Disclaimer: Los personajes de FE: A no son de mi autoría, sólo Lana y Yelina.
Enjoy
"Veamos si pueden derrotarme y acabar con todo de una vez"
La iluminación fue agradablemente provocada por las antorchas que el castillo ofrecía. Nos encontrábamos en la entrada principal del castillo. A nuestro lado derecho, un pasillo oscuro y silencioso al igual que el pasillo de la izquierda.
- Vamos – Le indiqué a Morgan con un ademán – Busquemos a Yelina
- ¿Y si nos encontramos a Ike? – Preguntó con temor abrazándose a mi brazo derecho
- Corremos, así podremos evitarlo.
Pero era probable encontrarlo, así como era probable salvarnos por ahora. Con Morgan tomándome del brazo, comenzamos a andar por el suelo lujosamente alfombrado de rojo, subiendo las pocas escaleras y ver mucho más al frente, el trono donde Walhart se sentó más de una vez.
¿Acaso él vive aquí? ¿O Lana lo borró en esta historia?
- Lucina – Morgan habló – Tengo miedo
- Morgan, basta – Suspiré – No te pasará nada
- ¿Segura?
- Muy segura
Eso lo dejó conforme, al menos, para dejar de triturarme el brazo con su mano llena de nervio y pánico.
El silencio del castillo sí ocasionaba miedo, algo así como si Lana pudiera aparecer e Ike con un ataque por la espalda, todo era increíblemente posible que aterraba hasta cierto punto.
Caminamos un poco más hasta llegar al cruce entre el pasillo de frente y el de los dos lados.
- Tú decide – Le miré – Izquierda, derecha o frente.
Morgan miró los tres únicos pasillos disponibles. Su rostro notaba demasiada confusión, tomándome del brazo de nuevo, me jaló por el pasillo de la derecha por ser el más alumbrado.
Sin decir nada, llegamos hasta la pared, ante esto, Morgan se aterró.
- ¡Por favor! – Le grité - ¡Basta, Morgan! ¡No hay nada! ¡Es sólo una pared! Miran, no hay nada ni nadie. Basta de temer
- Lo siento – Habló bajo – Pero…
- Sé que tienes miedo, es normal – Suspiré – Pero te aseguro que mientras estés conmigo, nada te pasará. ¿Sí? ¿Confías en mí?
La poca iluminación del pasillo me permitió verlo asentir con la cabeza. Me le acerqué, lo tomé de la mano y con una sonrisa le dije.
- Vamos
Seguimos avanzando tanteando por el piso y las paredes esperando encontrar algo que nos fuera verdaderamente útil, o algo que nos diera alguna especie de ubicación de algo o alguien, pero nada.
- Nada – Suspiramos Morgan y yo
Di un paso, pero tropecé con un desarreglo de la alfombra y caí.
- Lu… - Me miró Morgan - ¿Estás bien?
- No tanto – Confesé soportando el dolor en mi nariz
Morgan me ofreció su mano, me incorporé y la tomé, pero antes de levantarme, en el espacio sobrante entre el suelo y la puerta, un poco de iluminación se dejaba ver.
- Morgan – Señalé la puerta mientras me ayudaba a levantarme – Ahí, hay alguien o algo.
Me sacudí de polvo la ropa y me acerqué con Morgan detrás de nuevo temblando de miedo.
Toqué la puerta verificando que estaba entre abierta y sólo me bastó un pequeño empujón para abrirla completamente y mirar en su interior. El lugar estaba completamente vacío, pero no por completo ya que había tres cofres abiertos y demasiado oro tirado en el suelo.
- ¡Mira! – Exclamó Morgan feliz - ¡Con esto no pasaremos hambre ni penumbras de nuevo!
- No es nuestro, Morgan
- Vamos, Luci – Me sonrió mostrando sus blancos dientes – Un poco no nos hará daño.
- No. Ya dije
Morgan suspiró soltando el oro que ya había recogido entre sus brazos haciéndolo sonar a su vez.
Escuchamos pasos apresurados y temimos por nuestra vida. Cerré la puerta mientras buscábamos un escondite. Ninguno era lo suficiente grande para cubrirnos a ambos o sólo a uno de nosotros. El tiempo se agotó y la puerta se abrió de golpe sin habernos escondido.
-…
Silencio, ninguno de los dos hablaba.
- ¡Ahhh! – Gritó la chica cubriéndose el rostro - ¡N-No me mates! ¡Puede llevarte el oro que quieras! ¡De todas formas es de mi hermana!
- ¿Hermana? – Morgan y yo nos miramos - ¿Yelina?
La chica se descubrió la parte derecha del rostro dejando ver su ojo abierto inspeccionándonos.
- ¿Cómo saben mi nombre? – Preguntó
- ¡Soy yo, Lucina! – Exclamé feliz de finalmente conocerla - ¡Soy la Princesa de Ylisse!
- ¿Eh?... – Pensó - … ¡Princesa Lucina! – Sonrió con alegría - ¡Es usted!
- ¡Srita Yelina! – Se alegró Morgan - ¡Es un gusto finalmente conocerla!
Era cierto que eran idénticas, el mismo color de cabello y forma, ojos, aunque la ropa era demasiado parecida a la de Say'ri y Lon'qu. Sí, era una Swordmaster.
Yelina iba a hablar, pero unas pisadas pesadas se escucharon. La rubia cerró la puerta y nos cubrió la boca pidiendo que nos calláramos, nosotros obedecimos por nuestro bien.
- Yelina – Dijo una voz masculina - ¿Estás bien?
- Sí, estoy bien – Contestó nerviosamente
- Bien. Lana dijo que Lucina llegó, búscala y mátala.
- Sí, Ike…
Era Ike, El gran héroe de Tellius. Sus pisadas se escucharon a lo lejos y Yelina nos descubrió la boca para soltar un suspiro de alivio los tres.
- Como dije hace tiempo, Ike, Celica y Ephraim estaban vigilándome – Respondió a una pregunta sin formular – Hasta que Ephraim huyó. Entonces, Celica pasó a ser la mano derecha de mi hermana e Ike estuvo demasiado pendiente por mí
- ¿Y eso se refiere a algún afecto? – Pregunté
- Para nada – Suspiró – Con: "estuvo demasiado pendiente" es que no me deja de buscar para verificar que no escape
- Toda la atención para ti sola – Bromee – Como sea, necesitamos hablar
- Hablemos
Le conté todo lo que había pasado desde que recuperó los recuerdos de mi hermano, ella asentía a todo lo que decía y de vez en cuando, daba su opinión diciendo que Lana le había contado y cosas por el estilo.
- ¿Y qué quieren que haga yo?
Aún no le contaba la parte que Lana decía, así que no tardé en contárselo. Ella mostró asombro ante lo que le dije acerca de los Einherjar y las piedras, parecía un poco confundida.
- No sabía que podía hacerlo – Confesó – Creí que sólo servían para encerrar al dragón Grima y esas cosas
- Lana parece saberlo – Continué – Por eso le ha robado el resto de las piedras a Tiki y asesinado a… Marth e Eirika
- ¡Esto es suficiente! – Alzó la voz enojada - ¡Lana pagará! ¡Pagará todo al fin! Tenía mis dudas acerca de ayudarte, pero ahora sé que debo hacerlo.
Los tres nos dirigimos a la puerta y abriéndola levemente, comenzamos a salir pegados por la pared con cuidado sin ser descubierto.
Logramos alcanzar el pasillo para el centro del castillo, las escaleras para subir al piso del trono estaban a un escaso metro, con decisión, las subimos.
- ¡Ha! – Rió una voz - ¡Ya sabía qué llegarían! Bienvenidos
Nos dimos la vuelta, Yelina sacó una espada de gran brillo, filo increíble y delgado, y en cuanto vio a su hermana gemela siendo acompañada por Ike, se posicionó en ataque.
- ¡Yelina! – La saludó "alegrada" – Sabía que harías esto, maldita bastarda.
- ¡Deja de llamarme así! – Bajó las escaleras con odio - ¡Eres una mentirosa! ¡Sabía que no podía confiar en ti! ¡Ya, estoy harta de que me trates mal! Morgan y yo nos miramos con un poco de incomodidad, no sabía que ellas estaban tratando temas familiares.
- ¡Pero basta! – Se calmó – Ayudaré a Lucina a derrotarte de una vez. Yo… Reviviré a los Einherjar que mataste
- Sabes que vas a morir si lo haces – Sonrió de lado
Morgan me miró con sorpresa y miedo. ¿Yelina? ¿Morir si revivía a Marth o Eirika?
- No me importa – Se giró a nosotros – No, con tal de derrotarte
Se acercó a nosotros y negamos su decisión. ¡Era una locura! ¡No podríamos dejar que Yelina hiciera eso! Pero… Tenía terror si perdía las memorias de Marth.
- Denme las piedras que tienen
- Pero…
- Está bien – Sonrió interrumpiéndome – Si de verdad muero, estoy cansada de vivir bajo el pie de Lana. Por favor
Con dolor, accedí a su petición. Saqué las cartas de Eirika y Marth, la primera muchísimo más desgastada que la otra, ella me ordenó colocarlas en el suelo con una piedra encima.
- Si muero de verdad – Me miró – Es tu deber derrotar a Lana
Asentí. Morgan me rogaba que no la dejara hacerlo, pero si era su deseo, no podía hacer ya nada.
Susurró unas palabras que no eran un idioma que conociera. Nos hincamos al ver como Yelina lo hacía de golpe y con dolor, miramos como las tarjetas y las piedras brillaban con intensidad.
- ¡Son unos tontos! – Oímos a Lana gritar - ¡Estúpidos!
Yelina dejó de hablar, y se desplomó en el suelo boca abajo.
- ¡Srita Yelina!
Morgan y yo nos acercamos con preocupación e intentamos despertarla, pero no se podía hacer nada si ese sueño se había convertido en uno eterno.
- Gracias…
Me daba rabia y coraje al ver como Lana reía ante la muerte de su hermana gemela. ¡La odiaba! Pero estaba confiada en que Marth y Eirika revivirían.
- ¡Lucina!
Aquel grito interrumpió mis pensamientos, miré hacia donde Morgan señalaba y mis pupilas se contrajeron al ver lo que había en el suelo. No… ¡No podías ser!
- Las cartas
- ¿Lo ven? – Lana se nos acercó – Les dije que eran tontos
- P-Pero – Intenté hablar levantándome - ¡¿C-Cómo?! ¡Tú dijiste que una de las dos podía revivirlos con las piedras!
- Es obvio que no – Le pidió a Ike darle las otras tres piedras – Lo dije porque sabía que si lo pensabas, estarías tan concentrada en revivirlos, que no pensarías en cómo derrotarme
- ¿Mentiste?
- ¡Claro que sí! – Tiró las piedras al suelo – Eres tan tonta, que te apuesto, sólo lo pensaste una vez.
Me impresioné de cómo pisó las piedras con la base de su bastón, agrietándolas y rompiéndolas en el acto.
- ¡No! – Grité
Intenté detenerla antes de que rompiera Sable, pero Ike me tomó de la muñeca y me obligó a mirar. Terminó por romper las cinco piedras sagradas de una vez por todas.
- Ahora… - Se hincó al lado de su hermana arrancándole la otra pulsera de su muñeca y tomando la otra del suelo – Al fin tengo estas belleza
- ¿Eso era lo que querías? – Preguntó Morgan siendo amenazado por Ragnell en el cuello - ¿Unas pulseras?
- No necesitan saberlo – Se las colocó – Morirán ahora
Mi familia no llegaba, Yelina estaba muerta, no había salvación alguna. Hasta que una flecha pasó a gran velocidad cortándole el brazo a Ike haciéndolo soltarme de golpe así como a Morgan, claro que ese rasguño no le importó porque me capturó de nuevo pero dejó a mi hermano libre.
- ¡Oye! – Escuché un grito - ¡Suelta a mi novia!
Esa voz. Los cuatro miramos hacia las escaleras, entonces, una espada logró hacerle una estocada a Ike en la espalda hiriéndolo y soltándome.
- ¡Inigo! – Expresé alegre
No pude evitar abrazarlo enternecida y agradecida de que llegara a tiempo. ¿Por qué desde que supe de sus memorias, nos comportábamos como una melosa pareja?
- Espero que estés bien – Sonrió
Así como el abrazo, la sonrisa contagiada no faltó.
Ante la estocada de Inigo, Severa saltó y pateó el rostro de Ike para tirarlo de sentón y ser amenazado por una Falchion original.
- ¡Lord Marth! ¡Lady Eirika!
Pero ellos no me contestaron, era obvio. Marth golpeó a Ike dejándolo inconsciente mientras mi madre, Eirika y Lyndis se acercaban a Lana amenazándola de muerte.
- Perdiste – Hablé
- ¡Ha! – Rió - ¿Eso creen? – Levantó su báculo señalando a Morgan – Aún, tengo que hacerte sufrir con lo que amas.
Pero no hubo ataque hacia Morgan, al contrario, bajó su báculo formando un conjuro en el suelo.
- Los dejaré vivir por ahora – Señaló la entrada – Pero uno de ustedes morirá
- ¿Cómo que uno de nosotros? – Preguntó Chrom
- Los dejaré vivir, pero no a todos – Sonrió – Decidan bien quién morirá a manos de ellos
A donde señala, se hallaban nuestros reflejos, nuestros rostros, nuestra persona. Nosotros mismos.
- Los veré en el castillo de Plegia
Y tras un destello, desapareció. El mismo conjuro que ella usó, estaba libre para dejarnos ir, pero en cuanto quisimos pisarlo, no se nos permitió.
- No, no, no – Negué - ¡No vamos a dejar a nadie aquí!
- Lucina… - Mi padre me miró – No van a dejar nadie, porque me quedaré yo aquí
- ¡¿Estás loco?! – Le gritó mi madre - ¡No puedes quedarte tú aquí solo!
- ¡Puedo y lo haré! – Alzó la voz – Escucha, Robin. ¿Planeas dejar a uno de nuestros hijos aquí? ¿Dejarás a Cordelia, Lissa o algún otro aquí? No, ¿Verdad? Tú eres la única que sabe llevar un ejército a la perfección… Por eso debes irte.
- Pero…
- Estaré bien
Aquella escena en la que mis padres compartían un beso de despedida, rompía todo mi sentido común, me daban ganas de quedarme yo aquí, pero no podía hacerlo.
Con dolor el corazón, mi madre nos acompañó a aquel conjuro que nos llevaría lejos. Una vez dentro, sólo esperábamos a Inigo quién era el único afuera aún.
- ¡Lord Chrom!
Antes de que nuestros espejos atacaran, mi padre se le acercó.
- Cuida mucho a mi hija – Le ordenó
- Oh, no tiene que pedirlo – Sonrió como solía hacerlo poniendo una mano en su hombro y apretándolo levemente – Sabe que lo respeto y lo admiro, después de esto, pediré la mano de Luci en matrimonio
- No puedo tomarte en serio con ese color de cabello
- Yo tampoco, créame.
Lo sujetó de ambos hombros haciéndome temor de lo peor.
- No deje que la bella sonrisa de Lucina se apague.
La distracción y confusión de mi padre, logró hacer que Inigo lo empujase al centro del sello. ¡No! ¡Él no!
- ¡Inigo!
Intenté salir, pero el hechizo me lo impedía.
- Lucina – Me sonrió sacando su espada al mismo tiempo que nuestros espejos se acercaban – Sigue bella y no dejes de sonreír.
La luz del conjuro nos impedía la vista poco a poco.
- ¡Inigo!
Hasta volverla oscura completamente.
