Yuri! on Ice no me pertenece.
Pareja: Yuuri KatsukixYuri Plisetsky.
Edades: Yuuri K. 29 años/Yuri P. 16 años.
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Erotic dance*
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Se sentía como un estúpido.
Un completo estúpido por haber caído enamorado del imbécil de su tutor.
Incluso había tomado valor y fuerzas de todos lados, dejando a un lado la vergüenza para gritarle en la noche de su cumpleaños que lo quería, que lo amaba, expresándole sus sentimientos.
Admitió que la única persona en el mundo que fue capaz de hacerlo sentir aquel sentimiento que lograba contraer su estómago, dejaba sus mejillas sonrosadas y le alegraba el día el él.
¿Pero que hizo aquel estúpido cerdo?
Nada, dos meses desde ese día y el nipón hacia como si nada hubiera pasado.
Lo lastimaba, y mucho.
Y ahora estaba sentado en la isla de la cocina con Misha echada sobre sus piernas viendo al japonés dar volteretas a la masa de los hot cakes en el sartén.
Observo todo de él, sabia varias cosas de él, vivía con él, e incluso a veces dormía con él, no como quisiera pero lo hacía. ¿Y el nipón? El seguía siendo el mismo idiota gentil de siempre.
Por culpa de aquel cerdo, ya no era un cerdo pero eso no significaba que dejaría de llamarlo así, se sentía inseguro.
¿No era lo suficiente para él? ¿Tenía algo de malo para no poder captar la atención de Yuuri? Si bien era hombre, él sabía muy bien que Katsuki era homosexual, entonces… ¿Qué de malo había en él?
Sabía muy bien sus propios defectos, su carácter torpe y tosco, su falta de tacto en muchas cosas… en fin, los tenia de eso no discutía.
Acaricio despacio la cabecita peluda de Misha, tomando atención al moreno.
Yuuri reía gracias a que Vichhan saltaba a su alrededor pidiendo partes de los recién salidos hot cakes del plato. Amaba en secreto el uniforme laboral del mayor, el estilo formal siempre le había sentado muy bien al nipón; y ahora gracias a que su cabello estaba un poco largo tenía que obligadamente peinarlo hacia atrás, haciendo babear al rubio, pero dejando sus gafas ya que no le gustaba usar lentes de contacto.
— Yuri, despierta. — El japonés coloco una mano sobre su cabeza sacándolo de sus pensamientos.
Levanto la cabeza para encontrar la tierna sonrisa del mayor, el calor subió a sus mejillas y aparto la mirada a su desayuno en frente de él. Sin mediar las consecuencias lleno con miel la masa dulce, procediendo a pincharlo con el tenedor y llevar a su boca una enorme porción.
Casi se ahoga.
Si no fuera por Yuuri estaba seguro que no la contaba en esos momentos.
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—Que tengas un buen día. — Hablo el nipón una vez que estaciono el auto al frente de la escuela del rubio.
—Tch, no quiero ir. Tengo sueño. — Renegó el menor apoyando su codo sobre su pierna.
Yuuri lanzo una mirada divertida al rubio sentado en el asiento del copiloto. Suspirando miro la hora en el reloj de su muñeca.
—Yuri, ya tienes que irte, se te va hacer tarde. — Recordó con paciencia.
Mas el menor se negaba a escuchar, y continuaba mirando hacia la ventana del auto.
—Está bien. — Suspiro en derrota, si Yuri no bajaba se le haría tarde a el también. — ¿Qué es lo que quieres?
El rubio lo miro de reojo. — ¿Huh? ¿Aceptarías cualquier cosa que quiera? — Cuestiono con disimulado desinterés.
—Sí, lo que sea. — Respondió ignorando las consecuencias de sus palabras.
Al sentir los labios de Yuri moviéndose con suavidad sobre los suyos abrió los ojos sobresaltado. Los ojos esmeraldas del menor estaban entrecerrados observabanlo con anhelo, deseando que el mayor corresponda a su contacto y no lo apartara.
Yuuri no tenía ni la mas remota idea de cómo actuar, por un lado estaba la voz que gritaba se alejara, que aquello estaba mal… y por otro, la parte que gritaba que lo acercara más a él y profundizara el beso.
Pero no pudo ni elegir una opción cuando el rubio se separó de el con la rapidez que se le acerco.
Y sin poder decir u hacer algo, Yuri ya había salido del auto, encaminándose hacia el interior de la escuela.
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No podía hacer nada bien sin que sus pensamientos se trasladaran en el beso de hace unos días atrás.
Yuri no había querido tocar el tema aun cuando el intento hablar de lo ocurrido al llegar a casa. Era como si nada hubiera pasado.
Y eso le molestaba.
Le molestaba el hecho de que el menor no quisiera hablar de lo que sucedió, pero le molestaba más el hecho de que en su maldita cobardía no sea capaz de encarar a Yuri.
Lo quería, no, no lo quería. Lo amaba, amaba tanto al pequeño rubio, tanto que acepto la situación en la que se encontraban. Intento olvidarse de los sentimientos que tenía por el menor, ¡maldición que lo intento! Por el bien de él, y por el bien suyo.
El tenía que cumplir la promesa que le hizo al abuelo de Yuri. Y esa promesa consistía en que debía cuidar y proteger al rubio, no enamorarse de él y desear poseerlo.
Su plan en un principio era ignorar sus emociones, esconderlas para que jamás alguien se diera cuenta de sus sentimientos. Pero todo se fue a la mierda cuando Yuri demostró tener interés en él. Yuri todavía era joven, recién acababa de cumplir dieciséis años; razón por la que cuando se le había declarado, aun con el dolor presionando en contra su pecho, opto por actuar como siempre, como si nada hubiera pasado y el rubio jamás hubiera gritado que lo amaba a todo pulmón en medio de la sala.
¿Qué podía hacer ahora?
El tenía claro sus sentimientos, pero… ¿Y Yuri?
Tenía miedo de perderlo, de estar con él y que el rubio en unos días decidiera que ya no lo quería más.
Era una persona con muchas inseguridades, lo admitía, y aceptaba. Pero se sentía mucho más inseguro con las decisiones que tomaba con respecto a Yuri.
Desordeno sus cabellos con frustración, entro a pasos lentos al interior de la casa. Vicchan lo saludo efusiva como de costumbre, en cambio Misha lo saludo meneando la cola por su delante esperando que acariciara su pelaje.
Dejo su saco encima del sofá junto a su maletín. Estiro sus músculos conforme se dirigía hacia su habitación.
La música proveniente de la habitación del rubio capto su atención. La puerta estaba entre abierta, la curiosidad fue más fuerte por lo que se acercó a espiar lo que hacía.
Yuri estaba insultando en Ruso mientras sus manos estaban delante de el, disimulando bailar con alguien; sus pies se confundían de secuencia de pasos una y otra vez, causando frustración en el menor, quien, aburrido se lanzó de espaldas a su cama.
Sin poder resistirlo, Yuuri toco la puerta un par de veces.
—Toc, Toc. — Dijo para que el menor reparara en su presencia.
Yuri se sentó con rapidez en su cama. Abrió los parpados con sorpresa al ver al mayor en la entrada de la puerta.
—Yuuri… qué… ¿qué haces aquí? — Balbuceo avergonzado evadiendo los ojos contrarios.
—Vivo aquí. — Replico despacio acercándose a la cama. — ¿Qué hacías? — Pregunto con ojos curiosos.
—Practicar. — Contesto con obviedad el menor.
— ¿Para qué? — Agarro una almohada para poder echarse en ella.
—Para una obra.
— ¿Qué obra?
—Una de la escuela.
— ¿Por qué?
—Porque me están obligando.
— ¿Quién?
—Yuuri… — Siseo molesto el rubio de tanto cuestionamiento.
—Ya, ya, lo siento. — Se disculpó con ligereza moviendo su mano. — Ahora dime en serio. ¿Para qué obra?
Yuri bufo cansado y se lanza de nuevo en su cama agarrando una almohada.
—Una maldita obra donde a la maestra se le ocurrió que haga de actor. — Conto molesto.
El nipón escucho el reclamo del rubio con paciencia, desde cómo no quería participar, su enojo al participar, la extorción con sus notas que le dijeron para que participe, y de cómo dijo que esa obra era una completa basura.
Observo cada uno de los gestos del menor al escuchar sus quejas. Su ceño fruncido con levedad, el tono de molestia usado, la frustración que denotaba sus manos, y uno que otro gesto obsceno con su dedo medio que hizo al nombrar a su maestra, cosa que recibió un regaño por parte de Yuuri.
Se levantó arremangado sus mangas hasta los codos, se volvió a peinar para atrás con su mano derecha para que el cabello no le estorbase, extendió una mano hacia donde Yuri, recibiendo una mirada sin comprender de parte del rubio, quien lo miro enarcando una ceja.
— ¿Qué haces?
—Te voy a enseñar a bailar este tipo de música.
— ¿Sabes bailar? — Cuestiono divertido levantándose de la cama y agarrando su mano.
—Sí.
Respondió con simpleza, indicándole al menor la posición en que debía estar y como debía sostener a su pareja, un retortijón en su pecho inundo al nipón al decir esa palabra, por más que el baile sea solo por actuación, el pensar que alguien más estaría con el pequeño rubio en esa posición lo enfureció.
Afianzo el agarre en la cintura de Yuri mientras hablaba de que pasos tenía que seguir, acercándolo mucho más a su cuerpo en cada oportunidad, sin importarle los pisotones de parte del rubio.
Una vez que el menor comprendió y capto con rapidez la secuencia de pasos, fue mucho más sencillo. No le veía lo interesante a un baile. Era solo una secuencia de pasos aburrida, levanto la vista hacia el rostro del mayor, y en ese momento cambio de parecer.
Ahora si le encontraba lo interesante.
Aprovechando la cercanía, dejo de agarrar las manos de Katsuki para rodear su cuello con sus brazos. Sonrió con picardía, con sus ojos brillando maliciosos se acercó al oído del mayor.
—No tenía idea que sabias bailar. — Susurro despacio, sintiendo como el nipón se tensaba bajo sus brazos.
—Hay muchas cosas que no sabes, Yuri. — Confeso descendiendo sus manos a las caderas del menor.
— ¿Huh? — Sonrió juguetón alejándose de su oído para poder mirarlo a los ojos. — ¿Cómo cuáles?
Katsuki estaba hechizado por el momento, que sin darse cuenta comenzó a olvidarse de la comprometedora situación en la que se hallaban.
—No te gustaría saberlo.
El rubio sonrió internamente con satisfacción al ver como la mirada del mayor se obscurecía, estaba seguro que él se encontraba de la misma manera.
No iba a desaprovechar esta oportunidad con su querido tutor.
Se movían con suavidad al compás de la música, creando un ambiente íntimo para ambos. Sus cuerpos se amoldaban a la perfección.
—No digas cosas por mí.
Sus rostros se iban acercando con lentitud, el rubio cerró sus ojos acercándose a un toque que nunca llego.
Misha y Vicchan entraron armando un bullicio único que solo hacían cuando habían visitas.
Tanto el mayor como el menor tenían el rostro ardiendo en llamas, fueron incapaz de dirigirse la mirada. El japonés fue el primero en hablar.
—Voy… voy a ver quién es.
Yuri asintió sin mirarlo todavía, una vez que Katsuki abandono su habitación, sonrió como idiota y se lanzó a la cama atrayendo la almohada donde Yuuri se había echado con anterioridad para abrazarla con fuerza. Aun con una sonrisa en el rostro suspiro largamente sintiéndose en las nubes. Ignorando a todo a su alrededor.
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Erotic Dance: Baile erótico.
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"Who's" ¡¿Solo piensas en salseo o qué?! xD Hombre, ya hablamos de esto.
¡Gracias a todos por leer! Espero que les haya gustado esta actualización rápida.
Próximo capítulo:You are mine.
See ya.
