Disclaimer: Los personajes de Fire Emblem Awakening no son de mi pertenencia.
Bajé de mi yegua,tomé las riendas y la obligué a caminar conmigo a pesar de que estorbase entre la gente. Ignoraba que, si con la túnica de mi hermano puesta y sin mi tiara en el cabello lograría pasar desapercibida, más a cómo lo creía…
Lo hice…
Al fin de cuentas, había cruzado la ciudadela vestida como Lucina, como normalmente era, y aún así, la gente no me reconocía como la heredera.
- ¡Lleve las frutas más frescas y baratas de Ylisstol!
- ¡Tenemos la carne más deliciosa y fresca!
- ¡Nada como nuestros productos!
Había demasiada actividad en el mercado de la ciudadela, todo seguía igual. Con la calma que había, caminaba mirando a la gente que hacía sus compras en los puestos de comercio.
Mi estomago emitió un ruido que sólo yo pude oír, estaba claro que me hacía falta alimento. Sí, debí robar algo de comida antes de huir. Y no era la única en la situación, pues Altea, mi yegua, me señalaba con la cabeza un puesto de manzanas no muy lejos de nuestra posición.
- Vamos – Le sonreí
Nos acercamos al puesto donde el vendedor nos atendió con gran amabilidad y cortesía. Las manzanas fueron escogidas y era momento de pagar por ellas. Saqué la pequeña bolsa de oro que encontré, con mucha suerte, en una de las bolsas de la túnica y la abrí. Pero antes de siquiera tomar algunas monedas…
- ¡Hey!
Tomaron la bolsa… Me habían robado
- Se la encargo…. ¡Espera!
Entonces la persecución comenzó. Comencé a correr siguiendo al ladrón que tenía ropas características de uno, pero a diferencia del resto, éste se cubría el rostro y era mucho más bajo que los ladrones promedio.
- ¡Alto!
La gente, que no conocía la situación acera del robo, se atravesaba lo que obstaculizaba el que pudiera alcanzarlo. Pero a él, o ella, también se le dificultaba correr más rápido.
Creí que lo perdería al verlo meterse en un callejón muy estrecho. Perdería mi dinero y mi comida de horas e inclusive días.
Sin embargo, el ladrón salió de ahí con la cara descubierta y sin mi bolsa de dinero. Pero no había salido por voluntad propia, parecía que alguien lo había obligado o amenazado. ¡Ahí estaba! Un joven un poco más bajo que yo, eso no me importaba mucho, le agradecería después. Llegué a ellos, pero me dediqué más a ver al chico que a mi salvador.
- ¡Señorita! Nos haremos cargo – Avisó uno de los guardias que cuidaban la capital tomando al chico de los brazos.
Lo ignoré para concentrarme en el chiquillo. Era tan sólo un niño. Tendría… ¿Ocho años a lo mucho? Tal vez menos… ¿Y era un ladrón?
Me hinqué a su altura
- ¿Cuál es tu nombre? – Pregunté sin sonar enfadada o algo por el estilo
El chico no me dijo su nombre, hasta que me vio al rostro
- S-Soy Mark… - Susurró
- Bien, Mark… Dime… ¿Por qué me has robado?
- ¡No quise hacerlo! – Exclamó para luego bajar la voz y la mirada – Es sólo que… Mi madre no tiene dinero y mis hermanos tienen hambre…
- ¿Son menores que tú?
Él asintió levemente. Por alguna razón, me recordaba a Morgan cuando era regañado. Me incorporé, tomé la bolsa de las manos de uno de los guardias, la cerré con seguridad y facilidad para que él pudiera abrirla y se la di al chico
- Es deber del hermano mayor cuidar a los menores, ¿No?
Su cara mostró demasiada alegría y emoción.
- ¡Señorita! – Expresaron los guardias sorprendidos.
- Estoy de viaje, sí… Pero… - Miré a Mark – Es obvio que él lo necesita más que yo. Así que ruego, lo suelten. ¿Sí?
Ambos adultos se miraron entre sí. Suspiraron y lo soltaron al fin.
- ¡Gracias, señorita! ¡Que Naga se lo pague!
El chico salió corriendo perdiéndose en otro callejón seguido de los guardias para verificar que no mintiera… Sí… Me he quedado sin comer, sin dinero y sin techo donde dormir por esa noche.
- Lindo acto – Dijo el desconocido
- Bueno… - Me giré a verlo – Es algo que haría cualquiera
Vi al extraño a la cara, pero no podía creer lo que veía. Era obvio que no dormía, ¿Entonces era el hambre lo que me hacía ver cosas como esas?
- Supongo que sí…
- Morgan…
Él me miró con extrañeza y confusión. Esas miradas ya no me sorprendían, eran más que normales a esas alturas.
- ¿Qué? – Alzó la ceja - ¿Cómo sabes mi nombre?
- Morgan… Soy yo… - Me acerqué – Lucina
- ¿Lucina…? No… - Se alejó con dramatismo – ¡No!... No, lo siento… No te conozco
Me reí en voz baja. En definitiva era él, por mucho que estuviéramos en otra historia a la que yo viví. Claro que su aspecto era diferente: Sus ojos seguían teniendo el mismo color, pero su cabello, ahora era negro y vestía como un ciudadano más.
- Me sorprende que una chica que apenas conozco, sepa mi nombre – Sonrió nervioso
- Sólo adiviné
¿Debo? ¿Cómo le decía que era su hermana mayor? Pensaría que estaba loca y se alejaría de mí y eso es lo que menos quería… No ahora que lo tenía frente a mí.
Mi estomago volvió a delatarme avergonzándome y haciéndolo reír.
- ¿Gustas ir a mi casa? – Preguntó con amabilidad – A mi madre no le molestará. No, si escucha lo que hiciste por el chico
- ¡¿De verdad?! – Me emocioné y me calmé para disimular mi completa alegría – Quiero decir… Gracias
Fuimos a donde mi caballo se encontraba recibiéndome con alegría. Morgan pagó las manzanas para Altea, salimos de la capital y mi "hermano" me comenzó a guiar hacia donde se encontraba su hogar. Cruzamos la planicie cruzando el oeste de Ylisstol y avanzamos hacia el sur. Creo que sabía a dónde íbamos
- Llegamos
Sí… A la ciudad al sur.
Entramos a la ciudad y la misma actividad aunque un poco menos obviamente. Había algo claro, había algo de paz, podías sentarte en medio de la plaza y nadie te recriminaría, mucha paz a decir verdad.
Bajamos los pocos escalones para entrar entre la gente que hacía sus compras en los puestos y tomamos camino a la iglesia pasando por el puente. Sin entrar al recinto religioso, doblamos hacia la izquierda para continuar el camino de casas, aunque en realidad sólo había máximo como tres. Morgan se detuvo en la última y me señaló un establo improvisado, que no era más que troncos al lado de su casa.
- Allí puedes dejar a…
- Altea – Respondí
- Claro
Abrió la puerta y en voz alta avisó.
- ¡Madre! ¡Volví!
Amarré las riendas junto a otro caballo que, suponía, era de Morgan. Le seguí con algo de vergüenza y algo de miedo. Era claro que era Morgan… ¿Pero si no era Robin su madre? ¿También tendría que buscarla? De sólo pensarlo, me hacía entrar en un estado de pánico y desesperación.
- Con permiso
Entré al humilde hogar y un calor cálido me acogió. No sabría si era el fuego de la chimenea, o el de un hogar, sin embargo, era diferente al Palacio de Ylisse en esta historia.
- ¡Morgan! ¡Te has tardado! – Regañó una voz femenina levemente dulce
- Perdón, madre… Pasó algo
La mujer salió de una habitación al fondo limpiándose las manos con un trapo húmedo. ¿La reconocí? ¡Claro que sí! ¿Cómo no reconocer aquel cabello blanco atado en un par de coletas pequeñas? Era ella.
- Madre… - Susurré
Ella me miró y se le acercó a su hijo para verificar que poseía una buena salud y las tareas que le había pedido.
- ¿Quién es ella?
- Madre… Ella es Lucina, y…
Nos guió hacia la mesa de madera frente a la chimenea y comenzó a relatarle mi historia. Sabía que le interesaba por el rostro que mostraba, también sabía que era la verdadera Robin... Una hija, reconocería a su madre dónde sea.
- Entiendo – Sonrió – Puedes quedarte cuanto necesites, Lucina
- Muchas gracias
- ¡Hermano!
De las escaleras al segundo piso, bajaba una niña de aparentes cuatro años. Su cabello era negro, corto hasta lo hombros y, así como Morgan, unos cuantos cabellos sobresalían del resto.
- ¡Linfan!
La niña se lanzó a los brazos de mi hermano y él correspondió cargándola sobre sus hombros.
- ¿Quién es ella? – Pregunté levantándome y acercándomele al mismo tiempo que la menor preguntaba
- Lucina, ella es Linfan, mi hermana menor. Lin, ella es Lucina, se quedará un tiempo en lo que tú vas de visita con el abuelo
- ¡Tu novia es muy linda! – Sonrió - ¿Por qué no la presentaste antes?
El rostro de Morgan se tornó de un rojo amapola negando las palabras de su hermana mientras Robin y yo reíamos.
- Tú traerás a tu novio cuando tengas edad – Le dijo su madre caminando a lo que yo creía, la cocina
- ¡Que Lucina no es mi novia!
¿Esto era real? Lo parecía… Pero entonces… ¿Chrom se casó con Olivia? ¿Mis padres nunca se conocieron? ¿Qué pasó con los chicos de mi generación? ¿Con la guerra contra Grima? Con ella…
- Linda ropa
Desperté de mi trance al oír la voz de mi madre, o más bien, de la dulce mujer que me brindó un techo temporal.
- Se parece a una que tengo – Señaló la túnica que traía puesta - ¿Puedo verla?
- Oh, no es mía – Respondí quitándomela y dándosela – Es de mi hermano… Lo último que tengo de él
- ¿Cómo se llama su hermano? – Preguntó Linfan curiosa
- Morgan…
Ante su nombre, Morgan comentó.
- ¡Igual que yo!
- Por eso te confundí – Mentí – Además de parecerte mucho a él, el nombre es el mismo
Él no habló. Robin me devolvió la túnica.
- Sí, es igual a la mía
Si mi madre tenía una igual… Entonces…
- ¿Puedo ver su mano derecha?
- ¿Eh? C-Claro….
Revisé el dorso de su mano derecha verificando que no existía la marca de Grima, simplemente me quedé pensando de nuevo en algunas pistas que posiblemente ignoré.
- ¿Señorita Lucina?
Ese tono de voz… Siempre lo usaba cuando estaba preocupada por mí. Sentí una fuerte opresión en el pecho… Eran las ganas de romper en llanto.
- Yo… Necesito tomar aire. No tardo
Salí de la casa con calma y disimulo intentando no preocupar a ninguno de los tres.
Solté un gran suspiro seguido de respiraciones agitadas que pudieran calmar mis ganas de llorar. Me acerqué a Altea, quien me relinchó haciendo notar su preocupación.
- Estoy bien – Sonreí acariciando su cabeza
Me quedé un buen rato afuera intentando controlar mis emociones y aclarar toda idea.
La gente comenzó a entrar a sus hogares dejando, en un momento a otro, vacío el centro.
La puerta se abrió dejando ver a los miembros de la casa donde comencé a hospedarme.
- ¡Adiós Lucina! – Me dijo la niña tomando su mochila de las manos de Morgan – Espero aún verte cuando llegue
- ¿A dónde irá? – Le pregunté a Morgan
- Irá con el Abuelo a Plegia un tiempo – Contestó – El abuelo Validar la ama
- ¡¿Va-Validar?!
- Sí… ¿Ocurre algo?
- N-No…
¿Era el mismo que conocía? Porque si era así, me agradaba que Chrom no fuese esposo de Robin… En caso de no serlo, me hubiese sido agradable conocer a mi "abuelo" siendo bueno con nosotros.
Robin montó el caballo y subió a su hija frente a ella.
- Nos veremos en un tiempo, Morgan. Ya sabes qué hacer y ya no veremos en Regna Ferox, ¿De acuerdo?
Morgan asintió desamarrando las riendas del tronco.
- Ah, Lucina… Ven
Me acerqué con extrañeza. ¿Ella? ¿Algo qué decirme?
Entonces, me susurró al oído tras una risa bajita.
- Cuida a tu hermano, ¿Si? Sabes que es muy despistado
Se alejó de mí con una sonrisa mientras intentaba procesar lo que me había pedido.
Ella… ¡¿Lo recordaba?!
- Adiós, hermano
- Adiós, Linfan. Saluda al abuelo por mí
El caballo se alejó de los troncos y comenzó a galopar levemente hasta salir de la ciudad. Los perdimos al fin y el silencio reinó por completo toda la ciudad del sur.
Aquello había sido raro, pero algo era cierto. ¡Mi madre lo recordaba! ¿Pero por qué Morgan y mi padre no? ¿Qué pasó ayer?
- Vamos – Dijo Morgan haciéndome un ademan de entrar a la casa – La comida sigue caliente
Una vez dentro, me sirvió un plato de sopa donde, por primera vez, probé el sazón de mi madre aún después de toda esta confusión.
- ¡Está delicioso! – Expresé con alegría sirviéndome más de la olla frente a mí
- Mi madre cocina muy rico, ¿No?
- Sí. Por eso padre la ama
Guardé silencio de repente… Esas no eran las palabras de quería decir, o tal vez lo eran, pero no en el momento adecuado.
- ¿Cómo?
- Nada – Reí nerviosa mientras ingería más sopa
- No – Se levantó – Tú dijiste: "Por eso padre la ama"
- ¡No dije eso!
- ¡Lu!
Y ahí estaba la forma en como me decía cada que yo no aceptaba algo. Sin embargo, él pareció no darse cuenta.
- Bien – Hablé bajando la cuchara – Te diré todo, ¿Si?
- Por favor
Pero antes de decir algo, una flecha atravesó la ventana cruzando todo el recinto y clavándose en la pared del fondo. ¿Cómo me di cuenta? La sangre comenzó a correr de mi mejilla derecha hasta caer en la mesa llamando la atención de Morgan.
- ¡Lucina! ¿Estás bien?
- S-Sí…
¿Acaso era una flecha perdida? ¿O yo era el objetivo?
- Morgan, quédate aquí – Ordené levantándome de la silla, caminando a la salida y poniendo mi mano en la empuñadura de Falchion – Veré qué pasa
- ¿Estás loca? – Alzó la voz – Voy contigo
- ¡No! ¡No puedes!
- Puedo y lo haré – Me interrumpió con voz firme
Tomó una espada de acero que yacía al lado de la chimenea y me siguió. Abrí levemente la puerta para ver qué sucedía, pero sólo vi como Altea estaba inquieta. Abrí en su totalidad y salí con confianza seguida de Morgan para calmar a mi yegua, pero ésta seguía inquieta.
- Tranquila… No pasa nada
- ¡Cuidado!
De detrás de mi caballo, saltó un asesino. La sorpresa fue enorme, que no alcancé a sacar mi espada de su funda, sino resbalar y caer de espaldas al suelo. Cerré los ojos esperando el impacto, pero cuando lo abrí, el asesino yacía frente a mí, en el suelo inerte.
- ¡Morgan!
Me levanté con velocidad para verificar el estado de mi hermano. Temblando, con la espada entre sus manos y con el rostro de temor.
- ¿Morgan…?
Parpadeó un momento, hasta que reaccionó.
- Lu… - Soltó su espada y me miró - ¿Estás bien?
- Me salvaste… - No me contuve y lo abracé – Gracias
Nos adentramos de nuevo para limpiarle las manchas de sangre de la cara y él me curó la cortada que rápidamente sanó. Me indicó mi habitación, pero a temor de que me pasara algo, se quedó conmigo vigilándome, no me era normal que cayera dormido minutos después de contarme un cuento para olvidar lo pasado. Me alegraba, en cierto sentido, que no me preguntase nada de la situación aún después de todo…No sabría qué decirle.
Con la luz de una vela, pues rápidamente había anochecido, busqué algo con qué escribir y mandé una carta de mi padre diciéndole que no se preocupara, que estaba bien… Y que iría a Ferox…
Aunque Morgan no sabía que lo acompañaría.
Me acomodé a su lado en la gran cama de la habitación y me quedé mirando la luna fuera de la ventana. En ese estado, no podría dormir.
¿Quién había mandado al asesino? ¿El objetivo sí era yo? ¿O acaso era mi hermano? No tenía la respuesta a ninguna de las preguntas que me planteaban, pero no importaba, ya tenía a Morgan conmigo de nuevo.
"¿Te gustó mi regalo?"
Miré a mí alrededor, todo era completamente oscuro, sin ruido… Nada
"¿Te gustó?"
La única luz del lugar, me guió hacia una persona desconocida para el ojo del resto, aunque para mí… Era la dueña de mis pesadillas. Conocía ese bastón, y esa apariencia. Rubia, de cabello largo y ojos verdes.
- Lana…
"Hola, Princesa. Veo que me reconoces"
El eco del lugar distorsionaba su voz y apenas la escuchaba bien.
- ¿Tú…mandaste al asesino?
"Claro que lo iba a mandar yo" – Rió la sacerdotisa – "¿Quién si no era yo?"
- ¿Qué quieres? – Pregunté apretando los puños
"Tú lo sabes. Tu vida, tu familia… Todo tuyo. Y la única forma de obtenerlo. Es a través de tu mismo todo"
¿A través de mi…?
- ¡¿Tú?! ¡¿Tú le has hecho eso a Morgan?!
"¿Te gusta el lugar al que te envié? ¿No es lindo? Aquí no hay una guerra contra Grima. Sólo contra mí, que es peor"
- Te detendré, y lo sabes…
"No tanto…" – Señaló la gema de su bastón – "Esta gema, señala el tiempo de vida de tu madre y tu hermano. Si la gema se rompe, lo que será en diez días, Robin y Morgan desaparecerán. Lo que está ahora, se quedará
- No…
"Sí… Tienes diez días para reunir un ejército, encontrarme y derrotarme… O todo lo que conoces, desaparecerá para siempre"
La luz comenzó a desvanecerse
- ¡Espera!
"Diez días, princesa… Diez días"
