¡Hola, adasdsfdglkj! Como cada sábado, aquí vengo nuevamente a dejarles un capítulo más de esta historia uvu.
Agradezco mucho a las personitas que me hacen llegar sus comentarios; son alentadores ;w;
De igual forma también me sacan una sonrisa de emoción y felicidad cada follow y favs a la historia, ¡gracias, en serio!
Vale, les dejo el capítulo que espero disfruten y disculpen si tengo algún error ortográfico o incoherencia narrativa. Y por cierto, sino les gusta el KagaHimu, son libres de saltearse lo primero(?).
|| Enigmático ||
Los besos, esos ardientes besos que compartían Kagami y Himuro les hacían estremecer bajo las sábanas de la cama, acariciándose cada tramo de piel, que se besaba con sus movimientos corporales.
Desde ayer, la mejoría de Tatsuya era más notoria, gracias a Alex, puesto ambos se habían encerrado algunas horas ahí, para platicar entre otras cosas que el pelirrojo no supo y que trató de no darle importancia; no era la primera vez que sentía le ocultaban algunas cosas y prefería creer que se debía a su inexperiencia que por otro motivo.
Esos momentos los aprovechó para pasar el rato cuidando del testarudo lycan que era su invitado, quien gracias a que la medicina era sin sabor, la tomaba en su agua sin darse cuenta, por más que intentara oler en esta. Y por ello, también estaba mejorando.
Kagami estaba recostado en la cama, desnudo con el cuerpo del pelinegro montándole sin tapujo alguno, besándose lenta y apasionadamente. Sus manos grandes y pesadas acariciaban la espalda ajena que era tan fría y dura como el granito, con esa palidez de marfil que lo hacía hermosamente perfecto. Himuro se movía con cierta rapidez para rozar ambos miembros erectos; pese a que uno estaba frío, el otro hervía y palpitaba con fuerza, causando que en los choques ambos gimieran y jadearan por la excitación de ese acto.
Himuro rompió el beso, simplemente para dejar que el pelirrojo le mordiera el cuello, dándole la vuelta y dejándolo ahora a él acostado en la cama. Se miraron a los ojos unos momentos y sonrieron cómplices, completamente encendidos; puede que ellos dos tuvieran personalidades completamente opuestas y todo, pero si había algo en lo que ambos eran realmente compatibles, era en la cama.
Los dos desbordaban una tremenda pasión junta, que era imposible y ridículo el que se consideraran como hermanos y ya, cuando su relación tenía el potencial para ser algo más.
—Siempre tan romántico, Taiga —musitó Himuro con una sonrisa provocadora.
—Calla —susurró Kagami, avergonzándose ligeramente solo por unos segundos, porque después regresó a besarle los labios al pelinegro con un fuego intenso, para después irse a atacar el cuello ajeno blanco y duro, que de todos modos, olía como lo mejor del mundo.
Himuro suspiró, quizá él fuera el hermano mayor ahí y más maduro en muchos aspectos, porque a pesar de su aspecto calmado, era un chico bastante dominante. Sin embargo, todo era mucho más interesante cuando dejaba que Kagami tomara el control en la cama, porque el chico sería vergonzoso, pero una vez metido en lo que hacía, era imparable y eso le encantaba.
Le encantaba sentir el cuerpo caliente y lleno de vida del pelirrojo, le encantaba sentir esa piel quemar la suya, sentir ese corazón latir desenfrenado por sus acciones.
La boca de Kagami exploró la zona curvilínea entre la quijada y el hombro ajeno con saña, besando y mordiendo con fuerza, pero gruñó fuertemente cuando la fría mano del pelinegro le jaló su miembro, empezando a estimularlo con un ritmo rápido. De modo que él hizo lo mismo, se acomodó mejor entre las piernas de Himuro y mordió los pezones de este, estirándolos todo lo que podía para después atraparlos y succionarlos con fuerza, arrancando más gemidos del chico a la vez que deslizaba sus dedos en la entrada ajena, friccionándola con fuerza, pasando a palpar los testículos impropios. Taiga lamió el pecho ajeno con hambruna, deslizando sus dientes superiores para dejar pequeños rasguños invisibles en esa fría y dura piel, que ahora se sentía un poco más tibia por su presencia ahí. Pasó por el vientre ajeno, el cual lamió hasta llegar al miembro para dejarle mordidas fuertes que solo lograron hacer gemir a su vampiro hermano. Sabía bien que esas acciones no le lastimarían, por la diferencias de fuerzas y razas, por ello lo hacía y además a Tatsuya le encantaba; se retorció suavemente y se apoyó en sus codos para ver al pelirrojo enterrar la cara en medio de sus glúteos, sosteniéndole sus piernas.
Himuro se relamió los labios y con sus movimientos rápidos, terminó empujando al pelirrojo contra la cama, pero este se sostuvo bien, quedando sentado. El primer chico se montó en el segundo y golpeó sus glúteos contra ese pene erecto caliente que lo hacía vibrar de deseo y placer. Sujetó los hombros de Kagami y acercó su rostro para morderle el labio inferior con ganas, pero sin perforar. El olor de su hermano le inundaba toda su nariz, encendiendo su garganta, sin embargo sabía llevar bien ese deseo y hambre de sangre a su deseo sexual, haciendo todo aún más intenso, porque ese también era uno de los motivos por el cual su sed se apaciguaba; hacer el amor con el pelirrojo, lograba calmar la necesidad de sangre hacía este.
—Sabes que odio los previos, Taiga, ngh —susurró Himuro, respirando agitadamente por puro reflejo, embarrándose del pre seminal ajeno con las embestidas superficiales que hacían ambos.
—Lo sé, pero…, Tatsuya, es parte de todo —le respondió Kagami entre jadeos ahogados y empezando a masturbar el pene del pelinegro, para embarrarse de ese líquido pre seminal con la mirada brillante en lujuria y deseo.
Himuro le sonrió con cierta picardía y gimió sin pena por las nuevas atenciones. Kagami llevó sus dedos de la mano con que anteriormente le masturbaba para meterle dos dedos a la boca. El chico de cabellos negros los recibió, pero justo en ese momento, se sujetó sus glúteos para auto penetrarse, pese al dolor. Agradecía que su cuerpo vampírico no fuera delicado, además que funcionaba completamente diferente al de un humano.
— ¡Taiga, agh…! —gimió y buscó los labios del pelirrojo en un frenético beso.
Kagami gruñó cuando sintió el calor y estrechez que atacó su miembro tan sorpresivamente, sujetando al pelinegro de la cadera con fuerza. Se miraron a los ojos, presos del creciente placer y la excitación que sus cuerpos emanaban, para después besarse.
Y las embestidas empezaron, primero con Himuro auto penetrándose y moviendo sus caderas, el dolor era algo que le importaba poco, aquello le daba mucho más placer en sí, porque tener ese pedazo de carne palpitante y lleno de sangre era mucho mejor. Su cuerpo ya se había acostumbrado a tenerlo dentro tantas veces, que incluso tenía cierto gusto sadomasoquista. Por ello, sus uñas recorrieron con fuerza la espalda del pelirrojo, pero sus sonidos bucales quedaron ahogados en aquel beso. Sin embargo, Kagami empezó a mover sus caderas con más fuerza, elevándolas para golpear al otro, atrapado con el calor que el pelinegro soltaba, pese a la frialdad de su piel.
Cuando rompieron el beso, los ojos de Himuro se tornaron ligeramente rojos, no solo por la sed del deseo que empezaba a intensificarse, como siempre pasaba cada que era tomado por Kagami—aunque luego todo eso siempre se enfocaba sexualmente para seguridad de ambos—, esos ojos rojos también dejaban ver que quería más, más de aquello, más de ese placer desbordante. Quería sentirlo más. Por ello mismo, empezó a besar el cuello ajeno con ansiedad, quemándose con el calor de la piel ajena, sus colmillos crecían por mero reflejo, queriendo morder esa bronceada piel.
—Esta, maldición… está bien sí lo haces —gruñó Kagami, con la voz presa del placer, disfrutando de mover esas caderas encima de él para profundizar las embestidas. Era así, no tenía problema y de todos modos, no sería la primera vez que su hermano le mordía, solo que no bebía de su sangre como si estuviera alimentándose. Era un gusto con cierta morbosidad.
Esto no tenía que ver con la sed de alimentarse, no. Esta sed era diferente.
Por eso Himuro no esperó más y lo mordió, pero no en el cuello, sino en el hombro del pelirrojo, aumentando sus saltos contra el pene ajeno. Eso causo que Kagami rugiera con ganas, más que nada, ese dolor gracias a la mordida solo le causó placer, ambos estaban demasiado metidos en sus acciones sexuales como para darle paso a otros sentimientos que no fuera la excitación y el placer. De modo que sus uñas se lastimaron al intentar enterrarse en esa piel de granito del pelinegro vampiro, pero no le importó.
Himuro liberó sus dientes de la piel ajena, antes de que la sangre empezara a brotar, el pelinegro y miró los ojos rojos naturales de Taiga; y con sus labios empapados de saliva, volvió a besarlo—que solo eso pasó, porque no bebió de él, para nada; las mordidas eran parte de las caricias—.
Kagami correspondió, por supuesto y ahora dio la vuelta a las posiciones para estar encima del pelinegro, besándolo y saboreando el sabor de su hermano cuando sus lenguas se juntaron en ese húmedo beso francés. Acomodó las piernas de Himuro sobre sus propios hombros para abrirse más paso en el interior y alzó las caderas de este un poco más, así se inclinó hacia delante, apoyándose con sus manos en la cama a cada lado del cuerpo ajeno. Y ya no arremetía con embestidas ese interior, sino con fuertes estocadas; saliendo y entrando con precisión y fuerza.
— ¡Ngh! Agh… ¡Taiga! —Himuro tuvo que romper el beso, porque era casi imposible que esos gemidos y gruñidos quedaran ahogados en su boca y para él era mejor expresar el placer que sentía. Odiaba reprimirse en eso— ¡M-más, maldita sea, ngh!
Apretó las sábanas con sus manos y sus caderas empezaron a moverse en busca de mejor contacto. Arqueó su espalda cuando el activo pene del pelirrojo golpeó más de una vez su próstata y gimió audiblemente con Kagami mordiendo y jugando con su oreja.
—Mierda, siempre tan bueno…, Tatsuya. Me encantas, me encantas —ronroneó placenteramente, ensimismado en la pasión de sentir como los músculos ajenos empezaban a succionarlo más y más fuerte, lo que le indicó que ya estaba en el punto correcto. Por eso es que, aunque pareciera imposible, aumentó el ritmo de las estocadas, golpeando con mayor insistencia y brusquedad aquel lugar especial.
Este ritmo sexual dejaría herido a cualquiera, pero Kagami y Himuro no eran cualquiera, pese a que eran humano y vampiro.
Por esas palabras, Tatsuya que tenía los ojos entrecerrados y nublados por el placer que estaba enviándole fuertes estremecimientos que le hicieron rasguñar la espalda ajena, le inundaron de ese sentimiento indescriptible, que era tan fuerte para ser llamado amor, pero seguía siendo diferente.
Sujetó con sus tibias manos, gracias a la calidez ajena, el rostro a Taiga. Ambos se vieron a los ojos, mientras sus cuerpos se movían con frenesí por las embestidas que causaban chapoteos por todos los fluidos corporales.
No se dijeron nada y simplemente se besaron con devoción, apasionadamente. Y Kagami llevó la diestra al rostro ajeno para apartarle el cabello al chico.
Así llegaron al orgasmo, uno después que el otro, en un audible gemido. Agitados y jadeantes, pero todavía no estaban conformes con esto.
La relación de ellos dos era más profunda e íntima que una hermandad, su conexión era inexplicable. Pero no era la de una pareja en sí.
Ellos eran más que hermanos, pero menos que novios. Y así estaban bien, no se quejaban, porque nadie encendía la cama como ellos dos.
Era bastante temprano cuando Kagami ya estaba entrando a la habitación donde Aomine seguía con su tratamiento. No había vuelto a despertar bien desde aquel día que empezó a tomarse la medicina, probablemente porque el sueño era un efecto secundario del tratamiento y siendo sinceros, era mejor así.
Si Himuro sabía del invitado licántropo que estaba en casa, no mencionó nada al respecto, pero tampoco es como si hubiera salido de la habitación en ese tiempo, porque todavía sus sentidos y cuerpo estaban débiles, al menos desde el punto de vista vampírico. Quizá por ello todavía no podía percibir el olor de otra raza en la misma casa, cosa que era ventajosa.
El pelirrojo se sentía todavía cansado, pese a que durmió toda la noche, ya que ayer en toda la tarde se la pasó con el pelinegro en la cama, haciendo el amor, porque hasta eso, simple sexo no era lo que ellos tenían y tampoco le gustaba referirse así de ello.
Alex solo salía en las mañanas para revisar el cuerpo de Tatsuya y luego se encerraba en su laboratorio para hacer quien sabe qué, porque desde que absorbió lo que la mente que aquel vampiro de aquella vez, parecía muy ocupada. Y tampoco les decía nada, aunque tampoco es que preguntaran.
Kagami vestía solo una simple bata de algodón, calientita, porque no hacía mucho se bañó y solo se vistió su ropa interior así como un short, nada más. Pero hacía algo de frío, por ello prefería la bata que daba calor.
Aomine estaba completamente dormido, sin desfruncir el ceño y su respiración estaba acompasada. Logró despertarse solo un poco cuando sintió la presencia del pelirrojo en la habitación, pero apenas y estaba consciente de las cosas, se sentía flojo y por más que renegara en su mente había algunas incoherencias sobre esto, su cuerpo no le respondía como quisiera. Solo sintió como las grandes manos de Kagami le estaban cambiando las vendas y que aunque intentara ser delicado, no podía con esas torpes manos.
Los ojos azules del moreno le veían fijamente, ¿por qué el tacto de ese humano no le molestaba si todavía quería lanzársele encima y golpearlo como el primer día que despertó?
Porque sí, Aomine seguía furioso por estar recibiendo la ayuda de aquel humano mascota de los chupasangre y sobre todo, porque era ese famoso cazador que se hacía el héroe.
— ¿Qué es… lo qué me están haciendo? —gruñó Aomine, frunciendo más el ceño cuando el pelirrojo terminó de ponerle las nuevas vendas.
—No te estamos drogando ni nada —dijo Kagami con seriedad—. Simplemente el sueño es una reacción secundaria de la medicina.
—Y una mierda, yo les dije que no quería nada de ustedes —discrepó Aomine con acidez, sintiendo los párpados pesados otra vez.
—Y yo te dije que mientras estuvieras aquí, no te dejaría morir —recordó Kagami, incorporándose de la cama. No era la primera vez que volvían a intercambiar comentarios, pero los anteriores solo eran para pelear—. Cuando estés completamente curado y estés fuera, ahí te podrás matar si quieres.
—Imbécil, no esperes mi gratitud —esperó Aomine con una sonrisa altanera y burlona.
—No lo hago, Ahomine —bufó Kagami.
— ¡..! —a Aomine casi le da un tic en el ojo por eso— ¡¿Qué has dicho, bastardo?! ¡¿Y cómo coño sabes mi nombre?!
—Tú mismo me lo dijiste hace tres días, idiota. Te estabas muriendo de fiebre, porque el señor engreído no se tomó la medicina —amonestó Kagami, frunciendo el ceño y mirándole mal.
El moreno no podía creer eso, ¿en serio le había dicho su nombre? ¿Por qué no lo recordaba? Su subconsciente le decía que debería de dejar de ser tan hijo de puta y por lo menos decir un "gracias", si es que no podía comportarse mejor. Pero era demasiado terco y orgulloso como para hacerle caso a eso.
—Tch, ese era mi problema, imbécil —Aomine le miró mal y luego sonrió ladino—. Bakagami.
— ¡…! —Kagami se quedó perplejo por la conjugación de su nombre con aquella grosería y luego frunció el ceño con irritación— ¡¿Ah?! ¡Cierra el pico mejor! Es más, es hora de tu medicina, Ahomine.
—No me tomaré una mierda. Y menos viniendo de ti, apestas a vampiro —sentenció Aomine, mirando al pelirrojo de pies a cabeza, examinándolo, luego puso los ojos en blanco—. Vaya, se ve que te gusta darle tu sangre a esos chupasangre, ¿verdad?
— ¿Qué? —Kagami se sorprendió por eso. Sí, era cierto que olía a vampiro, sí se pasó casi todo el día de ayer con el pelinegro, pero no pensó el lycan ya podría olerlo mejor, teniendo en cuenta su estado, aunque tal parecía iba mejorando muy rápido.
Aomine sonrió por lo bajo y con cierto gesto sombrío, viendo el hombro ajeno. Y fue cuando el pelirrojo se acordó que ahí fue donde su hermano le mordió mientras tenían sexo, así que por inercia, se cubrió la mordida con la diestra y su rostro se ruborizó un poco, fastidiado.
—No es como lo piensas —fue lo único que dijo Kagami con el gesto grave.
—Sí, claro —canturreó Aomine como un sabelotodo—. En lugar de estar fastidiándome a mí aquí, deberías irte con la sanguijuela esa para que te siga marcando.
Kagami lo fulminó con la mirada y agarró el vaso con la medicina disuelta para el peliazul, para atascarle el vaso en la boca, aprovechándose de la debilidad del otro.
— ¡¿Pero qué demonios haces, maldito?! ¡Casi me ahogas! —exclamó Aomine, ahora sí, furioso y limpiándose la boca, sentándose en la cama. De no ser porque su cuerpo todavía parecía reacio a su transformación, no dudaría en arrancarle la cabeza al pelirrojo.
—Lo que sea de mi vida, no tiene porque importante, ¿verdad? No deberías fijarte en detalles que no son necesarios para ti —le respondió Kagami con molestia, haciendo sonar aquello último como una orden.
—Pero yo hago lo que quiera, es lo que obtienes por ayudar a gente sin su consentimiento —demandó Aomine con superioridad. Por alguna razón, las palabras del chico bronceado le molestaron y bastante, pero era cierto, ¿qué le importaba a él que un humano se dejara mordisquear por vampiros a su propia voluntad? ¿Por qué debería molestarse por eso?
—No te preocupes, a la próxima sí te dejaré morir —farfulló Kagami con la mirada seria, ya a punto de irse, cuando añadió: —Por cierto, tú no conoces en nada a mi familia, así que guárdate tus comentarios para ellos —no lo pidió, lo ordenó como tal.
Sí Aomine no tuvo tiempo de responderle a eso, fue por el pelirrojo cerró de un portazo.
Apretó los dientes y empuñó las manos con furia, odiaba que le dieran órdenes, ¿quién se creía ese humano?
Ya sentía su cuerpo bastante bien, pero su instinto le decía que era demasiado pronto como para exponerse y además, debía aceptar que estaba en un lugar completamente desconocido. No es que dependiera de alguien para regresar a Japón, pero prefería hacerlo cuando tuviera acceso a su transformación y aunque no lo admitiera, sabía que la ayuda de aquella rubia le estaba sirviendo bastante.
Daiki se estiró en la cama para jalarla cortina. El sol estaba iluminando lo mejor que podía, pues el cielo estaba nublado, pero gracias a su excelente vista, pudo notar a lo lejos a la luna; misma estaba pasando al cuarto creciente y faltaba más o menos una semana para la luna llena; donde seguramente ya podría transformarse.
No siguió pensando, porque de nueva cuenta, la pesadez en sus párpados empezó, no tenía problema en dormir, ya que siempre se aburría. Pero empezaba a frustrarle que no pudiera ni explorar este maldito lugar por lo mismo y que tampoco los pudiera matar para calmar ese instinto y deseo de sangre que estaba frustrado por lo sucedido aquella vez con Hanamiya.
Además, no le gustaba dormir de esta manera, porque eso recuerdos que enterró en su barrera de frialdad, salían a flote.
Y Aomine odiaba eso.
.
Lo único que era testigo de esos cuerpos moviéndose frenéticos dentro de aquella agua, entregándose unos a los otros, era la luna. O mejor dicho, las lunas eran las confidentes de aquellos dos amantes secretos que cada semana se veían y se olvidaban de todo.
—Aominecchi, te amo tanto… —suspiró Kise con una sonrisa, una vez los dos habían llegado al orgasmo, ahí metidos en el lago escondido.
—… Y yo a ti —Aomine no era de expresarse precisamente, pero por el rubio lo hacía siempre, aunque le costara.
— ¡Aominecchi, de verdad que eres mi todo! —exclamó Kise, feliz y abrazó al moreno con fuerza, estando sentado en su regazo.
—Hey, no grites tanto, Kise —refunfuñó Aomine con el ceño fruncido, pero correspondiendo al abrazo, haciéndose el aburrido por todos esos besos que le llegaron al rostro.
—Moo, si lo que yo diera por gritarles a todo el mundo que soy tuyo, ¡y qué te amo! —repitió Kise, infantilmente, pero con una sonrisa orgullosa.
— ¡Cállate, tonto! —Aomine le dio un zape en la frente con su dedo índice. Aunque luego atrajo el cuerpo del rubio para abrazarlo y morderle el hombro como gesto posesivo— Yo también quisiera, así evito que cualquier imbécil te coquetee o tú les coquetees —bufó.
—Qué lindo te ves estando celoso, Aominecchi —Kise talló dulcemente su mejilla con la ajena, riendo encantado.
—Bueno, ¿qué esperabas? Sí tú eres mío —dijo Aomine como si fuera obvio y un gesto arrogante.
—Lo soy, del mismo modo que tú eres mío, Aominecchi —señaló Kise, quien aunque sonreía ladino, tenía una mirada completamente firme y seria.
—Heh, después de todo sí tienes carácter —se burló Aomine, riendo entre dientes y rozó su nariz contra el cuello ajeno.
— ¡Por supuesto que lo tengo! ¿Qué significa eso? —respondió Kise, fingiendo un berrinche. Aunque luego suspiró, complacido con las caricias tibias ajenas.
Pero Aomine no le respondió, simplemente volvió a besarle profundamente, sintiendo aquel lazo que les unía, acariciando su corazón.
.
Los labios del peliazul se fruncieron mientras dormía y Kagami le veía. Este último había regresado para verle, luego de aquella tonta y rara discusión, porque después de todo, si se preocupó por haberle dado de esa forma tan violenta la medicina.
— ¿Por qué pareces sufrir tanto mientras duermes? —susurró Kagami, al ver el rostro tenso del moreno, pese a que estaba en los brazos de Morfeo.
Aquello había estado despertando su curiosidad, por ello mismo se acercó, sentándose a su lado para verle mejor el rostro, como intentando adivinar lo que el otro soñaba, como si deseara hacer algo para que dejara de sufrir y no tuviera esa expresión tan dura, porque se suponía al dormir, todos eran felices, pues estaban descansando, recuperando energía, ¿o no?
.
— ¡A-AOMINECCHI! —exclamó Kise, preso del pánico.
Todo el terreno estaba incendiándose y no estaban solos.
— ¡KISE, KISE! ¡SUÉLTENME, MALDITA SEA!
Las cosas se veían tan borrosas gracias al incendio que llameaba como ira y que incluso su humo cubría las dos lunas, que iluminaban con tristeza el terreno.
— ¡¿Por qué demonios haces esto, Akashi?! —exigió Aomine.
—En estos momentos no están en condiciones para protestar —ordenó Akashi, con el gesto frío y calculador.
Kise se mordió los labios y dejó de forcejear repentinamente, como si estuviera dándose por vencido.
El lugar pareció nublarse y cada escena apareció incompleta, pero mostrando sangre, dejando escuchar los gritos desesperados de ambos chicos. Las órdenes que dictaban y aquellas palabras que fueron dichas por el rubio antes del veredicto.
.
El corazón del peliazul empezó a latir de manera dolorosa y apretó sus manos en puños, esto se sentía tan real y joder que no quería sentirlo otra vez, no quería. No importaba a lo que tuviera que aferrarse, ya no quería ese tormento que parecía un embrujo, ¿de qué servía que todavía lo persiguiera si todo para aquel a quién tanto amó fue fácil de dejar?
En medio de esos sueños reveladores que eran sus recuerdos, aquella calidez apareció, resonando en su mente y Daiki se aferró a ella. Se aferró como si eso fuera su vida, como si ahí estuvieran sus ganas de seguir adelante, se aferró a esa luz cálida. Y se despertó.
Pero cuando lo hizo, sus ojos le llevaron a encontrarse el cuerpo dormido de Kagami en el suelo y reclinado en la cama, eso no era lo que le dejó sin aire, sino el hecho de que lo tenía sujeto de la mano con fuerza. El modo del agarre dejaba en claro quién agarró a quien, pero el pelirrojo de igual forma correspondió al contacto.
Su corazón palpitó, como si fuera agua que estaba a punto de resurgir en un pozo.
El viento soplaba como si estuviera loco, derribando a los pobres árboles que apenas lograban cumplir su crecimiento, parecía que en aquel lugar, el otoño era eterno y más intenso. Las hojas de toda la vegetación estaban secas, la vida ahí era imposible, todo estaba desierto y el suelo estaba agrietado. Lo único capaz de aguantar ese ambiente, era exactamente aquella bestia de cuatro patas, que aunque tuviera el cuerpo de un equino, del torso hacía el cuello era el hermoso cuerpo de una mujer, aunque su cabeza y cabellos fueran los de un felino.
Pero para la Unión Milagrosa no era problema domar a aquella bestia, que era denominada por muchos, una quimera. Aquella que era capaz de masacrar a una manada completa de licántropos, aquella misma que era la guardiana de ese lugar tan triste y oscuro.
—Yume, soy solo yo —habló esa calmada voz que parecía viento.
La quimera simplemente miró a aquel pequeño vampiro con sus ojos brillantes de color verdes. Ella media tres metros y su aura era amenazante, destilando esa sed de matar, cual demonio, pero no hizo nada contra ese vampiro, sabía bien que si lo hacía, moriría. Era rebelde y no permitía que nadie entrara a su territorio, lo cuidaba como su vida propia y no hubiera permitido que ahí mismo hicieran una mazmorra de no ser porque nadie le negaba nada a Akashi, nadie podía y Yume no sería la excepción.
Ella simplemente desapareció a un trote veloz, rodeando su territorio y desapareciendo de la vista de aquel vampiro.
.
—Akashicchi tiene razón, lo nuestro no es más que negativo para el equilibrio de nuestro mundo. Y me he dado cuenta que no quiero seguir con esto y qué mi único deseo siempre fue tener un lugar en la Unión, ¡pero estar contigo lo destruyó todo! Por ti ahora he perdido mi sueño. Simplemente, quiero que me dejes en paz, porque he entendido, que yo realmente, no te amo. Nunca podría amar a un licántropo.
El silencio sepulcral de la corte duró casi un minuto, hasta que los gritos de aquel lycan encendieron al mundo.
— ¡Tú me estás mintiendo, Kise! —rugió Aomine— ¡¿Akashi te dijo que lo dijeras?! ¡Él te lo dijo, ¿verdad?! ¡RESPÓNDEME, KISE!
Los ojos miel del chico se mostraron fríos cuando vio al peliazul y sonrió con desdén, como si lo que estuviera viendo fuera algo gracioso.
— ¡Kise, maldita sea! ¡KISE!
.
El fuerte sonido del viento al derrumbar otro árbol sobre la ventaba con barrotes de aquella prisión, hizo que ese recuerdo se esfumara de golpe.
Un suspiro lastimero resonó y el sonido de las cadenas de plata hizo eco en ese lugar tan solitario. Escuchó que Yume rugió en algún lugar, pero hizo caso omiso. Simplemente continuó inmóvil, como si estuviera muerto en vida.
Su piel lastimada ya no le dolía, luego de tanto tiempo ahí, ya se había acostumbrado a ese ardor y quemazón, eso dejó de ser una tortura desde hace treinta años. Pero eso todavía seguía debilitándolo, aunque tampoco es como si quisiera salir de ahí, parecía resignado, mas lo cierto era que no. En algún lugar de su destrozado corazón, sabía que terminaría por salir de ahí algún día y entonces, haría a la Unión Milagrosa temblar.
Y lo buscaría a él. A aquel licántropo a quien tanto amaba, a quién tanto extrañaba y a quién tanta falta le hacía.
Sus mejillas tenían lágrimas secas, pero no resientes, estás eran de hace mucho tiempo que parecían tatuajes en la piel de granito del vampiro, porque ahora ya no lloraba por sus recuerdos. Incluso aunque lo que más recordara fuera aquella vez en terminó por destrozar la esperanza de su amor.
—Amh… —jadeó ligeramente.
La garganta le dolía. Eso era el único dolor que no podía ignorar, pese al siglo que llevaba ahí dentro, la sed era algo de lo que no podía hacer caso omiso como lo demás, era lo único que era la verdadera tortura ahí y de la que no se acostumbraría jamás.
Incluso la sangre de Yume sería bienvenida para él, pero ni eso tenía. ¿De verdad no moriría después de todo esto? ¿Cuánto más aguantaría?
Su mente entumecida, que lo tenía en un aparente estupor, reaccionó cuando reconoció un olor bastante familiar, pese a lo débil que sus sentidos estaban en todo este tiempo. Fue por eso, que luego de que se mantuviera como un robot, el sentimiento de sorpresa apareció en su ser.
—K-Kurokocchi… —susurró, alzando la vista, pese a que el otro vampiro todavía no estaba frente a él.
Pero tan pronto ese nombre fue pronunciado, aquel vampiro de hermosos cabellos celestes, hizo presencia frente a la puerta de barrotes de aquella prisión.
—Ha pasado mucho tiempo, Kise-kun —saludó la serena voz de Kuroko, ocultando bien el nudo que se formó en su garganta con la vista que se encontró.
Y hasta aquí llegamos.
¿Bien, qué les pareció? Si muchos se preguntaban por Kise, pues ahí lo tienen, alsdjkslddkl. La verdad es que yo amo mucho a este rubio, así que me duele el kokoro ponerlo de esta forma ;u;
Ahí también les dejé más fragmentos del pasado de Aomine, así como parte de lo que podría ser una casi "explicación" de la relación entre Kagami con Himuro. Creo que con esos puntos, no es difícil hacerse alguna idea de las cosas, ¿verdad?, pero de todos modos, les tengo más sorpresas por ahí, he.
¡Agradecería mucho que me hicieran saber su opinión! ;w; De verdad que necesito saber que sus puntos de vista, que podría mejorar o cosas así, ya saben.
¡Nos vemos la próxima semana!
