¡Holaaaaa! ;A;
Alskdjsljdljaldjlakdjlajklkdk, PERDÓN, JODER. Sé que me tardé tres semanas en actualizar, pero es que la Universidad me consumía y mi salud estaba jodida ;n; Acabo de terminar mi temporada de exámenes parciales, solo me queda esta semana de proyectos finales, así que ya me tendrán de regreso cada semana \ ( ; - ; ) /.
Imagino que estaban ansiosos por el capítulo(?). Espero lo disfruten, que ya viene lo mero bueno, huehue, y disculpen si tengo algún error ortográfico o incoherencia narrativa.
¡Y agradezco a aquellas personitas que me han dejado sus comentarios! Ustedes son quiénes me animan a seguir :3
Alex dio un pequeño sorbo a su taza de té, mientras que tomaba asiento al lado del licántropo de cabellos azules, justo cuando el pelirrojo estaba cocinando lo que sería el desayuno de solo para dos, pero que parecía para veinte personas.
—Debería preguntarte porque no viniste a dormir en todo un día, Taiga, pero creo que tu olor me lo confirma —mencionó Alex como quién no quiere la cosa, sujetando su taza con ambas manos y sonriendo.
—Alex, por favor, no empieces ahora… —pidió Kagami, sin voltear a verla, o terminaría colorándose como un tomate. Mejor prefirió concentrarse en cocinar toda esa carne que tenía.
— ¿Qué acaso hueles mi semen en el cuerpo de Kagami, vampira? —inquirió Aomine como si fuera normal preguntar algo así.
— ¡Aomine, cállate idiota! —exclamó Taiga con exasperación, lanzándola una taza de plástico a la cabeza, mientras que se sonrojaba con violencia.
La vampira rubia se empezó a carcajear con verdaderas ganas que tuvo que dejar su taza de té en la mesa y luego negó con la cabeza y miró al moreno que le lanzó un beso a un efurruñado e irritado pelirrojo.
—No, no, eso no es lo que se huele en el cuerpo de Taiga —dijo Alex todavía entre sonoras risas—. Anda, Daiki, tú eres igual de bueno con el olfato que yo, sabes bien de lo que hablo.
El mencionado lycan se relamió los labios y asintió, cruzándose de brazos.
—Bueno, sí… Huele bien en su estado activo.
—Agh, por favor, ¡dejen que me concentre al cocinar! —volvió a decir Kagami, suspirando con fastidio, completamente avergonzado.
Dios, es que una cosa era estar jugueteando con el peliazul de forma sexual con comentarios y otras cosas, pero otra muy distinta era que Alex, que era como su madre, estuviera presente y hasta participando. Quería que la tierra se lo tragara.
—Tú cocina, nosotros hablamos de esto. Mira que no me gusta que se rapten así a mi niño, eh, Daiki —señaló Alex con el tono severo que una madre usaría al hablarle a su yerno.
—Oh, vamos, no es como si fuera a dejar que algo malo le pasara —resopló Aomine con firmeza.
La rubia hizo un mohín y abrió la boca, pero fue otra voz la que respondió.
—No te sorprendas, Aomine-kun, Alex solamente está celosa de que le quiten la atención de su hijo.
Kagami casi se quema cuando escuchó la voz de Himuro aparecerse justo en la cocina, porque al fin estaba sabiendo de él, porque al fin lo estaba viendo aparecer en la casa luego de que se suponía había ido a ver a Hyuuga. Aunque claro, era normal que su hermano siempre pasara más de un día fuera de casa sin dar explicación alguna de lo que hacía, así que eso no le molestaba. Mejor dicho, quizá se sentía un poco… raro, porque el vampiro no había sido el primero en verlo despertar de sus heridas, como siempre lo hacía.
— ¡Hey, Tatsuya, al fin estás de regreso! —exclamó con una enorme sonrisa que hizo a Kagami lucir más joven de lo que ya era con sus dieciocho años.
El vampiro dirigió sus ojos grises, para verle y dedicarle una corta sonrisa.
—Por supuesto, Taiga, yo no puedo dejarte solo —respondió Himuro con su misma calma de siempre y como si todos ahí fueran humanos, se sentó al lado de la rubia.
Lo único que Kagami hizo, fue seguir viéndolo con una sonrisa amplia y hasta entusiasmada, parecía como si quisiera lanzarse a abrazarlo o recibirlo de otra manera que no sería típica entre hermanos, al menos no delante de los ojos de Aomine, que se habían afilado cuando Himuro apareció ahí. Y es que con solo ver la forma en que veía al pelirrojo, a su pelirrojo, sentía que quería lanzarse contra esa garganta de granito y destruirla.
—Vaya, esta imagen es bastante familiar —comentó Alex con cierta gracia, como intentado disolver la tensión latente en el ambiente, porque sí para ella estaba claro el mutuo desagrado que existía entre el pelinegro y el peliazul, también el primero lo notaba.
—Sí, una familia maldita —bufó Aomine con una sonrisa sarcástica y burlona.
—La familia maldita y su mascota canina —añadió Himuro con un tono tan amable que se sintió frío como estalacnitas—, un cuadro muy atípico.
Que bueno que la luna nueva estaba más cerca, sino con esa provocación tan clara como el agua, quizá el moreno hubiera estallado ahí mismo. Pero también debía controlarse por Kagami, ya que se suponía aquel vampiro de cabello negro era importante, le gustara o no.
—Las mascotas son obendientes y Aomine para nada lo es —puntualizó Taiga, haciéndose de la vista gorda, queriendo creer que la tensión se debía a otra cosa y no porque se trataba de él.
—Oh, sí, ya lo creo, Taiga —Himuro simplemente le sonrió.
—Eh, pues hace mucho tiempo que yo comí comida humana, así que, Taiga, espero a mí también me sirvas lo que sea que estés cocinando —intervino Alex con voz musical, inclinándose un poco contra la mesa y ver al pelirrojo, no sin antes intercambiar una mirada con el vampiro.
— ¿Segura, Alex? —preguntó Kagami, algo sorprendido por eso, la verdad es que aunque la vampira siempre le dijera que cocinaba exquisito, no comía realmente de su comida, simplemente la olía, pero eso era porque no la necesitaba para sobrevivir. De modo que por eso le era raro.
—Yo también quisiera —se apuntó Himuro.
De repente, Aomine se puso a la defensiva, pese a que siguió mostrando su expresión relajada, pero la verdad es que ahora tenía ganas de patear la mesa y estamparla en algún maldito lugar. Podía soportar la presencia de la rubia Alex, porque bueno, ella le había salvado la vida y se podía decir que confiaba un poquito en esta por ese mismo motivo, además que le contó la verdad sobre Kagami, pero era algo muy diferente tratándose de Himuro, o sí.
Aun así, no le daría el gusto a ese chupasangre.
—Bueno, solo recuerda que dijiste que me servirías primero —habló Aomine con una sonrisa arrogante al momento en que subió sus pies a una silla del comedor que estaba en dirección diagonal desde donde estaba sentado en este momento.
Ya estaba, aunque no hubiera nada en concreto, la competencia había empezado.
El viento soplaba como si tuviera miedo también, sin embargo, las dos lunas en el centro del cielo de La Noche brillaban elegantes y dominantes como desde el primer día en que existieron ahí en ese mundo. Lejos de parecer intimidantes, parecían cómplices a lo que fuera que fuera a suceder ahora.
O así lo sentía Momoi, mientras estaba dentro de su habitación, en aquella gran casa donde ella y su manada vivía.
No todos en el territorio que a ella le correspondía cuidar con los demás en el lugar de Aomine vivían en manadas, de hecho, más eran familias biológicas una vez se juntaban para procrear o se enamoraban. Pero como aquella manada era la "líder" por decirlo de algún modo, eran los que defendían su territorio, su obligación era vivir juntos y si alguno llegaba a enamorarse o algo, su pareja tenía que vivir ahí. No era difícil controlar la natalidad entre los licántropos, debido a que una pareja solo era capaz de reproducirse dos veces, claro que en esas dos veces, aunque alguna vez, llegaba a suceder que nacían mellizos, gemelos, etc, con un periodo de gestación de dos años.
Y los vampiros de igual modo podían tener hijos solo dos veces, pero su periodo de gestación era de nueve años. Muy tardado para un humano, pero ellos eran vampiros, el tiempo pasaba diferente para ambas razas.
Satsuki suspiró mientras bebía un poco de agua traída desde el manantial. Todavía no podía creer que hubiera aceptado lo que Kuroko le dijo, ¿tanto así lo quería todavía? Como fuera, ahora ya no podía dar marcha atrás, sobre todo si lo que tenía que hacer no solo era benefico para su mundo, sino para Aomine. Y es que, qué no haría por su mejor amigo, por su hermano, no podía dejarlo abandonado y si un modo de salvarlo era arriesgando así su vida, lo haría.
Su determinación estaba firme y se recogió el cabello en una cebolla alta, guardando así sus hermosos mechones largos y rosados justo cuando tres golpes en la puerta de su habitación la sacaron de sus pensamientos.
—Adelante —invitó.
Un muchacho más alto que ella, de un cabello rubio cenizo que casi parecía blanco por la luz de la habitación entró. Tenía una complexión atlética como todos en ese mundo y su tez bronceada.
— ¿Querías verme? —preguntó Wakamatsu, algo sobrecogido al ver el nuevo estilo de su alfa.
Momoi dirigió sus ojos rosados a los del chico y caminó hasta él, casi chocando ambos cuerpos. No acostumbraba a usar el 'poder' que un alfa poseía, porque no le gustaba doblegar a nadie, pero en esta situación, necesitaba hacerlo.
Y el rubio retrocedió un pasó, sin replicar ni quejarse, después de todo, todos respetaban el poder de su líder de manada, solo se mantuvo serio, esperando lo que fueran a decirle.
—Wakamatsu-san —musitó Momoi—, necesito que liderez la manada un tiempo —no lo pidió, lo ordenó.
Y pese a que esa orden llenó de dudas y descompuso la expresión del rubio y quiso preguntar muchas cosas, lo único que pudo hacer, fue asentir lentamente, sin molestarse en pedir explicaciones, porque sabía que no las tendría y porque influía mucho la mirada de la pelirrosa.
Aun así, Momoi hubiese querido decírselas, dado que al ser el otro el sublíder, lo merecía, tenía derecho a saber, porque, ¿qué le diría a los demás ante la ausencia de ella?
Pero no lo haría o sería condenarlo cuando alguno de la Unión Milagrosa se enterara de esto, porque nadie más que ella y Kuroko debían saber a donde iría.
En aquella mesa redonda donde cuatro de los seis miembros de los gobernantes de ese mundo estaban sentados, pareció brillar con su nueva pintura ante la presencia de Akashi Seijuro ahí.
Nadie decía nada, porque el "líder" estaba hablando y sus palabras, eran unas en las que Kuroko Tetsuya no estaba de acuerdo y quizá no fuera el único, pero uno prefería dejarlo pasar y el otro callaba por mero respeto.
—No vamos a dejar que el gran esfuerzo que Shogo hizo se desperdicie así —dijo Akashi frívolo, sonriendo—. Shintaro, ¿has averiguado a donde va la señal que hizo Shiro?
—Todavía no, a pesar de que viaja realmente rápido, parece como si estuviera siguiendo un camino completamente difícil, como si estuviera dándole la vuelta a todas las galaxias como despiste —respondió Midorima, ajustándose los lentes con la diestra, dando así su explicación.
—Podríamos simplemente llegar al mundo humano, total, ya sabemos que ahí esta el chico y podremos seguir su rastro. Esperar me aburre —expresó Murasakibara con un suspiro.
—Si hacemos eso, le daremos la oportunidad de escapar y como es seguro que mi hipótesis es cierta, hay alguien ahí que le dará esa llave y se dará cuenta de nuestra presencia y objetivo cuando pisemos el mundo humano —aclaró Akashi y entrelazó sus dedos al acomodar sus manos sobre la mesa—. Por eso necesitamos las coordenadas exactas para abrir el portal ahí y no dejarles escapatoria.
—Tch… —Murasakibara frunció el ceño, pero no dijo nada más.
— ¿Lo dices por Aomine-kun? —inquirió Kuroko con su calma de siempre.
—No, Tetsuya. Alguien más —la expresión de Akashi se oscureció un poco— y por todo lo que la mente de Shogo me dijo, es seguro que Daiki esté también ahí —añadió con cierta ironía.
— ¿Y qué haremos con él? —preguntó Midorima.
Los ojos bicolores de Akashi se fijaron en el peliceleste.
—Esa tarea te la dejo a ti, Tetsuya. Ya te había dicho lo que tienes que hacer.
El ceño de Kuroko se frunció ligeramente.
—Lo sé.
—Sí Kuro-chin no se esta oponiendo, me imagino que no pretendes matar a Mine-chin, ¿verdad, Aka-chin?
—No hay sucesor para Daiki, así que aunque quisiera, no podría borrarlo simplemente del mapa —aceptó Akashi con el gesto serio—. Pero sí lo quiero fuera del terreno cuando vayamos por aquella criatura.
En aquella sala silenciosa, el sonido de una silla al moverse hizo que todos los presentes vieran a cierto peliceleste levantarse.
— ¿Te estás oponiendo de nuevo, Tetsuya? —Akashi se mostró fríamente amenazante, cualquiera que lo viera con esa expresión temblaría de miedo.
Pero Kuroko no lo hacía, era la única persona que se mantenía inexpresiva ante eso.
—No lo estoy haciendo, Akashi-kun. Simplemente estaba por ir a traer a Aomine-kun —contestó con la verdad.
Akashi sonrió ligeramente, complacido. Le creía sí, además, incluso aunque hubiera dudado, no tenía permitido usar su poder mental con los miembros de la Unión—pero a veces hacía algunas excepciones por simple precaución, aunque de forma más superficial y los demás lo sabían, por eso también se cuidaban—, de no ser porque de verdad hubieran pruebas en contra de estos o porque estuvieran amenazando la paz de su mundo. Justo como con Aomine y Kise.
—Entonces, Shintaro, acompaña a Tetsuya para el portal.
El vampiro de cabellos verdes asintió y se incorporó de igual manera.
—No lo entiendo —interrumpió Murasakibara—. Has dicho que no podemos llegar así como así, porque les dará oportunidad, pero dejarás que Kuro-chin vaya ahora por Mine-chin.
Akashi le sonrió con paciencia.
—Si vamos todos, será sospechoso. Pero con Tetsuya, nadie sospechará, además, ahora mismo él va exclusivamente por Daiki e incluso aunque se movilizaran por eso, la señal que usó Shiro nos llevará hasta ellos —explicó—. Sé que estás impaciente, Atsushi, pero cuando llegue la acción, serás recompensado.
Para ese entonces, Kuroko y Midorima se encontraban saliendo ya de aquel castillo donde siempre se reunían y que era el hogar de Akashi, caminando a paso nada humano para ir directamente al Lago Espejo, sin decir palabra alguna.
— ¿Cuánto tardaré en llegar, Midorima-kun?
—Ordenar las coordenadas para que aparezcas en Japón me llevará algo de tiempo, porque no te puedo hacer aparecer en cualquier lugar allá —aclaró Midorima con gesto solemne—. Y luego está el viaje, al ser un mundo diferente… Probablemente en tres días o quizá menos o más, dependerá de tu mente también.
—Comprendo —Kuroko asintió.
—En el lugar donde aparezcas, a ese mismo lugar debes dirigirte con Aomine para utilizar el amuleto que te daré para avisarme que están por regresar —recordó Midorima.
—Sé como funciona todo esto, Midorima-kun, gracias.
Pero el peliverde frunció ligeramente el ceño. Quizá nadie era capaz de mirar a través de Kuroko, mas sentía que algo más pasaba, no creía que la desaparición repentina de Momoi tuviera que ver con el peliceleste, pese a que tiempo atrás tuvieron una gran amistad. Además, si Akashi no sospechaba de él, tampoco Midorima lo haría.
Aunque resultaba curioso aquella desaparición justo un día antes de que el pelirrojo líder decidiera que era momento de usar a la chica para atraer a Aomine y que ahora con su ausencia, Momoi estaba a salvo.
Decir que Aomine estaba furioso con todas estas actuaciones que había entre Kagami y Himuro, era poco. Y es que aunque hubiera pasado toda la noche con su pelirrojo, le jodía demasiado ver en estos dos días al chico pegado al vampiro en las mañanas o parte de la tarde también; no le gustaba tener que "compartirlo", sobre todo porque recordaba bien aquel día en que el humano llegó oliendo a esencia de ese vampiro. Era obvio que algo se le estaba escapando de las manos y no quería preguntar por tres motivos: el primero era que sería mejor esperar a que Kagami se lo dijera, el segundo era que ni siquiera él mismo le había contado muchas cosas al pelirrojo como para ponerse a exigir una explicación y el tercero era que discutir temas privados en una casa donde oían hasta cuando meabas, era incómodo.
Sentía que se iba a volver loco de tener que soportar la convivencia de eso dos, no la aceptaba para nada. Pero antes siquiera de hacer alguna tontería—qué bueno que era luna nueva—, este día prefirió salirse de aquella casa e irse rumbo al bosque donde había hecho el amor por primera vez con el pelirrojo y se recostó ahí en el pasto, contra un árbol.
No pasaría mucho tiempo, solo quizá los minutos que dura la puesta de sol y este se oculta en las montañas, cuando el olor del pelirrojo se hizo presente para el lycan.
—Estaba buscándote —dijo Kagami una vez llegó hasta donde estaba el otro.
— ¿En serio? No pensé que te acordaras de mí todavía —replicó Aomine con cierta acidez.
— ¿A qué demonios viene tu tono de voz y esas palabras? —Kagami frunció el ceño— Es obvio que es verdad, idiota, no te puedo sacar de mi mente —refunfuñó, sentándose al lado del peliazul.
—Cuando estás con ese chupasangre contradices lo que me estás diciendo ahora —escupió Aomine con cierto desdén, no se iba a molestar en guardarse sus celos, para nada.
Y de todos modos, no es como si pudiera hacerlo, ya que sus sentimientos siempre estaban expuestos para el pelirrojo.
—Pero, ¿qué tonterías estás diciendo? —Kagami pareció perplejo con eso— ¡Tatsuya es como mi hermano!
— ¡Ay, por favor, Kagami, si antes follabas con él! —exclamó Aomine, dejando su postura relajada al estar recostado y sentándose. Sonrió con amargura al notar como la expresión del pelirrojo se descompuso— Así que no me digas que son como hermanos, porque no nací ayer.
— ¡…Pero no es por lo que tú piensas! —se apresuró a negar Kagami con cierta brusquedad. ¿Acaso el peliazul estaba dudando de él? Bueno, quizá si era razonable, después de todo él mismo aceptaba que su relación con el vampiro pelinegro, no era como lo sería entre hermanos normales.
Pero con Tatsuya la manera de hacer el amor—porque simple sexo tampoco era, pese a que los sentimientos románticos no estaban presentes, al menos no para el pelirrojo o eso se decía este mismo— era diferente, no se consumía un amor conyugal, sino uno fraternal y además así se apagaba también el deseo que el vampiro tenía por la sangre del chico humano. Pero había más ahí de igual forma, aunque tampoco era muy fácil de explicar; era una unión de verdad… sin definir a palabras.
— ¡¿Entonces cómo?! —Aomine le miró con bastante furia, no hacía el pelirrojo, sino a toda esta situación. Le parecía increíble que hace unos días todo estuviera tan mágico con el chico y ahora hubiera una gran tensión generada por los celos.
Kagami frunció los labios unos segundos, sentía un peso extraño en su pecho mientras intentaba buscar las palabras adecuadas, pero sinceramente no podía.
—Somos cómo hermanos, esa es la única verdad.
— ¡Por favor, Kagami! Aunque tú me estés diciendo eso, es obvio que para ese vampiro no es así, ¿qué no ves cómo te mira acaso?
— ¡Te estás equivocando! ¡No es cómo tú piensas! —insistió Kagami.
— ¡Entonces dime qué demonios significa el hecho de que te trate como si tú fueras su pareja y parezca querer comerte con la mirada, cuando tu único novio soy yo! —Aomine estalló y le dio un puñetazo al árbol donde antes estaba recostado, haciéndole un gran agujero. Qué bueno que era de un tronco ancho, sino probablemente lo hubiese quebrado por completo— ¡Y lo que es peor, pareciera cómo que sí tú quisieras corresponderle!
— ¡Es que no es así, maldita sea! —Kagami se incorporó y sus ojos rojos brillaron, no con miedo por la reacción del moreno que asustaría a cualquiera, sino por la frustración que sentía por no poderse explicar como quería, además del dolor que sentía por el hecho que el moreno estuviera desconfiando— ¡Yo no quiero a Tatsuya como yo te quiero a ti, entiende eso! —exclamó al fin y sin darle tiempo al lycan de responder, añadió: —¡Incluso aunque antes mi intimidad con Tatsuya fuera grande, no es como sí fuera a seguir haciéndolo ahora que te tengo a ti, cielos!
— ¡...! —Aomine no supo como reaccionar cuando la sinceridad de esas palabras le golpearon como una ola de calor en la cara.
—Demonios, eres un idiota… —Kagami suspiró y se puso de cuclillas para sostener el rostro moreno entre sus manos y le miró a los ojos. Le dio algo de pena lo que iba a decir, pero se aguantó y su semblante se mantuvo firme— Sé que mi relación de hermandad con Tatsuya es difícil de explicar, más aún de entender, pero… —junto su frente con la del licántropo sin dejar de verlo— Pese a todo lo que yo llegué a hacer con él antes de conocerte, no tiene nada que ver con lo que siento ahora por ti, Aomine Daiki.
—Eso no me explica porque carajo antes tú y él follaban… —refunfuñó Aomine, sintiéndose pleno ante las palabras del pelirrojo, pero sin dejarse distraer todavía. No iba a dejar pasar este tema ahora.
—Es que… no era por simple placer o algo así, es difícil que yo te explique sin que te pongas celoso —Kagami enarcó una ceja.
—… Ese no es el tema principal, Bakagami.
—Mira —Kagami suspiró—, quiero explicártelo. Quizá debí hacerlo antes, pero bueno… —como todavía seguía sosteniendo el rostro ajeno sin separarse aprovechó para dejarle un beso corto en los labios— No es algo que pueda poner a palabras.
Quien suspiró ahora fue Aomine y sujetó la cintura ajena, cerrando unos segundos los ojos.
— ¿Sabes, Kagami? A pesar de que quiero que me expliques toda esa mierda con tu "hermano" —pronunció esa última palabra con molestia, pero en el resto de la oración su voz fue normal—, siento que sí me la dices ahora, terminaré por ir a partirle la cara.
—Pero quizá es buen momento, ya que es luna nueva y no te puedes transformar —señaló Kagami con inocencia.
—De todos modos iría a partirle la cara —resopló Aomine con el ceño fruncido.
—Saldrás lastimado así —Kagami también frunció el ceño.
—Genial, gracias por tu apoyo. Me has conmovido —gruñó Aomine con sarcasmo.
—Verte pelear a ti con él no es algo que yo quiera, ¿sabes? —repuso Kagami con cierta indignación— Pero quiero ser sincero contigo para evitar que sigas poniéndote así de celoso…
— ¡Es que eso nunca va a cambiar, joder! Siempre querré cortarle la garganta a quienquiera que te mire de forma romántica —interrumpió Aomine.
—Tatsuya no ve así… —volvió a decir Kagami, algo molesto por esa suposición de su hermano, mas aquello se perdió rápido ante aquellas palabras tan posesivas del moreno. Se mostró ceñudo, pero eso le hizo sentir malditamente bien.
—Cualquiera terminaría enamorado de ti luego de tener esa clase de sexo increíble contigo —Aomine enrolló sus brazos en la cintura ajena y jaló al pelirrojo, haciendo que ambos cayeran al suelo.
— ¡Idiota, no lo digas de esa manera! —Kagami le miró con irritación.
—No me gusta tu "hermanito" y aunque me des la explicación que me des, nunca dejará de desagradarme —finalizó Aomine, abrazando al muchacho.
Taiga suspiró.
—Bueno, yo no sé la explicación correcta, no es como si lo hubiéramos discutido antes con Tatsuya, solo podíamos suponerlo —confesó y correspondió al abrazo—. Pero es seguro que no tendremos las mismas acciones en ella como antes.
—Bien, supongo que puedo vivir con eso —Aomine le besó la frente al pelirrojo—. Sin embargo, no esperes que me acostumbre.
Era el tercer día en el que Alexandra se sentía bastante inquieta. Había intentado usar ese don que tenía, además de la magia, pero era imposible para ella que pudiera ver lo que el futuro deparaba ahora. Y es que a veces su don era vulnerable y sí no podía ver nada ahora, era porque un sinfín de decisiones de los protagonistas en sus anteriores visiones estaban viajando y haciendo su propio plan ante lo que sea que fuera a pasar.
Quizá Alex no podía ver nada claro, pero estaba segura de que algo se estaba cociendo ahí. Entonces, mientras la vampira rubia estaba sentada frente a su escritorio, el transe llegó como pocas veces lo hacía al momento de tener alguna visión.
Solo que en esta ocasión no era completamente una, sino la imagen de una sola persona.
Su hermana.
Alex jadeó y se incorporó con rapidez inhumana. No era la primera vez que llegaba a tener ese tipo de visiones incompletas sobre su hermana, muchas veces llegaba a verla a ella atrapada en aquella dimensión tan desolada de la que la vampira de ojos verdes había escapado casi un siglo después de que fuera condenada injustamente. Y cuando supo que su vampira hermana corrió la misma suerte, hubiese querido ayudarla, es más, había ido para rescatarla de ese lugar, pero esta no le dejó hacerlo.
—Sí tú me sacas de aquí ahora, Akashi sabrá que estás viva y que has podido burlar todo su poder —le había dicho su hermana.
—Pero no puedo abandonarte aquí, santo cielo. ¡No te mereces estar aquí! —Alex le sujetó de las manos— Tu hija también te necesita.
—Sé que Taiga estará bien contigo aunque yo no esté con ella y si yo me escapo ahora, Akashi y los demás sabrán que estaré contigo, sabes bien como es él. No se le escapa nada, Alexandra.
—Shiro… yo no puedo…
—Tienes a Tatsuya contigo también, estoy segura que entre ambas podrán cuidar de mi niña —Shiro le miró a los ojos.
Alex sentía un nudo en su pecho, quería romper a llorar ahí, pero no lo haría delante de su hermana menor, se mostraría fuerte.
—Vendré a verte entonces.
Sin embargo, Shiro negó y sonrió con tristeza, pero firmeza.
—Tu olor quedará y estoy segura de que Akashi vendrá a verme en algún momento y si él tiene la mínima sospecha que tú estás en el mundo humano y viva, irá tras de ti y de mis hijas.
— ¡Es que no puedo dejarte sola, Shiro!
El ambiente de tristeza y dolor era tan compatible con la soledad de aquella dimensión.
—Pero tienes que hacerlo, Alex. Yo estaré bien, solo, por favor, cuida a Taiga, te lo suplico.
Y así lo había hecho Alex. Le había prometido cuidar al fruto de su amor con aquel licántropo.
Lástima que no podía protegerlo de sus sentimientos, por mucho que quisiera.
No sé ustedes, pero yo adoro ver la faceta celosa de Aomine, grrrr, ¿a qué es sensual?
E imagino que como el morenazo, ustedes igual siguen con sus dudas sobre la relación entre Kagami y Himuro, pero no desesperen, ya saben que conmigo todo se sabe x'D.
Hay muchas más incógnitas que antes, lo sé, pero bueno, jaja.
Por favor, ¡anímense a comentar!, ya saben que para un autor es muy importante la opinión de los lectores, porque sin su apoyo, no llegaríamos muy lejos.
Los amo, aquí les dejó el Spoiler del próximo capítulo:
—Aomine, yo… —Kagami se giró para ver al moreno.
—Hah, muy bien. Estaré en el perímetro del bosque —Aomine soltó de la mano al pelirrojo y antes de irse, miró esta vez directamente al vampiro pelinegro y se acercó lo suficiente para susurrarle solo con un movimiento de labios para que el humano no escuchara: —Sí le haces daño, no dudaré en matarte.
Pero la única respuesta de Himuro fue una sonrisa fría, para luego ver como el lycan se alejaba, dándoles la espalda.
[…]
Y que sí otro poco, Daiki se hubiera tardado en aceptar lo que sentía, Taiga ahora no fuera de él.
¡Nos vemos!
