¡Heeeeey! Está vez ya vine como prometí uvu/.

Me da gusto ver que están conformes por como llevo la historia, ¡gracias por comentar, chicos y chicas! ouo

¿Qué más?... ¡Ah, sí! Creo que aquí está lo que muchas esperaban, no sé(?) o al menos yo me emocioné como idiota mientras lo escribía, ajajajaja, ya verán porqué lo digo.
En fin, disfruten del capítulo y disculpen si tengo algún error ortográfico o incoherencia narrativa uvu.


Una corriente eléctrica recorrió el cuerpo de ambos chicos cuando sus miradas se encontraron y compartieron aquel agarre en el que se sujetaban de las muñecas, sosteniéndose. Fue un golpe rápido y fugaz de adrenalina que les sacudió el corazón por ese encuentro.

— ¡¿Qué mierda se supone haces aquí?! —quiso saber Aomine en tono demandante y exigente, soltando bruscamente aquel agarre.

— ¡¿Ah?! ¡¿Por qué demonios debo darte explicaciones de lo que yo hago?! —inquirió Kagami de sopetón, frunciendo el ceño y apartándose también, puesto gracias al jalón que ambos se dieron, quedaron bastante cerca, casi chocando.

— ¡Porque estás en mi territorio! —exclamó Aomine, mirándole molesto.

— ¡¿Qué?! ¡Esto es Japón, no tu territorio, idiota! —replicó Kagami, retándolo con la mirada de la misma manera.

Aomine chasqueó la lengua y luego sonrió pícaro.

—Sé que soy inolvidable, pero supérame de una vez.

— ¡Cierra la boca! No eres la gran cosa para que yo viniera solo por ti a verte y sobre todo, después del caos que causaste en mi casa —gruñó Kagami, con una mirada irritada y se dio la vuelta—. No tengo tiempo para perderlo contigo.

El peliazul puso los ojos en blanco y luego le siguió.

—No te equivoques, Bakagami, yo no voy a dejar que te interpongas en mi presa.

— ¿Tú presa? No sé de qué me estás hablando, yo estoy aquí por un motivo diferente, Ahomine.

—Estabas yendo a la misma dirección que mi presa, ¿o acaso tú quieres tomar su lugar? —insinuó Aomine con arrogancia y burlón.

—Deja de suponer esas tonterías, estúpido engreído —bufó Kagami— Y además, ¡deja de seguirme!

—Tú eres quién se está metiendo en mi camino, idiota —Aomine frunció el ceño con algo de irritación.

— ¡Qué no! —exclamó Kagami, tratando de no perder la paciencia.

Sus ojos rojos volaron, cuando captó al sospechoso que estaba siguiendo desde que llegó a Japón que no hacía mucho tiempo de eso. Iba a comenzar a correr hacía ese sujeto, pero Aomine lo jaló, metiéndose entre la gente sin ver realmente donde estaban.

—No puedes ir y atacar a un vampiro con toda esta gente aquí, ¿eres un cazador y ni siquiera sabes eso? —habló Aomine, viéndole con una expresión de superioridad y una sonrisa victoriosa.

— ¡Claro que lo sé, Ahomine! Además, no iba a lazarme a atacarlo, solo no quiero perder su rastro —aclaró Kagami con una mueca, intentando ver hacía donde se había ido aquel vampiro.

— ¿Ves como si vas tras mi presa? —Aomine se mostró descontento por eso y puso los ojos en blanco— Como sea, ¿tú, un simple humano contra un neófito? —se burló con ganas, pero cuando el pelirrojo le miró con el gesto grave, frunció el ceño— Tú, Bakagami, ¿no me digas que serás la carnada?

—Mi sangre es ventajosa, no creas que no sé cómo pelear contra un vampiro neófito —alegó Kagami, con un gesto de concentración.

—Deja de creerte el maldito salvador del mundo, solo estás perdiendo tu tiempo siendo algo que no eres —dijo Aomine como una orden. Más molesto de lo que pensó, porque saber parte del plan de aquel pelirrojo no le gustó en lo más mínimo.

—Yo no me estoy creyendo ningún héroe, simplemente estoy ayudando a un par amigos —aclaró Kagami, fulminándolo con la mirada, porque no le gustaba le dijeran lo que tenía que hacer—. Sea como sea, métete en tus asuntos y déjame a mí con los míos.

Aomine suspiró, casi como un gruñido.

—Es lo que hago, idiota, pero eres tú quién está tras mi presa y no te la voy a dejar. Yo seré quién mate a ese neófito, no tú.

Kagami le miró solemne.

—No estoy haciendo esto por el crédito que traiga.

El peliazul iba a replicar, cuando la voz de la gente empezó a quejarse.

— ¡Oigan, ustedes! ¡¿Van a subir ya o seguirán estorbando el paso?! —exclamó el encargado de un juego.

Los dos chicos se quedaron perplejos por eso y se miraron, no se habían dado cuenta que se habían metido en la fila para subir a la rueda de la fortuna y que además los veían raro, porque ahí estaba haciendo fila en su mayoría parejas y pues ellos eran dos chicos ahí colados, así que era obvio imaginarse que pensaba la gente.

— ¿Qué? —Aomine miró asesinamente al encargado— Claro que…

— ¡Olvídenlo, suban ya que la gente se desespera! —dijeron varias personas detrás de ellos y les empujaron a la vez que el encargado del juego los jaló.

—Pero, ¡¿qué demonios?! —gruñó Aomine, intentado liberarse de eso, pero el peso del pelirrojo lo golpeó y ambos terminaron metidos en una cabina, la cual se cerró.

Ambos chicos cayeron ahí dentro, compartieron una mirada y luego se incorporaron para golpear el cristal.

— ¡Hey, de ninguna manera yo tenía pensado subir con este idiota! —exclamó Kagami, con frustración, esto aparte de interferir en sus planes, era un tanto vergonzoso.

— ¡Y una mierda, abran! —rugió Aomine, ordenando.

— ¡Siéntense de una vez! —les respondió el encargado con una cara de pocos amigos, moviendo la palanca del juego para subir aquella cabina y dar paso a las otras para que las demás parejas pudieran subir.

—Esto es un asco —resopló Aomine, con un aura homicida viendo a toda esa gente, como quería matarlos ahora mismo, pero mejor se sentó.

Kagami por su parte, estaba sentado también y viendo a través del cristal; debía admitir que subir a este lugar era algo bueno, porque gracias a la altura podía distinguir bien a las personas, al menos por ahora. Pero era bastante perspicaz cuando hacía su trabajo.
Por otro lado, los ojos azules de Daiki le miraron fijamente. Hasta ese momento notó que el pelirrojo estaba vestido como en la foto que tenía de él, con ese pantalón negro y la camiseta, tampoco faltando ese anillo con su cadena. Sus ojos siguieron las acciones que hizo Kagami, notó como se pasó el dorso de la mano por la frente y suspiró, haciendo un gesto bastante… atractivo.

El mencionado ojirojo se percató de que el lycan le estaba viendo y de manera muy fija, para su gusto, de modo que frunció el ceño, haciendo que el otro le respondiera con una ligera sonrisa burlona por esa respuesta tan huraña. Se estaban retando con la mirada, estando sentados uno frente al otro.

Aomine fijo su mirada en la tez bronceada del chico, en esos cabellos rojos que tenían sombras negras en las puntas, en esas cejas partidas a la mitad del mismo color y regresó a los ojos otra vez, esos rojos tan intensos y felinos, sintiendo de golpe el olor que emanaba este, de forma bastante atrayente para su olfato lobuno. Y de alguna forma, le dio cierto deja vu.

—Tú… ¿nos hemos visto antes? —preguntó de repente, luego de estar casi cinco minutos en silencio viendo esos ojos como rubís.

—… —Kagami se había sentido bastante avergonzado en todo el proceso de observación, pero se mostró rudo y no se sonrojó, al contrario, se tomó eso como un reto y por ello también le estaba viendo fijamente— Sí, te lleve a mi casa, ¿no?

El moreno suspiró con molestia.

—No me refería a eso, pedazo de idiota —gruñó Aomine, ya con la magia perdida de hace un momento. Posteriormente se llevó sus brazos tras su cabeza y sonrió altivo—. Como sea, no pienses que te estoy ligando o algo así, solo porque estamos metidos en este maldito juego.

Al pelirrojo le saltó una venita en la sien y sonrió con desdén.

— ¡Ni quien piense eso, Ahomine! —dicho eso, se cruzó de brazos y desvió su atención a la ventana.

El peliazul resopló e hizo lo mismo. En ese momento ambos se dieron cuenta que estaban en la cima de la rueda de la fortuna, justo cuando el sol estaba terminando de ocultarse por completo, destilando al cielo un color lila con naranja, que estaba dando paso al azul oscuro de la noche. Era un atardecer bastante bonito.
Y Aomine no evitó mirar de refilón la expresión asombrada del pelirrojo por la vista, se notaba la estaba disfrutando, cosa que le hizo sentirse complacido unos segundos y siguió viendo el cielo. Por ello tampoco se dio cuenta que Kagami le miró de reojo también.

Nunca se hubiera imaginado que tras aceptar ayudar a sus dos amigos lycans terminaría viviendo casi una cita con una persona que creía jamás volvería a ver, dado los términos en que quedaron y la forma de ser del moreno, pero ahora aquí estaba, metido en una cabina de la rueda de la fortuna con Aomine, disfrutando del atardecer. Todo resultaba demasiado embarazoso, como esas películas románticas que Alex le gustaba ver de vez en cuando y cuando hizo la maldita comparación en su mente, Taiga se sonrojó un poco, enfurruñándose.

—Deja de pensar cosas, Kagami, o te tiraré desde aquí —siseó Aomine al darse cuenta como el rostro del chico se ruborizó, era obvio lo que estaba pensando, porque él también lo pensó; era imposible no comparar estar escena con la de algún dorama y esas cosas. Pero lejos de sonar molesto como él mismo esperaba, sonó divertido, ya que de alguna manera, le gustó ver ese lado del pelirrojo. Le quedaba bien ese sonrojo en esa expresión ruda que tenía.

— ¡Cállate! ¡Yo no estoy pensando nada! —zanjó Kagami, sin ver al peliazul, hasta que el rubor desapareció por completo y pudo lidiar con la ligera vergüenza que quedó.

Suspiró cuando se dio cuenta que todavía faltaban unos minutos para que el bendito juego terminara de dar la vuelta. A este paso tardaría más en encontrar a la hermana de manada de Kiyoshi, porque para eso había venido a Japón, en busca de aquella pandilla de vampiros que secuestró a Aida Riko por un ajuste de cuentas, la chica que debía salvar o por lo menos vengar. Se suponía que Kiyoshi fue con él, dejando a Hyuuga, el alfa a cargo de los demás lycan de esa zona por simple precaución. Solo que el primer chico iría por otro rumbo; mientras que Kagami se encargaría de distraer al vampiro ese, Kiyoshi entraría a la guarida para ir por la chica, sin importar que se enfrentara contra más vampiros, porque él era bastante fuerte, no por nada era el beta de la manada. Mientras el líder de aquella pandilla estuviera fuera, no había ningún problema.

— ¿Dónde ves al neófito? —preguntó Kagami al notar como el peliazul no despegaba su mirada de la ventana.

—No tengo porque decírtelo, dices que también vas tras él, averígualo solo —contestó Aomine de forma chocante.

—Hah, tú… —suspiró Kagami y cerró los ojos. Sí quería lograr esto, debía aceptar que quisiera o no, necesitaba trabajar con ese engreído licántropo— De acuerdo, te diré porque estoy aquí, pero también necesito saber dónde está en neófito.

Aomine le miró con fingida atención y luego sonrió presumido.

—Resulta que no me interesa que es lo que harás, así que paso.

— ¡Aomine! —exclamó Kagami, con frustración— Necesito saber dónde está ese neófito.

—Es mi presa, tú solo estorbarás —dijo Aomine con el gesto grave—. Vete a buscar algo de tu nivel para matar.

—Ah, joder. ¡Ya te dije que no estoy haciendo esto por el maldito crédito! —insistió Kagami— Un par de amigos necesitan mi ayuda, ellos… son cómo tú. Son licántropos y…

— ¿Eso se supone que debe afectarme en algo? —inquirió Aomine con frialdad. Realmente no consideraba hermanos a los licántropos desterrados, es más, ni se llevaba con ellos porque para nada estaría en ninguna manada.

— ¡Bien, Aomine! Eres increíble —expresó Kagami, con sarcasmo, evidentemente decepcionado y furioso.

—Te tardaste mucho para notarlo —repuso Aomine con la mirada superior.

—Ja. Idiota, eres increíble, porque eres un completo desperdicio con toda tu fuerza —aclaró Kagami con desdén, justo cuando el juego llegó a su fin y les tocaba a ellos bajarse—. Veo que no sirve de nada contarte lo que pasa, solo eres alguien egoísta —añadió sin más y salió de la cabina de la rueda de la fortuna sin voltear a verlo.

—Tsk… deja de hablar como si me conocieras, idiota —susurró Aomine, apretando sus manos con una expresión bastante macabra y salió de la cabina, con el pelirrojo perdido entra la gente. No es mi problema lo que haga, y sonrió con desdén.

Y siguió el rastro del olor del vampiro neófito, solo que yéndose por la dirección contraria a la que Kagami, para así quizá llegar después que este en caso de que milagrosamente lo encontrara primero y no para darle el crédito ni nada, sino para que ese vampiro lo destrozara de una vez, para que así viera que de nada le servía hacerse el héroe en el submundo. No podía forzar a abrir puertas que no le correspondían porque ese pelirrojo solo era un simple humano.

Se había alejado bastante de la gente, hasta que sintió el olor de Taiga llegarle junto al de aquel neófito y sonrió, creo que esta será la última vez que lo veré, pensó con amargura. Cerró los ojos para concentrarse mejor en el olor y quizá oír la "pelea", que él daba por terminada en cuestión de segundos, porque un neófito era más fuerte y veloz por su juventud y porque su sistema tenía más sangre humana al ingerir sin límites; ellos era un descontrol total. Pero eran más peligrosos cuando adquirían experiencia, justo como este.

Aomine frunció el ceño cuando el olor de la sangre todavía no llegaba a sus narices, solo seguían los mismo olores que al principio, ¿estarían peleando? ¿Qué mierda estaba pasando ahí?
La curiosidad empezó a aparecer en su persona y abrió los ojos, buscando con la mirada a donde ir, porque parte de él quería ir hacía ahí y ver con sus propios ojos lo que pasaba. No podía escuchar como quería, debido al bullicio de la gente en los juegos y el sonido de estos mismos.
Caminó un poco, yéndose detrás de la casa de los espejos, encontrando algo de silencio ahí.
En ese preciso instante, fue cuando el olor a sangre le llegó a su nariz y pensando que era el de Kagami, se alertó de forma involuntaria. Pero se llevó una gran sorpresa cuando ese olor sanguíneo era el del vampiro, que parecía putrefacto, dejándolo casi sin aliento, no por el mismo aroma, sino por lo que indicó eso.
¡¿Acaso ese humano pelirrojo lo había matado?! ¡¿Un humano había matado a un vampiro neófito?!
Aquella vez con Hanamiya lo creyó posible por las armas que tenía Kagami y por la aparición de Alex, que se notaba ella si era una vampira con mucha experiencia, pero esta vez no vio señas en el cuerpo del primero que indicara llevara armas, ¿qué mierda es lo que había pasado entonces?, porque por más que forzó su sentido del olfato, no sintió el olor de la sangre de Kagami, al contrario; el olor de él era mucho más fuerte y olía a cual tigre salvaje en plena acción. Y se concentró en ese olor, hasta que de pronto lo sintió más cerca, más cerca y más cerca…

— ¡…! —Aomine se quedó estupefacto y completamente asombrado al ver como el pelirrojo pasó corriendo a unos diez metros de distancia desde donde estaba, frente a él y quien sabe a dónde.

No se veía herido, para nada, pero lo que hizo que el peliazul incluso abriera los ojos como platos por la sorpresa, siendo que casi nunca se mostraba así, era porque el ritmo con el que Kagami corría, no era el de un humano.

Y, finalmente el shock del momento hubo pasado, se decidió a seguirlo sin pensar, simplemente haciéndole caso a su instinto.


Casi media hora antes, Kagami estaba trotando en aquel parque de diversiones para encontrar a aquel vampiro, guiándose en la dirección que antes vio, aunque no era nada seguro que lograra algo con seguir ese mismo camino. Pero tenía una corazonada de ello, no necesitaba al ególatra de Aomine para seguir un rastro, después de todo él también tenía buena intuición.
Aunque de alguna manera no evitaba sentirse decepcionado por la respuesta que tuvo, siendo que ya sabía la manera de ser de ese peliazul desde que lo tuvo en su casa, ¿o quizá pensó que podía llegar a ser como lo eran Hyuuga y Kiyoshi una vez llegó a conocerlos mejor? Porque era claro que Daiki se portaba más arisco de lo normal antes ya que estaba en una casa con vampiros y parecía odiarlos. Y no es que esperara algo del peliazul, porque tampoco contó con que volvería a verlo cuando llegara a Japón, no contaba con su ayuda, simplemente pensó que él podía ser compasivo por tratarse de su misma especie, pero le demostró justo lo que Alex le dijo hace semanas atrás; Aomine era alguien egoísta y arrogante.

No estaba esperanzado en él, así que tan pronto dejó de pensar en ese lycan, Kagami se concentró mejor, dejando que esas ligeras habilidades que lo hacían diferente a cualquier humano le ayudaran un poco. Sabía que completamente era un mundano no normal, porque desde que cumplió los doce años, podía percibir cosas que otros no; era capaz de diferenciar a un vampiro de un humano con solo verlo, con solo sentir su olor, del mismo modo que un lycan de un humano o de un vampiro o un lycan, cuando según había leído eso era algo que se adquiría con la simple experiencia de un cazador y él a esa edad no era nada experto. Tampoco se molestó en ocultárselo a Alex o Himuro y ellos no parecieron darle mucha importancia, al menos no en su presencia.

Gracias a eso, lo llevó como cinco minutos darse cuenta de la presencia de aquel vampiro, que estaba reclinado contra la taquilla para entrar a la casa del terror. Vaya que eso era una maldita ironía que hizo sonreír a Kagami con desdén y aceptó el reto.
El vampiro le miró con indiferencia, pero simplemente entró a ese lugar de forma fugaz que si el pelirrojo hubiera parpadeado no lo hubiera visto—y eso también era algo raro en un humano—, por lo que siguió sus pasos.
Como él no podía moverse a esa velocidad por obvias razones, el encargado le miró raro porque entraría solo, sin embargo no dijo nada por el aura amenazante que tenía Kagami, parecía una fiera llena de adrenalina. Y de cierta forma, así estaba.

Cuando entró al lugar, empezaron las parpadeantes luces y tuvo enfrente muchos caminos a elegir, escuchándose a lo lejos los gritillos que daban la gente y los espeluznantes gritos de los supuestos monstruos. Se estremeció ligeramente, Taiga no le temía a los vampiros ni hombres lobo, pero si se trataba de los fantasmas, pues…
Agitó su cabeza y se concentró, debía hacer su trabajo. Pero al adentrarse a uno de los caminos con los sentidos alerta, pese a que se movió rápido y lo sintió venir, el vampiro le atacó, jalándolo para meterlo en un pasillo bastante sospechoso entre aquella casa del terror.

— ¿De verdad creíste que no adivinaríamos sus planes? —inquirió aquel vampiro con una risa superior.

Kagami se movió antes de que aquel vampiro le atizara una patada en el estómago y rodó debajo de unos muñecos realistas que estaban siendo movidos por varios delgados tubillos de metal, pero fueron destruidos cuando aquel vampiro de cabello gris volvió a lanzar otra patada.

—Qué decepción es ver que el Tigre Cazador se presta para carnada —se expresó nuevamente el chupasangre.

Era realmente imposible que Taiga pudiera seguir el ritmo de los golpes que le lanzaba el otro chico, porque por más bueno y genial que fuera peleando y rápido, todavía no podía usar la única arma que traía consigo porque su trabajo ahí era de distracción para ese líder inexperto. Tenía que aguantar lo más que pudiera esos golpes que parecían casi quebrarle los huesos cuando recibió ese puñetazo en el estómago.

Jadeó y frunció el ceño tras chocar contra la pared de metal y cemento de ahí, pues fue lanzando por el peligris. Kagami no respondía a sus comentarios, para no perder la concentración; al menos agradecía que su cuerpo fuera resistente, pero seguía siendo vulnerable.

—Mah, es aburrido ver que no haces nada, ¿acaso todos mentían cuando decían que eres un excepcional cazador?

—… —Kagami simplemente le miró y le sonrió provocadoramente.

—No creas que no me divertiré contigo solo por eso, maldito —espetó el peligris con sorna.

Se movió velozmente, con movimientos que un ojo humano jamás podría llegar a percibir, sin embargo, Kagami lo siguió por puro instinto. Divisó las garras de aquel vampiro y atinó a sacar su arma para dispararle a esa mano, cosa que fue un error, se suponía que debía aguantar. Pero no era imbécil para no darse cuenta de las intenciones de aquel chupasangre y tampoco iba a dejar que le torturaran de esa manera, su trabajo era tenerlo entretenido, nada más.

— ¡Agh, maldito! ¡¿Qué es lo que me hiciste?! —rugió el vampiro, con los ojos rojos por la amenaza y el ardor interior de su cuerpo; su mano estaba bien, pero le dolía como si tuviera el sol o la plata ahí dentro.

—Un baño de humildad para ti —sentenció Kagami con una pequeña sonrisa y la expresión encendida.

Pero para nada iba a cantar victoria así como así, porque ese vampiro sonrió, con sus colmillos ya creciendo dispuesto a morder lo primero que tocara y gracias a que se había alimentado de sangre mucho antes, es que ese balazo no lo dejaría fuera de combate tan rápido. Hizo una finta de ataque y Kagami no pudo moverse como quiso debido la gran velocidad ajena, por lo que el vampiro logró patearle la mano, dislocándosela por ello y haciendo que soltara la pistola.
Ahogó un alarido de dolor al escuchar su hueso moverse del lugar por tremendo golpe y miró con odio infinito a la sanguijuela.

—No pensaste que siendo un humano podrías contra mí, ¿verdad? —rió el peligris.

La diferencia de esta pelea con la que tuvo con Hanamiya mucho tiempo atrás, era que esa vez el tipo ese estaba distraído, además, le disparó perfectamente en el corazón, además de que esa vez tenía un fuerte golpe de adrenalina. Pero este vampiro de ahora era demasiado escurridizo y aunque la magia de Alex fuera perfecta, no era precisa sino estaba plenamente concentrado, como aquella vez. Por lo que debería fijar más su objetivo, porque si no a este paso terminaría perdiendo la batalla, justo como le había dicho Aomine y para nada le daría la razón.
Así que con el dolor de su muñeca, logró rodar el suelo e incorporarse, con su voluntad firme e hirviente como el fuego.

—Vaya que eres estúpido, no importa lo que hagas, de todos modos el perro mojado de tu amigo morirá —espetó el vampiro de cabello gris.

—Heh, te crees demasiado, maldito chupasangre —gruñó Kagami, enfrentándolo con la mirada.

—No, Tigre —la voz del vampiro se llenó de burla y rió—. Es como te lo dije, sabíamos que ustedes vendrían y la estupidez que tratarían de usar para llevarse a la perra esa, lo que es perfecto porque era justo lo que queríamos.

Eso hizo que el pelirrojo se pusiera serio, tuvo un mal presentimiento de pronto.

— ¡¿Qué mierda estás diciendo?! —rugió Kagami.

—Es nuestra venganza, Kagami Taiga, tú mataste a nuestro creador hace más de un mes, ¿recuerdas? ¡No creas que te librarás tan fácil por haber matado a Hanamiya!

Entonces, el cuerpo de Taiga sintió la amenaza y el peligro latente, esta vez no pudo hacer nada cuando el otro le lanzó semejante golpe en su brazo derecho, casi quebrándole el hueso y fue imposible que un alarido no saliera.

—La venganza es mejor cuando se cobra con otras personas.

Kagami entrecerró los ojos por el dolor al sentir las uñas de aquel vampiro enterrarse en su brazo para alzarle y darle un rodillazo en el estómago.

—Tus amigos pagarán por tu culpa —susurró el vampiro.

"Deja de creerte el maldito salvador del mundo, solo estás perdiendo tu tiempo siendo algo que no eres", la voz de Aomine sonó en la mente del pelirrojo, repitiendo esa frase hasta el cansancio mientras le estaban dando una buena paliza torturante por parte del chupasangre, porque bien podía matarlo de un golpe siendo solo un humano, pero tal parecía que estaba jugando con él como si fuera una pelota.

—No entiendo como alguien tan débil y poca cosa pudo matar a nuestro creador —bramó el vampiro peligris—. ¡Pero es lo que más coraje me da! —exclamó y lanzó una patada más al estómago del pelirrojo.

"… tú solo estorbarás", sonó nuevamente la voz del peliazul en la mente de Kagami, haciéndolo enfurecer, ¿qué acaso ese tipo presumido iba a tener razón? ¿Dónde estaba la fortaleza que presentó cuando encaró a Hanamiya?

Entonces, mientras seguía siendo golpeado, las imágenes de Kiyoshi y Riko siendo asesinado, empezaron a encender algo en su pecho y mente, añadido el hecho de la provocación que sentía al recordar las palabras que Aomine le dijo, además de pensar también el dolor que podría sentir Hyuuga. Su sangre aceleró su viaje por sus venas y la adrenalina empezó a crecer desde el interior de su ser.

¡De ninguna manera me daré por vencido!, pensó Kagami y justo cuando el vampiro planeaba enterrarle la mano con esas largas uñas a una velocidad impresionante—que sería normal para otro de su especie y espectacular para un humano—, lo esquivó.

— ¡No vas a dañar a mis amigos, maldito vampiro! —rugió Kagami, dejando atónito al peligris porque pudo esquivar ese golpe.

Los ojos de Taiga brillaron y entonces, pateó al vampiro con fuerza, sin importarle el romperse el pie al sentir la dureza de la piel de granito de ese ser y dio una voltereta para terminar pisándole la cabeza a una velocidad para nada humana.

El chico vampiro apenas tuvo tiempo de reaccionar al darse cuenta del despertar de acción que tuvo el según humano, que con esos movimientos no lo parecía en nada, al contrario, con esos movimientos salvajes e impulsivos, daba señas de ser algo más.

— ¡Tú no…! ¡No es posible que seas un li…! —pero el vampiro no pudo completar su oración, porque su boca fue rota de un pisotón por parte del pelirrojo.

Kagami estaba encendido, se aseguró de arrancarle las extremidades a ese vampiro y pese al dolor en su muñeca izquierda y la sangre seca de su rostro por los anteriores golpes, buscó su arma y le disparó más de una vez a aquel chupasangre para que se deshiciera.

Y entonces, ignorando todo lo que este escándalo podría generar después cuando el juego se detuviera y vieran los destrozos, salió corriendo con una velocidad para nada humana, pero no le importó. La noche estaba bastante avanzada ahora, de modo que con la gente que había, nadie podría notar que estaba corriendo a un ritmo nada normal.
Ignoró todo su dolor corporal y corrió, corrió sin percatarse de nada más.

Se sentía diferente, era capaz de escuchar mejor algunas cosas y ver del mismo modo, por ese motivo es que no tardó en identificar el olor de Kiyoshi, que estaba a varios kilómetros de distancia, casi a las afuera de la ciudad.
En estos momentos, Kagami parecía un animal salvaje, corriendo en todo el terreno detrás de los edificios, tomando caminos oscuros y peligrosos, pero incluso ahí, los pandilleros no fueron capaces de hacerle frente al notar su imponente presencia que les hizo recordar a cierto peliazul del barrio.

Era en un hotel abandonado, donde el olor de Kiyoshi era más fuerte y se percibía el olor de Riko de igual forma, por lo que no dudó en entrar tras romper la ventana, pero Taiga se llevó un chasco cuando se dio cuenta ese hotel no tenía piso, de modo que al entrar de esa manera, terminó cayendo varios metros hacia abajo. Pero de todos modos cayó de pie y no sintió dolor, pese a las heridas de su cuerpo.

—Así que viniste, heh —dijo una voz desconocida, pero era obvio que se trataba de un vampiro.

En ese momento, un alarido sonó y la luz del centro de aquel hotel se encendió.

— ¡Teppei! —exclamó la voz de Aida con los ojos cristalizados, ella estaba jadeando y tosía sangre, mientras intentaba incorporarse.

Los ojos rojos de Kagami volaron para encontrarse con el castaño lycan, retorciéndose del dolor, pero apretando los labios para no soltar ningún sonido. Estaba en su forma lobo, pero esta misma empezaba a deshacerse.

— ¡¿Qué demonios les están haciendo?! —rugió Kagami, casi como un aullido de ira y tras guiarse por el olor, encontró la posición de un vampiro al que le atinó un balazo; era imposible para esa raza que les tomaran de sorpresa por sus excepcionales reflejos, pero ese tiro no falló y aquel vampiro cayo, retorciéndose también.

—Deberías relajarte, todo lo que hagas, tus amigos lo pagaran —espetó la misma voz y el vampiro se dejó ver; tenía el gesto peculiar de que sus ojos parecían muertos, como los de un pescado—. Era tonto pensar que simples perros podían contra nosotros; Hanamiya nos dejó muchos conocimientos por si él no estaba y tú no mataste a todos.

—La plata líquida es uno de eso, ¿sabes? Y cómo inyectarlo a otros vampiros para que al morderles se contaminen de eso, justo como les pasó a tus amigos —dijo una voz más, que dejó ver a un vampiro con el cabello peinado hacía atrás y un curioso lunar en la frente, donde caía un mechón de cabello.

—Tú decides si quieres verlos morir o te entregas tú. Pero deberás soltar esa arma tan peligrosa —ordenó el mismo vampiro de ojos muertos.

Kagami apretó los dientes y luego su expresión se tornó realmente preocupada e impotente de ver a sus amigos sufrir; sabía bien lo que la plata líquida causaba, porque justo así estuvo Aomine hace un mes y sí él que era un lycan pura sangre sufrió así, no quería pensar como les afectaría eso a Riko y Kiyoshi. Él estaba ahí para ayudarlos e incluso si tenía que entregarse a esos vampiros, no dudaría en hacerlo, pero entregarse no era una opción, porque no confiaba en ellos, de modo que solo le quedaba una opción, por más imprudente que fuera.
La adrenalina en su cuerpo seguía caliente, hirviendo con cada célula, estaba decidido a pelear y además, tenía a Alex.

Así que de forma impulsiva, saltó y corrió como si estuviera volando, pasando a traer al vampiro del lunar, disparándole, ahora tenía ese golpe de fuerza, impulsado por el deseo de proteger a sus amigos. Estaba completamente imparable.

—K-Kagami… —jadeó Kiyoshi, mordiendo los labios para aguantar esa quemazón interior, que parecía fundir todos sus órganos. Pese a lo mareado que estaba, podía distinguir la figura de pelirrojo estar peleando contra esos vampiros.

Era una fuerte potencia que Taiga tenía, sus reflejos estaban al máximo, incluso el mismo se sentía parte del submundo con los golpes y movimientos que atezaba, que lograron derribar a dos vampiros del grupo gracias a su arma.
Pero con lo que no contaba el pelirrojo, es que así de rápido como vino ese golpe de poder dormido, así se fue. Debido a que su cuerpo no estaba listo todavía, el descenso fue peor y su cuerpo le respondió de la peor manera; entumeciéndose.

—Debiste elegir cuando te dimos esa opción, ahora los tres morirán aquí —masculló el vampiro de ojos muertos con una expresión lastimera—. Pero es sorprendente que un simple humano se mueva como tú y haya logrado dejar fuera a dos de mis compañeros.

Taiga jadeó con fuerza y cayó de rodillas. Sentía su cuerpo fatigado y sus ojos estaban nublándose.

—Es una lástima que tengamos que matarte, pero la muerte de Hanamiya debe ser vengada, simplemente así —expresó el mismo vampiro y sonrió.

— ¡Kagami-kun! —exclamó Riko, viendo horrorizada como alzaban al chico del brazo, retorciéndoselo para fracturarlo.

Kiyoshi necesitaba hacer algo, pero no podía. La plata en sus venas no le dejaba hacer nada, absolutamente nada. Además, ya estaba en su forma humana, no había algo que pudiera hacer, solo en ese momento se lamentó el no ver a Hyuuga por última vez.
Se arrastró como pudo hasta Riko y le sujetó la mano, sonriéndole.

—Todo estará bien —susurró con fatiga, pero aun así la chica tenía los ojos llenos de lágrimas.

¡Debo moverme! ¡Esto no puede acabar así! ¡No!, pensó Kagami, removiéndose, pese al dolor tremendo en su hombro gracias a la zafadura del hueso. Miró de reojo a sus amigos, no podía ser que todo se hubiera desencadenado así, no lo toleraba, pero por más que quisiera, su cuerpo no le respondía para nada. Fue como una vela; brilló intensamente por un rato antes de apagarse.

—Muere —susurró el vampiro de ojos muertos y sus colmillos crecieron a la vez que sus ojos se mostraron rojos completamente.

Y lo mordió. Sin embargo, no pasó ni cinco segundos, cuando el vampiro fue jalado y lanzado hacía otro lado, desmembrado en el proceso.

— ¡Kagami! —el rugido que Aomine dio, retumbó en todo el hotel en ruinas, que parecía a punto de caerse. Estaba furioso, su mirada era completamente salvaje e incluso se había movido más rápido de lo normal.

Porque ahora con más ganas mataría a esos chupasangre.

Y Kagami solo vio la figura enorme lobuna del peliazul protegerle antes de cerrar los ojos.


Huehuehue(?) –hace cejitas, pls-.

Por algo les dije en el capítulo anterior que me quedó esto de forma conveniente en su lugar de encuentro, ajajajaja x'DDD. ¿Les gustó ver a Kagami en acción? Su fuerza sale cuando se trata de sus amigos, como pudieron notar(?).
Y ya ven que Aomine no es tan culero como quiere parecer eué.

Tengo una pregunta para ustedes, ¿les gustaría que en cada final de los capítulos en las notas les deje algo de spoiler del capítulo que continua? :v

Espero lo hayan disfrutado y puedan hacerme llegar sus comentarios, ¡los amo y gracias por leer!