Disclaimer: FE:A así como el resto de la saga no me pertenece
Enjoy
Dormir en una cama era verdaderamente placentero. La calidez de las cobijas, la suavidad de la almohada y del colchón, la tranquilidad que rodeaba la posada, era simplemente perfecto para reponer todas las fuerzas perdidas.
Habíamos rentado cuartos en una posada del puerto de Regna Ferox, un cuarto por dos personas. Chrom e Inigo, Owain y Morgan, Marth y Roy. Sumia y su hija Cynthia en una, Olivia y Lissa en otra, y mi madre y yo en una cama mientras Micaiah usaba la otra disponible.
¡No la iba a dejar dormir con un hombre o sola!
Poco a poco fui abriendo los ojos ante el pequeño grito soltado detrás de la puerta de la habitación.
- ¿Quieres bajar la voz? ¡Despertarás a todos!
Acostumbré mi cuerpo y vista al lugar donde estaba y cuando estaba finalmente lista, salí de la cama y de la habitación tratando de no hacer tanto ruido para no despertar a Micaiah, mi madre tampoco estaba en el cuarto.
Me pegué a la puerta para oír mejor a quienes gritaban.
- ¿Enserio no recuerdas nada? ¿Ni un poco? Chrom, por favor
- Ya te dije que no, Robin. Tus explicaciones acerca de que eres mi esposa, no me las creo
Eran… Mis padres…
- Mira, lo diré una vez más. ¿No tú me dijiste que sentiste algo cuando peleamos contra los Einherjar? ¿Qué fue?
- No sé, algo… Nostálgico… ¡Algo más! ¡Explícate mejor!
- Ya te he dicho todo. Lana cambió nuestra realidad. En nuestra historia original, nos conocimos en las planicies al sur de Ylisstol y no en Ferox. Me pediste matrimonio cuando la guerra contra Plegia acabó y yo acepté. Tuvimos dos lindos y hermosos hijos. Lucina y Morgan… Chrom… Incluso… ¡Intentaste recrear mis memorias cuando fuimos a la playa! Un mensaje en la arena, proyectos fallidos… Un beso… ¿Eso no te dice nada?
Mi corazón, parecía romperse al oír la voz de mi madre.
- Me dice que es algo que en verdad haría, pero… Lo siento, yo sólo amo a Olivia…
-…
Demasiado silencio
- Bien, lamento haberte hecho pasar por todo esto… Buenas noches.
- Robin… De verdad, lo siento
Me alejé un poco cuando escuché la puerta abrirse y ver a mi madre entrar por ella. Cerró la puerta con cuidado y se acercó a la cama con tranquilidad.
- ¿Madre…? ¿Estás bien?
Me acerqué con preocupación al escucharla sollozar. No podía creer, que estaba llorando…
- Madre…
- Lo siento – Se dio la vuelta mientras intentaba sonreír dejándome ver las lágrimas que caían y resbalaban por sus mejillas – No creí, que me verías así…
- Normalmente es al revés, ¿No?
La abracé y ella me aceptó el gesto.
- De verdad, lo siento. Pero el que tu padre no me recuerde… El que Chrom no recuerde todo eso, ni una gota…
- Está bien… Lana pagará todo lo que nos ha hecho
El que yo calmara a mi madre, era verdaderamente extraño. Normalmente, mi madre era la que me brindaba sus brazos cuando yo estaba triste o lloraba.
Justo como cuando Morgan se perdió en la capital y "era mi culpa". Ella me dijo:
"Ya verás, encontraremos a tu hermano. Ahora, seca esas lágrimas. El rostro de una Princesa no debe verse opacado por lágrimas, debe relucir su sonrisa"
Encontramos a Morgan comiendo fruta en uno de los puestos en el mercado siendo cuidado por una linda anciana.
Extrañaba… Eso tiempos…
- Princesa Lucina…
Abrí los ojos con pesadez, aún seguía cansada. No he dormido lo suficiente. Unos años bastaban.
Una chica de cabello blanco se hallaba frente a mí notando preocupación por mi estado.
- ¿Micaiah? – Pregunté adormilada
- Debemos partir, ¿Lo olvida? – Se incorporó y caminó a la salida – Lana no tardará en atacar
Asentí y me levanté con cuidado para intentar despertar a mi madre de golpe.
- Madre… - La removí un poco – Despierta, debemos partir
Se quejó, pero terminó levantándose sin muchas ganas. Ordenamos la habitación, tomamos nuestras armas que nunca debían faltar y salimos de la posada con el resto esperándonos afuera.
- Queremos dormir – Bostezaron Owain, Inigo y Cynthia
Claro que todos querían dormir, no era placentero levantarse antes de que el sol saliera y sólo dormir menos de seis horas.
- Buenos días, Luci – Sonrió Morgan
Y ahí estaba esa radiante y contagiosa sonrisa.
- Buenos días, Morgan – Sonreí - ¿Dormiste bien?
- Me ha faltado un poco – Estiró ambos brazos - Pero lo suficiente para rendir las próximas batallas
¿Próximas batallas? Esto seguiría, sí tendría un fin, pero el fin estaba bastante lejos, quería que esto acabara pronto. Tener la paz por la que mi hermano, mis amigos y yo luchamos, aún estaba lejos.
Mi padre habló con el capitán de un barco que ofreció llevarnos gratis pues el ataque de anoche lo alteró creyendo que perdería toda pertenencia, hasta que intervenimos.
¿Acaso los Einherjar podían cometer acciones de un ladrón, pirata o bandido? No lo creo.
-Bien – Dijo mi padre acercándose – Podemos subir, el viaje a Valm será completamente directo
- ¿Mencioné que me mareo en los viajes?
- Camina, Inigo – Le dijo Owain empujándolo – Se nos hace tarde
- ¡P-Pero!
Terminamos por subir y el barco zarpó al mismo tiempo que el sol comenzaba a salir dándonos una hermosa vista del mar.
- Lindo, ¿No?
Asentí al comentario de Cynthia, ella y yo… Éramos buenas amigas, sí.
Tiempo pasó. Las olas del mar eran un sonido realmente cálido, eran momentos de paz que se perdían todos los días a los ataques de Lana. Me acerqué a la orilla izquierda del barco donde me recargué en el pequeño barandal suspirando a la vez.
Desde su pelea una noche anterior, mis padres no se habían dirigido para nada la palabra.
Supongo que el que regresen juntos en esta historia, sería imposible.
-¿Estás bien, hermana?
- Sí. Estoy bien, Mor- Inigo
Y el que me acostumbre a que Inigo sea mi hermano, mucho menos.
- No te ves bien – Comentó apoyándose de espaldas a mi lado
- No dormí lo suficiente – Mentí – No tengo muchas energías, la verdad.
"¡Entonces no podrás defenderte bien de esto!"
De repente, una espesa niebla cubrió el barco por completo, escuchamos un grito masculino y algo caer al agua. Me asusté, es obvio que Lana estaba cerca, muy cerca. Algo chocó contra el barco, el golpe fue tan fuerte, que nos hizo perder el equilibrio demasiado y yo, casi caigo al agua por completo si no fuera por el agarre de Inigo a mi muñeca.
- ¿Estás bien? – Preguntó jalándome hacia el barco
- Sí, lo estoy
- Perfecto, ahora mismo te su-
- ¿Inigo?
Inigo me soltó y temí, hasta que una mano nuevamente me tomó de la muñeca.
¬ ¡Inigo! – Lo regañé - ¿Quieres que caiga al agua?
Sin embargo, el brazo comenzó a subir con fuerza y velocidad que me sorprendía que fuera él quien me subía; En cuanto estuve de nuevo en el barco, me soltó con brutalidad cayendo al suelo. La niebla comenzó a dispersarse y cuando alcé la mirada, el temor volvió.
"Hola, Princesa"
- Lana…
El brazo que me subió, me levantó con fuerza.
- ¿Dónde está mi familia?
"¿Tu familia…? ¿Amigos y esas personas?" – Me señaló la popa – "Ahí están"
Dirigí mi mirada hacia donde señalaba, y temí por sus vidas. Yacían atados de manos con lanzas, espadas y flechas amenazando su cuello.
- ¡Madre, Padre, Morgan!
Intenté correr a ellos, pero la mano que me tomaba de la muñeca apretó el agarre que me quejé de dolor.
"No, no… No tan fuerte, Sigurd. Necesitamos que no tenga ningún hueso roto"
¿Sigurd? ¿El mismo de la saga de Jugdrali?
Hubo otro choque, que hizo a Sigurd soltarme, pero no pude correr a mi familia, pues alguien más me tomó del brazo con buena velocidad.
- Lord Cuan…
"Bueno, bueno…" – Dijo Lana acercándose portando una espada y paseándola por mi cuello sin herirme – "Veo que esta vez, tenemos la ventaja"
Quería hacerla pagar por haberme separado de mi hermano, por haber separado a mis padres, por cambiar lo que yo amaba. Pero tenía una desventaja demasiado alta.
"¡Es hora de hacerte pagar finalmente!"
Sólo veía como la espada iba a ser enterrada en mi corazón, hasta que escuché un grito
- ¡Norne, ahora!
- ¡En seguida!
Y escuché a Lana quejarse de dolor. Soltó la espada mientras se alejaba tomándose la muñeca que sangraba. Una lanza atravesó a Cuan soltándome para correr a mi familia mientras se quedaban sin protección sólo para defender a Lana.
"¿Pero qué…?"
Las pisadas se escuchaban a mayoría, en otro lado del barco, invadiendo el nuestro, un ejército se acercaba. A comparación del otro, eran demasiada minoría.
- ¡Lord Marth!
- Se siente extraño verte a ti mismo
No era el mismo, aunque tenían un parecido extraordinario, sólo era un poco más "grande".
Comencé a desatarlos para luego tomar nuestras armas que se hallaban cerca sin otro tipo de seguridad.
"¡No, no, no!" – Gritó Lana – "¡Maldita sea! ¡Estuve a punto de ganar!"
La niebla comenzó de nuevo a hacerse presente
- ¡Norne, Catria, Athena y Malice, protejan a la Pronosticadora y su familia! ¡Horace y Legion, busquen y derroten a Leif! ¡Hardin y Katarina, síganme, Lana no debe irse!
Eso era dar órdenes. Pero, ¿Acaso mencionó al Príncipe Leif? ¿De verdad lo hizo?
La batalla era compleja, debíamos preocuparnos por no caer al mar debido a los movimientos bruscos del barco y a los ataques por la espalda debido a la espesa niebla.
- ¡Lucina, agáchate!
Hice lo que Morgan me dijo, me agaché para que él diera un gran tiro a Eyvel quien había saltado para atacarme.
- ¿Estás bien? – Preguntó acercándose cerrando su libro
- Creí que… - Señalé su libro de magia
- ¿Esto? – Rió nervioso – Me lo regaló una joven muy guapa cuando salí de la posada.
- ¿Oh? – Alcé una ceja cruzándome de brazos - ¿Y qué te pidió a cambio? ¿Un beso?
- ¿Qué? – Se sonrojó negando con las manos y la cabeza - ¡N-No me pidió nada! S-Sólo me dijo que la visitara después…
- ¡Lo ves! ¡Sí te pidió algo!
- ¡No es momento de pelear!
La única chica que tenía el permiso de dar esas muestras de cariño a mi hermanito, era Severa. Por cierto, ¿Ella recordará el amor que le tiene? ¿Y por ende, recordar todo?
Una persona se nos acercó diciendo que no quería hacernos daño.
- ¡¿Lord Leif!?
- Se acabó – Suspiró con una sonrisa – Ganamos
Al parecer, el Einherjar que logramos salvar era Leif quien volvió a la normalidad en cuanto Lord Sigurd fue derrotado.
Era una batalla larga, muy larga y complicada que logramos ganar sin ninguna baja. La niebla terminó de dispersarse, nos acercamos y cruzamos una tabla para pasar al barco enemigo. Lana estaba de rodillas, lanzándonos maldiciones y prometiendo que nos mataría.
No tenía su bastón con ella, por lo que su herida en la muñeca provocada por Norne, seguía abierta.
- ¿Ahora me devolverás todo? – Pregunté enojada - ¡Perdiste!
"No… ¡No! ¡Yo debo ganar, y haré lo que sea para hacerlo!"
Llevó un par de dedos de su mano derecha hacia sus labios para hacer sonar una tierna melodía con dificultad debido a las ataduras. Aleteos comenzaron a escucharse, pero no lográbamos ver el origen aunque no hubiera nada de niebla.
Se levantó alejándose con temor y precaución, estando en la orilla, sonrió
"Dije que ganaría… ¡Y lo haré cualquier costo!"
Y saltó, nos acercamos con algo de sorpresa de su repentino salto. ¡No viviría si saltaba así! Pero la sorpresa aumentó al verla sobre un Wyvern de color extraño, no era como el resto, era completamente rojo. Tomó su bastón del hocico y comenzó a reír a carcajadas.
Usando magia común, se transportó. No estaba cerca.
- ¿A dónde…?
- ¡Ahh! ¡Morgan, Lucina!
Nos giramos al escuchar el grito de mi madre
- ¡Madre!
"¡Si tu mueres, no hay salvación!"
Intentamos correr antes de que el Wyvern se alejara del barco. Mi madre, yacía raptada, una de las patas del Wyvern había atrapado su tobillo con facilidad y ahora se alejaba.
- ¡Madre!
- ¡Morgan!
Lana dirigió su bastón al rostro de Robin con dificultad, pronunció unas palabras y un brillo nos cegó a todos. Cuando mi vista volvió, mi madre yacía inconsciente.
- ¡Madre!
Lana volvió a reír mientras el Wyvern se alejaba con lentitud alcanzable.
"Gané…"
Y el Wyvern, la soltó en pleno mar abierto.
- ¡Madre!
Eran aguas peligrosas y sólo si eras gran nadador, podrías salir con la vida pendiendo de un hilo todavía.
- ¡Robin!
Los recuerdos de mi padre volvieron, haciéndolo correr y saltar hacia el mar para salvar a mi madre. ¿Eran los recuerdos? ¿O sólo el poco cariño que le había adquirido en todo este viaje?
¬ ¡Robin!
Morgan intentó hacer lo mismo, pero Lana apreció una vez más.
"Todos morirán"
Y lo último que recuerdo antes de cerrar los ojos, era mi padre nadando hacia mi madre.
Después, todo se volvió oscuro.
