XII

Mi celular comenzó a vibrar sobre la mesa y TK desvió su mirada a la pantalla: Alex. Respondí la llamada, sonriéndole al rubio. Hacía rato que habíamos terminado de comer y ahora él disfrutaba de una maleada y yo de un delicioso café negro.

—¿Hola?

—Kari, ¿dónde estás? Voy llegando a la Quinta avenida.

Afuera del Starbucks… estoy…

Ah, ya te vi —y así sin más cortó la llamada. TK estuvo a punto de preguntarme algo cuando Alex llegó y me dio un beso antes de sentarse a mi lado. Por alguna razón me sentí terriblemente apenada y agradecí que fuera de noche y no pudiera ver mis mejillas coloradas.

TK, te presento a Alex. Alex, él es TK…

El hermano de Matt —afirmó él y el ojiazul asintió.

¿Conoces a Matt?

Sí, claro. Desde hace tiempo que somos buenos amigos. Te pareces mucho a él, por cierto.

Gracias… ¿ustedes cómo se conocieron? —Alex y yo volteamos a vernos pero antes de responder él tomó la palabra.

En la fiesta que hiciste en tu casa de graduación —TK frunció el ceño volteando a verme sorprendido.

Creí que no habías ido —me mordí el labio e intenté actuar normal.

Sí, bueno… entrada la noche Yolei me llamó para que fuera por ella y ahí…

Y desde entonces ésta chiquilla me gustó —añadió Alex dándome un beso en la sien. De haber conocido mejor a TK hubiera asegurado que se sentía incómodo. De pronto hizo a un lado su vaso de malteada y sonrió disimuladamente volteando alrededor sin verme a los ojos.

Qué pequeño es el mundo —exclamó—. ¿Y qué haces aquí? Si puedo saber, claro.

Estoy estudiando en USC sólo que fui a hacer una estancia experimental a Odaiba por eso nos conocimos allá.

Vaya pues, tienes suerte —me dijo TK y pude notar un poco de cinismo en su tono.

¿Y tú? ¿Estudias aquí? —el rubio negó con la cabeza y sacó un paquete de cigarros de su pantalón. Creo que aquella era la primera vez que lo veía fumar frente a mí.

Entré a UCL para estudiar biología molecular pero no fue lo mío. Aunque el clima es precioso, lo cierto es que ver la lluvia todos los días y el cielo gris es deprimente así que opté por venirme a Los Ángeles. Matt me insistía desde antes que aquí me hallaría bien y tenía razón, California parece el paraíso ideal para nosotros, ¿no?

En eso tienes toda la razón. ¿Puedo…? —con un ademán, Alex le pidió un cigarrillo a TK quien se lo acercó. Empezaba a sentirse más el frío así como la incomodidad entre el rubio y yo. Algo me decía que no le había caído en gracia saber que Alex y yo éramos… ¿pareja? Si es que ese era el término adecuado para definir nuestra relación—. ¿Y piensas quedarte mucho tiempo? —TK se encogió de hombros y apagó su cigarro.

Un par de meses, quizás. Aún no sé qué voy a hacer con mi vida.

Ya somos dos —murmuré en voz baja sin darme cuenta que era la primera vez que hablaba durante ese rato.

Creí que te gustaba estudiar Literatura —dijo Alex algo sorprendido.

Y me gusta, sí. Pero no estoy segura de si quiero quedarme a vivir aquí y conseguir un empleo, una casa… ya sabes.

El mundo da muchas vueltas y muchas cosas pueden suceder de aquí a mañana —dijo TK y enseguida me guiñó un ojo haciéndome estremecer y corresponderle con una sonrisa.


Aquél había sido el primer y último día en que vi a TK en un mes. Platicábamos casi diariamente y en un par de ocasiones quedamos de vernos, una cancelando él por motivos de trabajo y en otra yo porque la conferencia a la que había asistido se alargó una hora más. Nunca mencionó el tema de Alex ni me reclamó el que no le hubiera dicho que sí fui a su fiesta de graduación pero no hacía falta que me dijera para saber que le había molestado. La pregunta era: ¿por qué?

Mientras tanto yo seguía disfrutando de la vida, aunque el hecho de saber que el rubio y yo vivíamos en la misma ciudad me hacía sentir algo insegura, cosa a la que diario iba restándole importancia.

Entré a la cocina, que olía deliciosamente a pizza y encontré a Alex comiéndose una rebanada. Pasaban de las 5:00pm y yo había dormido una larga siesta desde mediodía.

Hola, dormilona —saludó y yo me tallé un ojo. Me acerqué a abrazarlo y esconder mi cabeza en su pecho pues aún me sentía perezosa—. ¿Tienes hambre? —asentí y al levantar el rostro me puse de puntitas y lo besé, primero lento y después más intenso—. No hablaba de esa hambre —dijo entre risas.

Shhh. —seguí besándolo hasta que me cargó por las piernas y me llevó a la cama de vuelta.

Jalé su playera para quitársela y él hizo lo mismo con mi ropa interior. Solté un gemido cuando me penetró y mordí sus labios. Aquello fue rápido pero intenso y para cuando terminamos ya mi estómago gruñía de hambre.

Después de cenar Alex se quedó profundamente dormido y yo me metí a la bañera un rato. Iban a dar las 10:00pm cuando recibí un mensaje de texto de TK:

TK: Nos vemos hoy? Te veo a las 11:00pm afuera de Grand Station.

Kari: Ahí te veo.

Me apuré en alistarme y le dejé una nota a Alex diciendo que volvería más tarde aunque omití el detalle de decirle con quién iría. Aunque TK y yo sólo éramos amigos… él había notado la atracción que sentía por el rubio el día que se conocieron aunque nunca discutimos el tema.

Y para mí era mejor así.


Dos años después…

El mundo entero estaba en alerta roja debido a la escases de mujeres. Parecía gracioso pero quedaba menos del 25% de la población mundial femenina. Desafortunadamente la gripe se llevó grandes amigas como Cassidy y Yolei, de quien no tuve oportunidad de despedirme.

Pero no era la enfermedad lo que más me preocupaba sino lo que se había declarado tras ésta: que todas las mujeres fértiles donaran sus óvulos para procrear. Hasta ahora yo me había salvado de ser forzada a hacerlo. No tenía interés en tener hijos y menos en esas condiciones. Sólo Dios sabía en qué iría a parar el asunto.

Por otro lado, ya no podía salir sola a la calle. Alex me acompañaba a todos lados y entre mayor tiempo pudiera pasar en casa era mejor. Los hombres se habían vuelto agresivos y ante el temor de que la especie femenina pereciera los secuestros y violaciones acrecentaban. Ya nadie estaba seguro en el mundo.

Y de pronto el recuerdo de TK surgió entre la ventisca fría que entraba por la ventana y mis manos calentándose con la taza de té. Hacía mucho tiempo que no sabía de él. ¿Estaría bien? ¿Habría sido afectado? ¿Dónde estaría ahora?

¿En qué piensas, cariño? —la voz de Alex me sorprendió y sonreí intentando despejar mi mente. Él se sentó a mi lado en el sillón.

En nada y en todo —me encogí de hombros y él me abrazó.

Cuéntame.

Pues… la situación actual. ¿Crees que las cosas vayan a mejorar? —tomó una de mis manos entre las suyas y comenzó a juguetear con mis dedos.

Posiblemente. Siempre hay que tener esperanza —me quedé callada bebiendo el té. Después de todo no había mucho qué decir—. Pase lo que pase, mi Kari. Voy a protegerte —dejé la taza en la mesa del centro y voltee a verlo.

Es cierto. Nunca te he preguntado por qué no te fuiste antes. ¿Por qué te quedaste conmigo cuando todo empezó a ponerse mal? —Alex acarició una de mis mejillas, acto que me hizo cerrar los ojos para disfrutar del roce de su piel.

Porque te quiero —aquello se escuchaba como una tranquila melodía junto a la orilla del mar por el atardecer—. ¿Y tú, Kari? ¿Me quieres?


De vuelta y con todo! No crean que los había abandonado. NO! Pasa que el cargador de mi laptop se descompuso y duré meses, literal, infernales meses sin laptop hasta que mi mamá logró conseguirlo y enviármelo! :D :D y ahora soy feliz pues además de haber terminado ya ésta historia (apuntes a mano) traigo otra que pronto estaré subiendo. ¿Y mi laptop? Como nueva!