Las muy inmerecidas tribulaciones de Draco Malfoy
Capítulo 5 – ¡Baile caliente!
El baile de Navidad iba animándose. Una vez más recorrí con la mirada el recinto. Aprobé en silencio el fondo blanco elegido para la decoración, contrastaba agradablemente con el gris invernal de las guirnaldas y los tapices colgantes. Pero habían exagerado con el número de cisnes de hielo, ¡no hacía falta poner uno cada tres metros!
Los campeones y sus parejas habían concluido el ¡oh tan grandioso! vals de apertura y otras parejas se iban sumando a la pista. Idiotas. Aunque en algunos casos podrían haberse considerado divertidos… como el de Longbottom, sin ir más lejos. Trataba de suscitar la admiración de su compañera, la muy pelirroja chica Weasley, con sugestivos movimientos giratorios de cadera… pero no tenía la contextura física adecuada para la música disco, lo que Natura non da…
Me pregunté si la admiradora, ¿o acaso sería un admirador? que me había regalado la escoba estaría allí entremedio de la turba de bailarines. No había recibido ninguna nota adicional… era un poco decepcionante, quizá mi natural actitud segura y altiva resultaba demasiado intimidante.
Me desplacé un poco para reclinarme elegantemente contra una pared. Mi toga de gala era apropiadamente de color negro, naturalmente. Pero me había permitido un delicado motivo de bordado plateado en las solapas y en el cinturón.
Para el atuendo había invertido el dinero que me había enviado mi madre "para regalos de navidad". Creo que ella se refería a regalos para otras personas, pero el detalle bordado había encarecido el precio de la prenda que lucía así que no me había quedado más remedio que recurrir al adicional… y de todos modos yo no tenía amigos a los que tuviera que hacerles regalos. Sorprendentemente, ser un marginado también puede traer aparejadas ciertas ventajas.
Cuando me estaba preparando para la fiesta había sopesado la posibilidad de no usar fijador para el pelo, pero deseché la idea enseguida; de sólo pensar que de esa forma me iba a parecer más a mi padre me provocaba estremecimientos. Y además, peinarme con fijador me daba un aspecto de mayor edad y más masculino.
Últimamente y aunque parezca ridículo me había preguntado ocasionalmente si algunos de los alumnos estaban confundidos respecto de mi sexo. Es posible que no sea tan alto como otros chicos de mi edad y ciertamente no soy rechoncho, mi figura es esbelta… pero así y todo nadie podría poner en duda que soy un varón.
Pero cierto comportamiento muy extraño de algunos alumnos me desconcertaba de vez en cuando. De los búlgaros, dos se destacaban particularmente: Viktor Krum y el otro bruto de labios toscamente gruesos y de aspecto troglodita. Una semana antes volvía yo de la clase de Criaturas, solo como siempre, cuando los dos mastodontes búlgaros se interpusieron de pronto delante de mí bloqueándome el paso. Les puse muy mala cara. Y fue entonces que me preguntaron algo muy raro, querían saber si yo podía ayudarlos a sacarle lustre al palo de sus escobas. Y acto seguido se echaron a reír como enajenados. ¡Como si hubiesen dicho algo gracioso! Les dirigí la más altanera y despreciativa de las miradas y les repliqué indignado que los Malfoy no perdíamos el tiempo en labores manuales, que para eso estaban los sirvientes. Por alguna razón mi respuesta hizo que redoblaran las carcajadas. Y ahora que lo pienso… los mostrencos ni siquiera llevaban las escobas en la mano. ¿Acaso se puede ser más bestia? E ignorantes, ¿qué gracia podían encontrarle a una pregunta tan sin sentido como ésa? Por fortuna no había vuelto a cruzarme con ellos desde entonces. Con Finnegan no había tenido tanta suerte, sin embargo. Vivía haciéndome zancadillas para hacerme caer y luego aprovechaba para toquetearme entero con la excusa de "ayudarme a incorporarme". Por supuesto que todo era una farsa para robarme el dinero; y nunca logró ningún resultado, cabe aclarar, porque yo nunca llevo ni un mísero knut encima cuando estoy en el castillo.
Una pareja pasó bailando delante de mí y me arrancó de mis cavilaciones. Eran Granger y Krum. Desvié la mirada hacia el sector de los perdedores en el que estaban sentados el Weasel y Potter. Ronnikins estaba rojo de celos y parecía a punto de ponerse a llorar, Potter lucía una expresión de depresivo pesar. ¡Oh qué gran satisfacción! Contemplar las desdichas de aquellos menos afortunados siempre me alegraba el día.
—¿Draco?
Di un breve respingo. ¡Mierda! ¿¡Cómo era que se las arreglaban todos para acercarse de manera tan furtiva? Paradas a un metro de distancia había dos chicas de cabellos oscuros. Tenía la lejana noción de que eran hermanas… de apellido Party o algo así.
—¿Qué? —dije sin disimular la aspereza del tono al tiempo que alzaba elegantemente una ceja. Estaba seguro de que una de ellas era Gryffindor y sabía por experiencia que las chicas de esa Casa podían ser tan fastidiosas como los varones.
—Nos preguntábamos si querrías bailar. —preguntó una de ellas, creo que era la estaba en Ravenclaw, de nombre Piyama o algo por el estilo. Las miré en silencio durante un instante como si realmente estuviera considerando la propuesta. Eran bastante atractivas y estaban vestidas con refinado gusto… no como otras… Pansy, sin ir más lejos con esa toga ridícula llena de vuelitos de encaje. Pero la idea seguía sin seducirme, una era Gryffindor y los de Ravenclaw tampoco eran santos de mi devoción en los últimos tiempos.
—¿Con ustedes? —pregunté con precaución al tiempo que me desplazaba un poco alejándome de la pared. No quería quedar acorralado por dos chicas ávidas de sexo. Corresponde que yo proteja mi virtud de los indeseables, lamentablemente mis genes Malfoy que me hacen tan sexy me juegan en contra en ese aspecto.
Asintieron y las dos avanzaron acercándose.
—¿Vos no estabas con Weasley? —pregunté para ganar tiempo. Los había visto cuando habían entrado, la otra hermana era la pareja de Potter.
Yo también habría podido invitar a alguien… si hubiera habido en el castillo siquiera una que no me detestara.
—Sí, pero él no quiere bailar conmigo. —respondió Piyama dibujando un exagerado puchero con los labios.
—¿Y vos creés que yo sí estaría dispuesto? —dije desdeñoso.
—Sospecho que debés de ser un excelente bailarín. —intervino la Gryffindor, Parvati era su nombre según creía recordar. Conocía los nombres de casi todos los de esa Casa.
—Ciertamente. —respondí con seguridad. No se trataba de un alarde. No era sino afirmar una verdad incontestable.
—¡No estábamos equivocadas entonces! Y se nos ocurre que además de bailar bien sabés también divertirte… —dijo Piyama.
—Los Slytherin rebeldes como vos tienen un no sé qué de muy sexy. —ronroneó Parvati.
—Bueno…
Era gratificante saber que había por lo menos algunos que supieran reconocer la excelencia… pero no… no debía dejarme llevar por palabras aduladoras… seguramente todo eso no era sino parte de una trampa. Retrocedí un par de pasos alejándome de ellas.
—Muchas chicas piensan igual que nosotras, en secreto, no se animan a admitirlo abiertamente porque vos te comportás con distanciamiento y rudeza la mayor parte del tiempo. Otras… como Lavender… prefieren los de tipo atlético, ella está deslumbrada con Cedric Diggory. —dijo Parvati y las dos revolearon los ojos. —Por lo que a mí respecta se lo puede quedar, no es mi tipo… obviamente que no tiene ni la más remota chance de conseguirlo porque él está saliendo con Cho Chang…
El chorro verborrágico de información no solicitada estaba comenzando a marearme. Lo que no se me había pasado por alto, así y todo, era de que a pesar de que parecía estar cumplimentándome también había deslizado la aseveración indirecta de que no me consideraba atlético… lo que quizá podía entenderse como insultante…
Estiró una mano tratando de asir la mía.
—¡Pará! —exclamé en advertencia al tiempo que retrocedía para ponerme lejos de su alcance. Esas chicas no eran Granger, por lo tanto no podía tratarlas como hubiese querido y como se lo merecían. Pero tampoco tenía por qué ser amable con ellas. Los Gryffindors parecían no tener en cuenta el concepto de espacio personal… ¡siempre estaban invadiéndomelo!
Seguí reculando alejándome de sus miradas predatorias hasta que choqué con una pared… ¡un momento!... No podía tratarse de una pared, ¡si estaba en la pista de baile!
Me di vuelta para ver contra quién había impactado. Era muy grande.
Una manaza me cogió el codo.
—¿Rubiecito? ¿Estás interrumpiendo nuestra danza para bailar con mi compañera?
Era Viktor Krum.
—¡Pero qué disparate! —vociferé indignado— ¡Granger sería la última que elegiría para bailar! —agregué mirándolos a ambos con el mayor de los desprecios al tiempo que sacudía el brazo para librarme del férreo agarre… estuve a punto de lograrlo.
—Ah, ya veo… entonces, ¡es conmigo que querés bailar!
¿¡Pero qué carajo está diciendo…?!
Soltó a Granger como quien tira algo a la basura. Ella tambaleó en retroceso y una exclamación sorprendida se le escapó de la garganta. No pude evitar alzar una comisura de satisfacción. Que se me borró al segundo siguiente cuando dos brazos fornidos me rodearon el torso, uno a la altura de la cintura y el otro a la altura de los hombros, y me estamparon contra su pecho macizo. Luego me alzó en vilo, separándome varios centímetros del suelo y empezó a girar rápidamente; alguien podría haber considerado al movimiento como un paso de baile… alguien que no tuviera la menor idea de lo que es el baile, entiéndase.
Yo empezaba a sentirme mareado otra vez, logré bajar un pie lo suficiente para pisarlo. Él me susurró al oído que yo era un excelente bailarín. Obviamente la estrategia del pisotón no había conseguido el resultado buscado.
Comencé a forcejear. La mano que me apretaba la cintura empezó a descender con claras intenciones de sobarme el culo. ¡Pero qué movida más impropia! ¡No, no, no! Quise gritárselo para hacerlo detener, pero tenía la cara enterrada en su axila derecha y los sonidos salieron confusamente farfullados. ¡Y la mano atrevida ya casi alcanzaba su objetivo!
Le propiné un rodillazo en la ingle.
Con mucha menos fuerza de la que me hubiese gustado porque lamentablemente en la posición en que me encontraba no había podido aplicarle el debido impulso a la rodilla agresiva. Pero el ataque había por lo menos logrado hacerlo detener. Pude también separarme un poco de él. El ataque había sido en defensa propia pero seguramente ahora estaría fastidiado y con intenciones de hacerme daño. A nadie le gusta que le vapuleen "las joyas de la familia".
Krum inclinó la cabeza y me sonrió.
Está bien… ¡a nadie excepto a este mamut búlgaro!
—Ah… resultaste ser de los ariscos y retozones… —ronroneó babeándose en mi oreja y volvió a apretarme contra sí.
¡Pero qué enfermo! Mal me iba a ir si le gustaba que lo golpeara… Pero por suerte ahora había podido liberar un brazo al menos. Saqué la varita y la apunté a sus cabellos. ¡Yo le iba a enseñar las consecuencias por tratar de aprovecharse de un Malfoy!
—¡Incendio!
Cuando el fuego comenzaba a brotar de mi varita alcancé a oír un segundo hechizo que empezaba a proferir alguien más, ubicado detrás de mí.
—¡Mobili…!
Era la voz de Potter. ¿Qué estaba tratando de hacer? ¿Quería aprovechar mi momentánea vulnerabilidad para atacarme él también? Traté de girar para enfrentarlo con la peor de mis miradas. Su hechizo impactó en las llamas que yo había convocado transformándolas en una inmensa bola ígnea. Que chamuscó los pelos de Krum y luego se fue elevando hacia el techo y recorrió como un bólido el salón a todo lo largo.
Las guirnaldas y tapices colgantes se prendieron fuego y empezaron a caer como una lluvia incendiaria.
—¡Mierda! —mascullé.
¡Y todo era culpa de Potter!
oOo
