¡Heeey, hola, lectores míos! Sé que es bastante tarde, pero aquí vengo a actualizar, lsdkjalssfld. -gracias, Zhena, por recordarme la actualización, que se me olvidó por estar roleando, pls- x'D.

Bueno, creo que no tengo más que decir, salvo que disfruten el capítulo y disculpen si tengo algún error ortográfico o incoherencia narrativa.


|| El Tigre Cazador ||

Kagami nunca se había reprochado nada en su vida, hasta aquella madrugada después de su cumpleaños en la que se la pasó luchando contra aquel neófito. Confiaba perfectamente en su habilidad—que era más que obvio no era de un simple humano, pero que prefería no ponerse a pensar en ello— para llevar bien su combate con ese chupasangre. Y lo estaba llevando bien, muy bien. Parecía un tigre salvaje al luchar, o al menos esa visión tuvieron esa noche.
Pero todo se había ido al caño, cuando el líder de eso hizo aparición junto con su aquelarre de neófitos, quien por supuesto era mucho más experto que todos ellos juntos y fue necesaria la intervención de Alex y Himuro, porque si bien reconocían la habilidad del pelirrojo, todavía le faltaba experiencia en este ámbito—seguía siendo un humano—. Y es que Hanamiya no era cualquier y simple vampiro, pero para nada se le pasó a la rubia o al pelinegro que precisamente él era el creador de todo este embrollo. Uno, donde preferían no haber metido sus narices.

Las cosas se dieron demasiado rápido, demasiado confusas para Kagami, quien luchó de igual forma contra los demás vampiros experimentados, mismos con quienes no pudo hacer mucho, pero no perdió su vida gracias a la protección que Himuro le brindó de igual modo. Alex estaba en problemas también, ella era alguien que odiaba la violencia, ciertamente y no quería pelear; esa serenidad fue la debilidad del asunto, porque Tatsuya también se encargó de defenderla a ella. De modo que Hanamiya no perdió oportunidad para tomar su pago con los entrometidos esos, logrando llevarse al pelinegro con ellos una vez el sol salió.

El sol no les mataba, pero los convertía en simples humanos, por así decirlo, en el día o si salían a este y gracias a que Hanamiya contaba con algún lycan de su lado, la derrota de aquellos dos vampiros fue fácil. Pero gracias al don de Alex, pudieron sobrevivir a ese ataque, aunque sin Himuro.

Taiga estuvo como loco todas las siguientes semanas, no había nada que lo calmara, porque estaba dispuesto a encontrar a su hermano a cualquier costo y de alguna manera se sentía culpable de que todo eso pasara. No pudo protegerlo, todavía era demasiado débil para el mundo de la noche.
Alex había hecho lo que había podido para contenerlo, pero sin el pelinegro presente, el pelirrojo siempre se salía tan pronto el sol se ocultaba, metiéndose al submundo sin miedo. Era una fiera desencadenada y furiosa, dispuesta a buscar a alguien tan importante para él.
La rubia comprendió eso, por lo que decidió hacer una forma de ayudarlo, porque ella peleaba de otra manera y por supuesto que quería a Tatsuya de regreso, era como su hijo, como no.

Por ello, se dedicó casi un mes para perfeccionar su nuevo invento. Aquellas pistolas con rayos ultravioletas, que parecían balas como si fuera mini soles y es que aunque el astro rey no les matara, seguía siendo la debilidad de los vampiros. A estas mismas, iba adherida algo de plata, así como algo de magia especial, que solo la rubia sabía usar.
De no ser por la experiencia de Alex no solo como vampiro, sino como hechicera y su cuerpo resistente, trabajar en algo como esto, la hubiera terminado matando, pero debía sacrificarse por sus hijos.

Y Kagami no descansó hasta encontrarle la pista a ese tal Hanamiya, ahora mejor equipado que antes. Alex le siguió a su ritmo, ella no era impulsiva y actuaba de forma delicada, por separado y a la vez junto con el chico.

La rubia sabía, que Himuro tarde o temprano dejaría de pasar desapercibido, pero no esperaba o creía que fuera tan pronto.

Así que ahora, Kagami hervía de furia y apuntaba con la pistola al vampiro de cabellos negros que tenía los ojos rojos. No le importó el shock que sintió al ver a semejante licántropo peleando con este, Himuro fue suficiente motor para hacerlo reaccionar, no le importó que prácticamente estuviera yendo directo a su tumba en esa búsqueda peligrosa. No le importó nada.

—Hah, que gusto… conocer al "Tigre Cazador" —siseó Hanamiya, con acidez y burla.

—Déjate de tonterías, ¡eso no es lo que te pregunté! —exclamó Kagami con irritación, disparando una vez contra el costado del vampiro.

Hanamiya jadeó de dolor, ¿qué demonios eran esas balas? ¿Y por qué no era capaz de moverse si era un jodido mundano que le tenía apresando contra el piso? Es decir, sí, sentía un dolor y quemaduras en su interior, pero eso no era impedimento para que siguiera moviéndose, ¿por qué no podía?

—Para ser un simple humano inútil… —masculló Aomine casi sin voz.

¿De modo que ese chico de cabellos rojos era el tan famoso "Tigre Cazador"? Lo veía de lejos y no le veía la gran cosa, pese al aura imponente que tenía, la cual en efecto, le hacía parecer un tigre salvaje. Aun así, no podía evitar el sentirse admirado por la forma en que tenía al vampiro, ¿qué era lo qué le hizo?

— ¡Responde, maldita sea! —rugió Kagami.

Su ronca voz sonó, haciendo eco en la noche. Ese temperamento tan malo, esa agresividad y ferocidad en su aura solo le recordaron tanto a Hanamiya como a Aomine, a un licántropo recién convertido. Cosa que era imposible, porque el pelirrojo olía completamente a… ¿un humano?

El pelinegro simplemente rió maliciosamente.

—Así nunca lo vas a saber —Hanamiya trató de mantener su expresión burlona, pese al terrible y desastroso dolor en las zonas afectadas por esas misteriosas balas—. Si ese tipo es tan importante para ti, entonces, yo lo destruiré, behe.

La expresión de Kagami se mostró llena de ira, pero luego se volvió una sombría con solo sus ojos rojos llameando con fuerza.

—Entonces, tenerte vivo no me sirve para nada.

Por supuesto que lo mataría, a él no le daba remordimiento porque después de todo, no eran criaturas humanas y lo más importante, se habían metido con alguien importante para él, no mostraría misericordia. De modo que le apunto directamente a la cabeza, para darle el balazo final. Pero Hanamiya simplemente sonrió altanero.

— ¡Taiga, espera! —exclamó Alex, quien corrió en un parpadeo, llegando justo al lado del pelirrojo para que se detuviera— Deja de matar tan impulsivamente, así no conseguirás nada —regañó con firmeza, viendo al chico.

Kagami apretó los labios con fuerza y bajó el arma.

Por otro lado, Aomine alertó sus instintos con la llegada de aquella mujer, la cual olía completamente a vampiro y tenía pinta de ser uno a diestra y siniestra, solo bastaba con ver aquella palidez y belleza sobre humana. ¡¿Qué hacía un vampiro con un humano?! ¿Qué no debería matarlo si ellos bebían de la sangre de estos?
La única explicación que encontraba lógica, era que probablemente aquel humano estuviera bajo control de la vampiresa. Y siendo así, no podía quedarse viendo nada más, no porque quisiera salvar a aquel insignificante humano, simplemente porque no dejaría que ellos se interpusieran en su camino de matar al desgraciado de Hanamiya.
Rugió con fuerza e ignorando las pulsaciones dolorosas de todo su cuerpo por la plata aún en su sistema, corrió contra ellos, pese a que al moverse era como si miles de cuchillas le atravesaran los músculos.

En ese momento, Alex y Kagami reaccionaron al ver al lycan correr hacía ellos a velocidad sobrehumana, así que sin dudarlo, el chico esta vez disparó contra aquel peliazul, no con intención de matarlo, simplemente para inmovilizarlo.

¡¿Qué coño?! ¡¿Más plata en estas balas?! Pero, ¡¿por qué no pude esquivarlas?! Pensó Aomine cuando la inconsciencia empezó a apoderarse de él, esto era lo máximo que su cuerpo podía soportar con ese metal en su cuerpo y ya lo había sobre esforzado bastante, ¿iba a morir? Quien sabía, con esas heridas en todo su cuerpo, tal vez…
Y antes de que la oscuridad de su mente lo atrapara, por su mente apareció ese rostro.

Lluvia ...

— ¡Taiga, ¿por qué le disparaste?! —amonestó Alex, ahora sí molesta.

— ¡Venía contra nosotros! —contestó Kagami, como si fuera obvio.

—Yo pude detenerlo, no era necesario que matarás a alguien más esta noche —espetó Alex, frunciendo el ceño y luego dirigió su atención al vampiro tirado en el césped.

— ¿Qué esto? ¿Me estás salvado, rubia? —se burló Hanamiya, gruñendo por el dolor que poco a poco se esparcía por todo su cuerpo como lepra.

—No, te llevaste a mi hijo, al contrario, yo misma deseo acabar con tu vida —respondió Alex con el gesto oscuro—. Pero me llevaré tu valiosa información mental primero —sus ojos brillaron al decir aquello.

Entonces, Hanamiya abrió grandes sus ojos por eso.

—Tú… No me digas que tú eres… La famosa "Hada" en…

—Hace mucho tiempo dejé atrás ese nombre —Alex le miró con frialdad y puso una mano en la frente ajena, presionándola con fuerza para después poner su otra mano en la nuca del vampiro, presionando ambas manos al mismo tiempo.

A Makoto le recorrió un dolor indescriptible y ahogó un gruñido de dolor.

— ¿Qué es lo que hiciste, maldita bruja?

—Quitarte tus conocimientos, todos los de tus trescientos años de vida —Alex se incorporó—. Ten un bonito castigo antes de que las balas te hagan cenizas.

La quemazón que Hanamiya sentía en su cuerpo, aumentó todavía más, pese a que parecía imposible. Sentía que se consumía por dentro, que su vida era tragada rápidamente por ese fuego invisible.

—No importa lo que hagan, mis hombres van a…

— ¿Te refieres a la bola de mocosos en el subterráneo? —Alex enarcó una ceja— No te preocupes, ellos han descansado más rápido que tú.

—I-imposible… —Hanamiya se encontró sorprendido, ¿ese era el verdadero y gran poder de aquella vampiresa tan famosa del pasado?— Yo solo quería… ¡Lo único que quería era destruir a esos malditos de la Unión Milagrosa! ¡¿Por qué se interponen en mi camino?!

Kagami y Alex le miraron serios aunque desconcertados.

—Solo quería vengarlo a él… —Hanamiya bajó la mirada unos segundos. Pero luego les miró y sonrió con desdén— ¡Es broma, par de imbéciles! Pero no saben el gran favor que me están haciendo con esto…

—Taiga, retrocedamos ya —apresuró Alex, incorporándose y jalando al pelirrojo—. Las balas no tardaran en cumplir su función.

—Pero, ¡¿y qué pasará con Tatsuya?! —inquirió Kagami.

—Sé justamente donde lo dejaron, Taiga, vámonos ya o esto nos dañará a nosotros también.

—Bien, entonces si es así… —pero Kagami se detuvo a media frase cuando por alguna razón, sus ojos volaron al licántropo.

Aunque ahora ya no era el cuerpo lobuno y gigante de antes, sino el cuerpo de un muchacho moreno de más de metro noventa, tirado en el pasto con su cabello azul y desnudo.

—Taiga, ¿qué haces ahora? —Alex miró mal al pelirrojo.

—No podemos dejarlo aquí… —susurró Kagami, acercándose al cuerpo de ese chico.

— ¡¿Estás loco?! ¡Es un licántropo! —ahora sí, Alex estaba perpleja.

—No lo voy a dejar aquí, está muy malherido —afirmó Kagami, mirando a la rubia directamente a los ojos.

La ojiverde vio algo en la mirada del pelirrojo que hizo no poder negarse, no porque doblegara su voluntad, sino que simplemente… podía ver el fuerte deseo del chico por salvar a aquel desconocido. Suspiró con resignación y caminó hacía el pelirrojo.

—Tú fuiste quién le disparó —recordó Alex—. Está bien, cárgalo y vámonos de una vez.

Kagami levantó con esfuerzo el cuerpo de aquel moreno muchacho, deteniéndose a mirar ese rostro que pese a estar inconsciente, tenía esa expresión tan dura y fría. De alguna manera, eso le hizo sentir mal. El estado del peliazul era realmente delicado, por lo que tuvo que acomodárselo entre sus brazos, como un bebé, en otra ocasión esto le hubiera hecho morir de vergüenza, puesto el otro estaba desnudo—y evitaba verle de más, por supuesto—, pero el ambiente no daba aires ni para eso.

Y cuando la rubia le indicó que el portal estaba listo, Taiga lo atravesó sin problema alguno al lado de su maestra.

...

Hace más de un siglo atrás, Akashi había convocado a una reunión entre los seis líderes de todo el mundo de La Noche para dar el aviso que uno de sus miembros sería reemplazado por el incumplimiento de las reglas que hizo al ir al mundo humano sin aparente razón más que para masacrar a un pueblo entero.

¿Y a estas alturas hay alguien apto para el lugar? —preguntó Midorima con seriedad, acomodándose los lentes que le gustaba usar simplemente por gusto y buena suerte.

Hay un candidato en especial, Shintaro, no te muestres tan desconfiado —respondió Akashi con una sonrisa calculadora.

A mí me parece demasiado pronto para eso. Tal vez el puesto de Haizaki-san debería quedar libre un tiempo —expresó Kuroko, frunciendo ligeramente el ceño.

Me temo que eso no puede suceder, Tetsuya, o el equilibrio será perdido y este mundo caerá en el caos —Akashi le miró con frialdad—. Y además, esto es una orden —añadió sonriendo con un tono completamente autoritario.

Con ello, nadie en la sala fue capaz de argumentar algo en contra de esa decisión.

¿Y bien? ¿Quién es entonces? —quiso saber Aomine, con aburrición.

Los licántropos siempre con su falta de paciencia, ¿verdad, Daiki? —Akashi negó suavemente.

Dinos ya quién es, Aka-chin —pidió Murasakibara, arrastrando las palabras, se notaba lo aburrido que estaba.

Seijuro sonrió, como si se estuviera divirtiendo con eso, pero luego enfocó su seria mirada a todos sus compañeros.

Ryota, puedes pasar ya.

Un muchacho con apariencia física de quizá diecisiete años, entro a aquella sala, con una despreocupada sonrisa y la mirada emocionada, mirando todo alrededor. La palidez de su piel y belleza perfecta, dejó en claro lo que era.

¡¿Es en serio, Akashi?! ¿Piensas sustituir a un licántropo por un vampiro? —preguntó Aomine, totalmente sorprendido y es que cuando vio a ese rubio, algo se encendió en él, pero en ese momento, era demasiado pronto para poder identificar qué era eso.

¿No sé supone el equilibrio de la Unión es que seamos tres de cada especie? —aventuró Midorima, frunciendo el ceño, nada contento.

Pero los cambios a veces también son necesarios para mantener el equilibrio y eso es absoluto —repuso Akashi con ese tono autoritario de siempre.

¿Y por qué él? ¿Qué tiene de especial? —volvió a preguntar Aomine, alzando ambas cejas.

Él mismo se los demostrara —Akashi asintió.

Y justo como había dicho aquel pelirrojo, ese rubio vampiro fue capaz de demostrar lo que realmente valía, pero con ello, no solo se ganó el lugar ahí, sino que también en el corazón del peliazul.

Aomine jadeó con fuerza, removiéndose en la cama donde estaba acostado, todavía seguía dormido, pero tal parecía que estaba teniendo alguna clase de mal sueño, por lo que Kagami no hizo más que acercarse para hablarle.

—Hey, cálmate —dijo, tocándole la frente y sintiendo como este tenía una fiebre muy alta—. Agh, demonios…

El pelirrojo no perdió el tiempo y se dedicó a mojar las tollas pequeñas con una mano, que Alex le dejó junto con un agua especial para el hombre lobo. Una vez listas, las colocó en la frente morena con el mayor cuidado que sus pesadas manos le permitieron.
Con ello, el peliazul dejó moverse, continuando con su sueño sin dejar de fruncir el ceño ligeramente.

—Se ve no disfrutas dormir en estos momentos —Kagami le miró con escepticismo y luego suspiró—. Pero tal parece que pronto estarás mejor.

Estaba por regresar al sillón de aquella habitación para volver a leer mientras velaba el sueño ajeno, cuando sintió la mano del lycan aferrándose a su propia mano, pues hace unos momentos le sujetó para intentar calmarlo y no le había soltado.

Fue un choque atómico el que Kagami sintió recorrer su piel cuando sus pieles entraron en contacto mutuo y correspondido, de modo que apartó con brusquedad su mano de un jalón.

Eso causó que Aomine se despertara con brusquedad, abriendo sus ojos y encontrándose con un par de ojos rojos que le veían fijamente.

...

Alex se sentía mentalmente cansada y no por todo el trabajo que hizo junto al pelirrojo para encontrar Himuro, sino por todo lo que la mente de aquel vampiro tenía escondido; todavía no podía asimilar esas cosas tan… viles y con ello se podría decir que entendía el por qué Hanamiya estaba haciendo lo que hacía. Lo entendía, pero no lo apoyaba por eso.
Ahora que sabía todo eso, no se arrepentía de haberse negado hace tanto tiempo de aquella orden por el clan Akashi, aunque por ello hubiera sido enviada a La Nada—un tiempo, porque logró escapar después—. Además, ahora tenía una vida que disfrutaba en el mundo humano, porque había aprendido a convivir con estos y vivir como estos, así como aprendido de igual manera que no todos eran seres sin corazón y avariciosos como los pintaban en su mundo. Había bastante gente noble haya fuera.
Taiga era uno de ellos.

Tanto así, que incluso había traído a un hombre lobo a la casa, donde por cierto, estaban ahora dos vampiros. Seguramente se armaría un lío cuando ese chico moreno despertara. Pero podría manejarlo, después de todo sabía quién era.

A la rubia le costó bastante extraerle todo la plata líquida en la sangre del peliazul, además de curar sus heridas, justo a tiempo, porque seguramente si Kagami le hubiera dejado ahí, ahora ya estaría muerto, porque todo el daño que recibió fue grave. Incluso llevaba durmiendo cuatro días.
Mismos en los que el pelirrojo estuvo pendiente de él, probablemente debido a que se sentía responsable por haberle disparado cuando ya estaba muy herido o eso creía Alex, como si no supiera el verdadero motivo. Y de todos modos, tampoco se lo cuestionó mucho, porque así fue fácil convencerlo de que dejara a Himuro descansar, pero no por ello Taiga dejó de estar al pendiente de su hermano.

—Alex… —llamó Himuro, frunciendo el ceño, con la voz débil.

El daño que a él le habían dicho fue grande, si bien el sol no le mataba a él ni a todos los vampiros desterrados, existía un límite de tiempo en el que podían estar bajo este como un humano normal antes de empezar a sufrir la tortura. Y justamente, a él lo habían tenido bajo el sol todas las doce horas, quitándole fuerza cuando llegó la noche y gracias a que no se había alimentado de sangre—la que era capaz de generar Alex por su magia, que era como si fuera una humana—, le era imposible pelear para liberarse. Le estuvieron haciendo eso durante todo ese casi mes que estuvo de prisionero con ellos. Por eso, ahora Himuro sabía que una vez pasado el límite, sentía como si le quemaran vivo, pero sin convertirse en cenizas, era algo eterno y aun así, su piel estaba lastimada como si fueran llagas.

— ¿Qué sucede, Tatsuya? —Alex ingresó a la habitación del pelinegro, pese a que estaba bastante lejos, su fino y perfecto oído vampírico le permitió escuchar al otro— Debes descansar más aún.

—Ese sujeto… me conocía —masculló Himuro casi inaudiblemente.

La rubia parpadeó rápidamente.

— ¿Cómo dices?

—Makoto… Logré recordarlo cuando dijo mi nombre y tal parece él supo reconocerme —explicó Himuro con el ceño fruncido.

—P-pero, ¡¿cómo?! Tú aspecto físico de ahora es completamente diferente y no eres… como antes —Alex le veía con cierto temor y sorpresa.

—Lo sé, o quizá él estaba buscando desesperadamente a un aliado —Himuro entrecerró los ojos.

—Tatsuya, suponer eso sería mucho. Nadie podría decir o saber quién eres por simple adivinanza —Alex frunció el ceño, con desconfianza.

—Sea lo que sea, Alex, pero él me dijo algo que me dejó muy inquieto —Himuro frunció los labios.

— ¿Qué cosa?

—Me dijo qué… No podremos mantener la existencia de Taiga siempre en secreto.

— ¿Q-quieres decir qué él…? —Alex se quedó sin habla.

—Sí, Makoto fue capaz de descubrirlo con tan solo esa noche —la voz de Himuro se tornó sombría—. Y, Alex, yo quiero evitar a toda costa que ese lado de Taiga despierte, sabes por qué

—Lo sé, lo entiendo. Pero, Tatsuya, sabes que solo hay una manera de hacer eso, ¿verdad? —insinuó Alex, ahora con seriedad.

—… Tiene que haber otra manera, Alex, pero esa no. No podría hacerlo, amo demasiado a Taiga como para hacerle eso —la expresión de Himuro se tornó triste.

Alex le sonrió con ternura.

— ¿Qué diría él si te viera enamorado de su hijo?

Tatsuya suspiró y negó, sonriendo ligeramente.

—Me hubiese golpeado, seguramente.

—Bueno, sí, pero luego lo hubiera aceptado, porque Taiga te corresponde —animó Alex—. Deberían dejar de llamarse a sí mismos hermanos y usar otro término.

—No lo hace de la misma forma que yo —dijo Himuro con una sonrisa— y los dos lo preferimos así.

—Ah, hombres, no quieren ningún compromiso fuerte —Alex suspiró y puso los ojos en blanco—. Pero no estés tan seguro, tú eres muy importante para Taiga.

—No es eso, Alex. Sabes bien que la relación que existe entre Taiga y yo es compleja.

—Lo sé. Pero con más razón deberían disfrutar su relación, Tatsuya.

El pelinegro vampiro negó gentilmente.

—Del mismo modo en que estoy seguro amo a Taiga, es que sé que yo no estoy hecho para él.

— ¿Y cómo estás tan seguro? —Alex frunció los labios, inconforme.

—Recuerda mi don, Alex… E incluso antes de que despertara, mi conexión con él me lo hizo sentir y estoy seguro Taiga también lo sabe, pero ninguno de los dos queremos detenernos —explicó Himuro y suspiró.

Alex se sintió conmovida.

—Mejor deja de pensar en eso y continúa descansando.

El pelinegro simplemente asintió y dando una caricia a su anillo, cerró los ojos para dormir.

De no ser por lo débil que estaba el chico vampiro, también hubiera escuchado el escándalo proveniente de una de las habitaciones de invitados de la casa, el cual si llegó a los oídos de Alex, que hasta ese momento, se había olvidado que debía estar pendiente cuando ese licántropo despertara.

El cual, parecía que ya lo estaba haciendo y no mostraba ningún grado de mínimo agradecimiento.

¡Ah, Taiga! ¿En qué lío nos estamos metiendo otra vez?, pensó Alex, saliendo lo más rápido que pudo de la habitación del pelinegro sin llegar a llamarle la atención.


¿Y qué tal? ¿Logré dejarlos con la intriga?, ¿les gustó?
Ahí les dejé un pedacito del pasado de Aomine, que con forme sigan pasando los capítulos habrán esos fugaces sueños.

Por cierto, a mí no me gusta hacerles esperar tanto, por lo tanto he decidido actualizar cada sábado esta historia, así que nos estaremos viendo en una semana.

¡Espero contar con su valiosa opinión!