes condiciones, todo ese pintoresco paraje se sentía como la trampa perfecta para atraer a sus presas.
Su amiga le había dicho que los Kuran siempre habían sido vampiros pacíficos que ellos no solían alimentarse de humanos, por tanto no había habitaciones con esqueletos. Y quizás fuera cierto, pero también era cierto que cualquier humano o vampiro que caminara por aquellos parajes sabría que estaba en un peligro inminente. Después de todo, por centurias los Kuran había sabido gobernar incluso a los sangrepura. Ningún reinado se hace solo por palabras.
—Es… fría, cariño —su acento extraño ya le era tan familiar que a veces no se daba cuenta de que él estaba pronunciando mal las palabras.
Ella asintió con la cabeza, aunque no se cubrió con el abrigo que su marido le ofrecía. Este lugar siempre había sido inhóspito para los mortales.
—¡Ah, Rodia! Usted nunca había visitado la Mansión Kuran, ¿verdad? —Mavriky Svidrigáilov Zajárovich (Vrisha) había sido por varios años el agente intermediario por excelencia entre los vampiros y la sociedad rusa, aquello había estado bien, hasta que se descubriera que el antiguo presidente ruso trabajaba con los cazadores radicales. Al caer el antiguo Presidente de los cazadores, el líder ruso también lo hizo, por suerte para Vrisha, quien no estaba enterado de las intenciones de su superior, él conservó su puesto. Desde luego él no podía faltar en la reunión en la que el vicepresidente del gobierno federal, Rodión Fiódorovich Preobrazhensky (Rodia) hacía acto de presencia—. Adentro es más confortable, los Kuran siempre se han preocupado por hacer sentir cómodos a todos sus visitantes, ¿no es así, Yosha?
Sayori asintió sin observar a Vrisha, ahora estaban tan cerca de la gran mansión Kuran que se podían observar a los asistentes a través de los grandes ventanales. Había retrasado su regreso por tantos años, ni siquiera en sus más oscuras noches estaba segura de querer regresar. No era que tuviera miedo de las confrontaciones, se sabía una mujer valiente y sabía que al entrar por aquella puerta muchos aún la reconocerían como la ex-prometida de Aidou Hanabusa, sus miradas curiosas no la incomodarían, ni la amedrentarían, ellos le había dado años de práctica. Tampoco tenía miedo de las murmuraciones, mucho menos de sus insinuaciones, al final ella no había salido huyendo porque no se sintiera digna de Aidou o porque no tenía las fuerzas para seguir luchado. No, habían terminado porque el amor los estaba matando, aunque ninguno de los dos hubiese querido reconocerlo en aquel instante. De haber seguido, uno de los dos o los dos, se hubieran convertido en seres que se detestaban. Así que ¿de qué serviría regresar? Sus verdaderos amigos habían ido a visitarla en varias ocasiones, incluso Zero quien al inicio había odiado la idea con vehemencia, había terminado por tomarle aprecio a Rusia, hasta había aprendido el idioma.
Rodia le ofreció la mano para bajar del automóvil, Sayori la aceptó notando que la puerta principal no había cambiado ni un ápice.
•••
—Uno no puede dejar de notar el buen gusto de los Kuran —le susurró Rodia al oído mientras salían del salón del baile y caminaban hacia sus aposentos. Ella asintió con la cabeza con una media sonrisa, no veía la necesidad de decepcionarlo diciéndole que la decoración de todo el lugar corría a cargo de Ruka Soen, Akatsuki en la actualidad, algunas veces incluso recaía en el Consejo. Kuran Kaname estaba demasiado ocupado para preocuparse por esas cosas y Yuuki creía que todas las cosas eran lindas.
En verdad uno no podía negar que el círculo íntimo de Kaname hacía un trabajo espléndido, sin embargo, Sayori también podía notar la pedantería detrás de todo aquello. Los adornos eran impecables, elegantes y completamente exclusivos. Estaba segura que todo lo que se exhibía no se podría encontrar en ninguno otro lugar, después de todo ese era el lema no escrito de Ruka. Los vampiros deben demostrar sus gustos sofisticados.
Rodia se encontraba relajado, incluso parecía estar disfrutando de la velada ofrecida por el Consejo Regente. Sayori no podía mentirse a sí misma, ella no lo estaba disfrutando del todo. El pasado se negaba a quedarse atrás, sobre todo cuando todo el mundo parecía tan dispuesto a querer traerlo de vuelta. ¿Seguía manteniendo buenas relaciones con los Aidou? ¿Sabía del reciente descubrimiento de la cabeza de la familia Aidou en medicinas? ¿No? ¡Pero si resultaban efectivas contra el cáncer! ¿Su esposo y la familia Aidou llevaban una buena relación? Rodia estaba aquí para manejar las relaciones entre los vampiros con el gobierno de Rusia, pero lo que más preguntaban estos imberbes era sobre si su esposo y su ex-prometido se llevaban bien, ese era el gusto sofisticado de los vampiros.
—Rodia, Yori —los interpeló Yuuki cuando terminaban de subir las escaleras hacia las estancias de los invitados—, espero que estén pasando una velada amena.
—Ha sido muy divertido, Yushenka —respondió Rodia sin tapujos. Ellos se habían llevado bien desde la primera vez que se habían conocido, de hecho para Rodia, Yuuki y Zero eran la familia de Yori—, pero me siento cansando y mañana debo visitar las instalaciones de la Asociación de Cazadores.
—Mi padre ha hablado del tour que piensa darte desde hace un par de semanas, será mejor que descanses, va a ser un día agitado.
Rodia asintió con la cabeza. Puso su mano en el hombro de Yori antes de decir:
—No se diviertan mucho sin mí.
—¿Eso significa que mañana podemos ir a desayunar? —le preguntó su amiga colocándose a su lado.
—Me temo que no, yo también tengo trabajo que hacer, Yuuki. —La decepción en los ojos de su amiga fue notable—. Pero tal vez podamos ir a cenar. —La sonrisa en el rostro de su amiga le alegró la noche. Ella siempre había sido tan diferente de todos los vampiros, quizás porque solo la conocía a ella, llegó a pensar que los demás también podían ser amigables, mas Yuuki era única en ese aspecto.
—Lamento lo de esta noche, tratamos...
—Sabía que podía ocurrir, a Rodia no le molestó, creo que incluso encontró divertido saber que a los vampiros también les gusta chismorrear. —Su amiga rió e hizo el mismo gesto que hacía cada vez que encontraban algo divertido en las clases, de hecho Yuuki no había cambiado en nada con el paso de los años, seguía luciendo como aquella chiquilla de dieciséis años cuyo único amigo era el joven que su padre había adoptado—. Supongo que les gustó confirmar todo cuando Aidou bailó conmigo, ha sido lo más incómodo que he hecho en años. Le hubiera dado las gracias, pero la intervención de tu padre también fue inesperada.
—¡Oh! podemos ir ahora al salón de reuniones, ya sabes que a Kaname no le gustan mucho las fiestas y los chicos le están haciendo compañía.
—No creo que sea lo adecuado. —Hablar con Aidou sería difícil, hacerlo enfrente de los vampiros que conocían su historia sería espantoso.
—Puedo inventar una excusa para...
—Yuuki, no. Dale las gracias de mi parte y eso será suficiente. De todas maneras me iré de aquí en dos días.
—¿No quieres hablar con él? —Yuuki siempre había creído que Sayori seguía siendo aquella jovencita locamente enamorada de Hanabusa.
—Eso solo incrementará los rumores.
—Pero estoy segura que... —la vampiresa guardó silencio al ver que su amiga no iba a cambiar de opinión—. ¿Detestas a Hanabusa?
Sayori hubiera querido decir que la pregunta le sorprendió, pero no. Quizás a muchos les parecería que ella le guardaba rencor a los vampiros que alguna vez llamó amigos, le gustaría decir que no les guardaba ni un ápice, pero le incomodaba mucho que ellos fueran proclamando paz y unión entre humanos y vampiros, cuando rechazaron abiertamente la relación que ella mantenía con Hanabusa. Para ella siempre había sido como si a pesar de todo lo que predicaran, seguían considerando a los humanos como seres inferiores a ellos.
—No, Yuuki. —Era la verdad, jamás podría odiarlo ni guardarle rencor, ni detestarlo, ni desearle algún mal—. Sin embargo, ¿por qué tendría que darle problemas? Si voy a los aposentos en donde vives, todo el mundo sabrá que iría a ver a Aidou sin mi esposo, es suficiente con todos los chismes del día de hoy con mi simple presencia.
—¿No te gustaría hablar con él?
A veces le gustaría sacudir a su amiga con fuerza para recordarle que estaba casada, ¡por dios tenía un hijo!
—¿Para qué? Hablamos todo lo que teníamos que hablar hace mucho tiempo, Yuuki.
La vampiresa iba a protestar cuando Ruka Akatsuki apareció al inicio de las escaleras.
—Buenas noches, Preobrazhenskaya, Yuuki-sama, lamento interrumpirlas pero la delegación checa está por partir.
Sayori se despidió de ambas vampiresas, aunque al dirigirse a Ruka su voz sonó demasiado fría. Suponía que nunca podría perdonar los desaires que esta le hizo, a ella no le hubiera afectado directamente que Hanabusa se quedara con Sayori, el apellido Akatsuki se elevaría por estar fuertemente asociado con los Kuran, ella misma estaba en la vanguardia de la sociedad nocturna, era quien se encargaba de educar a Yuuki en las etiquetas de alta sociedad. El que la familia Aidou tuviera un tropezón no iba a manchar su estatus, por mucho que los Akatsuki y los Souen fueran ramas menores de la misma.
Sin más entró en el cuarto que le habían asignado para pasar la noche. Rodia dormía profundamente, de todas maneras tuvo cuidado de no hacer demasiado ruido mientras se desvestía.
Las habitaciones para invitados habían cambiado, se sentían más como una habitación para ejecutivos de una compañía que una habitación de descanso. Antaño Yuuki había insistido en que cada persona que visitaba la mansión, se sintiera confortable, esta decoración se veía como obra del Consejo.
Apagó la pequeña luz del baño antes de caminar hacia la ventana, la habitación que les habían asignado mostraba el jardín admirablemente cuidado del interior de la mansión. Yori había pasado varios días cuidando de las diversas flores que crecían, recordaba a Zero y Kaito ayudando a podar los naranjos bajo los cuales Kuran Kaname pasaba horas leyendo mientras Yuuki hacía cualquier cosa que se le ocurriera. Hanabusa y ella habían perdido el tiempo tumbados en el pasto, incluso Ichijou había organizado varios picnics en los que pretendía hacerlos jugar juegos de niños que siempre terminaban en desastre porque los vampiros parecían no entender las simples reglas.
Se preguntó si el sangre pura todavía leía bajo los naranjos, o si Ichijou aún confabulaba alguna forma de ponerlos a jugar como humanos, parecía difícil dado que el jardín ahora lucía más como un lugar que mostrarle a los visitantes que un sitio para relajarse, ni siquiera podía vislumbrar si había bancas entre los setos perfectamente alineados.
Un grupo de vampiros pasaba del edificio sur al ala noreste, debían de ser los vampiros que eran delegados de otras naciones. Debían de ser personas importantes porque entre ellos iba el padre de Aidou.
Gente amable siempre hace cosas amables. Sería injusto decir que el padre de Hanabusa era un vampiro malvado, ni siquiera había sido grosero con ella mientras había tenido una relación con Hanabusa, no obstante Nagachimi Aidou era un líder implacable. Jamás había discutido sus razones para abandonar el país, ni siquiera con Yuuki, ¿de qué iba a servir? Su amiga, como Hanabusa solo veían el lado optimista de la vida, siempre pensando que todo lo que desean puede hacerse realidad, sin pararse a cuestionar si sus acciones podían ocasionar reacciones fatales. ¿Cómo podrían verlas? En el caso de Yuuki, tanto Kaname como Zero la sobreprotegían al punto de hacerle creer que todos en la sociedad nocturna trabajaban juntos, con poco o nada que protestar. Sin embargo, en cualquier sociedad siempre hay grupos disidentes y aquellos que son extremistas, esos existían sobre todo en una raza tan competitiva como la de los vampiros. Estaba segura que aún el día de hoy, su amiga ignoraba las revueltas que Kaname o Zero habían tenido que apagar debido a las nuevas reglas que se estaban imponiendo tanto a los vampiros como a los cazadores.
Hanabusa por otro lado, había estado tan acostumbrado a hacer todo lo que él quisiera sin fijarse en las consecuencias, creía que su posición como único heredero le confería el perdón total de todos los que le rodeaban; no era así. Cuando recibió la primera llamada por parte de Nagachimi Aidou no se sorprendió, su relación con Hanabusa llevaba años, ya habían pasado por muchos problemas, ella conocía a sus padres quienes la trataban con respeto pese a que nunca fueron cándidos. Él le pidió que le ayudara en sus próximos discursos para las sesiones con los vampiros del Consejo Regente, Sayori aceptó ¿por qué iba a negarse? Poco a poco le fue mostrando el mundo de la política vampírica. Brutal, implacable, imperdonable, las esferas de poder no cedían ni un poco el control, eran capaces de despedazarse con tal de obtener un pedazo más. Para quienes habían vivido por muchos años el no matar a un humano o a un vampiro, les parecía una molestia pero habían tenido tiempo suficiente para refinar sus métodos, entre no matar a tu enemigo y derrocarlo, existía una amplia gama de posibilidades, con todo el tiempo que los vampiros vivían, la venganza era cuestión de paciencia.
Discurso a discurso, Nagachimi Hanabusa le mostró el futuro que les esperaba a ella y a sus hijos. Nunca se lo dijo, pero con cada noche en la que le explicaba con paciencia porqué jóvenes vampiros habían muerto, o porqué una familia había sido exterminada, le fue mostrando la realidad. Incluso con las nuevas reglas los vampiros estaban encontrando la manera de darle las vuelta a los lineamientos. Podría haber soportado cada una de las batallas con Hanabusa a su lado, quizás para cuando atacaran a sus hijos ella ya habría muerto. Lo que no pudo soportar fue que Hanabusa la odiara por ser la causa de su miseria.
Nagachimi alzó la vista y aunque estaba a una distancia considerable Yori sabía que le estaba observando. Cerró la cortina, odiándose a sí misma. Era una estupidez, después de tantos años, después de todo lo que había vivido, ese vampiro la atemorizaba más que Kuran Kaname.
Rodia dormía ajeno a lo que ella estaba sufriendo. Podría estirar la mano, despertarlo, rogarle que salieran de ahí inmediatamente ¿y luego qué? ¿Qué explicación le daría? La había visto inquieta desde que anunció el viaje, incluso vio demasiado sospechoso que no quisiera acompañarlo. Jamás le había explicado la verdadera razón por la cual se fue a Rusia. Para él Yosha era una integrante de integrante de Médicos sin Fronteras, que se había convertido en amiga de la actual Reina de la Sociedad Vampírica por haber cursado la preparatoria en el mismo instituto.
El que le revelara que podía escuchar rumores sobre su antigua relación con Aidou había sido una de las cosas más arduas que había hecho en su vida. Él no la cuestionó, incluso bromearon, pero en repetidas ocasiones lo había notado taciturno mientras la observaba. Le juró que su ida a Rusia no había tenido nada que ver con el fin de su relación con el noble vampiro. Quizás fue tonto hacerlo, mas no quería atormentarlo aún más.
Distante, a veces en sus discusiones así la describía. Ella nunca se lo reprochaba, porque Rodia tenía la razón. Lo quería, sí mucho, pero no lo amaba.
Habían congelado su corazón.
Salió del dormitorio, como si el pensamiento de Hanabusa pudiera colarse a los sueños de Rodia. El pasillo estaba vacío, con las luces apagadas, a esas horas ninguno de los delegados humanos debería estar despierto. Nadie iría a ver sus lágrimas en el elegante pasillo.
Odiaba la sensación de haber regresado a cuando era una jovencita enamorada, perdida en el mundo de los vampiros que proclamaban unión con los humanos cuando abiertamente la despreciaban por no beber sangre. Se sentía otra vez como aquella terrible noche en la que Hanabusa había perdido los estribos y vociferado contra todos aquellos que habían estado en contra de sus nuevos avances médicos. Acción que le había granjeado un disgusto a Kuran Kaname.
Lo que Hanabusa no sabía, pero Yori había leído en los informes de Nagachimi era que su investigación había sido detenida por las facciones menores de los Aidou y aliados. Su padre no había escrito tácitamente las razones en su informe, pero no había otra razón para que las facciones menores tomaran la contra con los Aidou. Lo había investigado durante varias noches. Además no era la primera vez que los movimientos de Hanabusa se truncaban, porque nadie quería que el heredero del líder de los nobles se casara con una humana.
Se estaban asfixiando, Yori no podía hacer lo que amaba porque debía seguir la etiqueta de la sociedad nocturna y Hanabusa no podía ir hacía donde quisiera, porque estaba perdiendo poder. Poder que se necesitaba para cambiar al mundo.
Se secó las lágrimas al recordarlo. Docenas de veces quiso dar la vuelta y correr a sus brazos, docenas de veces lloró amargamente en un frío edificio, docenas de veces quiso reventarle el florero a Yuuki en la cara para que abriera los ojos a la realidad, docenas de veces quiso confesarle a Zero la verdad, docenas de veces quiso vociferarle a Kaito que no era una cobarde. Pero pocos meses después de haber huido a Rusia, los primeros avances de las alianzas con los gobiernos humanos fueron posibles. El frente unido de los nobles, a través de las acciones altruistas de Takuma y los avances científicos de Hanabusa, hicieron que los humanos notaran los beneficios que la convivencia con los vampiros podría lograr.
Hoy, doscientas cincuenta y siete naciones se habían presentado a firmar tratados con la Sociedad Nocturna, cuando en la generación de sus padres creían que los vampiros eran demonios y organizaban ataques con armas.
El futuro que ella había planeado con Hanabusa nunca pudo lograrse, pero a pasos minúsculos se estaba dando un progreso hacia un futuro para todos los demás.
•••
La tormenta de nieve caía de forma implacable, incluso para él era difícil ver más allá de un par de metros. Él amaba todo lo que se encontraba bajo cero, mas no sabía si se hubiera sentido cómodo en un lugar como este. Nunca había pisado Rusia, el simple nombre le causaba repulsión. En su mente sabía que era completamente ilógico su odio por las cosas de ese país; nunca había hecho nada por remediarlo.
Y a pesar de eso, estaba ahí.
Caminó por el congelado piso con dificultad. Su fuerza sobrenatural lo exentaba de la inclemencia del clima, pero no necesariamente le confería inmunidad a sus zapatos. Hubiese sido más cómodo ir cuando no estuviera la tormenta, mas no se hubiera atrevido a ir si creyera que alguien lo vería.
Irracional, todo lo que tenía que ver con ella siempre había desafiado la lógica.
Era por eso que se había casado con una vampiresa de lo más racional. Ella no lo amaba, pero era feliz con un heredero, una suma considerable en su cuenta bancaria, un trabajo que alimentaba su mente, un grupo de amigos para pasar el tiempo y una familia que la felicitaba por el impecable hogar que había construido. Ella nunca se entrometía con su trabajo, él nunca le reprochaba sus compras caprichosas.
Seguro que lo cuestionaría si se enterara de esto o quizás no, era demasiado racional para ignorar porqué lo hacía.
Observó a su alrededor tratando de distinguir la forma que Kaname-sama le había descrito, en teoría no debería resultar difícil distinguirla entra tanta escultura humana y cruces ortodoxas, sin embargo era complicado adivinar lo que había bajo la gruesas capas de nieve.
Al distinguir las bajas capillas pensó que era mejor desistir, después de todo sería una locura encontrarla en ese clima, mas de pronto la siente, no la ve, aunque su mente trata de engañarse diciendo que el material es totalmente distinto a lo que hay a su alrededor y por eso sus ojos vampíricos la detectaron.
Al colocar sus manos sobre el frío material sabe que ha llegado al lugar correcto.
No pudo verla con la claridad con la que Kaname-sama la describió, pero la simpleza le delata. De acuerdo a lo que escuchó de los cazadores, se había negado rotundamente a ver su figura escupida en piedra, mucho menos había deseado plasmar su rostro en la cabecera, tampoco había deseado ángeles o alguna otra figura. Su último deseo había sido que la nieve le acompañara.
Quitó la gruesa capa blanca que se adhería a la piedra con su mano.
Al ver la figura tallada en el granito, fue consciente del frío a su alrededor.
Había tantos recuerdos que podía asociar con aquella imagen, su primera cita, su primer beso, el primer baile bajo la luna, el primer te amo, su anillo de compromiso.
Ella amaba tanto el hielo.
Hanabusa sonrió con amargura, había resultado tan obvio desde el inicio mas nunca lo había comprendido hasta ahora. Huir a un país de hielo, casarse con un hombre de fría lógica y flemático temperamento ¿Qué otras tantas cosas no había comprendido?
Era inevitable preguntarse si algo pudo haber cambiado, si de algún modo la historia pudo haber tenido otro desenlace. Detestaba ser de ese tipo de personas, después de todo como científico sabía perfectamente que no había forma de regresar el tiempo.
Una lágrima salió de sus ojos aunque se congeló a mitad de su rostro. Yuki y muchas otras personas le había reprochado su falta de reacción, no obstante al escuchar la noticia, no es que no hubiese sentido algo, si no que sentía que ya había pasado demasiadas noches llorado hasta el cansancio por ella.
Ahora estaba enterrada a seis metros bajo tierra, mas para él, Sayori Wakaba había salido de su vida muchas décadas atrás.
Al ver el cristal de hielo que él formaba con sus poderes, tallado en la cabecera de su tumba, se preguntó quién había adormecido más sus sentimientos en su propio invierno.
Hanabusa despegó la mano de la lápida, dio media vuelta comenzando el camino de regreso a la entrada, mientras ordenaba todos los pendientes que tendría el día de mañana en su mente. Tenía muchas citas que atender, contratos que revisar, avances en sus laboratorios que tendría que analizar, incluso le tocaba dar una cátedra en la Universidad, su día debía quedar a punto o podría estropear algún plan.
No obstante durante las siguientes horas caminaría bajo la tempestad, dejando a la naturaleza hacer lo que viniera en gana, sin pensar demasiado en las consecuencias. Después de todo, era porque a la gente que gustaba armar planes, seguir líneas establecidas, sobre pensar los posibles resultados que ahora, no le queda por compañía nada más que la noche.
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Al pasar los años, este ha sido uno de los pocos fics que tenía ganas de terminar, me gusta tanto la historia que por eso me empeñaba en terminarla. Sé que quizás les parezca pocas páginas para tanto años, pero quizás era necesario para darle este enfoque. No lo sé. Desde el inicio sabía porqué Sayori había dejado a Hanabusa, pero me fue difícil plasmar su punto de vista, tratando de que no quedara como un mero capricho. Uno de mis miedos, era que quedara como una simple cobarde que no aguantó la presión, sin embargo el mundo vampírico era más complejo que eso.
Espero que algunos de mis viejos lectores sigan por aquí, para que conozcan el final y de los nuevos, bueno, ciertamente fueron afortunados queridos.
Artemisa-cazadora, Sui-AliRs, Abel Ciffer, Wonderfics, Vane, Xellas Metallium, Kasandra-valery, Alexa Hyuuga,. Gracias por sus ánimos durante los años, Karchela, me tomó más tiempo del esperado, pero ¡ey! aquí está.
Después de mucho años, como Hanabusa y como Sayori, yo también puedo poner el punto final.
