Hola 7u7.
¿Qué tal sus semana?, espero que estén bien, lectores míos, que yo ando casi con gripe ;n; sakjdklsaksda, pero igual, aquí les dejo un capítulo más de esta historia, que espero disfruten xD.
Creo que el título dice mucho, pero pues, ya verán ustedes 1313.
¡Gracias por sus comentarios, follows y favs!
Disculpen si tengo algún error ortográfico o incoherencia narrativa.
La llegada al famoso lago que estaba escondido en aquel bosque donde la entrada a los civiles estaba prohibida, no les llevó ni cinco minutos. Y más bien, aquella agua cristalina era un río profundo y ancho que se movía lentamente, con la paz de la madrugada.
Cuando Aomine llegó, no demoró en ir a beber agua de ahí utilizando sus manos para servirse y Kagami hizo lo mismo. Todos estaban sedientos, por supuesto, así como sus cuerpos perlaban sudor.
—Agh, no lo soporto. Nadaré aquí —dijo Hyuuga con un suspiro.
—Primero espera que todos sacien su sed —regañó Riko, cruzándose de brazos.
El pelinegro miró a todos con el ceño fruncido, causando que estos soltaran una risita.
—Mah, no seas impaciente, Hyuuga —Kiyoshi le palmeó los hombros al chico, mientras sonreía.
—Podrías irte más adelante, así la suciedad de tu cuerpo no va para nosotros —aconsejó Izuki.
—Ni que se fueran a morir —refunfuñó Hyuuga.
—Izuki tiene razón y yo tomaré su consejo —asintió Kiyoshi con una sonrisa dulce.
Hyuuga desvió la mirada y refunfuñó, quejoso, pero deseaba refrescarse, así que también tomó ese consejo, haciendo caso omiso de que estaría en un lugar más apartado que el resto, bañándose desnudo y con Kiyoshi… Sacudió la cabeza y frunció más el ceño.
Alfa y beta se separaron como quince metros de todos, resguardados en la sombra de los árboles y la tenue luz de luna, que apenas iluminaba algo ahí mismo. Pero gracias a su visión de lycan podían ver todo sin preocupación alguna.
— ¿Ya no estás molesto por la presencia de Aomine? —preguntó Kiyoshi con curiosidad, quitándose el pantalón, dejando desnudo su cuerpo y se lanzó al río. Tal parecía que en aquella zona era más profundo.
—No confío en él, Kiyoshi, aunque sea amigo de Kagami —respondió Hyuuga y se quitó el pantalón del mismo modo para meterse al agua, quedándose lo más lejos posible del castaño.
—Lo sé. Pero no necesitas estar tan tenso —observó Kiyoshi y con una sonrisa pequeña, se acercó al pelinegro para sujetarle de los hombros, como si pretendiera darle un masaje.
—Tch, no estoy tenso, no es necesario que hagas eso —Hyuuga intentó hacerse un lado, pero la sonrisa del castaño lo dejó sin hacer nada, es que, ¿cómo negarse a una sonrisa así de bonita y cariñosa? Sobre todo porque se trataba precisamente de ese chico.
—En estos momentos, de nada sirve guardarle rencor a la Unión Milagrosa, Hyuuga —susurró Kiyoshi, haciendo la presión contra los hombros ajenos, más suave, delicada, como si fuera una caricia.
— ¡Ya lo sé! —exclamó Hyuuga en un gruñido irritado, haciendo lo posible para que el castaño no le viera la cara o notaría el pequeño rubor que subió por sus mejillas al darse cuenta del cambio de "intenciones" en el masaje— Ha pasado un siglo y medio, no soy imbécil para seguir con lo mismo —intentó separarse para no hacer más íntimo aquel momento, no porque no quisiera, pero… era vergonzoso y no sabía ni cómo actuar.
El lycan de cabellos castaños le miró la espalda con cierto asombro, pero volvió a sonreír de manera divertida y cariñosa.
—Cuando estaba a punto de morir en Japón…
—No saques ese tema ahora —regañó Hyuuga, mirándole mal. De solo recordar cómo estaban de heridos los chicos y el miedo que sintió porque podría perderlos, se estremecía; aunque la sensación de pánico que embargó su corazón al tratarse del castaño, fue otra cosa que cuando vio a la chica lobo. Es decir, se preocupó por ambos, pero de forma diferente.
—No te alteres —Kiyoshi dio un apretón más en los hombros ajenos—. Lo que quiero decir, es que esa vez me sorprendió mucho ver como Aomine defendió a Kagami.
— ¿Lo defendió? —ahora sí, Hyuuga mostró sorpresa y giró su rostro para ver al castaño— ¿Aomine defendió a un humano? —parecía imposible de creerlo.
—Sí… a Kagami le mordieron y Aomine le extrajo la ponzoña —explicó Kiyoshi, omitiendo el tema de la súper agilidad que el pelirrojo adquirió en aquel momento—. No pensé que lo fuera a hacer, ver eso de Aomine luego de todo lo que se dice de él en todo el submundo…
—Eso significa, ¿qué Aomine fue quién los salvó entonces? —inquirió Hyuuga, con el gesto serio ahora, como si estuviera reprochando.
—Ciertamente, si él no hubiera llegado esa noche, seguramente estaríamos muertos —farfulló Kiyoshi sin perder el ánimo.
— ¡¿Y por qué esperaste tanto para decírmelo, idiota?! —gruñó Hyuuga, ahora separándose del tacto ajeno con brusquedad, viéndole molesto.
—Porque no lo hubieses creído y tu reacción fuera peor que la de ahora —Kiyoshi le sonrió con ternura.
—Es por eso que te odio —bufó Hyuuga, desviando la mirada y apartándose para nadar lejos.
Kiyoshi suspiró. Sabía que esas palabras no eran ciertas realmente, pero no evitaba que parte de su pecho doliera con eso, aun así continuó mostrando su sonrisa y se sumergió al agua también.
Pero como el líquido era cristalino, pudo ver muy bien el cuerpo desnudo del pelinegro nadar con el ceño fruncido y eso le hizo sonreír.
Hyuuga lo hubiera pateado de no ser porque estaban algo lejos, pues se percató que el otro no le quitaba la mirada de encima, haciéndolo avergonzar. No era alguien que le diera pena bañarse con sus amigos, pero tratándose del castaño, todo era diferente y sintió la necesidad de taparse, algo ridículo.
Todavía seguía molesto con la confesión de Teppei, era cierto, no lo hubiera creído y quién sabe cómo hubiera reaccionado, tal vez hasta hubiera creído que Aomine era el originario de todo eso, porque a sabiendas como era, no sería sorpresa que este dañara a los de su propia especie, como ya venía haciéndolo con los neófitos de lycan que se creaban cuando no podían controlarse otros y terminaban mordiendo a un humano sin tener la delicadeza de siquiera de matarlos.
Antes Daiki no era tan sanguinario ni cruel, incluso parecía amigable cuando no estaba desempeñando su trabajo como miembro de la Unión Milagrosa, aunque igual era un cabrón.
Hyuuga recordaba bien la sorpresa que llegó a todo el submundo cuando el rumor sobre que Aomine Daiki, de la Unión Milagrosa llegaba al mundo humano para vigilar mejor. Sin embargo, muchos decían que él fue desterrado, ¿por qué? Era ahí donde más rumores crecieron como si fuera un hormiguero saliendo de su nido por comida.
Por supuesto que muchos no bajaban de un idiota a Aomine por hacer ese trabajo, porque era bien sabido los cambios que tenían las especies de La Noche una vez eran condenados en el mundo humano.
Y por todo lo que Junpei ya había oído, era notorio que Daiki ahora era más cruel y sádico, además de que veía a todos los desterrados como basura, creyéndose superior. Y creía que el peliazul era así. Por eso de verdad que el sorprendió mucho el verlo llegar con Kagami y luego las palabras de Kiyoshi., que más que molestarse por el hecho de que le ocultó el detalle ese, estaba molesto porque parecía que le decía todo eso para "defender" a Aomine, y así dejara de desconfiar de este. Hyuuga suspiró. Bueno, no podía cambiar eso del castaño, siempre era amable y siempre estaba planeando algo.
Tal vez por eso también le gustaba.
Resultó que al final, la manada de licántropos se fueron de ahí tras pasar una hora y media revoloteando y bañándose también, haciendo parecer la madrugada como si fuera pleno día en una playa. Seguramente Kagami también se hubiera ido al mismo tiempo que ellos, de no ser porque Aomine se durmió reclinado y sentado contra un árbol luego de que también se metió a nadar. No lo quiso despertar, porque le encantaba verlo dormir ahora que se mostraba tan relajado. Por ello, los demás le dejaron y se despidieron para quedar de verse otra vez la próxima semana. Así que también se sentó a su lado, poniéndose su camisa sobre la espalda de forma superficial, por el sereno, aunque no sentía tanto frío debido a que la temperatura del cuerpo de Aomine le llegaba un poco y era suficiente para que se sintiera cómodo.
Eran alrededor de las cinco y media, ya del viernes y no faltaba mucho para que amaneciera. Sin embargo, no podía dormir no solo por estar viendo al peliazul, sino porque ahora que estaba en la quietud de la madrugada en ese lugar tan tranquilo, fue inevitable que no se pusiera a pensar en muchas cosas.
Una de ellas, era que desde hace dos días, Himuro no se apareció por la casa y aunque Alex le dijo que fue a entregarle la medicina a Hyuuga, este en ningún momento le mencionó nada, por lo que fue fácil suponer que la rubia le estaba ocultando algo. No era la primera vez que eso sucedía, desde niño siempre se daba cuenta que habían cosas que Alex omitía no solo a él, también a su hermano, cosa que cambió cuando este cumplió los quince años, puesto empezó a incluirlo en varios asuntos que para Kagami seguían siendo desconocidos. Siempre trató de ignorar eso, aunque parte de él se sentía un poco excluido, ¿por qué no podían decirle nada? Alex siempre le decía que porque era muy pequeño aún, pero Himuro solo era mayor por un año, ¿o tenía que ver las especies? Pero no lo entendía. Es decir, era consiente que habían temas de adultos que no necesitaba saber, mas el hecho de que a alguien contemporáneo de su edad si estuviera enterado y él no, daba mucho qué pensar.
Kagami era despistado, pero vivir con eso siempre, hizo que finalmente se diera cuenta que había algo que todavía no sabía cómo confirmar bien. Y eso era el hecho de lo que Alex y Himuro ocultaban no era un tema precisamente de adultos, sino era algo que ellos no querían que específicamente él se enterara. ¿Y qué podría ser?, ¿por qué el afán de no decirlo?, ¿tan grave era?, ¿o tenía que ver con sus padres? Esto último era lo más seguro, porque para Taiga todavía seguía siendo un misterio todo, ya que más de una ocasión preguntó a Alex como eran sus progenitores, pues suponía estos le dejaron a su cargo de los otros dos, sin saber realmente lo que eran, es decir, vampiros. Y no creía que ellos hubieran sido el "alimento" de la rubia. Ella le había dicho que simplemente lo encontró en la orilla de la calle, dentro de una canasta con una nota mientras había salido en la noche.
Cuando se hizo más grande, el pelirrojo pidió ayuda para querer encontrar a sus padres, al menos para saciar su curiosidad, ¿por qué sus padres lo abandonaron?, ¿no lo querían? Él quería averiguar en los registros de los hospitales o algo, pero se le fue negado el hecho. Y después de tanto insistir y ver que no tenía caso, lo dejó. Aunque la curiosidad seguía ahí, sobre todo cuando sus dotes de cazador salieron poco a poco y se dio cuenta que no era como todos los humanos.
Él tenía algo diferente. Por eso es que podía hacerle frente a los vampiros y hombres lobo sin necesidad de armas, al menos, cuando la adrenalina le llenaba el cuerpo como cuando mató a ese neófito experimentado—con ellos sus probabilidades de ganar sin un arma eran nulas— o la noche de luna roja. En esos momentos, no supo ni cómo se veía, ni qué estaba pasando, solo era consciente de que su humanidad desapareció por esos momentos, no se sentía humano en lo más mínimo. Y ahora que pensaba en eso, una pequeña inseguridad apareció fugazmente, ¿quién era él?, ¿cuáles eran sus orígenes?, ¿qué era?, ¿por qué era diferente? Antes no le dio tanta importancia, pero dado todo lo que había estado pasando, no podía retener esa curiosidad, ese interés y no podía evitar sentirse preocupado.
Sinceramente, se sintiera diferente antes o no, le daba igual, porque Alex y Himuro lo aceptaban así y su relación no cambió en nada. La diferencia ahora es que, ¿con Aomine sería igual? Por supuesto, Taiga no dependía de otros para ser seguro de sí mismo, solamente esa minúscula parte de miedo que apareció de repente por lo desconocido, le hizo pensar en eso. Sin embargo, también estaba seguro de que el peliazul lo quería, porque se lo dejó bien claro cuando despertó, además de que incluso ya había visto la diferencia de él con un humano luego de la luna roja, pues estuvo presente. Así como también, estuvo ahí, luego de que su hermano le mordió y creía que era un vampiro.
Esos recuerdos hicieron sonreír a Kagami y los pequeños pensamientos negativos que aparecieron por los instantes de miedo que sintió con todas esas preguntas sin respuestas, desaparecieron; eso no era algo por lo que debería preocuparse, ya lo tenía claro.
— ¿En qué tanto estás pensando, Bakagami? —preguntó Aomine, quien llevaba más de quince minutos despierto y el pelirrojo ni cuenta se dio de que lo estaba mirando.
— ¿Eh? —Kagami se sobresaltó ligeramente y le miró, aunque después sonrió ligeramente— Pues en lo que ha pasado hasta ahora, solamente.
— ¿En qué especialmente? —cuestionó Aomine, frunciendo el ceño. Hubo algo en la mirada del pelirrojo que le alertó un poco.
—Pues… —Kagami frunció los labios y se rascó la sien, no era bueno expresándose con palabras, sobre todo por su falta de tacto— En quiénes serían mis padres como para que yo sea tan diferente.
— ¿Te preocupa lo que piensen por ser diferente? —Aomine enarcó una ceja, descontento y resopló.
—Claro que no, idiota —Kagami frunció el ceño y le miró unos segundos, para luego ver el cielo que empezaba a teñirse de un suave color naranja porque el amanecer estaba cerca—. Es solo qué me desagrada el desconocer algunas cosas —aclaró—. Desde bebé he estado con Alex y Tatsuya; ellos son mi familia. Pero me da desconcierto no saber mis orígenes, sobre todo porque no es normal que un humano sea tan fuerte, siendo realistas.
Daiki le vio fijamente con el gesto neutro. Se daba la idea de porque desde bebé siempre estuvo con la vampira rubia, porque esta misma se lo dijo, pero tampoco podía abrir su boca, aunque notaba bien el pequeño brillo de frustración del pelirrojo.
—Le das mucha importancia, Kagami.
—No es eso —replicó Kagami, irritándose un poco y suspiró—. Tal vez ni caso le haría a todo esto, de no ser porque siento que algo me están ocultando —resopló—. No me gusta que me oculten cosas —suspiró nuevamente.
Esa última oración golpeó en la cara al peliazul, porque él sí estaba ocultándole varias cosas. Cosas que sentía la necesidad de decírselas, pero no sabía cómo hacerlo ahora.
—Seguramente no tardarás en saberlo, ¿no crees que habrá algún motivo para eso? —Aomine se mantuvo sereno, cruzado de brazos.
—No lo había pensado así… —susurró Kagami, haciendo un mohín de frustración y suspiró, relajando la expresión.
—Idiota, seguramente ellos lo hacen porque deben hacerlo, no porque quieran. Tú mismo has dicho que son tu familia, no lo harían para herirte —espetó Aomine con el ceño fruncido.
Kagami se le quedó mirando fijamente; era la primera vez que veía ese lado del peliazul, cosa que le hizo sonreír ligeramente.
—Hablas como si tuvieras experiencia, ¿no crees? —era obvio que así era, porque también sabía que el peliazul tenía cosas que no le había contado.
—Tsk, agradecido deberías estar porque me moleste en darte consejos —amonestó Aomine con desdén. Aunque luego le miró a los ojos y suspiró, ahora mismo más que nada, sintió la necesidad de contarle todo lo que venía cargando, pero se le hacía tan pronto. Era inevitable que lo siguiera ocultando, mas algo le impedía hablar todavía; tal vez era el hecho de que no quería arriesgarse a confundir más al pelirrojo siendo que este tenía memorias olvidadas, como le contó la rubia. Debía esperar— No te preocupes por eso, en algún momento vas a saber todo lo que quieres.
— ¿Y eso aplica para todo, Aomine? —inquirió Kagami, mirándole a los ojos, era obvio que se refería a él.
—Sí, aplica para todo —Aomine le sonrió cortamente y luego, jaló al pelirrojo que estaba sentado al lado suyo, para así darle un beso pausado, haciendo que un chasquido resonara en los labios de ambos.
Kagami sonrió entre el beso y correspondió, inclinándose más hacía el peliazul. Bueno, era justo, además tampoco le había dicho algunas cosas al otro chico, como por ejemplo la relación que tuvo con Tatsuya y algunos otros detalles. Pero en parte, era mejor así, ir lento, para así consumirse de forma más febril, memorizando cada detalle y momento en ambos. No había prisa.
—Y, Kagami —susurró Aomine, moviendo sus labios sin deshacer del todo el beso, viéndose ahora ambos a los ojos—, sea cual sea tu origen, a mí no me importa. Estaré contigo —musitó con firmeza.
Los ojos del pelirrojo se iluminaron y fue como si el lugar se llenara de destellos.
Realmente Aomine supo darle un buen sustento a la frustración de hace unos momentos.
—Tú también puedes ser bastante cursi cuando quieres, ¿sabes? —apremió Kagami con una sonrisa, sin burlarse, más que nada ese gesto fue confortante y cariñoso, porque hasta le acarició la mejilla.
—… —Aomine sintió una ligera vergüenza por eso, pero no lo demostró y respondió así: —Por supuesto, ser genial es saber tener mis momentos —y sonrió con presunción.
Kagami resopló y se volvió a inclinar para besar esos morenos labios que tanto le gustaban y que encajaban perfectamente con él.
Toda la preocupación que llegó a sentir con sus pensamientos sobre las dudas de su nacimiento, se fueron al olvido en el momento en que el peliazul introdujo su lengua en la boca ajena, profundizando el contacto y aunque el beso se percibía pasional, tenía un toque de ternura. Parecía como si Aomine estuviera diciéndole con sus ósculos "no me importa lo que seas, te quiero" y probablemente esa era la intención. Y Kagami le devolvió los mismos gestos con intensidad, como si fuera fuego que abrasaba todo a su paso con sus sentimientos.
Era así, para el lycan, todo lo que había vivido hasta ahora o las inseguridades que sintió al principio y todo, ahora parecía que no estaban ahí más, solamente estaba centrado en el pelirrojo.
Cuando el aliento de los dos se combinó, jadearon y un fuego completamente diferente, los quemó desde lo más hondo de sus venas para brillar en sus miradas al conectar ambos orbes.
Este deseo que sentían era nuevo para los dos; si bien no eran vírgenes, este sentimiento era algo que les caló lo más hondo de su alma y fue como si se desnudaran con la mirada. Lo que ahora querían era obvio para ellos, su cuerpo lo pedía, su alma lo gritaba, quería aferrarse a aquella mitad que tanto tiempo estuvieron esperando y buscando sin saberlo.
Aquella mitad con la que no solo encajaban complementándose, sino que también era capaz de romper todas las barreras que pudieran tener, despertándolos de un porrazo para regresarlos a la realidad.
Fue entonces, cuando Aomine se dio cuenta de algo.
La sanación de su corazón y de él mismo, no es que dependieran de Kagami en sí, más bien, él solo fue su motivo para querer estar bien. Porque el pelirrojo era deslumbrante, era la verdadera luz que mucho antes siempre buscó para quitarle la soledad a su ser.
El mismo Aomine fue quien decidió dejar todo atrás de forma subconsciente para poder de verdad ser el mejor y estar al lado del pelirrojo, porque las llamas de su alma supieron decirle de alguna forma "es él", pero que ese saber brotara y se hiciera ver, no fue fácil. Muchos años de dolor y sufrimiento se lo impedían. Y aun así, por el humano había sido capaz de replantearse muchas cosas.
Kagami fue como un demonio para Aomine al principio, por todas las cosas que estaba siendo capaz de despertar y mejorar en su persona, lo estaba absorbiendo y él no quería, se negaba rotundamente porque todavía vivía atrapado en el pasado, ya que en el mundo no había habido algo lo suficientemente fuerte para hacerle interesarse. Pero con Taiga no era simple deseo, era un hambre diferente que le daba al ver al pelirrojo, querer verlo, querer conocerlo… Quererlo para él mismo. Era como si no fuera él mismo, se sentía poseído por ese tonto chico de cabellos escarlata.
Su unión era inevitable, por eso toda su resistencia fue inútil.
Y ahora, Kagami era como un ángel para él. Si bien no dependía de este en el significado estricto de la palabra, pero fue el mismo pelirrojo que lo salvó de la oscuridad, de cierta forma. Ya había aguantado un siglo de odio y resentimiento, seguramente su corazón no podría aguantar más así, lo rescató sin querer; pero cuando la luz llegó a la razón del peliazul, este permitió que se extendiera.
Por eso, Aomine sabía que el hambre que sentía, no se conformaba con esto para satisfacerse, quería más de Taiga, más, mucho más de él…
Los ojos del pelirrojo le miraron atentos cuando se encontró acorralado contra el tronco de aquel gran árbol, porque sentía lo que ambos necesitaban; esa necesidad de consumir sus almas en un único acto.
Aomine era para Kagami algo intensamente peligroso, cuando lo miró bien, luego de que curaran sus heridas, fue como si contemplara una espada tan filosa que no solo hería a todos al cortarlos, sino se hería el mismo a su paso. Por ello sintió aquella adrenalina despertar desde el interior de su ser con solo verlo, era como si el mismo moreno lo estuviera llamando; como cuando una espada demoniaca elegía a su dueño para poseerlo y este se dejaba.
No obstante, eso solo era la fachada, solo era el cascaron. Porque el peliazul no era un demonio, más que herir, parecía querer proteger y herirse a sí mismo por eso; era como la tierra, firme y protectora, que además daba vida a más en su interior y calidez. Un lugar estable para que el fuego imparable que era el pelirrojo pudiera avanzar sin dejarlo atrás nunca. Los dos eran consistencias firmes.
Cuando lo conoció, fue como si su vida cobrara intensidad y parecía tan admirable y lejano, que el deseo de querer estar a su lado pasó a intensificarse en los momentos que volvieron a compartir juntos. Pero también, Taiga sentía la necesidad de querer proteger al peliazul.
El tiempo no era una excusa para ese tipo de atracción, porque era inevitable todo. Porque incluso aunque el corazón de Kagami también sintiera algo más por Himuro—sentimientos que ahora se veían tan lejanos—, eso no fue impedimento para que algo más se desarrollara por completo. Y aunque él no tuviera el mismo dolor que el peliazul, ni las mismas barreras, en su caso era el orgullo lo que quizá no le permitió en un principio ver con claridad todo, dada la actitud que Daiki tuvo al principio.
Pero ahora Taiga sabía lo que Aomine significaba en su vida, ahora terminó de comprenderlo, mientras lo veía a los ojos y pudo darse cuenta que del mismo modo en que pasaba a ser algo necesario en su vida, así era para el lycan con él.
—Kagami… —susurró Aomine con el gesto serio y la voz ronca, pero su mirada trasmitía muchas cosas ahora.
—… —el nombrado chico no dijo nada y jaló la mano ajena para ponerla sobre su pecho, dejando que sintiera sus acelerados latidos, por supuesto, sintiendo el ramalazo de vergüenza por eso, pero era lo que quiso hacer.
—… Realmente sabes hacer cosas profundas —Aomine sonrió con ese tinte arrogante que siempre lo caracterizaba, pero más que nada, esa sonrisa era de felicidad. Le encantó percatarse de lo que provocó en el pelirrojo. Eso terminó de desaparecer los rastros de soledad en su corazón.
—Cállate, idiota, y bésame —ordenó Kagami, ruborizado ligeramente para después jalar de la nuca al moreno y besarle con frenesí.
Aomine sonrió entre el beso y correspondió.
Ciertamente, el momento fue oportuno, porque el sol estaba emergiendo para anunciar el completo amanecer que inundó de luz los árboles y el agua cristalina, así como al par de chicos que estaban besándose contra el césped y pequeñas rocas.
El amanecer los bañó convirtiéndolos en fuego, como justamente se sentían ambos ahora al acariciarse.
El hermoso sonido de los besos hacía coro con el cantar de los pájaros y la corriente del agua de forma sincronizada y única, así que en ese momento, ese era el mejor lugar del mundo ahora.
Los labios de Daiki buscaron explorar más, así que al romper el beso y recibir una mordida en su labio inferior por parte de Taiga, empezó a besar ese cuello de forma lenta, tomándose su tiempo y enviando descargas eléctricas al cuerpo ajeno, recibiéndolas también. Dejó salir poco a poco su saliva y empezó a morder esa zona curvilínea, escuchando como el pelirrojo ahogó un gemido, sintiéndose complacido cuando este mismo le dejó más espacio para besar ahí.
Mientras besaba de todas las maneras posibles el cuello de Kagami, dejándole marcas, este último le sujetó del cabello con fuerza, acariciándole estos con cariño.
Era una suerte, que ahora Aomine solo estuviera vestido con un pantalón del mismo modo que el pelirrojo, la diferencia era que ahora este último había estado cubierto con su camisa hace unos minutos por el sereno de la mañana, misma prenda estaba tendida en el suelo, como si fuera una delgada cama que recibía el cuerpo de Kagami mientras empezaba a ser acariciado. Pero no se quedó atrás, con sus manos empezó a recorrer la espalda del peliazul, ese marcade tronco y los pectorales, así como el abdomen tan bien formado.
Aomine sentía que se estaba volviendo loco con esas caricias tan lentas, gruñó al recibir un rasguño en su espalda baja justo cuando mordió fuertemente el cuello de Kagami.
—Cálmate, tigre. No creo que quieras tener tu primera vez con salvajismo —espetó Aomine con una sonrisilla provocativa y presumida.
Aunque Kagami se ruborizó unos segundos, sonrió orgulloso cuando dijo:
—Ya te había dicho que yo no soy virgen.
Esas palabras terminaron por romper la cautela que Aomine tenía, ¿quién había sido el maldito que llegó antes que él? No importaba, de todas maneras, ahora que sabía eso, se iba a encargar de dejar huella en ese cuerpo, para que todos se percataran de que ahora le pertenecía por completo y nadie tenía derecho de volver a tocarlo.
Un brillo salvaje apareció en su mirada e hizo estremecer a Kagami de pies a cabeza, pero más que sentirse asustado por eso, la emoción le recorrió.
De verdad que estaba ansioso por conocer cada faceta que Aomine tenía por mostrarle.
Y cuando los labios del peliazul devoraron nuevamente los labios de Kagami, este supo que la faceta que descubriría a continuación, sería una realmente placentera y magnifica.
Asdkjdsakasdla, no me maten por dejarlo así, pero en serio, jajaja, iba quedarme enorme el capítulo si ponía todo junto y bueno, no me gusta hacer la lectura tediosa para ustedes xD. Además, si hay intriga y algo de impaciencia, lo que viene será delicia pura para ustedes 7u7.
Me encantaría que me dejaran sus comentarios, en serio, porque ustedes son parte de mi motivación para escribir también ^-^.
¡Nos vemos la próxima semana!
Aquí el Spoiler:
—S-sufiente, maldición…, Daiki, mételo —siseó Kagami, mientras sentía como ahora tres dedos estaban moviéndose entre sus paredes del recto y volteó la cabeza para encontrar su mirada con la azul, todavía masturbándole. Sí bien sintió algo de vergüenza por esa petición, su frenesí le hizo olvidarse de aquello, pese a su sonrojo.
—Tengo que prepararte bien, tendrás el pene de un hombre lobo, Taiga —jadeó Aomine, completamente sudado así como el pelirrojo y alzó la cabeza para morderle un glúteo al ajeno, haciéndolo gemir roncamente y luego sonrió cariñoso y vanidoso. Se notaba que tenía confianza y orgullo al hablar de su miembro.
[…]
Muchos decían que en La Noche, las dos lunas que iluminaban ese mundo eran diferentes. Decían que aunque se vieran tan lejanas y redondas, así como brillantes, ellas escondían un secreto que nadie sería capaz de imaginar ni porque vivieran más de mil años y recorriera todo ese mundo.
Podía ser un mito, o quizá no. O quizá, el verdadero misterio no consistía en que ambas lunas podrían ser diferentes, sino, ¿por qué eran iguales y así parecían representar solo a una de las dos razas que vivían ahí? ¿Qué deberían tener de diferente?
Algún viejo sabio dijo alguna vez, que el estado de las lunas era el reflejo de la autoridad del imperio.
