A lo lejos la ciudad de Konoha resaltaba sus lugares más emblemáticos, los pequeños edificios eran reconocibles incluso a esa altura, la vista desde la enorme estatua representativa del pueblo era perfecta. Kakashi disfrutaba no solo de la vista si no de la altura, amaba la adrenalina, de joven había sido un reto llegar a lo más alto pero luego de hacerlo la primera vez, lo demás fue pan comido, amaba también sentir el viento a gran velocidad chocar con sus mejillas y como se descomponían sus cabellos plateados con el ritmo de éste, sentir lo frío de la brisa le hacía centrarse y pensar más claramente.
Desde hacía años ese lugar era su favorito para reflexionar, para abrazar su tristeza y luego echarla al vacío cuando se sentía un poco mejor, posteriormente y a toda velocidad bajaba a grandes saltos y llegaba al pequeño pueblo caminando tranquilamente, siempre tarareando una canción. Llegaba a ese sitio si necesitaba meditar sobre cualquier situación que le invadiera la mente y a veces, sólo a veces, su corazón, en esta ocasión, ambos. Antes de lograr subir el gran monumento, se iba a la orilla del río más cercano y bajo un enorme cerezo se quedaba mirando el tranquilo correr del agua y los pequeños peces de colores aprovechar la corriente.
Era muy de mañana aún, apenas las 6:56 am, ese día en especial necesitaba pensar las cosas que le venían ocurriendo semanas atrás y en lugar de ir a correr como era habitual, decidió alzarse rápidamente hasta la oreja del gran monumento para aclarar su mente, tranquilizar sus emociones y ser consciente de lo que su estómago, y al parecer, su corazón le intentaban decir.
La noche anterior había perdido el sueño pensando en Sakura, otra vez, luego de dejarla en su casa cerca de la 1 am, decidió dar un paseo algo largo por las solitarias calles del pueblo para aclarar un poco su mente y calmar su ansiedad, cada día estaban más cerca uno del otro, cada día su confianza iba en aumento y podían hablar de temas diversos, excepto lo que para ambos era un sentimiento oculto, enamoramiento, y es que eso, todo eso, le generaba mucha ansiedad, nunca antes había tenido que calmar sus enormes ganas de besar a una mujer, quizá incluso, nunca había tenido esa enorme necesidad de besar y poseer de ese modo tan intenso a una mujer.
Se cuestionaba una y otra vez si era correcto sentir aquello, todo indicaba que era incorrecto enamorarse de la peli rosa, su edad, su posición dentro del clan, su posición social y la de ella, su larga amistad, en fin, pensarla tanto y desearla así complicaba mucho las cosas. Era un Shinobi, cualquiera en el consejo le diría que se alejara de ella, que no se metiera en camisa de once varas, que no encendiera ese fuego, etc., etc., pero ¿cómo le decía eso a su interior? ¿Cómo se convencía a sí mismo de ello? Obviamente sentía culpa, remordimiento, pero aquel sentimiento, o lo que fuera, era más poderoso que cualquier cosa racional que pasara por su cabeza. Era una guerra interna entre lo que sentía y lo que era correcto, según la sociedad.
Permaneció ahí arriba durante casi 2 horas y a pesar de ellos las dudas en su mente no se difuminaban. Y es que había algo más, tenía miedo. Aquel galante caballero, lleno de masculinidad y poder, con fuerza suficiente para acabar con medio ejercito él sólo, o uno completo, tenía miedo.
En primer lugar miedo de equivocarse y hacerle daño a Sakura, él sabía la larga y triste historia entre el idiota azabache y la ojiverde y temía lastimarla más si aquello no resultaba bien. En segundo lugar temía profundamente estar enamorado y no ser correspondido, aquel miedo era evidentemente infundado pero real, nunca le había abierto su corazón a nadie pero no soportaría ser rechazado por la chica, estaba seguro, según la historia de Sakura y Sasuke, que si el azabache regresaba ella volvería corriendo a sus brazos como en todas las ocasiones anteriores. Al menos eso creía.
En tercer lugar tenía miedo de perder su autonomía e independencia, toda su vida había estado sólo, ya fuera por decisión propia o porque las circunstancias lo dictaban, estaba acostumbrado a preparar comida para uno, incluso cuando tuvo que invitar a Sakura las 2 primeras veces las porciones no fueron suficientes por su mal cálculo. Él sabía a qué se arriesgaba, perdería autonomía, porque siempre que uno se entrega a alguien pierde algo y ese alguien comienza a ser el centro, inconscientemente, de nuestro mundo personal. Temía perder esa libertad de poder estar con cualquier mujer que deseara, aunque desde hacía tiempo esa necesidad había desaparecido, pero conociéndose se aburriría rápido, o esa esperanza tenía, en fin.
El miedo a todo esto y a muchas cosas más le estaban quebrando la cabeza, nunca antes se había sentido así, a sus 36 años, nunca se había enamorado tan fuertemente. No quería dañarla, no merecía más daño del que había recibido por parte del imbécil de Sasuke, y él era otro asunto por resolver. ¿Qué pasaría si él regresaba? ¿Qué ocurriría si por buena suerte Sakura lo elegía a él y el azabache la reclamaba? Ni siquiera estaba seguro de ser correspondido, la chica siempre había sido amable y atenta con su sensei, nada le indicaba que por sus deliciosas cenas, ella se había enamorado.
Todo esto tenía que resolverlo cuanto antes, era urgente.
De pronto, todo lo colmo de ansiedad, ni si quiera sus inner le ayudaban, al parecer estaba sólo con la problemática en turno, no los escuchaba darle la razón o no, era como si incluso ellos estuvieran confusos con todo esto, era patético, parecía adolescente, ok, un poco. Pero necesitaba solucionar qué haría pronto, antes de que fuera tarde. Si no es que ya lo era.
Se levantó de un momento a otro sin pensarlo – Debo tomar una decisión - se dijo fuerte y duramente en voz alta para posteriormente dar un gran salto hasta lo bajo del monumento.
El aterrizaje fue perfecto como de costumbre, se enderezo, acomodo sus cabellos, metió sus manos en sus bolsillos y se dispuso a caminar hasta su hogar cuando…
KU - ¿Kakashi?... ¡ hey Kakashi qué gusto verte! – Hatake no advirtió quien estaba ahí, detrás de él, luego de la segunda palabra pudo identificar a la hermosa mujer de cabellos oscuros y que sin duda tenía un aspecto muy mejorado desde la última vez que se vieron.
KA – ¡ Kurenai!… qué… qué sorpresa ¿cuándo volviste a la ciudad? – estaba realmente sorprendido de verla, luego de su última misión Kurenai decidió ir a visitar a algunos amigos lejanos a ciudades en otros extremos del país la perdida de uno de los suyos le hizo valorar las amistades y el cariño que parecía haberse desvanecido con el pasar de los años.
Ambos se acercaron uno al otro y se dieron un largo y apretado abrazo, ambos lo necesitaban, aunque por evidentes circunstancias diferentes. Eran muy buenos amigos desde el pasado, en su época de ''juventud'' compartían el gusto por entrenar en el río y cuando los nombraron maestros hicieron un festejo que quedó grabado para la posteridad en la mente de ambos.
Curiosamente había vivido cosas muy similares, compartían gustos diversos y si, ambos estaban solos. Al menos eso se pensaba.
KU - ¡te vez muy bien Hatake!... ¿qué hay de nuevo tonto?... ¿por fin te han domado o sigues de alma rebelde? - sus palabras fueron dichas entre una enorme sonrisa, de verdad quería saber si algo nuevo había ocurrido, pero no sabía que esas palabras eran cinceladas en el pecho del peli plata.
KA- ¿qué?... no, yo… sólo paseo y tú qué me cuentas, debes ponerme al tanto, cuéntame ¿hasta donde te perdiste ésta vez boba? – Kakashi desvió hábilmente la atención en él, pero Kurenai no era tonta ni primeriza, conocía bien a su viejo amigo y si no era en ese momento, seguro en otro más adelante le sacaría la sopa.
Ambos soltaron una leve carcajada sin dejar de mirarse y luego de un suspiro Kurenai le sugirió un buen desayuno a Kakashi, curiosamente era a la única persona a la que nunca le había podido dejar la cuenta, eso decía mucho de su amistad.
Caminaron lentamente por las calles mientras platicaban arduamente, más Kurenai que Hatake, tenía mucho que contarle, todos los lugares maravillosos que fue a visitar, como fue el encuentro con los amigos que tenía a la distancia, los triste que fue para ella saber del fallecimiento de algunos, en fin. Mucho que contarle al shinobi.
La mañana se alargó hasta transformarse en una tarde calurosa, el clima estaba raro ese año, un día llovía con intensidad, por la noche calor insoportable, a la mañana un fresco casi helado, en fin. La madrugada anterior cayó una lluvia moderada, las calles de la ciudad aún estaban húmedas por ello, la mañana había sido muy fresca y ya por la tarde, el calor era un poco insoportable.
Pasaba de las 3 pm cuando salieron del pequeño restaurante de comida Cantonesa, caminaron lenta y tranquilamente, luego de unas calles Kakashi le invito una copa a la, su interior le decía que necesitaba sacar toda la presión de su interior, necesitaba hablar con alguien que no fuera él mismo, ni sus inner estaban ahí en esos momentos de dificultad, además… por su posición dentro del clan, ella lo comprendería a la perfección y quizás podría aconsejarle, después de todo era su amiga más longeva, se conocía muy bien desde la juventud, era su amiga del alma.
KU - ¡vaya Kakashi este lugar está mejorando!... – le dijo Kurenai observando el departamento de Hatake mientras tomaba asiento en la sala - … podría asegurar que tiene… una pequeñísima esencia femenina, ¿alguien más aquí?... ¡Kakashi!
El shinobi estaba en la cocina escuchando con atención a su colega mientras sacaba una botella de vino blanco que le habían recomendado meses atrás y que tenía poco de haber comprado. Los bellos de su nuca se erizaron cuando Kurenai hizo la pregunta del millo '' ¿alguien más aquí?''… por poco tira la copa en que servía, intentando disimular su minúsculo accidente, se limitó a responder a su amiga, o haría más preguntas.
KA – Te vas unos meses y notas todo diferente, sin duda el visitar tantos lugares afecto tu memoria… - tomo ambas copas y se dirigió con lentitud a la sala para sentar en el sillón que hacia escuadra al que eligió su invitada - ¿qué te hace pensar que el lugar tiene un toque femenino? – Kakashi le entrego su copa a la chica de cabello oscuro y dio un sorbo a la suya mientras tomaba una posición mucho más cómoda.
KU - ¡te conozco Hatake!... aún sin que me lo digas, sé que algo nuevo tienes que contarme... – la chica se río burlonamente y en seguida le dio un trago a su bebida mientras acomodaba su cuerpo en el largo espacio del sillón -¡vamos escupe! .
Se le quedó mirando, en espera de una respuesta pero Kakashi se limitó a beber un poco más de vino, quizás para evadir la cuestión, quizás para tomar fuerzas y escupir, como ella se lo dijo.
KU – Ya veo… es complicado… ¡ya no eres un adolescente Kakashi Hatake!... pero si no quieres hablar lo respeto, aunque honestamente me ofende un poco – Kurenai retomo su antigua posición en el sofá y dejo la copa en la mesita de centro, mientras desviaba su mirada hasta donde notaba cosas distintas en el departamento, como para confirmar su deducción, habían pasado meses, también cabía la posibilidad de equivocarse.
KA – ¡creo que estoy enamorado!... – la mirada perdida de Kurenai se dijo inmediatamente hasta los ojos cerrados de Kakashi, su asombro no era para menos, nunca había visto en esa situación a su amigo del alma.
Kakashi frotaba sus ojos como si un dolor de cabeza repentino hubiese invadido su pensamiento, echó un largo y fuerte suspiro como si le faltara el aire… Kurenai no decía nada, aún estaba en silencio ¿Qué tenía que decir ahora? ¿Qué se hacía en estos casos? ¿Era evidente que no era broma ¿porque era tan impresionante creerlo entonces?
KU – Y… ¿Quién es?...- Kurenai no estaba segura de lo que había preguntado, sin duda sería una tarde muy larga.
KA – Bueno… te contaré – ambos dieron un sorbo al vino blanco y, echaron un suspiro y tal como se había presentido, la tarde fue muy, muy larga.
Gracias por sus comentarios, la historia me va llevando a mí en lugar de que sea al revés XD, ¿acaso alguien se siente identificado? ¿Qué creen que ocurra ahora que ambos enamorados tienen un cómplice?
GRACIAS POR LEER.
