Los malditos de blanco le habían cambiado de aguas y tanques varias veces ya que cuando el prisionero presentía la soledad se desquiciaba en destruirlo todo. Muchos rasguños adornaban su piel debido a esos momentos. Se entendía que odiaba estar maniatado, pero era imposible controlarlo de otra forma. Así fue como le quitaron los tubos de a poco, luego del agua a una habitación; era como una sala de cuarentena para niños enfermos. Incluso juguetes suaves, por si acaso. Desde una ventana con vidrios polarizados le observaban moverse torpe en el espacio.
Era casi autosuficiente, respiraba, se arrastró hasta caminar; se fue conociendo de a poco, tocándose como un ciego. Le costaba mirar las luces y comía poco. Pero no hablaba. Nada salía de sus labios. Todo era calmo como a él le gustaba, pero los científicos a cargo se impacientaban por que fuera perfecto. Lo más posible.
―No habla. No habla.― Se repetía el doctor, el director de todo.
―¿Que hacemos, Doctor?― Pregunta un subordinado.
―Estímulos, como a un niño. Háganlo hablar. Veamos que surge.
Ella les había escuchado, y sentía una inmensa curiosidad por aquella bestia rabiosa de la otra vez. Intentó seguir al encargado de transmitir las ordenes de su abuelo pero antes de que pudiera cruzar la puerta una mano que reconocía la asedió para detenerla. Apenas dio con los ojos tras las gafas entendió que no debía entrometerse. Pero por otro lado no se iba a dar por vencida.
Le encargaron a una profesional de infantes la tarea de sentarse a pronunciar cosas simples a ver si él cooperaba a aprender. Costó mucho, horas en que dejara de sentirse amenazado. Tímidamente pudo balbucear algunas cosas. Vocales, luego silabas un tanto arrastradas o gangosas. Era un comienzo fructuoso al menos. En cuanto la señorita se despidió de él e intentó irse, nuestro ignorante se abalanzó a escapar; con facilidad se escabulló entre los sedentarios y asustados científicos más poseía una velocidad incansable en sus piernas. Rápidamente las instalaciones entraron en situación de peligro cerrando puertas automáticas firmemente y poniendo en alerta a los vigilantes pesados. Sin embargo nada lo detenía. Era un jabón mojado deslizándose hacía la libertad absoluta. Tanta desesperación había que el propio Gerald Robotnik salió disparado a los pasillos donde transcurría todo y ahí fue cuando consiguió escaparse su curiosa nieta.
Esta fue del lado contrario para no ser vista. No sabia porque realmente sentía la necesidad de encontrarse con ese espécimen del experimento, pero quería saber como se encontraba desde la ultima vez. Caminó con cuidado, divisó a algunos guardias activos y los esquivó, solo por si acaso. Siguió un rato hasta un callejón sin salida, no tuvo más remedio que dar la vuelta. En ese momento se estremeció el lugar de los pisotones y gritos. Lo siguiente que supo fue que allí venía corriendo hacia ella. Una sonrisa cruzó los labios de Maria pero pronto se hundió de miedo contra el final del camino.
―¡A-abuelo!― Gritar fue todo lo que pudo hacer en defensa propia. Se produjo un silencio repentino.
Abrió los ojos y a dos pasos él se había detenido ante la rubia, como en estado de shock, asombrado como quien mira la vida por primera vez. Ahora pudo ver que poseía unos ojos marrones muy absorbentes, piel morena y cabellos lacios negros que necesitaban un corte y algo de control. Tanto estaba perdida en investigarlo que cuando las manos masculinas le tomaron por los hombros se tragó una bocanada de aire, este hizo un sonido tembloroso al raspar su garganta.
―Mm-aar― Comenzó a balbucear el experimento humano.
Los guardias dieron un paso al frente con intención de atraparlo mientras estaba distraído pero se encontraron con un brazo de barricada: el Doctor quería saber que pasaba, aunque estaba poniendo en riesgo a su única familia en ello. Los otros científicos estaban igual de concentrados en la escena.
―Ma-rr-iia― Era otro intento. Ella lo miró más relajada aunque atónita de que se supiera su nombre.
―Ma-ri-a, Maria― Le corrigió ella usando una suave sonrisa mientras también le tomaba por los hombros ―Maria es mi nombre.
―Mar-ia, Marri-aa, Maria― Cuando logró pronunciarlo bien la rubia le regaló una deslumbrante sonrisa y asintió en aprobación, su alumno lo intentó por ultima vez: ―¡Maria!
Estaba tan orgullosa que sin pensarlo se abrazó a él dejándolo en blanco. En ese momento su abuelo sonrió, ya había encontrado la forma de amansar al león. Igualmente dejó a los soldados tomarlo por la fuerza siniestramente arrancándolo del abrazo de su domadora. Por supuesto que se resistió de inmediato pero ella le siseó junto unas palmaditas para calmarlo, aparentemente funcionó de maravillas ya que cooperó sin dejar de voltear para mirarla hasta que ya no se divisaba. Un poco de tristeza tomó control de su expresión y sus ojos celestes se entornaron como en el atardecer. Su abuelo le posó una mano sobre el hombro y la acarició con ternura y con planes.
Lo siento por la espera y por lo corto de este cap. La verdad es que la idea de este fic me encanta desde que lo pensé, fui y vine con el fandom de Sonic pero aquí estoy! espero terminarlo y no ser muy cruel con vuestros sentimientos haha. Tengo que seguir recordando todo lo que habia pensado pero es dificil, mi cerebrito se oxido :(
Muchas Gracias a los que dejaron reviews! Me alentaron mucho a volver aqui! Me voy a dar pataditas para que pueda seguir trayéndoles mas de esto~~
Hasta entonces people *corazón imaginario*
