Las muy inmerecidas tribulaciones de Draco Malfoy
Capítulo 10 – El engañoso plan de Potter para quinto año
El Expreso de Hogwarts ya corría por los rieles hacia el norte. Portando un nuevo grupo aterrorizado de primer año, prefectos muy atareados y el resto de los alumnos, muy entusiasmados por el reencuentro con sus amigos. Ah… y el tren también me portaba a mí, muy en contra de mis deseos debería agregar. La emoción que dominaba mi espíritu era la ira.
¡Y tenía muy buenas razones para estar enojado!
¡Mi compartimiento predilecto estaba ocupado! ¡Por personas que no eran yo mismo!
Los intrusos eran Crabbe, Goyle, Pansy y Zabini. La lógica dictaba que me fuera a otro vagón a encontrar un compartimiento vacío. Serían cuatro contra uno después de todo… y de los cuatro, al menos dos tenían una muy buena razón para detestarme. Por fortuna, esos dos eran de muy pocas luces, probablemente no se habían dado cuenta de que tenían una excusa lógica para descuartizarme miembro a miembro.
—Ah, vos también te fuiste en viaje de vacaciones con tus padres… los míos optaron por quedarse en casa, dieron varias fiestas pero igual fue taaan aburrido. —se lamentó Pansy, su voz me llegó a través de la puerta que no estaba del todo cerrada, yo estaba de pie afuera semioculto entre las sombras del corredor.
—Igual es un fastidio tenerlos todo el tiempo cerca, uno no puede divertirse como le gustaría. Y tenía que ir con ellos a todas las excursiones, no pude hacer ni un mísero levante en todo el verano. —se quejó Blaise.
Fruncí el ceño al oír tan inanes lloriqueos. Y me froté suavemente el antebrazo… en el que había sufrido el mordisco de una cabra, no estaba todavía curado y me dolía. ¡Y cuando uno está dolorido… causarles dolor a otros es la vía correcta de acción!
Me preguntaba si la resolución Slytherin para quinto año seguiría siendo Ignorar a Draco Malfoy.
¡Qué mejor momento que ése mismo para averiguarlo!
—¡Oh… pobres nenitos… pobrecitos! —murmuré al tiempo que abría más la puerta y me apoyaba en el marco. Todos los ocupantes giraron la cabeza para mirarme. Pansy arrugó su nariz porcina como si de repente la hubiese atacado un mal olor. Di un paso entrando, me saqué el abrigo y me dejé caer en uno de los asientos. Yo había tenido que aguantar el ataque acometedor de las cabras y había terminado rodando inconsciente por la cuesta de una montaña, después de eso, mal podía intimidarme un grupito de adolescentes malcriados que habían pasado todo el verano consentidos por sus padres. Ellos no se daban cuenta de lo afortunados que eran al tener padres que quisieran pasar tiempo junto a ellos. Muchos no tenían la misma suerte, muchas familias se habían desmembrado por causa de la guerra.
Y allí estaban sentados sin comprenderlo… ¡y con ésa actitud de superioridad que no se justificaba! ¡Y no me digan que lo mismo valdría para mí! En mi caso la superioridad es natural, innegable y siempre justificada. Los individuos que tenía frente a mí eran débiles… tontos mimados… Ya era hora de recuperar la posición que me correspondía por derecho. Dibujé una mínima sonrisa, comencé a desabrocharme la camisa de seda negra y saqué la varita.
Cuatro varitas se alzaron instantáneamente apuntándome.
—Oh… no me presten atención… —ronroneé con displicencia en la atmósfera que se había puesto muy tensa. —Estos últimos días estuve muy atareado y no había podido tomar un baño como corresponde, pero ahora dispongo de tanto tiempo… ¿A ustedes no les importa verdad? —agregué y con un elegante movimiento de varita conjuré una gran palangana flotante con agua jabonosa y perfumada y una esponja espumosa.
Ninguno pronunció palabra, yo proseguí con mi monólogo.
—Espero que no les moleste que me enjabone delante de ustedes. No, claro que no… porque yo no existo, ¿verdad?
Me saqué la camisa y la deposité esmeradamente plegada a un lado. La varita de Blaise empezó a temblar en su mano y Goyle, estupefacto, abrió inmensa la boca. Un trozo de chocolate que había estado masticando se le cayó sobre la pechera.
Con otro movimiento sutil de varita estrujé la esponja. Varias gotas salpicaron a Pansy.
—¡Oh… cuánto lo lamento Parkinson! —arrullé alzando una comisura.
En ese preciso instante Crabbe y Goyle se me abalanzaron simultáneamente al tiempo que Pansy me lanzaba un hechizo. Por suerte la maldición impactó a Goyle que justo se había interpuesto. Cayó al suelo sacudiéndose inconteniblemente… un hechizo urticante, siempre resultaban muy efectivos. Pansy es una yegua pero no le faltan recursos.
—¿¡Qué es lo que pasa acá?! —demandó una perentoria voz aguda desde el pasillo. Maldición, esa voz áspera no podía ser otra que la de Granger. Giré la cabeza y la vi. A su lado estaba esa Ravenclaw de cabellos oscuros, Piyama Patil, las dos me estaban mirando con sendos ceños fruncidos. Las dos portaban en la solapa brillantes insignias de prefectas. ¡Merlín! ¡¿Realmente habían nombrado prefecta a Granger!? En verdad había algo que estaba pero que muy mal en la sociedad mágica actual.
—Óiganme bien, prefectas… —empecé a decir clavando una mirada seria pero condescendiente en Granger. Lucía un poco diferente, había hecho algo con su pelo… no le quedaba mal. ¡Ya era hora!
—Malfoy, ¿qué es lo que estabas haciendo? —me interrumpió ella con manifiesta descortesía. ¿Por qué todos presumen siempre que soy yo el que tiene la culpa? Incluso en las ocasiones en las que he tomado todos los resguardos para que no puedan acusarme de nada.
—Era lo que estaba tratando de explicar, Granger. Me estaban haciendo cosas horribles… ¡inenarrables!... para echarme del compartimiento. ¡Incluso me desgarraron la ropa! Supongo que ya sabrás lo confabuladores y libidinosos que pueden ser algunos Slytherins. Yo soy sólo una pobre víctima inocente. Ustedes son prefectas, ¡hagan algo al respecto! —les ordené con grandilocuencia señalando con un gesto a los otros.
Dos minutos más tarde me encontraba sentado en mi compartimiento predilecto… solo.
Es que yo soy alguien muy especial.
Naturalmente que Granger no me había creído una palabra, como buena Gryffindor suspicaz y recelosa que es. Pero lo cierto era que eran tres los que me habían estado apuntando de modo que juzgó que eran más imputables que un servidor. Quizá haya influido el hecho de que además estaba muy consternada por toda la situación, la visión de un Malfoy semidesnudo suele tener ese efecto sobre la mayoría de la gente.
Una vez liberado mi compartimiento de los invasores, procedí a ponerme una camisa blanca, la del uniforme, y me eché la toga negra reglamentaria sobre los hombros. Luego tomé asiento. Había varias cosas en las que tenía que pensar, las horas de viaje serían ideales para tal fin. Últimamente, ha empezado a preocuparme el hecho de que quizá me he estado apartando de los ideales que me fueron inculcados desde mi niñez. Los sentimientos que me inspiraban la gran mayoría de los Slytherin eran algo muy significativo a ese respecto. Había empezado a considerarlos con el mismo grado de desdén que a los sangresucia y a Potter. ¿Significaba eso que yo ya no era un verdadero Slytherin? ¿Hasta ese extremo me habían empujado las equivocadas conductas de mis "compañeros de Casa"?
Eso era lo que estaba ponderando en silencio y con la frente arrugada cuando la puerta volvió a abrirse.
—¡Draco! ¡Hola…!
Potter estaba parado en la puerta y me sonreía.
—¿Te perdiste acaso? Éste no es el compartimiento de los "santitos". —repliqué con vivaz ingenio.
—No… vine a verte… Hermione me dijo que vos… er…
—Ah… ¿te contó que había sido atacado? Un ataque pérfido y sin que mediara provocación alguna, pero como podrás ver… me encuentro bien. —apunté con deliberada malicia.
—Err… no fue precisamente eso lo que ella me dijo… —dijo poniéndose colorado y sus ojos bajaron por un instante a mis ropas. ¿Pero en qué estaba pensando? Sí, por cierto, yo había terminado aceptando considerarlo "conocido", sólo para no quedar como pueril o temeroso… ¿pero acaso Potter se lo había tomado tan en serio? ¡Absurdo! Esto debía tratarse de otro plan de Potter para obtener alguna ventaja… o para meterme en problemas.
Así y todo, decidí seguirle el juego. Quizá sería yo el que obtuviera alguna ventaja. Lo miré especulativamente.
—No quisiera demorarte más de lo necesario en el sector de los indeseables. —dije con tono muy estudiado, que sonó como de broma con apenas una nota de hostilidad. Para completar el efecto levanté los pies y los apoyé sobre el asiento de enfrente.
—¿Eh? ¿Cómo…? Pero yo vine para conversar sobre las vacaciones…
—¿Y qué te ha hecho pensar que yo querría hablar con un Gryffintorpe como vos? —repliqué extendiendo una mano para admirar mis uñas cuidadosamente manicuradas, aunque de reojo le estudiaba la expresión al mismo tiempo.
—Oh… err… yo pensaba que quizá…
Fruncí el ceño ante su torpeza y revoleé los ojos. Le hice un gesto con la mano para que cerrara la puerta. Potter así lo hizo pero permaneció parado cambiando el peso de un pie al otro. ¡Tan despistado como siempre! ¡Iba a ser tan fácil sacar provecho de la situación!
—¡Sentate! —le ordené.
Se dejó caer a mi lado y yo bajé las piernas extendidas para darle un poco más de lugar.
—Yo pensaba que íbamos a ser amigos a partir de ahora. —declaró arrugando la frente.
Para mi gusto sonó demasiado brusco. Lo miré muy serio a través de unas mechas de flequillo que me caían sobre los ojos.
—A ver si nos entendemos, yo había dicho que podíamos ser conocidos, no amigos. Y además vos sos un conocido que pertenece a Gryffindor, por lo tanto no puedo permitir que cualquiera nos pueda ver hablando cordialmente.
—Pero… quiero decir… si los otros Slytherin se han puesto de acuerdo para ignorarte, ¿a quién podría importarle? Y hay incluso Slytherins que están saliendo con Gryffindors… al parecer nadie se escandaliza por eso… —agregó con voz sorprendida.
—Sólo porque haya algunos que son muy calentones y estén dispuestos a rebajarse, no significa que yo esté dispuesto a hacer lo mismo.
—¿Rebajarse?
—Sí, rebajarse. Además, mucho dudo que alguien de Slytherin te haya hecho avances sugestivos a vos, ¿estoy o no en lo cierto?
—Bueno, sí… nadie de Slytherin me dirige la palabra…
—Exactamente. Vos sos diferente de cualquier otro Gryffindor. Y en mi Casa se sigue considerando como un crimen cualquier tipo de relación con vos. Pensá un poco en el asunto… vos fuiste el responsable de que muchos de sus familiares fueran enviados a prisión.
—¡Quizá esos familiares no deberían haber apoyado a un lunático psicótico como Voldemort! —gruñó. Había sonado muy parecido al Potter que yo había conocido en otras épocas. Lo miré y suspiré.
—Mirá, Potter… estoy dispuesto a darle a este estatus de no enemigos una oportunidad, pero no me presiones en exceso. No es que a partir de ahora vamos a salir a pasear, tomaditos de la mano, brincando con donaire y cantando rondas infantiles. —le aclaré estremeciéndome para mis adentros de sólo hacerme una imagen.
Él sonrió. —Por supuesto que no pensaba en nada como eso.
—No mientas. Sé que vos fantaseás con jugar todo tipo de juegos conmigo… como una forma de compensación por tu infancia careciente. —le señalé entrecerrando los ojos.
—Bueno… quizá uno o dos juegos cruzaron mi mente… —dijo sonriendo y se removió incómodo en el asiento. Fue en ese instante que noté que había cambiado durante el verano. Su rostro lucía más maduro, las redondeces infantiles se habían afilado. E indudablemente había hecho algo con su pelo… un "look" con púas, muy discretas y el flequillo más cuidado…
—Has estado usando el gel. Me parece muy bien.
—¿Te gusta? —preguntó sonrojándose y se pasó de inmediato la mano por la cabeza arruinando gran parte del efecto de segundos antes.
Era un caso desesperado, algunas cosas sencillamente no se pueden cambiar.
Pero había más cambios.
—Estás más alto. —dije frunciendo el ceño y erguí un poco mi posición. Permaneció quieto sonriéndome bobalicón.
—Crecí algunos centímetros. —admitió.
Había crecido algunos centímetros… ¿Y cuántos eran esos algunos? ¿Quince? Yo había puesto todo mi esfuerzo y sólo había aumentado cuatro centímetros y medio. Mi voz se había agravado también, si bien por suerte no se había cargado de asperezas y disonancias. Por lo menos en eso me había ido mejor que a Potter. Me puse de pie y le indiqué con una seña imperativa que hiciera lo mismo.
¡Oh, Merlín! ¡Me llevaba una cabeza! Miré con disgusto el hombro que tenía delante de los ojos, suspiré y me dejé caer de regreso al asiento. Hice una mueca y crucé los brazos sobre el pecho. Se me ocurrió que podría comprarme botas con taco, se habían puesto de moda… y podría ganar tres o cuatro centímetros… pero deseché la idea, eso era algo que mi padre usaría.
—No hagas pucheros, Draco. Vos no sos bajo ni nada de eso. Hay muchos en nuestro año que son más petisos que vos. —dijo Potter volviendo a tomar asiento a mi lado.
—Soy más bajo que vos y eso es inaceptable. Mi padre es alto y yo soy un maldito mini-Lucius… aunque no imbécil ni retorcido como él… ¿pero por qué no heredé la altura? —me quejé mordiéndome el labio. Miré de reojo a Potter, tenía la mirada desenfocada… como fija en mi labio inferior… probablemente estaba pensando en lo que acababa de decir sobre mi padre. Dejé de morderme el labio y lo humedecí con un rápido movimiento de la lengua. No quería seguir mostrándole signos de debilidad.
Suspiró un tanto espasmódico y sacudió un poco la cabeza antes de replicar. —Ah sí… humm… tu padre… err… ¿sabés?... creo que oí algo de que habías reenviado una carta muy interesante al Ministerio… y si bien me convendría mantenerme prudente… me siento tentado a pensar que… que ya no estás del lado de los malos.
—¡Ja! No te forjes demasiadas esperanzas, a mí los buenitos me siguen cayendo tan mal como antes… —le aclaré. —Pero mi padre… —empecé a decir, pero cerré la boca antes de completar la idea. Había accedido a tratarlo como a un conocido… pero, ¿hasta qué punto era sensato que me confiara…?
Potter me miraba expectante, su rostro estaba muy próximo al mío. —¿Tu padre…? —repitió con tono muy suave instándome a continuar.
—Siempre ha sido un idiota. En tanto siga encerrado, mi calidad de vida mejorará drásticamente. —dije y de inmediato le puse mala cara. —¿Y cómo es que vos estás acá alardeando de tu estatura y no con los perdedores de tus amigos?
—Bueno… a Hermione la vi y estuvimos hablando un rato… pero creo que ella estaba más interesada en ubicar a Ron para estar con él. Yo no quería entrometerme. Desde el baile de navidad cuando ella lloró en sus brazos, se han mostrado muy tiernos el uno con el otro… cuando no se están peleando, claro.
—¿Tiernos? ¡Buah!… ¿esto es una especie de venganza por todos mis ingeniosos comentarios desde primer año sobre tu cicatriz y otras cosas? Me empiezan a dar arcadas…
—¿Por qué creés que estoy acá y no con ellos? —preguntó Potter sonriendo.
—Porque vos sabés que los Slytherin somos superiores. Y has ansiado cambiar de Casa desde primer año. —dije con sarcasmo arqueando las cejas con malicia.
—Sí… eso debe de ser…
—¡Por supuesto que es así! Yo siempre tengo razón.
—Humm… ¿sabés?, es curioso que lo mencionaras… el Sombrero quería ponerme en Slytherin —dijo ampliando la sonrisa. Y fue entonces que me di cuenta de que podía sentir su cuerpo como una línea cálida en mi brazo y en mi muslo. ¿Cómo era posible que estuviéramos tan próximos? Me removí incómodo en el asiento.
—Dudo mucho que haya sido así.
—No… ¡es cierto! Tuve que rogarle para convencerlo de que no me pusiera en Slytherin.
—¡¿Es que acaso habías perdido el juicio?! ¿Por qué alguien habría de querer que no lo pusieran en la Casa que es superior a todas?
—Bueno… verás… yo había conocido a este chico rubio que había insultado a prácticamente todos los que habían sido amables conmigo…
—¿Insultado? Vos sabés muy bien que sólo me había limitado a expresar claramente y en voz alta la verdad. —le repliqué alzando una comisura.
Potter rió. —En esa oportunidad pensé que eras un presuntuoso maleducado.
—Un presuntuoso ingenioso y agudo, en todo caso… y no se puede hablar de presunción cuando la superioridad de uno es tan clara y manifiesta.
—Sí… debe de ser como vos decís… —apuntó Potter con una sonrisa. Era la segunda vez que me daba la razón… pero con cierto tono… ¿se trataba acaso de sarcasmo? No. no podía ser.
Potter bostezó sonoramente y se desperezó en el asiento.
—¿Qué…? ¿Tu familia muggle tampoco te deja dormir? —pregunté alzando una ceja. Bajó los brazos pero los dejó apoyados en la parte superior del asiento.
—Ya no vivo con ellos. Ahora vivo con mi padrino.
—¿Tenés un padrino? ¿Quién podría quererte como ahijado? Aaah… es Hagrid, ¿no? Y residiste durante el verano en su cabaña… y te pasabas el día abrazando amorosamente a los árboles y ordeñando gallinas… ¿no es así?
Potter rió. —Eso sonó muy gracioso… pero no se trata de Hagrid sino de Sirius Black.
Arrugué la frente sorprendido. ¿Cómo era que podía haber pasado algo así? ¡Y sin que yo me enterara…! ¡Black es primo de mi madre! Me apoyé sobre el respaldo y me puse a reflexionar en silencio sobre la cuestión. Un instante más tarde me di cuenta del peso y de la calidez del brazo de Potter posado sobre mis hombros. Un suave pliegue de la manga de su toga me rozó la sensible piel del cuello, me estremecí apenas… pero seguía desconcertado… ¿Cómo era posible…? Al parecer últimamente nadie me contaba nada.
Sacudí un poco la cabeza y la giré hacia Potter. —En realidad sigo pensando que has estado viviendo con Hagrid… si hasta se podría decir que estás pareciéndote a él… a juzgar por la altura…
Potter rió una vez más y sentí sus dedos frotándome suavemente el hombro. Consideré la posibilidad de hacerle notar que estaba invadiendo mi espacio personal, pero decidí no decir nada. Se trataba de Potter, el inocente… si lo ponía en evidencia se ruborizaría al máximo y empezaría a tartamudear disculpándose… durante más de media hora. Habría sido muy fastidioso.
Me quedé reflexionando el resto del viaje, mirando por la ventana el paisaje deslizándose… no intercambiamos más palabras… pero cuando íbamos llegando me di cuenta de que lo había pasado bien, incluso en silencio… porque no había estado solo.
Tuve que recordame no obstante que todo era parte de mi solapado plan para llegar a desentrañar el solapado plan de Potter… pero era mejor que yo jugara bien mi parte para que él no se diera cuenta que a mí no iba a poder engañarme, que yo estaba siempre un paso más adelante. En un momento la herida en el antebrazo me empezó a doler una vez más, cuando estuviera solo iba a tener que renovar el encantamiento analgésico.
Además, el brazo sobre mis hombros se sentía cálido y sólido. Nunca se me hubiese ocurrido que Potter podía mostrarse tan amistoso con alguien como yo. Ciertamente debía de tratarse de un plan para manipularme y de esa forma sacar algún tipo de ventaja. ¡Pobre Potter! Su plan estaba condenado al fracaso… yo nunca me dejaría engatusar. Le seguiría la corriente y al final… sería ÉL el que terminaría pidiéndome clemencia… como en todas mis fantasías.
oOo
