Y he vuelto :B. Joder, lamento mucho no haber venido antes, pese a que ya estaba en vacaciones, aunque solo me dieron una semana. Pero sino actualicé, ¡es por qué no tengo internet! TuT. Y como mis clases empiezan pronto y yo comenzaré a trabajar medio tiempo, debo anunciarles de una vez, que las actualizaciones de éste y mis otros fics serán informales (cada semana, cada dos o tres o cada mes) ; ;
Hoy vengo a dejarles el capítulo viniendo a un ciber y mi tiempo es corto, por lo que no puedo responder a sus reviews como se lo merecen y yo quisiera, en serio, lo siento. ¡Pero agradezco mucho sus comentarios, asdakshjdahjdasl!
En fin, les dejo éste cap que espero disfruten mucho :3.
La fuerza de Kuroko era inmensa, sí y poderosa, digno de un miembro de la Unión Milagrosa y solía ser temido no solo por ese don y fortaleza, sino por su inusual toque fantasmagórico que tenía.
Sin embargo, pese a su gran experiencia en el ámbito de lucha, su poder seguía siendo limitado, como el de todos ahí, sin importar que fuesen vampiros o licántropos, seguían siendo personas de cierta forma. Además, tener durante media hora tan alto nivel de ilusiones contra adversarios de su mismo poder y en tres, era algo que gastaría la energía de cualquiera, sobre todo con las palabras que Akashi seguía soltando, tratando de herir la voluntad por lo menos del peliceleste, para liberarse de ese don.
Para cualquiera ese trabajo sería muy difícil gracias a lo inexpresivo que solía ser Kuroko, pero sí había alguien que lo conocía bien, ese era el vampiro pelirrojo. Después de todo, se conocían desde que tuvieron consciencia de su existencia.
Ya que el peliceleste seguía sintiéndose dolido de cierta forma, pese a que su expresión seguía siendo solemne y firme, que Seijuro continuara hablando no era de gran ayuda, porque no estaba agotando físicamente realmente, sino mental. Combinado ambas cosas, el resultado era mucho peor.
¿Cómo es que Akashi Seijuro había cambiado así de rápido? Tetsuya no comprendía nada, no importaba el tiempo que viviera, estaba seguro que jamás lo sabría y eso le dolía.
¿De verdad alguien era capaz de cambiar tanto en tan dos simples semanas de ausencia? Porque desde hace muchísimo tiempo, cuando Akashi se fue para recibir el ritual donde las lunas le bendecirían para tomar el cargo que su padre tenía en la Unión Milagrosa, cuando regresó, ya no era el mismo, ¿qué le habrían hecho?
Y es que a Kuroko se le había partido el alma cuando vio regresar al vampiro pelirrojo convertido en otra persona y no solo eso, sino que parecía incluso haberse olvidado de todo lo que habían vivido antes de irse a ese sagrado ritual.
El peliceleste no sabía sí eso le dolió más o fue el rechazo tan obvio que Seijuro le dejó en claro, tras haber estado intentando ayudarlo para regresar, siendo en vano todo. Aunque aun así, Tetsuya no había renunciado, pese a que en cada intento sentía que iba perdiendo ya no solo parte de su corazón, sino de su alma. ¿De verdad aquella persona que tanto amaba jamás regresaría a ser como antes? Incluso en algunas ocasiones, sentía que Akashi no estaba aquí o esa sensación le daba cuando veía esos ojos bicolores; uno rojo y otro dorado.
Y llegó el momento en que por solo una fracción de segundo Kuroko flaqueó en sus ilusiones, algo tan rápido que ni Midorima ni Murasakibara lo notaron, pero Akashi sí lo había hecho, así que su don no tardó en atacar la mente del peliceleste con aquella hipnosis que solo él podía causar.
Las ilusiones se dispersaron debido a eso y entonces, el peliverde no tardó en lanzar esferas de energía en un santiamén, contra el campo de energía lila, seguido con una fuerte embestida corporal de Murasakibara. Solo Akashi continuó sin moverse o hacer otra cosa que no fuera mantener hipnotizado a Kuroko, porque del mismo modo en que este último fue muy cuidadoso, sabía que así debía actuar al luchar contra él.
No era muy ventajoso el hecho de que Seijuro solo pudiera hipnotizar a una persona a la vez. Pero estaba seguro de que Shintaro y Atsushi podrían detenerlos.
— ¡Kurokocchi! —exclamó Kise con preocupación y ligeramente alarmado. No es que no estuviera preparado para luchar, no, sino porque notó aquel brillo de dolor en esa mirada celeste que duró solo un segundo. Y sabía el motivo de eso, después de todo, su amistad era tal… que algo como aquello, sería notado y sabido por él.
—E-estaré bien…, solo no se desconcentren —masculló Kuroko en un hilo de voz, atrapado en su mente, sin poder hacer nada para contrarrestarlo y si pudo oír al rubio, fue por el vínculo de amistad que compartían, nada más. Sin embargo no oyó nada después de esas palabras al aumentar la hipnosis del vampiro pelirrojo.
— ¿Cuánto falta para que Kagami esté bien? —demandó saber Aomine, todavía con la mirada fija en el cuerpo del muchacho nombrado, pero consciente de lo que sucedía a su alrededor con solo su oído. Y pese a que sintió cierta preocupación también por su amigo peliceleste, le estaba prestando más atención a su pelirrojo, solo a él.
Y eso era algo que Kise no podía ignorar como hubiese querido para no sentirse todavía más herido, porque resultaba irónico que el precio por haber salvado a Aomine fuera ese: que ahora amara a alguien más. Casi sonrió con amargura.
Daiki esperó contestación, pero Himuro no le respondió, no porque no quisiera, sino porque no pudo. Tan pronto el peliazul dejó de hablarle, un dolor irreconocible le recorrió todo el cuerpo, como sí algo quisiera salir de su interior y no pudo mantenerse vigilando la reacción que tenía Kagami mientras todo el proceso se hacía. El pecho le dolía ahora y abrió la boca como si fuera a gritar, pero no salió sonido alguno, solo alzó su cabeza con los ojos desorbitados, sintiendo como el palpitante dolor le taladraba su cabeza y llevó sus manos a sujetársela con fuerza, jadeando.
— ¡¿Qué demonios es lo que está pasando ahora?! —se exaltó Aomine, ¿qué acaso también el pelinegro sufriría consecuencias por eso? Aunque bueno, tampoco es como si supiera a ciencia cierta que el vampiro azabache hubiese decidido despertar al pelirrojo.
Kise hubiese querido comentar algo al respecto, pero no lo hizo, porque de pronto, aquel campo de fuerza que los cubría, se quebró con un sonido que sería lo mismo que un suspiro, afortunadamente igualmente los alertó. Sin embargo, fue curioso que en ese momento, otro crujido se escuchara a lo lejos, como si fueran dos pisadas en hojas secas de otoño, un sonido que aunque hubiesen querido prestarle atención, no pudieron porque la lucha estaba por comenzar.
Faltaba poco, todo se movió lentamente y todos se movieron tan veloces que el intervalo de tiempo solo eran segundos ni llegaban a los minutos siquiera.
Aomine estaba preparado para enfrentarse a Murasakibara si era necesario del mismo modo que Kise contra Midorima o hasta Akashi, para lograr que Kuroko escapara de la hipnosis. Pero incluso así, el rubio no la tendría fácil, ya que el vampiro pelirrojo sí podía luchar mientras ejecutaba su don, mas solo lo haría si fuera realmente necesario.
Entonces, cuando el combate estaba a solo cincuenta centímetros de que se realizara—distancia entre cada contrincante, misma que borrarían en solo unos segundos—, el fuego se creó, con chispeantes llamas rojas y naranjas que encerraron en un círculo a Akashi, Murasakibara y Modorima, antes de que estos últimos lograran empezar el cuerpo a cuerpo con Kise y Aomine. Ninguno supo de donde salió todo eso, hasta que una figura captó la atención de todos los presentes ahí.
Una figura alta, de tez bronceada y de cabellos rojos como el imparable fuego que acorraló a los demás miembros de la Unión Milagrosa y que por su aspecto físico, no parecía la gran cosa, hasta que Aomine entornó los ojos y notó como las manos de aquel cuerpo estaban con las uñas filosas, como zarpas y como sus orejas se habían vuelto un poco puntiagudas, del mismo modo que de los dientes de esa criatura sobresalían los colmillos superiores, no de la misma forma en que los de un vampiro, sino menos ostentosa, pero si lo suficiente para dejarse notar.
Quizá tenía un aspecto físico elegante y similar al de los vampiros, no obstante ese par de ojos que poseía el chico estaban brillando del mismo modo en que brillan las pupilas de los licántropos cuando se están transformando o comiendo, recibiendo el poder de la luna. Se notaba el salvajismo más puro en esa mirada. Incluso ese cabello rojo estaba un poco más largo y las venas resaltaban demasiado de sus muñecas y manos, que hasta un humano que estuviera a unos dos metros de distancia, podría notarlas.
—Kagami… —musitó Aomine con la más pura impresión y los ojos muy abiertos.
El aludido movió las orejas cuando escuchó su nombre, pero no dijo nada por ahora y luego sus manos desaparecieron para formar dos llamas y se las miró.
Ante esa indiscreción, Midorima, quién apenas se recuperó de la impresión, hizo ademán de saltar sobre el círculo de fuego, siendo detenido por una ola de agua que surgió de algún punto, siguiendo la forma curveada de un arco en la cima, impactó contra el cuerpo del vampiro con tal fuerza, que lo mandó al suelo, advirtiendo a Murasakibara también, que estuvo a punto de imitar el ejemplo del peliverde.
Y Himuro se situó al lado del pelirrojo, teniendo alzada la diestra mientras los dedos de esta estaban aguados y cristalinos, como el agua.
Sí, Kagami había despertado.
Pero no era el único que tenía poderes ocultos.
Hace muchísimo tiempo, quizá ocho siglos atrás o hasta más, nadie lo sabía con exactitud, la Unión Milagrosa no existía en La Noche, es más, no había autoridad absoluta en ese mundo, porque cada líder de clanes o manadas, eran los que mantenían el orden en sus hogares y cuando algo más salía de control, entre todos los ciudadanos impartían justicia.
Era algo mutuo, no había jerarquías ni nada por el estilo, pese a que solo en algunos vampiros era que los dones existían, casi del mismo modo que los licántropos. Y además, ¿qué clase de poder o control podían pelear entre sí? Una guerra parecía tan ridículo, siendo que La Montaña Carmesí y Las Colinas del Fin jamás dieron fallos y el alimento para todos existía y todos los habitantes de ese mundo siempre se la vivían pasando el tiempo en exploraciones y conociendo otros lugares, visitándolos sin ningún malicioso fin, porque para ese entonces, El Hada ya había abierto más de un portal, aunque no muchos todavía, dado que su poder estaba despertando en ese primer siglo y porque para eso necesitaba que los dos astros de su cielo estuvieran de color azul, lo que significaba que el mundo humano no había sido descubierto para esas dos razas y tampoco había prisa para ello.
Aun así, de forma curiosa, existían familias entre licántropos y vampiros que sobresalían, esos eran los de apellido: Akashi, Midorima, Kuroko, Aomine, Murasakibara, Haizaki y Kise. Se decía que esas familias habían sido bendecidas por las diosas estrella y luna. Porque ahí en su mundo, eran una estrella y una luna llena lo que iluminaba sus días y noches; ambas siempre velaban por sus habitantes y parecían conformes con el mundo que les veneraba de cierta forma y que se las arreglaba para vivir en paz, aunque como en todo mundo y/o dimensión, siempre habían problemas, los normales, pero que entre todos ellos, habían logrado mantener todo bien, guiándose y siguiendo los consejos que El Hada daba. La verdad era que muchos la querían, la adoraban, pese a que nació en un clan de vampiros no muy reconocido por ese apellido tan inusual, era alguien con verdadero talento y muchos no tardaron en admirarla.
Pero ella no era la única que había nacido con talento.
Sí, Alexandra tenía una hermana, una melliza llamada Shiro.
Ambas chicas eran una gloria con dones que jamás se habían presenciado entre la especie de los vampiros, tanto así, que incluso muchos o más bien todos, decían que la Diosa Estrella había reencarnado en las dos hermanas para hacerles ver su voluntad y nadie parecía dudar de Alexandra y Shiro en ningún momento.
Ellas hipnotizaban con su belleza a todos, con esa cabellera rubia como el oro más puro, con su figura esbelta y esa personalidad tan bondadosa, alegre y tolerante. Aunque una era extrovertida y la otra era introvertida, ambas se entendían y poseían la fuerza de un león y del mismo modo que todos, fueron atrapadas por el amor, cuando se enamoraron de otros dos vampiros también, lastimosamente por azares del destino, uno desapareció sin dejar rastro en ese gran mundo, destrozando el corazón de Shiro, que llevaba la semilla de su amor en su vientre.
Alex sí bien no corrió la misma suerte de amar y perderlo todo, del mismo modo su corazón fue roto, porque el vampiro que ella amaba no le correspondía, al contrario, ese vampiro estaba enamorado de su hermana.
Masaomi Akashi era un vampiro muy codiciado por muchas vampiresas, incluso hasta por los de su mismo sexo y hasta mujeres lobo. Todos notaban la belleza e inteligencia que ese hombre poseía; era glorioso y esa era una de las cosas por las que Alex se había enamorado de él, como muchas otras que de igual forma fueron rechazadas.
Sin embargo, había sido una sola mujer vampiro que jamás lo amó y esa era Shiro, quién todavía conservaba la esperanza de que el vampiro que amaba regresara y conociera a su pequeña hija llamada Tatsuya, aunque hacía treinta años desde que lo vio; al menos veía el reflejo de los ojos de su amado y desaparecido vampiro en los orbes de su hija, que tenía el cabello negro y las pupilas grises y que conforme pasó el tiempo, un don se hizo presente en ella también.
Empero la verdad, era que a Akashi nunca le importó eso, él no se rindió en su decisión de enamorar a Shiro, de hacer que le correspondiera, ya no solo por orgullo, porque él también la amaba. La amaba demasiado, rayando a la locura y no importaba cuantos amables rechazos le hiciera Shiro, persistía siempre, sin descanso hasta que llegó al grado de acosarla.
Muchos pensaron que por ser un vampiro de uno de los clanes bendecidos, la vampira de ojos rojos no haría nada, para que negar que eran muchos los que le temían al vampiro, no obstante, Shiro perdió toda amabilidad en sus rechazos, cuando estuvo cansada de la misma historia de siempre y cuando el cuerpo del vampiro que amaba fue encontrado arrastrado por la corriente de una cascada y estaba muerto; desmembrado. Con un golpe emocional así y los atosigamientos de Masaomi, la vampira no pudo más y se reveló contra este de un modo nada diplomático, para tres noches más tarde, huir de su casa con su hija Tatsuya, dejando una carta a Alexandra.
No solo el corazón de Masaomi Akashi estaba roto y herido, no, también su orgullo y este era mucho más peligroso que cualquier cosa. Por ende, cegado por la ira del rechazo, decidió también dañar el orgullo de Shiro; quería hacerle notar que una mujer lobo era mucho más mujer que ella, siendo vampiro y por eso, haciendo algo completamente nuevo para el mundo, Masaomi raptó a una mujer lobo y no la enamoró, para nada.
La violó mientras la tuvo secuestrada en la cueva que estaba detrás de La Cascada de la Vida. La violó tantas veces sin importar que esta se transformara en licántropo, ni cuanto peleara o quisiera aullar, porque Masaomi usó su don mental-emocional para mantenerla sumisa y lograr procrear con ella. Hasta que pasaron los meses en los que la mujer lobo de identidad desconocida, se embarazó, permaneciendo escondida en esa cueva y con un trauma mental demasiado grande como para querer escapar en las veces que Masaomi dejaba el escondite para regresar a su casa.
Y fue en una de esas veces en las que el vampiro volvía a su tierra, donde ya cegado por muchos sentimientos y emociones nada agradables—dado que Shiro seguía sin aparecer ni nada—, empezó a correr comentarios cizañeros entre todos, por los muchos asesinatos que se estaban llevando a cabo entre ambas razas, de origen desconocido y como él tenía un poder de liderazgo muy grande, además de que nadie más quería ver morir a sus familiares, no hubo muchos que pudieran oponerse a su nueva creencia: que La Noche necesitaba líderes capaces.
Así dio inicio la Unión Milagrosa, que incluyó solo a seis miembros de los siete clanes poderosos; mitad de una especie y la otra, para tener equilibrio y buena disposición. Y la verdad, eso jamás pintó ser mala idea, pese a que la mente de Masaomi estaba corrompida y era un vampiro demasiado estricto con todo.
Los asesinatos estuvieron controlados y "las padillas" también, porque no todos podían ganarse territorios donde pudieran vivir.
Luego de más de sesenta años con aquella mujer lobo, misma que anteriormente, en el primer embarazo dio a luz a cuatro niños de los cuales todos nacieron muertos y Masaomi creyó que la reproducción entre ambas especies no podía darse, debido a la diferencia de ambas. Esa creencia estaba equivocada, dado que todo eso fue originado por la depresión de la mujer, que seguía apartada de su familia y hogar y que su voluntad ahora estaba quebrada.
Aún con todo eso, Masaomi continuó en todos esos años con ella, hasta que al final, la mujer lycan se embarazó por segunda vez, y una tercera y una más…, y después de tantas décadas dio a luz a un pequeño bebé de cabello rojo claro, que lejos de parecerse a ambos, sacó todas las características vampíricas, aunque sus facciones eran similares a las de su madre. Misma que solo estuvo con él hasta los once años, porque su depresión la terminó matando, ya que Masaomi mantuvo la existencia de ambos en secreto, porque la existencia de su hijo era un tabú, el primero en nacer así y no quería arriesgarse a que lo conocieran, pues no sabía que cambios presentaría al ser hijo de lycan y vampiro.
No quería correr ningún riesgo y tampoco perder su poder como miembro en la Unión Milagrosa por algo como esto y aunque su hijo a quién nombró Seijuro no mostrara ser diferente a ningún vampiro aún con haber tenido una madre licántropo, lo mantuvo doblegado y amaestrado para que continuara ahí encerrado. Como si fuera una mascota, en lugar de su hijo.
Hasta que hubieron pasado los ochenta años, cuando Shiro regresó de algún lugar donde tuvo que irse para librarse del amor enfermizo de Masaomi y poder superar la muerte de su amado vampiro, al lado de su ahora hermosa hija Tatsuya, que tendría alrededor de ciento un años, —de un aspecto eterno de diecisiete años—, con una habilidad para la magia que entre ambas y Alex, decidieron mantener en secreto, solo dando a conocer el don que heredó de su madre, que era el control del elemento agua.
Masaomi pareció sorprendido, no obstante logró hacerse el indiferente, haciendo planes para lograr que la vampira lo amara, porque lo conseguiría sin importar qué y la actitud cuidadosa de Shiro no ayudaba en nada, pero como para ellos y los licántropos el tiempo pasaba de manera diferente, era una persona paciente.
Así que dejó pasar otros noventa años más.
Y entonces, justo cuando quiso acercarse a Shiro nuevamente, ella ya estaba enamorada de otra persona y amaba a aquel individuo incluso todavía más que a su antiguo amor. Era lo que podía llamarse, su anhelada alma gemela.
Kai Kagami.
Un licántropo de solo un siglo de vida, demasiado joven, aunque en el aspecto físico, los dos parecían de la misma edad de veinte años. Y él era un chico de cabello rojo oscuro y la tez bronceada, de una personalidad bastante coqueta, porque tenía fama de ser un mujeriego y a la vez bravucón, pero sentó cabeza cuando se enamoró de la vampiresa y pese a ser de diferentes especies, su amor creció imparable, como el fuego de un romance eterno. Y sin importar que no todos a su alrededor lo sabían, dado que había mucho desconcierto ante la idea de que un vampiro o licántropo se enamoraran y procrearan, porque sus diferencias eran demasiadas, habían personas que sí sabían de esa relación y la apoyaban, entre ellas estaba Alex y un par de amigos más cercanos a la pareja.
Era obvio que Masaomi no lo sabía y seguía sin comprender el hecho de que siguiera existiendo mujer alguna que lo rechazara, si incluso Alex seguía enamorada de él. Mismo motivo, por el que el vampiro podía manipularla a su antojo, haciéndole creer que empezaba a amarla, porque necesitaba tenerla a su lado, ya que no tuvo otra salida más que decirle a ella que tuvo un hijo con una mujer lobo e increíblemente, Alex no reaccionó mal y es que tuvo que ver también el hecho de que le mintió; dijo que la madre murió al dar a luz. Aunque así también aprovechaba para poder acercarse a Shiro.
Por esa misma relación en que estuvo metido Masaomi y que conocía Alex, es que esta última no le advirtió nada a su hermana y tampoco tuvo la sospecha de que cuando se le salió un comentario insinuador de la relación que su hermana mantenía con un licántropo, el vampiro estallara interiormente y luego el caos empezara a cocerse en algún punto.
Y por supuesto que Masaomi no iba a dejar que la mujer que amaba estuviera con otro y mucho menos con un licántropo. Tenía que elaborar un plan maestro.
Sin embargo, pasaron cincuenta años más en los que estuvo fingiendo como sí no pasara nada, dado que era muy calculador y el plan que hace tiempo empezó a crear, faltaba poco para llevarse a cabo.
Entonces, fue cuando algo en Akashi empezó a cambiar. Y eso que Alex siempre iba a verlo y cuidarle, así como también a revisar su estado de salud con su magia.
Todo empezó de forma lenta, al principio Masaomi no se dio cuenta y creía que se debía al encierro en que continuaba manteniendo a su hijo, por el que quizá este estuviera sufriendo esos ataques de ansiedad e incluso frialdad.
Alex le advirtió que debería tomarse las cosas más en serio, porque ella sí podía darse cuenta de que lo que tenía Seijuro no era nada bueno, de que tal vez lo que tendría como consecuencia al ser hijo de un vampiro y lycan, empezaría a mostrarse.
Era extraño, pero Alex juraba que a veces parecían vivir dos personas en el interior de Seijuro, ya que los cambios de humor de este cada vez eran más continuos y duraderos, razón por la cual, Masaomi decidió no sacar nunca a su hijo, a menos que este de verdad estuviera curado.
Como Alexandra continuó enamorada de Masaomi hizo todo lo que estuvo a su alcance para curar a Seijuro y luego de treinta años más, logró lo que quería y entonces, fue cuando Masaomi decidió sacarlo a conocer el mundo, alegando que la madre del pelirrojo murió y que era de una aldea lejana y por eso hasta hoy traía a su hijo. Claro, tuvo que mentir en la verdadera edad del chico y por tratarse de Masaomi Akashi, todos le creyeron. Tenía habilidad para hacer que todos confiaran en él.
Así pasaron otras cuatro décadas más, en los que Seijuro parecía normal y no hacía solo dos años, había conocido a otro vampiro de solo tres años de edad, de cabello celeste, llamado Kuroko Tetsuya, hijo de uno de los miembros de la Unión, formando un vínculo increíble, que pese a que fueran dos chicos, no resultaba algo extraño en La Noche y ambos jóvenes eran felices así, con una relación de amigos que más adelante se tornó romántica.
Hasta que pasaron siete años más y Seijuro empezó a sufrir otra vez los ataques que hacía ver como si hubiese dos personas en su interior, así que Masaomi le reclamó que no hizo bien su trabajo a la vampira y Alex le contó, que como última opción quedaba hacer un hechizo para sacar una de las personalidades de su hijo; para eso necesita un lugar especial y privado.
Pasaron tres años y en la Prado del Sacrificio, el ritual para separar las personalidades de Seijuro Akashi, se llevó a cabo.
Tanto Masaomi y Alex se quedaron impresionados cuando vieron como del cuerpo del vampiro pelirrojo, su alma se dividió al dejar su forma física y mirarlos, era como estar contemplando de forma estereotipada de ambas espcies; la naturaleza egoísta, fría, hermosa y calculadora de un vampiro, así como la naturaleza salvaje, imponente, atractiva y temperamental de un licántropo.
Y una lucha entre ambos espíritus se llevó a cabo, para ver quién lograba ganarse la parte física del cuerpo del vampiro Seijuro. Pero Masaomi fue quien decidió y aunque Alexandra le dijo que él no debía elegir por su hijo, al final, chantajeándola con su amor, logró que la vampira atrapara el alma emotiva —que un lycan podía tener en su estado más puro— y así encerrarla en un campo de magia, dejando el paso al alma fría y despiadada que un vampiro corrompido podía llegar a poseer, porque era justo lo que Masaomi quería que fuera su hijo, para así dejar su legado en las manos de este.
Y Alexandra se encargó de llevar al ahora nuevo y "verdadero" Seijuro Akashi, mientras que el padre de este llevó aquel diamante donde la otra mitad de su hijo estaba atrapada y dormida para siempre, para encerrarla en la cueva de La Montaña Carmesí, y así nadie supiera de esto. Tuvo que engañar a la vampira rubia, diciéndole que destruyó aquella otra personalidad.
Con todos esos hechos que pasaron, Masaomi empezó a hacer insinuaciones directas de que las relaciones entre licántropos y vampiros era algo imposible, que nunca debería pasar. Y como muchos estaban cegados con su belleza y brillo, así como los ideales que trajeron mucha paz y beneficio al mundo de La Noche, no dudaron que lo que decía el vampiro fuera razonable, después de todo, procreando con la misma raza, era así como se mantendría el equilibrio.
Masaomi Akashi era como un diamante, deslumbrante y atraía a todos, sin embargo, lo que nadie veía, era que como todo diamante, tenía lados y puntas muy afilados que herían cuando estaban demasiado cerca.
Y entonces, empezó la persecución para Kai y Shiro.
Todo eso suscitó una tremenda pelea entre Masaomi y Alex.
— ¡Eres un vil hipócrita, Masaomi! —había dicho la vampiresa— ¡¿Cómo puedes estar diciendo tales cosas cuando tú eres quién procreó un hijo con una mujer lobo?! ¡¿Y ahora te atreves a querer darle caza a mi hermana?!
El vampiro la contempló como si estuviera loca.
—Yo mismo me he dado cuenta de mi error, Alex, ¿qué no recuerdas las consecuencias que tuvo Seijuro al ser hijo de dos razas distintas? —inquirió Masaomi de forma firme y solemne— ¿Quieres que lo mismo le pase a Shiro?
—Te equivocas, Masaomi —bufó Alex—. Ya que al momento de estar haciendo el ritual, ahí mismo pude notar que a Seijuro le pasó lo que pasó, porque no fue engendrado con amor.
—El amor es una simple tontería; ser amado, es ser destruido, Alex —reafirmó Masaomi con su voz grave.
—No somos bestias que solo tenemos sexo con el único fin de reproducirnos para que nuestra especie no se extinga —replicó Alex.
—Aun así, esa no es razón para que nuestras especies se mezclen así —Masaomi se mostró muy determinado en su decisión—. Incluso aunque se trate de Shiro, no permitiré que se cree otra abominación y si de verdad me amaras, apoyarías mi orden.
Y por primera vez, la vampira rubia lo miró con rabia y chistó.
—Ya basta, ¿no crees? Que yo esté enamorada de ti, no significa que piense lo mismo que tú —advirtió Alex con una mirada feroz—. He aguantado muchas cosas de ti, Masaomi, pero no toleraré que quieras dañar a mi hermana, ¡eso jamás! No importa si tengo que matarte para evitarlo —su expresión y mirada fueron tan intensas, que esa fue la primera persona que instaló miedo en el vampiro—, porque yo sé muchas cosas de ti.
Masaomi frunció el ceño y la miró con prepotencia.
— ¿Es así como dices amarme? Alexandra, ahora mismo queda comprobado lo que te digo del amor.
—No confundas las cosas, Masaomi, ¡yo no dejaré que nadie lastime a mi hermana, ni siquiera tú!
A partir de ese momento, fue cuando comenzaron cinco décadas de luchas para intentar atrapar a Kai y Shiro, afortunamente les era imposible, porque Alex siempre les ayudó a escapar en todo momento. Y eso empezó a generar demasiada polémica. Fue entonces, cuando Masaomi aprovechó el momento y comenzó a meter cizaña en el mundo contra Alexandra.
En esos cincuenta años, el progreso para crear enemigos contra la vampira rubia, no fue mucho, aun sabiéndose que era ella quien cubría a Shiro de ser atrapada, muchos seguían admirándola y apoyándola, porque tenían la creencia de que la Diosa Estrella estaba reencarnada en ella y su hermana. Y no solo por eso, sino porque en esos cincuenta años, Las Colinas del Fin y La Montaña Carmesí, se secaron y el caos empezó para muchos al no tener alimento y fue la misma Alex quién les dio una salida: alimentarse de los humanos e ir por ellos a través de un portal.
Con todo eso, ¿cómo alguien podría creer que ella era una mala persona?
Pero no solo era eso, incluso los astros en el cielo se deformaron; la luna llena se volvió creciente y jamás volvió a teñirse de azul a la vez que la estrella dejó atrás su forma puntiaguda y pasó a deformarse, engordando de cierta forma, pareciendo más bien una luna "llena" y solo ella era la que se volvía azul en muy pocas veces.
Y eso solo significaba que el cielo de La Noche había perdido su equilibrio, cosa que desgraciadamente, sí ayudó a secundar la teoría de Masaomi ante la relación de Shiro y Kai.
Masaomi llegó al límite, cuando se confirmó que ni Shiro ni Kai estaban en La Noche, que habían desaparecido y la misma Alexandra le confirmó que los envió lejos, a otro mundo. Y no solo eso, esta le había amenazado con revelar a toda La Noche lo que hizo hace más de un siglo con una mujer lobo y el verdadero origen de Akashi, además de que ella misma descubrió el verdadero motivo del porque Las Colinas de La Vida y La Montaña Carmesí se secaron: era porque la otra mitad de Seijuro se robó su vitalidad para no desaparecer y no solo eso, los astros del cielo se deformaron así, porque ellos tampoco querían que ese otro espíritu pereciera y se esfumara, así que le brindaban su energía. Y eso significaba mucho.
Sabiendo eso, Alexandra estaba decidida a romper con la farsa de Masaomi y para ese entonces, ella había empezado a dejar de amarlo.
Mas sus buenas intenciones no se llevaron a cabo, Seijuro fue enviado por su padre a usar su don que heredó de este con todos los seguidores de Alex; hipnotizándolos para así hacerles creer que todos ellos estuvieron encerrados en otra dimensión, siendo objeto de experimentos, entre muchas otras cosas.
Y todos ellos mostraron tal horror y tal odio, así como todo lo que decían era tan lógico, que poco a poco, la confianza que tenían en Alex, se deterioró por completo y toda la Unión Milagrosa se puso en marcha y luego de atraparla tras otras tres décadas, ella fue condenada a la misma dimensión que encontró con un portal: La Nada.
Y no porque ella misma lo hubiese abierto, sino porque luego de todas las deformidades que sufrieron los astros, otro clan fue bendecido por la magia; el de los Midorima.
Mientras todo eso sucedió, en esos treinta años, Shiro y Kai habían logrado procrear, pese a que una mujer vampiro solo podía embarazarse una vez, ¿tal vez se debía a que estaba con un licántropo y para ellos la fertilidad era diferente que un vampiro? No se sabía y quizá jamás se podría saber, pero fue así, como la segunda hija de Shiro y la primera para Kai, nació.
Y la nombraron, Taiga Kagami.
El periodo de gestación fue el mismo que el de un vampiro, dado que su madre era una y estaba en el vientre de esta, aunque cuando la pequeña niña de cabello rojo nació, su crecimiento fue demasiado, demasiado lento. Se mantuvo como un bebé de un año durante casi veinte años, para luego seguir avanzando de edad, cada veinte años humanos, equivalían a uno para la nueva hija del lycan y la mujer vampiro. Mas para Kai y Shiro, no había problema, ellos eran felices dentro de ese mundo que su hermana Alex creo para que vivieran su amor sin problemas.
Hasta que Tatsuya, la primera hija de Shiro, llegó a informarles del destino que su tía Alex había sufrido, porque la vampira pelinegra era la única que podía usar magia también, a parte de su don y por ello fue capaz de encontrar un portal para ir a ver a su madre. Así conoció a Taiga, su media hermana, aunque no convivieron mucho, por el caos que se generó en La Noche, Tatsuya debía ser más precavida y era mejor que sí ella era atrapada, no sintieran el olor de su nueva hermana o todo sería mucho peor.
El alivio para Shiro y Kai, así como Tatsuya también, llegó cuando luego de cincuenta años más, Alex apareció y contó que había podido escapar de La Nada tras mucho esfuerzo y magia que utilizar; tenía un aspecto demasiado acabado, porque ya no parecía la vampira poderosa que aparentaba veinticinco años, dado el lugar tan horrendo en el que estuvo, pero seguía siendo muy fuerte. Les contó, que iría a iniciar una nueva vida al mundo humano, ahí, para estar lejos de la Unión Milagrosa. No les hizo la invitación de ir a su hermana, cuñado ni sobrina, porque podrían ser descubiertos y eso era lo que menos quería Alex, misma razón por la que solo se apareció delante de Shiro y nadie más y esta misma fue la que se los comunicó a Tatsuya y Kai.
Todo había pasado tan rápido y apenas habían podido hablarse, que no hubo tiempo para que Alex conociera a Taiga.
Cincuenta años más pasaron—donde Taiga al llegar a la edad física de tres años, su crecimiento se detuvo— y sí bien Tatsuya siempre era cuidadosa las pocas veces en que iba a visitar a su madre, luego de veinte años más y sin que Taiga se enterara realmente, era imposible que siguiera pasando desapercibida y huyendo de la Unión Milagrosa ahora que había alguien ahí que tuviera casi el mismo potencial de magia que Alex.
Por lo que no pasó mucho, para que Masaomi y los demás, encontraran el mundo donde estuvieron protegidos y viviendo hace mucho tiempo, más de un siglo para ser exactos y ya no había más escapatoria, por lo que entre Shiro y Kai, decidieron que la prioridad era impedir que se enteraran de la existencia de su hija, Taiga, así que la encomendaron con Tatsuya, enviándola al mundo humano en busca de Alex, luego de que la vampira de cabello negro usara parte de esa magia heredada para borrarle los recuerdos a su pequeña hermana, que no la conocía realmente.
Y cuando Kai y Shiro al fin fueron capturados y condenados, la Ley de Oro empezó a ser oficial y posteriormente todos los miembros de la Unión Milagrosa se retiraron, cediéndole el lugar a sus hijos cien años después, tan pronto estos estuvieron cumpliendo su primero siglo de vida.
Empero, todos esos anteriores miembros murieron cuando decidieron ir a investigar a Las Colinas del Fin y La Montaña Carmesí, exceptuando a Masaomi, aunque este murió de todas formas por causas desconocidas para todos. Sin embargo, la única verdad, fue que su propio hijo, Seijuro Akashi, lo asesinó y que todas las muertes que ocurrieron en Las Colinas del Fin, fueron causadas por su otro yo para abastecerse de energía y seguir sobreviviendo.
Y es que pese a que la parte que tenía en control el cuerpo físico supiera de su otra mitad, no podía destruirla, aun sabiendo donde estaba, porque sí lo hacía, sí bien parecía que tendría más control en La Noche así, no era verdad, ya que todo regresaría a la normalidad y no podía ser así, menos cuando sabía que El Hada estaba viva en algún lugar y tenía presente la sospecha de que existía un ser casi similar a él, procreado por un vampiro y un lycan.
Momoi jadeó cuando todos esos recuerdos desaparecieron de su mente y miró con ojos abiertos como platos a la sombra de esa otra parte de Akashi Seijuro, muda, sin saber que decir.
Se notaba la diferencia abismal entre este y el otro Akashi.
—…Tetsu-kun… tenía razón al decir que algo te había pasado —masculló Momoi en un hilo de voz—. Pero jamás pensé, ni el imagina que es… todo esto.
La silueta espiritual de Akashi le sonrió amable y cortes.
—Kuroko nunca se queda con la intriga, ¿verdad? —esta vez, no habló mediante la mente— Y es por eso que llevo tanto tiempo queriendo verlo de nuevo —los sentimientos que llenaron su voz al decir esa oración fueron tan trasparentes para la pelirrosa, que sonrió conmovida.
Y sí en este momento le dieran a elegir a Momoi a uno de los dos Akashi, sin duda alguna elegiría a este, aunque solo fuese una simple sombra.
Aquellos recuerdos que olvidó de sus anteriores doscientos años de existencia, llegaron a su mente como el impacto de una bola de grúa contra una pared de cemento, rompiendo el cascaron que contenía el hechizo que Alex le hizo hace aproximadamente ochenta años.
El rostro de su madre había sido el primero en aparecer, porque fue lo que vio cuando nació, dado que su consciencia pese a ser un bebé era bastante avanzada y luego el rostro de su padre y de aquella chica de cabellos negros y largos que en alguna ocasión la vio de lejos.
Tatsuya, sin ninguna duda. Porque ella siempre estuvo a su lado en todo el tiempo que vivió como una chica al estar en el mundo humano y la sustentó ante la pérdida de memoria que sufrió cuando niña; tanto era lo que recordó de su vida pasada, que sentía como si él fuera dos personas en una, era una sensación completamente extraña, se sentía dividido de cierta forma. Y aunque tenía todo claro en su mente y que por fin ese hueco que tenía en su ser fue tapado, todas esas dudas ya estaban respondidas—o al menos en su mayoría, pues seguía ignorando el verdadero motivo del porque sus padres la dejaron con Tatsuya—, pero procesar todo eso, incluso para Kagami, estaba siendo algo confuso y agotador.
No solo era eso, sino aunque acababa de romper aquel cascarón humano, su cuerpo estaba muy diferente y veía todo con mayor nitidez y su oído era tan fino, que a lo lejos podía escuchar algunas voces de los habitantes. Todo su cuerpo irradiaba fortaleza, porque la habilidad de su verdadero cuerpo, al fin quedó revelada y ahora ya no tenía la misma vulnerabilidad que un humano.
Se sintió completamente sorprendido cuando aquellas llamas nacieron de su cuerpo, justo cuando acabó de despertar y escuchó que la vida de su Aomine empezaba a correr riesgos. Fue hasta ese momento, que recordó lo que cuando era humano ignoró por su debilidad contra el veneno.
Kise, pensó y sus ojos vieron de reojo al rubio, solo por unos segundos, mismo que lo veía con verdadero asombro.
Por supuesto que con todo lo que dijo Akashi hace varios minutos, tenía muchas cosas aclaradas y ahora entendía porque el vampiro le preguntó por el peliazul, pero no era el momento para centrarse en eso.
Kagami jadeó y sintió un peso extraño en su cuerpo. De no ser por los fuertes brazos del vampiro pelinegro que le sostuvieron, hubiese caído.
— ¿Qué tiene ahora? —preguntó Aomine con un tono completamente preocupado e hizo ademan de acercarse.
—Taiga aún acaba de despertar, no te acerques todavía —dijo Himuro, logrando que el lycan moreno se detuviera y frunciera el ceño—. Tranquilo, Taiga, parece que todo esto absorbió muy rápido tu energía —le explicó con calma, dedicándole una ligera sonrisa.
Ahora mismo, no había lugar para las palabras, porque ante el desliz del pelirrojo, aquel aro de fuego que retenía a los otros de la Unión, se apagó y Midorima no dudó en utilizar magia de recreación contra Kise y Aomine, una donde asemejaba la energía de la plata y al ser ellos dos desterrados, era obvio que les afectaba completamente, de modo que fue imposible que no cayeran hincados.
— ¡Aomine! —en ese momento, Kagami reaccionó al escuchar el ligero quejido retenido del peliazul y sus ojos volaron hacía él. Quería ir con él, ayudarle, pero no podía controlar bien las acciones de su cuerpo, dado que hacía tanto tiempo que lo tuvo y sobre todo porque no era el cuerpo de mujer de hace tantos años, pues seguía siendo hombre.
—Estaré bien, solo encárgate de mantenerte vivo —siseó Aomine con el ceño fruncido, por el dolor que sentía en sus músculos con aquella magia que lo rodeaba el cuerpo y que tenía esos mismos efectos que la plata. Miró de refilón al rubio también y sintió impotencia.
Y Kuroko aunque quiso hacer algo, la hipnosis con la que Akashi lo tenía sometido, no le dejaba lugar para actuar.
—Con que así luce un híbrido —comentó Akashi con fingida sorpresa. Más que nada, sentía cierta inquietud por el hecho de que el otro pelirrojo pudiese usar el elemento del fuego. Parece que tiene una habilidad similar a su madre, igual que Tatsuya, pensó, nada contento—. Supongo que al menos así, podrás entretenernos un poco más.
Maldición, pensó Kagami, enfrentando con la mirada al vampiro pelirrojo.
No fueron necesarias más palabras, porque Modorima se encargó de ahora empezar a usar sus dotes en la pelea contra Kise y Aomine, que hacían lo posible para defenderse dado que seguían con esa magia molesta de plata y eso impedía al segundo usar su transformación. Y también, Musakibara se unió a la lucha, porque en ningún momento perdió su forma licántropo; rugió y se lanzó contra el pelirrojo y el pelinegro.
Sin embargo, Himuro dejó sentado a Kagami y se interpuso al frente de este y entonces una gran capa de agua apareció, como un muro tremendo, donde el pelimorado chocó y quedó atrapado.
—No le harás daño a Taiga, no dejaré que le pongan una mano encima —advirtió Himuro con el rostro decidido, compartiendo una mirada con la feroz del pelimorado y en ese momento, el estremecimiento que le recorrió cuando hizo eso, lo confundió con la adrenalina del momento.
La mente de un vampiro nunca olvidaba nada, igualmente la de un licántropo, aunque dadas las circunstancias, los recuerdos de hace tantas décadas atrás, fueron ignorados fácilmente.
Por eso, aunque llegase a existir alguna chispa de reconocimiento por parte de esos dos, fue como si no existió.
Murasakibara le enseñó las fauces y se movió dentro del agua, como si estuviera nadando.
Entonces, Akashi decidió que era el momento de unirse al combate, ya que después de todo, sí podía pelear físicamente y seguir manteniendo en uso su don mental, aunque corría riesgos, pero él era absoluto, ¿no? Algo como eso, no lo detendría.
Así que sin lugar a dudas, corrió veloz e invisible hasta donde Kagami estaba sentado, tratando de recuperar las fuerzas lo más rápido posible al ver como sus amigos estaban siendo lastimados.
—Yo seré quién gane —anunció Akashi con una expresión bastante imponente y terrorífica, que era digna de un vampiro y atacó.
Mas cuando eso pasó, el ceño de Himuro se frunció aún más y entonces, congeló el agua y eso causó que Murasakibara dejara de moverse, para luego ir todavía más rápido hacía el pelirrojo que estaba cerca de él, se interpuso nuevamente entre el ataque de Akashi con una mirada feroz, para devolvérselo y el golpe de sus piernas al dar las patadas, fue atronador como un rayo.
— ¿Qué es lo que acaba de hacer ese vampiro con el agua? —la impresión que tuvo Midorima lo distrajo unos momentos, debido a que aquel pelinegro no solo usó ese elemento, sino magia.
Al notar esa distracción, Kise y Aomine compartieron una mirada. Entonces, Kise aprovechó para darle un puñetazo al peliverde, con su campo eléctrico que recorría su piel, mandándolo a cien metros de distancia por el impacto al momento en que un rugido resonó en el lugar, porque Aomine se transformó en el imponente licántropo que es.
Akashi dio un vistazo rápido a lo que sucedía, no pudiendo hacer más al estar enfrentándose contra Himuro en un combate cuerpo a cuerpo, así como también seguía usando su poder mental para evitar que Kuroko quedara libre, sintiendo como este ponía cada vez más fuerza para intentar liberarse. Pero se necesitaba más para hacerlo.
—Así que puedes usar magia —expresó Akashi, mirando con gesto grave al vampiro, mientras dio una voltereta en el aire y luego cayó agazapado y se lanzó contra el otro.
—Quizá… —respondió Himuro con el rostro inexpresivo con algunos rasgos de determinación, esquivando perfectamente el golpe que el otro vampiro planeaba darle.
—Heh… —Akashi sonrió de repente, dejando de pelear.
Volvió a mirar a su alrededor de forma rápida, notando como el peliverde ahora mismo seguía luchando y Kise junto con Aomine habían logrado coordinarse para hacer movimientos tan rápidos y capaces, que dificultaban un poco a Midorima usar su magia y defender al mismo tiempo. Hace unos momentos pudo hacerlo, porque contó con el factor de distracción.
Sin embargo, estar en esa situación de desventaja no era propio de él y Seijuro lo supo, en cuanto los cabos volvieron a atarse y miró con un sentimiento homicida al vampiro pelinegro.
—Tú le has lanzado un hechizo —constó.
—Tengo mis trucos —Himuro sonrió de forma sombría unos segundos, tan cortamente, que más bien pareció la sombra de una sonrisa—. A él todavía le faltan muchas cosas que aprender, sigue siendo un novato.
—Shintaro, deja de jugar —ordenó Akashi de pronto, con la expresión tan seria y dura, que parecía una vil roca.
Midorima apretó los labios. Sentir en carne propia los ataques de Kise sí era un verdadero fastidio, pero aunque quisiera usar otra vez su magia, había algo que lo impedía, como si sus dotes de magia estuviesen enfrentándose con una barrera que no entendía de donde salía. Además, tampoco podía ponerse a meditar a fondo, o sino Aomine lo terminaría haciendo pedazos con esa maldita velocidad tan inusual. Y es que le sacaban ventaja al ser dos contra uno, además de que no se trataba de un simple vampiro o lycan, si no que eran iguales en poder los tres.
El sonido de sus pieles al chocar y las zarpas casi por rasgar llegaban a los oídos de todos.
Mas con la voz del vampiro pelirrojo, Shintaro no podía darse por vencido, de modo que haciéndose para atrás, se apoyó en el suelo con sus manos de un salto; se quitó los molestos lentes para ver las motas de colores donde se podría generar algún portal y así usaría la energía de ese lugar para crear otro hechizo.
—Me importa poco que puedas usar magia, todavía no le llegas a los talones a Alex —dijo Himuro de pronto con una voz sombría y su mirada brilló, pese a que solo se le veía un ojo ante la forma en que su cabello estaba acomodado. Intercambió una rápida mirada con su hermano y entonces, con su dedo índice, apuntó ciertos puntos, de donde salpicó agua durante unos segundos.
—Esto no es algo que puedan impedir —sentenció Midorima y ahora esquivando los ataques del rubio y moreno, empezó a murmurar ciertas palabras. Solo durante unos segundos, porque entonces, una hilera de fuego creció desde la tierra y atrapó los colores de los portales, uniéndolos. ¡¿Qué demonios está pasando?! Pensó.
—Alex me dijo que el fuego es devastador cuando ese es su objetivo —dijo Kagami, incorporándose.
—Tch —gruñó Midorima y frunció el ceño, notando como luego de que el fuego se ciñera a cada parte de luz que había en un diámetro de quince metros, de estos círculos empezaron a salir pequeños brazos delgados de fuego para unirse entre todos, formando una figura que vista desde arriba, era un triángulo pese a que no solo eran tres portales. De no ser porque el licántropo peliazul le dio semejante patada en la espalda, desviando su atención, hubiese comprendido lo que ese símbolo significaba.
—No importa lo que hagan —pronunció Akashi, viendo de nueva cuenta la situación del peliverde y del pelimorado atrapado en el interior de esa roca de hielo. Sin embargo, aún con todo eso, sonrió—. Yo también tengo mis trucos.
Y una ola de hipnosis apareció y cubrió la mente de todos de golpe. O en su mayoría, porque Himuro reaccionó a tiempo y usó aquella magia con la que nació para crear una barrera, y se movió para volver a enfrentar cuerpo a cuerpo al vampiro pelirrojo. Sin embargo, como no hacía mucho él también acababa de despertar, su magia no funcionaba como antes, por lo que al hacer su hechizo de protección, la roca de hielo se descongeló y Murasakibara quedó libre y no pudo impedir su ataque. No solo porque se estaba enfrentando a Akashi, sino porque Midorima también se unió, debido a que cuando esa hipnosis se desató, Kise y Aomine quedaron vulnerables, y ahora mismo estaban tirados en el suelo, con la misma sensación de la plata en sus cuerpos.
Kuroko apretó los labios con fuerza y aunque tenía los ojos abiertos, no podía ver nada, pero sí escuchar. Y en su mente sintió como el poder de hipnosis de Akashi se expandió; algo que para él no era posible, ¿qué no acaso solo podía usar su poder en una persona nada más? ¿Era mentira eso de que no podía usar su don en más de una persona a la vez? ¿Por qué lo mantuvo en secreto? ¡¿Qué más cosas estaba ocultando Akashi?!
Sentía la impotencia quemar sus venas de forma humillante y dolorosa; no quería que sus amigos murieran ahora, pero no había forma de poder liberarse del don de Seijuro, más si estaba desatado de esta forma.
—No se equivoquen —habló nuevamente Akashi—. Mis palabras son absolutas y sí digo que ustedes morirán, es porque así será.
Himuro había logrado zafarse del ataque de Murasakibara para situarse al lado de Kagami, espalda contra espalda, teniendo ambos los sentidos muy alertas; el pelirrojo quería ir y ayudar a Aomine, no obstante ahora estaba siendo acorralado por esos dos vampiros y el lycan. No podía permitirse el morir aquí, tenía que salvar al moreno y a su hermano, incluso quería hacer eso con aquellos otros dos chicos, que no los conocía muy bien, pero sabía lo merecían.
Ante la amenaza de muerte de ahora, Himuro movió sus labios sin soltar sonido alguno y luego alzó su mirada para enfrentar a los tres miembros de la Unión Milagrosa.
—Te estás equivocando tú, Akashi-kun —mencionó con cierto desdén y entonces, alzó la diestra al cielo y añadió: — ¡Yo las invoco aquí y ahora, por el nombre de Himuro Tatsuya!
Hubo un estallido de magia en la mano del pelinegro, tan rápido, que incluso aunque Midorima y Murasakibara se lanzaron al ataque, del triángulo que seguía formado por el fuego del pelirrojo, se escuchó un sonido atronador y en menos de un segundo, la luz estalló.
Algo salió de ella y entonces, la tierra se partió en muchas parte y una ola de viento atrapó al lycan pelimorado, formando un remolino a su alrededor para que este no pudiera moverse y cuando Midorima quiso hacer algo, otra magia diferente, una muy superior a la suya, llegó a su mente y golpeó sus conocimientos, aturdiéndolos, ocasionando que el poder que retenía a Kise y Aomine, desapareciera, dejándolos libres.
—Tal parece que creerte superior, es algo que has heredado de tu padre, Seijuro —la voz de Alex resonó y cuando la luz de ese portal empezó a disminuir, su figura deslumbrante quedó a la vista.
Pero ella no era la única que estaba a su lado. Y la tierra se elevaba en pequeñas partes, mientras el viento recorrió con más violencia el lugar, mientras otra vampira rubia salía poco a poco, dejando atrás el portal en un andar glorioso, pese a su aspecto andrajoso que la prisión en La Nada le dejó.
—M-mamá… —susurró Kagami, cuando sus ojos rojos se encontraron con los otros rubíes de la vampiresa.
Shiro miró desde a Himuro unos momentos para luego posarse en la figura masculina que ahora era su hija, o mejor dicho, hijo. Y tenía todo el físico de su padre, de Kai, sin lugar a dudas.
Quiso decir algo, pero las llamas que fueron parte de los ingredientes para abrir ese portal, se apagaron y el pelirrojo se desplomó en el suelo.
— ¡Taiga! —exclamó Himuro, regresando su atención al chico y lo sostuvo. No le sorprendía, después de todo usar esas llamas durante tanto tiempo, luego de que ese poder estuviese dormido muchos años, era agotador para el pelirrojo.
—Ustedes… —siseó Akashi con los ojos brillando en ira— No crean que les temo —sonrió con seguridad—. Mi deber es matar al híbrido y eso haré, incluso antes de que ustedes se den cuenta.
El pelirrojo se movió tan veloz y fiero como un rayo, sin temor incluso cuando Himuro se incorporó para hacerle frente, pero entonces, no pudo moverse y la patada que Akashi le dio en el cuello, lo mandó a varios metros lejos.
—Los colores de mis ojos no son de adorno —señaló Akashi en un gesto altanero—. Yo soy el único emperador de La Noche y no permitiré que mis enemigos me vean desde arriba.
Alex maldijo interiormente. Incluso había sacado eso de Masomi y aunque quisiera ayudar ahora, no podía, porque como las llamas que encendió Kagami para ayudar a la invocación donde ella y Shiro fueron llamadas, ya no estaban y para que ese portal siguiera en pie, necesita quedarse ahí para con su magia continuar alimentándolo. Si dejaba que desapareciera, sería mucho más difícil o mejor dicho tardado, llegar al Lago Espejo o crear otro que los llevara al mundo humano y ahora mismo el tiempo no era un factor de ventaja.
Shiro no dudó en interponerse en el camino del vampiro pelirrojo, pero cuando quiso hacer uso de su poder, su mente también quedó atrapada.
—Es una verdadera lástima —dijo Akashi. No estaba teniendo la ayuda de nadie de sus compañeros, que seguían inmovilizados por diferentes razones, y aun así seguía controlando todo, gracias a su don.
Pero cuando regresó su atención a Kagami, Himuro y Aomine estaban ahí, sosteniéndolo, y ahora Kuroko y Kise estaban delante suyo, para impedirle el paso.
Eso lo hizo impresionarse unos momentos, ¿cómo es qué esto pasó?, pensó, tratando de mantenerse frío.
—Aunque tengas más de setecientos años cumplidos, tú sigues siendo un mocoso, Seijuro —espetó Alex con fuerza, haciendo sonar su voz como la de una reina con tanta firmeza—. Serás un chico muy dotado, pero nada supera a la magia, no cuando los astros del cielo te apoyan.
Como secundando esas palabras, las dos lunas, o mejor dicho, la estrella y la luna—aunque la primera parecía luna llena y el otro astro, una creciente—, brillaron con intensidad, y pese a que era horario nocturno en ese mundo, pareció querer amanecer e incluso, como si quisieran convertirse en soles.
— ¡No te dejaré salirte con la tuya, maldita! —exclamó Akashi, ahora sí, completamente furioso y se dispuso a atacar.
Velozmente, Kise y Kuroko le interceptaron. Aun cuando estaban asombrados por saber la edad de Seijuro, dado que este les había dicho que tenía alrededor de trescientos o cuatrocientos y no era así, ¿cómo es que alguien de tanta edad podía formar parte de la Unión Milagrosa, siendo que existía una ley que decía que justo a los setecientos años los miembros debían ceder su lugar a sus hijos? Y tal parecía que el vampiro pelirrojo era mucho mayor y para nada parecía haber querido dejar su lugar para heredarlo.
El rubio no dejó que Kuroko se adelantara para utilizar su don contra Akashi, sino que le atesó un golpe a este último, que pese a que fue bloqueado, con esa electricidad que poseía su cuerpo, dañó al vampiro. Así que con esa nueva ayuda, Himuro y Aomine cargaron el cuerpo de Kagami para correr hasta el portal donde Alex les esperaba, siendo seguidos por Shiro que mantenía todavía a Murasakibara inmóvil dentro de aquel ceñido remolino de vientos, mientras que Alex seguía dando uso a su magia para impedir que Midorima lograra dejar atrás ese aturdimiento.
—Kurokocchi, tú ve con ellos —dijo Kise con seguridad, todavía logrando impedir con su cuerpo y don que el vampiro pelirrojo pasara el tramo, dejando escapar a los otros. Gracias a lo que sea que la vampira rubia le hizo en su mente, ahora mismo estaba libre de la hipnosis del vampiro.
—De ninguna manera pienso irme dejándote luchar solo, Kise-kun —repuso Kuroko, corriendo hasta el lugar donde estaba el rubio enfrentándose con el pelirrojo.
Pese a la carrera que hacía ahora mismo Aomine junto con Himuro para llegar hasta el portal—estaba quizá a unos quinientos metros de distancia—, logró escuchar las palabras de Kise y Kuroko, sintiendo un nudo en el pecho. No se le hacía justo dejarlos o que el rubio quisiera hacer otro jodido sacrificio luego de todo lo que tuvo que pasar, pero incluso aunque tuviera deseos de acompañarlos —y mucho que aclarar—, no podía hacerlo por la simple razón, de que ahora su prioridad era otra.
—Yo cuidaré bien de Taiga, eres libre de hacer lo que quieras —dijo Himuro con inexpresión, con la mirada enfocada en el portal, mientras corrían a una velocidad superior a la humana, pero normal entre ellos.
—No voy a dejar a Kagami solo nunca —contestó Aomine, sin verlo. Ahora mismo, ya estaba en su forma "humana", por decirlo de alguna forma, dado que con el ataque antes de la llegada de la vampira rubia, su transformación se había deshecho.
No pasó mucho más para que llegaran al portal y Alex los recibió, abrazando el cuerpo de Kagami con alivio, casi al momento Shiro se le unió.
—Mi niño, mi Taiga —susurró Shiro con la voz aguada, dándole un beso en la frente y luego se acercó al vampiro pelinegro para abrazarlo también—. Oh, Tatsuya, estás bien.
Himuro correspondió al abrazo y sonrió con alivio. De verdad que había extrañado tanto a su madre y no reclamaba nada, sabía bien todo lo que pasaron.
—El portal no resistirá mucho, hay que irnos —avisó Alex mientras el lycan moreno reclamó el cuerpo del pelirrojo, para ser este quien lo sostuviera entre sus brazos.
Asintieron y entonces, se adentraron al portal. Pero Aomine lanzó un último vistazo a Kuroko y luego sus ojos se detuvieron en Kise, negó y se puso en marcha, abrazando el cuerpo de Kagami con fuerza, respirando el perfume de la piel de este. Yo no podría vivir si te perdiera, pensó, dándole un beso en la frente.
— ¡Kurokocchi, vete por favor!, ¡yo me haré cargo de Akashicchi! —insistió Kise, todavía enzarzado en la pelea cuerpo a cuerpo con el pelirrojo.
—Aunque logren irse, me daré el gusto de matarte a ti —siseó Akashi, girando sobre sí mismo para evitar ser atrapado en una llave por el rubio y se apoyó en sus manos para darle un golpe con sus dos pies juntos.
Kise no lo esquivó por la simple razón de que si su cuerpo era tocado por el pelirrojo, fuera por un golpe de quien viniera, lanzaría sus descargas eléctricas. Y aunque ese golpe le dolió, se sintió complacido al ver que Akashi retrocedió un poco para recuperarse de la descarga.
— ¡Yo estaré bien, Kurokocchi, solo vete antes de que el portal se cierre y ayuda a Aominecchi!
— ¡No te voy a dejar solo! —Kuroko se mantuvo firme en ese pensar, ya dispuesto a comenzar sus ilusiones mentales contra el vampiro pelirrojo.
— ¡Sí tú te quedas aquí, ¿quién sustentará a Aominecchi?! —inquirió Kise, corriendo para después saltar al mismo tiempo que el pelirrojo y ahí, a muchos metros de distancia del suelo, mantenerse luchando; lanzando alguna patada contra el cuello o pecho, esquivando o bloqueando los ataques.
Akashi se mantenía serio, aguantando lo mejor que podía esas descargar que el cuerpo del rubio irradiaba ahora cada que lo tocaba y que no le ayudaban en nada, puesto no podía mantenerse cerca del contrario golpeándolo por más de tres minutos, ya que esa electricidad podía arrancarle algún miembro de su cuerpo sino tenía cuidado. Así que necesitaba total concentración para aniquilar a Ryota, dado que no podía usar su hipnosis.
—Kise-kun, no decidas por mí. Te ayudaré.
— ¡Sí te quedas, Kurokocchi, y mueres, nadie podrá ser capaz de detener a Akashi! —intentó nuevamente Kise con el ceño fruncido debido a la concentración en sus golpes y en esquivar los que el pelirrojo les daba. Su muñeca fue jalada con tal fuerza al verse atrapado en una llave, que sintió se la arrancaría, pero más rápido de lo que pensó, su cuerpo destelló y mandó al pelirrojo varios metros lejos.
El rostro de Kuroko se descompuso unos momentos al oír eso de Kise, mirando cómo se agazapó al mismo tiempo que Akashi y otra vez, sus cuerpos empezaron a chocar por la pelea. Porque tenía razón, Kise Ryota tenía razón al decir eso, ya que sí se quedaba aquí, arriesgándose a que Akashi lo atrapara, ¿qué pasaría con Momoi?—con todo lo sucedido, se había olvidado de ella en medio de este caos—, ¿quién acudiría ella? Debía ir por ella a Las Colinas del Fin.
Apretó los labios unos segundos y sus ojos se llenaron de la más pura preocupación.
Kise no era merecedor de sacrificarse otra vez, ¡la vida no podía ser tan injusta, maldición! Parecía que se empeñaba en que el rubio no tuviera más felicidad en su vida luego de que pasó lo que pasó con Aomine. ¡No quería dejarlo solo!, sin embargo, sabía bien que el portal se estaba debilitando y como seguramente los demás junto con El Hada ya estaban viajando en el camino que separaba a los mundos, la magia de esta dejaría de funcionar y Akashi podría usar su don, así que sí se quedaba, era obvio que no podría librárselas tan fácil, dado que Midorima y Murasakibara quedarían libres también. Y no es que no tuviera el valor de morir al lado de su mejor amigo.
Pero era justo como este decía, sí moría o era atrapado, ¿quién más tendría la misma arma que él para detener a Akashi?
—Vete, Kurokocchi. Yo debo vengarme ahora, no los dejaré ir tras ustedes —aseguró Kise con una sonrisa, aunque luego un golpe por parte del vampiro pelirrojo impactó en su rostro y aunque la electricidad destelló, le afectó y lo hizo retroceder.
—No mueras, por favor, Kise-kun —pidió Kuroko con el corazón en un puño, afligido por tener que dejar al rubio.
—No escaparas, Tetsuya —aunque Akashi seguía concentrado, sonrió con confianza, porque en ese momento, un rugido por parte del lycan pelimorado llegó y el remolino se deshizo.
Shiro y Alex ya estaban demasiado lejos para que sus poderes siguieran haciendo efecto.
— ¡¿Qué esperas, Kurokocchi?! ¡Vete! —exigió Kise con el gesto grave ahora. Pese a que quiso interponerse en el camino del pelimorado, ahora fue el pelirrojo quién se lo impidió.
La expresión calmada de Kuroko se volvió sería y corrió, sacando los metros que tenía de ventaja para llegar hasta el portal, antes de que el ataque corporal de Murasakibara lo alcanzara. Este último hizo ademan de seguir al peliceleste, pero una nueva orden de Akashi lo detuvo.
—Déjalo, Atsushi, luego los atraparemos. Ahora mismo, matar a Ryota es más importante.
Tan pronto terminó de decir eso, la barrera que Alex creó con su magia en la mente del rubio, se desvaneció y Kise se limpió la comisura de su boca, estando de pie, al momento en que Midorima se unió para atacarlo. El vampiro rubio hizo ademan de volver a luchar, pero la hipnosis del pelirrojo, lo atrapó, al mismo tiempo en que la magia de Midorima abrasó el cuerpo de este, utilizando ese hechizo que hacía que se sintiera como la viva plata penetrando su piel, así que la hipnosis desapareció.
—No hagas nada, Atsushi, quiero que la magia de Shintaro sea quién destruya a Ryota mientras está consciente para que sienta el dolor —ordenó Akashi con una sonrisa cruel.
Midorima frunció el ceño, sin embargo asintió, del mismo modo que el pelimorado.
La verdad era que el peliverde no quería matarlo, mas no se revelaría, no importaba sí era justo o no, porque debía seguir manteniendo protegido a Takao.
De modo que alzó ligeramente su diestra hasta la altura de su pecho, manteniéndola empuñada para seguir atacando así a Kise. Y de su mano izquierda, una casi invisible capa de magia empezó a formarse sin una forma específica, pero aquel ataque tenía todas las propiedades de la plata, además de un hechizo de destrucción, que sin importar la resistencia que tuviera el rubio, lo acabaría.
Kise apenas estaba consciente de lo que pasaba a su alrededor, porque ese hedor en sus músculos lo tenían estremeciéndose en el suelo, aunque cuando alzó la mirada, vio el ataque acercarse y la luz del impacto, destelló.
¿Qué maldito día sería ahora? No podía recordar mucho luego de que al llegar a La Noche y obligara a Midorima que lo llevara ante Akashi para contarle el descubrimiento sobre ese jodido humano que salvó a Aomine.
Pero tampoco es que le importara realmente, lo único que había rondado por su mente era escapar de aquel "hospital" donde lo tenían curándose. Ja, como sí de verdad Seijuro fuese a hacer algo tan generoso por él, Haizaki lo sabía perfectamente, porque pese al buen trabajo que hizo, estaba segurísimo de que ahora que sus servicios no eran necesarios lo reemplazarían y no se quedaría ahí, para esperar a que lo mataran. Porque más que estarle ayudando a su cuerpo para curarse de la maldita magia que se incrustó en sus órganos por ese balazo que el maldito híbrido le dio, solo lo dejaron en cama y ni el idiota de Shintaro llegó para ayudarle.
Aunque bueno, con la actitud que Haizaki poseía, quizá era razonable que nadie se preocupara por él, aunque siempre de algún modo terminó haciendo lo que Akashi quería y lo ayudó cuando reveló la relación de Kise con Aomine.
Sin embargo, ni siquiera ese vampiro pelirrojo sabía el verdadero motivo que se escondía tras esa violencia y despostes, nadie lo sabía, porque Haizaki no era alguien que gustara de estar obedeciendo las mierdas de la Unión Milagrosa, sí estaba en esa jodida autoridad, era por su madre, nada más. Y no porque quisiera complacerla realmente a ella, sino por una promesa que hace mucho tiempo hizo, ya que incluso un tipo tan desgraciado y maldito como él, tenía palabra.
Haizaki estaba muy débil, porque desde aquel disparo, esa magia que no sabía de dónde provenía, avanzaba más en su cuerpo, matándolo lentamente. Aceptaría su muerte, pero hasta que cumpliera al pie de la letra eso que prometió, todavía no podía morir, así que buscaría alguna forma de vivir, aunque tuvieran que amputarle alguna parte de su cuerpo, lo aceptaba.
Resultaba increíble de creer, viniendo de alguien como él, con todo el daño que ya había causado, ¿cómo por qué se empeñaba en una promesa? ¿O eran sus deseos de seguir viviendo?
Para un villano como él—o así era considerado por muchos—, debería bastarle con haberle arruinado la vida a Kise y Aomine, ¿no?
Para el peligris fue algo raro que pudiera escapar con tanta facilidad de ese castillo, lo que seguramente indicaba que los miembros de la Unión estarían muy ocupados con eso del híbrido, ya que había logrado escuchar que traerían a Aomine y luego que el mismo chico estaba con este, había sido tan idiota como para llegar a La Noche, cayendo a la boca del lobo, sin duda alguna.
No sabía exactamente cuánto caminó, ni donde mierda estaba. Anteriormente, le habían limpiado la sangre de su cuerpo y el brazo que estaba por la mitad, fue vendado, pero sus heridas no cicatrizaron realmente y ahora mismo empezaban a sangrar por el esfuerzo. Parecía una enfermedad que poco a poco lo dejaría muerto en algún lugar de La Noche.
¿Así que así sería su fin?, ¿no moriría en una pelea cómo tanto deseaba? ¿De verdad había tenido sentido hacer todo lo que hizo? Y no se estaba arrepintiendo de nada, ni de haber delatado a Kise, al contrario, volvería a hacerlo si tuviera la oportunidad.
—No me jodas, ¿tan miserable son ustedes que no pueden darme algo más que esto? —inquirió Haizaki, alzando la mirada a las dos lunas que brillaron— Son una mierda, Dioses y que la jodida —bufó.
La verdad era, que él jamás creyó en todas esa veneraciones, pese a sus origines y con la Unión Milagrosa cerca, no solo porque no hubiera visto milagros y esas cosas. Sino por un motivo mucho más íntimo.
Siguió caminando, cerca de alguna ciudad y luego cayó hincado, jadeando con brusquedad, ¿así que mi castigo será morir así?, dijo con burla en su mente, mirando a las lunas. No les temía, ni nada y tampoco pediría perdón ni suplicaría por su vida, pese a su promesa, ¿para qué venerar a dioses que no existían y solo eran simples luces del cielo?
Empero lo que Shogo no sabía, era que La Diosa Estrella y La Diosa Luna, siempre daban motivos para creer en ellas.
Antes de que Haizaki volviera a saltar alguna falta de respeto hacia los astros, sus oídos se movieron ligeramente cuando el viento le trajo el sonido de una conversación de quizá a más de dos kilómetros de distancia. Y se quedó en shock, no solo porque aunque fuera un lycan, ninguna de su mundo tenía un oído tan fino como para oír algo a tanta distancia.
Su expresión cambió y alzó la mirada a los dos astros brillantes del cielo unos segundos, porque luego su atención fue atrapada al escuchar un nombre familiar en esa conversación y empezó a correr sin dudarlo siquiera, pese a que su cuerpo sangró más y el dolor fue mucho peor; se transformó y su velocidad aumentó.
—Por favor, Haizaki-kun, promételo —dijo aquella mujer de unos hermosos ojos chocolate y de una dorada cabellera que estaba en bucles.
El recuerdo fugaz de su infancia hizo que Haizaki apretara los dientes con fuerza y aunque iba jadeando más rápido por el gran esfuerzo al que estaba sometiendo su cuerpo, no se detuvo en lo más mínimo y uso esa fuerza única que solo él poseía y no solo por ser violento, sino para mover sus patas todavía más fuerte.
De verdad que te odio tanto, Ryota, pensó Haizaki con una mirada fiera, mientras corría lo más rápido que podía, siendo seguido por las diosas del cielo. Y no supo cuánto tiempo le llevó correr y el daño que su cuerpo tenía ahora, pero llegó.
Llegó justo cuando esa maldita magia contenida en una pequeña bomba, fue lanzada, mientras que aquellos tres miembros de la Unión retrocedían para el golpe final y no salieran afectados.
Todos ustedes son incluso mucho más malditos que yo, pensó Haizaki y rugió, acaparando toda la atención de los tres conscientes, dado que Kise seguía luchando con el sufrimiento de la plata en su cuerpo.
Todo pasó tan rápido y de la sorpresa que llegó a Midorima, este soltó el hechizo que ceñía al rubio y entonces, Kise pudo contemplar como el peludo y enorme cuerpo de un licántropo gris, estaba frente a él, recibiendo aquel ataque preparado previamente por el peliverde.
— ¡…! —Kise no pudo decir nada y aunque lo hubiera hecho, el sonido atronador del impacto y rugido de ese licántropo hubiera apagado su voz.
Estaba casi en shock por la impresión, porque conocía muy bien a ese lycan, porque solo había alguien con ese color de pelaje y esa complexión. Y no lo comprendía, ¡no lo comprendía ni lo haría aunque viviera mil años! ¡¿Por qué el mismo que lo delató ahora estaba delante de él, atrapando el ataque en vez de dejar que eso lo matara?! Sabía bien como era Haizaki, para suponer que lo estaba haciendo por simple culpa, porque alguien como él, no se arrepentía y de ninguna forma pediría perdón, y aunque lo hiciera, esa no era forma tampoco.
— ¡¿Qué estás esperando, idiota?! —gruñó Haizaki sin voltear a verle, solo hablando y con los brazos (aunque tenía la mitad del derecho nada más) extendidos y sosteniéndose con sus piernas, para no caer y así la bomba de magia solo fuera absorbida por su cuerpo.
Apretó los dientes con fuerza, lastimándose sus propias encías y sintiendo como esa magia entraba a su cuerpo, como si fuera la viva plata. Cosa que no debería hacerle daño, no ese metal, porque no estaba desterrado… o eso era lo que creía, ¿acaso lo podían desterrar sin que estuviera consciente de eso? Pero lo que fuera, ahora mismo lo estaba haciendo agonizar y poco a poco, esa magia pinchaba cada célula de su cuerpo, como miles de agujas.
— ¿Qué…? —Kise quiso decir algo, lo que fuera, sin embargo no podía encontrar su voz al ver como el lycan hacía lo que hacía. Algo como eso no haría que lo perdonara, dado que por su culpa fueron descubiertos, pero aun así, la impresión seguía siendo grande.
— ¡Lárgate de una puta vez y deja de verme con esa cara de lástima o te mataré, Ryota! —ordenó Haizaki con furia, tratando de ahogar el dolor a base de insultos.
Ni porque estás a punto de morir dejas atrás ese lado, Shogo-kun, pensó Kise, saliendo poco a poco del shock de impresión cuando escuchó su nombre ser pronunciado por el licántropo peligris.
— ¡Kise-kun! —la voz de Kuroko llegó a los oídos de todos, dirigiendo la mirada desde el lugar de donde venía.
— ¡Kurokocchi! —exclamó Kise, sorprendido nuevamente.
Y es que el peliceleste en ningún momento se fue—lo hizo creer más bien—, pero tuvo que entrar al portal, para impedir por lo menos que este se cerrara, no obstante era muy diferente detener la puerta de este abierta con simple presencia, que con magia. Seguramente los otros todavía no lo habían atravesado, por eso es que podía mantener la entrada existente, porque simplemente no podía dejar a su amigo abandonado.
Cuando Akashi estuvo a punto de ordenar algo o incluso antes de que Midorima reaccionara, el golpe de la ilusión llegó a sus mentes. Ahora no era ningún mundo en específico, sino que era la anestesia la que los dejó inmóviles.
Sí, en efecto, esta era la oportunidad perfecta para que Kise escapara: todos estaban inmóviles y podría correr para atravesar el portal al lado del peliceleste. Así que no tuvo dudas y se incorporó. Pero justo en ese momento, el ataque de la bomba de magia finalizó y el cuerpo de Haizaki, ahora sin su transformación y lleno de sangre, cayó. Y el débil sonido de su corazón, llegó a los oídos del rubio, era obvio que ese sería su final.
Con que ese el castigo de las lunas para ti, pensó Kise con seriedad y algo de frialdad, viendo al inconsciente chico de cabello de gris y luego se dio la vuelta para irse.
—Lo cumplí… —susurró Haizaki o mejor dicho, solo movió sus labios, pero el viento había llevado esas palabras sin sonido a los oídos del rubio, haciendo que se detuviera de golpe.
Aunque Kise no entendió esa oración, cuando regreso sus ojos para mirar al licántropo, sintió que se le revolvía el estómago, sintió algo, algo que no era odio, al momento de ver como las comisuras de los labios del peligris se elevaron en casi una sonrisa complacida y podría decirse que sincera.
Se estremeció, cuando se dio cuenta de que ese gesto no era por simple crueldad o por todo el daño que causó antes de esto y tembló ligeramente otra vez, porque pudo notar eso.
Además, esa era la primera vez que el rubio veía ese tipo de gesto en alguien como Shogo.
— ¡Kise-kun, date prisa, el portal no aguantará más de dos minutos! —llamó nuevamente Kuroko.
El cabello del rubio cubría parte de su rostro ahora y luego alzó la mirada a las dos lunas, apretó los labios y sin importar mancharse de sangre, jaló el cuerpo de Haizaki para sostenerlo y correr hacía el portal, llevándolo con él.
Creo que éste es uno de los caps más largos que he escrito desde que comencé a escribir xD. Pero, ni yo me quejo, porque al fin están casi todas las respuestas que pedían saber desde un inicio(?), aunque tal parece que ya les puse otra incógnita :B.
No soy muy buena narrando la acción, así que me disculpo por eso xDDD.
Toda la historia, Akashi con sus dos "yo"… Dios mío, un plot total, lo sé, jaja.
Espero se animen en dejarme sus comentarios, opiniones y reacciones :3
¡No olviden que los adoro!
