Tenía en sus manos un sobre desgastado por el contacto con sus manos y el sudor que se impregnaba cada vez que lo pasaba con sus dedos para cerrarlo y abrirlo. Las esquinas estaba dobladas, el sobre no resistiría mucho tiempo antes de romperse por alguna de sus vértices, pero eso parecía no importarle a Sakura.
Estaba sentada sobre el pasto crecido a la sombra de un enorme cerezo que anunciaba nostálgicamente la llegada del Otoño, miraba a lo lejos la ciudad de Konoha bajo un manto de niebla que se esfumaba rápidamente al parecer, necesitaba estar a solas y sabía que un lugar lejano le ayudaría más que encerrarse en lo solitario de su departamento. El sol estaba apenas iluminando la pequeña población, el aire aún era fresco y húmedo, así sin querer había pasado la noche casi sin poder dormir. Miraba hacia la ventana luego de echar un vistazo a su reloj que con cada tic tac le anunciaba que las horas eran eternas.
Sakura estaba aparentemente tranquila observando la ciudad pequeña, los pájaros revoloteaban de árbol en árbol alegres por recibir los rayos de sol, mientras el contrastante rostro de la peli rosa parecía estar cansado de llorar una noche anterior. Esa carta sin duda le había tambaleado todo su ser y aún no conseguía, a pesar del tiempo, evitar que noticias de su ''amado'' Sasuke le hicieran este efecto anímico y psíquico.
Su corazón estaba fragmentado, roto, le faltaban pedazos en el más figurativo de los sentidos, sin duda todos los que conocían a la chica Kunoichi sabían que cualquier cosa que tuviera que ver con ese chico, ahora de 22 años, le hacía mella en todos los sentidos. Con el tiempo había intentado que nada de esto le afectara, pero Sakura no era de acero, por más fuerte y fría que quisiera ser no podía evitar que le temblaran las piernas al saber del azabache. Esa no era la excepción.
Un día anterior apareció en su correo una carta por demás inusual, el sobre era más pequeño que cualquier de los que le acompañaban en el correo, curiosamente y como si fuera un juego del destino el sobre apareció al final, después de a ver visto el recibo de luz, de agua, un cobro de la membrecía de una revista de cocina que llegaba mensualmente, otro cobro por el penúltimo pago que debía hacer del refrigerador que meses atrás había comprado, tickets de promoción de varias cosas sin sentido y al final la pequeña carta. El sobre tenía una única insignia, la del pueblo de Konoha y detrás el nombre del remitente, Sasuke Uchiha.
El corazón de la peli rosa se tambaleo y sus piernas se debilitaron como si fuesen palillos lo que la hace caer al piso por poco, de pronto en su interior hubo hielo y calor al mismo tiempo, fue como si alguien le hubiese clavado algo en el estómago y todas las reacciones de alerta de su cuerpo se dispararan. Se quedó en blanco, su mente estaba en cualquier otro lugar del mundo pero ahí al mismo tiempo, sin darse cuenta había dejado de respirar y por un segundo escucho, como si de otro ser humano se tratara, su respiración en tercera persona, entrecortada y lenta.
Dejo los sobres importantes en la mesa del comedor y mientras iba lentamente a la sala pensó todas las maldiciones que le merecían ese hombre ingrato. Se sentó de un golpe en el sofá de segunda mano que tenía, con el sobre en sus manos comenzó a respirar profundo para calmar todo el océano de sensaciones que tenía por desbordarse. Luego de hacer un enorme y poco breve recuento de todas las ocasiones en que el azabache le rompió el corazón y con una lagrima evidentemente visible cayendo de sus ojos, aventó la carta a la mesa del comedor, fue por su bolso a su habitación y sin mirar hacia ninguna parte se fue al hospital.
Toda esa tarde se la pasó en dos lugares a la vez, su cuerpo estaba en el hospital atendiendo los pendientes necesarios, pero ocasionalmente su mente estaba en la mesa del comedor admirando la carta que había dejado casi intacta de aquel hombre mal agradecido.
Al llegar a casa luego de muchas recriminaciones mentales para el azabache y de llorar una vez más por él, luego de haber decidido no cenar nada ese día por la sensación pesada de su estómago y de decirse a sí misma miles de veces que tenía que ser fuerte y evitar abrir ese sobre, que ya llevaba en sus manos más de 2 horas, decidió maduramente abrir la carta, después de todo eran sólo letras y quizá eso le daría más motivos y valor para mandar a volar de una vez por todas ese erróneo sentimiento por Sasuke Uchiha.
El sobre ya no parecía recién llegado, tenía ya daños en las esquinas por contacto que habían tenido las manos se Sakura con el sobre. Preparó café cargado para la ocasión, quizá sería una noche larga y mínimo necesitaba estar en sus 5 sentidos para tomar decisiones congruentes.
Se sentó en su cama cómodamente, con la ventana abierta y el televisor de fondo para no sentir la soledad mientras leía los párrafos de la carta. Luego de 5 minutos de pensarlo… decidió leer…
"Amada Sakura, nuevamente lastimo tu corazón con palabras que sé que no creerás, no te culpo he sido un imbécil sin escrúpulos y no encuentro la manera de pedirte perdón por todo lo que has pasado a casusa mía, pero me es necesario desahogar este sentir de mi pecho y hacerte saber que desde que dejé Konoha no he dejado de pensar en ti. Mi nueva misión es importante y es por eso que no puedo volver ahora mismo, pero sabes estoy contigo en mente y espíritu así como te siento yo todas las noches a mi lado al dormir.
Espérame pronto linda peli rosa, prometo volver a tu lado y remendar todas las roturas que he causado a tu corazón, mente y cuerpo. Prometo reponer el tiempo perdido y casarme contigo a la brevedad, he cambiado, ya no soy aquel niño mal educado del que te enamoraste ciegamente y que no supo valorarte, ahora soy un hombre y prometo amarte siempre. Iré pronto linda Sakura, muy pronto.
Te amo, Sasuke''
El corazón de la peli rosa se estrujo, fue como si algo en su interior se rompía y un fuego le renovara nuevamente. En el fondo estaba segura de que Sasuke mentía, siempre que le decía que iba a volver en cartas pasaban meses antes de que él volviera y siempre volvía con un dejo de amargura un poco más refinado que la vez anterior, temía por su corazón, temía por ella y por todo lo que implicaba. Casarse, nunca le había hablado de matrimonio en ninguna de sus cartas, pero no podía confiar nuevamente. Había sido un patán toda su vida ¿que había de cambiar ahora?
Sakura se levantó y de un golpe lanzo la taza con el café a lo lejos quebrando el cristal de su ventana y fuertemente, y sin poder evitarlo o verlo venir, se soltó en llanto en el piso de su habitación. La madrugada fue larga y leyó la carta una y otra vez hasta que miro el reloj marcar las 3 am.
Sentada mirando al pueblo Sakura recordaba la noche anterior con un poco de melancolía y nostalgia, casarse con Sasuke, nunca lo hubiese imaginado, nunca hubiera pensado que el azabache le diría esas palabras, nunca si quiera lo habría contemplado. Vaya, lo amaba, o al menos eso creía hasta ese momento, pero a pesar de eso nunca se miró a futuro casada con él, quizá solo de pequeña cuando su entendimiento no abarcaba todo lo que un matrimonio implicaba.
Sin duda tenía muchas cosas que pensar, necesitaba estar segura de que haría, generalmente le respondía las carta haciéndole, por poco, un listado de quejas sobre su comportamiento y como la trataba, pero ahora Sakura era otra. Había pasado tiempo, tiempo atrás se prometió no ser la misma niña tonta de la que se burlaría nadie y necesitaba asegurarse de que eso le quedara claro al Uchiha.
De pronto a lo lejos escuchó una voz evidentemente masculina pero poco perceptible. Miró hacia la dirección de la voz… era Kakashi, eran casi las 8 am y era la hora típica en que su sensei salía a respirar y calentar.
K- Adiós mocosa… sonríe, el día es soleado…- grito su maestro mientras rápidamente desaparecía por el monte siguiendo su ruta habitual.
Sakura inevitablemente sonrío y un rayo de sol pego justo en su cara encandilándola, por un segundo y sin darse cuenta, Sasuke salía de su mente y ella sonrío, de pronto algo en su pecho se revoloteo y respiro profundamente.
Levantándose decididamente miró al horizonte y se dijo para sí misma en voz alta – ¡ya no Sasuke, ya no!
Miro la carta y con fuerza y coraje pero aún más determinación, rompió la carta del azabache en minúsculos pedazos y la aventó al viento que se los llevó rápidamente haciéndolos desvanecerse en el bello paisaje de Konoha y con algunas hojas de cerezo disimulando el dolor que Sakura sintió al ser ahora más fuerte de lo que ella misma pensó.
