Primero que nada:
¡Perdóooooooooon! ;A; Sé que tardé en actualizar, pero eso se debe a que ando metida en eso del "Reto de Fanfickers" y no me ha dado mucho tiempo para editar los caps y subirlos QwQ.
Pero bueno, hoy si lo tengo, así que aquí paso a dejárselos.
De nueva cuenta, agradezco mucho a aquellas personitas que no faltan sus comentarios :3.
En fin, disculpen si tengo algún error ortográfico o incoherencia narrativa.
— ¿Qué está pasando, Aomine? —preguntó Kagami tras sentir como el beso que estaban dándose se rompió lentamente. Eso no le dio buena espina.
Los ojos zafiro del moreno le miraron con atención y se incorporó.
—Voy a salir, necesito regresar a Japón —contestó Aomine, usando su rapidez de lycan para empezar a vestirse.
— ¿Por qué de forma tan repentina? —inquirió Kagami, incorporándose también.
—Tengo asuntos pendientes que hacer y… —empezó a decir Aomine, incapaz de decirle la verdad al pelirrojo, por obvias razones, pero el chico le sujetó del brazo para que se detuviera y lo mirara, haciéndolo callar.
—No me ocultes las cosas, Daiki —pronunció Kagami.
Mierda, pensó Aomine, en estos momentos es cuando me vendría bien la ayuda de Alex. Lástima que ella no había regresado todavía. Sabía bien que tenía que crear una excusa, porque para nada del mundo dejaría que el pelirrojo fuera con él, porque debía protegerlo de ellos a quién mucho tiempo atrás dejó de considerar compañeros y amigos.
—Bien —suspiró—. Cada año uno de la Unión Milagrosa viene a verificar si estoy haciendo mi trabajo y cómo lo estoy haciendo —eso no era mentira, aunque cuando eso ocurría, era cada diciembre y faltaban dos meses para eso, pero misma información no tenía que conocerla el muchacho—. Y recordé que justamente hoy es el día en que vienen a "evaluarme".
— ¿Por qué no me lo dijiste antes? —Kagami le miró receloso, ya que pese a que las palabras del moreno sonaban ciertas, no lo creía del todo.
—Lo acabo de recordar y, bueno, cuando se trata de ellos, soy capaz de darme cuenta cuando están aquí —respondió Aomine, sonando lo más firme posible.
—Entonces, ellos ya están aquí, ¿no? —Kagami enarcó una ceja y se cruzó de brazos, viendo como el otro terminaba de vestirse.
Qué suerte que Aomine sabía controlar sus emociones en su expresión, sino la sorpresa quedaría revelada en este y el chico de ojos rojos no le creería.
—Así es y no deben saber nada de lo que tú y yo tenemos.
—Se supone que ahora vives en este mundo, las reglas que ellos tengan no deben afectarte.
—Las cosas no funcionan así, Kagami. Ellos consideran a todos los humanos como vil alimento y alguien que huele tan delicioso como tú… No te voy a exponer.
Pero Taiga le miró con fijeza.
—Aunque seas tú quien corra o nade, como es luna nueva no podrás llegar antes de que ellos sepan dónde estás ahora —señaló—, así que no serviría de nada.
—Definitivamente no voy a llevarte conmigo —dejó en claro Aomine.
—De todos modos te estoy diciendo que no tendría sentido, porque si no estás ahí rápido, ellos podrán buscarte —insistió Kagami.
No era como si quisiera revelarse contra esos tipos, pero su instinto protector, no quería dejarlo ir solo, no porque desconfiara de esos sujetos, sino porque era luna nueva y Aomine tenía muchos enemigos no solo licántropos que podrían aprovecharse de eso.
Así que no lo dejaría solo.
—Ya veré yo como llegar rápido —repitió Aomine.
—Puedo crear un portal a las afueras del país de Japón y…
—No, Kagami.
Para nada, ni loco dejaría Daiki que el chico de tez bronceada creara magia que ellos pudieran detectar, no lo iba a poner en evidencia.
— ¿Por qué rayos no, Aomine? Sé que es prohibido que utilice la magia, pero un humano como yo, solo es capaz de crear portales de país a país, mi energía no es lo suficientemente llamativa como para que tu autoridad lo noten.
— ¿Y cómo estás tan seguro de eso, idiota?
—Alex ya me lo ha explicado —contestó Kagami con rapidez.
El peliazul suspiró. Oír eso no le impresionaba realmente, más bien, debió esperarlo, ¿no? Era obvio que la vampira rubia tendría preparado al pelirrojo con medidas de escapatoria para algún momento en especial, incluso aunque este no supiera el verdadero motivo. Y no era cosa nueva el hecho de que algún humano fuera capaz de usar magia, pero nunca se había enterado de que un simple humano tuviera tanta magia como para crear un portal. De eso, estaba seguro que era cosa de Alex, lo supo del mismo modo en que supo que sí no accedía a eso, tendría a Kagami pisándole los talones.
—Está bien, está bien. Acepto tu ayuda del portal, pero tendrás que esperarme aquí, en Londres, hasta que yo vuelva, ¿lo entiendes, Kagami? Porque si no es así, aunque tenga que dejarte encerrado y encadenado y yo me vaya corriendo —advirtió Aomine con gesto serio.
Y el pelirojo suspiró, asintiendo.
—Deja solo me visto e iremos al río del bosque.
No hacía realmente mucho tiempo desde que Kuroko había estado en el mundo humano, y cuando iba, tampoco tardaba demasiado ahí, quizá una semana o menos, aunque jamás en luna nueva y nunca llegó en pleno atardecer—al menos en oriente era esa hora—, así como tampoco en Tokyo, ya que no se había atrevido a visitar a Aomine en todo este tiempo.
Sin embargo, en el momento en que se adentró a la ciudad y no se percató de la presencia del licántropo ahí, supo que algo estaba sucediendo, algo más. Es decir, era capaz de oler el aroma peculiar del peliazul, más su presencia no era ahí, en ese país como se suponía debía ser.
Y eso solo le hizo saber que todo lo que Akashi dijo anteriormente, era cierto. Pues con el informe que Haizaki le había dado hace más de una semana, había quedado claro que Aomine no se había perdido en el dolor y la oscuridad que Kise le dejó cuando fingió traicionarlo.
Pero aunque Kuroko estaba alegre por su amigo peliazul, eso le dejaba cierta preocupación hacía su amigo rubio, ¿qué sería de Kise cuando se enterara que Aomine había encontrado a otra persona?
No había pensado en las consecuencias que eso pudiera traer, para evitarse drama innecesario, mas la preocupación ahí estaba y de alguna manera, quería hacer algo para ayudar; entre menos dolor sintieran sus amigos, mejor. Aunque tal parecía que para Akashi era mejor que el dolor siguiera en los corazones de estos.
Tanto tiempo conociendo a Seijuro y el peliceleste todavía no entendía la forma de ser del vampiro pelirrojo.
Dejó sus pensamientos a un lado cuando llegó hasta el departamento de Daiki, una vez siguió el rastro de este con su olfato, porque su obligación era llevarlo a La Noche y aunque Tetsuya hubiese querido ayudar a aquel pobre ser que debía ser asesinado por la propia Unión Milagrosa, no podía hacer demasiado cuando solo era él quién se atrevía a no seguir al pie de la letra lo que Akashi dictaba.
Es más, al momento en que viera al lycan peliazul, deseaba poder advertirle, porque quería ahorrarle el sufrimiento a este sí es que lograban matar a ese híbrido que tal parecía ahora tenía una relación con su amigo. Pero tampoco podía dar pasos impulsivos así como así.
Fue impresionante para el vampiro peliceleste sentir como el aroma de Aomine se combinaba con un aroma completamente desconocido para él. Tenía todas las características de ser un humano, pero había algo más que hacía desechar esa idea, ¿era así cómo olía el niño tabú que tanto tiempo Akashi quiso encontrar?
Kuroko no lo sabía exactamente. Y como ese lugar estaba solo, no le intimidó el ponerse a ver cómo es que vivía ahí el moreno. Pero su atención se desvió cuando se dejó llevar más bien por ese otro aroma extraño, hasta llevarlo a alzar el cojín de un sofá que estaba ahí en la pequeña sala, encontrando una foto de un chico pelirrojo.
En eso momento no supo que pasó, pero Kuroko sintió, que en efecto, ese muchacho de cabellos y ojos rojos, era el híbrido que tanto tiempo Akashi quiso encontrar.
Pero algo no cuadraba en eso, porque lucía completamente humano y se suponía que debía tener algunas características de vampiro y licántropo a la vez.
Aunque cuando la presencia de Aomine llegó al sentido del vampiro de cabellos celestes, este dejó la foto en el mismo lugar donde la encontró, porque era obvio que el moreno no tardaría en llegar con su velocidad, que no disminuía realmente pese a luna nueva.
Dicho y hecho, porque no pasó ni media hora, cuando el peliazul estaba entrando a su departamento.
Sin embargo, Aomine se quedó en shock, cuando a quién vio fue a Kuroko y no a Midorima, que era quién siempre venía a "evaluarlo" cada año.
Aunque luego sintió alivio, porque al ser el peliceleste, no había peligro en que llegara a notar la magia que Kagami creó con el portal para ayudarlo, aun así, se mostró a la defensiva, como siempre. Porque su desagrado era igual para todos o eso había aparentado siempre hacía el pequeño vampiro para no hacerlo ver como un traicionero ante Akashi, luego de que aquella vez, él quiso ayudarlos.
—Pareces sorprendido, Aomine-kun —saludó Kuroko, neutral, aunque hubo un brillo en sus ojos que dejó claro que le alegraba ver que su amigo estaba bien—. Aunque yo debería ser el sorprendido.
—Lo estoy, un poco, hace cien años que no te veía —Aomine le miró con cierto recelo por lo último dicho del vampiro—. No veo que deba sorprenderte de mí, ¿tal vez esperabas que estuviera muerto?
—De hecho no, siempre supe que saldrías adelante de algún modo —contestó Kuroko con una ligera sonrisa de orgullo, que dejó perplejo al lycan unos segundos. Es increíble lo mucho que has cambiado, Aomine-kun, de verdad que te ves tan lleno de vida ahora, pensó, más que contento por su amigo—. Lo que me sorprende es que puedas vivir en un lugar tan pequeño como este.
—No siempre gano dinero matando neófitos, no soy rico, Tetsu.
—Lo noto, bastante —Kuroko evaluó con la mirada el lugar.
—Bueno, no creo que hayas venido a verme solo para saludar, ¿verdad? —inquirió Aomine con cierta prepotencia y una sonrisa sarcástica.
El peliceleste suspiró y negó. Lo lamento mucho, Aomine-kun.
—De hecho, la verdad es que he venido a llevarte de regreso a La Noche —confesó Kuroko.
— ¡…! —las palabras desaparecieron de la garganta de Aomine al escuchar esa oración, ¿es que acaso era cierto eso? Y no es como si quisiera volver realmente, pero era algo que no se esperó. ¿Acaso su castigo ya había acabado? ¡No! Porque ahora no quería irse del mundo humano, no cuando su razón de vivir estaba aquí.
—Akashi-kun considera que tu presencia es necesaria otra vez en nuestro mundo, Aomine-kun.
—Heh, no cabe duda que a Akashi le gusta jugar con la mente de las personas, ¿piensa que es mi dueño en este mundo? —se burló Aomine, como si le estuvieran contando un genial chiste.
—Pero, Aomine-kun…
—No, Tetsu, yo no voy a volver a tú mundo. La Noche dejó de ser mi hogar desde hace mucho tiempo.
Y el vampiro supo que el peliazul no mentía, pero aunque él hubiese querido dejarlo ahí, tranquilo, no podía hacerlo.
—Pero te necesitamos, Aomine-kun —insistió Kuroko.
—Claro, cuando me desterraron me lo dejaron en claro —dijo Aomine con sarcasmo y humor ácido.
Kuroko suspiró y le miró solemne.
—Bueno, no hagas esto por nosotros entonces. Pero tú manada, tú territorio te necesita más que nunca ahora.
—… Ellos tienen a Satsuki, mi presencia allá no es necesaria —Aomine frunció el ceño, definitivamente no iba a dejar al pelirrojo solo por una capricho del líder de la Unión.
—Es que es justamente ese problema, Aomine-kun, porque Momoi-san ha desaparecido y tú sabes que las leyes entre los licántropos es que la manada solo debe sufrir dos cambios de alfa o sino, los demás empezaran a invadir territorio —explicó Kuroko, al fin.
Fue como si miles de baldes de agua helada golpearan la anatomía de Aomine cuando la frase "Momoi-san ha desaparecido" apareció. Y sintió que quería gritar, que quería golpear todo, que mataría al infeliz que le hubiera hecho daño a su amiga, a su hermana. Porque era bien conocido que en La Noche no era bien visto cuando una mujer era alfa.
— ¡¿Qué es lo que le pasó a Satsuki?! —estalló y sintió que pese a luna nueva, podría transformarse con la ira que le recorrió la espalda.
La diferencia horaria entre Londres y Japón sería aproximadamente de siete horas, ¿no? O eso era lo que decía en internet, mientras Kagami estaba frente a una computadora de las que había en la sala. Pero eso no era lo que le preocupaba exactamente, sino más bien era el hecho de que Aomine se había ido al país del Sol Naciente a eso de las once del día y ahora mismo eran las seis de la mañana y allá serían alrededor de la una de la madrugada.
¿Por qué el peliazul no había regresado ya? Y es que Daiki le había explicado que esas inspecciones que parecían tan mundanas no duraban ni media hora, pero que si de todos modos no podía regresar el mismo día, le marcaría desde alguna caseta telefónica desde Japón. Pero ni siquiera eso, entonces, ¿cómo se supone que debería sentirse Taiga ahora mismo? Y era peor, porque no hacía mucho que Tatsuya se había ido, dejándolo y no sabía si lo volvería a ver y eso lo dejaba algo sensible con el hecho de que Daiki también se hubiera ido. No es como si creyera que este último no regresaría, mas prefería tenerlo cerca ahora mismo.
—Es suficiente, he esperado demasiado —se dijo Kagami.
Se incorporó de donde estaba sentado y corrió escaleras arriba, hacía su habitación y se cambió una ropa más práctica, como la que utilizó en su cumpleaños dieciocho, así como cambió su calzado a un par de botas militares. No solo eso, irrumpió en el laboratorio de Alex por algunas armas pequeñas que le enseñó hace algún tiempo que se podían esconder en capsulas que iban dentro de un cinturón que obviamente se puso. Agarró ocho mini pistolas que solo contenían magia incrustada, que eran un nuevo invento de la vampira rubia, que no había sido probado, pero parecían que servían; se acomodó un par dentro de la bota izquierda, otro par en la derecha—ambas eran cubiertas por su pantalón recto y ajustado—, se acomodó otra en cada lado de su cadera y las dos restantes, en un lado de la parte delantera de su chaleco negro. Y se enrollo en parte de su muñeca y brazo lo que parecía ser una pulsera negra, pero realmente era un látigo que se extendía cuando era utilizado para pelear y tenía otros poderes mágicos, fabricado por la misma Alex.
También agarró una caja pequeña—la cual se acomodó en uno bolsillo de su cinturón— que contenía capsulas que una vez esfumado el hechizo, se convertían en envases llenos de la sangre artificial que la rubia igual creó y que le servirían por sí tenía que luchar contra algún vampiro.
El pelirrojo suspiró y dio dos saltos, algunas patadas y puñetazos para comprobar que podía seguir moviéndose con la eficacia de siempre aun cuando estaba cargando varias armas. Lejos de estar nervioso, se sentía entusiasmado, aunque no es como si fuera a buscar pelea realmente, pero iba siendo precavido, ya que sabía que debía cuidarse.
Así que sin miedo alguno y terminando de ponerse guantes que solo le cubrían la base de la mano y la palma, dejando sus dedos desnudos, salió de la casa cerrando con un pequeño conjuro que la vampira rubia le enseñó. Era una suerte que ella aún no estuviera en casa, sino no lo hubiera dejado salir.
Kagami agarró una de las motos que estaban en el garaje y emprendió su camino con esta, acelerando lo más que podía hasta adentrarse al mismo bosque, ahí, justo donde estaba el río, rebotando en el trayecto gracias al camino lleno de piedras y sin usar casco, sintiendo la adrenalina recorrer sus venas.
Y más rápido de lo que pensó, llegó a donde quería. Estacionó la moto y se bajó.
Era la segunda vez que hacía un portal, pero no le importó, necesita ir a dónde Aomine y ver que estaba bien. Así que no perdió tiempo y empezó a llevar a cabo lo que Alex le había enseñado con su energía de humano concentrada.
— ¿Por qué carajo el portal se está tardando tanto, Tetsu? Llevamos casi diez horas esperando —se quejó Aomine con impaciencia, porque el último reloj que vio al pasar por la ciudad, marcaban la una con quince minutos, ya del viernes.
—Es por la luna nueva, Aomine-kun, además recuerda que abrir el portal desde el otro mundo es más difícil a que sí Midorima-kun estuviera abriéndolo desde aquí —recordó Kuroko con paciencia.
—Joder, ¡Satsuki esta pérdida, así que yo no puedo perder más tiempo! —exclamó Aomine.
Así era, el peliazul había decidido ir de regreso a La Noche, luego de que el peliceleste le contara—o mejor dicho, inventara— todo lo que había pasado con la desaparición de Momoi.
Y sabía bien las consecuencias que podría traer eso a su persona, ya no solo porque no tenía tiempo de ir y avisarle a Kagami lo que sucedía, no solo para no ponerle en peligro, sino para no preocuparlo. Si no que también estaba el hecho de que podría volver a ver a Kise—según lo que creía Aomine, ya que él no estaba enterado de la verdadera condición del rubio— y no era como si eso lo llegara a hacer flaquear, pero no sabría cómo reaccionar sí lo veía.
Aunque en estos momentos, eso era lo último que le importaba, le urgía más saber dónde y cómo estaba Satsuki, porque si algo le pasaba, atraparía al culpable y no le importaba que lo castigaran otra vez por eso, le mataría. Porque nadie dañaba a alguien importante para él.
—Mira, el portal se está abriendo, cálmate —avisó Kuroko, dándole un rápido vistazo al moreno.
Gracias a esa energía que era causada por el nuevo portal creado por Midorima en el otro mundo a las afueras de la ciudad, es que Daiki no se percató de que en ese preciso instante, cierto olor aparecía imponente en la ciudad y por si fuera poco, en su departamento. Y que ese mismo aroma empezaba a moverse, buscándolo.
—Antes de entrar ahí, quiero que te quede claro algo, Tetsu —advirtió Aomine, con un tono que hizo que el peliceleste le mirara con fijeza—: yo no voy a quedarme en La Noche. Una vez que encuentre a Satsuki y me asegure que ella estará bien, regresaré a este mundo.
Kuroko le miró durante casi un minuto.
— ¿Ni aunque vieras a Kise-kun?
—… Yo ya no tengo nada que ver con él —afirmó Aomine—. Además, a mí no me engañas, Tetsu, porque Akashi no permitiría que yo, alguien que según él, manchó la reputación de la Unión Milagrosa se quedara y aunque lo hiciera, yo rechazaría su oferta.
—Vamos, el portal está abierto completamente —asintió Kuroko, sin prometer nada.
Pero justo cuando ambos entraron al portal, Kagami apareció ahí. Y debido a que el vampiro y el peliazul ya estaban dentro del portal, sus sentidos estaban nublados y no pudieron percatarse de la presencia del chico.
— ¡Aomine! —exclamó Kagami, con la expresión consternada.
¡¿A dónde iba Daiki?! ¡¿Por qué demonios no le avisó?! ¡¿Por qué no le dijo nada?! ¡¿Qué se suponía que significaba esto?! ¡¿Qué acaso lo estaba dejando?!
Con todas esas preguntas sin respuestas y el corazón acelerado por la incomprensión que significaba esto para Taiga, una decisión prematura e impulsiva apareció en su mente; no iba a dejar que Aomine se fuera así como así, pese a que no sabía nada de lo que sucedía, no lo iba a dejar solo, sin importar a donde es que ese portal con tinte verduzco lo llevara.
Así que con la adrenalina golpeando toda su anatomía, Kagami se lanzó dentro de aquel portal.
Definitivamente, decidir ir a las costas de México luego de que hubiera matado a varios del submundo anoche que jugaban con las vidas humanas, no había sido una de las mejores elecciones para Himuro una vez hubo dejado a Kagami el día de ayer.
Estaba seguro de que cuando Alex regresara, lo buscaría para reclamarle porque no la esperó para despedirse, pero eso era lo de menos ahora.
Ahora mismo estaba dentro de una de las cuevas que estaban ocultas entre las palmeras de Quintana Roo, protegiéndose del maldito sol. Estando en el occidente, había retrocedido un día, por así decirlo, gracias a la diferencia de horario, pero eso era lo que menos le interesaba al vampiro.
El clima de la playa no hacía contraste con su humor gris y tristepor todo lo que ocurrió en su despedida con el pelirrojo.
Todavía no podía quitarse el sabor en sus labios de lo que significó el último beso que compartió con Taiga y su mente estaba repitiéndole todos los recuerdos que tenía desde que sucedió el primer beso con este mismo, de modo tan simple como respirar. Parecía que estaba en un estado masoquista donde repetía y repetía todos los buenos momentos que había vivido con Kagami y que nunca regresarían.
Hasta tenía los ojos rojos de todas las lágrimas que reprimió por el dolor, pero era imposible aguantarse una agonía como lo era el amor no correspondido. Ese era un calvario mucho más grande que estar bajo el sol todo un siglo, que estar sin beber sangre más de mil años.
Se suponía que el tiempo lo curaba todo, ¿no? Así que Tatsuya debería ser paciente y tratar de vivir como si fuera un humano, al menos divirtiéndose en su mundo, algo podría sacar o eso esperaba.
Desde donde estaba ahora, podía escuchar el oleaje del mar, las voces de muchos humanos, de los cuales no entendía su idioma lo suficiente, pese a que sabía algo de español. Trató de concentrarse en ese idioma para matar el rato, porque aunque un vampiro podía dormir cuando quisiera, la verdad es que ahora mismo, con ese estado emocional, no podía. Ya lo había intentado y no había funcionado para nada.
Logró enterarse entre las conversaciones humanas que había sucedido otra "balacera" en algún lugar, así como qué las ventas estaban bajas debido al otoño e incluso del deseo sexual de una pareja y de cómo varios adolescentes creyéndose la gran cosa, se ponían de acuerdo para ir a fumar marihuana más tarde, escondidos entre las palmeras.
Himuro sonrió. No era su estilo, pero se divertiría con esos chicos.
A ver si cuando veían un asesinato frente a sus ojos, seguían creyéndose los muy chingones y adultos.
De verdad que parecía perdido sin Taiga a su lado, sin poder alimentar aún más ese vínculo entre ellos, ¿qué sería ahora de su vida? Y no era por ser dramático, sino más bien realista, ¿qué se suponía que tenía que hacer ahora para olvidarlo, para superarlo?
Porque Tatsuya sabía que en algún momento tendría que volver a ver al pelirrojo, no solo porque se suponía son como hermanos—pese a que lo consideraba más que eso—, sino porque había prometido al padre de este, hace mucho tiempo atrás, que lo protegería siempre.
Fue hasta ese momento, que se dio cuenta que todavía había una laguna en su mente que faltaba por aclararse, algo que aunque Alex no se lo hubiera dicho, estaba seguro tenía que ver con el despertar del pelirrojo.
Pero de pronto, la mente de Himuro se quedó en blanco unos segundos, cuando notó como el anillo que representaba su vínculo con el chico de cabello rojo, empezó a cambiar de color, del ónix al rubí.
Y eso solo podía significar una cosa: Kagami estaba en peligro.
Aunque no cualquier peligro, esto era mucho peor que simples ataques de submundos o algo que dejara expuesta la condición verdadera de Taiga, porque había niveles que tenía el anillo para poder dar pistas de lo que le sucedía al chico y en esta ocasión, el anillo no solo cambió de color, sino que una de las piedrecillas explotó.
Y lo que eso indicaba, era que Kagami ya no estaba en el mundo de los humanos.
¡No!, pensó Himuro alarmado y se incorporó en el lugar donde estaba sentado dentro de esa cueva. ¡Maldición! ¡NO, NO, NO, NO!
El vampiro salió como pudo de donde estaba escondido y corrió, corrió hasta donde las personas ya no estuvieran y solo el mar lo acompañara. Genial, ahora mismo se había dado cuenta de que alejarse de Taiga había sido un error muy grande.
No sabía lo que había pasado, pero cuando todo esto se resolviera—tendría fé en que sí—, no dejaría que Aomine regresara a la vida del pelirrojo, ya que con esto demostraba que no era capaz de cuidarlo como se debería.
Lo siento por su relación, pero ahora no pienso mantenerme lejos de Taiga, pensó Tatsuya, para luego concentrarse en crear un portal con la enseñanza que Alex le había dado a él y a su hermano.
Aproximadamente llevaba un día de viaje, solo manteniéndose viva y con energía con lo que cargaba en su equipaje, que era una mochila que iba en su espalda y llena de mucha agua, así como de carne dorada para evitar que esta oliera por sí había algo más habitando las colinas.
Momoi era muy fuerte, sí. A comparación de un humano, los licántropos podían sobrevivir más de una semana sin beber agua, aunque no por eso ella se confiaría, además todavía le faltaba mucho camino que recorrer. Y es que como iba con sigilo por todo ese lugar que parecía querer estallar en cualquier momento, apenas llevaba tres colinas recorridas. Pero ninguna criatura se le había aparecido y no es como si quisiera que eso pasara, mas así mucho menos comprendía todas las desapariciones de las personas en Las Colinas del Fin.
Suspiró y se limpió el poco sudor que tenía en la frente con el dorso de su mano; no había dormido en un día completo, pero eso no hacía que perdiera fuerza, mientras estuviera bien hidratada, después de todo, su energía no dependía precisamente del sueño, sino de las lunas y estas parecían guiar muy bien su camino, cosa que la chica agradecía.
Sonrió complacida cuando llegó a la cima de la tercera colina, le faltaba una más y llegaría a La Montaña Carmesí, justo donde La Cascada de La Vida había existido.
La chica lobo se detuvo ahí unos segundos, dándose cuenta que si hacía gala de su habilidad de lycan, podría llegar más rápido a la otra colina si daba un salto, total, la distancia se veía más corta que la anterior. Y había comprobado que lo único que esas colinas tenían eran silencio, soledad y el viento, todo lúgubre.
Sin embargo, sus orejas que parecían humanas, se movieron ligeramente y negó. Era mejor continuar caminando, su instinto le decía eso, su intuición alerta se lo confirmó cuando paseó su mirada por todo el terreno.
Entre la colina tres y la cuatro, había un puente hecho de madera firme, no porque fuera muy necesario, pero así impedía que los licántropos que antes llegaban por su alimento, tuvieran que bajar hasta aquellas puntiagudas y altas rocas que dejaban ver un gran abismo metros más abajo.
Pero a Satsuki eso no le intimidaba en lo más mínimo, así que simplemente suspiró nuevamente y sonrió como si nada, valiente.
Así que así lo hizo, empezó a descender desde la tercera colina, trotando en silencio, pero sin imitar el sigilo de un vampiro. Sin embargo, se estremeció, porque cuando llegó al inicio del puente, empezó a sentirse observada desde algún ángulo de ambos colinas y por más que miró a su alrededor, no halló nada más que el silencio.
Pero su intuición le advirtió, que eso no era su simple imaginación.
Kagami les traerá la acción, como notaron x'D.
Ahora sí, imagino que todos están con las dudas a todo lo que da, digo, que Aomine esté yéndose hacía "La Noche" de por sí no es algo muy bueno, mucho menos que Kagami lo haga :v. Jajaja, no se preocupen, está vez trataré de notardarme tanto, porque ya estoy en medio del reto y mis días están fluyendo mejor xD.
Me encantaría recibir sus opiniones, ya saben que lo que saber lo que piensan los lectores, es lo mejor para un autor uvu.
¡Nos vemos!
PD: Recuerden que detuve los spoilers :v.
