¡Hola, hola, hijos del rebaño del señor del yaoi! xDDD.

Pues cómo ven, ya vine a dejarles otro capítulo más de esta historia, que tal parece en el anterior muchos sacaron una única conclusión de los hechos… Así que déjenme decirles que nunca descarten nada y que no todo es lo que aparente :'v.
¡Muchísimas gracias por sus comentarios! ;u;

Bueno, les dejo el capítulo que espero disfruten. Y disculpen si tengo algún error ortográfico o incoherencia narrativa uvu.

Ah, sí, creo que este era el capítulo que muchos han estado esperando, ya verán porque lo digo luego(?).


El portal que tiempo atrás Alex creo para que el vampiro pelinegro pudiera ir con Kagami, luego de la visión de esta y el cambio de color en el anillo del segundo, estaba empezando a cerrarse. No porque la rubia fuera débil, si no que el portal había sido precoz, algo espontaneo por la rapidez en que se creó y por ende, con poca duración. Y como Himuro se encontraba ahora prensado del cuello del pelirrojo, dejándole esa ponzoña que convertiría a un humano en cualquier vampiro; pero Taiga no era un humano cualquiera, puesto a diferencia de la primera vez que fue mordido, su cuerpo no reaccionó como si quisiera expulsar esa ponzoña, no lo tomó como veneno, sino como antídoto.

Kagami siseó y apretó los dientes casi en un gemido al sentir su sangre ser succionada y sujetó las muñecas del pelinegro con fuerza, teniendo los ojos entrecerrados; era un estado dolorosamente placentero, ¿o tenía que ver con era Tatsuya el que hacía eso?, puesto incluso inclinó la cabeza para darle espacio. Cosa que el vampiro de cabellos negros aceptó gustoso y con los ojos rojos carmesí, se apretó más a esa piel; joder que esa sangre era maravillosa, perfecta, lo estaba volviendo loco. Más de una vez se imaginó bebiendo esa sangre que siempre le llamaba de cierta forma, pero su mente no le había hecho justicia. Y aunque siempre se negó a hacerlo, tanto porque era su hermano y porque no quería verlo como una presa, ahora su seguridad era más importante.
Tal como pensó hace tiempo, solo haría a esto en el último momento y si la vida del pelirrojo peligraba.

— ¡Quítate, vampiro, deja a Kagami! —rugió Aomine, destilando hiel por la voz con la imagen que tenía delante; ya sabía que solo para eso tenían al pelirrojo ese par de vampiros de mierda, porque todos eran traicioneros. Y ahora tal parecía que el humano pasaría a ser uno de ellos (si es que no era uno ya, por lo que vio del pelirrojo antes). Gruñó, cabreado, no podía permitir que eso le estuviera pasando al chico, no cuando… No cuando se estaba dando cuenta de lo importante que era para su vida ahora. ¿Por qué ahora?

Daiki se dijo a sí mismo que era un gran imbécil. Si hubiera aceptado esto antes, se habría ahorrado muchas cosas y ahora no estaría sufriendo asco ni ansiedad de ver que le hacían a Taiga, porque aunque quisiera, no podía hacer nada; las heridas de su cuerpo no sanaban como desearía, ya que como estas fueron creadas por su misma especie, el proceso de curación era diferente, añadido el hecho de la luna roja; incluso podría morir. Y ahora simplemente veía la escena con impotencia.
No podía evitarse sentirse malditamente furioso así como ¿celos? de ver la facilidad de aceptación con que Kagami se dejó morder, así como así, ¿qué era esa maldita frase de "y yo te dije que no te guardaría rencor por eso"? ¡¿Qué acaso el mundano esperaba ser mordido?! Eso le cabreaba tanto.
En un lejano lugar de su mente, recordó a Haizaki, pero de todos modos no habría que preocuparse por él ahora, puesto los golpes y la bala que anteriormente le dio Taiga, ya lo tenía completamente inmóvil.

La mordida estaba tardando demasiado, ¿o así lo sentía Aomine?, porque hasta parecía temblar de la ira y quizá eso tampoco estaba ayudando a la sanación de sus heridas.

—Te aconsejaría que todavía no te movieras —dijo la calmada voz de Himuro, cuando por fin despegó sus colmillos de su hermano, dejando ver dos hilos delgados de sangre y sin necesidad de más, la herida se cerró.

— ¡Imbécil, te mataré! —rugió nuevamente Aomine, tratando de incorporarse, todavía con las heridas abiertas de donde salía sangre. Un simple humano ya habría muerto— ¡¿Cómo te has atrevido a hacerle eso a Kagami si él los llama "familia"?! —añadió con coraje— ¡Maldito vampiro!

—… —Himuro entrecerró sus ojos, cuando sus pupilas grises notaron algo en el licántropo moreno. Esto no puede ser posible… ¿de verdad, Taiga también está destinado a pasar por eso?— Debería matarte, tú has sido el principal causante de que Taiga perdiera el control muchas veces en sus emociones —bufó con frialdad—. Pero no lo haré, porque necesito que tú…

— ¡No te ayudaré en nada, maldito vampiro! —discrepó Aomine, con la expresión fiera y llena de odio.

—Necesito que me ayudes a cuidar a Taiga en estos momentos —finalizó Himuro de todas maneras, haciendo caso omiso de la interrupción ajena.

—Tú… ¡bastardo, fuiste tú quién lo convirtió en un jodido vampiro! ¡¿Cómo te atreves a insinuar eso?! —gruñó Aomine con amargura.

—Taiga no será un vampiro —susurró Himuro con el gesto sombrío, lanzando una mirada furtiva al licántropo peligris, que tenía una expresión de odio también ante todos—. Si de verdad mi hermano te importa como dejas ver, lo que sea que él se convierta, no debería de afectarte, ¿verdad? —inquirió con una sonrisa serena.

— ¡…! —ciertamente, Aomine no supo que decir. No podía negarlo, pero tampoco decir que sí. Y es que sí ese pelirrojo que le atraía de mil maneras posibles resultaba convertirse en un vampiro, ¡¿cómo demonios lidiar con la misma historia por segunda vez, joder?! O bien parecía que ya lo era por todo lo sucedido antes. ¡Esto era demasiado para su corazón, cuando no tenía ni mucho de haberse dado cuenta que su pasado estaba siendo superado!

Himuro cargó a un Kagami desmayado y así se acercó el moreno.

—Entiendo tu confusión, pero tú eres la única persona que puede estar al lado de Taiga ahora y como él lo es todo para mí, quiero verlo feliz. Así que no toleraré un "no" como respuesta —dijo sin más, viendo directamente a los ojos del lycan, dejando ver en sus ojos un lazo mucho más grande que simple hermandad.

— ¿¡Hah!? —Aomine le miró con una ira homicida e irritada. No le gustó esa maldita mirada de protección y otras cosas que el vampiro tuvo cuando habló del pelirrojo— ¡Tú no me dices qué hacer!

—No lo estoy haciendo, solo te estoy diciendo las palabras que es necesario te griten en la cara para que te des cuenta de lo que de verdad quieres hacer —respondió Himuro con inexpresión—. Eres el licántropo más terco que he conocido.

— ¡Cállate! ¡Yo no confío en ti! —dijo Aomine, alzando la voz de forma tenebrosa.

— ¿Qué puede más en ti, Aomine-kun? —quiso saber Himuro con gesto grave— ¿No sé supone que lo más importante para los lycans es el amor? ¿No puedes arriesgarte ni un poco por Taiga?

—Tsk… —Aomine chasqueó la lengua y miró con gesto de odio y arrogancia al vampiro. Sí, odiaba que le dieran órdenes o le dijeran lo que debería hacer, pero debía admitir que parte de lo que ese jodido emo pelinegro le dijo, era verdad de cierta forma. No obstante, seguía indeciso, porque, ¿cómo afrontar eso? Es decir, ya bastante le costó terminar aceptando hoy su atracción inmensa por un humano, mismo que ahora pasaba a ser un vampiro, aunque por todo lo que pasó antes incluso de que le mordieran… No sabía que creer.
No hacía mucho había logrado superar el agujero negro en que su pasado amor lo metió, que precisamente era por un vampiro, ¿y ahora debía afrontar el estarse enamorando de otro?

Porque sí, era demasiado pronto para decir que lo que tenía Daiki con Taiga era un enamoramiento, puesto estos no suceden tan rápido—o es la lógica del mundo—. Sin embargo, esa atracción magnética era realmente inmensa y era con lo único que se podía asemejar, claro que lo hacía de forma casi subconsciente.

Y algo le decía a Aomine, que si se iba por el "no", se arrepentiría mucho. Además, estaba el hecho que la curiosidad y el interés lo estaban frustrando todavía más. No soportaba la idea de ver a Kagami convertido en un vampiro, simplemente no podía, pero era cierto él hecho de que de verdad lo que sentía por él era tan fuerte como para hacerle replantearse muchas cosas y agrietar más sus rotas barreras. Eso ya lo sabía, solo necesitaba aceptarlo.
Cosa que hizo en el preciso instante en el que vio el cabello rojo del chico y recordó a aquella muchacha de hace tantos años que tenía su mismo olor.

Del mismo modo en que Kagami quería conocer todo lo escondido del licántropo, Aomine sintió la necesidad y el deseo de querer hacer lo mismo con él.

Y lo haría, descubriría la verdad que el pelirrojo ocultaba.

—Veo que has tomado tu decisión —aventuró Himuro con serenidad y lanzó una última mirada al otro licántropo peligris, que todavía seguía en su forma lobuna.

—Deja de hablar por mí, maldito chupasangre, o te mataré —demandó Aomine con desdén y pese a que el cuerpo le dolía en demasía, así como de sus heridas todavía salía sangre, logró incorporarse sin hacer ninguna mueca ni gesto de dolor, todavía sintiendo la frescura de sus heridas. Sobre todo la de su abdomen y tuvo que sujetársela un poco.

—Deberías vestirte —señaló Himuro y lanzó su abrigo negro, pero el moreno simplemente lo ignoró, dejando que se cayera al suelo—. Deberías considerarlo, a donde vamos necesitarás ropa

El portal nuevamente empezó a abrirse y el vampiro entró ahí, viendo el rostro dormido de Kagami mientras lo cargaba. Escuchó como el peliazul hizo un sonido de molestia, pero no agarró el abrigo, al menos no para ponérselo, simplemente para quitar la evidencia de Haizaki.
De la pistola no se preocupó, porque mucho antes el pelinegro la agarró.

—Más te vale que me des una buena explicación, porque si no de verdad terminaré matándolos —siseó Aomine con gesto altivo, ordenando.

Pero Himuro simplemente sonrió cortamente.

—Ugh, todavía no he matado a ese… —susurró Aomine con acidez al acordarse del peligris lycan.

—El disparo y el ataque que le dio Taiga se encargara de matarlo —dijo sin más Himuro y entró al portal, atravesándolo.

Y Aomine lo siguió sin mirar atrás.

Estaba seguro que desde hoy, su vida no sería la misma.


Aunque Aomine se forzó a sí mismo a no derrumbarse mientras caminaba por ese portal, resultó que al final las fuerzas le abandonaron y terminó tambaleándose. Puesto, por más que le molestara, había perdido demasiada sangre, añadido el hecho que era realmente complicado que su tremenda herida en el abdomen sanara tan fácil y menos si este estaba en movimiento, por más hombre lobo cool que fuera.
Fue por eso que se quedó dormido involuntariamente sin antes exigir y demandar que se le dijera que demonios estaba pasando, porque cuando Alex le volvió a decir que Kagami no se convertiría en vampiro por la mordida del pelinegro y luego de pensar que estaban locos y eran unos imbéciles, se dio cuenta de que estaban guardándose un secreto bastante grande. Dado que todo esto se ceñía en Taiga, él estaba dispuesto a enterarse sin importar qué.
Pese a sus protestas, la vampira rubia terminó curando sus heridas, ayudando a que sus órganos del estómago se regeneraran más rápido, porque gracias a la luna roja, su sanación estaba siendo más complicada que de costumbre.
Debido a eso, no pudo estar consciente en lo que sea que le hicieron a Kagami.

"Aomine… pase lo que pase, tú… De verdad me gustas". "De verdad me gustas". "Me gustas".

Ese había sido todo el sueño de Daiki y terminó despertándose de golpe al sentir el olor del pelirrojo inundar sus fosas nasales de golpe, haciéndole sentir algo ansioso.
Vaya, de verdad que ese vergonzoso humano había terminado declarándosele en ese momento en que pudo matarlo; Kagami siempre lograba sorprenderlo, porque jamás hubiera pensando que este hubiera sido el primero en decir lo sentía, porque era obvio que lo sentía. Entre ambos, sabían de cierta forma que el sentimiento era mutuo, su subconsciente lo sabía.
Recordar eso le hizo sonreír de manera… divertida y complacida. Hacía tanto tiempo que Aomine no sonreía con esa sinceridad.
Pero se le pasó la felicidad, ya que le llegó la culpa de lo que casi termina haciendo ayer. De no ser porque Haizaki le hirió así, hubiese terminado devorándose a Kagami, matándolo…
Se estremeció de solo pensarlo y negó, sentándose en la cama. Debía remediar eso de alguna manera.

No sabía que hubiera hecho si hubiese lastimado al pelirrojo. Iba a ser algo imperdonable.

—Así que ya despertaste —musitó Alex desde el pasillo, a sabiendas que pese a la lejanía, el lycan sería capaz de escucharla.

Aomine no respondió, simplemente fijó su mirada en la puerta, escuchando y oliendo a la vampira que cada vez se acercaba más, hasta que entró a la habitación con una mirada calmada y una sonrisa aliviada. ¿Qué acaso ese chupasangre se preocupó por él?

—Hah, que maravilla es ver que tu cuerpo recibió perfectamente mi tratamiento —aprobó Alex, sonriendo de oreja a oreja, llevándose ambas manos a la cintura.

— ¿Qué es lo que me hiciste? —exigió Aomine, viéndola con desconfianza.

—Pues, tuve que purificar tus heridas, por las energías tan abrumadoras de la luna roja y también… —empezó a decir Alex, con el gesto pensativo.

—No me refería a eso, rubia —interrumpió Aomine con brusquedad—. Si no a lo que me hiciste en el pecho aquella vez.

Alex le miró con perspicacia, para luego sonreír con cierta diversión.

— ¿De verdad no te has dado cuenta a estas alturas?

Daiki enarcó una ceja y le miró de mala forma.

— ¿Qué? ¿Me vas a decir que tú hiciste que Kagami me gustara de esta forma? —se mostró sarcástico, aunque si pensaba bien, parecía lógico, considerando todas las cosas que hasta ahora le habían pasado.

La vampira de ojos verdes suspiró y negó unos segundos con los ojos cerrados, causando un hermoso movimiento con su cabello rubio suelto.

—Yo no hice algo como eso —Alex le miró—. Uso magia, pero no puedo hacer que otros se enamoren de otros —sonrió con paciencia—; lo único que hice en el segundo golpe, fue transferirte la calidez del cuerpo de Taiga para establecer tus… "fuertes" emociones.

—… —Aomine le miró con sospecha. ¿Eso quería decir que ella fue la culpable que sintiera esa atracción o qué? Todavía no terminaba de entender.

—A ti ya te atraía Taiga desde antes, eso no me lo puedes negar —acusó Alex con una pequeña sonrisa maliciosa, haciendo bufar al peliazul y desviar la mirada algo avergonzado—. Me doy una idea de que tienes un pasado terriblemente duro, porque sé bien tus raíces, Daiki —dijo aquello de forma más delicada, para que el otro no se alterara—, por eso sé has de tener tus razones para evitar querer a Taiga. Pero bueno, al final resultó que no serviría cuanto huyeras, porque mi Taiga es irresistible —Alex se mostró orgullosa e hizo enfurruñar al lycan.

Pero Aomine se sintió demasiado celoso cuando la rubia se expresó como "mi Taiga", en lugar de solo el nombre.

—Eso no explica por qué demonios hiciste lo qué hiciste. ¿Qué eso no es lo mismo que forzar a qué me gustara?

Alex volvió a negar, viendo al peliazul como quién ve a un niño que aprende a leer las vocales.

—Te brinde esa calidez, para no dejarte morir en el mar de tus recuerdos que hice resurgir con el primer golpe que te di ese día —explicó, tranquila y recordando—. No lo iba a hacer, pero Taiga me pidió que no te matara, ¿recuerdas? —ella sonrió ligeramente y el chico solo frunció el ceño, sonriendo socarrón— Si no lo hubiera hecho, tu corazón hubiera colapsado; en pocas palabras, solo usé el vínculo que ya se había creado entre tú y Taiga, para restablecer la equivalencia de tu corazón, nada más.

— ¿Y eso significa que todo lo bueno que ha pasado conmigo es porque dependo de Kagami? —Aomine se mostró reacio a aceptar eso.

—Tú corazón no cambió ni superó lo que sea que hayas vivido dependiendo de Taiga, date cuenta tu solo. Sobre todo, porque eres un licántropo —expresó Alex, dado por finalizado ese tema. De verdad que ese peliazul debía ser algo cabeza hueca, sino es que bien, pero bueno, no lo culpaba.

El peliazul arrugó el ceño por eso, aunque en efecto, tenía razón. Y se olvidó un momento de la existencia de la rubia, pese a todavía sentía su olor y oírla cerca. Probablemente terminaría de tener muchas respuestas de casi todas sus dudas cuando volviera ver al pelirrojo.

— ¿Dónde está Kagami ahora? —demandó saber Aomine.

—De verdad que te hace falta un baño de humildad —suspiró Alex con resignación, pero luego recompuso su expresión a una amable—. Todavía está durmiendo por lo sucedido anoche, Tatsuya está con él.

—Hah… —Aomine se hizo el desinteresado, aunque por dentro ardía de celos.

Alex soltó una risita, sin afectarle la mirada fría que el otro le dedicó.

—Bueno, como sea, ese no es el asunto importante —habló, poniéndose seria de repente.

—Me lo imagino —asintió Aomine, estudiado con la mirada a la vampira—. Kagami no es un simple humano, ¿verdad? —pese a la interrogante añadida, eso seguía oyéndose como una afirmación.

La expresión de Alex se mostró más sería y miró fijamente al peliazul. Sabía perfectamente el riesgo que corría al decirle ciertas cosas al licántropo, por ende no todo sería revelado para él, solo lo necesario porque estaba segura que además de ser un buen aliado, Kagami lo necesitaría más que nunca tan pronto ese momento llegara.
Ya no solo por sus visiones sabía que Aomine era el indicado para saber parte de lo que era esto, sino por lo que Himuro le dijo que vio gracias a su don ayer. Ahora ya no quedaban dudas.
Solo que tomaría el riesgo de ahora de forma lenta.

— ¿Me vas a decir que Kagami es uno de sus malditos experimentos tuyos, famosa Hada? —insinuó Aomine con una sonrisa altanera, pero molesto, tomándose mal el silencio de la vampira.

Alex casi descompone su expresión por la forma en que el licántropo la llamó, tal parecía que ese chico no era tan cabezota para ciertas cosas.

—Vaya, después de todo, te diste cuenta —ella sonrió ligeramente y suspiró.

—Sé las leyendas que existen en La Noche y prestado atención, no es tan difícil darse cuenta —Aomine se encogió de hombros, sin dejar su mueca de superioridad.

—Heh, como sea, este no es el momento para hablar de mí, ¿verdad? —Alex se acomodó un mechó de cabello rubio tras su oreja— Y no, Taiga no es ningún experimento, ¡claro que no! ¡¿Cómo te atreves a siquiera pensarlo?! ¿Por qué clase de desalmados nos tomas? —resopló, ahora mostrándose ofendida.

—Son vampiros, ¿qué más puedo esperar? —dijo Aomine como si fuera obvio, con una sonrisita de sabelotodo.

—Tú, niño, tienes un serio trauma con los vampiros, que es diferente —espetó Alex con cierta acusación, borrándole un poco la sonrisa al otro.

—No soy un niño.

—Tengo siglos de años más que tú.

Aomine chasqueó la lengua. Ya veía de donde había aprendido Kagami a ser así.

—Bueno, ya —Alex retomó el curso de la conversación—. Lo que pasa con Taiga, es que él no es un simple humano; él no es un humano en sí —confesó al fin. Como el peliazul no mostró sorpresa, continuó hablando—. Él es… Taiga es… un tabú.

Ahora sí, los ojos de Daiki se abrieron de par en par por eso, ¿un tabú decía? No se refería al hecho de relaciones amorosas entre vampiros y licántropos, ¿verdad? Pero entonces, ¿a qué?

—Para proteger a Taiga, usé magia de reencarnación. Él ya te había conocido, me contó que de alguna forma, un licántropo de pelaje azul le salvó de un vampiro cuando se fugó de la casa, pero tú recuerdas ese suceso diferente, ¿o me equivoco? —Alex estaba solemne al hablar y lo hacía casi en un susurro, que no es que los otros dos lycans que atendió hace una semana siguieran ahí, pero prefería hablar de esa forma.

—Él… Kagami… Yo solo recuerdo a una chica con el mismo color de cabello que él y sus ojos, una chica muy hermosa… —masculló Aomine, sorprendido y recordando eso. Ahora sentía más fuerte esa fragancia.

—Nunca me imaginé que Taiga se volvería a topar contigo después de todos esos años, que precisamente el licántropo que salvó esa noche, era el mismo que le salvó hace tantas décadas atrás —susurró Alex, con el gesto pensativo—. El destino es muy curioso, ¿no?

—Pero Kagami no puede ser aquella chica… Es imposible —Aomine frunció el ceño, se supone que le estaba explicando las cosas, pero solo le hacían confundirse más.

—Originalmente, Taiga nació siendo una mujer —aclaró Alex con firmeza, dejando al otro estupefacto y mudo, por lo que siguió hablando—. Como te había dicho antes, para proteger a Taiga, usé magia de reencarnación; guardé su alma y dejé que pasaran más de ochenta años para volverla hacer nacer, pero diferente —admitió al fin. De alguna manera, sentía que un peso de encima salió de sus hombros al decirlo—. Es una técnica que solo puedo usar una vez con la misma persona.

— ¡…! —Aomine seguía en silencio, no hallaba que decir ahora. ¿Qué el pelirrojo había sido aquella hermosa chica que vio esa vez y ahora era un hombre? ¿En qué embrollo se estaba metiendo?— ¿Proteger a Kagami de qué? —inquirió al fin.

—De la Unión Milagrosa —respondió Alex, cruzándose de brazos y sentándose en el sofá de la habitación—. La vez que Taiga me contó se encontró con ese impresionante hombre lobo azul, me dejó pensando; solo existía un lycan que yo conocía tenía ese pelaje. Y esos eran los del clan Aomine, los que cada cierto tiempo serían llamados para formar parte de esa Unión —ella frunció el ceño ligeramente—. Por lo tanto, pensé que si uno de los miembros la había visto y obviamente sentido su fragancia nada común, empezarían las sospechas e investigaciones. Dado que en ese momento yo no sabía que te habían desterrado, Daiki, tomé mis medidas de precaución junto a Tatsuya.

El peliazul hizo una ligera mueca y luego suspiró. Si bien estaba entiendo algunas cosas, lo que hasta ahora sabía solo lograron confundirlo todavía más.
Esto era tan sospechoso, pero no encontraba las palabras adecuadas para saber más, para saciar sus dudas y en parte, prefería más que fuera el mismo Kagami que le dijera quién era realmente a que terceros se lo contaran.

—Ahora entiendo porque se me hizo familiar aquella vez que estábamos en la rueda de la fortuna —murmuró Aomine para sí mismo, luego enfrentó a la rubia con la mirada—. Pero todavía no me dices lo más importante; ¿por qué querer proteger a Kagami de la Unión? —él no se consideraba ya parte de aquella estupidez, por obvias razones, aunque su lugar siguiera guardado— No te adelantes, esa una pregunta al aire, porque realmente no quiero saber, ya que después de todo, no importa lo que Kagami sea, mis… sentimientos no cambiarán —afirmó con el gesto serio. Probablemente si se lo hubieran dicho en otro momento o se hubiera enterado de otra manera, su reacción fuese sido más… brusca. Mas ahora, el sentimiento de culpa y preocupación que seguía sintiendo por lo sucedido ayer, además del aceptado amor que le tenía, ayudaron a una respuesta positiva.

Alex sonrió, complacida por esas palabras. En efecto, no se había equivocado, aunque todavía le preocupaban otras cosillas que sus visiones le mostraron, pero eran cosas secundarias.

—Qué bueno que lo veas así, porque de todas maneras no te iba a responder eso —comentó con suficiencia, acentuando su sonrisa y antes de que el peliazul rezongara, añadió: —No lo hago porque no te tenga confianza o no crea que tú eres lo mejor para Taiga, pero sencillamente… Será mejor que tú lo sepas cuando él mismo lo sepa, porque no recuerda nada… Él cree que es humano, un humano diferente, claro, pero al fin de cuentas, humano —eso era parte dé, no obstante había otro motivo y eso era que si por alguna razón, el peliazul terminara enfrentándose con aquel vampiro pelirrojo, esa completa verdad terminaría sabiéndose por el don de hipnosis que este último tenía. Aunque claro, con todas las cosas que Alex ya había contado, sería suficiente para que el otro pudiera adivinar todo, pero igual había cosas que omitió en su relato.

— ¿Por qué Kagami no lo recuerda? —quiso saber Aomine, eso ya lo sabía o mejor dicho, sabía que el pelirrojo no tenía idea de lo que le pasaba a su cuerpo con esos golpes de adrenalina.

—Para que no sufriera lo mismo que sufrió cuando era una chica y creció con la memoria a medias, sabiendo lo que era, pero sin obtener una explicación —contestó Alex con cierto gesto sombrío—. Por eso en la reencarnación que le hice, sus recuerdos de su vida como chica fueron borrados, empezando todo desde cero.

—Cuando él lo sepa, seguramente les reclamará —aventuró Aomine, haciendo una expresión desinteresada. Secretamente, se estaba dando cuenta que de verdad ese par de vampiros eran dignos de ser considerados una familia para el pelirrojo.

—Está bien que lo haga, tiene todo el derecho para hacerlo. Pero no me arrepiento de nada, porque con ello hemos logrado protegerlo —Alex sonrió tranquilamente, mas luego vio con advertencia al peliazul—. Es claro que te he contado esto porque sí, aunque lo tomes sarcásticamente, confío en que también cuidarás de Taiga. Pero haces algo que lo lastime y vas a conocer lo aterradora que puede ser una mujer por defender a uno de sus hijos —sentenció, con sus ojos verdes fijos en los azules.

—… —Aomine le miró fijamente, sin inmutarse y luego sonrió socarrón— Intentaré no morirme del miedo, después de todo eres la famosa Hada —dijo sarcástico y altanero.

—Ya no uso ese seudónimo, simplemente soy Alexandra —dejo en claro la rubia—. En fin, el tema importante ha quedado listo, quizá en otra tarde con una taza de té, acceda a contarte la verdad tras esa falsa leyenda suya en La Noche —agregó con cierto sarcasmo, se incorporó y llevó una mano a su cadera. Ciertamente a ella le daba igual lo que dijeran de su persona.

El licántropo de cabellos azules le miró con desdén. Con todo lo que había vivido hasta ahora, no le sorprendía que aquella leyenda que se decía de "La Hada" de su mundo, fuera mentira.


El cuerpo le pesaba por completo, debido a toda la acción de hace días, pero parecía que estaba mejor luego de dormir por casi tres días. Por ello es que ahora Kagami estaba despertándose poco a poco, frunciendo el ceño.
Tan agotado estaba, que ni siquiera soñó nada y se sentía mareado, incluso a duras penas recordaba lo sucedido de esa noche, puesto los recuerdos fueron apareciendo en su mente lentamente. Y cuando al fin apareció en su cabeza la imagen de Himuro mordiéndole el cuello y succionándole, abrió los ojos de golpe, agitado, llevándose otra sorpresa al encontrarse a Aomine, recostado con medio cuerpo en la misma cama y le miraba con interés.

—… —Kagami abrió la boca para decir algo, pero solo se quedó con los labios entreabiertos, estudiando con la mirada al peliazul. Se sintió tan aliviado de ver que ya estaba mejor que como recordaba.

—He velado todo su sueño, deberías sentirte halagado —dijo Aomine como saludo, aparentemente indiferente.

La primera reacción del pelirrojo fue la ligera irritación por ese saludo tan engreído y bufó, pero luego le miró con perplejidad.

— ¿Por qué esa cara? —preguntó Aomine— Qué manera de agradecer que te hiciera el honor de velar tu sueño, Bakagami.

—Deja tus comentarios arrogantes para después, idiota —gruñó Kagami, fulminándolo con la mirada, pero luego suspiró—. ¿Cómo es que estás aquí? O mejor dicho, ¿por qué?

—Porque ya me cansé de intentar alejarme de ti —respondió Aomine, como si fuera obvio.

— ¡…! —Kagami se sintió ligeramente avergonzado por esa contestación tan directa, pero luego se mordió el labio— ¿Aunque sea un vampiro? —según él lo era o estaba por serlo, por como recordaba la mordida de su hermano.

—No lo eres, idiota —bufó Aomine y reclinó su rostro en la palma de su mano, luego de que su brazo se acomodara en la cama, flexionándose.

— ¿No lo soy? —Kagami parpadeó atónito, empezando a darse cuenta de lo obvio; se sentía como siempre. Como "humano".

—Si de verdad lo fueras, ahora estarías buscando algo que morder para chuparle la sangre —repuso Aomine y luego sonrió pícaramente—. Pero si eres tú, me ofrecería de voluntario para darte algo que chupar, aunque no me va hacerla de masoquista —ofreció descaradamente.

— ¡Idiota! —exclamó Kagami, sonrojándose por completo al entender la clara insinuación del peliazul, sobre todo, porque se imaginó mordiendo su…

—No eres tan inocente como aparentas. Deja de pensar cosas raras —puntualizó Aomine, haciéndose el inocente y simplemente se rió entre dientes al adivinar lo que el otro estaría pensando por su expresión.

— ¡Yo no estoy pensando nada! Además, ¡tú empezaste, Ahomine! —gruñó Kagami, frunciendo el ceño y fulminándolo con la mirada. Pero dejando eso a un lado, era cierto que no era un vampiro, todavía no entendía bien que es lo que pasó, mas dejó de pensar en eso cuando se fijó por completo en la sonrisa del licántropo.

Aomine sonreía divertido, con una sinceridad que nunca antes le había visto y eso hizo que casi se quedara deslumbrado.

—No babees por mí, Bakagami.

— ¡Ni quién lo hiciera por ti, Ahomine!

El pelirrojo le miró con aparente odio. Ah, su naturaleza vergonzosa no le ayudaba mucho, sobre todo porque Aomine tenía algo que… lo sacudía por completo.
Y obviamente esto no se comparaba en nada a lo que llegaba a pasar con su hermano.

Se quedaron mirándolo fijamente, sin decir nada más, contemplándole como un ciego recuperando la vista hacía el sol.

Ese inevitable magnetismo estaba ahí, más fuerte que nunca, aunque pareciera imposible. Y como ambas partes ya habían aceptado dentro sí lo que el otro les causaba, ya no podían negarse.

—Pues deberías empezar a hacerlo, sobre todo ahora que no tengo intenciones de irme —sugirió Aomine con cierta coquetería. Y porque yo ya lo hago por ti, añadió en su fuero interno.

— ¡Claro que no!... E-espera, ¡¿cómo que no te irás?! —Kagami parpadeó asombrado por eso, ¿cómo que el peliazul no se iría? No entendía mucho, pero eso le hizo feliz.

La mirada azul de Daiki brilló mientras veía al pelirrojo con fijeza.

—Ya te lo dije; me cansé de alejarme de ti.

Porque era cierto. Esa era su decisión; se dejaría llevar por sus nuevos sentimientos y que pasara lo que tenía que pasar, de todos modos, está vez no tenía intenciones de perder lo que más quería.


¿Ven por qué les digo que no todo es lo que aparenta? ewe, porque el sensual de Kagami no es un vampiro, para nada… Y aunque en un principio tuve pensado transformarlo, no quise, porque me pareció cierta repetición de los hechos x'D.

Aun sí, les pregunto, ¿qué les pareció el capítulo, eh?, ¿qué imaginan que pasará ahora? PORQUE YA VEN QUE LA VERDAD DE KAGAMI ESTA CASI POR COMPLETO REBELADA.
Ains, sorry, yo también me emociono xDDDDD. ¿Era lo que se imaginaban?, ¿esperaron algo más?, asdljkdsaljdsala, ¡díganme todo, por favor!

En fin, por ahora aquí tienen el Spoiler del siguiente capítulo:

—Por cierto, ¿dónde está Tatsuya? —preguntó Kagami, de repente mostrando un gran interés que hizo al peliazul fruncir el ceño nuevamente.

—Ah, Tatsuya salió a dejarle la medicina a Junpei —respondió Alex, tratando de no desvanecer su sonrisa.

—Ah, ya veo… —pensé que él vendría a verme primero, añadió Kagami en su mente, pero en sus ojos un brillo de desilusión apareció, ¿por qué ahora sentía a su hermano extrañamente alejado?

Tanto el peliazul como la rubia notaron ese detalle y esta última sintió su intuición alertarse.

—Seguramente vendrá más tarde —animó Alex.

[…]

—Me pregunto… ¿algún día serás capaz de perdonarme, Aominecchi? —preguntó Kise a la nada, sintiendo como su piel se quemaba lenta y tortuosamente bajo la luz solar de ese lugar.

Podría buscar un lugar más escondido en esa celda, pero todo era iluminado por ese maldito astro que no le dejaba escapatoria. Su garganta quemaba todavía más que esa luz en su piel, se moría de sed realmente.

Aunque más grande era el dolor que sentía su corazón, no había un día que no lo sintiera y no que recordara los últimos momentos que vivió con Aomine, no solo los buenos, sino los malos. Esos recuerdos donde lo lastimó con sus palabras, donde le hizo creer que realmente no lo amó y solo la adrenalina del momento de hacer algo prohibido.