¡Hola nuevamente, chicos y chicas! ¿Cómo les va este sábado?

Primero que nada, les agradezco en demasía por todos sus comentarios, ¡ustedes son parte de mi motor para continuar escribiendo!

De acuerdo, les dejo el capítulo que espero disfruten y disculpen si tengo algún error ortográfico e incoherencia narrativa.


|| Falta de Tacto ||

En aquel lugar donde la noche tardaba más que el día y donde todo lo ficticio existía, siendo este mundo una dimensión completamente diferente.

Pese a que era de día, las dos lunas eran capaces de verse en el cielo; la diferencia en ellas era que una era menguante, mientras que la otra era llena. Y pese a ser dos, estaban bastante separadas la una de la otra. El sol en su mundo, era algo que se formaba cuando esas dos lunas compartían un eje perfecto, la una de la otra, reflejando su tremenda luz vital.

Aomine suspiró. Al ser el alfa de la manada en su territorio, siempre debía mantener en orden lo mejor que podía su estado, aunque él no fuera alguien completamente ordenado, pero podía ser un buen líder. No por nada era uno de los seis principales.
Por ello, se puso alerta cuando escuchó el sonido del lago en movimiento, era obvio que eso no era el viento. Así que sin dudar, corrió sin necesidad de transformarse, pero se quedó de piedra cuando vio aquel hermoso y pálido cuerpo salir del agua, completamente desnudo.

Era un vampiro y nada menos que aquel rubio que Akashi les presentó hace varias semanas atrás.

Pero… ¡¿qué mierda haces tú aquí?! —rugió Aomine.

¡Ah! —Kise se sobresaltó por completo y volvió a meterse al lago para cubrir su desnudo cuerpo— ¡Lo siento, Aominecchi! Es solo que Akashicchi me pidió que intentara convivir con todos ustedes y…

¿Aominecchi? —el aludido frunció el ceño, interrumpiéndolo— Sea como sea, aunque Akashi te haya dicho eso, no puedes entrar sin permiso a mi territorio y mucho menos bañarte aquí —espetó Aomine, irritado.

Lo siento, lo siento —Kise hizo un puchero y luego continuó saliendo del lago, dejando otra vez su perfecto cuerpo desnudo a la vista del lycan.

El peliazul no se inmutó, pese al fuerte deseo que le recorrió todo el cuerpo cuando sus ojos devoraron rápidamente al vampiro. Y el rubio tampoco se inmutó por sentirse visto, ya sabía que era alguien apuesto y se sentía orgulloso de sí.

Bueno, se supone debo conocerte más, para poder familiarizarme con todo —repitió Kise, vistiéndose rápidamente y con una sonrisa simpática.

Me niego. Será mejor que te vayas de aquí, yo no te voy a facilitar las cosas —bufó Aomine.

¡¿Eh?! ¡Pero, Aominecchi, ¿por qué?! —dramatizó Kise, acercándose al lycan y viéndole atento, con un gesto triste.

Tengo mejores cosas que hacer que tener a un mocoso vampiro metido en mi territorio —respondió Aomine con arrogancia.

Kise frunció los labios en un gesto obstinado, pero después, sonrió con confianza.

Bueno, yo no me voy a rendir, Aominecchi.

El peliazul entrecerró los ojos, esa expresión era completamente diferente a la infantil de antes, ahora se veía serio y frío.

Heh… ya veremos —Aomine se despidió con un gesto de la mano, dispuesto a irse.

Había sido el segundo encuentro con aquel rubio y no sería el único.

Daiki odiaba dormir, porque esos sueños le atacaban desde que llegó al mundo humano, quizá no siempre, pero sí la mayoría de las veces y eso era de verdad fatigoso. Simplemente quería que esos recuerdos ya no fueran tan dolorosos, pues pese al tiempo, su corazón todavía no se estaba curado, solamente encerrado en la oscuridad y amargura.
Por eso, cuando sintió una pequeña y cálida luz dentro de su consciencia, se aferró a esta como si su vida dependiera de ello, pero al hacerlo, un fuego desconocido para él se prendió desde lo más profundo de su ser, tocando su alma y enviando miles de corrientes eléctricas en su sistema, causando que abriera los ojos de golpe.

Fue entonces cuando ese par de ojos rojo como el rubí se encontraron con los suyos. Para Aomine, que siempre ha vivido en el mundo de La Noche, los únicos seres que tenían los ojos de ese color, eran los vampiros y guiándose de eso, su actitud se tornó amenazante, incorporándose de golpe e ignorando su dolorido cuerpo.

— ¡¿Quién demonios eres tú?! —rugió, abalanzándose contra el pelirrojo para estamparlo contra la pared y sujetarle de la ropa con fuerza— ¡¿Dónde coño estoy y qué me has hecho?! ¡Respóndeme, bastardo! —ordenó con un gesto bastante sádico.

Kagami le miró sorprendido por esa brutalidad, pero no se intimidó, al contrario, le enfrentó con la mirada, porque odiaba que le dieran órdenes.

—Qué manera la tuya tan fina de agradecer cuando se te salva la vida —espetó, molesto y sujetando las muñecas ajenas para zafarse del agarre sin problema alguno, gracias a la debilidad del otro chico.

El peliazul chasqueó la lengua con disgustó y luego le miró con un gesto de burla y arrogancia.

— ¿Mi vida? ¿Desde cuándo un asqueroso chupasangre haría algo tan generoso por alguien tan genial como yo?

— ¡Idiota, para empezar, yo no soy un vampiro! —bufó Kagami, frunciendo el ceño, irritándose cada vez más por esa actitud tan mal educada— Y deja esa maldita actitud engreída tuya.

—Entonces, ya que eres un humano, con mayor razón deberías cuidar tus palabras delante de mí —dijo Aomine con una sonrisa superior.

—No lo haré, estás en mi casa, por si no lo has notado —Kagami le fulminó con la mirada.

El moreno todavía tenía el gesto malhumorado y con sus ojos azules recorrió aquella habitación, misma que era completamente occidental y tenía cierto toque antiguo, ya que incluso tenía una chimenea. Las paredes estaban tapizadas de un color café oscuro con rayas blancas; el lugar era espacioso y frente a la cama había un sofá para dos personas de cuero negro, que estaba al lado de la puerta de madera y en medio estaba una mesita también de madera que tenía una cazuela de agua y varias toallas. ¿Acaso ese mundano le estuvo cuidando?

—Yo no te pedí me ayudarás —farfulló Aomine con molestia y desdén—. No te voy a dar las gracias, si eso es lo que esperas de mí, humano —con su mirada, recorrió al chico casi de su misma altura y luego sonrió con cierta picardía ligeramente amarga—. Seguro que si fueras una linda chica, no hubiera tenido problema en que me metieras a tu cama.

—Tienes narices diciendo eso, imbécil y este ni siquiera es mi cuarto —replicó Kagami con una mueca de fastidio—. He conocido a tipos irritantes, pero tú te ganas el premio.

—Ah, guarda tus piropos. Soy demasiado para esos elogios sin gracia —señaló Aomine.

El pelirrojo puso los ojos en blanco.

Como el ambiente se quedó en un silencio para nada incómodo por parte de los dos chicos, que parecían dos felinos probándose con las miradas, desafiándose con sus gestos y demás, Aomine aprovechó para familiarizarse con ese lugar; todavía se sentía débil, pero era capaz de escuchar los sonidos dentro de la casa y era obvio que ahí no eran las únicas personas en esa casa. Pero la razón por la que terminó alterándose, fue porque un olor que no era para nada humano, perforó su nariz; era tenue, mas estaba seguro de lo que era.
Para confirmarlo, por su mente pasó el recuerdo de aquella mujer vampiro que apareció al lado del pelirrojo ese día que llegó. Y eso no le dio buena espina.

Con sus manos, volvió a estampar al cuerpo de Kagami contra la pared, acorralándolo como una presa y le miró.

—Pero, ¿qué…?

— ¿Qué es lo que estás tramando, maldito humano? —inquirió Aomine con su mirada seria y profunda.

—Yo no estoy…

—Soy un licántropo y no tendría problema ni remordimiento alguno en matarte si me mientes.

— ¡¿Quién mierda te has creído, idiota?! —Kagami gruñó, con furia. ¿De verdad había alguien tan mal agradecido como lo era ese peliazul?
Su cuerpo se tensó, adquiriendo un gesto defensivo.

— ¿De verdad te crees que podrías enfrentarme, tú, un simple e inútil humano? —se burló Aomine con una sonrisa y mirada superiores.

—Pues fue fácil darte una paliza aquel día —contraatacó Kagami viéndolo con rudeza.

Gracias a eso, Aomine terminó recordando cuando el mismo chico le había dado aquel balazo que le terminó dejando fuera de combate y sí antes sentía desconfianza y enojo, ahora estaba mucho más alterado, porque no entendía ni mierda. Y sobre todo, no confiaba en ese humano, algo en él no le gustaba.

— ¡Desgraciado, fuiste tú quién me disparó con esas cosas! —exclamó Aomine, ahora sonriendo amenazante y alzó al pelirrojo pegándolo contra la pared.

Taiga entrecerró los ojos por la fuerza sofocante del hombre lobo, pero no se mostró con miedo.

—Fue tu culpa por querernos atacar —siseó, intentando removerse y liberarse del agarre ajeno.

—Me las pagarás por eso —dijo Aomine con una expresión sádica. Ahora que sabía que aquel pelirrojo era aquel famoso "Tigre Cazador", sus ganas de querer matarle eran enormes y esa excitación que siempre aparecía antes de su transformación, empezó a crecer.

—Yo creo que no, jovencito —la cantarina voz de Alex se hizo presente y el peliazul sintió como su cuerpo se debilitó por completo—. No te estoy haciendo nada realmente, pero tu cuerpo todavía no está preparado para que te vuelvas a transformar —agregó al notar la mirada de odio que le lanzó el moreno al soltar el cuerpo del pelirrojo.

—Idiotas… —gruñó Aomine, con completa incomodidad, chasqueando la lengua, sintiéndose de repente mareado.

—Eres un problemático estúpido, deberías acostarte y escuchar a la gente antes —amonestó Kagami, tallándose el cuello y tosiendo por el agarre.

—No confío en ustedes, ¿un humano y un chupasangre juntos? Debe ser una maldita broma —Aomine sonrió con desdén, negándose a regresar a la cama, reclinándose en la pared—. No pensaba que al famoso Tigre Cazador lo tuvieran de mascota —se burló con acidez.

—Deja de llamarme de tan ridícula forma —Kagami le fulminó con la mirada—. Mi nombre es Kagami Taiga.

¿Por qué cuándo Aomine escuchó ese nombre, sintió como si lo hubiese conocido desde siempre? No tenía sentido y tampoco le importaba pensar en eso, simplemente le miró al oírle, con un gesto frío.

—No me interesa —fue lo único que respondió.

—Deberías regresar a la cama, jovencito lobo —dijo Alex con serenidad, evaluando la escena y acercándose.

— ¡Ni se te ocurra acercarte tanto, maldita chupasangre! —ordenó Aomine secamente, pero luego hizo un gesto ligero de dolor al sentir pinchazos en su costado derecho, cosa que casi lo hace perder el equilibrio otra vez, ¿tan débil estaba aún?

Pero antes de que su cuerpo cayera al suelo otra vez, las firmes manos de Kagami lo sujetaron.

—Tuviste muchas horas la plata en tu sistema y esta hizo daños grandes en tu cuerpo, todavía es demasiado pronto para que incluso te muevas —explicó Alex—. Sí dejaras de ser tan testarudo, podrías permitirte el ayudarte, no tengo planeado el tenerte de rehén o ese tipo de cosas.

Aomine dio un manotazo para quitarse las manos del pelirrojo, farfullando un "no me toques", regresando solo a sentarse a la cama, ignorando por completo las palabras de la rubia.

—Yo no los quiero cerca, no quiero su estúpida compasión. Me iré tan rápido pase el mareo.

El pelirrojo se cruzó de brazos y le miró unos segundos para después girarse en dirección a la rubia.

— ¿Cómo está Tatsuya?

—Está bien, descansando. Estará recuperado en un mes o tal vez menos —Alex le sonrió suavemente—. Tranquilo, Taiga.

—Quiero verlo —expresó Kagami.

— ¿Dejarás al chico lobo aquí? —Alex alzó las cejas, puesto en los días que el moreno estuvo dormido, el pelirrojo lo cuidó bastante.

—Deja de llamarme así, chupasangre —ordenó Aomine con la mirada asesina.

—No sabemos tu nombre, de algún modo teníamos que llamarte, ¿o prefieres que te diga "Firulais", como a cualquier perro? —espetó Kagami con ganas.

—Bastardo… —siseó Aomine con irritación.

El pelirrojo le sonrió desafiante.

—Taiga, deja de provocarlo —regañó Alex, dándole un zape al chico—. Recuerda lo que has leído de los licántropos, idiota, y no te comportes como uno.

El chico de piel bronceada suspiró y se quejó por el golpe, pero sí, la rubia tenía razón, los lycan siempre eran muy temperamentales.

Aomine les miró con cierta perspicacia. Esa relación era rara, no parecían una pareja, parecían más bien como si fueran madre e hijo y eso le hizo fruncir el ceño, ¿quién demonios eran esas personas? ¿Por qué ahora justamente se encontraba atrapado aquí? Ni siquiera sabía dónde estaba, para empezar, porque los sonidos de la ciudad no eran los mismos que en Japón, aquí hablaban otro idioma, pese a que los anfitriones de esta casa le hablaran en japonés.
Enfurruñado, se acomodó en la cama, escuchando y viendo de reojo la pequeña discusión que había entre esa mujer y el pelirrojo, que le hacía sentir reacio, sentía el maldito ambiente familiar en todo el lugar ahora, asqueándolo. Y cuando esa plática cesó, los ojos de Kagami se encontraron con los azules impropios una fracción de segundos, antes de salir de la habitación, dejando a la rubia sola con el hombre lobo.

— ¿Tanto les he atraído que ahora me usarán de conejillo de indias? —inquirió Aomine con una sonrisa prepotente.

Alex suspiró, ese chico sí que tenía problemas de humildad.

—En la mesita he dejado algo para que bebas, te ayudará con el dolor y a sanar los daños que la plata dejó en tu cuerpo. Si hubiéramos dejado pasar mucho tiempo, tendrías muchas heridas irreversibles.

—Nadie les está diciendo que me ayuden, no soy su maldita mascota —Aomine cerró los ojos con el ceño fruncido.

—No deberías cuestionarte tanto, si de verdad quieres recuperar tu gloriosa transformación, chico lobo —señaló Alex con seriedad y salió de la habitación.

—Maldita mujer.

Daiki suspiró con pesadez e hizo una mueca de asco. Como odiaba estar tan débil ahora, lo que daría por largarse ya de esa casa, es más, de no ser porque no podía pararse tanto tiempo es que no se iba de una vez. No necesitaba la caridad de aquellos seres extraños, porque después de todo, eran vampiros y ellos no eran compasivos, seguramente algo quería de él.

Le molestaba mucho las sensaciones que Kagami había causado en él, usualmente no perdía el control tan fácilmente cuando le provocaban, pero ese chico algo tenía que le hacía querer… competir y lucirse, lo sentía diferente. Sentía el aura salvaje emanando de este, pero había algo más que todavía no alcanzaba a comprender; una de esas cosas era cuando lo golpeó contra la pared, eso hubiera sido capaz de matar a cualquier humano, pero ese chico lo resistió y parecía que el daño no fue grande. Además, estaban esos rojos como la sangre, como los de cualquier vampiro sediento, mas no era eso. ¿Qué era lo que tenía ese pelirrojo? Sí era obvio que un simple humano no era, añadido el hecho de que incluso le estaba ayudando.
No le gustaba, los mundanos eran complicados.

Un espasmo de dolor le recorrió el cuerpo y apretó los dientes, maldiciendo. No necesitaba la maldita medicina, solo necesitaba dormir y estaría mejor. Solo eso, solo dormiría esta noche y mañana se largaría, seguro que se le pasaría, porque después de todo, él era el mejor entre todos los hombres lobos, esto no lo mataría. No le iba a quedar debiendo nada a esos vampiros y mucho menos a ese humano.

Suspiró y le dolió. Su torso estaba completamente vendado y solo tenía puesto unos pantalones de algodón, nada más.

Estaba quedándose dormido otra vez, con el vago recuerdo de que Satsuki todavía esperaba noticias de él.


Himuro estaba completamente dormido cuando el pelirrojo entró a la habitación. Pero el olor de la sangre de Kagami era tal, que logró el pelinegro empezara a despertarse y la sed se apoderara de su garganta, como si una plancha hirviendo se le pegara a la piel.
Por eso, sus ojos se abrieron rojos, sin embargo, no era un ningún inexperto pese a solo tener diecinueve años, su sed fue disciplinada gracias a Alex.

—No deberías forzarte, Tatsuya —la ronca de voz de Kagami arrulló la habitación.

—Taiga… ¿por qué hueles a perro mojado? —quiso saber Himuro, arrugando su nariz, eso fue suficiente para que lograra controlar mejor su sed.

—… ¿Qué? —preguntó Kagami perplejo.

—Eso… hueles a perro mojado… ¿No habrás estado cerca de algún licántropo? —inquirió Himuro, viéndolo con perspicacia.

—Ah, eso… —a Kagami se le escurrió una gotita de sudor en su sien y suspiró— Bueno, cuando fuimos en busca de ese desgraciado de Hanamiya…, nos encontramos a uno —no era propio de él querer mentirle a su hermano, pero suponía que no estaría nada contento de que justamente un lycan estaba viviendo en la misma casa, aunque hasta el otro extremo. Se sintió agradecido de que los agudos sentidos del pelinegro todavía no estuvieran tan recuperados o estaría en problemas y siendo sinceros, no quería dejar a ese mal agradecido hombre lobo todo herido aún.

—No me gusta que tu olor se manche así —dijo Himuro, serio y luego sonrió suavemente—. Déjame quitártelo, Taiga —susurró.

—Estás muy débil todavía, Tatsuya, será mejor que descanses —Kagami se hincó en el piso, al lado del pelinegro para tomarle la mano y dejarle un beso ahí, avergonzándose un poco, puesto no siempre sacaba ese lado cariñoso.

—Estoy como si fuera cualquier humano y los humanos siempre tienen energías para eso —opinó Himuro, sonriendo aún y luego jaló el rostro ajeno para depositar un beso casto en esos labios bronceados.

—Tatsuya, necesitas descansar —masculló Kagami, cerrando los ojos tras el beso y haciéndolo poco a poco más profundo.

—Más que nada te necesito a ti —susurró Himuro entre el beso, aferrándose al cabello ajeno para corresponder a ese beso con ganas.

—Entonces, podrías intentar beber… —intentó decir Kagami, todavía saboreando los labios ajenos, pero el beso se rompió.

—No, Taiga —Himuro sujetó su rostro para verle a los ojos—. De ninguna manera voy a beber de tu sangre.

— ¿Por qué no? Tú mismo me has dicho que huelo bien y estoy seguro si bebieras sangre humana, podrías recuperarte más rápido —aclaró Kagami, frunciendo el ceño.

—No, Taiga —repitió Himuro, paciente y sereno.

—Ah, pero estoy seguro la sangre artificial que crea Alex no les basta, al menos no para curarte tan rápido y yo…

—Taiga, he dicho que no lo haré.

Kagami y el pelinegro se quedaron viendo fijamente a los ojos, molestos un poco por las palabras de cada uno.

—Simplemente quiero ayudarte —masculló Kagami, haciendo un mohín, como un niño regañado.

—Ya lo sé, Taiga, pero simplemente yo no podría hacer eso; verte como una presa de la cual me alimentaré. No puedo —explicó Himuro con una tierna sonrisa—. No importa que tan deseosa sea tu sangre para mí, no voy a beber de ti —a menos que de verdad tu vida dependa de ello, añadió en su fuero interno.

—Pero no es justo para ti tampoco, Tatsuya —insistió Kagami, apretando la mano ajena que le sujetaba el rostro.

—La sangre que crea Alex es como si fuera humana, nos basta con eso. Ni ella ni yo queremos ser monstruos ni ponerte en peligro, Taiga.

—De todos modos, sería más fácil si yo fuera como ustedes, ¿no crees, Tatsuya?

El pelinegro se tensó por eso y frunció el ceño. No le gustó el ritmo de la conversación de ahora.

—Claro que no.

Kagami notó que ese comentario de verdad hizo molestar a su hermano, por lo que rectificó:

—Solo decía, Tatsuya. No es como sí quisiera serlo realmente.

—De ninguna manera te condenaría a una noche eterna, Taiga —Himuro le miró con intensidad y jaló al pelirrojo para abrazarlo.

—Oye, está bien. E incluso aunque eso terminara pasando, yo no te guardaría ningún rencor —admitió Kagami con una sonrisa, correspondiendo al abrazo con ganas.

Se mantuvieron en silencio un buen rato, así abrazados, mientras el pelirrojo se dedicó a acariciar la piel ajena sin pasar en las zonas lastimadas de este. No necesitó explicación para saber lo que le hicieron a su hermano y solo deseo tener de frente a aquellos bastardos que le habían hecho daño a Himuro para matarlos con sus propias manos. Y este último, por otra parte, se dedicó a acariciar esos cabellos escarlata con cariño.

—Duerme conmigo esta noche, Taiga.

—Hm, por supuesto —Kagami asintió.

Y así lo hicieron, el par de chicos se acomodaron dentro de aquella cama King size, donde no hizo falta que ninguno de los dos se pusiera pijama o algo similar, porque siempre dormían desnudos, así era cómodo para ellos. Aunque sentía la necesidad de llegar a más, debían tener a raya su pasión por esta noche.

No se dijeron nada más y simplemente se dedicaron a dormir, abrazados.

Estaban pasando una noche tranquila, pero a eso de las tres y media de la madrugada, Kagami se despertó, sin entender muy bien porque. Vio a su hermano dormido de espaldas mientras le tenía abrazado y le dejó un beso corto en el hombro antes de incorporarse para ir por algo de agua.
Seguramente Alex estaría despierta con sus experimentos, cosa que no le preocupaba, porque ella no necesitaba dormir realmente.

Se vistió con una bata blanca y así salió de la habitación, con sus pantuflas camino a la cocina que estaba en el centro de esa casa. Cuando estuvo ahí, tal parecía que no solo era sed lo que tenía, por lo que se puso a cocinar en plena madrugada unos deliciosos filetes de pescado y pollo, acompañado con espagueti a la crema y ensalada de pepino. Todo lo que preparó bien era como para diez personas, aunque él sería el único que comería. De hecho, la única comida que Alex siempre compraba era para Kagami, porque ni ella ni Himuro comían de mismo que los humanos.

El pelirrojo estaba por empezar a comer, cuando de repente recordó al hombre lobo que estaba en una de las habitaciones de huéspedes, a quién no regresó a ver por quedarse a dormir con su hermano. No se sintió culpable, pero si preocupado.
Frunció el ceño, ¿por qué sí ese tipo le demostró su hermosa personalidad de mierda y aun así se preocupó por él, por si tendría hambre o sed?
Pero bueno, después de todo, él fue quien decidió ayudarlo y no podía dejarlo a medias, pese a lo terco del otro. O al menos, no podía negarle la comida a nadie tampoco.

Por ende, Kagami luego de que comiera su gran ración, apartó un poco para el peliazul y la sirvió en un plato de plástico por si las moscas, para luego servir agua en una jarra, llevando un vaso.

Llegó a la habitación y entró lo más discreto que pudo, encontrándose al peliazul dormido. Se acercó a verle y palpó su frente, tal parecía que tenía fiebre y donde no, si no se había tomado su medicina.
Cuando estuvo durmiendo era más fácil administrársela vía sanguínea y quizá por eso es que su mejoría fue más notoria, pero todavía el tratamiento no terminaba.

Eres tan inútilmente terco, pensó Kagami, algo irritado. Agarró el pequeño frasco del cual su contenido era un polvo celeste, mismo que disolvió en un vaso con agua.
Se aprovechó de que el otro tenía bastante fiebre y quizá no se diera cuenta de lo que haría, por lo que se sentó a su lado y le pasó un brazo por la cabeza para que se inclinara.

Los ojos de Aomine se abrieron de golpe y solo percibió la imagen del pelirrojo delante de él.

—Es agua, bebe un poco. Mientras estés aquí, no te voy a dejar morir tan fácil, ya cuando te vayas podrás matarte con libertad —dijo Kagami con firmeza.

El moreno sonrió ladino y le miró.

— ¿Te han dicho lo romántico que eres? —se burló Aomine, mas luego hizo un gesto de incomodidad por la molestia.

—Cállate, idiota, y bebe el agua —refunfuñó Kagami, ruborizándose ligeramente.

Eso fue peligroso, porque al peliazul se le hizo una imagen totalmente atrayente y ahora, simplemente no pudo negarse a lo que el otro chico le pedía.

—Si esto me hace algo raro, te mataré —advirtió Aomine.

—Solo tómate el agua ya —Kagami le acercó el vaso.

El chico lobo frunció el ceño y entreabrió los labios, permitiendo que ese líquido bañara su boca de manera refrescante, llenándole la garganta. Se la bebió en menos de un minuto y eso que era un vaso de una cuarta.

—Sí tenías sed —comentó Kagami, sonriendo suficiente al ver el contenido acabado.

—Cállate y déjame dormir —ordenó Aomine, cerrando los ojos.

No tardó realmente mucho tiempo antes de que el sueño lo atrapara nuevamente luego de viera por última vez el rostro del pelirrojo. Hubo algo en ese momento, que lo llenó de calidez completa, que le hizo sentir desaparecer solo un poco el frío que le rodeaba desde hace un siglo.

Y justo como antes, el moreno intentó aferrarse a esa calidez.

—Aomine Daiki —susurró soñoliento.

— ¿Eh? —Kagami parpadeó, desconcertado, estaba por incorporarse, pero siguió sentado en la cama para oír mejor.

—Aomine Daiki, ese es mi nombre —repitió.

Una sonrisa se dibujó en los labios del pelirrojo y asintió. Como respuesta, lo único que hizo fue darle un apretón a su muñeca, porque el otro empezó a roncar suavemente. Y gracias a ese gesto, la calidez alcanzó al peliazul, arrullando su sueño.


Y hasta ahí el capítulo de hoy, lectores míos, alsdkad. ¿Les gustó? Como pudieron notar, parte del pasado que carga Aomine está siendo reflejado en sus sueños, porque les estoy dando una probadita, ya que obviamente más adelante sabrán su historia. ¿Qué creen que le ha pasado a Kise en todo este tiempo, eh?

Les tengo una pregunta: ¿ustedes se imaginan más a Kagami como vampiro u hombre lobo? Esto no es ninguna pista(?), solo es una duda, porque tengo conflictos con eso, ahahaha y me servirá para otro fic.

Bueno, espero contar con sus comentarios, chicas y chicos, son importantísimos para mí, porque valoro mucho sus opiniones e ideas, así como las críticas constructivas son bienvenidas.

¡Nos vemos el próximo sábado!

Alguna duda o algo, le dejo mi twitter: RoronoAoi