Yuri! on Ice no me pertenece.

Pareja: Yuuri KatsukixYuri Plisetsky.

Edades: Yuuri K. 29 años/Yuri P. 16 años.


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Yielding to desire.*

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Katsuki Yuuri estaba muy confundido, por alguna razón, Yuri estaba actuando de una manera… un tanto particular en las últimas semanas.

Estaba mucho más amable de lo normal, a su manera, claro; a la vez que mucho más exigente con algunas cosas; si antes él iba solo a comprar los víveres para la casa, ahora Yuri lo acompañaba; cuando se llevaba parte del trabajo a la casa, el rubio se ofrecía en ayudarlo; los fines de semana donde usualmente limpiaba la casa, ahora Plisetsky le pedía, exigía, que vieran la televisión juntos o preparan algo de comer; en las noches tenía que echarse en una esquina de la cama o irse al sofá, debido a que Yuri entraba a su habitación con una almohada en manos y lo apartaba dándose un lugar para acostarse, muy cerca de él.

En definitiva, el pequeño rubio se traía algo entre manos. El nipón ya lo sabía, pero no imaginaba qué era o podría ser.

Al llegar del trabajo saludo a Vicchan con una sonrisa cansada mientras acariciaba su peluda cabecita, Misha por el contrario, se dedicó a observarlo de reojo sobre el balcón de la ventana.

Dejo un maletín en la mesa del comedor para dirigirse con pasos pesados a su habitación, había llegado muy tarde, y ese día había sido extenuante en todos los sentidos, que lo único que quería era cambiarse de ropa, cepillarse sus dientes, lanzarse en su cama, y dormir.

Pero al encontrarse con un bulto rubio en medio de sus sabanas, sabía que ya no iba a ser posible cumplir sus planes. Yuri dormía plácidamente abrazando la almohada del moreno, algunos cabellos caían en su cara como un fino abanico delgado, su respiración acompasada delataba la comodidad que sentía en esos momentos.

Una ternura infinita recorrió el cuerpo del japonés al ver a su amor prohibido de esa manera, de seguro espero a que llegara y se quedó dormido esperándolo; daría cualquier cosa por tenerlo de esa forma para siempre. Si ese deseo se hiciera realidad, él sería el hombre más feliz que haya existido en la vida, o al menos eso pensaba Yuuri. Sin hacer ruido, dejo la puerta entreabierta para que la luz del pasillo entrase al cuarto para así poder sacarse su camisa y desabrochar sus pantalones, se sentía tan cansado que ya ni cambiarse quería.

Con cierto pesar movió al bello durmiente con suavidad por su hombro, el rubio murmuro unas palabras incoherentes a la vez que renegaba que le den cinco minutos más para dormir. Sin tener otra opción más, Yuuri se extendió sobre la cama en busca de la almohada contraria al menor. Hoy dormiría en el sofá.

Yuri se removió incomodo, entre sueños, abrió un poco sus parpados, divisando la figura del mayor. Creyendo que era parte de un sueño, el rubio sonrió enamorado mientras extendía los brazos, envolviendo sus brazos en el cuello del nipón haciendo que este quedara estático siendo atraído al lado del menor. Plisetsky suspiro al tiempo en que envolvía sus piernas entre las del mayor, enterrando la cara en el hueco de su cuello.

—Yuuri… —Murmuro adormilado.

El rostro de Katsuki estaba rojo a más no poder, su corazón palpitaba con fuerza contra su pecho aflorando las emociones que tanto se esforzaba en reprimir. La sensación de hormigueo en la boca de su estómago aumento cuando el menor levanto su adormilado rostro y dejo un casto beso sobre sus labios.

—Cerdito. —Lo llamo con el apodo que usaba antes para burlarse de él. — Te amo. — Fue lo último que dijo antes de posar su cabeza en el pecho del moreno, continuando con su ameno sueño.

Esas palabras fueron suficientes para que el corazón de Yuuri se llenara de una sensación cálida.

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— ¿De qué tengo hambre?... — Se cuestionaba Yuri en voz baja mirando la alacena. Sus ojos brillaron al posar su vista en el tarro de miel que estaba justo arriba en la alacena, pero al ver que estaba muy alto su rostro se deformo en una mueca. —Maldito Yuuri… — Susurro molesto, tenía que traer una silla para alcanzar el tarro.

Aquel sábado por la mañana, todo se encontraba tranquilo, Katsuki estaba tomando una ducha mientras que el rubio escudriñaba en la alacena para preparar su desayuno.

El menor trajo una silla, pudiendo así bajar la miel antes de agarrar una cuchara e ir a la sala con el tarro completo. Prendió la televisión buscando cualquier canal que le llamara su atención con el control; adoraba la miel, Yuuri siempre lo regañaba por comérsela pura, pero si el japonés no lo veía, entonces no había problema, ¿no?

Miraba un documental sobre la vida de los tigres siberianos con tranquilidad mientras saboreaba feliz la miel pura, cuando una manos ajenas le arrebataron su comida se volcó asustado, encontrándose con unos ojos marrones mirándolo con reproche.

—Ya te dije que no comieras miel pura, Yuri. Te vas a enfermar, es demasiada azúcar. — Renegaba el moreno llevándose el tarro a la cocina.

El rubio se levantó apurado siguiéndolo. — ¡Yuuri dame mi tarro! — El rubio peleaba para alcanzar el tarro, mas, el mayor estiro su brazo dejándolo fuera de su alcance. — ¡Vamos, es el dulce de la naturaleza! Es sano, maldición, dámelo.

Katsuki no sabía si debía continuar serio o debía reír por como Yuri saltaba intentando alcanzar el tarro. Opto por una solución más pacífica para ambos.

—Hagamos algo. — Dijo haciendo detener al menor. El rubio lo miro desconfiado. —No pongas esa cara. Mira, mejor te preparo tostadas con miel y comes un desayuno más sano, ¿te parece?

—No.

—Bueno, está dicho, voy a preparar. — Ignoro al rubio, se fue a una de las alacenas para buscar pan a expensas del rubio enojado a su lado.

— ¡Te dije que no!

Sin embargo, quince minutos después, Yuri comía tostadas con miel en el sillón mirando su documental. Katsuki reía con suavidad ante la cambiante actitud del menor, dejo un vaso con leche para el rubio en la mesita de café, tomando asiento en el sillón individual.

Concentro su vista en el rubio, ¿Cómo podía ponerse feliz al ver como un tigre cazaba a un antílope? Los ojos esmeralda del menor brillaban al escuchar la más mínima cosa sobre los grandes felinos, incluso hasta cuando dormían. En cuanto Yuri tomo del vaso concentrado en el televisor, sin darse cuenta, una gota de leche se escapó entre sus labios descendiendo por su mentón.

Plisetsky sintió la mirada fija de Yuuri sobre el, de reojo, pudo ver como el mayor tenía su vista concentrada en su rostro; sus mejillas se calentaron mientras fingía ignorar al moreno, aquella mirada del mayor era diferente de la de siempre, era mucho más penetrante, más fija. Si no conociera al nipón, pensaría que se lo estaba comiendo con la mirada. O al menos eso creía.

Incomodo, aclaro su garganta.

— ¿Qué tanto miras? — Pregunto avergonzado.

El japonés salió de sus nada puros pensamientos con un pestañeo, para mirarlo confundido. — ¿Ah?

Era increíble como su mirada cambio en un segundo, dejando al tierno cerdo de su tutor de nuevo.

—Nada. — Negó sacudiendo su cabeza. — Debe de ser mi imaginación.

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Después del desayuno, el día transcurrió normal. Hicieron lo mismo de siempre, limpiaron la casa; sus respectivos cuartos, aunque Yuri insistió en ayudar al nipón a limpiar; Sacudieron las camas de Vicchan y Misha; Misha aruño a Yuuri cuando la intento acariciar; Vicchan babeo a Yuri en toda la cara; Lo normal de los fines de semana.

Al entrar la noche ya habían terminado con la limpieza, por lo que el rubio se dio una ducha rápida, cambiándose a la ropa más cómoda que tenía, una playera de estampado de tigre y unos pantalones anchos que le pertenecían a Yuuri pero el se los quito.

Se dejó caer en el sofá al salir de su habitación, Misha ronroneaba en su cama feliz al igual que la caniche, por lo que Yuri les saco una foto con su teléfono desde lejos aprovechando esa pose tranquila.

Media hora después, Yuuri apareció con un plato de palomitas de maíz. El rubio con pereza tomo el bowl en sus manos mientras el nipón buscaba en los canales alguna película interesante. Optaron por ver cualquier tontería emitida en Fox, Katsuki tomo asiento al lado del menor.

En medio del aburrimiento, Yuri apoyo su cabeza en el hombro del moreno, quien, en mitad de la película se puso a ver su teléfono; frunció el ceño al leer la conversando que tenía con Sala por whatsapp. La italiana era amiga y compañera de trabajo del nipón, nada interesante para cualquiera, cualquiera que no sea Yuri; el rubio no se tragaba el cuento de 'amistad' por completo, del moreno si lo creía, su cerdo era muy imbécil como para darse cuenta de las insinuaciones de la chica para con él, insinuaciones que el había pendenciado en SU propia casa, con SU tutor.

Hizo una mueca molesta pensando en lo que podía hacer para que el nipón dejara ese teléfono.

Yuri se acercó mucho mas al moreno. — ¿Con quién hablas? — Susurro fingiendo curiosidad contra su oído.

El mayor se alejó de un sobresalto al sentir la cercanía que tenía con el menor. Miro a Yuri con nerviosismo; el rubio lo miraba con fingido interés.

—E-estoy conversando… con mi jefe. — Mintió, ya que sabía que a Yuri no le caía Sala del todo.

— ¿Huh? — Plisetsky arqueo una ceja divertido, le encantaba saber que lo ponía nervioso. — Bueno, si es así no importa. — Encogiéndose de hombros retomo su lugar en el sillón.

Yuuri pestañeo un par de veces ante la actitud del rubio, por lo general Yuri se molestaba cuando le daba esas respuestas tan poco descriptivas. Miro de reojo al menor unos minutos, esperando alguna reacción por su parte. Nada, el menor mantenía su vista en el panda que quería aprender Kung Fu que en mirarlo a él. Un poco extrañado, volvió a desbloquear su teléfono para seguir conversando con Sala sobre el trabajo para el lunes.

Unas manos fugaces le arrebataron su teléfono, se volcó hacia Yuri, pero este estaba parado al otro extremo del sofá mirándolo con altanería.

—Maldito mentiroso. — El menor rugió enfadado. — ¿Por qué me mientes?

Avanzo unos pasos hacia el menor, levantando sus manos, le dedico una sonrisa apenada rascándose la nuca.

—Lo siento, pero a ti no te agrada Sala y sabía que te ibas a molestar. — El menor retrocedía mirándolo con molestia al ver que se acercaba. —Dame mi teléfono, Yuri, por favor.

Plisetsky medito esa opción por un segundo, pero la desecho al instante, ya que, quería jugar con Yuuri un rato.

Curvo sus labios en una media sonrisa. — No. — Volcó su vista al teléfono que se había bloqueado, al tratar de encenderlo se dio cuenta que tenía clave. — Ups, tu teléfono se bloqueo… me pregunto, ¿cuánto tiempo me tomara encontrar la clave?

—No te atreverías…

—Obsérvame. — Reto al tiempo que corría para alejarse.

Yuuri intento agarrar al menor del brazo, pero este se escapó con agilidad, lo persiguió por la cocina, por la sala, mas, Yuri era mucho más rápido que el, y se las arreglaba para escaparse mientras intentaba desbloquear el teléfono.

No podía permitir que el rubio encontrara la clave, si llegaba a desbloquear el teléfono, este automáticamente se iría a la pantalla de fondo, y no permitiría que Yuri descubriera su foto en piyamas ahí; no sabría dónde meter su cara si eso pasara o tener una explicación siquiera.

Terminaron rodeando la mesa del comedor, mirándose de frente con la mesa como barrera. El rubio desviaba su vista del mayor al celular, continuando con la búsqueda de su clave. La única contraseña que le faltaba poner era el cumpleaños de la madre del nipón.

—Yuri… — Hablo asustado el moreno, despeinado y cansado. — Dame el teléfono, ahora. — Demando serio.

Yuri sonrió divertido, estaba logrando sacar de sus cabales a su tutor. Levanto el celular en burla, sacando su lengua lo miro en desafío.

—Oblígame. — Dijo antes de tratar de correr en dirección a su habitación.

Al llegar al otro extremo de la mesa, Katsuki lo tomo de la muñeca jalándolo hacia a el. Yuri sin tener muchas opciones, echo la parte superior de su cuerpo de barriga en la mesa, al tiempo que estiraba sus brazos alejando el teléfono del nipón, quien, cubrió la espalda de Yuri con su cuerpo en un intento para alcanzar su celular y que el rubio no se escapara.

—Yuri, dámelo.

—No quiero. — Rio sinvergüenza continuando con su búsqueda de contraseña.

Al sentir los brazos de Yuuri a su alrededor, utilizo los suyos para atrapar los del mayor. Las manos del moreno le hacían cosquillas, haciéndolo atraer sus codos a su cintura, impidiendo que el nipón pudiera seguir moviendo sus brazos, dejándolos atrapados en una comprometedora escena que ninguno tomaba en cuenta.

— ¿Qué tanto quieres esconder, Yuuri? — Cuestiono jadeando algo cansado por la carrera.

—N-nada… s-solo dámelo por favor. — Respondió en iguales condiciones el mayor.

—Ya te dije que no. — Se quejó moviendo sus caderas hacia atrás.

Sin darse cuenta, el menor había chocado contra la pelvis del moreno; ese sutil movimiento basto para que Yuuri se diera cuenta en del tipo de posición que se encontraban. Sonrojado, dejo de luchar con el menor. Pero Yuri continuaba moviendo sus caderas en contra el en un acto inconsciente por alejar el teléfono de su dueño.

Katsuki quería que la tierra se lo tragase entero, cada movimiento del menor hacia que su cuerpo reaccionara de una forma no muy buena que digamos. Intento alejarse de Yuri, pero el menor tenía atrapados sus brazos a cada lado de su espalda, evitando su escape. En un momento de desesperación para que el menor dejara de activar una parte muy vergonzosa de el que estaba despertando, se hecho sobre su espalda, haciendo que Yuri se quedara quieto.

— ¿Q-que estás haciendo? – Cuestiono sorprendido el rubio al sentir el peso del mayor sobre el.

Yuuri no respondió, solo apoyo su cabeza en la espalda baja del menor.

—Muévete. — Trato de retroceder moviendo su cuerpo. —Cerdo, me estas aplastan… — Un gemido amortiguado hizo que sus parpados se abrieran como platos.

"¿Acaso?..."

En modo de experimentar que pasaba, volvió a mover su cuerpo para atrás. Sus caderas chocaron contra las de Yuuri, otro gemido escapo casi inaudible del mayor; el rostro de Yuri adquirió diferentes tonalidades de rojo. Pestañeo sorprendido e intento hacer el mismo movimiento otra vez, pero la voz de Yuuri lo detuvo.

—No te muevas. — Su voz sonó algo ronca.

El menor se estremeció bajo el, ¿Qué diablos se supone que debería hacer ahora? Estaban en una situación, demasiado, incómoda por cualquier ángulo que se viera.

Tenía dos opciones, una era dejar libre al mayor, devolverle su teléfono y encerrarse en su habitación; la otra era…

— ¿Huh? — Intento verlo por sobre su hombro. — ¿Por qué? — Cuestiono pícaro volviendo a mover sus caderas apropósito. Chocando contra un bulto notorio en su trasero.

El mayor ejerció más peso en su espalda, gruño frustrado, ¿acaso Yuri quería matarlo?

—Solo hazme caso. Déjame ir Yuri, si quieres quédate con el teléfono. — Susurro desesperado, no quería que su autocontrol se esfumara en esos momentos.

El rubio dejo el teléfono, atrajo sus manos a su cuerpo para entrelazarlas con las del nipón.

—No me interesa el teléfono. — estrujo su cuerpo contra el de Yuuri buscando mucho más contacto. — Ya te lo había dicho antes, ¿no? Te quiero a ti, solo a ti, Yuuri. — Le recordó en un susurro.

Solo esas palabras bastaron para mandar parte de su autocontrol de viaje a la luna. Levanto su frente de la espalda de Yuri para míralo. Aunque no podía ver su cara debido a que el rubio estaba de frente en contra la mesa, podía asegurar que estaba completamente sonrojado.

—Todavía eres muy joven, Yuri. —Hablo despacio.

— ¿Y eso que tiene? — Se volcó para mirarlo por sobre su hombro, sus mejillas tenían una tonalidad carmín, con sorpresa observo como los ojos de Yuuri estaban mirándolo al igual que esta mañana cuando comía su desayuno. "Cerdo sucio" pensó entre divertido e eufórico de saber que él provocaba esa mirada. Restregó su trasero en círculos contra la pelvis del mayor. — Yuuri… — Emitió un suave gemido, desatando una parte que no conocía del moreno.

El nipón reacciono, se deshizo del agarre que Yuri mantenía sobre el para sorpresa del menor. Cuando el rubio creyó que el mayor se iría, pasmado, gimió el nombre de su tutor cuando este coloco sus manos a ambos lados de sus caderas empujándolo hacia atrás y adelante.

Plisetsky sentía como su vientre cosquilleaba, su cuerpo reaccionaba en pequeños temblores, su corazón palpitaba con fuerza, necesitaba sentirse mucho más cerca de Yuuri; suspiraba ante esa nueva sensación abrumadora recién descubierta. El nipón no se quedaba atrás, sentía que estaba en uno de sus sueños lascivos donde solo ahí podía tocar a Yuri, pero no era un sueño, tenía a su pequeño rubio bajo el gimiendo su nombre.

La temperatura subió de forma trascendental en el comedor, Vicchan y Misha salieron al jardín ante aquella fuerte atmosfera, prefiriendo darles a los humanos su espacio.

Cuando las penetraciones simuladas no fueron suficientes, Yuuri escabullo una de sus manos por debajo de la playera del menor, tanteando por todo su abdomen llego a los pezones del rubio estrujándolos con suavidad.

—Ngh… —Gimió intentando volcarse. — Y-Yuuri…

El menor jadeo cuando una de las manos del moreno se coló por debajo de sus pantalones, acariciándolo directamente, movió su mano por toda su erección. El rubio sentía que su cabeza iba estallar en cualquier momento por todas esas nuevas sensaciones, se dedicó a sentir las caricias que recibía del mayor por todo su cuerpo. Su respiración se tornó mucho más pesada al sentir un cosquilleo proveniente de la boca de su estómago. Yuuri sentía como el menor estaba a punto de acabar, los espasmos en el menudo cuerpo contrario le avisaban su liberación. Volteo a Yuri, colocando su espalda sobre la mesa, hizo realidad uno de sus deseos más profundos.

Junto sus labios con los de su pequeño protegido, en busca de más contacto Yuri envolvió sus piernas sobre las caderas del moreno, quien seguía empujando en contra de él.

Plisetsky sentía que podía tocar el cielo en cualquier momento, al sentir la lengua de Yuuri chocando en contra sus dientes, abrió la boca gustoso permitiendo la entrada. Sus lenguas danzaban en un baile erótico y desenfrenado, mientras Yuuri acariciaba el menudo cuerpo debajo de el con devoción.

El menor lanzo un grito amortiguado por los labios del moreno cuando llego a su liberación, un líquido caliente y viscoso se escurrió en sus pantalones manchando la mano de Yuuri. Sonrojado, miro con ojos brillantes a su cerdito. Yuuri se encontraba de la misma manera que el menor, solo por una pequeña diferencia.

—Yu-ri… no. — Intento detener en vano las manos de su pequeño rubio que querían colarse dentro de sus pantalones.

El menor dejo un corto beso sobre sus labios, sonriendo con picardía.

—No, ahora es mi turno cerdito. — Llevo su mano libre hacia la nuca del mayor, atrayéndolo hacia el. — No te dejare ir tan fácil, Yuuri. — Susurro en contra sus labios, mirando directamente a los ojos marrones. Junto sus labios, enfrascándose en otra danza silenciosa buscando el dominio en la boca contraria.


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Yielding to desire: Cediendo al deseo.

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"Who's" Ahí ta' salseo pa your body my dear friend fundashi xD ¡más te vale decirme que te pareció malvado!

Bueno… me tarde un poquito a causa de las tareas y repasos en la U pero… ¡Aquí está el cap! Tengo unas envidiables y lindas ojeras pero lo termine xD me siento feliz por eso.

¿Qué les pareció? La verdad yo ni idea xD me estoy cayendo en sueño… como sea, espero que de verdad le haya gustado aunque sea un poco.

¡Esto se puso extraño! ¿Qué creen que pasara después? ¿Cómo creen que reaccionara el maldito de iuuri después de esto? ¿Qué creen que hará el gatito? Díganme sus teorías (soy cruel y estoy segura que tal vez la ponga en la historia xD)

Próximo capítulo:give me a chance.

See ya.