XVI
TK entró a la oficina de Max en el centro militar de San Francisco y se encontró con su jefe, otros dos compañeros, Maggy y Betty. La niña abrazaba a la mayor y lloraba en silencio pegada a sus piernas mintras la ojiverde intentaba consolarla pero su miedo se evidenciaba a través de sus finas facciones. El rubio pasó directamente con su superior quien despachó rápido a sus compañeros.
— Oficial Takaishi, ¿qué…?
— Quiero a la niña —mandó de manera seria y Maggy abrió los ojos, aferrando a Betty a ella.
— Lo lamento TK pero no puedo hacer eso.
— Max —los profundos ojos azules del rubio se fijaron en los de su jefe quien resignado hizo una seña de negación con la cabeza y suspiró profundamente—. Sabes que rara vez te pido algo.
— Sí, lo sé.
— Sólo entrégame a la niña y yo me encargo de ella —esbozó una media sonrisa y Max comprendió por dónde iba el asunto.
— Sólo no te pases de la raya y que no vean cuando te la lleves —murmuró el oficial al mando en voz baja y TK asintió. Se acercó a Betty y la tomó del brazo arrastrándola con él.
— ¡No! —gritó la chiquilla aterrorizada y Maggy, al no saber cómo reaccionar, simplemente se llevó las manos al rostro y lloró desconsolada.
— Descuide, la voy a cuidar bien —susurró TK y le guiñó un ojo a la rubia mujer. Cargó a Betty quien no dejaba de patearlo y pedirle que la soltara y salió por la puerta trasera de la oficina—. Shhh, no hagas ruido.
— Subió rápidamente los dos pisos del hotel hasta llegar a su habitación. Para su buena fortuna sus compañeros estaban encerrados en sus cuartos y pudo entrar sin ser visto.
Una vez en la habitación soltó a Betty quien corrió al armario a esconderse. Cerró la puerta con llave y fue a un cajón de su buró de donde sacó un paquete de papas fritas y una Coca Cola del frigobar; se acercó al clóset y la pequeña de cabello castaño estaba echa un ovillo y lloraba con mucho sentimiento.
TK dejó la comida a su lado y se alejó de ahí. Encendió la televisión y puso un canal de caricaturas. Pasó un rato para cuando Betty se levantó y se asomó. El rubio estaba recostado en una cama matrimonial.
— ¿No… no vas a… a hacerme… daño? —preguntó la joven aún mostrando temor a través de su voz. Takeru sonrió y negó con la cabeza.
— No. Tranquila. Aquí estarás a salvo.
— ¿Por qué me trajiste aquí?
— Porque si te dejaba allá abajo te entregarían con… —calló un momento meditando en las palabras que iba a decir—. Con alguien que sí te haría daño —la jovencita asintió simplemente como asimilando la información y se mordió el labio—. ¿Cómo te llamas, pequeña?
— Beatriz, pero todos me dicen Betty.
— Mucho gusto, Betty. Yo soy TK —el rubio sonrió y la joven pareció relajarse. Fue y se sentó en la otra cama que se hallaba en la habitación junto a la de él—. Puedes dormir ahí, si te parece bien. Sé que vivir encerrada no es lo ideal pero créeme que aquí estarás a salvo, sólo debes prometerme que cuando yo no esté te quedarás encerrada y no abrirás la puerta a nadie por nada del mundo, ¿entendido?
— Sí, lo prometo —la niña se quedó mirando fijamente al rubio, posiblemente sintiéndose atraída por su atractivo físico y al darse cuenta que llevaba tiempo perdida en él bajó el rostro sonrojándose—. ¿Por qué haces esto TK? ¿Por qué me ayudas? —él se encogió de hombros y le dio un trago a su refresco.
— Me parece terrible lo que está sucediendo. Me pongo a pensar en cómo me gustaría ser tratado si fuera mujer en una situación como la tuya y hago exactamente lo que me gustaría que hicieran conmigo —Betty asintió y sus ojos se aguaron. Pese a su corta edad, comprendía bastante bien el asunto—. La mujer que estaba contigo, ¿es tu mamá?
— No. Pero yo la quiero mucho, ¿crees que puedas ayudarla? —TK sonrió. Haberse quedado con Betty no había sido problema pues él sabía que a Max no le agradaban las menores y siendo él su mano derecha le daría preferencia sobre cualquier otro soldado. Pero con Maggy el asunto sería más complicado.
— Lo intentaré. Te lo prometo.
Pasaron un par de días en que Mandy y yo permanecimos refugiadas en el hospital hasta que la comida se agotó. Decidimos salir al tercer día rumbo a la carretera buscando cualquier cosa que nos sirviera de refugio. No volvimos a escuchar a los soldados y eso nos dio la confianza de poder salir tranquilamente.
En el camino Mandy me iba contando sobre su sueño de ser cantante y cómo había llegado a California en búsqueda de una oportunidad que aprovechara su talento, para iniciar su carrera. Tenía apenas 16 años pero parecía una joven mayor, en cuanto a su manera de pensar. Increíblemente en el camino me vi contándole mi historia con Alex, con TK y cómo había ido a parar a aquél refugio en la iglesia.
Primeramente llegamos a una escuela, que anteriormente había sido un colegio y logramos recolectar comida de una máquina y descansar por un día. Conforme íbamos avanzando, intentando alejarnos de San Francisco, nos detuvimos después en un motel a orillas del freeway. Ahí dormimos un par de días pero como no llevábamos suficiente comida y no logramos hallar más tuvimos que seguir avanzando. Así transcurrió semana y media hasta que hallamos una reserva por la vialidad US-101 S. Ahí nos escondimos poco más de día y medio hasta que los soldados nos alcanzaron. Intentamos huir por el techo, pero ellos contaban con un helicóptero y varios tanques. Al saltar escuché el crujir de mi pierna derecha seguido de un disparo. Tardé unos segundos en recobrar la consciencia y al girarme no vi a Mandy.
— ¡No! —sentí una punzada de dolor en el pecho y tuve que agarrarme de toda la fuerza que me quedaba para poder salir de ahí.
Me arrastré hacia el bosque y finalmente, y con mucho esfuerzo, me puse de pie y pese al dolor en mi rodilla intenté correr lo más aprisa que podía. Conforme fui avanzando, aún escuchaba el helicóptero y a algunos soldados buscándome. Logré hallar una bajada que iba a dar hacia un lago, que posiblemente saldría al mar. Sin pensarlo si quiera me fui rodando, golpeándome con piedras y troncos, una rama se me encajó en el abdomen y sólo sentí el dolor. Fui a dar al río en donde me quedé un momento sumergida en el fondo hasta que ya no escuché más a los soldados.
Salí, tomando todo el aire posible, y nadé corriente abajo, aunque ya estaba muy cansada, entre el golpe y la caída perdí mucha fuerza. Llegué a una orilla en donde salí del agua y en cuanto toqué tierra firme me quedé profundamente dormida.
Cómo me gusta el drama :p
