Disclaimer: Los personajes de FE: A no son de mi autoría, sólo Lana y Yelina.
Enjoy~
Me abaniqué el rostro con la mano debido a la humedad que los árboles pequeños que rodeaban al enorme árbol de Mila ocasionaban.
- Este lugar… - Pronunció Marth de repente - ¿He estado aquí antes?
- ¿Por qué lo pregunta? – Pregunté
- No lo sé, pero… Siento que… - Sonrió – Nada…
Si es que la persona que creía seguía aquí, entonces sí pasaría algo que nos convenía a nosotros y a él, sobre todo a Marth.
Las enormes raíces que salían del suelo nos servían de camino, aunque era un poco complicado avanzar por ellas debido a que las raíces se dividían en caminos separados y alejados y poco de ellos se llegaban a juntar más adelante.
¬ Es muy lindo – Comentó Elincia mirando el agua debajo de las raíces – ¿No es hermoso lo que crea la naturaleza?
Y claro que era hermoso, el lago debajo del árbol era tan cristalino que podíamos ver con claridad nuestro reflejo y las raíces que estaban a una profundidad considerable.
Seguimos avanzando hasta que logramos ver más adelante, nuestro ejército esperándonos con preocupación.
- ¡Lucina!
- ¡Morgan!
Severa, a pesar de tener esa actitud fría y distante, no pudo evitar abrazar a Morgan con cariño y preocupación. Inigo hizo lo mismo, claro está que él era más abierto sentimentalmente y que ese abrazo fue irrumpido por mi padre segundos después.
- Esto es una guerra – Le habló con voz fría y oscura – Toma distancia, Inigo
- S-Sí, señor
Suspiré cansada, jamás cambiaría lo sobre protector que mi padre era conmigo, aunque mi madre era igual con Morgan o inclusive peor.
- ¿Y bien? – Preguntó Seliph – Hemos venido aquí, ¿Por qué?
- Buscamos a Lady Tiki – Expliqué
Ante el nombre que acabé de mencionar, Marth se me acercó con curiosidad.
- ¿Tiki? – Preguntó - ¿En serio? ¿Hay una joven con el mismo nombre que una amiga mía?
- Lord Marth… - Le hablé con calma – Esa misma joven… Es la niña que usted conoce
- ¡¿Cómo?!
Me alejé un poco, o al menos lo suficiente para poder buscar en el tronco del árbol, las escaleras que nos llevarían al santuario donde Tiki residía, pero no las hallaba. ¿Habían sido cambiadas de lugar entonces?
- Lucina – Me llamó mi madre – Por aquí
La seguí no muy lejos de donde yo estaba. Unas ramas estaban caídas haciendo que sus hojas taparan algo en específico, moví las ramas junto con sus hojas y descubrí un pequeño pasaje en medio del tronco del gran y sagrado árbol.
- ¿Será éste? – Pregunté – Es muy diferente al que Say'ri nos enseñó
- Probemos
Mi madre tuvo que agacharse levemente debido a la baja altura del pasaje y lo cruzó.
- ¡Está bien! – Gritó en forma de aviso - ¡No hay qué temer!
Me agaché de igual forma y les di un ademán al resto de seguirme avisando en ese ademán, de que también era seguro.
El grosor del árbol era demasiado, tanto que tardamos un minuto exacto en cruzar el pasaje y salir. La salida también era de baja altura, la intensa luz nos avisaba que estábamos en el final del camino, la iluminación nos cegó momentáneamente y una temperatura agradable nos recibió.
- Llegamos
Después de que nuestras pupilas se acostumbraran al exceso de luz, comenzamos con nuestra misión de encontrar a la chica que buscábamos.
Eran ruinas, simplemente ruinas. ¡Era claro que la encontraríamos y a tiempo! Las escaleras nos dejaban mostrar un piso más alto de dónde nos encontrábamos, siguiendo el único camino, llegamos a lo que parecía ser un templo de piedra demasiado alto a nuestra vista. A sus lados, sólo había muros de piedra sólidos.
- ¡Lady Tiki! – Grité - ¡Lady Tiki!
Nos acercamos a la puerta del templo que se abrió al toque cayendo al suelo a su vez. El templo era demasiado oscuro y no había más allá que un pasillo vacío.
- No hay nada – Hablé decepcionada
- Lucina… Allá…
Miré hacia donde Marth me señalaba, en el piso de abajo acostada en el pasto, se hallaba una joven de cabello verde que conocíamos muy bien.
- ¡Lady Tiki!
La alegría era desbordante, que salí corriendo a gran velocidad y casi caigo en mi transcurso a las escaleras.
- ¡Lady Tiki!
Llegué hasta donde estaba ella, jadeando de cansancio, intenté despertarla llamando su nombre. Pero no me respondía.
- Lady Tiki – Me hinqué frente a ella moviéndole el hombro – Lady Tiki, despierte por favor.
- La Tiki de aquí es muy perezosa – Comentó Morgan
- No soy perezosa. Sólo quería saber qué hacían
La voz de la joven nos sorprendió, sobre todo, su forma de levantarse en un solo salto. Nos miró con una sonrisa realmente infantil.
- ¡Hola! – Saludó – Soy Tiki, ¿Y ustedes?
Es obvio que la Tiki de esta historia no nos recordaba, ¿Recordaría a Lord Marth entonces? ¡Debería! Me levanté dispuesta a presentarnos.
- Soy Lucina, Princesa de Ylisse – Le hice un ademán a los Einherjar de acercarse junto con mi ejército – Y él es Morgan, mi hermano menor
- Mucho gusto – Nos saludó a ambos con la mano
Marth llegó hasta nosotros y el silencio que ocasionamos ante su mirada de sorpresa, inquietó a Tiki.
- Tiki… - Le habló con voz queda - ¡Eres tú!
-…
- Tiki, soy yo, Marth – Se le acercó - ¿No me recuerdas? ¡Soy Mar-Mar!
Tiki ladeó la cabeza hacia la derecha mostrando confusión.
- ¿Marth…? ¿Mar-Mar? – Sus ojos se abrieron con sorpresa - ¡Marth!
- ¡Sí! – Exclamó alegrado – Soy Ma-
-Mucho gusto – Le interrumpió mientras sonreía inocentemente – Soy Tiki, aunque creo que ya lo sabías
Los Einherjar, así como el resto de nosotros nos habíamos quedado boquiabiertos de la sorpresa. ¡Tiki no lo recordaba! ¡¿Cómo era posible?! Si en la guerra contra Grima no paraba de hablar de él.
- Tiki…
- En fin – Se digirió a nosotros - ¿Qué quieren? ¡Estaba soñando que un Príncipe azul me rescataba de un hechizo malvado! ¡Son malos al hacerme perder aquel sueño!
La actitud de esta chica, había cambiado de forma drástica. Tan infantil, tan despreocupada. ¿Algo tendría que ver Lana? Muy posible que sí.
- Supongo que no tiene caso – Suspiré – No recuerda a Lord Marth, no debe saber a qué hemos venido. Lana no ha llegado aquí
- ¿Te refieres a la chica rubia que vino a pelear conmigo? – Preguntó - ¡Esa chica es mala! Me quitó mi collar y mis piedras preciosas y se fue… Aunque eso pasó hace horas.
- ¿Cómo que tus piedras preciosas? – Preguntó Morgan - ¿Te refieres a Argent, Vert y Sable?
- ¡Esas! Aunque no sabía que tenían nombre
- Entonces Lana llegó. Esto es malo, hay que correr a la capital
- La van a hacer pagar y que me devuelva mis cosas, ¿Verdad?
- Claro que sí
Tiki comenzaba a saltar de alegría y emoción haciendo que Marth entristeciera más. Sabía qué se sentía que a quien más quería, no te recordara y que sólo eres un conocido para él.
- ¿Lord Marth? – Me le acerqué poniendo una mano en su hombro derecho -¿Está bien?
- No del todo – Confesó – La única a quien podía ver de nuevo… No me recuerda – Suspiró melancólicamente – Debí pasar todo el tiempo con ella antes que podía .
-…
Era la situación demasiado complicada. Tiki entonces no sabía qué querría Lana con las piedras, aunque lo había comentado y ella no se daba cuenta, y qué haría con Yelina.
- Hora de irnos – Avisó mi padre – Creo que hemos acabado de hacer todo aquí
- Espero verlos pronto – Nos despidió con la mano
Poco a poco comenzaban a avanzar al pasaje que nos llevaría al árbol de nuevo, hasta que escuchamos un grito.
- ¡Mar-Mar!
- ¿Eh? ¡Tiki!
Corrimos por inercia hacia Tiki, presa en las manos de Gharnef, poniéndonos en una situación más difícil aún.
- ¡Suéltala! – Le exigió sacando su arma
- ¿O si no, qué?
- Te mataré de nuevo - Amenazó
- Intenta acercarte – Le cortó la mejilla levemente – Y ella morirá
- ¡Mar-Mar!
¿Qué podíamos hacer? No podíamos dejar que Tiki terminara mal, pero tampoco podíamos dejar salir a Gharnef con la suya.
- Suelta esa arma – Le ordenó – Y dejaré ir a la chica
- No… No lo harás
- Cierto, muy cierto… ¡Pero suelta esa espada!
Miré como la mano de Marth que apretaba el mango de Falchion, comenzaba a dejar de poner fuerza, poco a poco hasta soltar finalmente el arma y dejarla caer.
- Buen, chico. Estás bien amaestrado… Perfecto
Gharnef desapareció con un conjuro que pronunció en voz baja cuando nadie se daba cuenta, Tiki cayó al suelo de rodillas y antes de que Marth fuera a verla con felicidad, Gharnef apareció detrás de él.
- No eres tan listo como aparentas
Cada acción que Gharnef realizaba, pasaba lento, lo más lento que era posible. Su espada asesina, había terminado atravesando el pecho del Rey Heroico.
- ¡Marth!
- ¡Lord Marth!
Gharnef volvió a desaparecer en cuanto la espada de mi padre le había hecho una ligera cortada en la espalda. Tiki intentó correr hacia Marth, pero el hechicero había aparecido de nuevo.
- ¡Mar-Mar!
Y había desaparecido llevándosela con él, mientras una orda de enemigos nos rodeaba.
Intenté correr hacia Marth en cuanto él cayó al suelo boca abajo, pero los enemigos no me lo permitieron, si no podía llegar a él… sus heridas no…
- ¡Nosotros te abriremos espacio! – Gritó Morgan
Agradecí su gesto y tras el pequeño espacio entre la enorme orda, corrí finalmente hacia él, me hinqué, lo acomodé y tomé su rostro mientras las lágrimas de impotencia caían. ¡Tenía que ayudarle!
- Lord Marth, no… ¡No puede irse!
- Yo… Fallé
La sangre… manchó con fervor mi ropa. ¿Ellos podían sangrar? Eirika no lo mostró. Sólo eran cartas con la apariencia humana… ¿También el cuerpo de uno…?
Ignoramos el ruido de la batalla.
Pronto, ésta cesó.
Los Einherjar se acercaron con sorpresa. Sabía que no podían creer que otro como ellos cayera en batalla.
- Roy… – Habló mientras la voz se le apagaba – Te encargo a Lucina… Seliph, Leif… Les encargo a Morgan. Alm, Ephraim… Les encargo el ejército. Micaiah, Elincia, Lyndis… No dejen que ellos hagan estupideces
Todos y cada uno asentían a lo que el Rey les pedía.
- Eirika, lamento no poder… salvarte
Ella no estaba con nosotros, pero la sentíamos cerca.
- Lucina… - Me sonrió mientras un hilo de sangre recorría la comisura de sus labios hasta la barbilla – Me alegro... haber conocido a… mi nieta
Sus ojos azules poco a poco comenzaron a cerrarse, su respiración cesaba, hasta que sus pulmones dejaron de funcionar, así como su corazón.
- ¡Lord Marth! – Le llamé - ¡Marth!.. Abuelo…
Lo abracé mientras las lágrimas seguían cayendo. Tardaría mucho antes de que sus recuerdos de mi mente se borraran. ¿Pasaría algo en cuanto la tarjeta termine de borrarse?
Sentí una cobija en mi espalda, pero no me inmuté. Seguí mirando la carta partida a la mitad que tenía en cada mano. El nombre, la imagen y la decoración seguían intactas, pero conforme avanzaba el tiempo y miraba las partes, podía notar como poco a poco iban desgastándose.
Sentí como alguien se sentaba a mi lado derecho en las escaleras. No… Ya no era Lord Marth.
- Lucina… - Dijo el desconocido – Sé, que se siente perder a alguien querido
- ¿Lo sabe? – Pregunté alzando la ceja y mirando a Roy
- Claro que lo sé – Miró hacia el frente sin objetivo alguno – Nunca conocí a mi madre y mi padre murió a una edad temprana por enfermedad. Me quedé solo a los 16. No es grato gobernar un país, sin ningún familiar que me apoyara.
-…
- Pero seguí adelante. Cometí errores y de ellos, logré mejorar mi forma de gobernar y hacer de Pherae, un país próspero.
-…
- Marth era… – Rió – Me hizo ver lo mal que goberné a pesar de que yo sentí que lo hacía bien. Ese chico era especial… Recuerdo que cuando lo conocí, creí que era mujer, era distante y frío… ¡Tardé en acostumbrarme a él!
- Pero lo hizo – Comenté
- Y acostumbrarme fue lo mejor. Si lo hubiera conocido antes y no en éstas circunstancias, habría sido mi mejor amigo.
-…
- Mira – Me sonrió – Le pediremos ayuda a Yelina para revivir a Eirika y Marth, ¿Si? No están del todo muertos
- A usted le encanta la idea de revivir a Eirika, ¿No? – Pregunté sonriendo y alzando una ceja
Roy se sonrojó y se levantó de momento.
- ¡C-Claro que me agrada la idea de revivirla a ella y a Marth! – Comenzó a regresar hacia el resto - ¡N-No es por otra cosa!
Tropezó en el último escalón y cayó al suelo de espaldas. Me levanté y me acerqué a ver si estaba bien.
- No le digas a nadie – Sonrió nervioso
Asentí prometiendo eso. Él regresó hacia el resto que recién comenzarían a cenar, miré la tarjeta y la metí de nuevo en la bolsa que el Anciano me había regalado.
- Lord Marth… Prometo salvarlo
