Asldkjdaslkdksaljkasl, joder, aquí vengo a dejarles éste capítulo, otra vez volviéndome a retrasar, pero, asdlkjdsalasd, coño, se me juntaron otras cosas; entre el Reto de FF y cierto Concurso de otro fandom, añadido otros asuntos... Pero bueno, lo que realmente importa es que ya traje la continuación :3.

Realmente no quiero demorarme mucho tiempo en ésta parte—ya luego verán porque mi emoción—, así que simplemente aprovecho para agradecer a todas las personas que me leen, pero especialmente a aquellas que comentan :3. Igualmente, ¡son geniales!

Disculpen si tengo algún error ortográfico o incoherencia narrativa.


Sí Kagami creyó que viajar en un portal no era tan difícil, ahora mismo se daba cuenta que estaba completamente equivocado. Porque aunque no era un experto en estos temas, era lo suficientemente audaz como para notar la diferencia entre este portal y los sencillos que Alex hacía o que él mismo había llegado a hacer con su propia energía humana por simple práctica. Este portal además de ser gráficamente más fuerte, conducía otro lugar que no era su mismo mundo, no, ya que el viaje era demasiado pesado y es que el pelirrojo lejos de sentir caminaba a través de este, sentía como si lo jalara, como si lo estuviera engullendo, arrastrándolo hasta el interior.
Qué bueno que tenía una fuerza mental muy sana y grande, por eso pudo resistir la presión que ese portal ejercía en todo su cuerpo y pensamientos al confundirlo con su textura.
No sabía a qué mundo llegaría al final de esto, pero concentró su mente en elaborar alguna idea para enfrentarse a lo que fuera que viera ahí.

¿Cuánto tiempo había pasado en ese viaje que parecía agotarlo a cada paso? Y es que era para menos, ese portal no estaba hecho para humanos, ya que las veces en que estos eran transportados ahí, perdían la consciencia o bien la cordura y eran soltados en los campos como vil ganado esperando a ser cazado. Algo muy cruel, la verdad.
Pero ahora, pensar en eso era lo de menos, porque Kagami no sabía si lo estarían esperando al otro lado, si habría alguna trampa. No sabía si Aomine estaba consciente de que iba tras él, o aquellos seres que estaban en la Unión Milagrosa. Comenzaba a pensar que había sido una tontería el que se metiera al portal para seguir al peliazul.
Sin embargo, Taiga no era persona que se arrepintiera de sus acciones, las afrontaba. No consideraba que fuera realmente malo el que fuera allí, confiaba en sus habilidades y podría mantenerse perfectamente capaz oculto o libre de que lo descubrieran, al menos, sí los trucos que Alex le enseñó servían como tal.

De pronto, los pensamientos de Kagami se vieron interrumpidos cuando sintió la consistencia firme del portal, como si fuera una cueva, cambió a ser el fondo de algún lago de agua tranquila, al menos en la superficie, porque gracias a la sorpresa que conllevó eso para el pelirrojo, pataleó de forma equivocada y la corriente lo arrastró con fuerza en la profundidad que dejaba atrás la calma y parecía tener fuertes remolinos en su interior. Y es que no era su culpa, porque era la primera vez lo recibía era el agua, no la tierra firme.
Y aun así, Taiga luchó, nadando como podía contra la corriente, escapando del fondo oscuro del lago, sin dejar que el pánico llegara a su sistema. Rodó dos veces y pateó, todavía estando en el interior del agua e hizo presión en su mano derecha para que la "pulsera" que tenía enrollada ahí, se deslizara desde su brazo hasta la palma de su mano, donde la sujetó con fuerza y latigueó como demente, hasta que ese pedazo de cuero negro, se sujetó de alguna rama de un árbol cerca. Solo así, Kagami logró emerger a la superficie, llegando hasta la orilla.

Estaba empapado por completo, el agua escurría de su cabello rojo, mientras jadeaba, tratando de recuperar el aire lo más discreto posible, pese al silencio que reinaba en el lugar.
Se acostó en el pasto, todavía sujeto de su látigo que continuaba enredado en una rama gruesa de un gran árbol de hojas verdes, pero pocas. Con lentitud, Kagami volvió a ejercer presión en su mano, empuñándola unos segundos y el látigo volvió a encogerse para enrollarse en medio brazo.
Entonces, los ojos rojos del muchacho miraron el cielo azul oscuro, sin ninguna estrella, ¿de dónde venía la claridad entonces? Sintió tal curiosidad, que se sentó y luego se incorporó, paseando su vista con atención por el lugar donde estaba, comprobando que estaba solo y lo único que lo acompañaba era el sonido del agua.

Volvió a alzar su visión y sus ojos se encontraron con las dos lunas juntas, reinando el cielo y que parecieron parpadear cuando Taiga las miró, como dándole la bienvenida.

Como si lo estuvieran esperando.


El viaje pudo haber sido largo, pero para Aomine todo ocurrió en varios minutos, quizá ni una hora, pese a que no había pasado el tiempo platicando con Kuroko, ya que este chico era de pocas palabras, tanto así que incluso poca presencia tenía, aunque era muy deslumbrante con su belleza vampírica.

Hacía tanto tiempo que el peliazul licántropo viajó desde uno de los portales de Midorima, pero aun así no le sorprendió que cuando emergieran del Lago Espejo, este no estuviera presente, porque no era necesario que el siguiera ahí hasta que llegaran, dado su poder mágico, además no esperaba tampoco una bienvenida de viejos amigos, para nada.
No evitó sentirse como un intruso cuando miró su alrededor y lo muy poco que La Noche había cambiado desde su partida. Pero sus ojos azules volaron hacía las dos lunas que parecieron brillar un poco ante su llegada, como si hubieran extrañado de su presencia ahí, mas Aomine simplemente miró con burla el lugar.
Sintió un vuelco en el estómago, porque los recuerdos lo atacaron tan pronto logró encontrar con su vista, desde donde estaba parado ahora, el camino hacía el Bosque del Silencio, donde La Cueva de Los Amantes Secretos se encontraba. Recordó, que en todo el tiempo que había pasado con Kise, jamás lograron encontrar la segunda puerta para entrar a esa cueva, solo la principal.
Parecía todo tan lejano ahora que pensaba en el rubio, no es como si esperara verlo, porque la verdad, eso era lo que menos quería.

En silencio, caminó al lado del vampiro de cabellos celestes, sin esperar que le dijera algo, como a donde debían dirigirse, porque sí bien recordaba también Daiki, era que cuando hechos que tuvieran que ver con los líderes de las manadas, eran cosas que se discutían en el Castillo del Juicio, o también conocido, como el hogar de Akashi. Y aunque hubiera dado todo por pasar desapercibido ante ellos, sus antiguos compañeros, los miembros de la Unión Milagrosa, sabía que no podía ser así. Aunque la verdad, no sentía emoción alguna por volver a verlos, el aprecio y respeto que llegó a tenerles habían desaparecido hace mucho tiempo, llegando el rencor y el desprecio como nuevos sentimientos dirigidos hacía ellos, para luego pasar a la viva y fría indiferencia.

Y su mirada lo dejó en claro justo en el momento en que al fin habían llegado a las puertas principales de ese enorme castillo, que les recibió a él y a Tetsuya con las puertas abiertas.
Mientras caminaban por el pasillo que los llevaría a la sala de reuniones de aquel lugar, a Daiki se le hizo un poco extraño que no viera a ningún habitante cerca de su trayecto, como antes, que parecían amontonarse a las afueras de las tierras de Akashi siempre para agradecer a la Unión Milagrosa por su espléndido trabajo, mostrando también sus respetos.
Ahora no había nada de eso.

—Oh, Daiki, cuanto tiempo de no verte —la musical voz vampírica de Akashi se escuchó en la sala, atrayendo la atención del moreno.

Aomine le miró con indiferencia, como sí estuviera con una roca, pero estaba alerta. Con sus ojos notó la presencia de Midorima y Murasakibara, ahí sentados alrededor de aquella maldita mesa redonda y sintió algo de asco al verla.

—Heh, es grato volver a ver mis viejos camaradas —respondió con un tinte de sarcasmo en su voz, valiéndole pepino si era una falta de respeto o no hacía la autoridad.

—Deberías considerarte agradecido de que se te diera la oportunidad de volver, Aomine, a pesar de que eres un simple desterrado ahora —dijo Midorima, tensándose por el saludo del licántropo, mientras fruncía el ceño.

—No, Shintaro, esa no es manera de tratar de un viejo amigo —intervino Akashi con una sonrisa que pretendía ser amable—, no olvides que Daiki sigue siendo un miembro —luego miró al peliazul—. Todavía se me parte el corazón por la decisión que me vi forzado a tomar, porque de verdad te aprecio, Daiki.

—No te preocupes, Akashi, me quedó muy en claro eso desde hace un siglo —la voz de Aomine salió de nueva cuenta sarcástica y burlona. Y es que para nada creía en las palabras del pelirrojo ese, ya no confíaba en él, es más, hasta podía ver el sarcasmo también en los ojos de éste—. Pero yo no estoy aquí porque acepte querer volver con ustedes, mi prioridad es encontrar a Satsuki.

—Vaya, Mine-chin, pareces tan cambiado ahora —mencionó Murasakibara como la simple constatación de un hecho, no porque quisiera unirse al intercambio hostil entre sus compañeros, le parecía algo innecesario y aburrido. Pero se le hacía curioso notar como la sombra de oscuridad y dolor que el peliazul tenía cuando fue desterrado, ahora ya no estaba. Se preguntó cómo le habría hecho para borrarla.

—Algo que se debería celebrar, el hecho de que ahora Daiki ya no parezca muerto en vida —comentó Akashi con un entusiasmo en sus palabras que lejos de dar confianza, solo ponían en alerta al moreno.

Aomine entrecerró los ojos unos segundos, para luego observar la habitación con interés. No engañaba a nadie, la verdad es que el imaginó que por como terminaron las cosas, Kise estaría ahí, formando parte de la Unión Milagrosa, pero no habían ni sus luces. Es más, ni siquiera podía olerlo cerca, no había ningún rastro que indicara que volvió a pasar por aquel castillo, mucho menos por la zona en que el peliceleste le condujo.
Eso fue completamente raro para él. No es como sí quisiera verlo, pero…

—Ryota no está aquí, no pierdas tu tiempo buscándolo —dijo Akashi, adivinando las intenciones y pensamientos del lycan. Lo dijo de tal modo, que este último tuvo un mal presentimiento y sintió, que había algo que no sabía.

—Yo no estoy aquí por él —exactamente, su llegada ahí no tenía que ver con el rubio, por eso Aomine hizo caso omiso de su sentir—. Mi prioridad es Satsuki.

En ese momento, la mirada concentrada de Midorima sufrió un cambio, no porque él pudiera ver el futuro como El Hada, no, sino por el censor que había puesto para encontrar las coordenadas del mensaje que Shiro mandó a una persona en particular, pero no solo era eso, sino que como ahora era él el principal hechicero capaz de abrir los portales que El Hada creó e incluso de crear otros, en su mente siempre aparecían registros sobre quienes atravesaban ese portal, claro, cuando resultaba que su memoria no los había visto antes. Aunque en este caso, para él no había sido relevante el que se quedara a esperar a que Kuroko y Aomine llegaran, pero tal parecía que debió hacerlo.
Mas no conocía esa presencia, por lo que cerró los ojos, ahí justo donde estaba de pie, al lado del pelirojo, ignorando todo a su alrededor, para tener una explicación de lo que sea que estaba pasando con sus portales.

—Ah, sí, Satsuki —repuso Akashi con un suspiro trágico—. Necesitaba que ella cumpliera una misión en el terreno, pero cuando solicité que Atsushi fuera por ella, no estaba. Indagué, me fui forzado a ir hacía su territorio y cuestionar a los miembros de la manada —recordó cuando el beta le dijo que la pelirrosa había salido, diciéndole que se encargara un tiempo de ahí y por más que intentó ver en la mente de ese rubio, no encontró nada más que diera sospecha de algo—. Y resultó que ella decidió irse, sin más.

— ¿Qué? —Aomine frunció el ceño, nada feliz con esa explicación, ¿qué su mejor amiga se había ido así como así, dejando la manada y sin ningún indicio de si volvería? Así no era ella, por lo que estaba seguro que había algo más ahí— No puedes estar hablando en serio, Satsuki no haría algo como eso.

—Es lamentable, lo sé, Daiki —Akashi regresó a su expresión neutral. Durante unos dos días estuvo dándole vueltas al asunto y lo único que concordaba, era una cosa: —Pero es sabido lo despreciable que es para varios licántropos que una mujer sea el alfa en las manadas. No me sorprendería que quizá algún grupo de ellos la amenazaran y ella decidiera sacrificarse para salvar a sus amigos —pero pese a esa explicación, Akashi no estaba contento. Sabía que algo se le estaba escapando, porque estaba seguro que nadie sería tan imbécil como para atreverse a herir a la hermana, la mano derecha del peliazul. Porque pese a su destierro—aunque no era así como todos los habitantes conocían la partida del peliazul—, era temido por muchos.

— ¡Eso no sucedía en mi territorio, Akashi, y lo sabes bien! —exclamó de repente Aomine, con indignación— Yo pude ser lo que sea, pero siempre les inculqué el respeto y tolerancia. A Satsuki tuvo que ocurrirle algo más, ella no pudo irse así como así —insistió.

—Puedes ir y preguntarle a todos en tu ex manada, ellos te dirán lo mismo —puntualizó Akashi, pero luego desvió su mirada al peliverde, que parecía dormir, aunque sabía no era así—. Shintaro, espero me tengas buenas noticias sobre el censor —dijo sin pena.

Kuroko, que se había mantenido en silencio y al lado de Daiki, observó al peliverde y luego al pelirrojo, ¿acaso ya habían encontrado las coordenadas exactas donde aquel híbrido estaba?
Hizo lo posible por no tensarse, pero el peliazul se dio cuenta del modo tan serio en que veía al otro par.

— ¿Un censor para Satsuki? —inquirió Aomine, pero tan pronto formuló la pregunta, supo de inmediato que la respuesta era negativa.

Akashi le miró con un gesto de presunción y sonrió ligeramente.

—Nada de eso, mi querido Daiki.

Y entonces, Midorima abrió los ojos y miró uno segundos al peliazul y luego al líder pelirrojo.

—No será necesario que sigamos buscando el lugar donde ese mensaje fue entregado, Akashi —avisó, con una mirada segura, que pese a sus palabras, hicieron al pelirrojo sentirse complacido—. Porque tal parece que la presencia de Aomine aquí, nos trajo lo que estábamos buscando.

—Vaya, vaya —Akashi acentuó su sonrisa—, Daiki, nos has traído un muy buen regalo ante tu regreso.

— ¿De qué mierda están hablando? —Aomine no entendía nada de lo que estaban hablando, pero su intuición le dijo que eso era algo muy malo.

—No es necesario irrumpir en el mundo humano, porque el híbrido ha llegado al nuestro —explicó Midorima con el gesto serio, pero una diminuta sonrisa.

Sí, en efecto, eso era algo infinitamente malo y con esas palabras, una tormenta de angustia llenó el pecho del Aomine.


En todo el tiempo que Himuro llevaba viviendo, jamás se le había hecho tan eterno un maldito viaje a través de un portal. Creía incluso que llegase más rápido si se hubiera ido nadando desde el mar de las costas de México, hasta el Reino Unido.
Pero quizá esa tardanza se debía a que él no tenía el mismo poder que Alex en cuanto a la magia se refiere, aun así, había logrado llegar a Londres, justo a las orillas del río del bosque. Como había hecho el portal inicial desde el agua, obligatoriamente este tenía que terminar en otro lugar con agua, aunque cuando era la rubia quién los creaba, no importaba el lugar donde era hecho, aparecían donde necesitaban llegar.

Himuro no perdió el tiempo pensando en las habilidades de Alex, porque al estar en el río, sintió el aroma de Kagami, no era fresco, por lo que no había llegado a tiempo, ¿cuánto había pasado ya desde su partida? Se sintió tan afligido e impotente de no poder saber cómo estaba y simplemente corrió tan veloz, que parecía un borrón si era visto por ojos humanos rumbo a la casa donde antes era su hogar. Y justo al momento en que irrumpió en esta, Alex corrió para recibirlo con la angustia pintada en su expresión.

— ¡¿Dónde has estado, Tatsuya?! ¡¿Quieres explicarme por qué demonios Taiga no está aquí?! —exigió Alex con un toque de reclamo en la voz.

— ¡No lo sé! —Himuro no evitó sentirse culpable por todo esto— Yo…, yo había tomado la elección de dejarlo libre e irme, porque confíe en Aomine, maldición.

— ¡Pero sabías bien que no debías mantenerte tan lejos de él! —Alex más que oírse molesta, se oía preocupada en demasía— ¡Esto es algo muy delicado, Tatsuya, porque no siento a Taiga en este mundo! —la voz se le quebró al decir eso— ¡Y no sé dónde está ahora!

—Podemos localizarlo con mi anillo —sugirió Himuro, tratando de no perder la calma, actuando lo más sereno que podía para no volverse loco de preocupación, aunque lo estaba ciertamente.

—No es tan fácil, Tatsuya… —los ojos de Alex se cristalizaron— Yo temo que al final ellos hayan encontrado a Taiga… —se tapó la boca y dos lágrimas cayeron de sus ojos turquesa.

—No, ¡no, no! No digas eso, Alex, por el amor a todo lo poderoso —masculló Himuro, sintiendo que se ahogaba de dolor de solo imaginar eso.

— ¡Tatsuya, es que Shiro me avisó que Akashi ya sabe de la existencia de Taiga en este mundo! —inquirió Alex con cierto pánico.

— ¡…! —la sorpresa llegó a Himuro de forma dolorosa— Eso no puede… ser…

—No sé cómo lo descubrieron, todavía no pude razonar eso, pero ya lo saben —Alex se llevó una mano a su frente, para tratar de no asustarse más—. Y eso no es todo, cuando fui a recibir el mensaje de Shiro a otra dimensión, descubrí que otro hechicero, seguramente Midorima, había colocado magia de rastreo en mi hermana, ¡así que seguramente ya saben que también estoy viva y que estoy con Taiga! —esta vez, fue imposible que no se alterara.

— ¡Maldita sea! —pocas veces Himuro perdía su inexpresiva calmada, pero tratándose del pelirrojo en peligro, era cuando venían las excepciones— Esto no puede estar pasando, ¡no puede ser posible! Sí hubiera mantenido a Taiga lejos de Aomine, maldición…

—Necesitamos averiguar dónde está Taiga.

—Tal vez debamos buscar el rastro de Aomine, seguramente él…

Alex negó y suspiró para serenarse.

—No, Tatsuya, él tampoco está en este mundo.

La expresión de Himuro se ensombreció en ira, al malinterpretar ese hecho.

—Ese maldito licántropo, él, ¿acaso…?

—No lo sé, ¡no lo sé! Pero no voy a perder el tiempo en investigar si tiene la culpa o no, solo me interesa encontrar a Taiga —interrumpió Alex con cierta ansiedad.

Y antes de que pudiera decir una palabra más, su mente entró en trance, porque una visión comenzó a llegar a ella.

Imágenes de un lugar lleno de árboles con hojas secas, similar a la dimensión de La Nada empezó a aparecer en la mente de la vampira rubia. Una mazmorra secreta, la figura de una quimera y un vampiro rubio que ella no conocía llenaron sus pensamientos, que hasta se olvidó de respirar.
No entendió el significado de eso, hasta que vio al pelirrojo luchar contra esa criatura quimérica.

— ¡¿Qué es, Alex?! —quiso saber Himuro con aparente paciencia.

—Sé dónde buscar a Taiga —contestó Alex con tono mortal, pero aliviado—. Pero, por favor, encárgate tú de rescatarlo, yo debo ir por alguien más —suplicó.

—Sí, sí, solo crea el portal, no perdamos tiempo —dijo Himuro.


Cualquiera pensaría que el tramo para recorrer todo el puente desde la tercera colina hasta la cuarta era un camino muy corto, porque así se veía desde la parte más alta, pero con forme uno descendía por completo, se notaba que era una vil ilusión.
La verdad es que era un camino muy largo y el puente alguna vez se balanceó por los fuertes vientos que había allí, pese a lo firme de su construcción. Pero aun así, Momoi evitó correr y no perdió la calma, sino que logró mostrarse critica incluso, observando a su alrededor muy alerta, porque mientras más se acercaba a la cuarta colina, más cerca sentía una extraña presencia ahí.
No obstante, aunque fuera extraña, sentía algo familiar en esta, pero no era capaz de notar que era.

Le llevó muchas horas terminar todo el tramo del puente, y Satsuki sonrió satisfecha cuando al fin llegó al suelo de la cuarta colina. ¡Ya falta poco! Cada vez estoy más cerca, suspiró sujetándose la cadera y alzando su vista hacía la parte más alta de esa colina. Cuando llegara hasta ahí, vería La Montaña Carmesí y sería capaz de confirmar si de verdad había una cueva ahí.
Pese a que no se había detenido a descansar nada desde que huyó de su territorio para hacer lo que tenía que hacer, todavía tenía muchísima energía por delante, así que no fue necesario que se sentara para beber de su agua de manantial que llevaba en lo que parecía ser un pomo hecho de madera fina; llevaba muchos de estos en su bolsa. Pero luego de eso, sí dio una buena inspección con su mirada alrededor, porque después sacó un poco de carne que traía envuelta para devorarla, porque se moría de hambre.

Cuando hubo comido y bebido lo necesario—aunque lejos de estar llena—, se sintió con más confianza de la que tuvo al empezar el viaje. Todavía no entendía el misterio del porqué todos los que venían aquí morían, pero estaba segura de que ella no correría el mismo fin, al contrario.
Mas no por eso, dejó de estar alerta, porque continuar su camino en Las Colinas del Fin, era lo equivalente a como cuando un humano caminaba en pleno desierto; si se descuidaba, la naturaleza se encargaría de atraparle.

No supo exactamente el tiempo que le llevó recorrer todo el camino en diagonal de la gran colina, pero todo pasó más rápido de lo que pensó, porque su mente estaba muy concentrada en la naturaleza de ese lugar, atenta al menor movimiento para no ser tomada por sorpresa. Y lo cierto era que entre más se acercaba a la cima de la cuarta colina, pese a la confianza que tenía, sentía cierta inquietud por el olor a muerte que empezó a aparecer, rondando sus fosas nasales como una advertencia. Pero no se dejó intimidar, Momoi era una chica lobo muy fuerte y podía recurrir a la transformación también.
Sentía un enemigo cerca y no era precisamente la misma muerte en sí, por lo que todos los sentidos de la muchacha empezaron a alertarse aún más; sus pupilas se dilataron y sus ojos se volvieron afilados, adquiriendo un toque salvaje que pese a lo excéntrico que podría resultar, hacía buen contraste con Satsuki, su rostro empezó a cambiar ligeramente, con un matiz animal que lejos de hacerla lucir fea, le dio una belleza inigualable, le dio estilo. Sus dientes se afilaron, puntiagudos y poco a poco sus manos empezaron a dejar la forma pasiva y delicada que su forma humana les daba a las mujeres, pasando a parecer más bien zarpa, cuando las uñas crecieron puntiagudas.
Ella no sabía lo que la estaba esperando mientras continuaba caminando, subiendo, pero su instinto la preparó mucho antes, con la precaución que ninguno otro había tenido.

Y por eso, cuando la sombra ostentosa de lo que parecía ser un licántropo de más de dos metros rugió en un aullido con ansías de matar, la atacó, Momoi logró moverse por completo, deshaciéndose de la mochila que traía en la espalda y su transformación llegó en esa sensación tan fuerte que solo podía ser comparada con un orgasmo, solo que lo que se sentía no era precisamente placer. Pero definitivamente, cualquiera que viera a la chica lobo en su verdadera forma, sí lo sentiría y no solo entre los suyos, sino quizá hasta entre los humanos y sin necesidad de ser zoofílico. Porque pese al aspecto animal y salvaje de una mujer lobo, como lo era Satsuki Momoi, su feminidad no estaba pérdida, aún entre todo ese pelaje espeso y de un rosa muy oscuro que casi podría parecer pelirrojo. Tenía una altura de más de dos metros y su forma continuaba teniendo las curvas en la cintura, en sus caderas y en sus pechos, de aspecto liviano, pero con la ferocidad destilando en cada poro.

Aunque ella no comprendía bien al ser que la estaba atacando, no se intimidó y se agazapó, saltando justo cuando aquella sombra lo hizo y le propinó un zarpazo en el abdomen, porque para sorpresa de Momoi, al momento de querer golpearle, no pudo tocarle, al contrario, su mano atravesó ese cuerpo, como si fuera un fantasma. Algo sumamente extraño, porque lo que sea que fuera eso—que tenía pinta de parecer un licántropo, pero carecía de pelaje y músculos. Parecía un simple lobo alargado y parado de dos patas con piel nada más y muy desnutrido— sí podría herirla.
La chica soltó un gruñido de amenaza y esperó a que volviera a atacarle y aunque estaba preparada para defenderse, no estuvo en sus cálculos que eso se moviera todavía más rápido y lograra morderle el hombro. Y un alarido salió de su hocico al sentir como los dientes de aquella criatura rebanaban su carne y parecían sacarle un poco de esta misma, causándole un nauseabundo dolor que solo intensificó la ira de la pelirrosada.

Ante el nuevo ataque que estaba a punto de recibir otra vez, Satsuki no lo pensó dos veces y guiada por su intuición, rodó colina abajó, rumbo a la zanja que estaba entre la cuarta colina y la Montaña Carmesí, mismo lugar que era donde pasaba el agua de La Cascada de la Vida y que ahora su suelo estaba seco, lleno de rocas de diferentes tamaños.
Incluso mientras rodaba, Momoi movió su cuerpo para esquivar los zarpazos que la misma criatura seguía lanzándole. No salió bien librada, porque recibió más heridas de este, pero todavía no tenía la batalla pérdida.
Y al momento de llegar a la zanja—si hubiera bajado caminando, le hubiera llevado quizá hasta un día más, pero dada esta forma de llegar y porque se iba impulsando con su velocidad y fuerza propia de lycan, llegó en diez minutos—, con el cuerpo lastimado ya no solo por los ataques de esa criatura, sino por los golpes que dejaron las rocas del suelo, sus ojos se fijaron en la cortina negra que estaba en toda la longitud de La Montaña Carmesí, misma que no era otra más que la entrada de aquella cueva que tanto se rumoreaba. Era obvio que pese al gran tamaño de la entrada en la montaña jamás fuera vista, debido al montón de agua que antes caía desde arriba, incluso cuando esta disminuyó, sería más fácil confundirla con la simple pared de roca de la montaña por su color oscuro. Y bueno, la verdad era que pocos venían justo al nacimiento de La Cascada de la Vida, porque los ríos de esta iban por todo el mundo de La Noche, así que no hacía falta. Solo pocos la habían visto perecer lentamente, aunque cuando quisieron ir a comprobar si de verdad ya no nacía agua de esta, era cuando ya no había regresado nadie.

Pero Momoi no perdió el tiempo admirando su descubrimiento, ese que Kuroko sospechaba, porque otra vez aquel ser volvió a atacarle, y dado que no era capaz de regresar los golpes, lo único que atinó a hacer fue poner ambos brazos frente a su cara para protegerse de las garras contrarias. Sin embargo, la zarpa de la criatura atravesó ese escudo, como la vil sombra que era, solidificando su garra al momento de sujetar la cara de la pelirrosa y apretarla, enterrando las garras en ese pelaje para cortarle la piel.
La muchacha rugió amenazante y su expresión se tornó fiera, sabía que en esta situación nadie vendría a ayudarle y tenía que idear alguna forma de salir viva de esto, por más difícil que pareciera, pero por ningún motivo se daría por vencida. Dio varios zarpazos y volvió a tirarse al suelo, tratando de aplastar aquella sombra con su cuerpo, pero cuando eso pasó, esta le traspasó el cuerpo y le mordió un costado, sujetándole de la espalda para alzarla y luego lanzarla contra una gran roca que estaba en la zanja.
El dolor llegó al cuerpo de Momoi de forma siniestra y gimió, sintiendo como varias partes comenzaban a sangrar. Vio venir la zarpa de la sombra para culminar contra su pecho y logró saltar para esquivarla, dando una voltereta sobre la roca, parándose de manos.

—No sé qué clase de criatura seas —dijo, esquivando nuevamente los golpes de la misma sombra, jadeando, pero sin perder el espíritu de lucha—, pero no voy a defraudar a Tetsu-kun.

Y en el momento en que la misma criatura estuvo a punto de sujetarla del cuello para degollarla, se detuvo de pronto y contempló a la chica lobo.

—T-Tetsuya… —siseó la sombra con una voz apagada, sin vida, pero que parecía reconocer al dueño del nombre— K-Kuroko Tetsuya…


Los pasos que el chico pelirrojo daba por el perímetro eran cuidadosos, sin dejar de estar alerta en ningún momento, sin alejarse de la orilla del lago, que visto desde afuera parecía tan tranquilo y pacífico… Vil mentira, porque aunque Kagami podía ver lo cristalina de esa agua que hasta parecía un espejo y se podía mirar el fondo oscuro que parecía no tener fin, sabía que más hondo aún, la tranquilidad del lago desaparecía y se volvía un infierno.
Casi se ahogaba por eso.
Pero ahí estaba ahora, paseando por ese mundo como si nada malo fuera a pasar.
Y es que para que negar que se sentía completamente maravillado al observar cómo era La Noche, el mundo de los vampiros y licántropos que tanto tiempo estudió con los libros que Alex le dio en su infancia para llenarse de conocimientos. Era tan diferente de haberlos leído e imaginado a estar ahí mismo, disfrutando la vista que ofrecía.
Quizá debería dejar de caminar y esconderse, pero la verdad no se le hacía buena idea permanecer en un solo lugar, porque no sabía sí algún vampiro o lycan podría pasar por ahí y eso sería más peligroso, porque aunque estuviera cerca de agua para crear algún portal, su energía de humano no sería capaz de crear uno que atravesara dos mundos. Eso era demasiado.

Luego de su larga caminata de casi media hora o quizá una hora, no sabía bien cuando tiempo, dado que no podía calcular la hora por la ausencia del sol y con las dos lunas, era una cosa muy diferente. Llegó a las afueras de lo que parecía ser una reserva, o al menos así se llamaría si estuviera en su mundo, claro. Podía sentir los limites en la zona y a lo lejos, casi como pequeños puntos, pero gracias a su excelente visión, pudo notar que allí habían casas, como si fuera una aldea grande. ¿Así vivían los licántropos y vampiros, eh? Sí que era muy diferente a como vivían los del submundo, porque en ese ambiente se percibía cierta humildad y de alguna forma, Taiga pensó que esas casas serían de licántropos, algo le decía que la casas de los vampiros serían con más detalles y minuciosidad.
Seguía fascinado con todo lo que veía. En más de alguna ocasión, escuchó algún pulular de lo que serían… ¿aves? Por lo que había leído en los libros de historia, sí existían aquí esos roedores que en el mundo humano abundaban también, pero eran diferentes, porque no eran una especie en sí. Algo irónico resultaba al comparar eso con la regla de oro de La Noche.

Al final, el pelirrojo llegó a un área tan verde, lejos ya de donde había visto esas casas. Parecía un lugar solitario, pero se respiraba comodidad en el aire, ¿se debía a la brisa que soltaba el agua de la cascada que llamó la atención de Kagami? Y es que misma cascada, no caía hacía abajo—aunque sonara a pleonasmo—, sino qué, caía hacía arriba. Una definición ilógica, sí, pero es que esa agua lejos de parecer subir la cuesta de la colina, parecía caer, porque fluía con la fuerza y libertad de una caída, en vez de con la dificultad de una subida. Además de que la espuma que generaba el agua al chocar se generaba arriba, no abajo.
Sin duda alguna, este mundo retaba las leyes de la física, por mucho. Y Kagami no hizo más que sonreír ante eso.

Bueno, basta de distracciones, necesito encontrar a Aomine, pensó.

Pero en ese preciso instante, un campo de energía de colores, lo rodeó a él en un perímetro de quizá diez metros, atrapando también a La Cascada de Cristal.

Kagami adquirió su posición de lucha y frunció el ceño, alerta, preparado para lo que fuera, mirando como un círculo de luz creció en el grueso y ancho tronco de un árbol que estaba a cinco metros en dirección diagonal desde la cascada.
Y en ese portal, vio como un vampiro tan hermoso como solo ellos lo eran, salió, con su cabello rojo destellando con claridad y con sus ojos bicolores brillando con frialdad; era la viva imagen estereotipada de un vampiro.
A este lo acompañaba un enorme licántropo, de tez crema, pero de más de dos metros y eso que no estaba en su forma natural. Su cabello era de color púrpura, así como sus ojos y tenía una eterna expresión de flojera, con sus ojos caídos, pero aun así, representaba peligro.

—No entiendo que tiene de especial este chico, Aka-chin, parece un humano —habló el lycan, que no era otro más que Murasakibara, con un deje de curiosidad, pese a que arrastró sus palabras.

El vampiro pelirrojo inhaló el aire y luego miró con repugnancia al chico humano.

—Pretende ser un humano, sí —aceptó Akashi con un tono frívolo—. No sé qué habrá hecho Alexandra con él, pero Shintaro no se equivoca en decir que él es el híbrido —una sonrisa maliciosa surcó sus labios poco a poco.

¿Estos sujetos conocen a Alex?, pensó Kagami, todavía a la defensiva. No entendía bien de que estaban hablando.

—Espero dures un poco, al ser tú el hijo de Shiro y Kai, sería decepcionante matarte tan fácil —mencionó Akashi nuevamente.

—No sé de quiénes me estás hablando —replicó Kagami con el gesto agresivo—, pero en definitiva matarme no te será fácil —dijo aquello, con una sonrisa segura.

—Hah, con esa actitud me dejas en claro tu bajo nivel —negó Akashi—. Atsushi, contigo será más que suficiente —ordenó.

—Como prefieras, Aka-chin —Murasakibara se encogió de hombros, pero no se negó y elevó solo un poco las comisuras de sus labios en una diminuta sonrisa, que dejó a un lado su personalidad de niño, notándose su aura salvaje que podría resultar sádica.
Y se transformó.

Pese al estado alerta de Taiga, no evitó sentirse fascinado al ver el cambio de ese chico a su forma lobo, pero eso no le duró mucho, porque un golpe impactó contra su espalda, haciendo que la parte de enfrente de su cuerpo impactara en el suelo, con el pasto.
Gracias que el pelirrojo tenía buenos reflejos, porque logró girar un poco su cabeza para que su mejilla fuera la lastimada y no se quebrara la nariz.

—Maravilloso —Akashi fingió fascinación—, ese golpe ya hubiera matado a un licántropo normal y tú lo has resistido. Supongo que por eso, mereces que yo sepa tu nombre —felicitó con aires de arrogancia.

— ¡Eso es lo que menos debería de importarte, estúpido vampiro! —amenazó Kagami y giró sobre sí mismo, con la intensión de atacar al pelirojo, pero el pelimorado fue mucho más rápido y le pateó un costado, lanzándolo contra la pared de roca de la colina donde estaba la cascada.

—No eres ni siquiera tan veloz o fuerte como creía, que aburrido —suspiró Murasakibara, como si fuera un niño a punto de hacer un berrinche, solo que lejos de patalear en el suelo como lo haría uno, él mataba sin piedad. Ese rugido que soltó lo dejó en claro.

El pelirrojo jadeó y se puso de pie como pudo, tratando de ignorar el dolor que empezó a sentir en todo su cuerpo con los ataques de ese licántropo de pelaje morado. Seguramente no faltaría para que se rompiera alguna costilla si ese sujeto seguía pegándole así y es que se estaba dando cuenta que era muy diferente pelear contra los lycan del submundo, que con los de este mundo. Además, ellos eran los líderes, lo tuvo en claro por los aires de grandeza que tenían.
Pero no se iba a rendir en lo más mínimo, no, Kagami no era así.
Solo tuvo un segundo para sacar una pistola, de las que colgaban en su cintura con el cinturón y disparó ese golpe de magia de aturdimiento, pero pese a su precisión y seguridad, Murasakibara lo esquivo y gruñó con arrogancia.
Y aunque Taiga vio llegar el zarpazo que el lycan iba a darle, cuando hizo además de esquivarlo, sus piernas no le respondieron, no porque fuera débil, pero la tremenda patada que el pelimorado le dio en un inicio, empezaba a tener sus consecuencias ahora, porque sintió como un calambre doloroso hormigueó todas sus piernas y se estremeció. Así que cuando quiso esquivar el golpe, ya era muy tarde.

Murasakibara le rasgó el abdomen y si el chico no hubiera retrocedido un poco, hasta le hubiera arrancado parte de la carne, en vez de solo la ropa. Aun así, contempló con suficiencia como la sangre del chico empezaba a aparecer de forma lenta.
Kagami intentó aprovechar que el lycan estaba cerca para dispararle la misma magia, pero este lo esquivó perfectamente y dio un zarpazo a la mano derecha de ajena, causando un ligero chasquido y el chico tuvo que tragarse el quejido de dolor que quiso salir por ese golpe, que logró soltara la pistola. No estaba seguro, pero parecía que su muñeca estaba fracturada otra vez.

— ¿Eso es todo lo que tienes siendo el hijo de esos dos pecadores? —inquirió Akashi con la voz dura, como si fuera una espada cortándole— ¿Solo armas hechas por esa bruja? —bufó, molesto—. Es una pérdida de tiempo incluso el torturarte.

Kagami estaba más ocupado concentrándose en seguir peleando, como para prestar atención al hecho de que estaban hablando de sus padres.

— ¿Eso significa que puedo matarlo ya? —quiso saber Murasakibara al momento en que con su pie estampó al pelirrojo contra el suelo nuevamente, aplastándole el pecho.

El pelirrojo jadeó y sintió que poco faltaba para que sus costillas se quebraran y su corazón fuera aplastado. Sujetó del tobillo de la pata del licántropo, ejerciendo presión para quitársela de encima, pero era inútil, pese a que estaba utilizando una fuerza que hubiera desarmado a cualquier licántropo del submundo. En cambio, el pelimorado estaba como si nada, muy entretenido infringiéndole dolor.

—Shintaro, has que Daiki vea como matamos a su querido híbrido —órdeno Akashi con una sonrisa cruel.

Aunque hubiera una gran distancia entre La Cascada de Cristal hasta donde estaba el castillo del pelirrojo, como el peliverde no deshizo por completo el portal, solo lo redujo a una bola de luz, escuchó la clara voz de Seijuro y obedeció, expandiéndolo al tamaño de una llanta.

— ¡Kagami! —el rugido de Aomine traspasó el portal, cuando vio la completa desventaja del pelirojo.

Taiga quiso girar su cabeza para buscar de dónde provenía la voz del moreno, pero como la pata con largas uñas de Murasakibara, era muy grande, no solo le inmovilizaba del pecho, sino que aplastaba su mejilla, teniendo su rostro volteado al lado contraria de donde estaba la voz del peliazul.

— ¡Maldita sea, Kagami, deja de intentar vencerlos y solo escapa! —gritó Aomine, con fuerza.

— ¡N-no voy a dejarte aquí, joder! —respondió Kagami— ¡Yo no te voy a traicionar!

—Eres muy molesto —espetó Murasakibara y aplastó más el cuerpo del chico.

—Esto es muy conmovedor, ¿no te trae recuerdos, Daiki? —se burló Akashi, con una sonrisa sombría.

Pero Aomine no respondió a eso, pese a que sentía que estaban por arrancarle la vida si algo le pasaba al pelirrojo.

— ¡Yo voy a estar bien! ¡Escapa, Kagami! ¡De nada me sirve que te maten aquí, idiota!

— ¡Pero yo…! —Taiga no siguió hablando por la misma presión dolorosa en su pecho y quijada.

— ¡Estaré bien, solo vete! ¡Confía en mí! —suplicó Aomine con el corazón en un puño.

Había algo que Kagami odiaba y eso era oír ese tono de voz en la boca del moreno, no quería que por su causa ahora sufriera más. De modo que no le quedaba de otra, por más que quisiera enfrentar todo este peligro a su lado y se estuviera consumiendo en preocupación, no le quedaba otra salida más que huir. Al menos, mientras encontraba una manera de derrotarlos, porque volvería por Daiki.

No supo ni de dónde sacó fuerza, pero entonces, Taiga gruñó con amenaza, atrapando la atención del pelirrojo vampiro, hasta de Murasakibara. Sus uñas crecieron y su agarre fue más firme, que lastimó un poco el tobillo del lycan y lo empujó con fuerza, a unos cinco metros lejos y se incorporó.
Y todo pasó tan rápido desde ahí, que ni siquiera Akashi tuvo tiempo de reaccionar, porque el anillo que colgaba del cuello del pelirrojo creó un camino de luz que terminó hasta La Cascada de Cristal, creando un portal.

— ¡No voltees, solo vete, Kagami! —exclamó Aomine, con desesperación al notar la duda del pelirrojo, sí mucho solo quedaban cuatro o cinco segundos antes de que el pelirrojo vampiro tomara las riendas del asunto y entonces su pareja no podría escapar.

Dicho y hecho, Akashi reaccionó y corrió, pero el chico de ojos rojos fue mucho más rápido de lo que esperó.

Y Kagami saltó dentro del portal, sin importar a donde lo llevaría.


De no ser por el ruido del viento al pasar por toda esa dimensión, golpeando las ramas de los árboles, haciendo las hojas caer y la lejana corriente del arroyo en algún lugar de ese lugar, el vampiro rubio que estaba prisionero en esa mazmorra, condenado, hubiera enloquecido por la soledad de ahí.

Sabía que no era como estar en La Nada, pero tal vez se asemejaba o eso creía. De todos modos, era más calvario el hecho de vivir sin la persona que amaba, de eso no había dudas, porque ni la sed, ni las quemaduras que el sol le causaba si igualaba a lo que su corazón dolía cada día, cada hora, minuto, segundo, en que no dejaba de pensar en Aomine.
Porque le pesaba tanto la decisión que tomó hace un siglo, pero por más que le doliera, sabía que había sido lo mejor o ahora mismo, el peliazul estaría muerto.
Pero, para que engañarse a sí mismo, porque la verdad es que sí hubiera querido otra salida. Todavía anhelaba el momento en que llegaría a ser feliz con ese licántropo que tanto amaba.

Los pensamientos de Kise se dispersaron, cuando el rugido de Yume se escuchó desde algún punto del lugar y cada que eso pasaba, era porque alguien había llegado ahí. Pero, ¿quién? ¿Otra vez sería Kuroko? Ya que Akashi no podría ser, pues la quimera a él ni se atrevía a rugirle, a menos que quisiera morir, claro está.
Esperó en silencio, a ver si no sería cosa de su imaginación por llevar viviendo cien años ahí, prisionero y solo. Pero el segundo rugido por parte de Yume, le confirmó que no era así y de no haber sido que el sol estaba en pleno centro del cielo, bañándolo de esa maldita luz que le lastimaba su piel de granito, el rubio hubiese alzado la vista para respirar el aire y terminar por comprobar así el olor de quien quiera que había llegado ahí.

Un estremecimiento recorrió todo el cuerpo de Kise, que incluso los huesos le dolieron y su garganta ardió como los mil demonios, cuando el sonido de un corazón completamente diferente de los de su especie, llegó a sus oídos, traído por el viento que entró a su celda desde la ventaba con rejas de plata en la parte superior.
Sin embargo, los latidos no fueron lo único que el soplar del viento llevaron a la celda del vampiro, porque entonces el olor a sangre humana, golpeó sus fosas nasales y sus ojos destellaron, pasando del color miel, al rojo intenso.


Creo que con ese final ya se imaginarán que podría llegar a pasar, ¿o no? :v

Huehuehuehue, hasta ahora, creo que es el capítulo más largo que he escrito de ésta historia, creo(?). Asdladsjlkdjslsa, joder, estoy tan emocionada porque ya están por leer lo más bueno, pero que todavía falta xD.

¿Qué les pareció? Por favor, ¡anímense a dejarme su opinión al respecto!

Ah, aprovecho a decir que me tardaré como dos semanas en actualizar desde ahora; por motivos familiares que sobran su explicación aquí xD.

Okey, ¡nos vemos!