Capítulo 5: Memoria empapada.

Lucius tenía ciertos sueños afiebrados que tendían a volverse difusos una vez despertaba, cuando las noches eran frías se volvían más nítidos, él no les prestaría verdadera atención si estos no hubieran tenido la particularidad de dejarle una sensación que atravesaba su pecho como una estaca. La brumosa visión de cabellos cobrizos y piel rosada descubierta, caderas con un lunar estampado sobre la paleta agitándose y el calor impregnándose en su piel, más no en su memoria.

A veces, cuando el frío era devorado por el sexo, lograba vislumbrar en el filo de la inconsciencia un cabello cobrizo remplazando las abundantes cabelleras de sus compañeras de cama. Como un fantasma desaparecía después de un parpadeo y el suave olor que inundaba sus noches se desaparecía entre el almizcle del sexo y sudor.

Fue extraño, pero una noche pudo mantener algo de nitidez en su visión como para recordar la brillante cabellera marrón que se escondía bajo su barbilla, y el suave olor del cuello descubierto, un perro.

El siempre terminaba haciéndolo con perros.

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De alguna manera Harry comprendió un día caluroso sobre la azotea del instituto que nada volvería a ser lo mismo, aún si lograba controlar la situación a la cual se había visto expuesto, estaba claro que nada volvería a ser "normal".

—Lo estás haciendo mal.

—Es fácil decirlo cuando estas allí asoleándote como un reptil—Harry barbulló intentando sentir muy dentro de si algo pareció a la "contención" de la que Malfoy le había hablando la semana pasada—, te estoy pagando, deberías simplemente enseñármelo.

—No es tan fácil—Lucius bostezó, el sol de la mañana bañaba su anguloso rostro mientras estaba sentado calentando su cuerpo—, estas entendiendo todo mal, Potter. No pienses que los hombres bestia somos simples animales paseándonos por las calles, nuestra aura y nuestra forma animal son la manifestación más cercana de nuestra alma. Ser retrogrado no implica sólo que seas tan fértil como un mono, implica que eres muy poderoso, tanto como una sirena.

—¿Sirena? Son mitad pez, supongo.

—No.

—¿Entonces, sólo peces?

Un perezoso ojo rasgado de serpiente se abrió para mirarlo, Harry hizo una mueca.

—No, son sólo espíritu, energía en su totalidad, los más fuertes pueden adquirir un cuerpo y tener una vida aquí en la superficie, la llaman "vida pagana"—el hombre rubio vio su reloj y con una mueca se puso de pie, su impecable vestimenta y cabello aseado eran su carta de presentación usual, pero solía ser arruinada por las siestas que los reptiles eran tan adeptos a tomar—, nos quedan quince minutos, Potter. Escucha, te queda alrededor de una semana para que la ceguera que te aplicó Draco termine, cuando pase apestaras a celo y tu única salida es contener el aura de tu forma animal, ¿puedes captar eso?

—Aún no entiendo muy bien—Harry gruñó, estaba frustrado consigo mismo y con Malfoy, no quería estar agradecido con Draco por haberle cegado pero en últimas instancias había sido una rápida solución para un problema complicado, Harry tampoco podía decir que despreciaba el tiempo extra para familiarizarse.

—Mmm—Lucius bufó— Sabes, los monos no entienden mucho sobre el alma…

—Oh, sí. Ya leí eso, "No escuchan, no ven, no hablan con el…"

—No lo estas entendiendo, es más que una frase tonta de un libro para niños Con Manchas, ellos eran la clase más fuerte entre todos los Con Mancha, tan fértiles e inteligentes que las demás clases temían de ellos, los leones, incluso, les demostraban respeto. Luego simplemente su propia arrogancia les hizo olvidar que eran, pensaron que eran tan poderosos que ya ni siquiera era necesario escuchar su aura, ahora ignoran todo lo que pasa a su alrededor, no des todo por sentado, Potter, agudizar un poco tu mente te ayudara en un futuro.

—¡Lucius!—Harry volteó hasta la puerta de la azotea para ver al chico de ojos almendrados que había visto acompañando al Malfoy mayor un par de veces, el chico lo miró con recelo y hizo señas hasta Lucius ignorando por completo si se encontraba ocupado—, es la hora del almuerzo, quiero comer.

Lo curioso del asunto es que Lucius nunca rechistaba cuando el chico lo llamaba exigiendo cualquier cosa, el arrogante Malfoy que habitaba en Lucius parecía fácilmente flaquear, sin darse cuenta, ante el chico. Y era extraño, porque se suponía que él odiaba a los hombres.

El chico rubio no se despidió, más si dejó en manos de Harry una pequeña pulsera de piel de cocodrilo.

—Te ayudara por esta semana cubriendo tu olor—le había dicho entre dientes, Lucius no lo notó pero Lupin vio perfectamente como le entregaba el accesorio antes de llegar hasta la puerta—¿Nos vamos?

—Si—Remus asintió, quemando con sus ojos la espalda de Harry.

Harry quería gritarle que era muy obvio.

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Lucius caminó junto a Remus unos cuantos peldaños de la escalera hasta que un recuerdo vino a él casi por casualidad.

—¿Siempre has tenido ese color de cabello?—inquirió, mientras miraba con atención la forma tan familiar en el que el corte de Lupin caía sobre su frente y era amoldado detrás de sus orejas.

Remus siguió caminando, pero se tocó la punta del cabello con un sonrojo que lleno sus orejas.

—Siempre ha sido mi color natural.

Y, por alguna razón, Lucius olisqueó el aire, pero nada de ese olor embriagante que se impregnaba en el fondo de su cerebro, en sus sueños más eróticos, parecía estar allí. Murmuró un "Como sea" y se adelanto por unos cuantos peldaños a Lupin, el chico era realmente lento para caminar.

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Hermione estaba empezando a entrar en pánico, verdadero pánico.

—Harry -¿tú?

—¿Mmm?—Para el momento en que Harry había levantado la mirada de su tarea de Física ya no tenía orejas de gato ni una graciosilla cola que se balanceaba desde el hueco de la silla.

—No, nada—Hermione parpadeó, fue su imaginación, como el resto de las diez veces aquella semana, nadie podría tener cola de gato, era sólo su imaginación haciéndole jugadas sucias porque estaba estresada por los exámenes finales—S-sólo, ¿tienes la respuesta 14? Juraría que la respondí pero en la guía está vacía.

—¿Tú olvidando algo?—Harry rió, su gran sonrisa de colmillos gatunos hizo parpadear dos veces seguidas a Hermione, ella desvió su rostro hacía su tarea mientras balanceaba los pies e intentaba convencerse de que estaba imaginándolo. Pero allí, sentada en el comedor de la casa de Harry cuando ya había visto varias veces esa semana aparecer colas imaginarias en los traseros de sus compañeros, sentía que ya no era causa de su cerebro estresado.

—¿La tienes?—Murmulló con voz acongojada, cuando volteó, Harry era completamente normal, con su lentes, su cabello alborotado y sonrisa traviesa.

—Sí, creo que sí. Pero mi guía se la preste a Ron.

Hermione bufó enojada—Te he dicho que no lo hagas, sólo estas fomentando su pereza, él debe hacer su tarea.

—Hermione, siempre terminas haciendo sus trabajos. Lo juro, algún día deben darse cuenta que se gustan o moriré frustrado.

—Pero ¡¿Qué?! ¡No!.—las mejillas de la chica se tiñeron de un profundo color rosa en un instante, estaba tan avergonzada que ocultó su rostro entre sus manos, algo extraño, porque Hermione enfrentaba la vergüenza con temblé.

Harry tartamudeó.

—M-mira, no soy el mejor en esto. Pero tú y él de verdad se gustan, ¿por qué simplemente no dan un paso y lo intentan? No creo que sea tan difícil como las clases de la Profesora Minkus.

—No lo entiendes—ella barbulló, aún con la cara oculta tras sus menudas manos llenas de carbón de lápiz—, somos amigos. ¿Y si al final no resulta? Ya no podremos ser amigos, él y yo simplemente… lo arruinaríamos.

—Son unos idiotas—el chico suspiró entre dientes—Iré por un refresco, mientras llenas el formulario. En verdad no diré nada más, pero deberían darse una oportunidad.

—Pero-

Hermione estuvo a punto de decirlo "Pero Ron es diferente", emanaba esa aura cálida y apetecible, con su propio olor y textura, no la había tocado ni olido nunca, pero estaba allí y para ella el saber de su presencia era suficiente para conocerla. Ron era diferente, al igual que Harry. Entonces, ¿qué era ella?

El chico fue por su refresco para seguir con la tarea sin prestarle mucha atención a la cara acongojada de Hermione, ella tampoco se dio cuenta de la pulsera de piel de cocodrilo que llevaba en una muñeca, muy ocupada en evitar ver una cola balancearse de vez en cuando por el filo de la silla.

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El mismo día que Lucius lo rechazo, Remus lo encontró tirado en los vestidores del club de natación, con la punta de los dedos helados y casi inconsciente. Ni siquiera su corazón recién rechazado pudo evitar la punzada de angustia que atravesó su pecho, y por supuesto, ayudo a Lucius. Lo cubrió con su cuerpo caliente y espero por ayuda, acogiendo al chico mayor en sus brazos cálidos mientras el otro restregaba la nariz congelada en su pecho, sabía que, de alguna manera, lo único que necesitaba Lucius era calor, y que él era el mejor para dárselo.

Como encontrárselo tirado en los vestidores, que el suave tacto de la nariz sobre su cuello se convirtiera en manos gentiles atrayéndolo a toques más atrevidos, fue una sorpresa. Remus tampoco lo pensó demasiado, se dejó llevar por la manos frías y abrió su regazo para él, incapaz de saber que Malfoy sólo actuaba por instintos, perdió su virginidad allí, en el piso empapado de un vestidor con el apenas descubierto placer de ser tocado explotando por todos los nervios de su cuerpo y con el frio, templado y sudoroso toque contra su piel.

Y lo siguió haciendo.

Año tras año, cada vez que hacía suficiente frio como para que Lucius no estuviese consciente de sus acciones, acudía al calor de Remus y este lo recibía sin miramientos, incapaz de comprender el estado en el que entraba Malfoy, pero satisfecho porque se le mendigara algo de afecto.

Remus chasqueo la lengua, sus dedos se deslizaron por la mano de Lucius, cálida por su toque reciente, el sexo y la fricción. Enredado en las sabanas se sentó a observar el impasible rostro del hombre, pacifico y dormido, recobraría la conciencia y no recodaría nada al siguiente día, o simplemente ignoraría los hechos. Remus nunca tuvo muy claro el sí sólo estaba jugando con él, tampoco se quedaba nunca a verificar si Lucius recordaba algo por las mañanas.

Y no era indulgencia, era ignorancia auto-impuesta, suponía que, para no sentir dolor, para creer que los esporádicos encuentros era señal de algo más.

Había estado bien desde su adolescencia con saber que compartía algo de intimidad con Lucius, pero esa leve satisfacción se fue empapando por necesidades hasta que, sin previo aviso, se encontraba queriendo dejar marcas en la vida del hombre.

Apartó un mechón de cabello níveo del rostro durmiente y suspiro con un gemido de angustia empañando su garganta.

—Esta fue la última vez—aseguró al aire, su dedo se detuvo sobre la nariz angulosa de su amante, siempre fría—, no volveré Lucius.

Lucius no estuvo enterado, pero Remus hacia aquello con frecuencia, con la firme convicción de abandonar la práctica de un juego que le ocasionaba daño, pero siempre regresaba solo, anhelante de volver a recibir siquiera esas migajas que rechazaba cuando se encontraba harto.

Se levanto, consciente de su nula promesa, vistió su cuerpo delgado con la ropa de instituto arrugada y echó una última mirada al hombre tirado boca abajo en la cama individual, con su larga espalda de nadador extendida en las sabanas y la piel blanca apenas dibujada por las sombras de la tarde lluviosa.

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Astoria era un mísero grano en el zapato, o al menos eso creía Harry.

—Oh—la boca de Ron formó una mueca distorsionada cuando se unió a Harry a observar el pequeño espectáculo de media tarde, era Astoria asida del brazo de Draco con sus labios picoteando el cuello de su novio, sentados en una banca como una dulce pareja feliz.

—Algún día le pondré la manos encima—Harry susurró entre dientes, mientras daba la vuelta en el pasillo y se apartaba de los jardines, sabía que ambos dejarían de compartir arrumacos apenas se diera la vuelta, Astoria era una fría calculadora, una maldita pantera detrás de la dulce apariencia de colegiala preciosa.

—¿A Malfoy o a Astoria?

Harry entendió la insinuación de Ron.

—Malfoy no me interesa—rezongó, pero el sonrojo en sus mejillas se resistió a mentir, era obvio que aún sentía interés por Draco y su olor embriagante, pero su orgullo era más fuerte que la pseudo-compatibilidad que la esencia del chico pudiera demostrarle.

Era un Potter, tenía agallas.

—Hasta yo sé que te lanzarías sobre su regazo a besarle el cuello como la empalagosa de Greengrass si se encontraran solos, por eso lo evitas.

—Oh, Cállate, Ron. No ayudas—Ron tenía razón, por ello Harry chistó mientras apresuraba el paso. Sólo bastaba con que Malfoy y Harry se encontraran en un lugar solitario para que todo se diera, Astoria lo sabía tanto como Harry, así que ella se encargaba de nunca de dejar la sombra de Draco y Harry se encarga de evitarlo.

Le funcionaba a ambos.

—Hablo con completa sinceridad— Ron lució solemne poniendo una mano sobre su pecho—, eres un completo blandengue.

—Este completo blandengue puede partirte los dientes con sólo esta mano.

Fue a allí donde Ron notó la pulsera.

—¿Es por eso que no hueles a nada hoy?

—¿Huh?

—La pulsera de serpiente, hay sólo un dragón de agua en este instituto Harry ¿Te la ha dado Lucius Malfoy?

—¿Tiene algo de malo? Me la ha dado porque pronto terminara la ceguera y necesitaba una protección—con la punta de los dedos el chico moreno acarició la rugosa superficie de la pulsera, el cuero brillante desprendía un olor a agua y tormentas.

—No es convencional eso es todo, tiene mucho poder como para simplemente darte un sortilegio—Ron se inclinó para ver mejor la pequeña pulsera, ya habían llegado a los pasillos interiores, el resto de los estudiantes pululaban por los pasillos, era la hora del receso.

—¿Has dicho que es un dragón de agua?—Harry siguió caminando.

—Sí, uno de los pocos que en este lado del país—Ron le siguió el paso.

—Así que son extraños.

—Lo sé por mi madre, su padre, el de Lucius Malfoy, es un artista reconocido, no recuerdo muy bien el apellido, White o algo.

—¿No tienen el mismo padre?, todos los Malfoy, quiero decir—la pregunta parecía tentativa, no estaba realmente seguro de si podía inmiscuir sus narices en el tema. Llegaron al banco en el que solían comer el almuerzo, era un lugar semi privado, sin mucho transito.

—¿Deberían tenerlo?, todos son semillas pesadas, es una gran familia así que también hay una mezcla, por lo que escuche, los Malfoy tienen tres hermanos más.

—Wow.

Harry casi quiso reír.

—¿No son muchos?—murmuró entre dientes.

—Es poco, yo tengo seis primos, todas comadrejas.

—Oh, eso ¿realmente es normal?, ¿tantos?

—Entre semillas livianas y ligeras, si. Y si hay algún retrogrado en la familia, pues los hijos pueden sobrepasar los diez.

Una voz interrumpió su conversación antes de que Harry expresara el asombro que sentía a través de su voz temblorosa.

—¡Potter!

Era Lucius, estaba al otro lado de los arbustos con su cabello largo suelto y una postura recta que dejaba relucir su altura.

—Necesito hablar contigo—señaló con el dedo índice hacía la terraza, Harry asintió.

Quedó con Ron para salir después de clases y se apresuró para alcanzar a Lucius camino a la terraza. Estuvieron en silencio hasta subir las escaleras.

—¿Ahora qué?—preguntó Harry apenas cerró la puerta tras de él, el leve tono consternado hizo a Lucius embozar una pequeña sonrisa jactanciosa.

—No lo has olido, pero ya se acerca el fin de la ceguera, la pulsera no está funcionando—Lucius dejó caer como una bomba.

—Oh—Harry musitó—Pero Ron dijo…

—Da igual lo que haya dicho ese oso con mal olfato, puedo olerlo, estás a punto de entrar en celo, de nuevo

Harry no quiso decir una sola palabra, su expresión angustiada lo decía todo.

—No hay mucho tiempo para hablar, tu olor volverá, aún no puedes controlarte por completo y no hay muchas opciones justo ahora, así que te preguntare esto por última vez, ¿estás seguro de no querer aparearte con Draco?

El ceño del chico se frunció, algo de pánico pareció querer relucir en su rostro antes de que retrocediera, como si la propuesta le quemara.

—No seré el concubino de tu hermano.

Fue una respuesta definitiva.

—Entonces, sólo queda esto—Lucius extendió una pequeña bola de cristal a su manos, al tacto se sintió electrizante y frio—, tal vez te ayude o no, pero si lo hace me deberás 100 libras más.

—Oye, ¿Qué? ¡Malfoy!—y se fue, dejando a Harry con la pequeña bola de cristal azul y la incertidumbre.

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Lucius sintió el vacio esa noche, llovía y el frió se colaba por la abertura de la puerta y las ventanas, no le permitía dormir, enterrado entre mantas y con la cabeza metida entre las almohadas no podía dormir.

Fue allí cuando llegó, suave, como un sueño idílico. La voz de Remus susurrando en su oído con un gemido prolongado y cálido, apenas un recuerdo, la imagen de su cuerpo estremeciéndose, con los labios rojos y los rojizos pezones rozando su cuerpo.

Lucius jadeó.

No

No había manera en la que simplemente tuviese fantasías con Remus, un mono, un hombre.

Siseó entre dientes intentando conciliar el sueño, el no estaba fantaseando con Remus.

De ninguna manera.

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Las fantasías perduraron toda la noche, hasta que su habitación se volvió lo suficiente cálido como para conciliar el sueño. Así que el resultado fue Lucius somnoliento esa mañana.

—Luces terrible—Remus se burló, sentado con severidad en su puesto antes de que empezara la clase, Lucius no pudo evitar el leve pensamiento de lo bien que se ajustarían aquellas caderas estrechas contra las suyas.

Malditos fueran todos.

—No te interesa.

—No he preguntado—Remus se inclinó para tomar su libreta, su cuello, blanco y de aspecto suave como de costumbre, tenía un moretón rojizo que era producto de una mordida.

Tuvo la tentación de preguntar "¿Acaso tu novia es un tanto atrevida?" pero luego recordó las alucinaciones de la noche pasada y la viva sensación de morder un suave cuello mientras se corría dentro de una cálida cavidad aterciopelada.

—¿Tú?

—¿Eh?

Y entonces lo olió, aquel suave y acogedor olor a perro que lo había salvado aquella vez en los vestidores de natación.

Remus Lupin era un perro, uno con el que probablemente había tenido relaciones por un largo tiempo.

Ante aquella revelación cualquiera hubiera reclamado una explicación, pero Lucius decidió quedarse callado por el resto de la clase.

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—¿Acaso tú lo sabías?—cuestionó a Draco con un furioso tono de voz, el pasillo estaba solitario y el frio de la mañana se mantenía dentro de él. Lucius se estremeció.

—Si—Draco afirmó sin ningún problema, a pesar de que le acaba de increpar de la nada, sabía sobre lo que Lucius estaba hablando—, era la única forma de mantener tu temperatura controlada, nada más parecía ayudarte y Lupin estaba de acuerdo.

—¿Y mi opinión en ese momento no importaba, acaso?—la exclamación apresurada, casi berrinchuda, hizo enarcar una ceja a Draco.

—No te importa realmente cuando lo haces con chicas, ¿Por qué Lupin a de ser distinto si sólo te interesaba para calentarte?—Draco no lo dejó responder—, es que con él es distinto, de verdad te importa si lo haces o no con él.

—Es un mono—Lucius siseó, como si la mera afirmación pudiera descartar todo sentimiento suyo dirigido a Remus.

—No lo es—una voz interrumpió, era Harry con la mochila sobre el hombro y la bola de cristal atada al cuello por una fina cinta negra—, no lo has olido, huele a perro, ha estado oliendo toda la semana de esa forma, cada vez es más fuerte. Tú tienes un olfato mucho más agudo que el mío, así que no creo que no te hayas dado cuenta.

Lucius chasqueó.

—¿Quién te ha pedido te entrometas en la conversación?

—Su discusión se puede escuchar en todo el instituto, si preguntan, tú y ese chico Lupin siempre están juntos, y lo he notado, no soy ciego, el tiene tu olor y es muy receloso de que pases mucho tiempo conmigo, ¿eres tan ciego así?

—Harry esta en lo cierto—Draco apoyó el punto.

—Mi apellido es Potter, no Harry—la leve voz protestó. Harry había estado tratando con una fría indiferencia a Draco llamándolo por su apellido y esperaba que el desdeñoso gesto fuese devuelto.

—Tu nombre es Harry—Draco terció, sin una pizca de enfado.

—Lupin es un perro—Lucius afirmó con su rostro embozando una mueca vacilante hacía Harry, el chico asintió—Eres un retrogrado después de todo, eres mucho más sensible, ¿lo sabías?—le preguntó a Draco.

—No estaba seguro, pero me parecía demasiado perceptivo, no es un mono corriente—Harry había llegado a esa conclusión apenas el día anterior, cuando se dio cuenta que no había cosas fuera de lugar con Lupin, él escuchaba, no había esa espesa capa de ignorancia en él cuando se hablaba de los hombres bestia, con el pasar de los días su olor confirmó poco a poco las sospechas de Harry, era un perro.

Detrás de las ventanas un desesperanzador clima nuboso se apilaba en profundos tonos de grises, un fuerte trueno rezumbo en los ventanales para afirmar la sospechas de lluvia.

—Debería irte, está a punto de llover—Draco insinuó—, y si quieres, puedes alcanzar a Lupin.

Lucius hizo una mueca, vaciló cuando miró hacía Harry pero un nuevo trueno lo hizo ir en dirección a las escaleras.

—Está protegido—le advirtió a Draco al bajar por las escaleras, Draco confirmó la declaración cuando miró el cuello de Harry, este apretó el collar con la bola cristalina en sus manos, como una advertencia—, suerte, hermanito.

—Igual—respondió, la mirada gris profunda escavó en la decidida apariencia que Harry desprendía, la gatuna sonrisa irradiaba confianza junto con su postura y las manos dentro de sus bolsillos—Esa esfera no te servirá por mucho tiempo—señaló con saña—, ¿qué harás cuando tú esencia sea mucho más fuerte que el poder de ese patético amuleto?

—No es de tu incumbencia—con la esfera apretada contra sus manos Harry se sintió tranquilo ante la imponente presencia de Draco—, será mi problema si eso pasa.

—Pasara—él aseguró, dando un paso hacia adelante para que Harry diera uno hacía atrás—, eres mucho más fuerte que esa estúpida bola de cristal, ella cederá.

Harry chistó.

—No me importa.

Draco rió, su melodiosa risa inundó el largo pasillo solitario. De repente, Harry se dio cuenta de que estaban lo suficientemente solos como para que algo comprometedor pasara, sin Lucius, sin Astoria, Ron o Hermione, ni las miradas inquietas de la pequeña multitud de la comunidad Con Mancha del instinto. Sólo ellos dos, juntos.

—Deja de ser tan terco, Potter—dio un nuevo paso, Harry retrocedió dos—, somos compatibles, soy lo suficientemente fuerte, ¿qué es lo que te parece malo?

Harry casi quiso reír con sarcasmo, pero no se sentía lo suficientemente perspicaz como para hacerlo.

—Me contaron como es en tú pequeño mundo perfecto, los semilla pesada como tú tienen esposos y amantes, tantos como sea necesario para resguardar el linaje. Pero con los monos no es así, y no permitiré que me utilices como cuna mientras tienes a tu prometida pegada a tu brazo el resto del día—Harry creía con firmeza en sus palabras, creía en ella y en su decisión.

Más sin embargo, la leve sonrisa de Draco le hizo dudar.

—Rompí mi compromiso con Astoria— Malfoy pudo haber dicho cualquier cosa, cualquier afirmación, y Harry no se hubiera visto afectado, pero aquello fue suficiente para tomarlo desprevenido—, ¿no era eso lo que querías? He rotó todos mis lazos con la familia Greengrass.

—Yo no…

No

Draco dio otro paso, Harry no retrocedió.

—No era…

No caigas, no.

—Yo no voy a-

No caigas, no lo hagas-

Una cálida mano se aferró a su cintura, esta lo jaló hasta la calidez del pecho del jaguar, su olor embriagante lo envolvió y sin esperarlo, cedió.

—Vamos, gatito, déjame marcarte—el susurró cadencioso en su oreja lo hizo estremecerse, los largos brazos le envolvieron hasta sentirse unido por ese efímero lazo que antes había sentido y del cual estaba tan empeñado en negar. Las reacciones que el simple toque de Malfoy provocaba en su cuerpo eran increíbles, como el tacto de los dedos largos sosteniendo su espalda le hacía estremecerse y ese olor fuerte elevar su temperatura.

—Sin Astoria, ni otra novia, ningún amante, sólo yo—dictaminó Potter, sus temblorosas manos se apretaron a los hombros de Malfoy, sabía que era un idiota cediendo, que era demasiado estúpido haber luchado tanto en contra de sus instintos para sólo dejar caer sus defensas ante el primer ataque.

—Prometido—la suave sonrisa hizo temblar como fideos las piernas de Harry, maldito Malfoy y su voz perfecta, su tez tersa y risa barítono.

Lo odiaba.

Suaves labios cubrieron los suyos, un gruñido de satisfacción animal recorrió su pecho cuando Draco apoyó sus manos bajo el trasero de Harry y lo hizo enredarse en su cadera para apoyarlo contra la pared aún conectados por un beso profundo.

Odiaba tanto que fuera tan perfecto.

Draco sonrió complacido por el gatito ronroneando entre sus brazos, con un dedo repaso la clavícula de Potter hasta tensar el pequeño collar que sostenía la esfera cristalina, era una esfera inhibitoria, limpiaba los olores y era una solución rápida a los celos, pero no duraba mucho. Con placer sintió como la cadena se rompió con la fuerza aplicada por sus dedos, el ruido de la esfera cayendo fue tan placentero como el olor de celo liberándose de ese cuerpo menudo.

—No la vas a necesitar.

Afuera había empezado a llover.

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La lluvia no fue una sorpresa, Ron debió preverlo, pero él no era de esas personas que se iban preparadas para cosas banales como la lluvia y la necesidad de una sombrilla. Suspiró, bueno, tendría que mojarse un poco hasta su casa.

De pie en la entrada del instituto estaba a punto de dar un paso hacía la lluvia helada cuando un ruido lo distrajo, era Malfoy, el mayor, su rostro siempre estoico lucia una expresión exasperada, en sus manos llevaba un paraguas.

—¿Has visto a Lupin?—preguntó, su voz seseante trazó escalofríos en la espalda de Ron.

—¿A quién?

Lucius chasqueó—Un chico bajo, piel blanca, cabello cobrizo, ¿Lo has visto?

—Alguien parecido acaba de salir justo ahora, tuvo más valor que yo y se lanzó a la lluvia.—Ron señaló, el chico le había parecido conocido, ahora sabía de dónde, era ese pequeño chico que siempre estaba pegado a los talones de Malfoy.—Si te apresuras tal vez-

Lucius no necesitó mucho más, desplegó su paraguas y se lanzó a la lluvia con un grueso abrigo que lo cubría del frio, dejó hablando sólo a Ron.

—Oh, de nada—gruñó el oso, el chasquido de las pisadas de Lucius resonaron bajo la lluvia hasta que la figura del hombre desapareciera—, fue un placer, estúpido—rezongó.

Estuvo unos minutos despedazando a Lucius en su cabeza hasta que se dio cuenta de que la lluvia estaba tomando fuerza, no le quedaba de otra que apostar a su suerte y salir corriendo de allí, ya nadie quedaba en el instituto y esperar a que Harry o Hermione aparecieran con un paraguas era un milagro del cual ya no tenía esperanzas.

El agua estaba fría pero no tan helada como parecía, Ron se apresuro por correr hasta alcanzar la entrada y luego encontrar una parada en la cual pudiera descansar.

—¡Ron!—la voz de Hermione le hizo parar su carrera hacia la salida, ella venia tras de él, pequeña y empapada bajo la lluvia torrencial, el se quedo allí como un idiota viendo como ella luchaba contra la lluvia e intentaba proteger su mochila al mismo tiempo—,¡Corre tonto! ¡Te estás mojando, oso estúpido!

—¿Eh?—Ron lo escuchó, no fue el murmulló de la lluvia ni mucho menos su idea, ella lo había llamado oso—¿Tú-

Hermione se dio cuenta de su error, las mejillas empapadas se le tiñeron de rojo y tartamudeó como una pequeña niña. Allí, empapada bajo la lluvia y sin una sola palabra con la cual justificarse, vio a Hermione, la mandona chica mono que debía a amar por siempre en secreto, de una nueva forma.

—Yo no-Yo no dije nada, no escuchaste nada-

—Te quiero—Ron soltó.

—¿Qué?—la muchacha dejó caer la mochila que con tanta insistencia había protegido al suelo, sus orejas se tiñeron de rojo y por un momento la expresión de su rostro pareció dejar descubierto un cortocircuito en su cerebro—, acabas de-

—Lo oíste, puedes fingir que no te he dicho que te quiero como yo puedo fingir que no sabes que soy un oso a pesar de que eres un mono, o puedes simplemente aceptarlo—el pelirrojo aseveró con determinación, sus pecas resaltaban contra los mechones de cabello rojo que la lluvia había desordenado hasta hacerlo caer en su rostro pálido—, te quiero.

Ron notó las lágrimas de Hermione aún bajo la lluvia, como su mentón temblaba y parecía tan indefensa ante sus emociones.

Entonces Ron la besó.

Nunca se sintió tan feliz como el día en que finalmente pudo besar a Hermione, ella trastrabilló por la impresión pero luego cedió bajo el dulce toque cálido de sus labios.

—Las puedo ver—ella susurró, una vez que Ron la estrechara en sus brazos con una gran alegría en su pecho—, tu garras Ron, las puedo ver.

—¿Te dan miedo?—él preguntó con cierto pavor.

—No—Hermione suspiró—, son perfectas.

Un trueno los hizo separarse y correr hasta buscar algo de refugio, pero el sentimiento cálido de sus pechos no pudo ser barrido ni siquiera por la lluvia.


Nota:

¡Vacaciones! ¡Va-ca-cio-nes! He terminando las últimas cuatro páginas justo en un día, tuve una agenda muy apretada durante mi semestre porque quiero tener un buen promedio, también me pase por el fandom de "Yûri! On ice" y deje unos drabbles que debo seguir en AO3. ¡Felices fiestas!

No tengo Beta por cierto, así que subiré después de darle una revisada ligera, también debo decirles que este fanfic está planeado para unos quince capítulos en promedio, tal vez uno más o uno menos, aún no lo calculo muy bien. Tenía que hacer la escena de Hermione y Ron, es la única pareja canon por la cual echaría mis manos al fuego y la única de la cual escribo, claro, además de Viktor y Yuuri.

¡Así que gracias por leer! Estaré intentando actualizar todos los fanfics que sea posible antes de que deba terminar mi semestre en Enero y comenzar el otro en Febrero, ¡Deséenme suerte!

Gracias por leer :)