¡Holaaaaa! QwQ Jesucristo, siento que ha pasado años desde que actualicé(?) y me disculpo mucho por eso, yo sé que se quedan siempre con la curiosidad y eso :c. Pero no fue tan fácil darme un respiro de la Universidad entre otras cosillas familiares y como no tenía internet :v.
De todos modos ya estoy de regreso, juasdjasdhasjhaskl. PORQUE YA TENGO INTERNET, CARAJO.
¡Agradezco mucho a las personitas que se pasan a leer, pero especialmente a aquellas que se toman su tiempo en dejarme sus comentarios! ;u;
Usualmente doy sorpresitas cuando tengo estos retrasos, pero no sé si hacerlo en ésta ocasión x'D.
Por lo pronto, disfruten la lectura y disculpen si tengo algún error ortográfico o incoherencia narrativa.
Al momento en que al aire puro de Londres llegó a la nariz de Alex, suspiró aliviada, compartiendo ese sentir a los demás que venían con ella.
El portal los llevó justo a la sala del hogar de Alex, pues este no era como los demás, por su forma de creación que fue mediante una invocación, así que la rubia tuvo que hacer uso de su magia para dirigir el camino de regreso, algo que causó que el camino en el interior de este se volviera confuso.
Pero toda calma se perdió, cuando al salir, Aomine exclamó:
— ¡¿Dónde demonios está Kagami?!
—Es cierto, santo cielo, ¡Alex!, ¿y Himuro? —secundó Shiro, mirando en el portal que todavía no se cerraba.
La rubia frunció el ceño y volvió a suspirar.
—Seguramente la magia de reencarnación todavía está activa ahora que el cascaron de Taiga se rompió y Tatsuya recuperó el resto de memoria que le faltaba, por lo que desorbitaron la dirección del portal. Al menos para ellos —explicó Alex.
— ¿Eso significa que ellos fueron a otro lugar? —exigió saber Aomine sin nada de tacto— Iré a buscarlo —hizo ademan de entrar otra vez el portal.
—No es seguro que si te metes al portal otra vez, este te lleve a donde está Taiga, al contrario, podría llevarte a La Noche y sería difícil ir por ti con todo lo que ha sucedido —lo detuvo Alex con sus palabras—. Aunque no me explico porque el portal sigue abierto…
Como respondiendo a sus palabras, en ese preciso momento, la puerta del portal se sacudió y expulsó a Kuroko y Kise, así como a Haizaki, que cayeron al suelo por la brusquedad del portal, mismo que se cerró luego de que ellos tres salieran.
Y el silencio sepulcral apareció.
— ¡¿Qué demonios…?! —Aomine fue el primero en romper ese silencio— ¡¿Quién demonios trajo al maldito de Haizaki aquí?! —rugió, empuñando sus manos para controlar los espamos que atacaron su cuerpo. Porque con la luna creciente de ahora, ya podía seguir transformándose.
El moreno se preparó para levantar o bien dañar el cuerpo inconsciente del peligris, pero Kuroko se interpuso.
—No te alteres, Aomine-kun —dijo tranquilamente.
— ¿Qué no me altere, dices? —Aomine chistó— ¡Ese bastardo fue el culpable por arruinar mi vida antes y por lo que Kise se sacrificó!, ¡y no solo eso, Tetsu, estuvo a punto de matar a Kagami!
Tanto Shiro como Alex fruncieron el ceño y miraron con desconfianza al peliceleste, dado que estaba ayudando a un enemigo, ¿no? Aunque antes no lo hicieron, porque la ayuda del chico fue notoria desde antes, pese a ser un miembro de la Unión.
—Eso no quiere decir que lo conozcas realmente y puedas juzgarlo —objetó Kuroko, como si nada.
— ¡Cállate, Tetsu! —ordenó Aomine, sin lograr alterar al peliceleste— ¡Tú dices eso porque no es a ti a quién Haizaki ha jodido! —suspiró con fuerza, para no terminar transformándose ahora mismo— ¿Por qué lo trajeron aquí? ¿Acaso quieren que nos delate con Akashi? Ya lo hizo una vez, lo hará de nuevo —fugazmente, miró al vampiro rubio.
Kise se estremeció al sentir esa mirada y luego miró al peligris. ¿Por qué lo llevó con él? ¿Por qué no lo dejó ahí, sí Shogo merecía todo lo que le estaba pasando? No lo entendía, ¡no lo entendía! Parecía que no había sido él mismo quien actuó de esa forma al ayudar al peligris, ¿o es que acaso le estaba devolviendo el favor porque le salvó la vida?
No lo sabía, pero todo pasó de forma instintiva y aunque ahora quizá se arrepintiera, antes no dudó.
—Alex, por favor, ¿podrías curar a Haizaki-kun? —pidió Kuroko de forma amable.
— ¡Estás loco, Tetsu!, ¿qué coño te pasa? —replicó Aomine nuevamene y sujetó de la ropa al peliceleste, alzándolo por la fuerza que empleó. Definitivamente no lo entendía— ¡El maldito de Haizaki fue quién hirió a Kagami, quién ha hecho muchas mierdas, merece lo que le está pasando! ¡Merece morir!
—Bueno, si no fuera por Haizaki-kun, Kise-kun ahora mismo estaría muerto —señaló Kuroko sin inmutarse, mirando fijamente al moreno.
— ¡…! —Aomine se quedó estupefacto— ¿Qué, Akashi también puede crear ilusiones de ese tipo y no solo hipnotizar? —se burló.
—Puedes preguntarle a Kise-kun si no me crees.
—Kurokocchi… —Kise observó a ambos chicos, sin saber que decir. Por alguna razón, sentía que sí lo decía y admitía que fue él quien trajo al peligris, el moreno le rechazaría y no le dejaría hablar.
Otra vez, el silencio empezó a reinar, pero Alex suspiró y todavía a la defensiva, se hincó para examinar el cuerpo herido del muchacho de cabello gris. Sí era alguien que estuvo a punto de dañar a Taiga y que reveló su identidad a la Unión Milagrosa, ¿por qué habría de molestarse en salvarlo? Podría usar su cuerpo como experimentos, ese sería un final merecedor de una basura.
—Sí lo curo, nada garantiza que luego él lo agradezca —dijo Alex, recordando lo que había pasado con el peliazul.
—Entenderé si no quieres hacerlo —respondió Kuroko—. Pero todos merecen una segunda oportunidad.
—Tetsu… —siseó Aomine, bastante indignado. Se sentía traicionado de que su amigo estuviera apoyando de esa manera a su enemigo— Sí por culpa de que quieras salvar a ese cabrón, la vida de Kagami se pone en riesgo, no solo lo mataré a él —amenazó sin sutiliza.
Kuroko le observó fijamente, con el gesto solemne y seguro. Quizá no debía hacerlo, quizá debía ponerse de lado del moreno, quizá Haizaki no lo había lastimado a él como a sus amigos y quizá incluso algún tiempo le guardo rencor al chico peligris. Pero solo él había sido capaz de darse cuenta de algo que nadie más, cuando también notó cierto cambio en Midorima, y entonces, lo entendió todo. Podrían decirle que era un iluso, pero Kuroko creía en las personas y tenía esperanza, porque de no ser así, no quisiera salvar aún a Akashi.
Mientras, Alex se dio cuenta de cómo Kise empuñó sus manos, sin meterse en esa pelea y veía de forma indescifrable el cuerpo de Haizaki y entonces, eso le causó un deja vú. Y compartió una mirada con Shiro, quién pareció notarlo también y asintió. Entonces, las manos de Alex apretaron las sienes de Shogo con fuerza, para usar su magia y meterse en esa mente como si fuera su misma psique.
Todo duró un minuto, donde Kuroko y Aomine se miraban, enfrentándose con los ojos, aunque por la apariencia tranquila del peliceleste, parecía que solo era una simple mirada que le daba, como si viera a otro objeto. Aunque el peliazul hervía en ira e indignación.
—De verdad que no hay historia tan triste, que cuando alguien se miente así mismo de esta forma —pronunció Alex con la voz suave, regresando a la realidad a todos y sonrió con nostalgia.
Shiro miró al vampiro rubio unos segundos y luego cerró los ojos, sentándose en el sofá. No estaba tranquila, deseaba ver a Kagami y Himuro y saber si estaban bien, a salvo, porque como madre, hasta que nos los estuviese viendo frente a frente, no dejaría de preocuparse. Aunque le aliviaba un poco saber que ambos seguramente estarían juntos.
—Sería un insulto para ti sí ayudaras a ese desgraciado, luego de que casi mata a Kagami —bufó Aomine, viendo a la vampira rubia con altanería.
—Te voy a decir algo, Daiki: con todo lo que ha pasado, deberías bajar de tu nube y dejar de querer hacerte el líder, ordenando y juzgando a todos —Alex le miró de forma escalofriante y frunció el ceño—. Sí crees que este chico de verdad es la maldad pura, entonces déjame aclararte, que no has conocido el verdadero sufrimiento —su voz se tornó sombría— y tampoco conoces el significado del sacrificio.
Aomine gruñó y frunció el ceño, mirando a la rubia con prepotencia pura, cuando esas palabras fueron procesadas por su mente. ¿Es que acaso esa mujer no entendía? ¿Decía que no conocía el verdadero sufrir, eh? ¡¿Y todo este tiempo que vivió pensando que Kise lo traicionó qué mierda había sido?! Porque en todo el tiempo que llegara a vivir, estaba seguro que no habría dolor más grande que ese y todo se suscitó por el bocón de Haizaki. Era lógico que lo odiara y sintiera asco de solo verlo.
—No digas cosas como sí me conocieras —dijo Aomine, tragándose el repentino estremecimiento que sintió aparecer cuando la rubio le miró de esa manera—. Te digo esto por la pura seguridad de Kagami, ¿o necesitas esperar a que ese bastardo traiga a Akashi con nosotros? —inquirió, enarcando una ceja— De verdad pensé que te tomabas más en serio la seguridad de Kagami.
—Él no va a hacer lo que supones, por una simple razón —fue Shiro quien habló y miró al peligris y luego miró al peliazul de la forma en que un maestro miraría a un alumno terco que lo está contradiciendo, aun cuando tiene razón.
Aomine chasqueó la lengua y al ver a la otra vampireza rubia, tanto él como Kise y Kuroko, se quedaron sorprendidos por su belleza, porque hasta ese momento, no la habían visto bien y de verdad era alguien impactante.
— ¿Y cuál ha de ser la maldita razón por la que alguien como Haizaki no lo haga? —quiso saber, con un tono completo de burla— Alguien como él solo sirve para joder a los demás.
Sin embargo, Kuroko dio un paso al frente para ver a la vampira rubia con preocupación.
— ¿Podrás ayudarlo entonces? —cuestionó.
Tan pronto el peliceleste habló, las palabras del peliazul fueron ignoradas, cosa que hizo molestar a este y mejor se alejó para asomarse por la ventana. Bueno, ya daba igual si querían ayudar a un tipo como Haizaki, tenía cosas más importantes de que preocuparse y una de ellas y la más importante, era saber dónde estaba Kagami. Así que se cruzó de brazos y se reclinó en el marco de la ventana, cerrando los ojos, como si fuera a dormir, pero más que nada, con eso estaba serenándose.
A distancia, Kise observó a Aomine, sintiendo un hueco en su pecho al notar como nada parecía importarle, más que aquel chico pelirrojo. Y aunque lo sabía, no podía aceptarlo, no todavía, porque el lycan había sido su novio por varios años y algo como lo que ellos tuvieron, no podía acabar así, no podía. Por ese mismo motivo es que no se detendría, pues primero debía hablar y aclarar muchas cosas con él, quería explicarle su actuar hace un siglo y pedirle perdón, incluso aunque sabía que Akashi le mostró todo, no estaría tranquilo hasta hablarlo con Daiki.
De modo que se incorporó. Tenía que hacerlo ahora o nunca.
—No sé si este chico lobo sobrevivirá —contestó finalmente Alex, luego de palpar algunas zonas del cuerpo inconsciente del peligris con el gesto solemne—. Su cuerpo tiene demasiado daño, además de que le falta parte de su brazo… De hecho, me sorprende que siga vivo; alguien en su estado no hubiese aguanto tanto tiempo. Y lo que sea que le hirió hace unos momentos, debió ser fatal.
Kise no avanzó y giró ligeramente el rostro para ver a la vampira.
—Midorimacchi lanzó alguna especie de esfera mágica y Shogo-kun recibió el daño.
— ¿De manera que él nada más llegó así como así para que lo mataran? —inquirió Alex, sin comprender.
—... No lo sé —susurró Kise.
Y como el silencio nuevamente reinó, todos escucharon claramente como poco a poco los latidos de Haizaki eran más bajos, mientras que la sangre parecía detenerse lentamente, pese a que de algunas heridas continuaba saliendo más y más. Su cabello gris como la plata estaba tan manchado de rojo, que incluso parecía tinte.
— ¿Y quién es tu amiga, papá? —preguntó un muy animado Kise, de quizá solo doce años, mientras acompañaba a su progenitor.
—Pertenece a la Unión, hemos sido amigos desde que tengo memoria —contestó su padre, un vampiro de cabello negro, pero ojos miel, que respondía al nombre de Yamato—. Tengo algunos tratos con ella y me parece bien que tú empieces a familiarizarte con esto, además también ayudamos a la posición de la familia.
—Hoh, ¡pues haré mi mejor esfuerzo entonces! —Kise sonrió.
Aunque el rubio continuó parloteando y su padre le constestaba de forma seca a todo lo que decía, lograron caminar muy rápido, justo al punto de encuentro de aquella ciudad que pertenecía a cierto territorio de los licántropos, pero el paso para los vampiros no era impedido y menos para una familia noble. Y una vez ahí, pasaron varias calles apedradas, hasta llegar a un pequeño claro de lo que parecía ser parte del bosque de la región. Todo estaba muy bien arreglado ahí, con varias mesas alrededor, se podía decir que era una cantina al aire libre.
—Oh, así que este es tu encantador hijo —comentó la voz de una mujer que olía a licántropo en todo su ser y desprendía un aura salvaje; su cabello era negro azulado, de unos ojos grises con un tinte verde que hacía parecer tener una mirada fría.
—Hola, Michelle —saludó Yamato con formalidad.
—Parece que nos leímos el pensamiento; yo también he traído a mi hijo —continuó diciendo Michelle, con una sonrisa—. ¡Shogo, deja esas bebidas y ven aquí! —llamó con demasiada energía para tratarse de una mujer.
Solo pasaron diez segundos y el mencionado chico apareció al lado de su madre, evaluando con su mirada al par de vampiros y arqueó las cejas, con algo de desdén, pero nada más.
—Mira, Shogo, él es mi amigo, Yamato Kise y este pequeño vampiro de ahí, es Ryota —presentó Michelle, dándole una palmada a su hijo.
— ¿Pequeño?, ¿no es una chica? —inquirió Haizaki— Con esas pestañas, pensé qué…
—Eso debería decirlo yo, tú eres quién tiene aretes —se defendió Kise con una gesto malicioso, sonriendo.
— ¡Se llaman "pendientes", no aretes, rubia! —gruñó Haizaki y luego resopló, frunciendo el ceño en una expresión prepotente, pero parecía divertida.
Antes de que los dos chicos continuaran peleando de forma tan infantil, un golpe resonó en el lugar, puesto Michelle y Yamato dieron un zape en las cabezas de sus respectivos hijos.
—Esa no es manera de saludar a alguien —amonestó Yamato de forma calmada, mirando a su hijo.
— ¡Moo, pero fue él quien me dijo que parecía niña! —Kise hizo un mohín y fulminó con la mirada al peligris que le sacó la lengua.
Pero luego el chico de cabello gris recibió otro golpe.
— ¡Ya deja de pegarme, joder, mamá!
— ¡Idiota, ¿qué manera es esa de presentarte?! —regañó Michelle, sí bien no de forma violenta, pero sí firme— Presentate de forma correcta.
El aludido muchacho refunfuñó y luego suspiró.
—Como sea, yo soy Haizaki Shogo, Ryooota —dicho eso, se lamió el pulgar de la diestra y sonrió con orgullo.
—Hmmm, mucho gusto, supongo, Shogo-kun —Kise le miró con cierto recelo.
Aunque ambos se acababan de conocer, la verdad es que no parecían congeniar, desde lejos se veían tan opuestos. Incluso para otros que rodeaban el lugar, notaban que ambos chicos eran como el día y la noche.
Un suspiró salió de los labios de Kise Ryota tras ese recuerdo. Resultaba irónico pensar que pese a esa forma de conocerse, después empezaran a frecuentarse muchas veces en las reuniones con sus padres, que incluso empezaron a llevarse bien de un modo extraño. Era como si fueran amigo-enemigos, porque unos momentos estaban tranquilos y luego empezaban a pelear por alguna tontería, intercambiando palabras frías o esas cosas. Hubo en más de una ocasión que casi llegaron a los golpes, pero incluso así, ellos seguían juntándose.
Su madre siempre le decía que en algunas ocasiones las peleas infantiles o de esa forma, unían más a las personas en sus relaciones. Claro, no en todos los casos era así, porque las personas tenían que tener esa conexión de amigos o de amor. Y recordar esas palabras, le hizo fruncir el ceño.
—Ryota, no digas después que yo no te dije que esa relación tuya con Aomine terminará matándote, eh —repuso Haizaki con una sonrisa desdeñosa.
—Vaya, Shogo-kun, no creía que tú te preocuparas así por mí, gracias —respondió Kise con una sonrisa sarcástica y fría.
En efecto, aquel licántropo de cabello gris, estuvo al tanto de esa relación desde que comenzó, pero eso era algo que nadie sabía. Y sí lo supo, fue porque el vampiro rubio no se preocupó en ser cuidadoso para esconderlo siquiera.
—Ya quisieras que yo gastara mi tiempo preocupándome por ti —resopló Haizaki—. No eres mi tipo, Ryooota. Aunque si murieras por algo como esto, dejarían de querer reemplazarme contigo —arqueó las cejas con verdadera maldad y rió.
—Eso jamás pasará, Shogo-kun —Kise le miró con una seriedad frívola, cambiando su expresión de "chico guapo" a "chico temible".
Sí, tal parecía que la amistad que hace años atrás hubo entre ellos, no era esa clase de conexión donde las peleas infantiles te unían más con esa persona.
Y terminó de confirmarle eso, en el día que el mismo Haizaki los delató.
Aquella vez, Kise se había sentido traicionado, porque en el fondo de su corazón, mantuvo la esperanza de que en algún momento, Shogo cambiara y dejara de ser el licántropo violento en que se había convertido luego de algún tiempo en que ocupó el lugar de su madre o quizá, cuando esta murió. No lo sabía exactamente.
Y en todo este tiempo encerrado en Eretz, sentía un profundo resentimiento por el peligris, tanto que incluso podía llamarse odio. ¿Cómo había podido ser amigo de un tipo como él?, ¿cómo es que ambos pudieron juntarse tanto tiempo?, ¿por qué terminó entregando su confianza a Haizaki?
Era tan obvio que a ese lycan no le importaba nadie más que él. Su actuar violento con todos lo dejaba en claro, que él se creía el mejor, con ese porte altanero y que solo Akashi podía controlar.
Pero luego de que pasaran muchos años más, ese odio por Shogo se olvidó en el corazón de Kise, porque su único pesar era Aomine, por la forma en que terminaron las cosas, así que gastar energías para sentir otras cosas, sería un desperdicio. Porque aunque en varios momentos se llenaba de coraje al recordar como el peligris lo delató, al final se cansó de esa negatividad y solo se centró en el moreno, solo en él, en el amor que le tenía y que había nacido de esa admiración tiempo atrás. Pero siendo un siglo bastante tiempo, había tenido espacio en alguna ocasión para tener otros sentimientos.
Sin embargo, parecía que no odiaba realmente a Haizaki como creía o quizá no era eso el motivo porque él no pudo dejarlo ahí, muriendo en La Noche, sino porque Kise sí era una buena persona y no podía igualarse a lo rastrero del peligris, para nada. Mas con todo eso, seguía sin comprender realmente porque al final si lo llevó consigo y solo no lo dejó en otro lugar para que Akashi y los demás no le atraparan.
Y pensar otra vez en eso, trajo en Kise un sentimiento de aflición, algo realmente tonto, no podía sentirse así solo porque Haizaki lo salvó hace unos momentos, ¿verdad? ¡Era rídiculo que su forma de verlo cambiara tan rápido, siendo que pasó cien años enterrado en el sufrimiento por culpa del delato de ese lycan! Así que esa desesperación seguramente era porque no entendía los motivos ajenos.
Y sí lo que sentía por el peligris era compasión, entonces esto de verdad era una estupidez, ¿pero qué podía hacer ahora? No iba a dar marcha atrás y tampoco se arrepentiría de nada, porque quedaría peor parado. Ya que no le daría más importancia de la que tenía, puesto su prioridad era Aomine ahora mismo, sin embargo, aunque quisiera, en este momento no podía simplemente ignorar el hecho de que Haizaki de verdad fuese a morir, porque para ser sincero, jamás le deseó ese fin.
Así que Ryota apretó los dientes unos segundos y al final, suspiró. Después de todo, sino fuera por el lycan peligris, ahora mismo estaría muerto y no tuviera la oportunidad de hablar con el peliazul ni de terminar vengándose de la Unión Milagrosa.
—Sálvalo —musitó, sin mirar hacía el cuerpo inconsciente del lycan—. No lo dejes morir… aún —la sombra de su cabello cubrió sus ojos. La faceta de Ryota fue oscura, como dando a interpretar que sus palabras salieron por el simple hecho que usaría después al lycan peligris antes de matarlo.
Aun así, cuando terminó de decir eso, el cristal se rompió con fuerza y un gruñido salió de la garganta de Aomine, quién apretaba el marco de la ventana con demasiado enojo, empezando a romper la madera y pared lentamente.
— ¡¿Es qué te volviste loco, Kise, joder?! —bramó, volviendo su rostro para ver al rubio— ¡Tú, entre todas las personas pides que salven a ese maldito!, ¿qué demonios te pasa? —definitivamente, él no captó el otro mensaje en las palabras del vampiro, quizá por esa inmensa inconformidad.
El vampiro rubio miró con los ojos algo consternados al moreno, ¿y sí lo que había dicho alejaba todavía más a Aomine? ¿Por qué no lo consideró antes? Pero incluso así, seguía siendo demasiado independiente, incluso aunque fuera lo correcto o no lo que pidió —y aunque lo disfrazó lo más que pudo—, no iba a echarse para atrás.
No obstante, no encontró palabras para responder, porque el tema que quería sacar a lucir era otro.
—Aomine-kun —fue Kuroko quien habló—, ¿tú sabes el verdadero motivo por el que Haizaki-kun siempre estaba en la cuerda floja para Akashi-kun?
—Agh, es obvio que por ser violento. Él no era una guardian, más bien siempre fue el villano —contestó Aomine sin arrepentimiento alguno, logrando calmarse al fin.
—Es cierto que la personalidad de Haizaki-kun es violenta —aceptó Kuroko, pero luego negó—. Sin embargo, esa no fue la verdadera razón, sino lo que Akashi-kun nos dejó creer a todos.
— ¡Já, por favor, Tetsu! —Aomine sonrió con sorna— Yo no nací ayer para que quieras convencerme con algo como eso.
—Tal vez, es mejor que no lo sepan realmente —dijo Kuroko con tono misterioso.
Algo era seguro de esto y eso era que Kise no olvidaría las palabras del peliceleste; "lo que Akashi-kun nos dejó creer a todos", con solo el nombre de ese pelirrojo, era para que de verdad sintiera el sentimiento de la duda. No obstante, era obvio que Haizaki de verdad era un cabrón de pies a cabeza y usualmente hacía mal uso de su poder, cosas que eran suficientes para ponerlo en la cuerda floja, ¿no? ¿O qué sería peor que eso para llegar a sustituirlo tan pronto? Porque era bien sabido que incluso con esos antecedentes, Haizaki no podía ser reemplazado tan rápido.
Pero aunque hubiese gato encerrado en todo eso, no era algo que se pondría a pensar, puesto tenía asuntos más importante que atender y la mirada que le estaba dando a Aomine en estos momentos, lo dejaba claro: ya no aguantaba más, necesitaba hablar con él, tanto tiempo esperando por verlo para aclarar las cosas, ya no podía resistir más. E incluso sí lo seguía queriendo o no a su lado, no se callaría por nada del mundo.
—Ahora que Taiga no está, se debe aprovechar para arreglar ciertas cosas —dijo Shiro, haciéndose la desentendida. Pero ella era alguien con mucha experiencia en esos temas amorosos y por supuesto que no había pasado desapercibido nada entre el rubio y el peliazul, del mismo modo que este último y su hijo. No esperó que alguien respondiera y ahora mirando al lycan moreno, añadió con una mirada de advertencia: —Porque sí algo sale mal, sabré quién es el culpable de todo. Así que aprovechen.
Alex se rió discretamente y negó, bueno, su hermana le ganó las palabras de la boca, porque estaba de acuerdo con ella. Quizá no tenía la misma experiencia que su hermana, pero con lo que miró en la mente de Haizaki, se enteró de ciertas cosas.
—Será mejor que ponga manos a la obra, o de verdad este chico morirá.
—Puedo ser de ayuda, sí lo necesita —se ofreció Kuroko, agachándose un poco.
—Tu tacto parece delicado, ¿podrías cargarlo hasta el laboratorio que está a tres pisos abajo? En eso yo empezaré a buscar todo lo que necesitaré —explicó Alex.
Kuroko simplemente asintió y con la agilidad y gentileza que él como vampiro poseía, se puso de cuclillas para cargar al lycan.
—No hace falta, puedo hacerlo yo y más eficiente —Shiro se acercó hasta el peliceleste y le sonrió—. Pero ve con Alex y ayúdala.
En ese momento, un viento se creó ahí, en la sala, adquirieron una forma extraña, casi ovalada, mientras giraba sobre un solo eje y así, el cuerpo de Haizaki se elevó con cuidado y calma, sin que alguien usara fuerza física.
Y por unos momentos, tanto Kise como Kuroko miraron a la vampira con asombro, incluso Aomine.
—Ah, lo siento, creo que no me presenté como debía antes —Shiro hizo un gesto de calma y les miró de reojo—. Soy la madre de Taiga, una vampira de más de mil años y mi don, es el control de los elementos naturales.
—Ahora veo de donde Kagami sacó el don del fuego —murmuró Aomine.
—Cuando yo di a luz a Taiga y Tatsuya, parte de mis dones fueron heredados a ellos, quitándomelos a mí —Shiro sonrió con orgullo al decir el nombre de sus hijos.
—Espera… ¿eso significa qué…? —Aomine ignoró los demás hechos, cuando notó algo más— ¿Has dicho que tú eres la madre de ambos? —la vampira asintió— ¿Entonces Kagami y ese chupasangre de verdad son hermanos? —de alguna manera saberlo le hizo sentir entre aliviado y molesto.
—Lo son, pero agradecería que no usaras esos términos para llamar a uno de mis hijos —la voz de Shiro sonó fría—. Supongo que cuando Taiga regrese, te explicará todo.
Y sin más, la vampiresa se alejó de la sala, guiando el cuerpo de Haizaki por las escaleras que iban hacía las habitaciones subterráneas, seguida por Kuroko, quién dedicó una significativa a sus dos amigos que quedaron en la sala.
Solo pasaron un par de segundos, antes de que el silencio fuera roto.
—Aominecchi… —llamó Kise, acercándose poco a poco al moreno. Sentía tantos deseos de abrazarse a él, pero temía todavía al rechazo— Yo…, necesito…
—No digas más, Kise —Aomine miró a la nada unos momentos y luego bajó la mirada, suspiró y giró el rostro para observar al rubio, sintiendo como una tormenta empezó en su pecho.
Y el rubio se quedó sin aire cuando sus miradas se encontraron de nuevo. No debería ser legal el desear tanto besar a alguien y estarse conteniendo, pero lo hacía, porque sentía que el Daiki que tenía enfrente, no era el mismo que conoció ni de quién se despidió hace cien años.
—Por supuesto que tengo más que decirte, Aominecchi. Y no voy a descansar hasta que me escuches —advirtió Kise.
Sí este reencuentro se hubiera dado algún tiempo atrás y sin que Akashi le contara la verdad de esa forma en particular que tenía al meterse en la mente de otra persona, ahora mismo Aomine estaría mandando al demonio a Kise, tratándolo de la forma más fría e hiriente posible. O mejor dicho, ni siquiera le hablaría y solo lo despreciara con la mirada o algo similar y lleno de crueldad o simplemente lo ignoraría.
Pero algo era seguro, jamás lo aceptaría en su vida como algo más. Eso ya era pasado y estaba superado, sin embargo, esa etapa en su vida todavía no estaba cerrada por completo, por eso no evadiría el hablar.
—De acuerdo —Aomine asintió—. Vamos al bosque, que aquí todos tienen un oído muy fino.
El rubio accedió a eso sin protestar y asintió.
Fue un reto para Kise mantenerse callado en el corto tramo que les llevó desde la casa de Alex, hasta el bosque, aunque la verdad, estaba a varios kilómetros de distancia, pero dado lo que eran ellos, pues fueron más rapidos. No se escondieron de las personas, dado que serían alrededor de las dos de la mañana o quizá un poco más, el caso es que era la viva madrugada y la noche seguía reinando la ciudad.
Ryota se sentía ansiosa, la verdad, necesitaba hablar y sacar todo lo que había estado guardándose esos cien años de ausencia, de lejanía, además de pedir perdón. Porque él estaba seguro del sufrimiento que le causó al moreno con su aparente traición, algo de lo que no se perdonaría y más sí el lycan tampoco lo perdonaba por eso.
Por su parte, Daiki estaba serio y parecía distante, pero lo cierto era que sentía su corazón acelerado, ¿así se sentía ver a su viejo amor, aquel que fue la primera persona que amó? Tenía un deje de nostalgia en su cuerpo, porque repentinamente, cada momento que había vivido con el rubio ahora mismo se repetían en su mente sin cesar y aunque quisiera, no podía concentrarse en nada más, al menos por ahora.
La brisa de la madrugada y que los árboles del bosque soltaron, acariciaron el rostro del vampiro y el licántropo cuando llegaron por fin ahí, lejos de la ciudad y con solo la oscuridad y el canto de algún búho lejano, era lo único que los acompañaba.
Quedaron frente a frente, mirándose, observando, tratando de observarse a sí mismos en el interior, porque se conocían muy bien, siempre lo hicieron. Sin embargo, había algo que el rubio jamás había logrado en el interior del peliazul y este último lo sabía bien, he de ahí la diferencia de su amor.
Porque la relación que ellos llegaron a tener, estaba lejos de ser como la que tenía ahora y no se trataba solo por estar con otra persona y porque es obvio que las relaciones amorosas nunca son iguales.
—Aominecchi —empezó Kise, luego de casi dos minutos de silencio que para él fueron eternos y por eso decidió tomar la iniciativa ahora—. Yo…, con todo lo que pasó… —su mirada reflejaba temor y conmoción, parecía afligido y dolido; no se molestaba en ocultar su pesar— Perdóname, perdóname, perdóname… —sus ojos miel atraparon los zafiros del lycan y pensó que este lo interrumpiría o diría algo sarcástico, conociéndolo, pero no fue así, solo le contempló. Y ante eso, aunque Kise sentía que le saldría el corazón del pecho, continuó hablando ahora que tenía la oportunidad—. Sé que con lo que te hice te lastimé y no pondré excusas, Aominecchi, porque pese a que lo hice al dejarme intimidar así por Akashicchi para… no dejar que te mataran… Te traicioné —el viento sopló y luego acompañó el silencio del peliazul, que seguía sin moverse, mirándolo. Kise suspiró y bajó la vista unos segundos, para luego alzarla—. Pero es necesario que sepas, que yo nunca dejé de pensar en ti y siempre anhelé el momento para verte y aunque me odiarás, yo estaría dispuesto a pedirte perdón. Y es que yo te sigo amán…
—He de confesar que lo hice —interrumpió Aomine, con la expresión indescifrable, pero de algún modo se percibía sincera y honesta. Era una faceta que en todos estos años olvidó, por la amargura y arrogancia, mas ahora ya no era así—. Te amé y te odié a la vez, mucho tiempo que fue perdido para mí —confesó finalmente, con el ceño ligeramente fruncido.
Esas palabras fueron como un veneno para Kise, que sintió que la sangre se le bajaba a los pies de golpe y el dolor aguijonó su pecho. Claro, era de esperarse que el peliazul llegase a sentir eso por él, luego de sus acciones, no lo culpaba.
—Aominecchi, yo de verdad lo siento…
—No, Kise. No quiero que vengas ahora a pedirme perdón —cortó nuevamente Aomine e inhaló profundamente aire en un suspiro y cerró los ojos unos segundos, donde recordó, aquello que el vampiro pelirrojo le mostró en La Noche y pese a que antes le hubiese echado en cara al rubio todo lo que hizo, ahora mismo no podía. No ahora que sabía toda la verdad e incluso también llegó a sentirse mal por pensar lo peor del vampiro de ojos dorados—. Sí, llegué a sentir mucho resentimiento por ti, pero, demonios, Kise, ¡¿por qué tenías qué sacrificarte de esa manera?! —exclamó.
Y Ryota lo contempló estupefacto. Él le había hecho mucho daño con esa traición que se vio forzado a hacer para que no lo mataran, pero era el peliazul quién ahora le decía que no le pidiera perdón y encima de todo, se estaba preocupando.
Aunque pareciera imposible, un rayo de esperanza llegó al corazón de Kise.
—Tch, no te voy a reclamar nada, porque realmente en este momento creo que no lo mereces —Aomine frunció el ceño y negó—. Sí mucho antes este encuentro se hubiera dado, créeme que no sé qué es lo que hubiese hecho —volvió a suspirar—. Pero sí algo te digo, es que no Kise, no debiste hacer todo eso por mí.
—No me importaba sí tú me odiabas, con tal de que siguieras con vida, porque sabía bien que Akashicchi te mataría y aunque yo también muriese, no quería el mismo destino para ti, ¡por qué te amo, Aominecchi y nunca dejé de hacerlo! —exclamó Kise sin poder contenerse ya sus sentimientos y con los ojos cristalizados, expresando en ellos todo su sentir.
— ¡…! —Aomine sintió un horrible nudo en la garganta al oír esas palabras y ver la cascada de sentimientos en la mirada impropia— Esa era una decisión que no debías tomar solo, ¡a mí nunca me importó morir por ti! Y yo estaba dispuesto a hacer todo esa noche para escaparme contigo de algún modo u otro —admitió al fin. No era alguien que supiera expresarse como debía, dado su terquedad y orgullo, pero se trataba del rubio y su corazón estaba ablandado ahora por toda la nostalgia.
— ¡A mí tampoco, Aominecchi!, ¿pero qué clase de vida nos esperaba solo huyendo y huyendo para que no nos atraparan? —Kise se tapó el rostro unos segundos— No espero que entiendas realmente, pero aunque cada momento para mí fue horrible, estar sin ti y saber que me odiabas, yo siempre estaría dando mi vida por ti.
—Es que ya no te odio, Kise, ¡maldita sea! —resopló Aomine y apretó los dientes, quería decir más cosas, quería expresarse bien, pero por la mierda que le estaba costando encontrar las palabras adecuadas. Quería revelar cosas y a la vez no ponerse tan en evidencia, era una sensación estúpida, lo sabía— Antes creí hacerlo, pero ahora no te guardo rencor realmente. Además, ¿cómo podría seguir haciéndolo justo cuando ya sé que lo que tú hiciste fue un mero sacrificio y qué Akashi te manipuló? —su voz destiló rabia al nombrar al vampiro pelirrojo— Sé que lo hiciste para salvarme y al contrario, tal vez yo debería ser… —Aomine frunció y el ceño y miró hacia otro lado unos segundos para luego mirar al rubio nuevamente— quién tendría que disculparse, por dejarme engañar así de fácil. Porque dudé de tus sentimientos al final y no te rescaté.
— ¡Nada de eso, Aominecchi!, ¡tú siempre creíste que Akashicchi hizo algo para que yo hiciera todo lo que hice! —se apresuró a negar Kise, con el corazón en un puño. Para nada dejaría que ahora fuera el moreno quién pretendiera echarse la culpa— Siempre creíste en mí.
—Pero al final, de verdad creí tus palabras y tú traición —y estuve viviendo en la maldita oscuridad, añadió Aomine en su fuero interno. No iba a decirle su sufrimiento al rubio, no solo para no hacerlo sentir culpable, sino porque no se haría la víctima en lo más mínimo, además, consideraba que no era necesario.
—No me importa eso, Aominecchi, no me importó si lo creías o no, al final de cuentas, yo fui el culpable de todo —masculló Kise con los ojos cristalizados y avanzó dos pasos hacía el moreno—. Y no hubo un momento que pasara en esa cárcel, deseando pedirte perdón.
El corazón del moreno se estrujó con fuerza, como si quisieran succionarle la sangre, dolía de cierta forma, dolía saber todo lo que Ryota tuvo que pasar encerrado en aquel maldito lugar y también sufriendo por como terminó su relación. Porque la verdad, a Aomine le fue mucho mejor; sí, estuvo en la oscuridad mucho tiempo, pero de alguna forma él no estaba prisionero en ningún lugar, siendo torturado así, aunque sí por sus sentimientos.
—Ya no digas eso, no es necesario que lo hagas, Kise.
— ¡Para mí sí es necesario, porque se trata de la persona que amo, Aominecchi!, ¡es obvio que yo quiera pedirte perdón de mil maneras sin cansarme!
Maldición, pensó Aomine. No siempre era una persona muy sentimental, pero sentía una tristeza inexplicable con todo esto y no sabía cómo reaccionar, lo único que sabía es que su relación con Kise jamás volvería a ser igual y no solo por la razón obvia.
Pero una vocecita en su interior se preguntó: ¿sí no hubieses conocido a Kagami y supieras toda la verdad en el actuar de Kise, le darías otra oportunidad? Y Aomine no supo cómo sentirse cuando la respuesta no dudó en saberse, porque obviamente aquello era un sí. Eso era lo que creía.
Quizá en su momento él lo hubiese negado o algo así… O bueno, la verdad era que también no se imaginaba su vida sin Kagami en ella y eso era lo único importante, incluso aunque la respuesta de esa pregunta de su inconsciente fuera positiva.
—Kise, pero yo no necesito que lo hagas —insistió Aomine con un gesto sincero, mirándole—. Yo no te guardo rencor de ninguna manera y eso no solo es por lo que Akashi me mostró antes.
—Aominecchi… —parecía que poco a poco, la verdad empezaba a golpear a Kise como si fueran estacas de plata en el corazón.
—Y es eso, Kise, porque yo logré superar todo lo que pasó —Aomine se mostró solemne y sí, era cierto lo que decía, pero eso no evitó le sentir dolor ante el destello de sufrimiento en los ojos dorados del rubio por sus palabras. Aunque quisiera que él no sufriera más por esto, sino era sincero, si hacía que el vampiro siguiera teniendo esperanzas, eso sería mucho peor.
—… ¿Y a mí también, Aominecchi? —Kise luchó porque su voz no sonara triste o algo similar, pero no lo logró del todo.
—Mis sentimientos han cambiado, Kise, y ya no soy el mismo —me siento alguien mejor, dijo Aomine en su interior, una vez su voz dijera lo que tenía que decir.
Dolía. Dolía demasiado, que incluso parecía irreal el hecho de que existiera un pesar tan grande y abismal como el que el rubio estaba sintiendo. De verdad que sí parecía muy injusto que la vida terminara pagándole así, luego de que todo lo que hizo fue por salvar a Daiki, que no le importó sufrir esa condena sin alimento, rodeado de la luz solar y de plata, dejando que su cuerpo se lastimara por más de un siglo, soportando lo que era la ausencia de la persona que amaba.
Pero sí algo era cierto en todo esto y era el hecho de que aún con el amor como motivador para todo lo que hizo, causó mucho daño al peliazul; Ryota causó mucho daño quisiera o no, fuera cual fuera la razón, y eso también era algo que el universo le estaba devolviendo. Porque, era muy diferente estar sufriendo por la ausencia y el posible odio de la persona que amas, a que estar sufriendo porque la persona que amas, te haya traicionado y dejado atrás tan fácilmente, haciendo creer que todo lo que fue su relación, era más que una mentira. Un rato de diversión.
Esos dolores y sentires, eran muy diferentes; una traición a una ausencia, definitivamente.
Sobre todo, porque los licántropos eran criaturas exageradamente leales y potencialmente emocionales y por ello, en más de una ocasión, varios se habían aprovechado de eso. Y eso no quería decir que los vampiros no lo fuesen o no se entregaran completamente al amor cuando se enamoraban, de hecho, ellos amaban de maneras posesivas y protegían a ese amor, sin cuidar el no causarles daño con eso, era algo mucho más obsesivo.
—No, Aominecchi… —Kise negó y se acercó todavía más hacía el moreno para posar sus manos en el pecho ajeno— No me importa que hayas cambiado, ¡yo aún te amo, Aominecchi, y nunca dejé de sufrir en todo este tiempo por haberte mentido así! —sus manos sujetaron la ropa ajena, sin lastimarle, solo en un simple agarre.
—… Kise… —Aomine no sabía cómo carajo reaccionar ahora, su corazón golpeaba su pecho, sí, y sabía que debería corta esto, terminar de cerrar este capítulo de su vida. Pero teniendo al rubio tan cerca ahora, era imposible.
Porque al tenerlo así de cerca, su cuerpo reaccionó, porque se conocían, incluso aunque ahora su piel ya tuviera otro dueño y hubiese dejado las otras caricias atrás, todavía recordaba.
Y además, sí bien había superado todo el dolor y aceptado que su relación con el rubio terminó y no podía volver a ser, eso no significaba que su amor haya quedado olvidado, porque no era así, esos sentimientos estaban bien guardados en su corazón, luego de haber sanado y superado eso, para que pudieran quedar en un lugar de su pecho y no hicieran más daño, logrando así que pudiera avanzar. Sin embargo, esos sentimientos no desaparecerían, quizá más adelante evolucionarían, pero ese proceso aún no llegaba, porque justamente, este encuentro faltaba, porque se necesitaba cerrar este capítulo.
—Yo te sigo amando, Aominecchi, y no me importa luchar para recuperarte… —susurró Kise, acercándose peligrosamente a los labios del moreno, mientras este no ponía resistencia en lo más mínimo— Esperé y aguante un siglo sin ti, puedo esperar un poco más para tenerte.
—… —esta vez, Aomine entreabrió los labios para decir algo, pero sus palabras murieron en su garganta antes de tomar forma, mientras miraba fijamente los ojos dorados del vampiro.
Kise aprovechó ese gesto de la boca del otro y alzó su rostro para juntar al fin sus labios, en un beso.
Y el mundo de ambos, fue arrasado por un huracán.
Porque Aomine no se negó al sentir ese contacto y lo único que hizo fue cerrar los ojos, para luego lentamente, corresponder a ese ósculo de forma casta, mientras su rostro se movía lentamente, para cambiar de dirección y probar esos labios de todos los ángulos posibles, sintiendo como ese sabor seguía siendo el mismo.
Para Kise no había mejor gloria que esta, había temido al rechazo por el lycan, pero ahora mismo también lo estaba besando y se estremeció cuando el peliazul le sujetó del mentón para continuar degustando sus labios.
Sin embargo, había algo diferente en ese ósculo, los dos lo sintieron. Esa química sexual atrayente que al principio los unió y que luego se transformó en amor, ya no estaba, porque el beso no aumentó su tono y no hubo ninguna ansía repentina como debería haberla en un reencuentro.
Y eso no fue lo peor.
—… ¿A-Aomine…? —la grave y confundida voz de Kagami apareció justo en ese lugar.
Y otra tormenta se desató.
Prometo que pronto los compensaré por este dramón que se está generando y la actualización sin ser constante x'DDD. Askdjdaskdask, pero sé que muchos esperaban éste momento(?), ¿o sólo era yo? :v, jajajajaja.
Aún le queda bastante a ésta historia, así que habrá Haunted Moon para rato, por lo que espero hayan disfrutado el capítulo. ¡Anímense a dejarme sus comentarios! Ya saben que conocer lo qué les causó y eso, es muy importante para mí :3.
Entonces, me despido. Trataré de no tardar mucho.
¡Nos vemos y muchos abrazos para ustedes!
Alex los adora :3
