¿Yo subiendo otro capítulo tan pronto? ¡Milagro!

Los miserables pertenecen a Victor Hugo, yo sólo temo que su fantasma me persiga por escribir tales cosas.


Con los exámenes en los talones.

Fue complicado poner fecha a aquella asamblea. Quizás más complicado que el lograr que la gente acudiese a ella, ya que gracias a los correos y al teléfono pronto la convocatoria era conocida por toda Ciudad Universitaria, aun cuando no pudieron pegar ningún mísero cartel. ¿Poner un cartel llamando a una asamblea para que la policía que les seguía supiese y estuviesen allí esperándoles con porras y esposas como si del juego infantil se tratase? Todavía no se habían convertido en suicidas.

No quedó más remedio que realizarla durante los exámenes, y es que habían muchos temas que tratar y poco tiempo. Aun así, la afluencia de gente fue significativa, incluso reconocieron a Floreal y a Irma que fueron unas de las primeras en llegar. Habían decidido hacer la reunión en el interior de una de las facultades tras debatirlo bastante.

No había muchas posibilidades, o dentro de una facultad o fuera; y en vista de que la policía parecía tener ya vía libre para entrar y salir de las facultades cuando quisieran, la hicieran donde la hicieran iba a dar igual puesto que si lo deseaban podían interrumpirla cuando quisieran, así que prefirieron estar dentro de la facultad que al menos no hacía frío.

El primero que habló fue Combeferre, dando las gracias a los asistentes por haber podido asistir a aquello sin haberlo dicho con mucho tiempo de adelanto. Luego, Courfeyrac pasó a leer los distintos puntos del día, siendo el más sonado, quizás por los recientes eventos, la posible convocatoria de huelga para la segunda semana de marzo, noticia que venía de la mano de Enjolras.

—Por fin los sindicatos se han puesto de acuerdo. —Respondió, pues la verdad es que llevaban reuniéndose para aquello desde hacía semanas y nada salía en claro. ¿Cómo va a salir algo en claro con la panda que se encargaba de esas cosas que no llegaban a ponerse de acuerdo porque sólo miraban por sus intereses? Apenas había un sindicato que trabajase en condiciones.

— ¿Es de estudiantes solamente? —Preguntó Feuilly sentado al otro lado de donde estaba el rubio.

—Por ahora sí. La decisión se tomó ayer, todavía no se ha anunciado ni a la prensa ni a nada. En esta semana iban a hablar con el sindicato de profesores para ver si ellos se suman, aunque por lo que tengo oído es lo más probable.

—Entonces… —Floreal habló con una mano apoyada en la barbilla, en gesto pensativo. —De nuevo hay que organizar otra huelga.

Sí, parecía muy evidente aquello que había dicho la chica, sin embargo el tono con el lo había comentado dejaba entre ver las verdaderas intenciones. Había que ponerse otra vez a exposición de que la policía pudiera detenerte pegando carteles, repartiendo panfletos o simplemente entrando en las clases dando a conocer la huelga.

—Sí, pero podemos intentar otras cosas. —Claramente Enjolras no iba a dejar que aquella gente se las tuviera que ver con la policía, estando ellos que podían encargarse perfectamente de aquello.

Lo comentado por Enjolras llamó la atención de los que escuchaban atentos las palabras del que parecía ser el líder del movimiento, o al menos hablaba como si supiera mucho del tema, lo cual bastaba para que los novatos, que eran la mayoría, le vieran como una figura a la que seguir.

— ¿El qué? —La pregunta esta vez vino de Irma, sentada al lado de Floreal.

—Bueno, mirad todos los que hemos venido hoy, en plena época de exámenes y con los riesgos esos que decís. Somos bastantes.

Varios de ellos comentaron acerca de compañeros a los que les hubiera gustado sumarse a aquello pero que les había sido imposible a causa tanto de los exámenes como personales, pero que estaban dispuestos a echar una mano en todo lo que necesitasen.

—Simplemente con un correo y el boca a boca. Creo que, lejos de que nosotros vayamos a sacar carteles y demás, con el simple hecho de hablarlo con vuestros compañeros y profesores ya podemos sacar algo decente. —El rubio siguió hablando dedicándole miradas a todos los que estaban allí presentes, en especial a las caras nuevas, ya que era a esos a los que tenía que calarle el mensaje para que no se alejaran de la lucha, sino que al contrario, fuesen capaz de atraer a más gente a que participase en el movimiento para que aquello pudiese salir, y esta vez de verdad.

Pocos puntos más se trataron aquel día, a parte de la formación de un grupo de mensajería instantánea en el que poder comunicar como iba las charlas con compañeros. Sin duda, esas cosas servían para que no se perdiera la motivación, pues al final la gente lo veía como una competición sobre quién puede hacer más. A Enjolras no le gustaba eso, él quería que la gente que hiciera algo lo hiciera porque lo deseaba y no porque había visto a su amigo haciéndolo, pero por el momento no podía pedir más a gente que acaba de entrar en esos ambientes y que apenas conocían algo sobre como actuar. Bastante tenían.

—También podríamos plantear el hecho de tener una reunión, los que podamos, todas las semanas o así a fin de que esto no se quede detenido y estemos en contacto físico cuánto podamos. —La idea provino de Combeferre. Un grupo de mensaje estaba bien, pero por experiencia, y una experiencia clara en el grupo de Les Amis que ellos tenían, sabía que podían surgir unos debates a raíz de los métodos de trabajo que iban a ser bastante complicados de responder por ese medio, siendo mejor quedar cara a cara. Y así también se acababa creando una rutina que era mejor que empezarán a tener.

Sí, podía parecer que todo aquello era exagerado, demasiadas precauciones, pero era mejor que se habituasen cuanto antes a que lo que estaban a punto de hacer, o mejor dicho, lo que ya se estaba llevando a cabo no era un juego que podías pausar, que podías empezar desde el principio, o peor, un juego que podías jugar tú solo. Al contrario. Mucha gente era la que hacía capaz que eso se moviese.

—También. Cuando empiece el curso podríamos ver un día fijo en el que quedar. —Courfeyrac habló y no parecía muy convencido con aquello, no era para menos, bastante tenía ya con las reuniones de Les Amis como para tener que sumar también las del grupito de insurrección de la universidad, no lo decía él, así era como habían bautizado al grupo que habían creado de mensajería.

—Entonces creo que podemos dar por terminado ésto. Recordad dar a conocer la huelga, y captar gente. No os cortéis, tanto para hablar con ellos como para hablar con cualquiera de nosotros en caso de que tengáis dudas. —Enjolras fue el que puso punto y final a aquella reunión, mientras la mayoría se levantaba del suelo y se ponían los abrigos para irse de vuelta al infierno que suponía tener que estudiar para los exámenes. —Nosotros. —Y miró a aquel grupo con el que llevaba trabajando durante más tiempo. —Tenemos que hablar de cierta cosa.

Se movieron hasta la cafetería de la facultad, pues no deseaban tentar a la suerte y en la cafetería parecía que estaban haciendo cosas lúdicas o de otra índole.

Juntaron un par de mesas, mientras algunos se fueron a buscar su comida, para impaciencia de Enjolras, quien deseaba terminar con aquello e irse a su casa. Al día siguiente tenía un importante examen y esa misma noche había vuelto a quedar para otra reunión. ¡Qué complicado era todo!

—A ver, —ni siquiera se sentó, y miraba el móvil para asegurarse de que no se equivocaba con la información que daba. —Musichetta me ha dicho de quedar con este grupo la semana que viene, a poder ser jueves o viernes que es cuando casi todos están libres y pueden reunirse. ¿Quién puede ir?

De reojo, todos comenzaron a mirarse a todos, y pronto empezaron las negativas: estudios, salidas con familia, salidas con amigos del instituto...

—Yo puedo ambos días. Termino los exámenes el miércoles y hasta el lunes no tengo clases. —Y de pronto se hizo la luz de la mano de Éponine, quién comía las patatas de la hamburguesa que Bahorel se había pedido, a falta de no haberse traído dinero para comer y negarse a que le comprasen cualquier cosa. Lo cierto es que aquellos días eran los que tenía de vacaciones, pero bueno, sino había más remedio… Además, de que vería a Musichetta, y pocas veces ambas lograban coincidir a raíz de lo complicada que eran sus vidas. —Si alguien viene conmigo.

Cosette sentada en una de las equinas de la mesa mientras pinchaba con el tenedor un risoto de setas que se había comprado meditó unos instantes. Igual que Éponine, y todo aquel que estudiase alguna carrera de filología, el miércoles también terminaba sus exámenes, incluso había pensado proponerse ella para ir, pero no se sentía del todo preparada para ir a modo de representante a una reunión. Tampoco le importaba tener que acompañar a Éponine, pero notaba que su presencia no era bien recibida por su parte, y ella no deseaba malos rollos.

—Cosette, tú también terminas los exámenes ese día, ¿no? —Marius, sentado a su lado, habló mirándola. La morena simplemente afirmó con la cabeza. — ¿Por qué no la acompañas? —Nueva respuesta: se encogió de hombros.

—Entonces decidido. Si ambas podéis ambos día, Musichetta me dijo que lo ideal es que os acercarais a la Academia de Baile el jueves por la tarde, sobre las seis o así. Al parecer siempre se reúnen ese día fijo. Faltaréis a la reunión que tenemos para ese día en el Musain, pero bueno… —Era por una buena causa. No se podía tener todo en la vida. —Y con ésto me voy. —Dio un leve golpe en la mesa antes de alejarse.

—Bien, ahora que se ha ido podemos ponerle verde. —La frase provino de Grantaire y cumplió su cometido, hacer que la mesa se relajase de toda la tensión que Enjolras había acumulado.


Café a y 32

Pese a que Enjolras quería confiar que aquellos nuevos compañeros de lucha iban a poder sacar la huelga sólo hablando entre ellos, lo cierto es que eso no quitaba que ellos tuvieran que quedarse de brazos cruzados, y por eso había convocado esa reunión.

—Enjolras. —La voz de Bahorel le sacó de su pensamiento. — ¿No crees que es un poco pronto para llevar a cabo esta reunión? La huelga es en marzo y no estamos ni en la última semana de enero. Vale que te gusta anticiparte, pero tío, creo que te estas pasando por meses. Literalmente.

—Si no llevamos a cabo ésto, luego nos vamos a tener que reunir sólo para hablar de que tenemos o queremos hacer en la huelga.

—Pues lo de siempre. Pegar carteles, pintar graffitis en las paradas de metro, bus y por las facultades. Vale, por las facultades no.

Y es que Jehan le había dedicado una mirada al grandullón que le había obligado a retractarse. El muchacho que estudiaba humanidades estaba en contra de que se alterase edificios antiguos, emblemáticos e históricos, como eran los edificios de las facultades. Ellos buscaban la educación pública, buscaban que el sistema educativo fuese de calidad, con buenos profesores y que no fuese todo enchufe para llegar a una plaza en los diversos departamentos que había en las facultades. Y eso no tenía nada que ver con que se pintasen graffitis. O sino, qué, cuándo terminase la lucha, si es que alguna vez terminaba, iban a tener una buena educación, pero en un edificio mancillado por tales garabatos, en el mejor de los casos.

Afortunadamente hacía años que Bahorel había dejado de proponer que se rompiesen los cristales de las aulas y se pateasen las puertas para, en el sentido más estricto de la frase, tener una universidad abierta a todo el público.

—Eso ya lo sé, Bahorel. —Jehan se volvió a mirar a Enjolras cuando le escuchó hablar de nuevo. —Pero estaba pensado en hacer cosas nuevas, innovadoras.

—Enjolras va a hacer una performance en la Plaza de la República. ¿Incluirá desnudo integra o sólo será él transformado en la Dolorosa llorando ante la educación pública?

El rubio que se había convertido, sin comerlo ni beberlo, en tal imagen no sabía que le causaba más extrañeza: Si el símil con una institución que a ojos del estudiante estaba obsoleta y anticuada, o que Grantaire pareciera que hubiera prestado por primera vez en su vida atención a alguna de sus clases en la universidad.

Aun así, y por el bien de aquella reunión, deicidio ignorar dicho comentario tras respirar hondo y contar hasta diez. Combeferre tenía razón. R lograba con demasiada facilidad que se despistase de sus pensamientos, y de lo verdaderamente importante, en pos de una discusión que sabía que nunca iba a tener fin porque la había vivido demasiadas veces a lo largo de su corta vida.

—He logrado reunir en una lista una numerosa cantidad de correos y teléfonos de medios de comunicación. Podíamos intentar contactar con ellos para ver si nos pueden echar una mano a la hora de dar a conocer la convocatoria y los problemas que tenemos en la facultad. —Del interior de su mochila sacó la carpeta de fundas que solía llevar siempre, pues a parte de las cosas para el movimiento estudiantil, llevaba los apuntes y las fotocopias para poder seguir las clases.

Rebuscó en dicha carpeta hasta dar con varios folios que se encontraban grapados y se la pasó a Combeferre, el compañero que tenía más cerca, para que le echase un ojo. Este, a su vez, se la pasó al resto de los que se encontraban allí para que le echaran un ojo.

—Todo bien, muy bonito. —Bossuet habló tras pasarle los folios a Joly. —Sin embargo hay algunos nombres que son de medios contrarios a nuestras ideas, e igual acceden a reunirse con nosotros, pero para sacar luego algo que nos deje en mal lugar, cosa que no es la primera vez que harían. Deberíamos mirar antes con quienes de estas personas podemos contactar y saber que harían un buen reportaje. Dentro de lo buen reportaje que pueden hacer unos medios que están comprados por las empresas y los partidos.

A Enjolras se le había escapado aquello, y es que había dado por fiable aquella lista sin pararse a mirarla. Fallo, gran fallo. Aunque si Bossuet tenía razón, que era lo más probable, entonces había hecho bien en contar aquello antes de actuar, porque a punto estuvo de empezar una sesión de llamadas y envíos de correos.

— ¿Alguno ha traído un ordenador? —Preguntó, y al ver como Marius alzaba la mano, afirmó con la cabeza conforme. —Podríamos dedicarnos a investigar por encima a estas personas y qué publicaciones hacen y dónde trabajan para empezar a descartar.

—También habría que ver quién se puede encargar de contactar con esta gente. —Courfeyrac alzó la cabeza por encima del portátil de Marius. Estaba ayudando a este a conectarse al wi-fi de la cafetería.

—Bossuet y yo nos encargamos la otra vez de hablar con la gente y no nos fue tan mal. —Recordó Joly.

—Bien, podéis dedicaros a llamar a los teléfonos. Para los correos estaba pensando en escribir una nota de prensa que enviar a todos por igual. —Las palabras de Enjolras sacaron un gesto de aprobación por parte de sus compañeros. — ¿Alguien me podría echar una mano para escribirla?

—Yo puedo. —La voz de Jehan sonó.

—Perfecto. Podemos hacerlo este sábado y ya quitarnos esto de en medio, para tenerlo enviado cuanto antes. Tenemos que aprovechar que los sindicatos también se están preparando para hacer pública la convocatoria, haber si nos podemos sumar a ella y ganar adeptos, así como darla a conocer a grande escala mediante nuestra voz. Que nadie se apropie de nuestra lucha. En los medios no hay seguratas que nos puedan quitar los carteles y que nos diesen la murga.

Sin duda, tras aquellas palabras, era fácil entender de dónde había sacado Enjolras aquella lista. Era alucinante la cantidad de contactos que podía tener el muchacho y la cantidad de cosas que podía conseguir de ellos.

—Somos jóvenes universitarios que se dedican los sábados a redactar notas de prensa y llamar a medios de comunicación, en lugar de salir de fiesta. Somos la vergüenza de este país.

—Habla por ti, Grantaire, yo este sábado tengo pensado beberme hasta los ceniceros, que mañana tengo mi último examen. —Y sin embargo, en lugar de estar en casa estudiando, Bahorel se encontraba allí. con dos cojones.

—Ya me he podido conectar. Tenemos acceso a Internet. —Marius se hizo crujir los dedos. —Cuando podáis, decidme el primer nombre que tenga que buscar. —Colocó las manos, una vez los dedos habían dejado de estar agarrotados, en la base del portátil para prepararse y teclear.

—Creo que voy a por un café. —Dijo Combeferre dirigiéndose hacia la barra donde Mabeuf ya le estaba esperando.


Cosas que hacer con Cosette: Hablar de política.

A Éponine le hubiera gustado decir, si alguien le hubiera preguntado, que el tiempo que pasó con Cosette fue horrible. Que la morena era insoportable y que los silencios incómodos reinaron en todo momento mientras viajaban en metro primero, y luego caminaban por la calle hasta llegar a la Academia de Musichetta, sin embargo, éso sería mentir, y a ella no se le da del todo bien mentir; al parecer, arruga la nariz de manera leve, o eso le han dicho, porque ella no lo nota. -¡Ojalá lo notase, porque es una manía que quiere quitarse-.

Bueno, para ser sinceros, puede que los primeros cinco o diez minutos sí se hubiese dado esa situación que la rubia había imaginado para sus adentros. Ambas chicas habían decidido quedar en la facultad en primer lugar para ir en metro hasta donde iba a darse la reunión, y aprovechar el viaje para hablar algo acerca de cómo iban a enfrentar aquello, pero no fue tan sencillo como parecía, puesto que a parte del saludo, ninguna de las dos hablaron.

Fue cuando cruzando los tonos que Cosette se atrevió a romper aquel silencio reinante.

— ¿Qué se suele hacer en estas cosas? —No sabía muy bien cómo llamar a aquello que iba a hacer. ¿Reunión? ¿Asamblea? ¿Había alguna diferencia?

La rubia lo meditó unos instantes antes de responder:

—Se suele tratar primero los problemas, saber qué pasa en el lugar, en especial en este caso, dado que sus problemas seguramente no serán los mismo que los nuestros en la universidad, aunque en última instancia las causas seguramente sí serán las mismas, la mala gestión que hace el gobierno de lo público. —Mientras hablaba, no podía evitar pensar que sonaba como Feuilly. Quizás solía pasar bastante tiempo con él.

—A ti te entiendo mejor. —Cosette sintió que acababa de decir una tontería por como su compañera había parpadeado suavemente mirándola. —Quiero decir, nunca he estado en estos ambientes y hay términos que apenas había escuchado nunca, o que lo había hecho en ambientes muy distintos, como en la televisión o en los libros de texto en el instituto.

—Cuando conocí a esta gente también me pasó lo mismo. —De eso hacía casi cuatro años, que se decía pronto, aunque bueno, apenas dos eran los que estaba de manera oficial en el grupo, aquellos dos años que llevaba en la universidad. —Lo importante es leer. Principalmente artículos de prensa o de determinados blogs.

— ¿Me podrías pasar alguno? Marius sólo me recomienda libros que al abrir no entiendo ni jota. Me paso tanto tiempo leyendo en latín y griego que me hace sentir que he olvidado leer en francés.

Aquel comentario le sacó una leve risa a la rubia, aunque la mención de Marius le hizo pensar en cuánto habrían hablado, quedado… ellos… solos. Mejor dejar aquellos pensamientos a un lado.

—Marius, como Enjolras, creen que todos, una vez entramos en la asociación o este tipo de movimiento, creen que todos nacemos sabiendo que estamos alienados, y capaces de resolver los problemas de nuestra realidad concreta. —Comentó en un tono jocoso.

—He aprendido a sentarme junto a Feuilly o con Bossuet después de cada reunión para que me traduzcan lo que se ha dicho, y lo que ha dicho Enjolras.

—Yo también hacía eso. Aunque tuve la suerte de tener con Feuilly un curso intensivo sobre movimiento estudiantil antes de entrar en la universidad.

—A veces me gustaría intervenir en las reuniones, pero no sé que decir, y siempre hay alguien que habla diciendo de mejor manera lo que pasa por mi mente.

—No te preocupes por eso. ¿Cuántas veces me has escuchado hablar a mí? ¿Y a Grantaire? Quitando sus comentarios mordaces. Es mucho mejor que se maten entre ellos. — ¿En serio estaba intentando ayudar y hacer sentir a Cosette? Bueno, cosas más raras podrían verse.

—Supongo que tienes razón… —Cosette se quedó pensando levemente. Aunque pronto estaba cambiando de tema. No quería silencio, y menos ahora que había logrado establecer una conversación con su compañera. —Mi padre está asombrado por mi repentino interés de ver la noticias. No sabe cómo he llegado a sacar ciertos pensamientos.

—¿Valjean no sabe que estás metida en esto?

Desde que eran niñas, a Cosette le había asombrado la memoria de Éponine, y esa vez no fue menos; sin embargo no hizo mención alguna a eso.

—Ahora cree que he quedado con unas amigas para ir al centro. Aunque no es tan mentira. He quedado con unas amigas y estamos yendo al centro.

¿Cosette la acababa de llamar amiga? ¿Por qué se lo ponía tan difícil para odiarla?

—Quizás si le dijeras que estás conmigo no te hubiera dejado venir.

— "Papá, me voy con Éponine, sí, la niña con la que me juntaba cuando era pequeña, a luchar por los derechos de los franceses a la antigua usanza con un grupo de nueve personas más". —El tono que empleó era casi irónico. —No, no creo que se lo hubiera creído.

—Oye, si estuviese aquí el resto del grupo, o Bahorel, quizás sí podríamos acabar con palos y piedras rompiendo cosas, pero conmigo todo es diálogo.

—Me he dado cuenta que el grupo tiene una gran variedad de pensamiento políticos y sociales para los pocos que somos.

—Sí, bueno. Tenemos que bajarnos aquí. —Dijo señalando la puerta del metro que se abrió en ese momento. Cuando estaban en las escaleras mecánicas, continuó hablando. —Hay una clara idea, si defendemos los mismos intereses, entonces podemos trabajar juntos.

—Éso está bien. —Declaró afirmando con la cabeza.

El móvil de Éponine, instantes después, sonó. La muchacha lo sacó del bolsillo y le echó un vistazo.

—Es Grantaire. —Se quedó mirando a la morena mientras respondía. —Dime, R.

Lo siguiente que escuchó Cosette fueron simples "aja" y "vale", con los que la muchacha hacía ver que estaba siguiendo lo que fuera que le estuvieran contando al otro lado. Un simple "Adiós" y ya había colgado.

— ¿Ha pasado algo? —Preguntó la chica.

—Al parecer Enjolras tiene una lista de periodistas o algo así, van a contactar con ellos para la huelgas, y R me decía que le propusiéramos a estos que se unieran a nosotros para sacar algún comunicado en conjunto.

— ¿Crees que sabrán lo de la huelga?

—No lo sé, aunque también para eso hemos venido.

Éponine abrió la puerta de la Academia de Baile y dejó que Cosette pasara primero. Dentro, Musichetta las estaba esperando.

— ¡Habéis llegado muy puntual! Venid, todos están reunidos en una de las pistas. —Dejó sonoros besos en las mejillas de las universitarias antes de guiarlas por el lugar. Por fuera parecía enorme, y posiblemente lo era, pero con la cantidad de pistas de baile, el espacio que quedaba de entrada y pasillos era minúsculo. —Yo sé que Éponine ya ha estado por aquí, acompañando a Feuilly para otro asunto semejante a este hace ya algún tiempo, pero, ¿tú has estado alguna vez aquí, Cosette?

—De niña hacía ballet, aunque duré sólo un par de meses. No se me daba tan bien como imaginaba. Mis pies nunca llegaron a abrirse en 180 grados. —Respondió algo avergonzada, pues delante tenía una bailarina de verdad.

— ¿Así? —Éponine se detuvo, haciendo aquella postura.

— ¡Eso! —Señaló Cosette con un dedo hacia los pies de ella. — ¿Sabes ballet?

—Patinaje. El ayuntamiento ofertaba cursos de seis meses para promover el deporte entre los jóvenes y me apunté. —Se encogió de hombros levemente antes de alcanzar al resto de a chica.

—Entonces ambas sois ideales para estar en esta reunión. No es por nada, y porque Joly y Bossuet son mis chicos, pero sacas al grupo de la universidad y la política y se pierden. —Comentó Musichetta.

Y en ese mismo momento, un engranaje encajó en la cabeza de Cosette, quien había visto a Musichetta en actitud cariñosa con los dos chicos mencionados, pero nunca se había atrevido a preguntar qué había detrás de aquellos gestos.


El Musain: El lugar impugnable.

La reunión se dio por terminada cuando el Sol hacía ya un par de horas que se había ido. Lentamente fueron recogiendo el lugar, puesto que parte de la culpa de que Mabeuf tuviera que cerrar tan tarde era de ellos, por lo que, qué menos que echarle una mano para ordenar el sitio que a ellos tan bien les servía.

El primero en irse fue Jehan, cuando tras mirar el reloj del móvil se quedó sorprendido de que faltara apenas tres minutos para que el autobús que usaba pasara por la estación más cerca del Musain, por lo que se despidió de manera rápida escuchando como le alentaban a que hiciera la mayor carrera de su vida para alcanzar a ese autobús. Las ganas que tenía de esperar quince minutos para que pasara el siguiente no le llamaba demasiado.

Tres minutos concretamente fue lo que el grupo tardó en recibir noticias del que recién acababa de irse por el grupo.

LES AMIS DE L'ABC

*Jehan [20:17]

No me hagáis mucho caso, pero creo que cuando iba corriendo por la calle he visto un par de coches de la policía cerca del Musain.

El mensaje fue leído en voz alta por Marius, que le estaba echando un ojo al móvil mientras el ordenador se terminaba de apagar. Sólo a él se le actualizaba el portátil cuando tenía prisas por irse, llegar a su casa y evitar una bronca por parte de su abuelo.

— ¿La policía? Siempre están dando la murga. —El comentario salió de Enjolras mientras echaba un ojo por la ventana, la cual ya tenía las cortinas echadas.

—Sigo sin tomarme en serio a una persona que cuando se enfada no suelta tacos. Eso y que no me fio. —Como quién no quiere la cosa, Grantaire se puso a hablar con Courfeyrac, quien no pudo reprimir una risa porque muy en el fondo tenía razón.

—Deberíamos salir en grupos pequeños. Más que nada por si consideran que estamos planeando una concentración ilegal o algo. —Combeferre meditó bien aquella situación mirando a sus amigos con rostro serio.

—Ya ni en el Musain podemos estar tranquilos. —El golpe que Bahorel dio en la barra la hizo vibrar.

—Chicos, —y quizás lograr que Mabeuf interviniera, —aquí no pasa nada. Es mi propiedad y sin una orden no pueden cruzar. Creo que ya lo sabéis. —No por nada tenía en el local a varios futuros abogados, o al menos estudiantes de derecho.

—No queremos ocasionarte problemas, ya bastante tienes teniendo que aguantarnos casi todos los días con nuestras cosas. —Enjolras se apartó dela ventana cruzándose de brazos para pasearse por el lugar. —Creo que Grantaire debería irse el último, que vive aquí arriba.

—Grupos de tres personas máximo. —Intervino Feuilly, a quien le urgía irse puesto que necesitaba llegar al trabajo. —Bahorel, Marius y yo podemos hacer el primer grupo, tengo que irme ya, y cada uno tomamos autobuses distintos.

—Luego podemos salir Courfeyrac, Enjolras y yo. Vamos al metro, no creo que vayan a entrar para seguirnos. —Aunque con la policía nunca se sabía. Había imágenes de como los cuerpos de seguridad en otros estados entraban en lugares de ese tipo con las enormes armas y todo, por lo que todo podía pasar también en Francia.

—A mí me vienen a recoger a la Plaza de la República. No creo que a mi madre le moleste mucho llevar también a Bossuet. —Ahora era Joly el que echaba un vistazo por la ventana, puesto que había visto unas extrañas luces, sin embargo era sólo un cartel luminoso de un local cercano.

—Pues entonces creo que ya podemos ponernos manos a la obra. —Bahorel, del primer comando, se acercó a Marius que seguía atareado con su ordenador. — ¿Preparado?

Rápidamente Marius cerró el ordenador y lo guardó en su bolsa, la cual metió en su mochila de la clase. No había terminado de actualizarse pero ya lo haría por el camino. Lo importante era no retrasar a sus compañeros, y de paso no retrasarse a sí mismo. Sentía que podía contar los minutos como una cuenta atrás que terminaba en la ira de su abuelo.

— ¡Vamos! —Quizás había sonado más animado de lo que convenía en una circunstancia de ese tipo, pero estaba nervioso, y él no lo podía ocultar tan bien como lo hacía Enjolras. ¡Ojalá pudiera ocultarlo tan bien! Quedarse allí detenido con pose estoica, brazos cruzados y mirada a la puerta, ahora abierta por Feuilly.

Y quizás ese era un gesto de que Enjolras no estaba tan tranquilo. En lugar de moverse por todo el lugar, o en su defecto, mover manos sobre la mesa, mirar a todas partes, en resumen, estar activa, se encontraba en una posición que casi podía decirse que era una estatua. Nadie se hubiese extrañado si Grantaire hubiera aprovechado la circunstancia para sacar su bloc de dibujos y ponerse a hacerle un retrato, aprovechando una circunstancia poco vista.

—Avisad cuando lleguéis a la parada del bus. —Y la estatua había alzado levemente la cabeza para hablar y cambiar un poco su postura. —Así podremos dejar algo de tiempo entre que unos salgan y otro lo hagan. Y hablad de cualquier cosa que no sea esto.

—Enjolras, estamos acostumbrados a tener la policía pisándonos los talones como para no saber las normas básicas de hacer que te ignoren. —Fue el último comentario de Feuilly antes de salir y cerrar tras de sí aquella puerta.

Eternos se le hicieron los minutos hasta que los teléfonos de los presentes comenzaron a emitir señales luminosas en señal de haber recibido algún mensaje, y aun más eternos porque apenas alguien habló. Grantaire lo intentó, pero el ambiente parecía más sacado de un velatorio por lo que se mantuvo sentado en la única silla que había quedado sin colocar, jugando con su teléfono.

Leyeron el mensaje sólo para asegurarse de que todo había salido bien, y nadie había sido parado por la policía, aunque se había confirmado lo que Jehan les había escrito minutos antes. La policía estaba dando vueltas por ahí. Y seguro que aquella sería la primera vez de muchas. Cada vez iban a tener que agudizar más el ingenio, aunque eso no significaba que fueran a detenerse. Sólo lo hacía mucho más interesante, aunque esa noche Enjolras, mientras caminaba hasta el metro acompañado de Combeferre y Courfeyrac no fuese capaz de encontrar ese interés.


Papá sabe más.

Cosette había enviado un mensaje a su padre aquella noche. Un leve "Papá, que me quedo a cenar fuera con mis amigas, no regresaré tarde". No era mentira, se había ido a cenar con Éponine y Musichetta, sin embargo se habían acumulado tantas mentiras en las últimas semanas, que cuando decía la verdad sentía que no iba a ser creída.

Aunque en parte podía ser algo de culpa por mentir a aquella persona que tanto había cuidado de ella por años. Sentía que la estaba traicionando, mas ya no podía dar marcha atrás con aquello. Quizás nunca había podido hacerlo, porque todo pasó demasiado rápido.

Por eso cuando llegó a casa y saludó a su padre, el gesto que Valjean tenía en su rostro le hizo saber a Cosette que había descubierto algo, y un recapitulamiento de cosas pasó por su cabeza. En casa no tenía ni carteles, ni panfletos, ni nada semejante que pudiera hacer ver que estaba en una cosa así.

— ¿Algo importante que destacar?

Lo sabe. No sabía cómo, pero Valjean lo sabe. Porque se ha puesto en modo abogado, pero no en modo abogado de la defensa, no. Se ha puesto en modo fiscal y Cosette siente que le tiemblan las piernas.

—Nada. Ha sido una velada muy tranquila.

— ¿Y qué tal con Éponine? —Posiblemente la cara que puso hizo que Valjean siguiese hablando. —Os vi pasear por el centro. No sabía que os habíais vuelto a juntar.

Éponine, vale. Sólo la ha visto con Éponine. No la ha visto en nada relacionado con les amis. Todavía puede salir aireada, aunque la tentativa de mentir de manera directa y en ese momento no la considera muy fiable.

—Oh, sí… Ambas estudiamos en la misma facultad. Tenemos algunas asignaturas juntas. Ella estudia filología inglesa.

—Vaya… ¿Quién iba a decir que Éponine y tú todavía siguierais el mismo camino?

—Bueno, trabaja mucho para ello. Literalmente. Está trabajando como camarera para poder pagarse los estudios. —Está hablando más de la cuenta. La van a pillar.

—Cosette… —Ya está. Basta eso para que todo se desmorone y empiece a hablar.

—Estoy en un grupo universitario con Éponine. Buscamos que los alumnos tengan mayores acceso a la universidad y una mejora en la educación, ya no sólo a nivel monetario, sino en la calidad de las enseñanzas. Es un grupo de poco más de diez personas, las que mueve todo y extrañamente yo estoy en ese grupo. Sin embargo en la práctica somos muchos más, y cada día se suma gente. Hoy he tenido una reunión con Musichetta, una chica muy simpática que estudia en la Academia de Baile, porque tienen problemas con las subvenciones públicas. Iba acompañando a Éponine, aunque por una vez he intervenido en una reunión. No sé. Con Éponine como compañera ha sido más sencillo porque no habla con términos raros ni nada, entonces me siento más segura.

Ha hablado muy rápido, de manera atropellada, duda que su padre haya entendido alguna palabra de la que ha dicho, y más por los cambios en su gesto que ha provocado, y a Cosette le extraña que no haya una expresión de enfado. Deliberadamente ha omitido a Marius, porque sabe que su padre podía notar algo y no se siente preparada para decirle que le gusta alguien. Todavía tiene cierto trauma por la "charla" que le tuvo que dar haría unos años cuando le bajo la regla por primera vez.

Es cierto que a Valjean no le gusta que su hija se meta en líos. Conoce bien ese ámbito y sabe que no es el más seguro ni por asomo, sin embargo considera que le ha dado una buena educación cuando la escucha hablar acerca de los objetivos que busca, y no la puede culpar. El mayor se siente en una posición bastante comprometida, en la que nunca hubiera imaginado estar.

—Es cierto que me sorprende escucharte decir estas cosas. Aunque por otro lado me hace feliz que sientas deseos de ayudar a tus compañeros y que no te quedes de brazos cruzado.

—Pensaba que no te gustaría. —Bajó la mirada, lanzando un suspiro.

—No confundas mis deseos de protegerte con que esté en contra de luchar por un bien mayor. Si siempre he evitado que te muevas por esos ambientes es porque temía que simplemente entrases por una locura, sin comprender la magnitud de eso, sin embargo te he visto viendo las noticias y comentarlas conmigo. Además de pillarte ciertos libros detrás de la mesa… —Era increíble la capacidad de Valjean para descubrir todo. A Cosette le gustaría ser igual que él cuando fuera mayor y tuviera sus propios hijos. —Por lo que puedo intuir que sabes bien a qué te enfrentas. —Un leve asentimiento por parte de Cosette, y siguió hablando. —Con esto no quiero que creas que no siga queriendo protegerte y deseando que acabe esta etapa rebelde.

—Papá, no es una etapa.

—Deja que tu viejo padre tenga algunos sueños.

Ante aquello, Cosette sólo pudo ir a abrazarle, porque no había duda de que tenía el mejor padre del mundo. Y si supiese la gran labor que este hacía como abogado de aquellos que, igual que su hija, luchaban por los más desfavorecidos y la policía siempre les suponía un obstáculo, posiblemente hubiera descubierto que de siempre había vivido con ello en casa -y le hubiera ayudado a atar cabo mucho antes-.