Las muy inmerecidas tribulaciones de Draco Malfoy

Capítulo 8 – Por fin el momento de partir, ¡ya era hora!

Si has visto llorar a un alumno de Durmstrang, ya has visto demasiados.

Kristoff aparentemente se sentía muy triste por tener que irse de Hogwarts. Admito que yo también habría estado triste si tuviera que volver a una escuela semejante a una cueva sepultada bajo una gruesa capa de nieve. ¡Pero no al punto de ponerme a llorar frente a toda una audiencia! Kristoff, no obstante, tenía menos tacto. Estaba llorando dejando oír sonidos que bien pudieran haberse descrito como alaridos. Y tenía las facciones contraídas y la tez había adquirido un superlativo rojo solferino. Se parecía a una raíz de mandrágora.

Detesto las raíces de mandrágora.

Él y los demás barbáricos visitantes estaban en el escenario, formando de lado una fila detrás del director Karkaroff… como rojos soldaditos de juguete. Del tipo de los que yo tenía cuando era chico. De pronto se me ocurrió que sería divertido hacerlos caer a todos empujando apenas al que estaba en uno de los extremos… lamentablemente, Kristoff no estaba en posición de firmes como los demás… sin lugar a dudas habría arruinado el efecto dominó. Por momentos plañía chillón y al instante siguiente se sorbía los mocos ruidosamente o se los limpiaba con la manga. Fruncí la nariz con asco.

¡Ja! ¡Mucho lo lamentaba por él… pero el barco estaba ya pronto a partir… y cuanto antes, mejor!

Al parecer el llanto incesante de Kristoff fue demasiado incluso para el director cara de piedra de Durmstrang puesto que concluyó de manera un tanto abrupta su discurso sobre la importancia de la diligencia y con un gesto brusco les ordenó a sus pupilos que se retiraran del escenario.

Me removí inquieto en mi asiento cuando fueron reemplazados por la delegación de Beauxbâtons. ¡Todo indicaba que la "amena" reunión iba a prolongarse eternamente! Madame Maxime se dirigió a la audiencia con su voz alarmantemente masculina, pero por suerte para mí su acento me resultaba totalmente ininteligible por lo que pude hacerlo a un lado de mi mente como si fuera ruido de fondo. Ocupé el tiempo conjeturando a qué tipo de especie híbrida pertenecería, la conclusión más plausible a la que arribé fue que debía de ser fruto de alguna cruza con yeti.

De pronto noté que la atmósfera a mi alrededor había cambiado bruscamente. Giré la cabeza con lentitud estudiando al público. Casi todos los varones, y alguna que otra chica también, estaban babeándose con los ojos vidriosos fijos en el estrado. La sorpresiva erupción de lascivia se debía a que Fleur Delacour se había adelantado envuelta en un ondular de trenzas rubias y vestiduras celestes.

La observé especulativamente. Corría el rumor de que era en parte veela... pero sinceramente yo nunca lo había creído. Porque sus supuestas hormonas veela a mí nunca me habían afectado, para mí era una más del montón. Quizá la razón estriba en mi suprema fuerza de voluntad, que me ubica muy por encima de los demás y me permite resistir cualquier prosaica atracción fisiológica.

Crabbe, sentado a mi derecha, —esa noche había perdido en el sorteo que hacían a diario los Slytherin para determinar a quién le tocaba— empezó a boquear y a emitir sordos gemidos... ¡deplorable y repugnante! Volví a concentrar la vista en la chica que hablaba sobre el escenario y efectué una rápida evaluación crítica. Ciertamente no era repulsiva y contaba con la gran ventaja de sus cabellos rubios, pero había un no sé que de artificial en su pretendida imagen de fascinación; en mi opinión estaba demasiado... "producida" como para poder ser considerada realmente seductora.

Se produjo en ese momento un ruido en la mesa de Gryffindor, giré la cabeza para ver de qué se trataba. El Weasel se había caído de la silla y estaba tendido en el suelo con las piernas abiertas y la toga más sucia que nunca... un espectáculo muy triste de ver, tales menesterosos no deberían ser admitidos nunca en Hogwarts, dañaban la imagen de la escuela.

Por suerte para el Weasley, Potter se apresuró a ayudarlo a incorporarse. No se me pasó por alto la expresión furiosa que lucía Granger... ¡todo indicaba que había alguien muy celosa! Alcé apenas una comisura.

Potter se las arregló para devolver al Weasel a su asiento. Nuestros ojos se cruzaron por un instante. Me sonrió. Yo fruncí el ceño y endurecí la mirada.

Para crédito de mi Némesis, debo reconocer no obstante, que era uno de los pocos varones que no se estaba babeando lujurioso por Delacour. Lucía, eso sí, algo de rubor en las mejillas, pero eso podía deberse al esfuerzo de haber tenido que izar al Weasel de retorno a su silla. Aparté la mirada rápidamente, no fuera que pensara que su persona me inspiraba algún tipo de interés particular. Recorrí con la vista al resto de la audiencia. Los únicos varones que no estaban babeándose eran Finnigan, un Hufflepuff (de apellido Finch-Fletchley, según creo) y Nott y Zabini en mi mesa. Aparentemente los efluvios cautivadores de la muñequita francesa no los afectaban. No se me ocurrió nada que pudieran tener en común, eran tan diferentes...

¡Finnigan ni siquiera estaba despierto! ¡Dormía sentado y con la boca abierta! Debo reconocer que me dio un poco de envidia, a mí me resulta imposible dormir si no es en una cama como se debe. ¡Estúpidos Gryffindors incivilizados y su habilidad de poder dormir dondequiera! ¡A Potter incluso lo he visto descabezando un sueñito en clase de Pociones durante alguna de las magistrales exposiciones del ínclito profesor Snape!

Humm… quizá ése fuera el momento ideal para practicar un poco Levitación… si tan solo tuviera alguna criatura babosa a mano… podría mandársela a Finnigan por la garganta… pero no parecía haber moluscos disponibles. ¿Y un batracio? ¿Habría traído Longbottom su repulsivo sapo al Gran Salón?

Sonido de campanillas interrumpieron mis elucubraciones. Todos a mi alrededor se iban poniendo de pie, suspiré aliviado, el prolongado y aburrido acto de despedida había llegado a su fin. Pero todavía quedaba la etapa de degustar en armónica convivencia el té y las exquisiteces dulces que se servirían.

Me paré y me desperecé lánguidamente. De pronto percibí que una sombra se interponía ante mis ojos cerrados a medias. Alguien se me había acercado.

Naturalmente que con mi suerte, ¡no podía ser otro que… Kristoff!

Tenía los ojos muy enrojecidos y dos surcos húmedos le recorrían las mejillas hacia abajo. ¿Por qué será que hay gente que llora en público? Resulta tan poco digno.

El búlgaro farfulló algo ininteligible.

—Sí, sí, ya lo sé… lamentás muchísimo tener que irte de Hogwarts. —dije acompañando las palabras con un gesto distraído de la mano y retrocedí un paso con la intención de alejarme lo más presto posible. Pero me choqué con una silla que se bloqueó la retirada. ¡Mierda!

—¡Pero es que yo te voy a extrañar!

—¿Eh?... Ah… bueno, yo también te voy a extrañar, quiero decir, no yo personalmente. Pero no me cabe duda de que seguramente habrá alguien que te va a extrañar. Aunque sinceramente no llego a imaginar de quién podría tratarse.

Como toda respuesta se limitó a sacar un inmenso pañuelo de uno de sus bolsillos. La situación no pintaba nada bien. Iba a tener que buscar alguna forma para que dejara de llorar… mi cordura estaba en juego. Intenté con otra cosa, pero lo cierto era que me costaba un gran esfuerzo mantener el tono amable. —Bueno, de todas maneras espero que recuperarás el ánimo cuando estés de regreso en tu tierra, seguramente habrá cosas muy amenas para hacer allí… ¿quizá juegan arrancando árboles y se los arrojan unos a otros? Ya vas a ver que la tristeza de hoy se te va a pasar enseguida…

—El juego con los árboles ciertamente es muy divertido…

—¡Estupendo! Y ahora ya podés irte… —le indiqué espantándolo con repetidos movimientos de la mano.

—¿Me vas a escribir? —preguntó aspirándose los mocos.

—No.

—¡Yo sí te voy a escribir!

—Bien. Me alegra que hayas dominado finalmente la habilidad y que ya no seas analfabeto. Diría que ya venía siendo hora puesto que se supone que estás a punto de graduarte.

Se sopló las narices ruidosamente. ¡Oh por Merlín…! ¿Es que acaso tenía cinco años y no diecisiete? Esto amenazaba con prolongarse indefinidamente, tenía que sacármelo de encima…

—Eh, Kristoff… tu director los está llamando. Parece que se trata de algo muy importante. Será mejor que vayas a ver qué es lo que quiere.

Aparentemente se tragó el infundio puesto que luego de sollozar unas palabras más, dio media vuelta y se alejó confundiéndose entre la multitud. En realidad su director estaba en ese momento discutiendo algo con el profesor Snape, y no en buenos términos precisamente. Seguramente no le iba a caer bien la interrupción. ¡Ah, qué bendición es la gente estúpida… hacen que la vida sea tanto más fácil!

Me invadió un ramalazo de nostalgia al recordar la pérdida de mi propia gente estúpida: Crabbe y Goyle.

Los avisté unos momentos después en una de las mesas de postres. Atosigándose como cerdos en el comedero. De alguna forma Crabbe se las había ingeniado para que el mantel se le enganchara en el cinturón de la toga. Sopesé la posibilidad de quedarme cerca para disfrutar del divertido espectáculo que se produciría de un momento a otro, pero decliné el pensamiento. Si me quedaba por ahí Finnigan o Krum podía llegar a notar mi presencia y sin dudas se acercarían para fastidiarme, era algo que prefería evitar. Recorrí con a la mirada a los presentes. Bueno… con Krum no iba a tener problemas, tenía a Granger colgada del brazo parloteando incesantemente, ella se encargaría de mantenerlo ocupado. ¡Menos mal que al menos en esta ocasión servía para algo!

Decidí que lo más razonable era hacer un rápido mutis. Pero antes de que pudiera llegar hasta la salida…

—¿Una porción de torta…? —preguntó una voz que conocía muy bien y que no podía ser menos bienvenida.

—¡Potter! —lo increpé girando repentinamente y lo miré con muy mala cara. Me sonrió. Sostenía sendos platitos en las manos, uno con petits fours, el otro con dos trozos de torta.

Había algo con su toga que estaba mal, la tenía medio caída en un hombro, como si hubiese estado luchando contra alguien… y fue entonces que me acordé del Weasel… y en cierta forma había sido casi como una lucha lograr levantarlo.

—Sí, yo soy Potter y vos sos Draco. —dijo con tono provocador. ¿Acaso se estaba burlando de mí?

—¿Y por qué no estás con el Weasel? ¿No deberías estar protegiendo a los presentes de sus desmanes? Se supone que seas el Salvador del mundo mágico.

—Ron prometió que se iba a comportar una vez que Fleur dejó de hablar. Y hace un minuto fue a buscar a Hermione para disculparse.

Solté un bufido ante la ingenuidad de Potter y estaba a punto de replicar, pero en ese momento estalló una gritería proveniente de un grupo de alumnos que teníamos cerca. ¡Oh, por Salazar! De camino a disculparse con Granger, el Weasel se había cruzado con Delacour y se le había abalanzado.

Los "tortolitos" estaban en el suelo confundidos en un remolino de toga negra y vestiduras celestes. Los alumnos habían formado un círculo alrededor de ellos. Intervino el profesor Snape y levantó al Weasel cogiéndolo por la oreja… bien empleado se lo tenía… y la oreja le iba quedar más roja que lo habitual. De alguna forma se las había apañado para hacerse con el sombrero de Delacour y lo estrujaba en sus manos como si se tratara de un trofeo precioso, aunque algo deforme. Mientras Snape lo amonestaba con acritud, se oyó un estruendo, la mesa cubiertas de vituallas se volcó. Había pasado lo que yo ya había previsto, Crabbe se había separado bruscamente de la mesa y había arrastrado consigo el mantel que tenía enganchado, y junto con el mantel todo lo servido. Aparentemente el impulso había sido lo suficientemente violento como para desestabilizar la mesa también. Crabbe había caído a su vez y estaba medio sepultado en un mar de sándwiches, tortas y vajilla. No pude contener una risita cuando McGonagall se adelantó para auxiliarlo.

Decidí que lo mejor era alejarme cuanto antes del escándalo y salí presuroso al exterior. La hierba era abundante y lozana, la sentía blanda como una alfombra bajo mis pies. Me gusta mucho esta época del año y la hora del ocaso es también mi preferida. Inspiré el aire fresco y me sentí inundado de una sensación pacífica muy agradable.

Fue en ese momento que recordé la nota y la saqué del bolsillo.

Draco tesoro:

Mucho lamento comunicarte que no me es posible por el momento abandonar Francia, no podré estar esperándote en Kings Cross cuando arribe el Expreso de Hogwarts. No dudo de que a estas alturas ya deben de haberte enseñado a aparicionar, para eso vas a la escuela ¿o no?, para que te enseñen cosas útiles.

Vení cuando quieras. Estoy en una población próxima al océano en la costa cantábrica francesa, un lugar pequeño pero encantador llamado San Juan de… algo… ahora no recuerdo bien… pero estoy segura de que no tendrás problemas para ubicarlo. ¡Sos un chico tan sagaz! Poco importa lo que tu padre opine al respecto…

¡Besos!

Mami

Estrujé el grueso papel en el puño con toda la intención de desintegrarlo. Pero me arrepentí unos segundos después. Lo extendí y lo alisé lo mejor posible con remordimiento. No era culpa de mi madre. Y era una traición a mi familia sentir el rencor y la soledad que experimentaba. Yo no era un nene al que sus padres hubieran abandonado en un parque. Yo no era un nene aterrado… ya era mucho mayor… no tenía por qué entrar en pánico… poco me faltaba para cumplir quince… ya era un hombre…

Mis pasos fueron enlenteciéndose a medida que trataba de ir rearmando los pedazos. Hubiese sido bueno que tuviera siquiera una mínima idea de dónde se encontraba mi madre exactamente en Francia. ¿Qué iba a hacer cuando el tren me dejara en el andén de la estación?

Sacudí apenas la cabeza. ¡No importaba! ¡Yo soy un Malfoy! ¡Con eso basta!

Oí un sonido como de algo que se quebraba. Volví de inmediato la cabeza. ¡Potter! Escondido detrás de un árbol. El sol se reflejaba en los cristales de los anteojos, encandilándome.

—¡¿Pero qué es esto?! ¿Estás acosándome? —le escupí irritado al tiempo que ocultaba rápidamente la carta en un bolsillo.

—No exactamente…

—¿No exactamente? ¿Por qué me estás siguiendo? ¿Ya te cansaste de tener que contener a tu estúpido amigo para que no haga más el ridículo?

—¿Cuáles son tus planes para las vacaciones de verano? —me preguntó con una sonrisa tímida. ¡¿Cómo me planteaba una nimiedad como ésa?! Yo había hecho referencia a asuntos mucho más serios.

—¡No es asunto de tu incumbencia! Y es de muy mala educación hacer preguntas tan personales…

Su sonrisa vaciló. —Mis disculpas… no fue mi intención hacerte sentir mal… pero como tu padre… no está… supuse que podría ser difícil para vos…

—No hables como si supieras todo sobre mí, Potter. Corré de vuelta con tus amigos y dejame en paz. —le espeté con desdén.

—Hay muchos que te admiran que quisieran despedirse de vos… no podés irte de la fiesta así como así…

—Si tuviera que despedirme de todos mis admiradores estaría una semana diciendo adioses…

—Pero yo me refería a admiradores muy especiales como Seamus… o Krum.

Creo que mis facciones deben de haberse contraído horrorizadas. Él sonrió apenas y se animó a acercárseme. Quedó iluminado por el refulgente anaranjado del sol poniente. Lucía como una deidad… ¿¡qué?! ¿De dónde se había escapado ese irracional pensamiento? Ciertamente debía de estar muy cansado por esa tarde tan aburrida y quizá mi mente no funcionaba del todo coherente. Le fruncí el ceño pero él siguió avanzando.

—No es mi intención tener que permanecer más de un segundo de los necesarios en la proximidad de la caterva de idiotas que pululan en esta escuela.

—Ha sido un año muy extraño… y duro… pero las cosas van a cambiar. Confío en que el próximo va a ser mejor.

—¿Acaso vas a estar muerto antes de que llegue el otoño? —le enrostré con malignidad.

—Quizá… si vos tuvieras mucha suerte. —respondió con una corta carcajada. Después sus rasgos adquirieron una expresión seria.

¿Por qué sería que mis amenazas ya no lo afectaban de ningún modo? Sus ojos parecieron nublarse durante un instante y tuve la impresión de que iba a decirme algo realmente importante… pero se produjo una interrupción.

—Ah, Harry… y el joven Malfoy según veo… ¿cómo es que no están en la fiesta?

Era el guardabosques. Me volví a mirarlo con el ceño más fruncido, si cabe. Sé que mi expresión cambió al segundo inmediato. ¡Había algo pulsando bajo el abrigo! ¡Como si estuviera dando a luz enfrente de nosotros! ¡No, eso no podía ser cierto!

—Hagrid… ¡qué gusto de verte! Este… quiero decir… ¿está todo bien?

A Potter tampoco se le había pasado por alto que esas protuberancias móviles bajo el abrigo no podían ser nada normal. ¡Y para completar el cuadro un tentáculo rosado había aflorado por la parte baja del atroz atuendo externo del medio gigante! ¿¡Qué mierda era eso?!

—Eeh… nada especial…. —farfulló el mastodonte, giró y empezó a trotar con diligencia alejándose lo más rápido posible. Lo cual no dejaba de ser sorprendente porque con tal masa corporal… igual se movía con agilidad pasmosa. Un tentáculo rosado le brotó por encima de un hombro y nos saludó como diciéndonos adiós. Potter contuvo una exclamación y partió corriendo tras él.

Suspiré al verlos alejarse. Bajé la mirada a mi toga y traté de alisarla un poco. ¡No me importaba nada lo que tuviera que ver con ellos! Tenía que terminar de empacar… y quizá investigar un poco, tenía la inquietante impresión de que alguien había estado metiendo mano en uno de mis baúles. Había algunas cosas que no habían estado como deberían…

El cuarto período terminaba finalmente… pero había algo que seguía haciéndome sentir confundido y aprensivo…

Seguramente no me sería difícil ubicar a mi mamá… ¡claro que no! Pensé con determinación. ¡Francia no podía ser tan grande después de todo!

oOo