Asdasdasds, ¡jelou! :3
Aquí vengo toda feliz a dejarles otro capítulo más de esta historia, asldjasljdsaklas. ¡Gracias por todos sus comentarios, los amo!
Espero que disfruten el capítulo y saludos especiales a Zhena Hik, mujer, como amo tus comentarios xD, asdasdas *inserte corazón rosado y gay*.
Y disculpen si tengo algún error ortográfico e incoherencia narrativa uvu.
La mayoría de la manada ahí presentes en la "casa" de Hyuuga se mostraban desconfiados, pero más que nada, escépticos cuando la presencia y olor de Aomine fue captado por todos, porque, ¿quién no lo conocía? Sobre todo porque la mayoría de ahí, eran desterrados de hace más o menos un siglo y medio, era obvio que conocía al licántropo que formaba todavía parte de la Unión Milagrosa. Por eso, ¿cómo confiar en ese tipo? Sin embargo, no hicieron nada porque Kagami estaba con él y de todos modos, aunque hubieran querido hacer algo, ¿en verdad iban a ganarle a uno de los seis grandes? También había que ser realistas.
— ¡Kagami, que gusto verte! —saludó Kiyoshi, él único que se mostró amigable hasta con el peliazul, mostrándoles una amable sonrisa.
— ¡Kiyoshi, ¿cómo han estado?! —Kagami le devolvió el saludo con una sonrisa y se acercó para darle un medio abrazo— Siento mucho lo que pasó aquel día, yo…
—Mah, mah, Kagami-kun, ¿qué cosas dices? —Riko apareció y le palmeó la espalda con una sonrisa— Sino fuera por ti, no estaríamos vivos ahora —le sonrió agradecida. Ella tampoco se mostró tan reacia por la presencia de ese moreno salvaje.
—Bueno, fue Alex la que hizo todo, yo solo…
—Ya, Kagami, deja de culparte —habló finalmente Hyuuga, dándole un zape y le sonrió—. ¿Dónde habías estado? No pude darte las gracias debidamente por tu ausencia.
El pelirrojo se estaba tallando la parte de su cabeza donde fue golpeado amistosamente, porque si le dolió, aunque no sé quejó. Luego sonrió de igual forma.
—Ah, pues me quedé en casa de un… amigo —contestó Kagami, señalando con la vista al peliazul.
Aomine estaba como a tres metros de donde estaba el humano, con sus brazos cruzados y los ojos cerrados, en una actitud desinteresada, pero obvio que toda su atención estaba en el chico de ojos rubís. Percibía bastante el lazo de camaradería que había entre los licántropos esos y su chico humano. Por ahora estaba bien mantenerse a raya de todos esos sujetos, le daba igual se lo veían de buena forma o lo que pensaran de él, de todos modos estaba ahí solo para acompañar a Taiga.
—Cuando te refieres a tu amigo, ¿hablas de él? —Hyuuga señaló con la mirada al peliazul, mostrándose ceñudo. Parecía desconcertado y por supuesto que desconfiado.
—Cálmate, Hyuuga —masculló Kiyoshi con una sonrisa suave, posando su diestra sobre el hombro del mencionado chico—. Es obvio que si es amigo de Kagami, no puede ser mala persona —agregó como quien no quiere la cosa. Y es que si bien conocía al moreno, así como sabía su origen, además de recordar todavía el día en que fueron atrapados y desterrados, era capaz de darse cuenta del cambio en la expresión del peliazul, añadido el hecho que también recordaba lo sucedido en Japón cuando llegó dándoles ayuda.
—Pero, Kiyoshi… —Hyuuga le miró sin entender y nada conforme. Pero más que sentirse rencoroso, era desconfianza y como buen líder que era, siempre debía mantenerse alerta para cuidar a sus camaradas.
—Confía en mí —Kiyoshi le miró y extendió su sonrisa, viéndole de forma cariñosa.
Ese gesto hizo al lycan pelinegro refunfuñar en voz baja, desviando la mirada ligeramente, ignorando el cosquilleo que le dio en su estómago.
Ciertamente, a Kagami no le sorprendía la actitud de la mayoría ahí, porque para él era lógico, teniendo en cuenta el modo de ser del peliazul.
—Sí, bueno, él es mi a…
—Kagami es muy cercano a mí, eso es todo —dijo Aomine, sin que nadie le pidiera su opinión e interrumpiendo al peirrojo, pasando su brazo alrededor del cuello ajeno para abrazarlo con brusquedad mientras sonrió.
Ese gesto fue capaz de inundar el ambiente de un aura diferente, dejando a los demás licántropos ahí sorprendidos. Era obvio que esos dos no eran solamente amigos.
—No te cuelgues de mi hombro así, idiota —Kagami frunció el ceño, intentando apartarse del peliazul, pero este no le dejó. Más que nada, eso se le hizo algo vergonzoso, por la forma en que todos le miraron, como sorprendidos.
Kiyoshi sonrió como si nada pasara luego de unos segundos.
—Bueno, estábamos por empezar a jugar y justamente nos hacían falta dos jugadores, ¿gustarían unirse?
—Oh, por supuesto que sí —Kagami sonrió ampliamente con emoción y como percibió la mirada incomprensiva del peliazul, dijo otra vez: —Basquetbol, ¿te unes?
—Ah, no estoy interesado en juegos mundanos, son aburridos —expresó Aomine con un resoplido desganado y soltó lentamente al pelirrojo.
—Te aseguro que no lo son, empleándolo entre licántropos —repuso Kiyoshi, tan amable como siempre.
— ¿O es qué te da miedo perder en algo que nunca has jugado? —se burló Kagami, divertido y desafiándolo.
—Ja, yo soy el mejor, Bakagami, un juego tan simple no es nada para mí —Aomine le sonrió con prepotencia.
—Entonces, demuéstralo jugando, Ahomine —dijo nuevamente Kagami, sonriendo ligeramente irritado por la actitud presumida del otro.
Los otros chicos lobo veían la pequeña pelea entre el otro par de chicos con cierta sorpresa inesperada, pues parecían un par de niños.
—De acuerdo, entonces vámonos —Hyuuga llamó la atención a los demás del grupo.
—Tal parece que traes motocicleta esta vez, así que creo podrás seguirnos el ritmo, ¿no? —habló ahora Izuki, un muchacho bastante serio, pero que realmente era alguien bromista y buena persona; su cabello era un poco largo de color negro como ojos negro cenizo.
—Sí, supongo… —Kagami asintió.
— ¿A dónde se supone que iremos? —demandó saber Aomine, como si fuera el mandamás, haciendo molestar un poco a cierto alfa pelinegro.
—A un prado que está a ciento setenta kilómetros —respondió Riko—. Antes no turnábamos para llevar a Kagami-kun —añadió como quien no quiere la cosa y sonrió discretamente.
— ¡Eso no…!
— ¿Te cargaban? —Aomine enarcó una ceja, burlándose, pero mitigar un poco el aire de celos que le embargó al imaginarse a otros tocando o cargando al pelirrojo— Vaya que eres un bebé.
— ¡No es así, imbécil! —exclamó Kagami, ruborizándose ligeramente.
—Nosotros simplemente dejábamos que Kagami nos montara, nada grave —intervino Kiyoshi, palmeando la cabeza del pelirrojo.
El aludido chico farfulló quejándose y se apartó la mano del castaño.
—… —Aomine ya ni se burló, sencillamente frunció el ceño y les miró sin gracia. No le gustaba para nada imaginarse la escena, una donde el pelirrojo iba montado en un licántropo como si fueran caballos y aun así este se negaba a que lo cargara— Vale, entonces, Kagami, no usaremos la motocicleta —chistó sin más con una sonrisa algo macabra.
— ¡No, Ahomine, rotundamente no! —Kagami se alertó, leyendo todo en la mirada el peliazul, por eso no quería se enterara de los pequeños "aventones" que sus otros amigos licántropos le daba, pues haría algo como esto.
—Alégrate, viajarás en primera clase, Bakagami. Y no te estoy preguntando si quieres —expresó Aomine, acentuando su sonrisa, acercándose peligrosamente al pelirrojo.
—No se demoren, nosotros ya nos vamos —dijo Hyuuga, con una gotita de sudor cayendo de la sien ante la escena, ¿desde cuándo el peliazul ese cambió tanto?
—Vaya que son unos niños esos dos —masculló Riko en un suspiro y negó.
—De alguna manera no me sorprende eso —Izuki se veía serio, simplemente porque estaba pensando en alguna broma ocasional con sus juegos de palabras.
La manada de siete licántropos salió corriendo de aquel túnel que terminaba en una parte boscosa de la ciudad y ahí se transformaron para empezar a correr, dejando al otro par de chicos ahí, peleándose.
Hasta que Aomine hizo uso de su excepcional fuerza y rapidez de lycan para dejar inmóvil al pelirrojo contra la pared y convenciéndolo a besos.
Al final, un Kagami acalorado terminó trepado en la espalda de un peliazul eufórico en forma licántropo, mientras corrían por el sendero.
Alex salió corriendo de su laboratorio cuando escuchó y sintió el olor de Tatsuya acercarse a la casa, para luego oír como la puerta se abrió, cerrándose segundos después. Habían pasado dos días desde que el vampiro no estaba en casa y aunque ella sabía bien que el vampiro pelinegro no necesitaba que se preocuparan por él, porque no corría ningún peligro, de todos modos lo hacía. Y sobre todo, porque se daba una idea de las cosas.
— ¡Tatsuya, al fin has vuelto! —canturreó Alex con una sonrisa y se lanzó para abrazar al muchacho con fuerza.
—Sí, Alex, no me estaba fugando —Himuro le correspondió el abrazo y sonrió calmadamente.
—Taiga ha estado preguntando por ti desde que despertó —masculló Alex, separándose del chico, viéndole con perspicacia discreta.
Fue como si el rostro del vampiro cobrara cierto brillo al oír eso, pero solo muy poco, porque su mirada inexpresiva no cambió.
—Me da gusto que esté bien —la voz de Himuro sonó tranquila nuevamente.
No obstante, a Alex no podía engañarla, por lo que le vio frunciendo ligeramente el ceño.
— ¿Vas a contarme por qué has estado lejos de Taiga, sobre todo cuando te mostrabas así de preocupado?
Himuro suspiró y se le borró la sonrisa. Pasó a caminar para sentarse en uno de los lujosos sofás de la sala.
—No me necesita ahora, Alex, ahora ya no es alguien que… —no continuó hablando, porque la rubia le miró con gesto serio y preciso— Muy bien, de acuerdo… No lo soporto.
— ¿A Daiki? —quiso saber Alex, sin embargo, solo fue una finta, porque ella ya se daba una idea.
—No, bueno…, si estuviera o no con Taiga, él sencillamente no me agradaría —aclaró Himuro con seriedad y frunció solo un poco el ceño—. Es solo qué… no puedo ver como Taiga está con él; quiero su felicidad más que nada, pero no puedo aceptar el cambio de nuestra relación. Yo no quiero dejarlo, Alex —él pareció atormentado un poco con la idea. Y es que era así; no quería ser una de las causas de sufrimiento para el pelirrojo, pero era inevitable que sus celos no aparecieran, porque amaba al chico, aunque solo fueran "como hermanos". Su instinto posesivo despertó al darse cuenta que el ojirojo estaría con alguien más—. Yo no quiero dejar a Taiga y antes de que ese sentimiento se agrande más y me provoque hacer cosas nada adecuadas, prefiero alejarme de él —esta vez, Himuro le miró a los ojos.
Ya me lo temía, pensó Alex y suspiró.
—Te estás apresurando a las cosas, Tatsuya. No deberías huir de eso.
—Más que huir… lo hago para no interponerme en su felicidad, Alex. No es fácil para mí ver ese tipo de relación… —Himuro desvió ligeramente la vista tras recordar el ambiente que se formaba cuando su hermano estaba cerca del peliazul; era algo que ni con ellos dos se formaba al hacer el amor y darse cuenta de eso, dolía. No podía ignorarlo, sencillamente no podía. Antes creía que no habría problema, porque siempre supo ellos no nacieron para ser pareja, a pesar de que empezaron a comportarse como una luego de que su sed de sangre despertó y en consecuencia, nuevos sentimientos aparecieron poco a poco— Por supuesto que no quiero alejarme de Taiga, pero a este paso, si sigo cerca de él… No voy a descansar hasta que él me elija a mí —finalizó con solemnidad. Más que hacerlo sonar como una explicación, eso último sonó bastante firme.
La mirada de Alex se mostró comprensiva y negó lentamente.
—Sé que no quieres poner en aprietos a Taiga, pero te estás olvidando de un detalle, Tatsuya.
—Alex, por favor, no lo digas… —Himuro tenso la mandíbula. Claro que ya sabía a qué se refería la rubia y eso era que el pelirrojo también le amaba; quizá no de la misma forma como empezaba a ver al licántropo peliazul, pero sí tenía sentimientos hacía él. Lo sabía y trataba de hacer caso omiso a eso para bajar la idea en su cabeza de luchar por su hermano, porque no era imbécil, con su don sabía bien que no podía ganar.
Sin embargo, también era consciente que el destino no está tallado en piedra y qué no siempre los que tenían aquella unión, se quedaban juntos.
—Si vas a hacer lo que me estás diciendo, por lo menos díselo a Taiga, no te vayas así como así —dijo Alex, viendo de forma suave al vampiro.
—Pero todavía no —Himuro se incorporó—. Todavía no termino de pensar, Alex. Lo que te dije es lo que llevo pensado hasta ahora, no mi decisión final —confesó.
Los ojos de la rubia se abrieron con sorpresa.
—Tatsuya, tú… ¿estás considerando luchar por el amor de Taiga?
—… Ahora mismo estoy luchando para que mi egoísmo no me haga interferir en su felicidad —contestó Himuro con el ceño ligeramente fruncido.
Porque parte de él entendía y sabía que lo mejor era dejar así las cosas, pero su otra mitad se negaba rotundamente entregarle a Taiga a alguien más.
El cabello escarlata de Kagami estaba alborotado por la tremenda carrera que se había dado el peliazul entre la majestuosa noche, pasando por los árboles con una velocidad tan fuerte que casi ahogaba.
—Llegaron al mismo tiempo, eres realmente rápido, Aomine —observó Kiyoshi con aparente impresión, terminando de acomodarse solo sus pantalones, puesto los llevaba sujeto en sus zarpas mientras corría, del mismo modo que los demás.
—Era lógico —dijo Aomine con un tono superior, inclinándose un poco para que el pelirrojo bajara de su espalda de un salto.
—Kiyoshi, no le subas más el ego a este idiota —aconsejó Kagami.
—De todos modos no necesito los halagos, ya sé que soy el mejor —dijo Aomine nuevamente como si fuera obvio.
—Hah… —Kagami suspiró con irritación.
Hyuuga simplemente estaba tenso, del mismo modo que Izuki, Koganei y Tsuchida; Mitobe solo parecía preocupado y estaba callado.
—Ya, chicos, se preocupan demasiado —habló Riko ahora con una sonrisa; ella se había ido a poner su ropa escondida entre la sombra de los árboles.
—Es cierto, relájense —Kiyoshi llegó y les palmeó la espalda a cada uno con sus grandes y pesadas manos, mientras sonreía tontamente.
— ¡¿Por qué estás…?! ¡Deberías irte a vestir escondido en los árboles, Ahomine! —exclamó un Kagami avergonzado al ver como el peliazul deshizo su transformación, quedando completamente desnudo ahí, con los demás.
—Eres un escandaloso, Bakagami —bufó Aomine despreocupadamente, sin importarle dejar al aire todo su cuerpo y ahí mismo se puso los pantalones—. No me esconderé, porque no tengo nada de qué avergonzarme.
— ¡…! —Hyuuga le tapó los ojos a la castaña, fulminando con la mirada al peliazul, es decir, siendo hombres le daba igual, pero entre ellos había también una mujer.
Kiyoshi simplemente se empezó a reír.
— ¡No se trata de eso, idiota! ¡Ten algo de educación! —repitió Kagami, pero aunque lo dijera, sus ojos no podían evitar recorrer el cuerpo ajeno con la mirada, claro, tratando de no bajar más allá del ombligo.
— ¿Te gusta lo que ves? —inquirió Aomine con una sonrisilla coqueta al percatarse de que el humano lo comía con la mirada y dándole igual que tuviera espectadores al dejar claras sus insinuaciones.
— ¡No! —Kagami se sonrojó al sentirse descubierto y porque recordó que no estaban solos y resoplando incoherencias desvió la mirada y caminó para alejarse dejando al peliazul sonriendo burlón.
—No puedo creer que Kagami se haya hecho amigo de alguien como él —masculló Koganei con una gotita de sudor cayendo de su sien.
—Kagami es un chico con muchas sorpresas en su interior, como una piñata —espetó Izuki con una sonrisa.
—No tiene lógica esa comparación, ni gracia —dijo Koganei, viendo raro el pelinegro.
— ¡De acuerdo, dejen de perder el tiempo, chicos! —Riko les llamó la atención dando varios aplausos situándose en el centro del prado.
La luna menguante daba cierta luz al lugar, que era bastante amplio y con los árboles que lo rodeaban parecía un enorme cuadrado.
— ¿Cómo estarán los equipos? —quiso saber Hyuuga, acercándose a la castaña, seguido de los demás.
—Como esta vez tenemos a un jugador más —empezó Riko, viendo hacía el peliazul con calma—. Hyuuga, irás con Izuki, Koga y Kagami-kun —ella sonrió—. Teppei, tú con Mitobe, Tsuchida y… Aomine —finalizó.
La respuesta del peliazul fue solo fruncir el ceño y cruzarse de brazos.
—A ver si tardan —farfulló Aomine.
—Por supuesto, seguro nos divertiremos —le respondió Kiyoshi con una sonrisa.
—Yo seré el árbitro —Riko se señaló ella misma con orgullo.
—Deberías serlo tú, Kagami, no podrás ni seguirnos el paso —le molestó Aomine con superioridad.
—Cállate, claro que puedo, idiota. ¿Cómo crees que he jugado con ellos antes? —replicó Kagami con fiereza.
—No tendrás la misma suerte conmigo —le retó Aomine sonriendo provocadoramente.
—Esto no es como esperé al tener a alguien de la Unión Milagrosa haciéndonos compañía —masculló Koganei para sí mismo, pero se quedó callado por la mirada que el moreno le lanzó, porque con ese fino oído, era lógico escucharía.
—De acuerdo, el juego es como todos y los aros están a cada extremo —Riko señaló los árboles más gruesos, que era donde los habían puesto a una altura que era el doble de la normal.
El prado de igual forma, media lo mismo que diez canchas de basquetbol juntas.
Por eso, para Aomine era sumamente extraño que Kagami antes hubiera podido seguirles el juego, ¿o es que habrían bajado su ritmo?
Pero lo comprendió todo cuando el partido comenzó. Claro, no debía sorprenderse, después de todos los sucesos que habían pasado… era lógico que el pelirrojo tuviera algo como esto.
Daiki sonrió al ver el salvajismo que estaba despierto en Taiga en pleno juego, ¿a estas alturas de verdad la mayoría ahí pensaba en este chico como humano? Porque la rapidez con que se movía el pelirrojo dejaba mucho que desear, claro que no era tan veloz como él, puesto en un "uno a uno", no le ganaba ni en sueños. Aun así, Kagami le estaba siguiendo el ritmo, aunque tampoco es como si los igualara, después de todo, ellos eran licántropos.
—No importa cuanto lo vea, no me acostumbro a los saltos de Kagami —dijo Hyuuga con una sonrisa.
Kagami había logrado hacer varios clavados, que el peliazul no impidió, ¿por qué para qué negar que se quedó admirándolo? La altura de la canasta bien era de seis metros, lo que quería decir que el pelirrojo logró saltar una medida considerable.
—Es un humano realmente fuerte —secundó Kiyoshi con una sonrisa.
Aomine se mantuvo callado; jugaba más que nada individualmente, claro, hasta que la presencia del castaño licántropo le hablaba y de alguna forma… logró que hiciera pases. ¿Quién diría que terminaría jugando con otros de su especie de esta forma? Nunca antes se lo imaginó, porque no quería compañía en lo más mínimo, por eso ni se molestó en hacer amistad con nadie, además, todos en el mundo humano eran desterrados por crímenes. Que no es que Aomine fuera alguien libre de pecado, pero no le apetecía ser como esos perros salvajes.
Sin embargo, la realidad lo golpeó, porque mientras seguía jugando, pudo darse cuenta de lo equivocado que estuvo todo este tiempo. Y además, él era un licántropo, por supuesto que necesitaba el compañerismo de una manada, por más que la soledad llegara a gustarle, él necesitaba camaradas. Y es que nunca nadie nacía para estar solo en el mundo.
Al principio del juego se mostró huraño, por supuesto, pero tal parecía que con Kagami ahí, pudo unirse poco a poco, no completamente, pero si lo suficiente para volver a sentir un poco el calor que una manada da.
Ah, ahí estaba otra vez el pelirrojo, llevando la luz a su vida. Y eso hizo que el corazón de Aomine se llenara de una profunda y sincera felicidad, haciéndolo sonreír.
Justo en ese momento, Kiyoshi le dio un golpecito a Hyuuga para que notara la expresión del peliazul.
—Ahí puedes ver que Aomine no es el mismo —dijo con una sonrisa, solamente moviendo los labios, sin usar su voz.
En respuesta, Hyuuga simplemente miró unos segundos esa expresión, pero no dijo nada más y continuaron el juego.
Como eran licántropos, era lógico que su resistencia era muchísimo más alta que un simple mundano y además el juego era bastante agresivo y salvaje, tal como les gustaba. Por ello, bien jugaron unas cuatro horas a excepción de Kagami; él podía tener muy buen entrenamiento, pero su cuerpo seguía siendo humano, por lo que solo pudo aguantar dos horas y pese a que se estaba sobre esforzando para seguir jugando, Kiyoshi y Riko le frenaron, así que para que no se perdiera el ritmo del juego, la muchacha entró a jugar y el pelirrojo se encargó después de arbitrar a regañadientes.
El juego finalizó como a eso de las cuatro y media de la madrugada, con todos tirados en el prado respirando agitados y riendo o al menos en su mayoría, porque Aomine se mantuvo serio viendo como Kagami convivía con el resto de licántropos ahí.
—Espero no te dañe pasarte tus horas de sueño, Kagami —dijo Kiyoshi.
—No pasa nada, hacía tiempo no jugaba con ustedes y verlos jugar también estuvo bien —Kagami sonrió amplio.
—Uf, necesitamos rehidratarnos, chicos —habló Riko—. Vamos al lago a tomar agua —animó con una sonrisa y luego salió corriendo.
— ¡Vamos, vamos! —prosiguió Hyuuga con una sonrisa, siguiendo a la chica.
—Aomine, no te quedes atrás —musitó Kiyoshi con una sonrisa, viendo al peliazul y luego al pelirrojo.
—Ya los alcanzamos —respondió Kagami, asintiendo y viendo como el castaño salió corriendo—. ¿Vamos, Aomine? —giró su rostro para ver al chico.
El moreno le miró en silencio por casi un minuto. Su cuerpo parecía extrañar más de lo que pensó esa calidez que la soledad no le permitió sentir ni querer sentir y ahora, simplemente no podía negarse. Obviamente que su orgullo no le dejaba demostrarlo como tal y su actitud seguía igual. Pero se incorporó y sonrió al pelirrojo.
—Súbete a mi espalda, Kagami.
—… Solo porque tengo sed y tardaríamos más en llegar si vamos a mi paso —masculló Kagami, frunciendo el ceño y sin más, se subió de un salto a la espalda ajena; sujetándolo de los hombros con fuerza. Se estremeció cuando las manos del peliazul le sujetaron de los muslos.
—Ha sido un buen juego —susurró Aomine sin dejar que el otro chico le mirara el rostro y empezó a correr. En su voz no hubo arrogancia, pese a que su equipo ganó el partido.
Para Kagami, fue grato oír eso y de esa manera de la boca del peliazul. No era como si quisiera cambiarle la personalidad, así le gustaba como era, sin importar que le conoció primero todos los defectos y por eso ahora que iba viendo y conociendo más a fondo sus virtudes, sentía su corazón llenarse de más amor hacía él.
—La próxima semana volveré con ellos, más te vale acompañarme otra vez —comentó Kagami con una sonrisa, entrecerrando los ojos y escondiendo un poco la cabeza tras la espalda ajena por la fuerza del viento en la carrera.
—Heh… —Aomine acentuó su sonrisa, sin decir nada.
Pero sí, volvería a salir con Kagami.
Sé que estos dos capítulos están cursilones y hacen lenta la historia, pero vamos, siempre se necesita de estos capítulos para darles calma a ustedes y a la trama, porque yo considero todo esto necesario. ¿Acaso no es bonito ver el cambio de Aomine más detalladamente? Adsasldjkasldsa +w+
Me encantaría saber que opinan de este capítulo, asdas :3
Nos vemos luego, ¡los amo a todos y gracias por su apoyo!
Aquí el Spoiler del próximo capítulo:
—Y, Kagami —susurró Aomine, moviendo sus labios sin deshacer del todo el beso, viéndose ahora ambos a los ojos—, sea cual sea tu origen, a mí no me importa. Estaré contigo —musitó con firmeza.
Los ojos del pelirrojo se iluminaron y fue como si el lugar se llenara de destellos.
Realmente Aomine supo darle un buen sustento a la frustración de hace unos momentos.
—Tú también puedes ser bastante cursi cuando quieres, ¿sabes? —apremió Kagami con una sonrisa, sin burlarse, más que nada ese gesto fue confortante y cariñoso, porque hasta le acarició la mejilla.
—… —Aomine sintió una ligera vergüenza por eso, pero no lo demostró y respondió así: —Por supuesto, soy el mejor y tengo mis momentos —y sonrió con presunción.
Kagami resopló y se volvió a inclinar para besar esos morenos labios que tanto le gustaban y que encajaban perfectamente con él.
[…]
—Cálmate, tigre. No creo que quieras tener tu primera vez con salvajismo —espetó Aomine con una sonrisilla provocativa y presumida.
Aunque Kagami se ruborizó unos segundos, sonrió orgulloso cuando dijo:
—Ya te había dicho que yo no soy virgen.
Esas palabras terminaron por romper la cautela que Aomine tenía, ¿quién había sido el maldito que llegó antes que él? No importaba, de todas maneras, ahora que sabía eso, se iba a encargar de dejar huella en ese cuerpo, para que todos se percataran de que ahora le pertenecía por completo y nadie tenía derecho de volver a tocarlo.
