V
Inconscientemente zapateaba la orilla del banco y movía rápidamente el lápiz entre mis dedos dándole golpecitos a la mesa mientras observaba la aguja segundera del reloj análogo colgado sobre el pizarrón. El profesor Bailey se había emocionado tanto con el tema sobre la evolución y la teología, aunado a eso se hizo un debate del que no fui partícipe y ahora no tenía ni la menor idea si mi clase de Biología era sobre el entendimiento del origen de las especies desde un punto de vista evolutivo o creacionista.
Habían pasado dos semanas desde la visita de mamá, lapso de tiempo que transcurrió con suma rapidez. Para mi buena fortuna ella había quedado bastante satisfecha con la idea de que TK era mi novio pues a su parecer mejor muchacho no podría hallarme especialmente cuando mis dotes femeninos siempre iban descuidados. Por otro lado… me sorprendió que él no dijera nada de lo que pasó. De haber sido así ya toda la preparatoria, incluyendo el personal académico y administrativo, lo sabrían. Me pareció que fue buen gesto de su parte, especialmente cuando sus amigos eran quienes no perdían oportunidad para burlarse de mí.
En cuanto a Matt… había decidido dejar el tema por la paz. Sí platicábamos aún por mensajes pero después de aquella no-cita-cita con su hermanito las ganas por salir con él se me habían esfumado. Todo eso de las relaciones era bastante dramático pese a que yo no tenía una real, y por ahora ya quedaba poco tiempo para graduarme y mudarme al otro lado del mundo, empezar de cero y qué mejor que en un lugar como California así que ni siquiera tenía sentido intentar algo en Odaiba.
A quien parecía afectarle cada día más esto era a mi hermano. Tai me acompañaría para la mudanza e instalación pero sólo pasaría una semana conmigo y después de eso sólo Dios sabía cuántas veces nos veríamos al año o si habría años en que no nos viéramos… suerte era que vivíamos en la era de las redes sociales donde se podía mantener comunicación diariamente pero sencillamente no era lo mismo. Yo también iba a extrañarlo horrores pero no se lo decía.
Miré mi celular y sin pensar desbloquee la pantalla y empecé a escribir un mensaje. Mi reacción fue tan rápida que hasta me sentí poseída.
Kari: ¿Quieres hacer algo más tarde?
Matt: ¿Qué tienes en mente?
Kari: Pues… podemos ir a cenar o algo.
Matt: Mmm… te aviso al rato, ¿si? Es que tengo ensayo con la banda :/
Por un instante sentí una grieta abriéndose en mi corazoncito de pollo. Tuve que inhalar aire por la boca profundamente, cerrar los ojos y luego soltarlo despacio mientras repetía en mi mente «no eres tonta» porque justo así me sentía luego de haberle preguntado si quería salir.
El timbre de salida sonó y agradecí mentalmente que la escuela hubiera terminado por ese día. Guardé los libros y estaba por irme directo a la casa cuando recordé que en el locker tenía otros que necesitaba para hacer tarea. Maldije al ver las escaleras hasta el tercer piso pero sin más remedio comencé a subir.
— ¿A dónde vas? —escuché que alguien gritó atrás de mí y al girarme vi a TK quien iba subiendo aprisa hasta alcanzarme.
— ¡Hey, hola! —lo saludé—. Voy al locker por unos libros.
— Eres una ñoña —se burló despeinando mi cabello. Sonreí y a cambio le di un golpecito en el brazo—. ¿Quieres hacer algo hoy? —fruncí el ceño y me detuve justo antes del último escalón. Lo miré detenidamente pero él sólo se mantenía sonriendo.
— ¿En serio?
— Sí. Vamos por pizza y a ver películas en mi casa… o tu casa si lo prefieres.
— ¿Qué hay de Joss? ¿No se va a enojar porque sales conmigo? —mi mente aún no dejaba de dar brincos de emoción al caer en cuenta que Takeru me estaba invitando a salir. En serio.
— No tiene por qué hacerlo y si lo hace es su problema. Ya no somos novios.
— Oh… —intenté disimular el golpe de alegría al escuchar eso y seguí caminando hasta mi locker para distraerme.
— Pues sí. ¿Podemos ir a mi casa? ¿Invitaste a alguien más?
— No —TK jugaba con un anillo plateado que traía en el dedo índice de su mano izquierda.
— Bien pues… ¿te veo en mi casa al rato?
— Genial. Llego en una hora. Yo llevo la pizza.
— Ok.
— Ok —ambos sonreímos y él se fue. Parecíamos niños chiquitos emocionados porque acababan de planear una travesura.
— ¿Es en serio? —dijo TK al agarrar La metamorfosis de Franz Kafka de mi librero.
— ¡Es un clásico! Además la narrativa es intrigante y cargada de metáforas.
— ¿Metáforas? ¡El tipo se convierte en cucaracha!
— ¡En un bicho! La versión original no especifica que sea una cucaracha aunque por la descripción se puede interpretar como que lo fue. Pero hay miles de bichos iguales a las cucarachas.
— ¡Basta! No, no… ¿leíste la versión original? —sonreí y me mordí el labio sintiendo mis mejillas arder.
— ¿Estás juzgándome? —le quité el libro de las manos y volví a acomodarlo en la repisa.
— Ah decir verdad sí. Eres una rara y una ñoña con mal gusto por la literatura.
— ¡Oye! —le di un golpe en el brazo y ambos nos reímos. Le di un trago a mi cerveza mientras él seguía viendo mi colección literaria.
— Este es mi libro favorito —tomé La emperatriz de los etéreos de Laura Gallego—. Me costó mucho conseguir la versión en inglés —TK lo hojeó detenidamente.
— ¿De qué trata?
— Mmm —le di otro trago a la cerveza y me aclaré la garganta antes de hablar—. Es un escenario pos-apocalíptico que no se describe pero se entiende que ya no hay un sol y los humanos que quedan viven en cuevas bajo la tierra. Durante el día se logra ver una estrella en donde se cuenta que vive una emperatriz y uno de los muchachos decide ir a buscarla… —sin darme cuenta estaba contando todo tan rápido y miré al rubio quien no me quitaba los ojos de encima—. Lo siento, ¿te estoy aburriendo?
— No, para nada —dijo sonriendo—. Continúa.
— Pues… luego otra chica decide ir a buscarlo para que vuelva a su casa con su madre, quien está sola y ahí es donde comienza la aventura —me quedé callada y le di un trago a la cerveza. TK frunció el ceño con semblante curioso.
— ¿Y? ¿Qué más pasa? ¿Lo encuentra? —la exageración de su emoción me hizo reír mucho y por poco derramo mi bebida.
— ¡No voy a contarte!
— Kari, tienes que decírmelo —insistió sacudiendo mis hombros y haciéndome reír aún más.
— ¡No, basta! Puedes llevarte el libro. Te lo presto.
— ¡Pero no me gusta leer!
— ¡Ay, por favor! No son más de 200 páginas, lo terminarás rápido —sin darme cuenta me había pegado mucho a él y nuestros rostros apenas y se distanciaban por centímetros. Nos miramos a los ojos por un breve momento pero tuve que agachar la mirada y alejarme.
— Bien, me lo llevo. Más vale que el final valga la pena.
— Lo vale. Y cuando lo termines te diré por qué es mi libro favorito —TK sonrió—. Hay algo que… yo quiero preguntarte…
— ¿Si? —caminé hasta el pie de mi cama.
— ¿Por qué me invitaste a salir? —él me miró raro, como si la pregunta fuese bastante obvia o bastante estúpida—. Sí, digo… después de lo que sucedió con mi madre ya no teníamos por qué hablar.
— No, no teníamos. Pero yo quise seguirte hablando —lo miré a los ojos sintiendo mi corazón latir tan rápido que casi se sale de mi pecho.
— ¿Por qué? —se encogió de hombros y suspiró profundamente.
— Me pareciste una persona muy interesante. Cuando me platicabas sobre matricularte en literatura y tus ganas de viajar por el mundo, de conocer culturas, todo eso, Kari, es tan… eres la única persona que he conocido, al menos de mi edad, que tiene ambiciones que van más allá de querer dinero y fama.
— Oh… —me mordí el labio.
— Sencillamente supe que teníamos que ser amigos —y ahí estaba: la palabra mágica. Amigos. Claro, ¿por qué esperaría que quisiera algo más? Mi cabello apenas y rozaba mis hombros, mis lentes de pasta hacían parecer que mis ojos eran chiquitos y tenía un busto pequeño, nada llamativo.
— Bien, pues, seamos amigos —levanté mi cerveza como expresión para brindar y él hizo lo mismo, ambos bebiendo—. Ahora te toca a ti. Cuéntame sobre ti.
Abrí los ojos en el preciso momento en que un rayo atravesó el cielo y deslumbró mi habitación. Sentí un peso sobre mis costillas y al girarme me encontré con TK durmiendo y abrazándome. Cogí mi celular del buró, intentando no moverme mucho para no despertarlo y vi la hora: 4:43am.
Tras muchas cervezas más y un largo rato platicando de mil cosas nos quedamos dormidos. Me dolía tanto la cabeza que no recordaba si yo había caído a brazos de Morfeo primero o había sido él. Me pregunté si Tai había regresado y, de ser así, si se había dado cuenta que TK estaba aquí aunque… de ser así ya nos habría despertado a gritos e insultos.
Volví a acomodarme, pegando mi cuerpo un poco más al del rubio quien estaba calientito y por instinto él apretó mi abdomen con su brazo. Acaricié su mano y él comenzó a mover los dedos hasta entrelazarlos con los míos. Cerré los ojos y poco a poco fui quedándome dormida nuevamente.
Me pareció haber sentido un beso en la espalda pero probablemente ya estaba soñando.
Excelente inicio de semana!
