Jelouuuuuu!

¿Cómo están? Yo muriendo en el calor de mi ciudad, pese a que estamos en invierno(?).
Asdlajdlajklddkl, bueno, lo importante es que ya vengo a dejarles un capítulo más de ésta historia :3.

Antes que nada, tengo deseo de mandarle saludos a ArminxArlet, asdlkjdlaldljk, te regalaría rosas o algo similar, porque te lo has ganado(?) x'DDD.
También agradezco mucho a aquellas personitas que nunca faltan en mandarme sus comentarios en los capítulos, ¡son geniales!

Sin más que decir, les dejo el capítulo que espero disfruten. Y disculpen si tengo algún error ortográfico o incoherencia narrativa.


Si bien las palabras ahora mismo estaban ausentes, Aomine sabía exactamente como se sentía Kagami, no solo porque su conexión de enamorados era única e inigualable, además de irrevocablemente fuerte, sino porque conocía ese sentir también. Quizá no de la misma manera que el pelirrojo, pero era similar.

Porque así como Daiki llegó a sentirse culpable en algún momento porque dejara de tenerle amor a Kise, Taiga se sentía culpable porque se había dado cuenta que también sentía amor por Tatsuya, no de la misma manera que con el peliazul realmente, pero así se encontraba y no solo eso, lo había besado antes de que se fuera.

—Hah, por Dios, no te voy a reclamar nada, idiota —bufó Aomine, rascándose la nuca para luego reclinarse en la pared, justo en frente de donde estaba el pelirrojo al ver a través de la ventana—. Aunque ese chupasangre haya tenido la suerte de besarte antes de irse.

—Aomine, mejor no me digas nada —Kagami cerró los ojos unos segundos.

—Te estoy diciendo esto, porque sé que es difícil despedirse de un viejo amor —aclaró Aomine con cierta agresión en la voz. Estos temas no eran su fuerte, en lo más mínimo, así que estaba con el ceño fruncido ahora mismo.

Dicho eso, la atención de Kagami quedó fija en el moreno por completo. Hasta pareció que había hablado en otro idioma.

— ¡Deja de mirarme así, maldita sea! —gruñó Aomine.

—Lo siento, es que no me esperaba oír eso —admitió Kagami. Si el momento fuera otro, quizá hasta se hubiera burlado, pero no estaba de humor—. Además, tampoco es como si yo amara a Tatsuya como a ti, no llegué a hacerlo como debía antes, supongo que fue algo pérdido y por eso…

— ¿Te has preguntado cómo es mi mundo alguna vez? —interrumpió Aomine de pronto.

Los dos chicos se quedaron mirando o mejor dicho, observando durante un largo rato.
Taiga había supuesto que el lycan querría saber todo, del mismo modo que él quería saber todo de su vida. Sin embargo, basto con sus miradas para que Daiki le dijera al pelirrojo que no era necesario que se lo explicara en palabras, porque ya lo sabía. Ya conocía eso y no tenía por qué interferir en lo que ambos tenían ahora. En cambio, quien merecía una explicación, era Taiga.
Porque quería que no llegara a sentirse culpable ni nada y porque sentía que se la debía desde que lo trató mal aquella vez en Japón cuando se fue del departamento.
Pero con esto no indicaba que no escucharía al pelirrojo, al contrario. Ya era momento de que ambos fueran sinceros, porque a pesar de que en algún momento alguno no encontraría las palabras para explicarse, sabía que el otro lograría entender lo que les llegara a costar decir.

—Sí, muchas veces, de hecho —asintió Kagami a la pregunta ajena.

Ambos no dejaban de verse a los ojos y no dejarían de hacerlo en toda la plática.
Y Aomine suspiró, con la lluvia de recuerdos en toda su mente, de aquel mundo que le dio la espalda y dejó de llamar su hogar.


La suerte quizá estaba de lado de Momoi desde que aceptó hacer lo que Kuroko le pidió o quizá solo era su instinto, ese que había heredado de sus padres desde que nació y ahora ejercía y que la llevaron a ser la beta de la manada cuando Aomine todavía vivía en La Noche, para luego ser la líder de esta cuando él fue desterrado.
Seguramente si Daiki estuviera ahí, no la hubiera dejado hacer lo que estaba haciendo en estos momentos y hasta hubiese ido él en su lugar.
Pensar en el moreno, en sus padres y en su manada, le daba la fuerza necesaria a Satsuki para seguir el camino al que iba desde antes de ayer, además de que si encontraba lo que estaba buscando, podía salvar no solo a Aomine, sino también a Kise y podía hacer que ellos dos estuvieran al fin juntos.

Las Colinas del Fin ahora eran temidas, luego de que al principio eran cuidadas y veneradas por ser las proveedoras del alimento para todos ahí. A lo lejos, estas parecían ser de un color normal, con vegetación verde que podría ser el pasto, sin embargo, cuando se estaba al límite, justo frente a ellas, se podía uno dar cuenta que su suelo y ambiente era como estar escalando un volcán que en algún momento haría erupción; el suelo estaba erosionado y parecía casi rojo por el calor abrumador que de ese lugar. Muchas piedras habían ahí, pero sin rastro de vida alguna o eso se suponía hasta que lo que sea que matara, desgarrando a quienes invadían el terreno apareciera, claro.

El viento sopló con fuerza, como una advertencia para Momoi, la chica lobo que estaba empezando a subir las colinas de forma lo más sigilosa posible, como indicaba todo lo que leyó del informe que le dio Kuroko. A pesar de los escalofríos que recorrieron el cuerpo de la muchacha, su determinación no falló y logró llegar a la punta de una de las tantas colinas que le faltaban por recorrer para llegar a La Montaña Carmesí, de donde caía el líquido vital que consumían los vampiros, que era como la sangre de los humanos.
Algunas lenguas entre los vampiros, decían que tras esa gran cascada, había una cueva oscura y llena de cosas extrañas que escondía el secreto de su mundo. Pero nadie fue capaz de llegar hasta allá o en el caso de los padres de Momoi, de regresar para confirmarlo y en el tiempo en que la cascada existió, era imposible traspasar su espesa agua vino.

Pero ahora mismo no importaba como hiciera Satsuki para sobrevivir en aquel lugar tan sombrío, su deber ahí era descubrir el secreto de la familia Akashi, justo como Kuroko le había explicado en aquellas hojas.


—Mi mundo se llama "La Noche", es irónico, lo sé —empezó a contar Aomine, dando un rápido vistazo al cielo nocturno.

—En los libros de Historia que Alex me ha dado a leer, eso dice —repuso Kagami, despertando poco a poco su curiosidad.

—Bueno, como sea —claro, siendo El Hada, es obvio que tiene la historia de todo ese mundo escrito en papel, pensó Aomine—. Existe un poder de autoridad ahí, del que yo formé parte un tiempo.

— ¿La Unión Milagrosa? —inquirió Kagami.

—Empiezo a creer que no necesitas que te cuente nada del mundo del que vengo —bufó Aomine.

—No, no, solo sé cosas principales. Pero no sabía que tú formaste parte de la autoridad de ese mundo; sé la historia del porque se abastecen en el mundo humano y otras cosas no tan relevantes —aclaró Kagami.

—Sí, pero los vampiros y licántropos que ves aquí no vinieron porque quisieran —Aomine frunció ligeramente el ceño—. Es más, la mayoría o quizá todos los del submundo odien tu mundo, Kagami —la mirada de cuestión del mencionado chico hizo que volviera a hablar— Porque todos ellos han sido desterrados por algún crimen. No me digas que te lea toda la constitución de La Noche, porque no lo recuerdo —advirtió.

—Oh, claro, mandan a los criminales aquí —Kagami puso los ojos en blanco—. No te ofendas, Aomine, pero la autoridad de tu mundo es una mierda.

—Hace mucho que yo dejé de considerar La Noche como mi mundo y hace poco acepté este lugar como mi mundo —Aomine le miró, dándole así la respuesta del porque al fin su aceptación—. De todos modos, no todos los criminales vienen a este mundo, los peores son mandados a la dimensión de Las Mazmorras y otros a La Nada, se supone que aquí están los menos "malos".

—Qué tontería —resopló Kagami—. Yo conozco a una manada de licántropos y a ti, y sé que realmente no son criminales.

Aomine le sonrió con suavidad.

—Para ti no lo somos y aunque digas eso, no todos los del submundo llegan a ser compasivos o amigables para hacerte creer eso siempre —advirtió.

Ahora fue Kagami quién suspiró.

—Sí, he conocido a varios desde que elegí ser cazador.

—Aquí tenemos nuestra comida más fácil —continuó contando Aomine—. Pero nuestro poder se vuelve vulnerable.

—Siempre había creído que eran inmortales, por eso solo habían momentos críticos para matarlos —dijo Kagami y sin romper contacto visual con el moreno, caminó un poco hasta llegar a la cama de la habitación, donde se sentó.

—En La Noche solo podemos matarnos a simple fuerza bruta, con peleas, desmembrándonos —Aomine movió ligeramente su mano—. Pero estando aquí, los vampiros pierden su fuerza durante el día, con el sol como enemigo y la plata les afecta, del mismo modo que a mí, como a los demás licántropos. Aunque a nosotros el sol no nos hace nada, en cambio, todo es diferente cuando la luna nueva llega y no podemos usar nuestra transformación, justo como ahora —se descruzó de brazos para señalar el cielo—. Sin embargo, hay algo mucho más peligroso para nosotros los licántropos desterrados —su voz se volvió algo amarga, cuando un recuerdo le atacó—. Y es cuando la luna roja aparece en el cielo.

Como Kagami sintió el pesar ajeno, se inclinó para sujetar de las manos al moreno y jalarlo para que se sentara a su lado. Y Daiki se dejó llevar, cambiando de la mala sensación a una fabulosa sonrisa; se sentó y le robó un beso al pelirrojo, para después acostarse horizontalmente a través de la cama. El pelirrojo se subió por completo a ésta, reclinándose en el respaldo de la misma y flexionando ambas piernas, solo que dejando una acostada en la cama y la otra elevada para apoyar ahí su brazo, continuando mirando al lycan.
No dijo nada y solo sujetó la mano de este, porque ambos necesitaban ese contacto.

—Ahí perdemos el control por completo, enloquecemos en toda la extensión de la palabra y nuestra consciencia se pierde. No reconocemos nada, ni a nadie, incluso aunque en algún momento nuestra razón quiera regresar, es imposible tomar el control de nuevo —Aomine le miró y apretó con fuerza la mano ajena, sintiendo como el pelirrojo le devolvía el contacto—. Lo único que puede pararnos es que nos maten, aunque existen raros casos, como el mío, en que el solo se necesita herirnos de gravedad —quizá porque sigo siendo uno de ellos, añadió en su fuero interno—. Por eso evitamos transformarnos. Y aunque seremos imparables así, las peleas simplemente son violentas, sin planes ni nada, por lo que se es fácil matarnos también; yo he matado a muchos licántropos en ese estado en todo el tiempo que he vivido en este mundo —confesó.

Taiga continuó en silencio, escuchando con muchísima atención y porque no también, infinita curiosidad.

—Y de todos modos, aunque no los hubiese matado, cuando el efecto de la luna roja termina, se lleva toda nuestra energía y consume la vida de los licántropos que se transforman con ella.

—Entonces, ¿para qué arriesgarte en luchar contra ellos, Aomine?

—Porque mi obligación aquí es evitar que causen algún desastre que nos delate a los humanos. Todos los del submundo saben que debemos mantenernos ocultos, no porque les tengamos miedo, sino por prevención. Y es más fácil alimentarnos así —Aomine se encogió de hombros—. Aunque claro, hay algunos que se revelan y quieren crear un caos con sus neófitos; es ahí donde llego yo y los destruyo.

— ¿Por qué debes hacer eso tú? —Kagami frunció el ceño— Se supone que ya no vives allá y estando aquí, desterrado —usó esa definición, porque se había dado cuenta que al peliazul eso ya no le afectaba— la autoridad de la Unión esa no te llega, ¿qué obligación tienes tú?

Aunque Aomine todavía le miraba, su expresión se oscureció un poco y eso no pasó desapercibido para el mundano y así fue como Kagami se dio cuenta que habían llegado a un tema delicado y se arrepintió. Sin embargo, el peliazul regresó a la normalidad y le sonrió cariñosamente, jaló de su mano y le besó el dorso, dándole a entender que no pasaba nada. Y como respuesta, Taiga se inclinó para depositar un beso en los labios ajenos.

—Kagami, a pesar de que estoy desterrado, yo sigo perteneciendo a la Unión Milagrosa y aunque yo odié eso, también sé mi responsabilidad —explicó Aomine—. Y en el momento en que llegué a este mundo, incluso aunque no hubiera querido hacerlo, ellos tenían un modo de lograr que yo hiciera mi obligación aquí.

— ¿Con qué? —tan pronto Kagami lanzó esa pregunta, sintió que no quería conocer la respuesta, pero aun así, se mantuvo firme.

Daiki le miró un tiempo muy largo.

—Ellos podían dañar a personas importantes para mí en la manada que dejé cuando fui desterrado, pero la verdad en ese momento no me importaba nada, así que solo había una única persona con la que podían hacerme todo el daño que quisieran si la herían.

No fue necesario que le dijera a Taiga que se trataba de alguien que él amó hace mucho tiempo atrás, porque lo supo por el modo en que el lycan habló de esa persona. Y entonces entendió lo que Aomine le quiso decir con la mirada, de que no se sintiera culpable.
Y claro, ahora mismo no se sentía así, al contrario, sintió que un fuego de impotencia le llenó el pecho, como los celos amenazaron con querer salir de su boca como si escupiera ácido.

¿Quién? ¿Quién había sido esa persona que había tenido el privilegio de amar primero a Aomine? ¿Quién más había conocido todas las facetas que el lycan tenía por mostrar? ¿Quién era ese alguien que mantuvo a Aomine Daiki tan mal, casi por caer en la oscuridad? Porque Kagami no necesitaba que le dijeran que era por ese primer amor que el peliazul tenía una personalidad así de amarga y prepotente cuando lo conoció. Del mismo modo que ahora parecía saber que ese sufrimiento que tenía a Daiki lleno de barreras que le impedían salir adelante era por lo mismo.
Que toda la inquietud que este llegó a sentir solo tenía a un culpable.
A Taiga no le importó sí el peliazul también tuvo culpa o no en lo que sea que pasó en esa relación del pasado, sí esa persona había sido capaz de causarle ese tipo de sufrimiento a su Aomine Daiki, de herir así a su novio, a la persona que ama, entonces se convertía en alguien que no tenía deseos de conocer, porque le enfrentaría y no dejaría que volviera a acercársele.
Y si llegó a sentir envidia porque ese alguien se había convertido en el primer amor del moreno, Kagami estaba seguro que él amaba más a Daiki. ¡Porque era así!

—Pero lo que no termino de entender, es, ¿por qué te desterraron?

—Por amar a esa persona.

—… ¿Es que está prohibido enamorarse allá? —Kagami pareció perplejo. Sí era así, entonces, quizá poco a poco todo empezaba a tener sentido para él, ya no tanto sí aquella persona lo hizo sufrir o no. Con un impedimento así, hasta él mismo sabía que se podría generar un caos, pero que si hubiera sido su caso, sí se hubiera arriesgado también.

—No lo está —Aomine negó, leyendo fácilmente el sentir del pelirrojo, pero sin comentar nada por eso, simplemente siguió hablando—. Me desterraron por romper la regla principal en La Noche.

— ¿Y cuál es esa? —insistió Kagami, sin presionar realmente, porque notaba que de alguna forma para el lycan hablar de eso no era tan fácil como aparentaba este con su expresión despreocupada.

Muchos recuerdos llegaron a la cabeza de Aomine, mientras observaba a Taiga. Le gustaba mucho, le enamoraba más no sentirse rechazado en ningún momento por él, pese a todo lo que le estaba diciendo, porque la verdad, dudaba encontrar a alguien que lo aceptara así como él, que se enamoró de su persona siendo un pedazo de mierda arrogante que se la pasaba asesinando.
Estaba bien que Daiki fuera egocéntrico, pero sabía bien que en ese tiempo, no era para nada una buena persona cuando el pelirrojo lo conoció y aun así, estuvo con él.
De alguna manera, era como si Kagami lo hubiese salvado de la oscuridad que dejó la ausencia de Kise y su traición. Tal vez si esa noche, el humano no hubiera llegado a su vida, las cosas fueran peores para él. Quizá hasta no hubiese sabido cómo salir de ese abismo. O quizá hasta hubiera perdido más de sí mismo para poder superar la cruz que tenía cargando desde hace un siglo.

Y ahora mientras recordaba todo lo que había vivido con Kise hace muchísimo tiempo y las últimas palabras que este le había dado, sintió nostalgia, sí, pero el odio y el dolor con que recordaba todo, ya no estaban ahogándolo. Jamás pensó que pudiera hablar del tema algún día, mas aquí estaba ahora, contándole las cosas al chico pelirrojo.

—Es enamorarse de alguien que no sea de tu especie —contestó Aomine.

— ¡…!

La sorpresa para Taiga no fue poca, para nada, incluso aunque se mantuvo ceñudo un poco, no evitó sentirse así. Parecía que ahora las cosas tenían sentido, ¿no?; Aomine se había enamorado de un vampiro, pero eso no explicaba realmente el odio que este le tenía cuando lo conoció. Lo que significaba que en efecto, aquel vampiro que el peliazul amó, sí le había hecho daño.

—Es una regla realmente estúpida —dijo al fin y el peliazul hizo una mueca que dejó en claro que estaba de acuerdo con eso—. Pero, ¿eso significa que aquella persona también fue desterrada? —Kagami sintió la insana necesidad de preguntar eso, no por inseguridad, pero necesitaba saberlo.

—La verdad es que no —Aomine frunció ligeramente el ceño—. Cuando… fuimos descubiertos, él negó todo —se encogió de hombros y el pelirrojo se quedó sin habla por eso, confirmando así lo que sospechaba—. Supongo que por su arrepentimiento es que tuvo derecho a un "perdón" o no sé, pero es seguro que sigue viviendo en La Noche —finalizó y de nueva cuenta, su expresión se relajó— Hay una leyenda que explica el motivo de esa regla, ¿quieres oírla? —Aomine alzó ambas cejas.

Kagami sintió una ira homicida al oír eso. Ya le daba igual ahora que alguien más estuvo en la vida del peliazul, le enfurecía más le hecho de que aquel vampiro lo había lastimado, lo había traicionado. Y para él, no había excusa para una traición, nunca.

Esta vez, fue el pelirrojo quien jaló la mano de Aomine para besarle los dedos, observándole, diciéndole con la mirada muchas cosas que las palabras no expresarían debidamente. Y el peliazul le devolvió la mirada con intensidad.
Se observaban de tal modo, que podrían prenderle fuego a todo el mundo.

Y no tardó para que sus cuerpos de verdad buscaran hacerlo.


¿Cuánto tiempo llevaba metida dentro de lago? La verdad era difícil de saber para Alex, pero qué bueno que como vampiro, respirar no fuera una necesidad fisiológica, por ello no había problema si se la pasaba sin respirar el resto de su vida.
Y en ese estado de silencio e inmovilidad, la paciencia que necesitaba para esperar y usar su magia de atracción, llegó a ella.

Sin embargo, cuando el mensaje que tanto había estado atrayendo y esperando, por fin llegó, luego de casi veinticuatro horas en el tiempo humano, Alex supo que era lo que Shiro quería decirle.
O mejor dicho, advertirle.

Y supo que necesitaba estar con Taiga ahora mismo, porque no debía de perder tiempo. No obstante, incluso con su magia se tardaría más de doce horas en llegar a Londres desde donde estaba ahora, pero debía creer que no pasaría nada mientras ella estaba lejos de su hogar.
Así que mientras se disponía a hacer uso del agua del lago como portal, su mente empezó a maquinar un modo más para proteger a Kagami, porque ya no podía seguir escondiéndolo, ahora debía atacar el problema desde otra perspectiva y la única opción era revelar a Akashi como lo que de verdad era.

El cuerpo de Aomine no era débil en lo más mínimo, para nada y su sueño realmente era muy pesado como para que ahora mismo un hormigueo casi doloroso que le recorría las muñecas, lograran despertarlo.
Y cuando abrió sus ojos, contempló como es que Kagami estaba dormido pacíficamente sobre su regazo, de hecho, prácticamente encima de su cuerpo. Y mientras poco a poco iba recuperando la consciencia tras despertar, quiso mover sus brazos y se dio cuenta que no podía.

— ¿Qué rayos…? —solo hasta ese momento, Aomine se dio cuenta que estaba atado a la cabecera de la cama; los brazos extendidos y amarrados en cada extremo de esta. O quedaría mejor utilizar el término encadenado— Oh, vaya… —arqueó las cejas y luego sus ojos regresaron al pelirrojo cuando recordó lo que había pasado anoche.

El peliazul sonrió como idiota tras esos recuerdos placenteros y bastantes perversos. No te conocía ese lado, Kagami, pensó, justo cuando el susodicho bostezó, comenzando a despertar.

—Me pregunto qué pecado habré hecho para que me tengas casi crucificado —mencionó Aomine como quien no quiere la cosa y cuando los ojos rojos del chico le observaron con ojos como platos al reaccionar, añadió: —Buenos días.

— ¡¿Por qué sigues encadenado?! —inquirió Kagami, sorprendido, así como avergonzado, rodando a un lado del cuerpo moreno.

Ambos estaban desnudos, eso sí.

—Tú fuiste quién dijo que me haría tocar el cielo y el infierno al mismo tiempo, así que aquí estoy —Aomine le sonrió coquetamente y se encogió de hombros—. Y déjame decirte que lo lograste, Kagami.

—Cállate, eso no es lo importante ahora, aunque era obvio que lo haría —expresó Kagami en una mezcla extraña de pena y orgullo. Aunque para que mentir que en efecto, disfrutó mucho ver la desesperación que el peliazul tenía por tocarlo anoche, mientras subía y bajaba, autopenetrándose—, ¡pudiste romper las cadenas!

—Pues no sé qué clase de cadenas son estas, porque llevo intentándolo desde hace tres minutos y no puedo, y estoy seguro no tiene nada que ver con la luna nueva —repuso Aomine y dijo casi de inmediato tras leer la expresión ajena—. Mmm, y el pervertido soy yo, Taiga. No sabía que tuvieras ese gusto tan sádico a la hora dé.

—Y yo no sabía que pudieras ser así de pasivo —contraatacó Kagami con una sonrisa.

—Te enseñaré quién es el pasivo ahora —Aomine se relamió los labios tras decir eso y con su pie izquierda le tocó un glúteo al pelirrojo.

— ¡Deja de tocarme así o no te desataré! —advirtió Kagami con una ligera irritación.

Aomine simplemente se empezó a reír.

—Como sea, ¿de dónde sacaste estas cadenas?

—Ahm, las saqué de mi habitación, aunque era muy probable que Alex las hubiera dejado ahí.

—Eso explica porque no pude romperlas, seguramente tienen magia o algo así.

Kagami asintió, al fin quitando el candado de las cadenas, liberando así al moreno.
Sin embargo, no pudo hacer nada más, pues este le sujetó de las muñecas y lo atrapó entre la cama y el cuerpo.

— ¡¿Qué estás haciendo ahora, idiota?!

— ¿No es obvio? Dejar en claro quién es el pasivo aquí, cariño —Aomine mencionó aquel mote meloso algo burlón, sonriendo de forma torcida.

—Oh, miren, tú lado dulce y lindo saldrá entonces —bufó Kagami, acariciándole la cadera al contrario con su pierna.

—Yo no soy lindo, soy genial —dijo Aomine como si fuera obvio.

Y mientras ambos sonreían, volvieron a besarse.

Pero aquel momento mágico se rompió cuando el instinto de Daiki percibió una presencia conocida en el ambiente. Y no es como si él fuera capaz de saber quién llegaba al mundo humano, no. Solo era capaz de reconocer a los miembros de la Unión a la que todavía pertenecía.
Lo que le alarmó no fue precisamente el hecho de que uno de ellos estuviera en el mundo humano a esta hora del día, sino que no sabía el motivo del por qué estaba aquí. Porque nunca en todo el siglo que estuvo en éste y en el tiempo que vivió en La Noche, supo que vinieran de día a este mundo y mucho menos en luna nueva, que era cuando los portales estaban más débiles.

"…confío en que también cuidarás de Taiga", y las palabras que Alex le dijo hace una semana aparecieron de pronto en su mente.


Pues al fin Aomine reveló gran parte de lo que fue su pasado con Kise, asldjkldjasljdaljdlafdd, *se emociona*, la respuesta de Kagami fue algo madura, creo, o no sé. Pero bueno, no es cómo si eso fuera lo único que va a pasar(?) xD.
Lamento para quienes sí querían leer ese lemmon fetichista entre Daiki y Taiga eue, lajsdkajaja, se los compensaré luego, ya verán con qué.

Espero no desesperen mucho por lo que va a pasar en el próximo capítulo, porque a partir de éste, dejaré de poner spoiler's, juejuejue xD. Con esto pueden hacerse una idea de qué lo bueno está por suceder.

¡Agradecería mucho recibir sus comentarios! ;u; Ya saben, la opinión de los lectores es muy importante.

Nos vemos :3