Adaptación inspirada en el manga Sex Pistol.
Gracias la espectacular Sthefynice por betear este capítulo.
Capítulo 6: Despertar.
— ¿Cómo lo supiste? —Ron se llenó de valor y lo dijo, mas sus ojos estaban fijos sobre el insulso café de máquina que había pedido en el pequeño local, en donde se habían refugiado de la lluvia, el gesto le restó fuerza a su pregunta. Hermione le dio una probada a su café, con los dedos temblorosos, a causa de su nerviosismo más que del frio por estar empapada de pies a cabeza, antes de responder.
—Siempre lo he hecho. —Nerviosa, apartó el café y empezó a chocar sus uñas contra la mesita mientras miraba la lluvia a través del vidrio, Ron se atrevió a mirarla mientras estaba distraída en sus pensamientos. No pudo resistirse a pensar que era la chica más hermosa que había visto en su vida, con todo y su pelo alborotado, las faldas hasta las rodillas, y la ligera joroba que había adquirido por estar todo el día metida de narices dentro de un libro. . Todo en ella era perfecto: su nariz de botón a contraluz, los cabellos empapados sobre sus ojos sin muchas pestañas y el lunar oculto detrás de una de sus cejas tupidas.
—No sobre ti, claro está. —Ella se corrigió, volviendo a posar su mirada en Ron, él la desvió sonrojado, —desde que soy pequeña puedo ver, sentir… ciertas cosas. Es como si pudiera ver un espacio en blanco, como un televisor mal sintonizado. Pero, de un tiempo para acá, he empezado a…ver cosas. Colas, orejas, yo… lo noto, y veo como otros lo ignoran. Llegué a pesar que estaba loca, pero entonces escuché a unas chicas hablando sobre unas orejas de ratón adorable que tiene un chico de Primero, y no supe cómo reaccionar. Yo, yo…
Una mano grande, la de Ron, cubrió la suya. Ella miró los profundos ojos azules.
—Respira. — Le dijo, ella obedeció.
Entonces, con una paciencia que Ron nunca supo que podía conservar, le explicó a Hermione lentamente todo lo que se le había hecho difícil explicarle a Harry. Se encontró que no era porque fuese el tema más difícil con un retrógrado, sino que sólo era mucho más fácil con Hermione.
Sólo con ella.
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Remus no tenía el mismo apellido de sus padres debido a que era adoptado, sus padres biológicos habían relegado su custodia a una pareja de edad avanzada que nunca había conseguido tener un hijo propio. Remus apenas tenía cuatro años cuando ocurrió, y a pesar de que fuese extraño, recordaba a sus padres biológicos como una imagen borrosa que tal vez había visto o no en un tiempo lejano. Apenas podía recordar la suave voz de aquella madre que se supone le había acurrucado con amor en su regazo, cantándole una nana suave en las noches cuando la consciencia no parecía abandonarle del todo.
Nunca hubo una excusa clara del por qué lo abandonarían. Sus padres, aquellos que le criaron después de ser abandonado junto a una carta de transferencia de custodia, tampoco entendían las razones por las cuales los Lupin alegaron no ser aptos para seguir criando a su hijo. Eran felices de tenerlo en su familia, pero conocían la tristeza que embargaba a su hijo por no conocer alguna excusa lo suficientemente sólida, algo que pudiera calmar su inquietud.
Con los años, Remus supuso que no lo querían, tal como el chico que le gustaba nunca lo quiso.
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Había interceptado a Remus a mitad de la calle, cuando ya la lluvia aumentaba y amenazaba con empapar lo último de su abrigo. El chico, empapado igual que él, no pareció sorprendido de verlo correr con el paraguas siendo un inútil ayudante para evitar el agua. No le habló cuando estuvieron a unos cortos pasos, lo haló de la mano y tan callado como lo recibió, lo instó a correr a unos edificios cercanos; temblaba cuando llegaron, introdujo las llaves y subió las escaleras. Lucius no tuvo más remedio que seguirlo, se sentía aturdido mientras subía las escaleras, podía observar la menuda espalda de Remus contorneada por el uniforme empapado, el cabello oscurecido por la humedad goteando por el cuello blanco
Remus no dijo una sola palabra cuando entraron al departamento que compartía con sus padres, no había señales de actividad dentro así que asumió que la caminata despreocupada de Lupin hacia su habitación se debía a la ausencia de sus padres. Lucius se quedo allí, abrumado por el olor que provenía de Remus: era olor a perro sin duda, embriagador y marcado, oloroso a lluvia y pelaje canino.
Lo vio despojarse en su camino al pasillo de las ropas empapadas, la piel blanca quedo expuesta a la luz sempiterna que entraba por las ventanas. Lucius sintió como su entrepierna pulsó cuando las largas piernas del chico se sacudieron de sus pantalones, volteó y lo miró detrás de las pestañas pobladas con un sonrojo otorgado por la fría lluvia de afuera.
— ¿No vendrás?
Lucius parpadeó. Remus estaba a cuatro metros de distancia, al final del pasillo con la puerta de lo que, presumía, era la habitación de su pertenencia, abierta.
—Estoy lúcido. —Dejó caer, captando el momento exacto en que la desilusionada expresión de Lupin dio un cambio a la sorpresa, luego, a la vergüenza.
—Oh. —Murmulló. — ¡OH! —Un suave sonrojo, de pena esta vez, le coloreó las mejillas. Con el labio apretado contra sus dientes, tomó la ropa y la apretó a su pecho en un intento vano por cubrir lo que Lucius, con cierta reticencia a admitir, ya conocía de memoria.
— ¿Por qué nunca dijiste una sola palabra? —Dando largas zancadas hasta Remus, alzó la voz. Cuando vio que retrocedía, le tomó de una muñeca y lo acerco hacia sí, parecía humillado—, ¿todos estos años permitiste que siguiera con esto, sin preguntar ni cuestionarlo un sólo minuto?
— ¿Qué más podría haber hecho? —Le reclamó, algo en su voz parecía quebrarse—, era la única forma de tenerte, no importa cuánto tardaras en volver, lo hacías algún día.
—Eres un estúpido…
"Patético", había tenido la intención de decir, pero el pensamiento sobre la posibilidad de herir los sentimientos de Remus cruzó tan rápido por su mente, que decidió no decirlo
—Lo fui. — Él admitió. —Lo soy, ¿pero qué querías que hiciera?, venías a mi cada día lluvioso y tenía la esperanza de que esa vez no fingirías al día siguiente, que dejarías de mirarme con desprecio. Soy un estúpido, lo sé. Pero no me quites esto, es lo único tuyo que puedo tener…
Lucius podía sentirlo ahora que el calor de Remus se apretaba contra su piel. Había un sello, ahora débil y apenas estable, que no permitía la manifestación de la naturaleza del chico. Si se concentraba y estrechaba los ojos, podía ver el aura que ocultaba bajo ese olor a mono: no era un perro, era un lobo; un peso raro y ligero, probablemente en vías de extinción. Pasaba a menudo en las parejas cuya raza estaba a punto de extinguirse, el continuo apareamiento entre familiares para conservar la línea resultaba en crías enfermas, débiles tanto en aura como en fuerza vital. Una vez adultos, los padres de ese tipo no podían mantener a sus crías por mucho tiempo. La consecuencia, si la cría resultante era muy débil, era dejarse morir junto a ella, pero si era lo suficientemente fuerte como para enfrentar la vida en solitario, entonces sólo se le sellaba y se le dejaba vivir entre los monos, hasta que reuniera las suficientes energías como para romper el insípido sello que unos padres tan débiles pusieran en él.
Eso es lo que había pasado con Remus, lo miró, delgado, una delgadez que dejaba relucir una elegancia propia de su especie. Una hembra de lobo, para los peso Pesado como él, era difícil encontrar hembras que soportaran su semilla, pero Remus olía todo lo adecuado que podría ser un pretendiente a la madre de sus crías. Era fértil, y soportaría una buena carga sin mucho esfuerzo, no sabía que había conducido a sus padres a la extinción, pero la causa no había sido la infertilidad. Remus rebozaba de ella y no lo ocultaba, nunca había aprendido a hacerlo y ese hecho lo hacía todavía más excitante.
—Déjame, —le susurró, humedeciéndose los labios secos. El estremecimiento que sacudió los hombros de Lupin le hizo saber que ya estaba liberando feromonas—, déjame ver que es lo que vi en ti como para tenerte de amante por tanto tiempo. Mañana, entonces, te pediré explicaciones.
Remus no se negó, más bien suspiró liberándose de una tensión que se había apoderado de su delgado cuerpo. Le sorprendió lo diestro que era en el arte de amar, como se relajaba bajo sus caricias y como los muslos pecosos encajaban a la perfección a sus caderas. El color sonrosado de la piel de Remus destacaba contra la piel blanca de una víbora como él. Suspiraba enamorado con cada embestida, y lo miraba con tanta devoción que Lucius se sorprendió amando esos ojos ámbares que parpadeaban extasiados por el placer.
Lo supo sólo en una noche: no quería que otra bestia disfrutara de la candidez de Remus, lo hizo suyo para el resto de su vida, marcándolo con su olor hasta detrás de la orejas para que todo el mundo supiera que era solamente suyo.
Esa fue su forma de decirse que se amaban, su leguaje perfecto que sólo era entendido por ambos, entre el éxtasis y la experiencia casi religiosa de sus cuerpos unidos.
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"Ni un apretón más a mi trasero hasta que cortes toda relación con Astoria Greengrass", esas habían sido las palabras exactas de Harry antes de dejarlo sólo en el pasillo con el pene rígido saludando al mundo exterior. Para ese momento, Potter ya estaba perfumado con su olor y olía más a jaguar que a gatito. Estaría a salvo caminando por allí con el olor de una pareja impregnada al cuerpo que oliendo a celo.
El que no estaba satisfecho era Draco, y su entrepierna.
Así es como se vio a primera hora de la mañana en la casa de los Greengrass, con una pantera furiosa recriminándole toda clase de nimiedades. Astoria era una chica respetable pero también era una hembra, y por lo tanto, hacía escándalos que le daban fe a su estatus. Para el momento en que salió de la casa Greengrass, todo lazo amistoso entre los Malfoy y dicha familia que habían establecido con anterioridad, se rompió.
Abraxas Malfoy estaría disgustado, pero valía más un retrógrado en la familia, que un estúpido compromiso roto con una familia importante. A fin de cuentas, había más familias "importantes" con las cual aún conservaban amistades. Eran los reyes de Londres, después de todo.
Un retrógrado en la familia le daría la seguridad de tener una descendencia sana, de su misma especie, potenciaría la fertilidad de dicha descendencia por unas cuantas generaciones… era una buena decisión. Todo se trataba de beneficios.
Llevaba el peso de su familia en los hombros, debía suplantar el puesto que, a ojos de Abraxas Malfoy, su madre nunca pudo llenar, un heredero varón que liderara con orgullo la alta alcurnia de Londres, el territorio de los Malfoy desde hacía generaciones.
Llegó tarde a casa, cuando ya el olor del sexo se disipaba en el ambiente frio, cuando se asomó a la habitación de su hermano, un lobo color miel y un cocodrilo dormitaban con tranquilad, cansados. Así que Lupin era un lobo, a pesar de ser una extraña combinación, a Draco le pareció que encajaba bien con su hermano, Lucius era lo que en su círculo llamaban: un Dragón de Agua, una extraña mezcla entre boa constrictor y un cocodrilo. El resultado era una bestia fuerte, con una debilidad que a veces pugnaba con arrebatar la vida de Lucius. Los genes de réptil generaban un descontrol en su temperatura, no podía conservarla, ni mucho menos regularla. Era fundamental para él conseguir una fuente de calor cuando su temperatura decayera.
Y un lobo era una buena fuente de calor.
—Linda pareja. —Rió, pudo ver el momento exacto en el que ambos recobraron sus aspectos humanos. Lucius enterró su nariz en el hombro de Remus, apresándolo entre sus brazos mientras se acurrucaba al calor del lobo.
Lucius, al parecer, sí tendría una pareja por amor. Eso, al menos, era de alguna manera reconfortante para Draco.
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Lo recordaba ahora, mientras recuperaba la consciencia de su pesado letargo pudo recordarles: la suave risa de su madre al cantar; Hope, era su nombre, una hermosa lobo de cabello rubio cenizo, pequeña y amante de la danza. Remus la recordaba entonar diversos valses y verla bailar con sus diminutos pies besando el piso, como un ángel envuelto en la estela de sus cabellos. Su padre era muy parecido, efímero, con unas pestañas traslúcidas que enmarcaban sus joviales ojos de aventurero, uno que no había podido abandonar la seguridad del remanso por su delicada salud.
La estirpe de los Lupin diezmó por su fertilidad, las familias de pesos Pesados, vieron la conveniencia que sus cuerpos podían aportar a sus descendencias, por décadas desaparecieron familiares, hogares enteros. Hubo un punto en donde se vieron obligados a practicar la endogamia a favor de mantener su joven especie, no afectando la fertilidad por las que eran codiciados, pero la fuerza de sus cuerpos decrecía a través de las generaciones.
Remus había sido el primero en tres generaciones en nacer sano. Sus padres eran los últimos y los más débiles, se mudaron alrededor de cinco veces en un solo año para evitar que fuese secuestrado y, para una pareja tan débil, el esfuerzo valía más de lo que podían sostener. Sus vidas pendían de hilos finos, su apariencia frágil se extendía más allá de su inusual belleza.
Para cuando tenía tres años, ya estaban muriendo: su madre de pulmonía, su padre de una enfermedad auto-inmune.
Era la mejor opción, le habían dicho. Dejarlo vivir lejos de su sufrimiento, apartado del conocimiento de que sus padres morían a pedazos, lejos de las garras avariciosas de alguna familia que anhelaba utilizarlo como perra de cría. Lejos, feliz con una familia que sí podía darle una infancia saludable.
Pero ahora que los recordaba, sus risas sinceras y las manos delicadas que muchas veces detuvieron sus lágrimas, se sentía un traidor. No estuvo con ellos cuando murieron, lo hicieron apartados, sin que nadie los recordara o llorara por ellos. Recordó… también, que vivía en un mundo más cruel del de un adolescente que no es correspondido en su tonto primer amor, vivía en uno que le había apartado de sus padres. Donde el poder y la descendencia valían más que la sostenibilidad de una sociedad entera.
Se apretó contra Lucius, que ya despertaba.
—Los recuerdo, — Le dijo entre llantos suaves—, eran tan frágiles. No podían criarme.
Lucius lo rodeó con cariño, lo sostuvo hasta que parara de llorar.
—Ahora estás aquí. —Le susurró con voz ronca—, yo no podría abandonarte.
Con un beso en su nuca, estremeció los nervios de todo su cuerpo y lo hizo suspirar, aliviado de poder encontrar un consuelo, a la verdad que nunca pudo alcanzar, pero que al fin se vislumbraba cruel y clara frente a sus ojos empañados.
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Después de la lluvia, un clima caluroso e inusual se instaló en Londres, todos en la academia se quejaban durante las clases. Más sin embargo, el calor no evitaba que la comunidad de bestias hablaran sobre las nuevas no tan buenas.
—Han roto…
—… era un compromiso de más de dos años…
—Qué vergüenza para Astoria…
—…se lo tiene tan merecido.
—Es un retrógrado por el cual la ha dejado, yo también lo haría.
Harry quiso gritar que el estúpido retrógrado del que hablaban estaba presente. De hecho, estaba en el mismo pasillo y justo pasando a su lado. Tenía orejas también, por si dudaban de que poseyera el gran don de escuchar.
Era impresionante como un grupo tan pequeño de bestias podía esparcir los rumores con tanta facilidad, la existencia de un periódico escolar para hombres bestia, a opinión de Harry, era francamente innecesaria, con las bocas de las víboras y perros, tenían.
— ¿Malfoy rompió compromiso con los Greengrass por ti? —Fue el saludo de Ron a las nueve de la mañana, el oso gruñó, interesado por la comidilla de la semana. Al parecer, los osos no se libraban de los chimes.
—Sólo rompió con su novia. —Intentó mediar. Una pequeña cantidad de alumnos, (los que si podían escuchar asuntos concernientes a colas y pelo), los miraban con ojos expectantes. —O al menos eso creo, no lo veo desde ayer.
—No, no. —Le recriminó Ron, sus brazos revolotearon negando con vehemencia—, el compromiso con Greengrass no era un mero capricho; los Malfoy son dueños de la mitad de Londres y los Greengrass de la otra mitad. ¡Sería la unión del siglo, viejo!
Fue en ese preciso instante en el que Harry pudo sumar dos más dos y entender una cosa.
Los hombres bestia eran territoriales, buscaban el éxito de su especie y su descendencia a cualquier costo. Eso implicaba un juego de poder que sólo se podía jugar entre cierto tipo de personas.
Personas ricas.
—Oh. —Masculló, ahora resultaba que había roto un trato de millones de libras.
Necesitaba recostarse un rato.
Tuvo que saltarse una clase, la de la horrorosa profesora Minkus, para digerir con tranquilidad una verdad que cada vez se volvía más latente.
—Eres rico. —Apuntó con su tembloroso dedo a Ronald.
El chico pecoso arrugó su cara, sus hombros se alzaron en un gesto de "Algo así."
—Estoy bien posicionado, mi especie no es tan notable.
— Y Malfoy es malditamente rico.
—Sí, eso sí. —Resolvió Ron, sin pena ni gloria.
—Y Greengrass…
—Le compraron un chalet para su cumpleaños número 16. —La expresión en el rostro de Ron decía: "Es malditamente rica".
— ¿Cómo no me di cuenta antes? —Estaba metido con el barro hasta al fondo, primero era atado por un jaguar semi-humano con ansias de volverlo su esposo, y ahora estaba envuelto en un juego de poderes. Sollozó mientras ocultaba su rostro entre sus manos. Ocultos en su usual lugar del campus detrás de los matorrales, Harry se dio el lujo de lucir como un completo desamparado. — ¿¡Hay algo más que creas estés omitiendo de manera innecesaria!?
Ron iba a responder un rotundo no hasta que una tímida voz interrumpió en el lugar.
Era Hermione. Un "SÍ" con letras grandes se encendió en la cabeza de Ron.
Harry parpadeó para mirarla con más detenimiento, boqueando.
—Me puedes ver.
Ella lo confirmó con un tímido asentimiento, debían charlar.
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Llegar tarde a clases no era la actividad favorita de Remus, pero ese día hacerlo fue casi un requisito. Había pasado media mañana procesando con medida precisión los recuerdos que se aglomeraban en su cerebro confundido. Lucius lucía orgulloso por tener de pareja un lobo exótico, fértil, hermoso y completamente suyo. Cualquier macho estaría orgulloso de tener por pareja una hembra que pudiera soportar sus hijos.
Entre gruñidos de Lucius a los desprevenidos que miraban con curiosidad a Remus, fue como ambos llegaron al aula. El profesor, un perro de mediana edad, los dejó pasar sólo por el hecho de que uno de los muchachos fuese un Malfoy. Los Malfoy, ahora que podía recordar Remus, eran la familiaCon Manchas más influyente en el país, lo sabía desde pequeño. A pesar de haber pasado la mayoría de su infancia recluido dentro de su lujoso apartamento a unos pisos debajo de (los que en un futuro serian) sus padres adoptivos, había sido criado para moverse en los círculos más opulentos de la sociedad de Con Manchas.
Por lo tanto, conocía a los Malfoy, una familia de víboras. Londres era su territorio y eran conocidos por su actitud feroz, capaces de cometer todo tipo de acciones para mantener su poder y conservar la calma dentro de sus tierras.
Y ahora era la pareja de uno.
Pensó largo y tendido sobre ello hasta el fin de la clase al punto de que cuando volteó para mirar a Lucius al final de ésta, le vio con nuevos ojos, pero eso no cambio nada respecto a lo que sentía por él. Amaba a Lucius, era eso lo que había decidido hace mucho tiempo, siempre supo que había algo más grande detrás de él y ahora resultaba que el mismo Remus formaba parte de ese algo.
—El chico con el que te la pasas últimamente… —Intuyó tentativo, mientras salían del salón—, es…
—Un retrógrado. Mi hermano lo corteja y yo le estoy entrenando. Si el gobierno se entera de su existencia y encuentra que es un peligro para la seguridad pública, podrá hacerse cargo de él. No le conviene a mi hermano. — Lucius sonrió. — ¿Celoso?
Remus barbulló con ese peculiar sonrojo delicioso cubriendo sus mejillas.
La hora del receso entre clases transcurrió con calma hasta que Potter acudió a él, un poco más tarde que los rumores.
—Espero que tengas una buena excusa para que mi hermano cancelara un trato de millones de libras, nuestra madre no estará feliz. —Fue el saludo que la víbora profirió para su, al parecer, nuevo cuñado.
— ¡No hay tiempo para esto, Malfoy! —Potter se veía agitado, como si hubiera corrido kilómetros sin un sorbo de agua. Empujó a una muchacha que se le hacía vagamente familiar tanto a Remus como a Lucius, ella los miró con sus grandes ojos marrones sabiondos—, ¡ayúdanos con esto!
—Sigo aquí, Harry. —La respuesta de la chica sonó de manera suave, estaba avergonzada, desvió la mirada y sobó su brazo en una demostración de sus curiosos tics nerviosos.
— ¡Ella ve! —Weasley, unos pasos alejados de ellos, bramó. Lucía pálido, pero algo en su rostro reflejaba la gravedad de la situación.
Volvió a observar el rostro de la chica para detallarla mejor, algo había en ella, una especie de claridad apabullante en sus ojos marrones. Parpadeó, allí estaba, la nítida aura de un mono, no la dispersa mancha confusa que empañaba a los monos: ella realmente podía verlos.
—Está despierta, más no hay rastros de Manchas en tu aura. —Se inclinó para observarla con más detenimiento. —, ¿desde cuándo ha pasado esto?
—Desde que soy una niña… yo, empecé a verlos hace algunas semanas. Desde que Harry volvió.
Curioso.
—Eres la primera mono que despierta en siglos. —La chica lucía incómoda bajo el escrutinio de los ojos de Lucius, el hombre hizo una mueca y luego sonrió. —Este sin duda es un año interesante.
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Lucius tuvo que hacer un par de llamadas antes de pedir una limosina, sería un viaje largo y tenso hasta la Mansión Malfoy. Era un lugar poco agradable para Lucius, lleno de barreras protectoras y un aire austero que empapaba el ambiente ya de por si lúgubre de Wiltshire. Pero había sólo una persona de confianza que podría disipar las dudas de Lucius: Ted.
Todos estuvieron callados durante el viaje, ya que así lo pidió. Sabía que las dudas revoloteaban en la mente de todos y era necesario organizarlas, antes de enfrentarse al que realmente podría responderlas.
Ted Tonks era el hijo de la cabeza de la familia Malfoy. Había heredado los innatos poderes intuitivos por los que eran famosos los Malfoy y los que, en cierta medida, Lucius también había heredado. No obstante, su hermano mayor era débil, sin muchas fuerzas con las cuales defenderse, siendo incapaz de volverse el heredero que esperaba Abraxas Malfoy el día de su concepción. Era una ironía quien había acabado siendo su pareja.
Llegaron en poco tiempo para el trayecto, silenciosos fueron recibidos por los sirvientes y conducidos a la sala de estar más cómoda, considerando el número de personas. Una vez estuvieron instalados en un sinuoso salón con aperitivos en una mesa, Hermione se atrevió a pronunciar una palabra.
— ¿Qué es lo que se supone hacemos aquí?
Lucius le calló con sus ojos fríos de víboras.
Ron le gruñó, hundiendo a Hermione en sus brazos protectores. Remus colocó una de sus menudas manos sobre el hombro de Lucius, impidiendo seguir una enfrenta entre machos tensos. Era lo último que necesitaban en ese momento.
—Buscamos a alguien útil. —Respondió con sequedad.
"Alguien útil" resultó ser un hombre delgado de ademanes elegantes, joven y con las mismas facciones de los Malfoy en su rostro. Sin embargo su cabello era de color canela, sus ojos eran más redondeados y algo en su porte no sólo exudaba elegancia, sino también inocencia.
Los suspicaces ojos grises brillaron con curiosidad al mirar a Harry, y luego a Hemione.
—Hermano. — El hombre inclinó su cabeza en señal de respeto. — Tu visita es inesperada.
—Habrás notado que no es voluntaria. —Señaló Lucius al ponerse de pie, con su largo cabello rubio sobre su hombro. Lucía imponente, sobre todo al ser más alto que un hombre que se suponía era, su hermano mayor—, necesito tu ayuda, el caso supera mis habilidades.
— Lo veo. — Asintió su interlocutor, volteando a mirar a los tres jóvenes sentados tensos sobre el sofá por un segundo casi eterno. Se sentó frente a ellos y tomó una taza de té, Remus, sentando en un sofá doble entre ambos muebles, se removió incómodo. —, lamento la falta de modales de mi hermano. Es un placer recibirlos en la mansión Malfoy, mi nombre es Ted Tonks.
—Me llamó Hermione, Hermione Granger. — La única chica respondió al captar la pregunta velada en los gestos del chico Tonks.
—Harry Potter.
—Ron Weasely.
Tonks arrugó sus ojos.
—Remus Lupin. — Apenas al pronunciar su nombre, Ted lo miró con detenimiento.
—El hijo de los Lupin, lamento su pérdida. —Ted ofreció sus condolencias sin un verdadero sentimiento impregnado en su voz suave. Tomó otro sorbo de té, y Harry se atrevió a tomar una galleta de la bandeja de aperitivos ante la tensión. — Así que, un retrógrado, un lobo casi extinto que acaba de despertar, y un mono que puede ver.
Había deducido eso sólo con mirarlos, sin olerlos. Ni siquiera esforzarse por ver sus auras.
—Oh, y acabas de marcarlo. —Por primera vez lució sorprendido al voltear hacía Lucius, el chico le sonrió. —, tu madre estará satisfecha.
Remus lucía, de nuevo, un gracioso sonrojo debido a la incomodidad.
— ¿Sabes qué pasa con Hermione? —La voz presurosa de Ron se hizo notar, pareció ser una interrupción inapropiada para Tonks porque suspiró con calma, antes de enfrentarle.
—Hay leyendas que hablan sobre Monos que pueden ver, lo suficientemente humildes como para recuperar la esencia que la ignorancia les robo hace milenios. Ha ocurrido con muy poca frecuencia en este milenio, todos los casos son meros rumores, nada más. Espero que comprendan mi asombro, pues es me he es desconocida la naturaleza de tal evento. — Hizo una pausa, dejo su taza de té en la mesa y les miró con un claro escrutinio. —, pero puedo ver tu aura, niña. Eres fuerte, debes comprender que serás un peligro para las altas elites de Hombres Bestias, mi propio padre podría querer eliminarte, nuestra supervivencia y forma de vida puede mantenerse debido a que ustedes los Monos siguen dormidos, tu eres una fehaciente prueba de que nuestra frágil estabilidad pueda declinar y romperse. En cuanto a ti, — señaló a Harry. —, sé cómo proceder con retrógrados. Deberé consultar la bibliografía y refrescar conocimientos si su visita pretende ser lo que intuyo.
—Lo es. —Asintieron Ron y Lucius al mismo tiempo.
— ¿Lo es? —Remus preguntó con tono incrédulo.
—Mi hermano los entrenará, entenderán que los tres están desprotegidos y nuestro mundo no es tan inocente como el de los Monos, hay más preocupaciones que deben asumir al oír, hablar y ver. —Les habló con sequedad, era parte de entrar al mundo de los Hombres Bestia, la sequedad de una constante lucha cruenta por el poder y la supervivencia. —Los tres no tienen experiencia, no sabes cosas que un niño de diez años ya ha aprendido, no pueden siquiera ocultar su presencia espiritual, sus olores inundan la nariz de cualquiera que quiera olerlos y, por encima de todo, son poderosos. Eso dificultará el que puedan aprender algo que debieron desarrollar con tranquilidad, son un platillo servido. Están desprotegidos.
Un hilo fino hubiese sido batido por la respiración de cualquiera en la habitación, si siquiera estuviesen respirando.
Ruidos se escucharon en la planta baja, la voz de una mujer, posiblemente una mucama, peleaba contra la de un hombre.
—… Señor, no-
Draco irrumpió enfurecido dentro de la habitación, lo impregnaba un olor picante, el olor de la ira.
— ¿Por qué no avisaste antes de que te lo llevaras? —Le rugió a Lucius. El hombre mayor se mantuvo impávido, se había llevado a su pareja, una que aún no estaba marcada y que resultaba muy atractiva para la competencia, Lucius lo comprendía.
El jaguar avanzó con largas zancadas hasta el sofá para tomar a Harry de los hombros y estamparlo contra su pecho, perfumándolo con su olor. Fue extraño pero Harry se sintió protegido entre los cálidos brazos, y él ronroneó agresivo en el pecho de Draco, era un confort ofrecido en esos momentos de incertidumbre y cambio.
—Las vacaciones de verano están próximas, —el mayor de los hermanos habló. —Podrán pasar las vacaciones aquí y les prestare mis servicios. Claro está, no serán gratis.
Por supuesto, era hermano de Lucius.
— ¿Chicos? —Una voz femenina interrumpió, grácil, una mujer mayor de largo cabello marrón y ojos redondeados entró a la habitación. Su sonrisa se congeló al ver el resto de las personas que ocupaban el salón. —, qué sorpresa.
— Andrómeda. — Corearon Lucius y Draco, Ted respondió con un suave: "Madre".
—Por supuesto, déjenme presentarme, mi nombre es Andromeda Tonks, soy la señora de la casa. ¿Puedo preguntar qué es lo que acontece tan importante como para que mis hijos no anunciaran su llegada? Y con compañía, peculiar compañía.
Los Malfoy suspiraron, sería una larga historia.
Nota:
Yes, al fin! Siento que he hecho una maratón de escritura pero estoy satisfecha de actualizar. No tengo mucho que decir más que lo obvio, empezaré a avivar la llama de este fic a partir de aquí :)
Respuesta a anónimos:
Dolce ( Como siempre gracias por dejar un review, gracias por tus buenos deseos, felices vacaciones de verano a ti! )
Mar (Es un halago tremendo que me digas que los personajes están IC, muchas gracias, tanto por tu hermoso review como por el halago, espero el cap sea suficiente recompensa!)
Bittersweet (Gracias por tu review, espero que los cambios para que se ajusten a la historia en mi cabeza sean tan agradables como el resto de Caps! Gracias por tu review de nuevo)
EstrellaFugaz ( Hola! Gracias, primeramente, por dejar un review tan hermoso, también agradezco tu consideración. Aún asi espero estar actualizando más a menudo ahora ya que mis clases están inexistentes. ¡Es una alegría para mi saber que es tu primer fic de Harry Potter, no sabes que orgullo siento! Espero estar trayendo más de él pronto entonces, conozco lo que es desear terminar tu primer fic ¡Besos!)
Guest 1(Muuuuchas gracias por tu review querido/a desconocido/a. Es un honor entretenerte tanto, gracias por leer XD)
Guest 2 (Hoy? xD)
¡Gracias por leer!
