Heey, holi a todos :3

Me hace muy feliz ver cómo están disfrutando lo que va de la historia, espero que la mayor parte de sus dudas hayan quedado aclaradas con el capítulo anterior, asdasdadass. Pero todavía queda un largo camino(?).

¡Agradezco infinitamente a todos quiénes me dejan sus valiosos reviews! :3

Bueno, no tengo más que decir, así que les dejo el capítulo de hoy, y disculpen si tengo algún error ortográfico o incoherencia narrativa.


Una sonrisita de suficiencia se dibujó en los labios de Alex al estar en su laboratorio, terminando de hacer unos análisis a varios de sus experimentos. Además de haber creado más tratamiento para aquel dúo de licántropos que Taiga le pidió ayudar, puesto el líder de la manada vendría a traerlos pasado mañana y debían estar listos.

Gracias a su fino oído, es que incluso ahí, donde estaba metida, fue capaz de escuchar la conversación de ciertos chicos

Ah, el amor era algo maravilloso. Trató de concentrarse en eso e ignorando perfecto el recuerdo de esas visiones pasadas, donde aparecía cierto rubio que ella no conocía.

—Parece que Daiki no perdió tiempo luego de saber las cosas —comentó Himuro inexpresivo. Sí, siempre supo que él no era para el pelirrojo, para su hermano, porque su destino era ser simples hermanos, pero aun así… Esto le dolía de cierta forma y le daban celos. Qué bueno que podía controlar bien sus expresiones o de verdad sería un problema.

La vampira de ojos verdes suspiró en silencio y miró al otro vampiro.

—Tú también le explicaste, ¿verdad? —inquirió Alex con inocencia.

—Pues luego de que tú hablaras con él, me enfrentó a mí para saber que le hice a Taiga —contestó Himuro, con una apenas perceptible mueca, era alguien paciente, pero ese peliazul no le caía muy bien.

— ¿Lo aceptó? —quiso saber más Alex.

Tatsuya suspiró y cerró los ojos unos segundos.

—Al principio no creyó cuando le dije que el cuerpo de Taiga repele la ponzoña de otros vampiros y que solo mi ponzoña es bien recibida en su cuerpo como un antídoto.

— ¿Y no te pidió más explicaciones? —insistió Alex, mostrándose algo asombrada.

—No. Dijo que era suficiente, que prefería enterarse de lo que fuera por parte de Taiga y no de nosotros —Himuro frunció ligeramente el ceño.

—No pareces muy convencido, ¿verdad, Tatsuya? —masculló Alex de forma cariñosa, viendo al vampiro.

El pelinegro suspiró y en su mirada se tornó un matiz nostálgico, pero sonrió.

—Acepto que Aomine-kun no me agrada y ciertamente esto me provoca… celos —suspiró Himuro nuevamente—. Pero saber que Taiga ha encontrado lo que siempre ha buscado y ese chico es su felicidad, me da gusto. De verdad —confesó—. Pero, de todos modos me siento completamente preocupado por eso; a mí me gustaría evitar todo lo que la verdad sobre Taiga va a generarle. No quiero verlo sufrir —habló en voz baja.

—Tú mismo me lo dijiste una vez, Tatsuya, que uno no puede escapar de quién es. Así que lo único que podemos hacer, es estar para Taiga cuando nos necesite —animó Alex, sujetándole el hombro al chico de cabellos negros.

—Sí, lo sé… Estuve pensando mucho desde que Makoto me capturó —Himuro miró directamente a los ojos de la rubia— Quiero proteger a Taiga, pero tampoco puedo privarle el derecho de la verdad. Ya ha pasado demasiado tiempo, Alex.

La vampira se pasó una mano por sus rubios cabellos y sonrió complacida con esas palabras.

—Pues entonces, no queda más que planear y simplemente es estar preparados para lo que venga —Alex asintió.


Kagami se había quedado completamente inmóvil por las palabras que el moreno le dijo, es decir, sí era la segunda vez que se lo decía, pero… Esta segunda vez le provocó un remolino en su estómago y el aceleramiento de su corazón, e incluso se estremeció.

—… Pensaba que tú me considerabas un problema o eso es lo que me dijiste antier —dijo al fin, con los ojos fijos en la expresión del lycan, sentándose mejor en aquella cama de otra habitación.

Aomine suspiró y se sentó en la orilla de la cama, justo al lado del pelirrojo, frunciendo suavemente el ceño.

— ¿El hecho de que yo esté aquí contigo, sin importar que tenga que convivir con otros chupasangre o arriesgándome a que tú te convirtieras en uno, no te hace pensar que eso que dije no era cierto? —inquirió, haciéndose el ofendido.

—Bueno… —Kagami frunció los labios ligeramente, debía admitir que… no se puso a pensar a fondo en ello, para evitarse hacer ilusiones como antes y terminar mal— ¡¿Entonces por qué rayos lo dijiste?!

—De verdad que eres idiota, Bakagami —bufó Aomine con una sonrisa impaciente.

— ¡Agh, cállate! —Kagami se mostró irritado y se cruzó de brazos.

—Además, esa no es forma de reaccionar cuando alguien se te está declarando, Bakagami —musitó Aomine con tono jocoso y una sonrisa casanova, levantando el mentón ajeno con los dedos de su diestra—, sobre todo porque soy yo quién lo está haciendo ahora.

— ¡…! —la cara de Kagami se sonrojó suavemente, atónito. ¿Es que debía tomarse esas palabras como una declaración? Como fuera, si bien era alguien vergonzoso, no era una colegiala— Heh, nunca había visto una confesión tan rara.

—Hah, tú… —siseó Aomine, ahora siendo este el avergonzado ligeramente, haciendo una mueca. Pero segundos después sonrió traviesamente— Bueno, ¿qué esperabas?, ¿rosas?

Kagami puso los ojos en blanco cuando sintió como el moreno le acarició sus brazos vendados, ahí donde le había enterrados sus garras, pues no se curaron completamente cuando pasó… eso. Y notó como el gesto ajeno se ensombreció.

—Está bien, no me duelen. No te preocupes por eso —masculló, sujetando con cariño las muñecas ajenas.

—… Pude haberte matado —murmuró Aomine con pesadez, sintiendo cierto pánico en su interior, pese a no demostrarlo en su expresión.

—Pero no lo hiciste, Aomine, no lo hiciste —respondió Kagami, con calma. Era raro cuando se ponía en ese "estado", puesto casi siempre era alguien de actitud bastante fuerte y ruda.

— ¿En qué estabas pensando cuándo llegaste ahí y siendo la Luna Roja? —inquirió Aomine, como regañándolo.

—Yo simplemente sentí que me necesitabas y no podía dejarte —contestó Kagami con rapidez, mirándole.

El sorprendido ahora fue Aomine y le miró, relajando un poco su expresión hasta eso.

—Sí que eres alguien cursi —musitó, con una pequeña sonrisa de suficiencia.

— ¡Tsk, cállate! —ahora sí, Kagami se avergonzó y desvió la mirada unos segundos. Siempre solía decir cosas bastante profundas y apasionadas sin darse cuenta realmente— De todos modos, ese no es el tema, ¿por qué estabas peleando con otro licántropo?

Bien. Cierto era que ya tenía muy clara su decisión, pero sencillamente no sabía cómo responder a eso, ¿qué le diría? ¿Qué estaba peleando con Haizaki ya que lo odiaba por haber sido el principal factor que arruinó su primer amor?
No es que no le fuese a contar eso al pelirrojo, pero para Daiki, no era el momento de contarle todo.

—Ese jodido cabrón… —Aomine escupió esas palabras con hiel— Se puede decir que es mi enemigo y llevaba esperando mucho para matarlo —respondió al fin.

—… —Kagami le miró solemne. Para él fue obvio que el moreno estaba ocultando algo más en esa explicación— ¿Por qué? —el gran interés que le tenía al peliazul no le dejarían con esa duda.

—Por cosas de mi pasado que ahora no vienen al caso —zanjó Aomine con desinterés y al notar la inconformidad del pelirrojo, añadió: —No te pongas a pensar en eso, idiota, no lo tomes a mal —y le dio un pequeño golpe en la frente con sus dedos.

— ¡Hey, Ahomine! —gruñó Kagami, viéndole mal. Eso era cierto, no sentía desconfianza en la mirada ajena, solo tenía el presentimiento de que lo que fuera que eso escondía, no era algo fácil de llevar a palabras y de todos modos, no era quién para exigirle las cosas, cuando él mismo también tenía cosas ocultas. Aunque estas ni el mismo las conocías, por ejemplo; ¿qué fue lo que sufrió el sábado? Por supuesto que no lo había olvidado, pero ahora no era el momento para pensar en eso. Y de todas maneras, estaba seguro que al final de cuentas, llegaría la oportunidad para que ambos fueran completamente sinceros— ¿Cómo están tus heridas? —preguntó de pronto, así cambiando el tema o sino, la curiosidad terminaría ganándole y seguiría insistiendo. Sus ojos se enfocaron en el cuerpo ajeno.

Hasta ese momento, Kagami no se había dado cuenta de lo bien formado que estaba el torso ajeno; con su abdomen marcado, sus pectorales, esos brazos bien trabajados con ese color de piel tan tentadora como el chocolate. Le lucía bien no usar camisa al maldito.

—Como podrás notar, sigo tan irresistible como siempre —Aomine sonrió arrogante y complacido por la mirada nada discreta del otro.

—Fanfarrón —masculló Kagami haciéndose el fastidiado. Sin embargo, una sonrisa de suma alegría se extendió por su rostro al devolverle la mirada al peliazul, dándole a entender lo aliviado que se sentía por eso.

El corazón de Aomine golpeteó con fuerza por ese mirar y de igual forma le devolvió la sonrisa. Su expresión ahora era bastante relajada y sin temor, ni mucho menos pena, extendió la diestra para acariciar desde los brazos vendados de Taiga, hasta el cuello, donde se puso serio al pasar por la cicatriz de la mordida; eso solo duró algunos segundos, porque después continuó su recorrido, esta vez con su dedo índice hasta la mejilla ajena.
Kagami por su parte, sentía como su piel quemaba con cada roce que el licántropo le daba y dejándose llevar, apasionado como era, sobre todo porque sus sentimientos empezaban a definirse más rápido, inclinó su rostro y besó ese dedo moreno, cerrando sus ojos para hacer ese pequeño gesto más íntimo y cariñoso. Por eso es que no pudo notar el suave rubor que pasó fugazmente por el rostro de Daiki.

—Kagami… —susurró Aomine, deslizando su mano ahora por los cabellos ajenos para acariciarle la nuca con firmeza.

Cuando el nombrado chico regresó sus orbes rubís, estos estallaron como una hermosa chispa que atrapó por completo los ojos como el zafiro del moreno.

El pelirrojo sujetó de la muñeca al otro chico, para luego acariciar esa zona y entrelazar sus dedos con los ajenos de forma lenta.
Ahí estaba otra vez esa perfecta calidez que se amoldaba por completo al corazón de Aomine, abrasándolo con ganas.

Ya no podía resistirse más. Ya no. Todo ahora que no fuera Kagami le parecía tan lejano, le parecía una ilusión; su mente estaba solamente con el pelirrojo, solo con él, atrapado en ese inevitable magnetismo incomprensible y a la vez tan obvio. Sus ojos destilaban una infinita devoción.
Con su otra mano, Aomine se apoyó en la cama para empezar a inclinarse hacia delante, reforzando más aquel agarre de manos. Sus labios parecían sedientos de algo que no era agua, por su puesto.
Y Kagami, él estaba como hechizado, atrapado en el maravilloso embrujo que el peliazul le causaba siempre, le veía con fascinación, con adoración.
Ambos se veían como si fueran lo mejor del mundo.

El mundo desapareció para ellos dos cuando sus labios al fin se acariciaron y se unieron en un ósculo que supo a libertad.

Y entonces, todas las barreras, todos los "pero" se fueron al carajo. Se derritieron con el fuego que sus caricias empezaron a causar.
Aomine solo estaba concentrado en besar esos labios que le hacían sentir poderoso, que le llenaron de una paz indescriptible que y alcanzó su alma; no se contuvo, de modo que atrapó el rostro ajeno con una mano y la cintura de este con la otra para profundizar el beso. Tal parecía que su cuerpo estuvo anhelando este contacto desde hace mucho tiempo.
Kagami jadeó ligeramente, pero no se quedó atrás. Se sujetó de los hombros ajenos con fuerza y sus labios se entreabrieron, buscando mayor contacto sin detenerse a pensar siquiera. Sintió un hormigueo recorrer todo su ser cuando la lengua del moreno acarició la suya en ese beso, por lo que luego pasó a sujetarle con ambas manos del cuello y lo jaló más hacía su cuerpo, haciendo sonreír entre el ósculo a Daiki.

El modo en que sus labios estaban atrapados acariciándose, parecía como si hubieran sido creados sencillamente para conectar juntos; como si fueran dos piezas de rompecabezas exactas y listas para encajar.

La respiración de ambos empezó a acelerarse en tan solo segundos más, pues parecían hambrientos al comerse los labios de esa manera con un deje de sensualidad combinado maravillosamente con el sentimentalismo. Mismo ósculo creó una hermosa melodía como el morder un melocotón.
Sus calientes lenguas danzaban salvajes y de un momento a otro se calmaban, solo para hacer ese mismo beso algo más casto, aunque luego esos músculos internos volvían al delicioso baile. Porque no solo era pasión lo que había ahí, sí bien entre ellos parecía desbordante eso, también era notorio en el ambiente la sensación de más emociones y el beso lo decía todo.

Daiki se sintió un idiota por haber pospuesto tanto el momento para besar esos carnosos labios húmedos que se amoldaron espléndidamente a su boca. Y Taiga se sentía en el cielo, Dios que la forma de besar del otro era genial; sus manos acariciaron la espalda ajena, provocando que el otro se encimara más hacía su persona, además de hacerlo estremecer con su tacto. En respuesta, el peliazul le mordió el labio inferior, cosa que hizo que Kagami soltara un discreto gemido que para el buen oído del primero no pasó desapercibido y sonrió ladinamente.

—Debo decir que tienes una buena voz —susurró Aomine, deslizando sus labios a la oreja ajena.

— ¡Calla! —refunfuñó Kagami, estremeciéndose y sintiendo un cosquilleo en su piel por la cálida respiración del otro tan cerca. Avergonzado un poco, pero entonces, se abrazó al cuerpo ajeno con fuerza.

En consecuencia, Aomine lo abrazó firmemente y haciendo uso de su excepcional fuerza de licántropo, jaló el cuerpo del pelirrojo para sentarlo en su regazo.

— ¡¿Pero, qué…?! —Kagami se soprendió y por inercia se sujetó del cuello ajeno; frunció el ceño y ahora sí estaba casi tan rojo como su cabello— ¡Bájame, Ahomine!

—No quiero —espetó Aomine en un tono mandón y sonrió altanero.

El pelirrojo ya no tuvo tiempo de replicar nada más, porque el lycan volvió a besarlo profundamente, sujetándole bien de la cadera. Hasta se olvidó de sus heridas y terminó acomodándose mejor entre el regazo ajeno, acomodando sus piernas en cada lado por mera inercia, porque así pudo abrazarse mejor a ese moreno cuerpo que olía a la brisa de los árboles. Era un olor penetrante, pero fresco, algo que le inundó de calma.

Seguramente hubieran seguido besándose de no ser porque alguien tosió tras abrir la puerta.

—Siento mucho interrumpir —dijo Alex con una sonrisa que dejó en claro no lo sentía en nada—. Taiga, todavía no debes hacer actividades fuertes, tu cuerpo aún está débil —recordó con cierta malicia.

Por otro lado, Kagami se había hecho a un lado con brusquedad tan pronto escuchó la voz de la rubia y se hacía el serio, aunque estaba todo rojo.

—No iba a hacer nada de todas maneras —masculló, arrugando el ceño. Ahí estaba su pudor.

Aomine simplemente hizo como si no pasara nada, pero lanzó una mirada de molestia a la rubia; él si la había escuchado caminar y abrir la puerta dado su buen oído, pero pensó se iría al ver que estaban ocupados.

Sin embargo, Alex le devolvió una mirada perspicaz.

—Por cierto, ¿dónde está Tatsuya? —preguntó Kagami, de repente mostrando un gran interés que hizo al peliazul fruncir el ceño nuevamente.

—Ah, Tatsuya salió a dejarle la medicina a Junpei —respondió Alex, tratando de no desvanecer su sonrisa.

—Ah, ya veo… —pensé que él vendría a verme primero, añadió Kagami en su mente, pero en sus ojos un brillo de desilusión apareció, ¿por qué ahora sentía a su hermano extrañamente alejado?

Tanto el peliazul como la rubia notaron ese detalle y esta última sintió su intuición alertarse.

—Seguramente vendrá más tarde —animó Alex.

Aomine se había incorporado de la cama, fingiendo desinterés. Pero no podía engañarse a sí mismo, pues al notar la mirada del pelirrojo, se dio cuenta que algo entre la aparente "hermandad" de ellos no le gustaba. No estaba conforme, estaba celoso.
Mas por ahora, simplemente no diría nada, todavía no tenía el derecho de reclamar como tal, porque sabía que si lo hacía, Kagami haría justamente lo mismo y por ahora, quería llevar esto con calma, además de que estaban empezando a disfrutar los sentimientos de ambos.
No obstante, eso no significaba que fuera a dejar pasar esto, para nada. Iba a dejar en claro que el pelirrojo ahora era suyo.


En el mundo de La Noche, Midorima estaba caminando por las grandes praderas en medio de la noche con calma, como despejándose.

Se sentía bastante inconforme todavía con las órdenes que Akashi hizo aquel día, porque por más que tuviera un sentido de la justica muy bueno, no toleraba eso, se le hacía injusto. Y por lo mismo de su buen sentir, es que notaba que eso era algo innecesario.
Tal vez el mismo peliverde no dijera nada al respecto, pero algo le hacía pensar que Akashi creía que Aomine tenía las llaves para intentar vengarse por todo al estar en el mundo humano, todo desde que analizó el reporte de Momoi en la mente de esta misma.

Midorima no sabía que es lo que el vampiro pelirrojo vio, pero no creía realmente que el peliazul se mostrara diferente luego de todo lo que le pasó, no por el humano que reportó Haizaki. Porque el mismo había visto con sus propios ojos la forma en que Kise y Aomine se veían, como para que en pocos cien años este último por fin pudiera empezar a "salir" de ello. Ya qué un siglo para los de su especie y los otros, era poco. Además, ellos fueron la segunda pareja en entrar en esa misteriosa cueva, cosa que ya decía mucho.

Continuaba su camino, hasta que percibió cierta presencia en las puertas del portal del Lago Espejo—así decidieron llamarle, porque por ahí podían ir y venir de mundo humano, claro, con la ayuda de Midorima y el permiso de Akashi—, por lo que supo que tenía que ir y abrir dicho portal inmediatamente para dejar pasar a Haizaki, porque por supuesto que sabía era él. Como encargado de los portales, el peliverde era capaz de percatarse bien de quiénes deseaban pasar por ahí y además, se esperaba el regreso de ese licántropo luego de las órdenes de Akashi.

Así que corrió haciendo perfecto uso de su velocidad sobre humana y aunque el famoso lago estuviera como a cinco kilómetros de donde estaba ahora, llegó en tan solo unos minutos; se quitó los lentes para saber el punto exacto donde meter sus manos y el lago brilló con un matiz ligeramente verde y Haizaki emergió del agua.
Y el vampiro peliverde se quedó atónito; era difícil dejarlo así, dada su personalidad seria y tsundere—como lo denominó Takao hace bastante tiempo—, pero siempre había excepciones y hoy era una de esas. ¿Por qué? Pues eso era porque el licántropo, uno de los seis principales gobernantes de La Noche, estaba completamente ensangrentado y parecía que no le quedaba mucho tiempo de vida, además que le hacía falta la mitad de su brazo izquierdo y por la herida salía sangre aún, de forma lenta.

— ¡Llama a Seijuro! —gritó Haizaki, apenas logrando llegar a la orilla del lago, donde se desplomó de rodillas y vomitó sangre.

— ¿Qué pasó con el humano? —preguntó Midorima, frunciendo el ceño, acercándose solo un poco al pelinegro. Él no obedecía órdenes y tampoco era tan compasivo como cierto peliceleste.

—Tsk, ¡que llames a Seijuro, joder! ¡Hay algo que él tiene que saber! —exclamó Haizaki, alzando la mirada hacía el peliverde con brusquedad. Ni porque estaba así, podía ser alguien educado— Y si él no se entera de esto tan importante, tú serás el culpable, Shintaro —le sonrió con acidez, con sus comisuras llenas de sangre.

Solo porque el lycan mostraba urgencia en sus palabras, es que Midorima no se negó. De modo que un gesto huraño, solamente se acercó hacía el otro chico para ahí crear otro portal en el cual fueran ambos transportados al castillo donde Akashi se encontraba.

Haizaki sonrió con verdadera maldad. No importaba si moría por ese ataque que desconocía, si dejaba las armas necesarias para destruir por completo a Aomine y a ese maldito "humano", estaría conforme.


Yo no doy segundas oportunidades, mis palabras son absolutas —dijo Akashi, sin más y entonces, la mente del rubio había sido invadida, del mismo modo que la del peliazul, porque su hipnosis también le permitía doblegar la mente ajena en menos de unos segundos.

Y ese fue el caso de Kise.

"Sabes que es imposible para ustedes escapar de la condena de muerte, Ryota", habló Akashi en la mente del chico. El aludido muchacho no podía hablar realmente, porque su consciencia estaba siendo plenamente ocupada, por más que luchara. "Del mismo sé, que no quieres ver morir a Daiki, ¿no es así?", aunque el rubio no pudiera hablar, solo escuchaba, sintió el miedo en su ser. "Ambas presencias son valiosas para la Unión, sobre todo la de Daiki, ¿de verdad quieres ver sucumbir al mundo en un caos cuando se enteren de esto? ¿Quieres que Daiki sea condenado por tu culpa? ¿De verdad quieres verlo despedazado? En mi ley no hay excepciones, pero tú, Ryota, puedes hacer que el peso del castigo en Daiki disminuya. Es la única escapatoria que les queda y lo sabes".

Kise no podía moverse al tener esa presencia dentro de su mente, dominándolo.

"En tus manos está la vida de Daiki, Ryota. Piensa bien lo qué harás, porque no tienen escapatoria, porque sabes que yo siempre tengo razón", fue lo último que dijo Akashi en su mente.

Lo siento mucho, Aomine-kun, Kise-kun —musitó Kuroko con profundo pesar, pese a su inexpresión y desató su don contra ellos.

Kise jadeó del dolor, no porque el fuego le dañara, sino porque la ilusión que traía esas sensaciones también que hizo que los dos se paralizaran por completo. No se había recuperado del shock que Akashi le dejó en su mente, por ello no pudo reaccionar debidamente. Ahora se sintió inseguro, cosa rara en él, pero si se trataba del peliazul… Su agarre de manos fue roto, como si fuera una seña, mientras sus mentes luchaban por apartarse de ese escenario que no era real.
Pero con Kuroko, eso era imposible.

¡A-AOMINECCHI! —exclamó Kise, preso del pánico, cuando ese dolor se hizo más insoportable, pero más que nada, fue como un grito de "perdóname". Era cierto, por más que no quisiera ver lo negativo, el pelirrojo había tenido razón; no podía permitir que mataran al peliazul así como así, era consciente de que eso sí podía causar un caos en el mundo. Y quizá su amor lo valiera, pero más que nada no soportaría que mataran al moreno licántropo, para nada.

Todo el terreno estaba incendiándose y ya no estaban solos.

¡KISE, KISE! ¡SUÉLTENME, MALDITA SEA! —rugió Aomine cuando sintió la presencia del pelimorado, que le sujetó con esas grandes manos, mientras estaba cegado por la ilusión, además de ya no sentir su agarre con el vampiro rubio.

Las cosas se veían tan borrosas gracias al incendio que parecía tan real, que llameaba con ira y que incluso su humo cubría las dos lunas, las cuales iluminaban con tristeza el terreno.

¡¿Por qué demonios haces esto, Akashi?! —exigió Aomine.

En estos momentos no están en condiciones para protestar —ordenó Akashi, con el gesto frío y calculador.

Kise se mordió los labios y dejó de forcejear repentinamente, como si estuviera dándose por vencido. Porque era así, ¿qué podía hacer? Sí, era alguien poderoso como vampiro y podría dar buena batalla y hasta salir victorioso, pero entonces, ¿qué? ¿Él y Aomine se harían cargo del mundo cuando lograran vencer a los otros? ¿O simplemente huirían? Y además, la única manera de escapar era matándolos y quizá sí tuviera la sangre fría para hacerlo, pero no podía hacerlo con todos. Sea como fuera el resultado, todo se haría un caos, ¿y qué harían ellos solos? Por supuesto, vivir su amor, pero, ¿y él mundo que era su hogar? ¿Qué harían con la gente? Porque era obvio que si un desastre así pasara… la guerra se desataría, porque los líderes no estarían y…

Apenas y notó como la ilusión cambió para mostrarles una ruta de escape. Uno de los motivos por lo que no podía matar a todos, sencillamente, ahí estaba Kuroko y él era su mejor amigo como para hacerle eso, más ahora que le demostró que lo apoyaba pese a todo.
Quizá si esta situación y amenaza no lo hubieran tomado desprevenido, hubiera tenido el tiempo para pensar y no precipitarse para actuar. Pero era la única salida que le quedaba ahora.

¡Entiéndelo, Akashi, yo no voy a dejar destruyas esto! —exclamó Aomine, con determinación arrogante.

No es necesario que yo lo destruya, Daiki, fíjate bien —musitó Akashi con una sonrisa que heló el cuerpo del peliazul.

Y era cierto, el pelirrojo había planeado todo para no darles alternativas. No era idiota, sabía que sí llegaba contra Kise a dejarle sus palabras como hace un momento, le daría a este el tiempo para pensar qué hacer y no podía permitirlo, por supuesto. Debía ver la forma de mover las piezas y continuar ganando.

El rubio notó como el peliazul se acercó a él en un intento para continuar defendiéndose y evitar el morir por los otros, cuando su decisión resonó. Akashi tiene razón en esto, es demasiado para hacer algo en este momento y no puedo dejar que mueras, Aominecchi… Perdóname, pensó Kise con la mirada llena de sentimiento por unos segundos. Luego, uso su don para lanzar un ataque eléctrico a Daiki, así enviándolo lejos y evitando su contacto.

Kise, ¿por qué…? —Aomine se quedó atónito por haber sido lastimado precisamente por el rubio.

Lo siento, Aominecchi… —susurró Kise y le miró con frialdad, no me veas así, ¡perdóname!, fue lo que pensó— No puedo dejar todo por ti. No quiero morir por ti.

Si antes consideró que tomar esa decisión fue doloroso, el ver la expresión y mirada que Aomine le dedicó fue mucho peor. Pero logró mantener su expresión fría, logró aguantar ahí.

Parece que su romance al fin terminó, heh —canturreó Haizaki de forma burlona y fiera, riéndose justo cuando hizo uso de fuerza para derrumbar al peliazul físicamente, que no pudo esquivarlo por el mismo shock del momento.

¡Tú...! ¡Maldito, Akashi! ¡Fuiste tú él que dijo esto, ¿no es así?! —rugió Aomine.

Pero Kise simplemente no dijo nada y se limitó a quedarse de pie ahí, viendo como Haizaki inmovilizó al peliazul, mientras a él le hicieron lo mismo por Akashi.


Ya habían pasado muchos años desde que tomó la decisión que tomó y cada que recordaba eso, todavía le dolía el pecho, del mismo modo que todavía sus ojos se cristalizaban y lloraba en silencio.

¿De verdad pudo haber una manera en la que pudieran evitar todo eso? ¿De verdad había algo qué hacer?

Kise solo estaba seguro que en ese momento, la fuerte imposición de Akashi que lograba tener siempre al poder intimidar a todos los que quisiera, tuvo mucho que ver y cuando se vino a dar cuenta, la decisión ya estaba tomada. Sin embargo, eso no significaba que el vampiro pelirrojo no tuviera razón con las palabras que le dijo aquella vez.

Pero la soledad de todos ellos años le hizo replantearse, ¿no era suficiente con el amor que se tenían?, ¿acaso no ya amaba más que a su vida a Aomine?
Las cosas no eran tan sencillas. Porque el cambiar la forma de pensar de todo un mundo costaba más de una vida.

Y sí, le dolía mucho el no haber sido capaz de pensar en algo más que no fuera fingir que traicionó a Aomine, no obstante fue su única salida en ese momento.

—Me pregunto… ¿algún día serás capaz de perdonarme, Aominecchi? —preguntó Kise a la nada, sintiendo como su piel se quemaba lenta y tortuosamente bajo la luz solar de ese lugar.

Podría buscar un lugar más escondido en esa celda, pero todo era iluminado por ese maldito astro que no le dejaba escapatoria. Su garganta quemaba todavía más que esa luz en su piel, se moría de sed realmente.

Aunque más grande era el dolor que sentía su corazón, no había un día que no lo sintiera y que no recordara los últimos momentos que vivió con Aomine, no solo los buenos, sino los malos. Esos recuerdos donde lo lastimó con sus palabras, donde le hizo creer que realmente no lo amó y solo la adrenalina del momento de hacer algo prohibido.

No importaban los años que pasaran, nunca olvidaría la mirada de odio que Daiki le dedicó antes de ser sumergido al portal del Lago Espejo.


¡Y al fin el momento que todos estaban esperando; el beso entre Kagami y Aomine! *A*

O bueno, en mi caso, mientras escribía, estaba ansiosa de que ese momento llegara, no sé ustedes, jajajaja. Aunque como ven, no todo es felicidad en el capítulo :'v, lo siento por Kise, asljdkal, no es que me empeñe con él, pero pues… Era necesario que supieran esta parte.

Y Haizaki… yo sé que igual muchos lo odiaran, jajaja, pero, adasdas, yo no lo hago ni lo haré, ya verán luego por qué eue.

Espero me puedan dejar sus valiosos comentarios, mis lectores queridos uvu.

Nos vemos el próximo sábado, aquí les dejo el Spoiler del siguiente cap:

—Bonita manera de decirme los buenos días.

— ¡¿Qué demonios estás haciendo, Ahomine?! —rugió Kagami, preso de la vergüenza y trastabilló porque estaba saliendo de la bañera. Se sonrojó violentamente y miró asesinamente al lycan frente a él a la vez que se cubrió con su toalla— ¡Sal de aquí!

—Te estaba buscando y tardabas mucho para salir —contestó Aomine sin inmutarse por su acción, hasta sonrió con cierto cinismo—. No te tapes, no tienes cosas de que avergonzarte conmigo aquí —su mirada adquirió cierto brillo que hizo estremecer al chico.

— ¡Es todo lo contrario!, aunque tenga buen cuerpo, ¡no soy un sinvergüenza como tú, cabrón! —la cara de Kagami seguía roja y su corazón acelerado. Era peligroso, no en el mal sentido, sino qué recibir ese tipo de miradas del otro le hizo sentir diferente; no simple lujuria, no. Sino algo más— Es más, sí querías usar el baño, pudiste ir al patio —añadió, ya con su color normal de piel.

—Ni que fuera un perro, Bakagami. No me compares con simples caninos —ordenó Aomine con una sonrisa de irritación.

—Pues si no quieres ser tratado como animal, ten algo de modales, idiota —repuso Kagami, rodeándose su cadera con la toalla, dejado escurrir el agua por su bien formado cuerpo.