Dioses, de nuevo me tardé un día más en publicar ;_; Se supone deben ser los sábados, pero vine en domingo, ¡lo sientoooo! Ayer nuevamente no me dio tiempo, alkdaslkl. Pero ya, discúlpenme por ello.

Bueno, nuevamente agradezco mucho sus comentarios ;uu; Me motivan mucho, sobre todo ahora que ando con un bloqueo mental (_ _)u

En fin, les dejo el capítulo que espero disfruten 7u7. Disculpen si tengo algún error ortográfico o incoherencia narrativa.


Alex suspiró aliviada al ver como los signos vitales del pelirrojo estaban mucho mejor y la pérdida de sangre había sido repuesta, tanto así, que el chico ahora ya estaba despierto y sentado en la cama, palpándose el pecho vendado con el ceño fruncido. Todavía le dolían aquellas heridas, pero seguro pasaría rápido, de modo que eso no le preocupaba realmente.

— ¿Y bien?, ¿cómo te sientes, Taiga? —preguntó Alex con ambas manos en la cadera y una sonrisa amplia.

Kagami le miró y se pasó una mano por el alborotado cabello.

—Bien, la verdad. Gracias por cuidar de mí, Alex —frunció ligeramente los labios, como queriendo preguntar algo más. Solo que lo pensó unos segundos, porque después se decidió—. ¿Qué le hiciste a Aomine?

—No sabía que conocías el nombre de ese lycan —dijo Alex, algo sorprendida y cambiando un poco su expresión—. No lo mate, sí eso piensas, aunque ganas no me faltaron —respondió al fin con un suspiro.

—Bueno, él no me mató a mí —recordó Kagami con calma y resopló—. ¿Cómo está Tatsuya?

La rubia le miró atenta unos segundos, como si no solo estuviese viendo al pelirrojo, sino algo más, pero el chico no pudo notar eso, porque además tampoco sabía el don de la vampira.

—Está bien, pero sería bien que hablaras con él —Alex se mostró un poco seria—. Cuando él llegó y te vio así, era lógico que tuviera que decirle la verdad y no se lo tomó muy bien.

Kagami suspiró y asintió, frunciendo el ceño.

—Sí, supongo que eso haré.

—Vale, pero sigue descansando y toma tu medicina, todavía necesitas reposo —comentó Alex con una sonrisa calmada.

El pelirrojo negó sutilmente.

—Debo ver a Tatsuya primero, podré descansar en nuestra habitación.

—Mah, está bien, Taiga. Solo llévate tu medicina —Alex le lanzó el frasquillo que eran pastillas en forma de pequeñas capsulas transparentes.

Tan pronto Kagami salió de aquella habitación, ella cerró los ojos con fuerza y frunció el ceño, tallándose de nuevo las sienes.

Ahí está de nuevo ese escenario, pensó Alex con incomodidad. No le gustaba lo que veía, porque eso parecía como si le dijera que todo lo que hicieron fue en vano, pero de todos modos sabía, que las mentiras nunca quedan ocultas y siempre se sabe, siempre se tienen que enfrentar. Mas lo que le preocupaba ahora, como es que Taiga lo enfrentaría, porque no había nadie que le explicara lo que estaría a punto de suceder y algo le decía que parte de su tormento también sería ese malagradecido licántropo peliazul.
En su mente, los veía a ellos dos, de una forma peculiar, pero también veía a alguien más ahí.

Pero, si de algo estaba segura Alex, era que siempre estaría apoyando al pelirrojo, del mismo modo que Himuro lo haría, justo como hace tanto tiempo, no los dejaría.


La época del barroco le sentó a Alex de forma positiva, pero debía tener cuidado con estos humanos que todavía eran guiados por los viejos mitos y las leyendas urbanas, que ella misma sabía eran ciertas, pero ellos se lo tomaban de forma más… personal. Y no es que simples humanos pudieran matarla, por supuesto que no, después de todo ella no era un simple vampiro desterrado más.

Vivía tranquila en un departamento pequeño y bastante escondido en lo más bajo de la ciudad, pese a que tenía talento para poder hacer más dinero que cualquiera en la zona, ella quería pasar desapercibida. Había conseguido un trabajo como sirvienta de unos nobles y le iba bien, la trataban bien. Pese a que más de una vez llegó a beber de ellos sin que se dieran cuenta gracias a su magia, que no es que le gustara hacer eso, simplemente la sed debía estar bajo control en lo que buscaba una manera de crear lo que desde mucho se propuso cuando su fuente de alimento quedó seca en La Noche. Cuando aquellos nobles murieron, ella terminó recibiendo parte de la herencia por toda su ayuda incondicional, puesto eran señores grandes y sus hijos ya habían forjado su camino lejos de ellos.
Y con ese dinero, Alex logró empezar a construir su laboratorio secreto, lejos de las personas, en las ruinas de Europa para no llamar la atención y vivir sola. No volvería a trabajar para un humano, porque estaba segura si alguien se daba cuenta de sus conocimientos, del mismo modo que pasó en La Noche, querrían utilizarla para fines egoístas. Ella ya no quería problemas, por ello mismo decidió adquirir fondos robando y nunca jamás se descubrió el misterio de aquellos robos, porque bueno, ella después de todo era un vampiro, uno diferente.

Pasó alrededor de un siglo y medio, cuando Alex estaba metida en ese experimento que era el crear sangre humana a base de sus propias células, modificándolas. Le llevó muchas décadas empezar todos los prototipos y sobre todo, el curarse también luego de probarlos, porque tampoco usaría a otra persona como conejillo de indias. Ya faltaba poco para lograrlo y con el uso de su magia, seguramente todo quedaría listo en menos tres décadas más.

La tarde era bastante lluviosa y los truenos hacían eco en el horizonte, mas la rubia no temía de ello, después de todo, con todo el dinero que logró juntar, se construyó su propia casa tras mandar a reconstruir aquellas ruinas, mostrando perfectamente las escrituras de ese territorio que consiguió como solo ella podía.
Había salido de la ducha caliente para relajarse, no porque necesitara asearse realmente, porque su cuerpo no necesitaba las mismas cosas fisiológicas que los humanos, cuando sus sentidos se alertaron. Ella nunca le importa la llegada de otros desterrados al mundo humano, pero siempre lograba enterarse cuando alguien era enviado ahí, puesto ella había sido la llave principal para poder abrirlos y tenía cierta conexión lejana con esas puertas.
No ignoró como siempre la abertura de ese portal, porque la presencia que sintió ahí era completamente conocida para ella.

Decidió no hacerse preguntas, la razón era que estaba segura de que sí ella llegó al mundo humano de esa forma, siendo que era una vampira ejemplar, seguramente necesitaba ayuda. Y Alex no podía dejar a una vieja amiga en el olvido. Por eso, apenas y se vistió rápidamente, salió corriendo para buscarla.

Todo le llevó algo de tiempo, quizá como un día, puesto su presencia no estaba en el mismo continente que ella, sino hasta Asia y debía tener cuidado con los portales que creaba para no llamar la atención con el alta energía concentrada que seguramente Akashi podría percibir. Solo corrió y corrió, incluso nado e hizo todo lo posible hasta que llegó a aquel país, Japón para ser exactos.
Y en un callejón, resguardados solo por una enorme caja de cartón, escondiéndose de la guerra que estallaba en ese país, la encontró.

Ella tenía razón… S-sabía que nos buscarías si veníamos a este mundo… —jadeó la chica, se notaba completamente herida y cansada. En sus brazos llevaba cargando a un bebé que lloraba, pero se calmó tan pronto sus ojos rojos vieron a la rubia.

¡Dios mío! Pero, ¿qué haces aquí? —Alex se mostró preocupada y se agachó para sostener el cuerpo de la otra chica que parecía desfallecer.

Alex…, necesitamos tú ayuda, por favor —suplicó la chica de ojos grises, viéndole con ansiedad, abrazándose al bebé que ahora que la veía bien, era algo grande para ser uno quizá tendría dos años.

Fue cuando la rubia bajó sus ojos verdes a aquella criatura y cuando percibió su energía, se asombró que incluso abrió la boca.

Esa bebé, esa bebé… N-no me digas qué…

Alex, por favor… Te prometo que te contaré todo lo que pasó desde que te fuiste, pero… ayúdanos… —la chica no pudo seguir hablando, porque se desmayó.

La vampira rubia cargó a su joven amiga entre brazos, también como al bebé. Así no podía regresar a Europa, debía encontrar un lugar donde quedarse en este país.

No iba negarles su ayuda, aun cuando ese bebé era algo completamente desconocido para ella en todos los sentidos.


Un suspiró salió de los labios de Alex al recordar cómo es que todo empezó para ella. Estaba sentada en su escritorio, con las manos entrelazadas delante de ella, viendo fijamente el álbum de fotos de Kagami y ahí se dio cuenta que faltaba una foto, la reciente de su cumpleaños dieciocho. No necesitaba ser adivina para saber quién se la llevó, porque el olor a perro mojado era intenso, no muy reciente, pero tampoco tan antiguo.
Era obvio que ese moreno era quién tenía la foto.

Y si Alex no hubiera tenido esas visiones, seguramente se hubiera alterado de más para intentar comprender porque justamente ese licántropo se llevó la foto de Taiga.


— ¿Estás molesto conmigo por eso, Tatsuya? —preguntó Kagami con los labios fruncidos y la mirada desviada.

Había llegado a la habitación que compartía con el pelinegro, donde este estaba descansado en la gran cama y se despertó cuando el pelirrojo llegó.

—Más que nada, Taiga, estuve muerto de la preocupación porque algo malo te hubiera pasado —respondió Himuro, sereno, viendo al otro chico—. ¿Por qué no me dijiste qué habías decidido traer a un lycan a la casa? —inquirió, amonestando sin alzar la voz, tan calmado y maduro como siempre.

—… Yo… simplemente no quería preocuparte de más y… —Kagami frunció el ceño.

—Ese no es el verdadero problema, Taiga. Para empezar, ¿por qué decidiste ayudar a un licántropo?, ¿qué no sabes lo peligrosos que son? —interrumpió Himuro, sin hacer ninguna expresión molesta.

Aunque lo estaba, un poco. Sentía que algo se le estaba escapando de las manos con eso, sobre todo porque aquel día, Alex se las arregló para no contarle aquella visión que tuvo cuando por fin Himuro fue capaz de ver el lazo de su hermano, ese que antes no estaba pese a que mantenían una relación diferente. ¿O era que le molestaba más el hecho de que para Kagami ya hubiera alguien destinado y no era él?

—No pude dejarlo simplemente ahí, no sé, ¿y si era presa de Hanamiya? Tampoco podía dejar que se muriera…, sobre todo porque yo le disparé —resopló Kagami, incomodo con ese recuerdo.

—Taiga, sé que tienes mucho potencial en ti, pero sigues siendo solo un humano —recordó Himuro con suavidad, viéndole—. Y un humano no puede contener a un licántropo.

—Pero yo no soy como todos, Tatsuya, y sé que también sabes eso —repuso Kagami, viéndole con algo de frustración, no porque no creyera que su hermano tuviera razón, sino porque él mismo no podía explicarse bien todas sus acciones que eran instintivas.

El nombrado chico tensó su expresión una fracción de segundo y luego suspiró.

—Eres un humano especial, pero al fin de cuentas, un humano —especificó Himuro, sonriendo suavemente—. Y yo no sé qué hubiera hecho sí ese maldito lycan te hubiese hecho algo más… —su expresión se tornó sombría y ansiosa.

—Pero no me hizo nada, no lo iba a hacer —zanjó Kagami, tratando de no sonar brusco, conmovido por las palabras últimas del pelinegro y su expresión.

— ¿Por qué estás tan seguro de eso? Los licántropos son demasiado temperamentales, Taiga —hubo algo en la frase del pelirrojo que no le dio buena espina a Himuro.

—Simplemente lo sabía —susurró Kagami, contestando y desviando la mirada unos segundos. De pronto, volvió a encarar al pelinegro y suspiró—. Ya no hablemos de eso, Tatsuya. Ahora solo necesito estar a tu lado para sentirme bien.

Ante eso último, la atención de Himuro se vio desviada ligeramente y sonrió complacido.

—Entonces, entra a descansar de una vez a la cama conmigo, ¿qué esperas, Taiga? —expresó con una ligera coquetería.

—Bueno, pensé que realmente estabas enojado conmigo y qué no… —masculló Kagami, algo apenado.

—Estuve enojado, pero no contigo. Y aunque ese fuera el caso, aun así no puedo estar lejos de ti.

Taiga se le quedó mirando al pelinegro fijamente por eso y luego sonrió de oreja a oreja, vaya que esas palabras le hicieron feliz. No le respondió en palabras, simplemente se inclinó a besarlo.


En el lugar resonaba la canción de "Kanzen Kankaku Dreamer" de One ok Rock, pero pese al sonido de las guitarras y la voz excelente del vocalista, esas canciones no eran del gusto para Aomine, eran demasiado brillantes para él. Prefería a Nocturnal Bloodlust, pero tal parecía que en ese bar de mala muerte no tenían buen gusto, o ya de perdida le gustaría que pusieran a Deluhi o quizá hasta the GazettE.

El barman sirvió más cerveza al vaso del moreno y fue cuando este aprovechó para pedir un cambio de canción, donde entre palabras groseras y amenazas, logró que pusieran una de sus canciones favoritas; "Punch me if you can" de Nocturnal Bloodlust. Cerró los ojos con ese ritmo fuerte para no pensar tanto como lo venía haciendo desde que regresó a Japón por quién sabe dónde.

Ahora que había recuperado por completo su salud y sus transformaciones esa ansia de matar que sintió aquel día ya no estaba, después de todo él era un pura sangre, no un licántropo convertido. De todas maneras, se aburría mucho porque ahora no tenía trabajo; la creación de neófitos había disminuido por alguna razón y creía que algo tenía que ver aquel pelirrojo que tal parecía le gustaba hacerse el héroe. Ciertamente, no era su problema, no es que le estuviera dando importancia, era solo que como le molestaba estar sin hacer nada, cuando en todo este siglo siempre la pasaba matando vampiros o hasta hombres lobo "ilegales" como Akashi les llamaba.

Últimamente, Aomine se había sentido más calmado que de costumbre. Seguía siendo el mismo cabrón que cuando llegó al mundo humano, pero era como si la cruz que vino cargando desde La Noche fuera más liviana sin saber porque, no es que hubiera dejado de pensar en Kise de la nada, siendo que aunque siempre trataba de mantenerlo guardado en su mente y corazón, de alguna forma se escapaba para llegar a su mente, era solo que simplemente ya no hacía ese doloroso esfuerzo para intentar olvidarse de todo.

Era como si lo estuviera aceptando.

Lo que sentía era justamente eso, estaba empezando a aceptar lentamente las cosas, en lugar de guardarlas y evitarlas con oscuridad en su corazón.

Por supuesto que no asemejaba eso con lo que le pasó con la vampira, que aunque estaba seguro algo le hizo, no creía fuera algo como esto. Aunque siempre se preguntaba que habían sido esos golpes tan fríos que sintió y que ahora lo tenían así, ¿o quizá no había tenido nada que ver lo que Alex le hizo y era otra cosa que no se imaginaba?
De todos modos, era demasiado pronto para suponer cosas y siendo como era Aomine, no las haría ni aunque pasara otro siglo.


Gracias a que ahora Kagami y Himuro cambiaron su habitación a la casa subterránea propiedad de Alex, es que aunque fuera de día, el sol no les molestó mientras estaban ahí metidos en la cama, bien abrazados y desnudos, por supuesto.

El vampiro pelinegro ya estaba muchísimo mejor desde aquella tortura, ahora solo lo que le restaba hacer era dormir para recuperar por completo su energía; su piel ya estaba curada del mismo modo que sus sentidos, solo necesitaba un poco más de vitalidad en su sistema y estaría perfecto, como siempre. Y como ya estaba realmente bien, no perdía el tiempo y siempre la pasaba con Taiga.
Este último no se negaba para nada, por supuesto. Las noches las pasaba despierto junto con el pelinegro de tantas maneras tranquilas, como con acción. Tampoco es que su relación dependiera exactamente del sexo, siendo que se consideraban hermanos pese a los sentimientos obvios de ambos, pero sencillamente el hacerse uno era algo que no podían evitar.

Por las mañanas, Kagami se la pasaba entrenando como siempre y entre la semana tuvo que salir por algún pedido de Alex o bien porque se le antojaba y quería otro tipo de acción con el submundo. Era un retador inmaduro, eso todos lo supieron, pero ahora, lejos de querer matarlos a todos solo porque sí, decidió conocerlos. Claro que aquella vez en que destruyó a varios aquelarres de neófitos lo hizo por el simple hecho que estuvo buscando a Tatsuya y el submundo se enteró de que él fue quien mató a Hanamiya, lo que no era realmente cierto, pues Alex intervino también, pero lo prefería así. Porque tal parecía que eso también le trajo más de un enemigo y por ende, se pasó esas dos semanas peleando con más de uno.

Sin embargo, resultó que Kagami sí hizo buenos amigos en el submundo. Él, pese a ser rudo y medio bruto, tenía carisma, de forma extraña y bestial, pero lo tenía. Le ayudó sobre todo el que dejara de pensar que todos los ajenos a Alex y Himuro eran "malos", sino que debía conocerlos más bien, aunque de igual forma todos le seguían llamando el "Tigre Cazador", cosa que odiaba bastante, pero en fin, él se lo había ganado.
Ahora si peleaba, ya no era para cazar en el submundo, sino por simple diversión con sus nuevos conocidos; por alguna razón, terminó teniendo más amigos licántropos que vampiros, pero esto se debía a que estos eran más huraños, y bueno, no eran nada humanitarios porque les importaba un pepino el matar a gente para alimentarse. Alex le había dicho que no se metiera en eso, que él se encargaría de matar solo a los neófitos, porque ellos eran el verdadero peligro.
Mas si lo pensaba bien, era demasiado pronto para llamar "amigos" al grupillo de licántropos que conoció, pero si se llevaban bien. Tampoco los frecuentaba tanto, porque había cosas del submundo que no eran para Kagami y el instinto de este lo sabía, era imprudente sí, pero también ya era un adulto después de todo.

Justo estaba despertándose con Himuro recostado en su regazo, cuando la puerta de su habitación sonó.

— ¿Qué pasa, Alex? —preguntó Kagami, adivinando quién era, porque bueno, no es que hubiera mucha gente viviendo ahí.

Himuro suspiró, despertándose ligeramente y reacomodándose en la cama, dejando un beso en el pecho ajeno.

—Ven un momento conmigo, te están buscando —contestó Alex detrás de la puerta, algo raro en ella que no interrumpiera el momento íntimo de los dos chicos.

— ¿Uh? De acuerdo, voy en seguida —aceptó Kagami, bostezando—. Sigue descansando, Tatsuya —susurró hacía el chico, acariciándole los cabellos.

—Cuídate, Taiga, cuídate mucho —dijo Himuro. Gracias a sus sentidos, sabía bien quienes eran la visita y el hecho de que algo querían de su hermano, pero él no podía limitar al pelirrojo, por más que quisiera protegerlo siempre y cuidarlo. Se inclinó y le dejó un beso en los labios, uno profundo, pero tierno, sin necesidad de lengua.

—Hey, estás raro —musitó Kagami, entre el beso que correspondió gustoso.

—Ya verás porque lo digo —masculló Himuro con una sonrisa calmada, deshaciendo el beso.

Ya no se dijeron nada y con rapidez, el pelirrojo se puso su ropa interior, una bermuda y una playera sin mangas, yendo descalzo para lavarse los dientes.
Así salió de la habitación, bostezando hasta que llegó a la sala de estar, luego de subir las escaleras para llegar al primer piso.

Ahí se sorprendió bastante cuando se encontró al par de licántropos que tenía casi como amigos, siempre se veían de noche, por lo que no esperó que le vinieran a ver y sobre todo de día.

— ¡¿Hyuuga?! ¡¿Kiyoshi?! —exclamó Kagami, con los ojos abiertos como platos, yéndose todo rastro de sueño.

El par de lycans le miraron, serios.

—Ehm, hola, Kagami —saludó Kiyoshi, rascándose la sien, viendo al pelinegro más bajo, como indicándole que él hablara.

Hyuuga frunció el ceño y le fulminó con la mirada.

—Bueno, verás, necesitamos tú ayuda —dijo con un suspiro. Esos lentes que usaba impedían ver bien el color de sus ojos aceituna.

El pelirrojo parpadeó con sorpresa.

—Claro, díganme, ¿qué necesitan? —quiso saber Kagami.

Alex, que estaba algo apartada, escuchando todo, suspiró y se dio la vuelta para empezar a preparar las cosas que seguramente el pelirrojo necesitaría, porque era obvio para ella que Taiga no se negaría a ayudar a esos chicos.


La foto de cierto pelirrojo que Aomine sostenía por séptima vez en el día, se movió ligeramente cuando este suspiró.

Desde que había llegado a Japón, se la había pasado viendo de refilón aquella foto que no tiraba por un motivo desconocido, puesto entre más pasaban los días, poco a poco aumentaba más su interés en querer ver más tiempo aquella jodida foto con ese estúpido humano.
Parecía una fuerza magnética todo esto y le fastidiaba bastante, porque sencillamente era algo que no podía evitar.

Y eso que en el resto de las semanas tuvo bastante "trabajo" que lo mantuvo entretenido, donde quisiera o no, se terminó enterando que aquel bendito "Tigre Cazador" seguía activo entre otras cosas. Trataba de no darle importancia, pero simplemente le costaba y es que recordaba las veces en que ese humano de cabellos rojizos le cuidó y la forma en que terminó todo.

Aomine nunca se arrepentía ni se sentía culpable de lo que hacía, dañara o no dañara a las personas humanas o de su misma raza o de otras razas, nunca sentía la culpa ni tenía la necesidad de mostrarse amable o agradecido con nadie. Sin embargo, tal parecía que su subconsciente estaba empezando a regañarle, porque cada que recordaba los cuidos que tuvo mientras estuvo en aquel lugar, sentía un ligero pesar en su pecho. ¿Tal vez si debió por lo menos dar las gracias? O quizá eso no, sino más bien no morder la mano que te alimenta, eso. Por lo menos hacía Kagami, después de todo, este tampoco se mostró interesado en hacerle daño o bien donarlo para una casa de investigaciones, pese a que le disparó también en su primer encuentro.

Era extraño. Tal vez si Satsuki estuviera aquí podría hablar con ella y así le abriría los ojos para que dejara de sentirse así de idiota y raro. Lástima que ella se había ido el mismo día en que llegó a su departamento, alegando que volvería en quizá otras décadas más.
Pero, pensándolo mejor, era mejor tener guardado esto que se arremolinaba como agua en un vaso a punto de llenarse.

El peliazul estaba aburrido, acostado en el sofá de tres personas, donde sus pies sobresalían de este, porque era muy chico para su tamaño. Tenía su brazo izquierdo tras la cabeza y con la diestra todavía tenía sujeta la fotografía esa.

Cada que la veía, le entraba irritación y deseos de quemar ese maldito papel; en más de una ocasión lo intentó, pero al momento no podía ni siquiera acercar la foto al fuego. Sentía que era como un desperdicio.
También la intentó romper, mas tampoco sus manos se lo permitieron.

Ese sujeto… ¿qué estará haciendo en estos momentos?, pensó Aomine. Solo pasaron dos segundos y luego se incorporó de golpe, chasqueando la lengua y molesto.

— ¡¿En qué demonios estoy pensando, joder?! —bufó y dobló la fotografía para luego dejarla debajo de la almohada que se suponía era donde estaba su cama en ese lugar tan pequeño que solo tenía la habitación del baño y la sala, amontonada con la cocina.

En estos quince días que sintió el desliz de ver la fotografía y cuando al fin empezó a ceder para verla, no había pensado algo como esto. Simplemente se la quedaba viendo como si fuera una película interesante sin añadir comentarios algunos, porque no era necesario. Y luego se dormía y no soñaba nada o solo fugaces recuerdos que no eran muy claros, nada definido realmente, justo como era antes de que se hiriera con la plata.

La alarma que siempre le avisaba sobre algún trabajo, sonó en la muñeca del peliazul.

—Al fin, algo de diversión —sonrió Aomine con desdén.

Eso era lo que quería para distraer su mente en estos momentos antes de ponerse a pensar sobre el porqué de esto. Se puso su gabardina de cuero negro que le llegaba hasta los talones y se ajustó su par de tenis, acomodándose el pantalón gris; no llevaba playera, porque realmente no la necesitaba y como se iba a transformar, ropa de más le estorbaría. Sí ya de por sí perdía tiempo con quitarse la gabardina y el pantalón—no usaba ropa interior— en las peleas para luchar con su verdadera forma y hasta eso, habían veces (o casi siempre) en que la adrenalina le ganaba y se transformaba haciendo girones su ropa por su aumento de tamaño y masa corporal, como es lógico.
Siendo sinceros, tampoco le daba pena alguna quedarse desnudo luego de la pelea, si era de noche y así podía regresar rápido a su departamento o en el camino a veces le quitaba la sudadera o bien robaba ropa de las tiendas en plena madrugada y ya estaba listo.
No se complicaba la vida, para nada.

Eran como alrededor de las siete y media de la tarde, asomó su cabeza por la ventana y vio los carros transitar a los lejos. Lo bueno de todo, es que su edificio departamental estaba apartado, creando un callejón silencioso y bastante peligroso, teniendo en cuenta que estaba en los barrios bajo de la ciudad de Tokyo y ahí abundaban los pandilleros; nadie se metía con él, por supuesto, desde hacía tiempo había dejado en claro su fuerza y el miedo que imponía.

Se lanzó desde la ventana del quinto piso y cayó en sus pies en un golpe sordo. Todavía no era luna nueva, hacía una semana que pasó y tampoco le tenía temor a eso, como si dependiera totalmente de ello, quizá en esos momentos no se transformara, mas estando en su forma humana era fuerte y tenía confianza en sí mismo.

La luna creciente resplandeció.

Todavía no era momento para transformarse, simplemente corrió a una velocidad nada humana por el callejón casi a oscuras, ignorando las miradas que ciertos vándalos le lanzaron rencorosos, pero no le hicieron nada porque no eran idiotas.

Sus sentidos le guiaban hacía el sur de la ciudad, era la primera vez que atacaría a algún neófito en un lugar tan público, pero no por eso se contendría, aunque si tenía que ingeniárselas para que este suceso no fuera visto por los mundanos o sería un problema.
Aomine frunció el ceño al darse cuenta que su objetivo estaba precisamente en el maldito parque de diversiones de la ciudad.

Suspiró, optando una actitud fría por fuera, pero hirviendo por dentro y así entró a ese lugar, escabulléndose para no pagar la cuota que pedían.

Olfateó el lugar y sonrió entre dientes cuando captó ese olor que tanto esperaba encontrar; el vampiro neófito. Pero, que para ser uno de esa clase, se sentía más experimentado del resto, entonces, ¿por qué la alarma? ¿O era porque era un neófito que pasó desapercibido?
Tuviera sentido o no, Daiki lo mataría. Casi podía sentir el olor a muerte y acción, pero debía controlarse o terminaría transformándose entre toda esta gente e inevitablemente los mataría.

Estaba todo emocionado, persiguiendo el olor de su presa que se alejaba, cuando un olor completamente familiar le llegó a la nariz como si fuera polen, casi dejándolo estupefacto.

Ese olor… no puede ser posible, pensó Aomine, con los ojos como platos y sin darse cuenta, ahora ya no solo seguía el olor de ese vampiro, sino ese otro que iba junto, ¿acaso ese idiota está luchando con mi presa?
Estaba molesto, sí, sí, pero no sabía si era porque le estaban quitando a su presa o porque su presa estaba persiguiendo a ese humano.

Corrió más rápido y entonces, terminó chocando contra otra persona. Reaccionó rápido y por inercia, le sujetó de la muñeca, jalándose así ambos para evitar caerse.

— ¡Kagami! —fue imposible para Aomine no mostrar asombro por la forma en que se lo encontró.

— ¡¿A-Aomine?! —exclamó Kagami, completamente desconcertado.


Y aquí vamos otra vez, las luces se han vuelto a encontrar eue. No quise tardar mucho para darles ese momento, porque después de todo, me siento conforme con el ritmo que le estoy dando a la historia, ¿ustedes qué opinan de ello?

Creo que me salió de forma conveniente el lugar en que se terminaron encontrando :v, ahora me doy cuenta, ajajajaja.

Como sea, espero me hagan llegar sus opiniones, por favor. Las necesito, aldkjsalasjl x'DDD.

Ahora sí, nos vemos el sábado, ya prometo no saltearme la fecha ;u;