Disclaimer: Los personajes de FE Awakening no son de mi pertenencia.


- Ahora… ¿Qué pasó en Ferox? ¿Por qué el Khan Basilio…?

Mi padre bajó la mirada soltando a la vez un enorme suspiro en lo que la Tía Lissa le curaba una cortada en su brazo derecho.

- ¿Cuándo crees que pasó todo esto?

- No sé… ¿1 mes a lo mucho?

- En realidad… Pasó dos años después de que naciste….

La tía Lissa dejó su brazo, brindó unas palabras de aliento y salió de la habitación. Sólo estábamos él y yo, la tensión de mi padre en ese momento, la pude sentir con bastante claridad.

- Las cosas como las cuenta Flavia, no son del todo reales

- Ella dijo…

"¡Tú familia lo vio morir! ¡No hicieron nada para salvarlo!"

- ¿Es cierto?

- Te contaré todo desde el principio…

*Punto de vista de Chrom*

Como ya había dicho, todo pasó a los dos años de que naciste y un mes de que Inigo naciera.

Me hallaba en una junta con el gobernante de Plegia sobre las relaciones con Ylisse, cuando Frederick entró a la sala gritando.

- ¡Mi señor, han atacado Ferox!

Rápidamente, el gobernante de Plegia y yo, dirigidos por una escolta, fuimos hasta Regna Ferox a tratar de ayudar y a averiguar que había pasado. Pero cuando llegamos…

"Mi padre se detuvo pensativo… La voz se le rompía"

Llegamos muy tarde. La arena estaba irreconocible, completamente derrumbada, el fuego seguía alzándose hasta casi tocar el cielo y cubriéndolo completamente de humo, había decenas de guardias asesinados sobre los escombros de la arena.

- ¡Flavia! ¡Basilio!

- ¿Chrom?

Logré correr hacia Flavia quien apenas había caído ante la debilidad y sus heridas.

- ¿Qué pasó? ¿Dónde está Basilio?

Su estado apenas me dejaba reconocerle el rostro. Con una mínima de fuerza, me señaló hacia la entrada de la Arena.

- Ayu-dalo…

Dejé a Flavia en manos más capaces y corrí hacia la entrada. Era muy posible que descubriera al causante de todo esto y lo hiciera pagar, pero…

- ¡Chrom!

- ¡Lord Chrom!

Fue todo lo contrario… La impresión de la escena, no me dejaba mover el más mínimo musculo.

- Lissa… Olivia

¿En qué momento me había separado de tu madre? Me había asegurado de que estuviera a salvo en el castillo. ¿En qué momento, la trajeron a Ferox? Ella no lo recuerda.

Lo peor era, que no conocía al captor de ambas.

- ¡Déjalas ir! – Grité

- Por favor, Príncipe Chrom… Deja que me divierta un poco más.

La voz venía de detrás de su captor. Una mujer. Cabello largo hasta los tobillos, tenía una especie de bastón curativo, una túnica completamente blanca y de ojos verdes

- ¡Deja ir a mi hermana y a mi esposa!

- ¿Por qué debería? ¿Qué me darás a cambio? Si matas a quien yo quiero, las dejaré ir

Ella estaba bromeando al decir que las soltaría. Conocía a esas personas más de lo que parecía.

-…

- ¿No lo harás?... Bien…

Hizo un ademán y su captor las soltó sacando una enorme espada y atacándolas sin chistar.

- ¡No!

Corrí a ellas para defenderlas, pero el camino parecía imposible llegar. Creí que las perdería, pero no fue así. Algo se interpuso en su camino, o más bien dicho… alguien…

- ¡Basilio!

Siempre estaré eternamente agradecido con él. Se sacrificó, por ambas. Aún cuando las relaciones entre Ylisse y Ferox no eran las mejores después de la guerra.

- ¡Maldición!

Y la mujer, usando su bastón, se alejó llevándose a su captor con ella.

Quise intentar ayudar, pero… No era suficiente. La herida de Basilio, sólo le daba para hablar unos segundos más.

- Dile a Lucina… Que tenga cuidado… Esa mujer… usará su mayor felicidad en su contra… No dejes… que él muera…

- ¿Qué? ¿De qué hablas?

Pero no me contestó. Sus ojos fueron cerrándose poco a poco, hasta que lo que temía, se confirmó.

- ¿Basilio?

Lo peor de todo, era que Flavia no vio su acción llena de heroísmo y sólo presenció "nuestra culpa".

- ¡Basilio!

*Punto de vista de Lucina*

- Y me dio esto…

Mi padre dejó en mi mano derecha una pequeña piedra preciosa de color rojo muy ligeramente rosa.

- ¡Gules! – Expresé con sorpresa

¿Por qué el Khan Basilio me daría una de las piedras? No es que necesitase usar el emblema… ¿O sí?

- Padre… La mujer de la que hablas, ¿Las has vuelto a ver?

- No, y me alegra.

Él salió de la habitación con semblante decaído. Esa mujer, esa misma mujer… ¿Era Lana? ¿Cómo era posible que interfiriese en la historia demasiados años antes? ¿Era cierto eso de poseer una gran magia?

"¿Te ha gustado la historia? ¿O necesitas vivirla para creerla?"

Esa voz. Miré a mí alrededor con algo de miedo. No había armas en la habitación, por lo que si ella atacase, no podría defenderme. La puerta se cerró de golpe y cuando me acerqué a abrir, una enorme luz me cegó por segundos. Cuando la luz disminuyó, mi miedo se convirtió en pánico.

- L-Lana…

"Hola, Princesa"

Retrocedí por inercia, estaba sola con esa mujer. Finalmente cara a cara.

- ¡Lucina!

- ¡Lord Marth!

"Ni te esfuerces en gritarle… No podrá entrar a la habitación hasta que yo decida irme"

La puerta era golpeada en un intento de poder abrirla.

- ¿Qué quieres? – Tragué con nerviosismo más que miedo

"Dame eso" – Señaló la piedra – "Si lo haces, me iré"

Llevé mi mano detrás de mi espalda y terminé pegándome en la pared.

"Te gusta complicar las cosas"

- Tú mataste a Basilio… - Apreté la mandíbula

"Él y tu madre son los únicos que saben de esto"- Comenzó a explicar dando un paso adelante hacia a mí – "Tenía que deshacerme de uno, pero Robin, es otro caso más especial"

- ¿Planeas matar a mi madre?

"A ti, a tu madre, a tu padre y a todos los que te rodean"

- ¡¿Qué te hice?! – Grité - ¡Devuélveme mi vida!

"¡No hasta que pagues!" – Gritó – "¡Una palabra pudo cambiar tu vida y la mía! Pero dijiste… "Lo siento, mi madre espera" y aquí estamos…"

- Por favor…

"No… No hasta que sufras lo que yo sufrí con mi familia. Sólo espera, el peor castigo te aguarda en el Cieno. Perderás lo más valioso y si declinas, lo habrás perdido para siempre y todos morirán. Pero si lo superas, puede que todo vuelva a la normalidad"

Se acercó hasta a mí y yo comencé a temblar. Colocó su dedo índice en mi frente y siguió hablando.

"Perderás lo más valioso, lo que te hace sonreír, lo que hace que pierdas tu seriedad… Lo perderás a él"

No sé cuánto tiempo pasó, ni como ocurrió. Pero escuché la puerta abrirse de golpe, sacándome de mi trance. El ambiente era pesado, mi respiración era pesada, mis piernas y brazos no dejaban de temblar y mis ojos no querían cerrarse.

- ¿Lucina, estás bien?

Poco a poco fui dirigiendo mi mirada hacia la persona que me hablaba…

- Morgan…

Mi hermano me miraba con gran preocupación en el rostro, tenía tanto miedo, que no tardé en abrazarlo.

- Tranquila, se fue… Se ha ido ya…

¿Por qué me causaba tanto miedo sus palabras? "Lo perderás a él" ¿A quién? ¿A Inigo…? ¿A mi padre…?… … ¿A Morgan?

Después de haberme calmado un poco decidí pedirle respuestas a Marth y Roy acerca de Lana. Les conté la historia de mi padre y pregunté si era posible, o más bien, qué podía hacer ella.

- Por lo que nos has contado – Comenzó cruzándose de brazos – Ella cambió tu realidad, puede alterar esta historia pero no la original

- Aunque si fallas – Continuó Roy – Podrá cambiar tu historia real

- Te ha pedido Gules y ella mató a…

- Basilio – Respondió Morgan por él

- Él… Aunque no fue ella exactamente. Algo es seguro, necesita el Emblema para algo, pero no sabemos para qué. Necesita que todos lo que saben de tu historia, sean eliminados porque podrían interferir drásticamente. La siguiente, es tu madre

- ¿Mi madre…? – Preguntó Morgan temeroso levantándose del suelo - ¡Necesito verla!

- ¡Espera, Morgan!

Pero se había ido. Así de veloz era ante esas situaciones de preocupación… O pánico.

- Hay otra cosa, Lucina – Siguió Roy dejando de apoyarse en el marco de la puerta y acercándose – Ella mencionó que mataría a tu ser más querido… ¿Quién es él?

- A mi ser más querido… - Bajé la mirada – A todos los quiero igual. A Inigo, mi Padre, Morgan…

- Con dudas no avanzaremos – Dijo Marth caminando a la puerta – En tu historia original, tu ser más querido es ese chico… Inigo. En esta historia, él es tu hermano ¿Quién toma su lugar aquí?

Eso me dejó realmente pensativa. La soledad de la habitación debería dejarme pensar un rato más, pero eso cesó hasta que oí la voz de Morgan.

- ¡Lu, debemos irnos!

- ¿Irnos? – Pregunté saliendo de la habitación y encontrándomelo - ¿A dónde iremos?

- Debemos ir a la Capital de Valm

- ¿Qué? – Pregunté sorprendida - ¿Por qué tan lejos?

- Madre dice que ha conseguido ayuda de alguien, pero que está en el Castillo de Valm y que no puede venir hasta aquí.

- ¿Ayuda de quién? – Seguí cuestionando mientras lo seguía

- No lo sé – Se cruzó de brazos torciendo la boca – Pero dice que conoce a Lana mejor que nadie.

¿Alguien que conocía a Lana? Entonces… ¿Podría ayudarnos?

- Morgan…

Él se detuvo, se dio la vuelta preocupado y silencioso ante mi pregunta de igual tono.

- ¿Qué… piensas sobre Lana?

Se llevó una mano a la barbilla mientras pensaba en su respuesta.

- Que nos oculta algo, algo que tiene que ver contigo y conmigo. Y es algo importante, creas o no… Te escuché llorar cuando conocimos a Roy

Lo miré sorprendida intentando comprender lo que me decía. ¿Yo? ¿En qué momento lloré?

- No sabes, porque estabas dormida… - Explicó – Llorando decías: "Mi hermanito menor". Sé que no era por Inigo, pero no logro entender porque lo decías…

- Es… complicado…

- Lo sé, y tampoco pediré explicaciones del porqué le dices a mi madre… "Madre"

Creí que no se daría cuenta. Sí, lo hizo. Era muy observador, aunque en el fondo, quiero suponer que le agradaba la idea porque me sonreía cada vez que lo hacía.

- Bueno, vamos… Hay que empezar a viajar. Tomaremos pequeños descansos. Lo que haríamos en una guerra.

Realmente era una guerra… Aunque ganáramos la guerra contra los Einherjar, todavía estaba la batalla contra Lana. ¿Para qué querría las piedras y por ende, el Emblema? ¿Qué ocultaba en ese bastón suyo?

Salimos de la Arena con unos pocos soldados ofrecidos por Flavia con la condición de que vengáramos la muerte de Basilio. Lo haría, Lana pagaría.

El camino directo hacia el puerto de Ferox era verdaderamente largo. Demasiado a decir verdad; Más, cuando las peleas de Inigo y Owain no cesaban. ¿Razón? Nadie lo sabía, sólo pedíamos que se callaran, pero ¡No! Juré que si los volvía a escuchar discutir, los golpearía lo suficiente para callarlos por tres años.

El sol salió y no íbamos ni a la mitad. No recuerdo que el camino fuera tan largo, pero seguimos. Debíamos apresurarnos

"Tus días se agotan, Princesa…"

Me di la vuelta asustada buscando a la voz, buscando que Lana no estuviera tan cerca.

- ¿Estás bien, Lu? – Preguntó Morgan para luego bostezar

- S-Sí… No es nada… Sigamos

El atardecer del segundo día finalmente cayó. Los días que tenía para salvar a mi familia se agotaban. Pero era mi culpa, no le comenté eso a nadie porque no quería preocuparlos más de lo que ya estaban.

A lo lejos arriba de una pendiente, vimos el mar… ¡Por fin! ¡Habíamos llegado al Puerto de Ferox!

- ¡Lo logramos! – Gritaron Inigo y Owain alegres

Corrieron emocionados, tropezando y rodando cuesta abajo hacia el puerto. Suspiré y les seguí con mi familia detrás.

- Eso dolió – Se quejó Inigo sentado en el pasto

- Es tu culpa – Lo culpó Owain levantándose - ¡Tú hiciste que ambos tropezáramos!

- ¿Yo? ¡Tú eres el de los pies chuecos!

- ¿Qué dijiste, niño mimado?

- Cállense

- Lucina – Dijeron ambos señalando a Marth – Dile a tu amigo que nos hable con educación

- En serio, guarden silencio

Iban a protestar, pero Morgan les cubrió la boca y el resto guardó silencio. Sólo se escuchaba el sonido de las olas golpeando las paredes. Marth y Roy sacaron sus espadas sin causar mucho ruido. Ante su acción, yo hice lo mismo, pero sólo me dio tiempo tocar la empuñadura porque fui empujada.

Cuando me recuperé, Marth veía hacia el bosque que habíamos cruzado hace minutos mientras yo miraba la jabalina clavada en mi anterior lugar.

- ¡Atacar escondido en la sombra es de cobardes!

Y el sonido de botas pisando el pasto se hizo presente. Entonces, todos sacaron sus armas ante la figura que se asomaba entre los árboles.

- Buenas noches, su majestad

- ¡Lana!

La misma chica que me había atacado hace un par de días. Con dos personas a su lado.

- ¡Ike! ¡Ephraim!

El coraje e ira se hicieron presentes en mi padre, quien miraba a Lana con rencor.

- ¡Tú!

- ¿Eh? ¡Oh! ¡Príncipe Chrom! Veo que me recuerda… - Sonrió de lado.

- ¡Tú mataste a Basilio!

Ante su grito, mi madre me miró sorprendida, supongo que ella no sabía que Basilio estaba muerto.

- ¿Quién? He matado a tanta gente – Rió de forma cínica - Que no recuerdo un nombre tan insignificante…

- Eres una…

- Basta, Chrom – Le dijo Marth pasando delante de él – Aunque quieras, no podrás hacerle nada ahora

- Marth tiene razón – Siguió Roy – No, mientras ella posea ese bastón

- ¿Qué? – Frunció el ceño - ¿Cómo sabes que…? No importa.

Le dio un ademán a Ephraim e Ike para luego darse la vuelta y entrar de nuevo en el bosque.

Esta vez no tendrán aliados de por medio y combatirán de a dos. Elijan bien a su compañero o morirán.

Y cuando Lana desapareció, al lado de Ike apareció la Princesa Elincia sobre su pegaso con una lanza asesina y al lado de Ephraim, su hermana gemela Eirika con una espada asesina.

Poco a poco, comenzaban a aparecer dos personas juntas hasta rodearnos.

Roy y Lilina, Ike y Elincia, Sigurd y Deirdre, Marth y Sheeda, Alm y Celica, Eliwood y Lyn, Leif y Nanna, Seliph y Julia, Sothe y Micaiah, Ephraim y Eirika.

Estábamos en clara desventaja.

- Que se queden los que realmente pueden pelear – Ordenó Ike – Sólo así, será un combate parejo

- No creo que sea del todo parejo – Comentó Inigo

- Lissa, Olivia, vayan al puerto. Nos haremos cargo

Ambas asintieron y fueron dejadas en libertad. Poco a poco, terminaron por separarnos en dos. Inigo y Owain, Chrom y Robin, Morgan y yo, Marth y Roy.

- No sé porqué, pero siento algo estando contigo aquí – Le comentó mi padre a Robin

Ambos estaban espalda con espalda defendiéndose del ataque de Celica y Alm y de Seliph y Julia

- Si te digo ahora por qué, perderá la sorpresa

- ¿Qué sorpresa? – Preguntó

- Que soy tu esposa… ¡Cuidado!

- ¡¿Mi qué?!

¿Cómo…? ¡¿De verdad se lo dijo?!

Morgan y yo nos alejamos un poco del resto para defendernos del ataque de Ike y Elincia así como el de Marth y Sheeda.

- No podremos defendernos bien…

Dos espadas y dos lanzas… Estábamos en desventaja

- Pero si podremos hacer un ataque doble – Comenté – Tu madre me dijo cómo hacerlo. Escucha bien

Mientras Marth e Ike se ponían de acuerdo para atacarnos, yo le comentaba a Morgan de cómo atacaríamos. Él me asintió sorprendido. Él era el de las estrategias, aunque también podía lucirme.

- Hagámoslo

Miramos hacia el frente esquivando el ataque de Ike y Marth al mismo tiempo. Morgan abrió su libro de magia mientras yo corría a ellos con la intención de hacer una estocada y que fuese bien esquivada. En efecto, Ike puso su espada esperando el ataque que no realicé, sino que hice un salto hacia atrás al mismo tiempo que una bola de fuego iba en dirección a ellos dos impactando al mismo tiempo.

- ¡Ike!

- ¡Marth!

Ambos cayeron de rodillas mientras se desvanecían. Morgan y yo soltamos un suspiro de alivio, las jinetes de pegaso no eran un problema como los otros dos.

- ¡Pagarán por eso!

Sólo vi como Elincia le dio varios giros a su jabalina para luego lanzarla impactando solamente en el suelo. Sin embargo, ellas conocían qué era la distracción, pues la usaron para distraernos a ambos y que Sheeda diera el segundo golpe.

El golpe era hacia a mí, pero no pude esquivar, así que Morgan tuvo que empujarme y ser él mi escudo.

¬ ¡Morgan!

Parecía que la lanza había sido incrustada en su pecho acabando con uno de los objetivos, pero cuando la lanza regresó a manos de su dueña, el filo no tenía rastro de sangre. Entonces, ¿Por qué Morgan cayó de rodillas?

Corrí hacia ella clavando mi espada en el cuerpo del pegaso y por ende, en el jinete y antes de que ella y su arma desapareciera, tomé la lanza y la lancé rápidamente a Elincia clavándola también en el animal.

La batalla acabó.

- ¡Morgan!

Me hinqué frente a él para verificar su estado. No parecía haber entrado en Shock.

- ¿Morgan?

- ¿Lu…?

Fue separando sus manos de su pecho mostrando lo que cubría

- Eso es…

Su libro de magia yacía con un agujero en el centro mientras el cuerpo de mi hermano, sin rasguño alguno.

- ¿Estás bien? ¿No te hiciste daño? – Preguntó

- ¿Por qué preguntas por mí? – Cuestioné sorprendida - ¡Deberías preocuparte por ti! ¡Casi mueres!

- No sé, algo dentro de mí, me dice que tú me importas más que yo…

- Morgan…

Lo ayudé a levantarse para correr hacia el resto y ayudarles. Mi sorpresa fue enorme al reunirme con los otros y ver que ellos también habían acabado con sus enemigos dobles.

- ¡Lu!

El grito no sólo llamó mi atención, sino la del resto también. Era aliado al llamarme de esa forma, y vaya sorpresa que me llevé al ver al jinete cerca de nosotros.

- ¿Eh? ¡Cynthia! ¡¿Qué haces aquí?! – Exclamé sorprendida

- Mis padres y yo venimos a ayudar – Sonrió con inocencia.

- Y… Tú cabello

- ¿Oh? – Se miró una de sus coletas - ¿Qué pasa con él?

-¡Es naranja! ¡No es normal!

- Claro que sí, es el color que demuestra de quien soy hija

- ¿Y de quién eres hija? – Pregunté cruzándome de brazos

Ella soltó un enorme suspiro, como si estuviera hastiada de dar la misma respuesta cientos de veces.

- Parece como si no supieras, pero te diré… ¡Soy hija de la Grandiosa Sumia y el Grandioso Gaius!

- ¡¿G-Gaius?!

- ¿Por qué te sorprende?

¿Cuántas cosas cambiaron aquí? ¿Por qué todavía me sorprende?

- Lucina…

- ¿Qué pasa, Lord Marth?

Me hizo ademán de acercarme a él no tan lejos del resto, Roy tenía en sus brazos a una chica que traía ropas de una hechicera.

- Ella es…

- Sí, ella es Micaiah

- Supongo que ella es una Einherjar – Hablé. Comenzaba a tener dominio sobre ese tema

- En efecto

Cuando Micaiah despertó, la pusimos al corriente de todo el asunto y ella aceptó ayudarnos con gusto.

Y cuando creí que las cosas se habían arreglado.

- ¡¿Cómo que eres mi esposa?!

Surgió una peor.


Sé que ya nadie esperaba mi presencia aquí, pero he regresado para terminar de subir este fic y resubir uno más que algunos ya seguían. Me tendrán aquí hasta finales de año :v

¡Hasta el próximo!