El más difícil no es el primer beso, sino el último… Paul Geraldí

Salió a correr como cada mañana, pero no era igual. Kakashia necesitaba aire fresco, en su mente nada estaba tranquilo, nada estaba en serenidad, después de mucho tiempo algo le quitaba la cordura, la calma, la razón.

La madrugada había sido perfecta sin duda alguna, todavía esa mañana lo había sido, pero la llamada de Hinata tambaleo sin duda alguna el mundo de ambos, y el corazón también. La chica parecía otra, una nueva y mejorada Sakura, sin embargo Kakashi la conocía muy bien y sabía que algo dentro de ella se había movido estrepitosamente con la llegada de Sasuke - ¡ese imbécil! – pensó en voz alta mientras se alejaba de la comunidad de la hoja entre los árboles.

El peli plata estaba inquieto, mucho más de lo normal, dentro de él había un océano de emociones, odio, tristeza, amor, gratitud, pero sobretodo miedo, mucho miedo. De pronto se detuvo a las orillas de un barrancón cercano, estaba algo lejos del pueblo, nada preocupante pero si lo necesario. Se quedó mirando al piso, mientras las gotas de sudor caían por sus mejillas y frente, su pecho agitado le hacía aventar aire como para llenar un zepelín, su corazón se iba a salir de su pecho, en el fondo sabía que no era la distancia recorrida lo que le había hecho reaccionar así a su cuerpo, era Sakura, era Sasuke y la incertidumbre que le comía los nervios, extrañamente.

K- ¡maldita sea Kakashi! Por qué tenías que enamorarte así, sabías que esto pasaría… siempre pasa, ese maldito siempre vuelve… y ella… siempre lo acepta de regreso.

De pronto perdió los estribos de tiró un golpe al primer árbol que estaba cercano a él, el impacto de su puño partí en pedazos al encino, sin duda cualquiera cerca de ahí habría escuchado ese golpazo, pero aparentemente no había nadie cerca, irónicamente, como siempre pasaba con Kakashi.

Luego de eso y como si ese único golpe hubiese bastado, Kakashi se tranquilizó un poco, cerró sus ojos y en su mente veía lo que había pasado esa noche, miraba a Sakura, sublime, bella, ahí, desnuda frente a él, perfecta. Pero el su corazón algo se nubló, y abrió los ojos con un atisbo notorio de tristeza y nostalgia. Cualquiera que le conociera le hubiese invitado un trago en ese preciso momento, pero estaba solo, como siempre y ahora como nunca.

K- ¿Por qué te amo tanto Sakura? no tenía que ser así, debí… detenerme, debí prever con más carácter todo esto, mereces que te amen como nunca nadie lo ha hecho, admirarte en las mañanas cuando tu cabello es un desastre, admirar tu sueño tranquilo, pero… si amas a alguien más… acaso ¿debo dejarte ir?

El sensei miró al cielo, una brisa fresca despeino levemente su cabello húmedo por el sudor y a lo lejos una pareja de aves iban en dirección al norte, a la par. El cielo extrañamente despejado era un contraste total con aquel hombre ofuscado y enamorado.

No era de los hombres evitativos a los problemas, pero tampoco había sentido ese tipo de temor nunca, era un miedo extraño, un miedo a perderla, pero… ¿realmente tenía algo que perder? ¿Sakura había dejado de pensar en Sasuke realmente? ¿Había deja de amarlo de verdad? Porque de no ser así, o si, entonces qué era lo que procedía. Muchos hablaban de dejar ir, pero ¿qué certidumbre había en que tenía a alguien a quien perder? No se pierde algo que no tienes, él estaba muy confundido y enamorado, mala combinación.

Luego de permanecer ahí un largo rato, quizá no tanto como creía, Kakashi empuño sus manos de impotencia y coraje, cerró sus ojos y suspiró profundamente.

K – ¡Cálmate Hatake! Esto no puede tenerte así, que te está pasando, has sobrepasado cosas aún peores, podrás con esto, después de todo no depende de ti, sino… de ella.

Al abrir los ojos, suspiro una vez más y desempuñando sus manos miró en dirección al pueblo y dio un salto desapareciendo entre los árboles. Todo cambiaría una vez más, todo.