Por unos días todo fue lineal, corriente, sin cambios bruscos. En otras palabras, aburrido. Aunque los de bata blanca seguían muy entretenidos con su pequeño experimento que ya era todo un lector compulsivo. Le habían administrado una pequeña colección de libros seleccionados especialmente para educarlo de la manera en que ellos querían. No podían darse el lujo de criar a un anarquista semi inmortal. Y por lo que sabían de parte de su cuidadora era que este ya estaba casi por terminar el último de ellos. El Doctor estaba más que complacido por todo el progreso que cada vez era menos exigente con todos y se mostraba radiante, feliz como en navidad. Es así que ya no era necesario escaparse en las sombras para visitar el oasis verde; hasta habían ampliado el espacio y redecorado con más plantas diferentes.
La rubiecita no podía disimular para nada tanta felicidad que la inundaba. Su pequeño alumno de ojos carmesíes no sonreía demasiado pero se notaba que su naturaleza agresiva amainaba con el tiempo. Miradas rabiosas y alertas se transformaron en indiferencia; que para alguien que reconoce el comportamiento depredador, sabe la confianza del individuo a que nada sucederá en lo absoluto. Pero, en realidad, Shadow solo les engañaba para que ellos se calmaran y sus salidas sean exitosas. No lo demostraba pero la idea de no estar en ese cubículo era de lo más placentero que había conocido. Más si María estaba con él. Era fantasía.
Esta mañana le habían hecho otro chequeo de su cuerpo, por supuesto que todo les dio más que bien. El comportamiento con los médicos fue mucho mejor que la ultima vez aunque seguía siendo frío como el acero en la mañana, además estuvo cooperativo al momento de quitarle la ropa y pedirle hacer unas pruebas físicas. Tenía un desarrollo normal, saludable, ya apto para ciertos avances en logros del proyecto. Pero ¿Como comunicárselo si ni siquiera les escuchaba? se comportaba pero era necesario un segundo de contacto visual directo para sentir el volcán en erupción continua.
Aún así, era su proyecto - Dr. Gerald no le temía para nada. Se le acercó y simplemente le anunció:
—Es momento de pasar a lo difícil. Mira Shadow, ves a María ¿No? ella no es como tú, tú no eres como nosotros y por eso te tenemos aquí.
Este le miró de reojo por un instante, en algún lugar de su reconstruida mente sabía que era esto por lo que esperaba. En modo multi-task buscó el por qué decía eso de María, de él, de todo - por primera vez que consideraba los hechos y le costaba. Él sentía que no era diferente, pero al mismo tiempo todos se ensañaban en su persona. Es verdad - así fue desde el primer movimiento. Jamás lo dejaron de vigilar, pudo sentirlo en cada minuto.
—¿Qué me hace diferente?— Las palabras se deslizaron sin querer de sus labios y en cuanto se dio cuenta de ello se calló de inmediato.
—Pues, muchas cosas— Le contestó el viejo que comenzó a manosearse el grisaseo bigote como siempre —Pero lo importante es el por qué tú estás aquí.— Las pupilas de fuego ardían directo a su dirección —Has leído todos los libros que te hemos dado, ¿No es así?— Obtuvo una respuesta positiva —Y dime, ¿Que encontraste de particular en el desarrollo de las tramas?
—"Maldad", "Codicia", similares— Respondió en tono de diccionario —"Son 'deslices' humanos" dijo...
—María. Sí, yo le enseñé eso de pequeña— Se sentó enfrente a su receptor, suspiró melancólico recordando cosas antes de continuar —Eres diferente, porque no entiendes sobre las complicadas reacciones de un ser humano. Solo actúas conforme a tu seguridad y eso es lo que necesitamos de ti. Necesitamos alguien que solo tenga por fin la seguridad— Le miró tan fijamente al fuego sin miedo alguno para darle veracidad a sus plegarias—Shadow, confiamos en ti y todo lo que hemos hecho hasta ahora es porque tu eres la esperanza de todos los aquí presentes. De cada uno de nosotros. Y cuando hayas terminado tu entrenamiento, serás la esperanza de toda la humanidad.
Era demasiado para procesar en tan poca palabrería. Pensar que recaería en sus hombros la vida de todos era sofocante, no sabía cuan pesado era, pero ya casi lo sentía. Más incomodo era que hasta ahora nada de eso le importaba y nunca lo había pensado. En su mente solo se dibujaba sobre quien le afligía tales preocupaciones. Y, por ahora, no encontraba alguna razón por la cual debía adaptar su objetivo con los demás.
De alguna manera la duda se filtró por entre sus llamas; y el mensaje fue claro para quien deseaba una respuesta.
Los suavemente ondulados cabellos iban en vaivén a su caminar. A un ritmo continuo y sereno danzaban las hebras doradas acariciando sus hombros y su espalda. Iba entonando una melodía de pocas notas en su interior, una y otra vez al dar los pasos hasta la puerta de todos los días. Sus labios se extendían en una sonrisa plena y distraída. En su camino saludó a algunos guardias que buscaron alegremente su atención, pero ella no podía quitar sus pensamientos de su pequeño niño de cabellos negros y rojos. Los demás pretendientes perdían por defecto. Y ya muchos se habían rendido al ver lo obvio. Maria sonrió al abrir la puerta y estuvo a punto de soltar un «Buen día» pero se sorprendió al no encontrarlo ahí, era muy extraño pues Gerald no le comentó nada sobre alguna cosa que lo entrometa a él y este mismo no salía por su cuenta de su "hogar". Uno de los bata blanca que pasaba se dio cuenta de su estupor y se acercó:
―Señorita― Maria casi da un salto por el susurro cercano ―"Shadow" está en el jardín― Era raro que lo llamaran así, usualmente le decían "Proyecto Shadow" pero el hecho de que este se encontrara ya en el invernadero se llevaba el premio a lo inesperado.
¿Le dieron permiso para andar a sus anchas? ¿Que habrá sucedido? nada malo aparentemente si este científico le comentó en tono normal, además ni las alarmas habían tocado. Lo único que supo era que sus pies querían saber todo antes que su consciente concibiera la más mínima curiosidad. Siguió camino al oasis verde con paso un tanto forzado; cuando divisó la puerta aumentó su curiosidad por ende también la velocidad. Allí estaba, junto a la mesada de plantas multicolores, de varios olores y algunas especias. Con una mano tanteaba suavemente unas pequeñas rosas rojas que residían en una maceta plástica negra y en la otra mano tenía el diccionario que lo acompañaba cuando le picaba alguna duda por las lecturas -aunque, a decir verdad, lo llevaba como amuleto desde que comprendió lo útil que era. No sabía si era solo ella o le parecía que de repente se veía mucho más humano (en alguna forma de decir, menos "zombie mitad androide") o algo más naturalmente humano. Parecía que le aquejaba algo, aunque se sentía sereno. También más... ¿acicalado? si, sus cabellos no estaban alborotados; algunos mechones seguían rebeldes pero tenía una forma pulida y bonita. En ese instante que lo miraba tan perdidamente fue cuando este se volteó, cruzaron miradas, flechas de fuego incansable se clavaron directamente en las pupilas de mar de ella; donde parecían no extinguirse más si evaporar el agua y calentar la arena alrededor.
Instintivamente cortó para observar sus propias manos entretejidas, gesto que reconocía hacer cuando se ponía nerviosa. Inhaló para retomar camino firme hacia él, lo que le había pasado por la cabeza ya no revoloteaba. Se escondió en algún recóndito lugarcillo de su mente; aunque desde allí podía observar todo lo que quería al atractivo exterior. Ofreció una sonrisa brillante como era costumbre, ahora adornada sin intención de unas mejillas tímidamente coloradas. Podían llamarla loca, pero en ese instante una comisura de los labios del morocho parecía contraerse ligeramente en lo que era la sombra de una sonrisa. Maria se preguntaba si viviría para verlo sonreír como alguien que no tuvo que haberle visto la cara a la muerte, o como alguien que ciertamente le había ganado la segunda oportunidad. Pero nosotros sabemos que no vivirá para ello.
―Buen día, Shadow― él respondió el saludo cortésmente como le había enseñado. Solo se lo respondía a ella ―Me asustaste cuando no te encontré en tu habitación― hizo una pausa para esperar una respuesta natural, sin embargo su estudiante cambió radicalmente (borró su semi sonrisa y eso es mucho) y volvió a su sequedad inpenetrable, mirando para otro lado. Maria supuso que algo andaba mal, pero no tanto ―Dime: ¿Te dieron permiso de salir solo?
Su boca estaba tensa con la sombra de la sostención de alguna pregunta muy necesaria, quizá peligrosa por el modo en que la protegía o moría en su garganta antes de pronunciarla. Eso la llamaba a indagar hasta el mero rastro de lo que había quedado de su humano huésped, a sabiendas que seguramente no tenía nada que ver. O sí, pero casi por seguro que no. Lo único que sabía era que su silencio y el delicado, lento roce de sus flacos dedos en aquellas flores y hojas de rosas la estaba poniendo aun más ansiosa. Puede que no esté al tanto de lo que sea que su abuelo esperaba del Proyecto, puede que ya sus servicios eran innecesarios. La idea le recorrió los nervios como el pinche de una aguja o espina como las que veía en esas plantas en sus finos dedos; dio un sutil respingo y se miró las manos, esperando ver si encontraba aquella espina, pero solo se sentía mal imaginar separarse de Shadow. No verle, no hablar con él todos los días... volver a estar sola todos los días.
―Maria― Se oyó desde la pequeña separación de los labios de él. La rubia alzó la mirada que aún se encontraba consternada por las imaginaciones negativas, casi podía saborear lo agridulce que le parecía la voz grave a sus oídos, esperaba cosas terribles en el interludio ―Te protegeré.
Eso es todo lo que dijo. Sabía que su manera de comportarse tenía esa especificación. Conciso. Pero aún así lo que logró transmitir fue lo necesario para calmarla y hacerla sonreír. Ahora sabía que su proximidad era grata para ambos y que era una promesa para un lapso extenso. Le miró la mano derecha que tenía sobre la mesa y despacio fue acercando la suya; le acaricio delicadamente como quien lo hace con un bebé hasta tomársela y darle un pequeño apretón como de seguridad.
―Yo también te protegeré, Shadow.
Con un poco de cuidado, fue encontrando el camino a entrelazar dedos. Él no lo esperaba, observó de forma afinada como se veían sus manos; le pareció «lindo» y «cálido». Cuando aterrizó en esos oasis de la rubia creyó haber saciado las preguntas que se hacía. Pero solo fue una pequeña parte de eso.
Hace meeeeeeeses que tengo esto guardado y quería seguir escribiendo un poco más antes de subirlo pero ando con muchas ideas, proyectos y lecturas en progreso y a veces me olvido que si no publico las cosas en algún momento se pueden esfumar por arte de magia; Así que no sé, disfruten esto(?)
Es difícil cuando tenes la mente dividida en tantas cosas diferentes, tengo momentos en que cuestiono quien soy debido a la distracción.
